domiungo XVIII del ordinario. 2 de agosto de 2009

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Domingo 2 de agosto de 2009
Ex 16, 2-4. 12-15   Sal 77, 3-4. 23-25. 54   Ef 4, 17. 20-24   Jn 6, 24-35  
REFLEXIONES PRIMERAS 

               Es muy frecuente en los discursos del evangelio de Juan los “malentendidos”. También nosotros, en nuestras lenguas, nos encontramos con ellos frecuentemente. Entender mal, entender al revés, no entender, hemos de contar con todo eso, aunque nos desagrade. Forma parte de nuestras limitaciones y de las del lenguaje. Demasiadas veces o no prestamos atención, o estamos tan encerrados en nosotros y nuestros asuntos que no somos capaces de asumir lo que alguien quiere transmitirnos. Tenemos que contar con las limitaciones propias en nuestro comprender y entender. Puede que quien quiere hacerse entender tenga todo tan claro o sea tan inteligente que nos supera sin remedio y nosotros no nos atrevemos a pedir que nos lo aclare. Nos rendimos o nos resignamos a los malentendidos. Si asumimos un malentendido como tal y nos atrevemos a la aventura de solventarlo, es muy posible que en la conversación, en la búsqueda de lo no alcanzado, abramos caminos nuevos, rastros insospechados, hacia otra cosa, hacia otra verdad más allá de lo que se dice y de lo que se comprende. Los malentendidos, si no se orillan o ignoran, si se toman en lo que son, abren posibilidades a los interlocutores. Nos pueden enseñar nuestras limitaciones, el valor del diálogo, las posibilidades en la intercomunicación sincera, la igualdad de todos ante la lengua, y, sobre todo, nos posibilitan aspectos nuevos y verdades desconocidas, nos abren horizontes por recorrer. Los malentendidos regalan humildad y paciencia, y ofertan un plus en el común entendernos y comunicarnos. Surgen como obstáculo y pueden terminar como palanca. Así sucede en el evangelio de Juan y en sus discursos.

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Domingo 2 de agosto – XVIII del ordinario

Lecturas
Ex 16, 2-4. 12-15
Sal 77, 3-4. 23-25. 54  
Ef 4, 17. 20-24  
Jn 6, 24-35
  

REFLEXIONES PRIMERAS               

            Es muy frecuente en los discursos del evangelio de Juan los “malentendidos”. También nosotros, en nuestras lenguas, nos encontramos con ellos frecuentemente. Entender mal, entender al revés, no entender, hemos de contar con todo eso, aunque nos desagrade. Forma parte de nuestras limitaciones y de las del lenguaje. Demasiadas veces o no prestamos atención, o estamos tan encerrados en nosotros y nuestros asuntos que no somos capaces de asumir lo que alguien quiere transmitirnos. Tenemos que contar con las limitaciones propias en nuestro comprender y entender. Puede que quien quiere hacerse entender tenga todo tan claro o sea tan inteligente que nos supera sin remedio y nosotros no nos atrevemos a pedir que nos lo aclare. Nos rendimos o nos resignamos a los malentendidos. Si asumimos un malentendido como tal y nos atrevemos a la aventura de solventarlo, es muy posible que en la conversación, en la búsqueda de lo no alcanzado, abramos caminos nuevos, rastros insospechados, hacia otra cosa, hacia otra verdad más allá de lo que se dice y de lo que se comprende. Los malentendidos, si no se orillan o ignoran, si se toman en lo que son, abren posibilidades a los interlocutores. Nos pueden enseñar nuestras limitaciones, el valor del diálogo, las posibilidades en la intercomunicación sincera, la igualdad de todos ante la lengua, y, sobre todo, nos posibilitan aspectos nuevos y verdades desconocidas, nos abren horizontes por recorrer. Los malentendidos regalan humildad y paciencia, y ofertan un plus en el común entendernos y comunicarnos. Surgen como obstáculo y pueden terminar como palanca. Así sucede en el evangelio de Juan y en sus discursos.

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Domingo 26 de julio – XVII del ordinario

Lecturas
Re 4, 42-44  
Sal 144, 10-11. 15-18  
Ef 4, 1-6  
Jn 6, 1-15
 

APROXIMACIÓN A LOS TEXTOS DE LA ESCRITURA

                Dejaremos hoy en el evangelio la continuidad de Mc para saltar al evangelio de Juan durante 5 domingos. En ellos escucharemos la multiplicación de panes y el discurso del pan de vida del cuarto  evangelio. Vamos a dedicar la atención de hoy a las cuestiones en torno a este signo del pan multiplicado y a su correspondiente discurso, que abarcan todo el cap 6 del evangelio de Juan.

                Podemos comenzar recordando que la multiplicación de los panes, en diversas versiones, viene relatada en los evangelios 6 veces: 2 en Mc, 2 en Mt, 1 en Lc y 1 en Jn. La relación de Mc, en su primera versión (6), y Jn (6) es mayor de la esperada, viendo el conjunto de sus escritos. Parece que todos los relatos nacen de una única ocasión real, transmitida de maneras y tradiciones diferentes. Una secuencia clara en Mc y Jn, también subyacente en los otros dos, incluye el signo de los panes y los peces, la “prueba” que supone para los discípulos, el caminar de Jesús sobre el mar, y algún tipo de discurso sobre el sentido de ese signo (Mc 8, 14-21; Jn 6, 22-71).

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Domingo 19 de julio – XVI del ordinario

Lecturas
Jer 23, 1-6  
Sal 22 1-6  
Ef 2, 13-18   Mc 6, 30-34
 

REFLEXIONES PRIMERAS

                Lo más importante de las lecturas de hoy se estructura en torno a la figura del pastor y a su tarea de reunir lo disperso. Antes, Jesús busca descanso y tranquilidad para sus apóstoles (enviados), pero una forma peculiar de mirar a la gente por parte de Jesús hace que todo quede aplazado. ¿A cuando el pueblo esté reunido?  ¿A cuando goce ya de palabras suficientes que le alimenten? ¿Al final de todo, a la llamada escatología, al descanso eterno?

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Domingo 12 de julio – XV del ordinario

Lecturas
Am 7, 12-15  
Sal 84, 9-14  
Ef 1, 3-14  
Mc 6, 7-13
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                En torno a los profetas de los que hoy nos hablan o quedan alusiones en la 1ª lec y el Ev.Profeta tiene que ver con alguien que habla “en nombre de Dios”. En acepción más popular, indica una persona que prevé el futuro. Según el punto de mira, coinciden las dos cosas en unas personas con carisma a través de las cuales el creyente descubre la voluntad de Dios. En la Escritura misma reciben nombres diversos: “vidente”, “hombre de Dios” “profeta”. Los había profesionales o profesionalizados, vinculados a un lugar sagrado o a una persona importante en el ámbito político o religioso. Un cambio importante sucede en torno al profeta Amós. Figura como el primer profeta “escritor” de Israel y no porque escribiera o no, sino porque han quedado por escrito sus oráculos o profecías. Quedan sus palabras sin narración que las encuadre. Tras él, todos los grandes profetas del yavismo, los nombre luego la tradición como menores o mayores. La referencia principal del profeta siempre será la alianza entre Dios y su pueblo. Él señalará las infidelidades, o los peligros de infidelidad, que descubre en el presente.

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EZ GUTXIETSI PROFETA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Kontakizun honek ez du harritzeko indar-faltarik. Jesus preseski bere herrian gutxietsi zuten, beste inork ez bezala ezagutzen zutela uste zutenen artean. Nazaretera iritsi da Jesus, ikasleak lagun dituela, eta inor ez zaio bidera atera; beste toki batzuetan gertatzen den ez bezala da han. Herriko gaixorik ere ez diote aurkeztu senda ditzan. 

Hara joan denean, harridura baizik ez du sortu. Ez dakite norengandik duen hain jakintsuki agertzen ari den mezu hura. Ez diote antzeman nondik duen bere eskuak duten sendatzeko indar hura ere. Dakiten gauza bakarra, Jesus herriko familia baten jaioa den langile bat dela. Gainerako guztia «eskandalagarri gertatu zaie».

«Gutxietsia» ikusi du Jesusek bere burua: bereek ez dute aitortu Jainkoaren mezuaren eta salbazioaren emailetzat. Beren ideia egina dute bere auzoko Jesusez eta gogor egin diote Jesusek bere baitan duen misterioari irekitzeari. Hargatik, segur aski guztiek ezagutzen duten esaera hau gogorarazi die Jesusek: «Profeta bat ez dute gutxiesten bere herrian baizik, bere ahaideen eta bere etxean baizik».

Aldi berean, Jesus «harritu egin da haien fede-faltaz». Lehenengo aldiz bizi izan du talde oso baten ukoa, ez buruzagi erlijiosoena, baizik bere jaioterri osoarena. Ez zuen espero horrelakorik bereengandik. Gainera, haien sinesgabetasunak blokeatu egin du Jesusek duen sendatzeko ahalbidea bera ere: «ezin egin ahal izan zuen han miraririk, gaixo bakan batzuk bakarrik sendatu zituen».

Markosek ez dakar pasadizo hau bere irakurleen jakin-mina asetzeko. Aitzitik, honetaz jarri nahi izan ditu kristau-elkarteak jakinaren gainean: Jesusi uko egin, hobekien ezagutzen dutela uste dutenek egin diezaioketela uko: aldez aurretiko beren ideietan itxituratzen direnek, Jesusen mezuaren berritasunari eta Jesus beraren misterioari irekitzeko gai ez direlarik.

Nolako harrera ari gara egiten Jesusi «harenak» garela uste dugunok? Adindun egina den mundu honetan, ez ote da gure fedea haur-mailan gelditu, ez ote da axalekoa? Ez ote gara bizi axolagabeegi Jesusen mezuaren berritasun iraultzailearen aurrean? Ez ote da arraroa haren indar eraldatzaileaz dugun fede-falta? Ez ote gara bizi haren Espiritu itzaltzeko eta haren Profezia gutxiesteko arriskuan?

Horixe da Tartsoko Pauloren kezka: «Ez ezazue itzali Espiritua, ez gutxietsi Profezi dohaina. Aztertu guztia eta gorde on dena bakarrik» (1 Tesalonikarrei 5,19-21). Ez ote dugu horrelako zerbaiten beharra geure egunotako kristauok?

Domingo 5 de julio – XIV del ordinario

Lecturas
Ez 2, 2-5  
Sal 122, 1-4  
2Cor 12, 7b-10  
Mc 6, 1-6
 

REFLEXIONES PRIMERAS

                El texto del evangelio de hoy recoge al completo la “familia” de Jesús. Recordemos, de entrada, que familia hoy y entonces a penas coinciden en su extensión, sus componentes y la forma de relación entre ellos. Contando con eso, los famosos “hermanos” de Jesús. La mayoría de exegetas coinciden en afirmar que estos son los nombres de quienes entonces, y ahora, han de ser considerados hermanos auténticos de Jesús. Pero otros, también hoy, mantienen la diferencia entre “la madre de Jesús” y “los hermanos de Jesús”. Señalan que este texto mismo busca con sutil precisión marcar esa diferencia entre madre de Jesús y madre de los otros hermanos. Un tema de estudiosos que quizá nunca se acabe de precisar o aclarar para todos. Habrá que huir, en primer lugar, de aplicar a estas afirmaciones los esquemas de progresistas y conservadores. A estas alturas, nadie olvida la afirmación plenamente científica de que la mente del investigador y la meta que él mismo sospecha encontrará condicionan la investigación y los resultados, investiguen partículas subatómicas o cómo entender “hermanos” de Jesús. En segundo lugar, prestar mayor atención, no minusvalorar, los problemas que genera una forma de proponer la fe, unida a detalles mínimos de las narraciones. Hoy llamaríamos a ese conjunto el “imaginario” cristiano. Cuando Juan Pablo II afirmó lo de que el infierno no es ningún lugar, la reacción de muchos fue la de “si esto no era así, ¿por qué no han de ser falsas también otras cosas que nos enseñan?” El problema principal y enorme es cómo transmitir un núcleo cristiano de suficiente solidez, que no dependa de aspectos concretos que se han ido enseñando como de la fe sin ser de ella. La investigación, su progreso, llevan a descubrir como falsos detalles o partes de los relatos evangélicos. Es  importantísimo que, cuando esto suceda, no se venga abajo lo fundamental de esa misma fe.  (Y asoma las orejas por aquí el tema difícil de verdad y error en el asentimiento humano) ¿Cómo hacer saber que Jesús no nació en Belén, que no hubo magos o inocentes, que no “dijo” los largos discursos del evangelio de Juan, que las palabras en la cruz ni son textuales, ni quizá palabras, sin que todo eso arrastre la fe misma? ¿Es posible desmontar con cuidado un ensamblaje, en el que todo se ha transmitido como de la misma categoría, retirando piezas falsas, sin que pierda sentido y coherencia el conjunto, aún más, lo aumente y consolide? Era mucho más fácil de la otra manera, pero pagamos ahora las consecuencias. Es muy difícil transmitir sin detalles coloristas que le prestan realismo. Todo esto, a propósito de si tenía Jesús hermanos y eran los nombrados hoy por el evangelio.

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Domingo 28 de junio – XIII del Tiempo Ordinario

Lecturas
Sap 1, 13-15. 2, 23-24  
Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-13  
2Cor 8, 7. 9. 13-15   Mc 5, 21-43
 

IDEAS PRIMERAS

                De nuevo, el tema de la sabiduría. No valoramos hoy, en general, a una persona sabia. Dicen que los pueblos antiguos sí y que se la vinculaba con la experiencia de la vida y la reflexión y  conclusiones sobre ella. El mayor acopio de las dos últimas, depende del paso de los años, que, en principio, le dan garantía. La sabiduría nos descubre las claves de interpretación del conjunto de la vida y de la muerte, ese punto de mira que nos hace comprenderlo todo y descubrir su coherencia final. Por eso la sabiduría exige colocarnos ante la vida y platicar con gusto y profundidad sobre ella. Dos cosas habituales en nuestro mundo nos la hacen casi imposible y, desde luego, poco interesante. Por un lado, las prisas, la urgencia y celeridad de cuanto vivimos y  emprendemos. Si algo nos urge, es claro que ya hemos descubierto la meta del vivir y morir y a ello nos dirigimos. Pudiera ser que no tengamos meta, pero convertimos el correr en todas direcciones como meta misma de la vida. Hay que correr mucho aunque no lleguemos a nada. “Hay que hacer algo”, aunque esté demostrada desde hace mucho la inutilidad de la propuesta. Hacer, y luego ya pensaremos. Con semejantes prisas, difícil y hermética cualquier sabiduría. Ni los sucesos pasarán a experiencias, ni la celeridad permitirá que nada nos asombre o interpele. Con las prisas, y el prestigio actual de todo lo que sea hacer, el menosprecio del pensar resulta inevitable. Abrumados, asfixiados, entre noticias y desgracias inasimilables por nuestra limitación, todo queda en la banalidad. Si algo repara nuestra atención, llega rápido algo que de manera inmediata nos reclama con fuerza y nos impide el reposo mínimo para asimilar lo anterior. Dificilísimo, si no imposible, construir así una sabiduría actual y eficiente. Corriendo, imposible salvarnos de la banalidad y, tan banales, qué otra cosa queda que seguir corriendo.

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Domingo 21 de junio – XII del ordinario

Lecturas
Jb 38, 1. 8-11  
Sal 106 23-26. 28-31  
2Cor 5, 14-17  
Mc 4, 35-40
                

IDEAS SUELTAS

         Estamos en el llamado tiempo ordinario. Tras el tiempo pascual ha habido dos domingos dedicados a sendas fiestas, que les han privado de ser plenamente ‘ordinarios’. Hoy, sí. Surge, como siempre, la cuestión de cómo unir ordinario y extraordinario, pero esto es así en todos los ámbitos de la vida: en la salud, en el amor, en la política, en el desarrollo personal. Cualquier momento se nos convierte en extraordinario en medio de la rutina de los días con una mirada, una emoción, una desgracia, una lotería. Nada más extra-ordinario -fuera de todo lo normal y ordinario-, que la resurrección y vida perpetua del Señor. Pero nada más “ordinario” que vivir o estar vivo (aunque quizá sea la mayor y más olvidada sorpresa) y, en el vivir, recordar y tener presente lo “extraordinario” de la resurrección. Hacer de ese recuerdo el centro y el motor de la vida es lo no-ordinario de una vida que fluye sin alicientes extraordinarios. El secreto también de los “días del Señor” en tiempo ordinario. Bien, es el domingo XII del tiempo ordinario.

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Domingo 14 de junio – Cuerpo y Sangre de Cristo

Lecturas
Ex 24, 3-8  
Sal 115, 12-13. 15-18  
Hb 9. 11-15  
Mc 14, 12-16. 22-26
 

PRIMERAS IDEAS

                Otro domingo con fiesta especial, la del cuerpo y la sangre de Cristo. De origen medieval marca el inicio de la transformación de la eucaristía en objeto sagrado más que en “acción litúrgica”. Recordar también como algo más que una curiosidad otro cambio muy anterior: de llamar “cuerpo místico de Cristo” a la Eucaristía se denomina así a la congregación de la Iglesia, y de “cuerpo de Cristo” a la comunidad se desplaza a la eucaristía.

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