De vez en cuando, el mercado editorial nos sorprende con libros de exorcismo. Relatos espeluznantes en los que el exorcista de turno cuenta con pelos y señales los síntomas de la posesión diabólica. Sin desmerecer el trabajo de los sacerdotes dedicados a estos menesteres demoniacos, creo que sus diagnósticos no entrañan ninguna dificultad; que la persona habla lenguas extrañas, hecha espuma por la boca, levita sobre la cama y gira la cabeza ciento ochenta grados, pues. ¡posesión habemos! Los que hemos vivido nuestra adolescencia bajo la impresión imborrable de la película de El Exorcista, no necesitamos masters en demonología para reconocer al diablo en cuanto asoma la cola.
Sabedores de nuestra perspicacia los demonios del siglo XXI son más discretos y sutiles, ya no huelen a azufre, apenas se adivinan sus cuernos y de tridentes y ollas hirviendo. ni rastro. Hoy en día huelen a Chanel, visten Armani y viajan en Ferrari. Sin ir más lejos, ayer mismo vi a uno de ellos en el telediario de las tres. Escondía su rostro de tras de unas gafas y en el rótulo sobreimpreso en pantalla no se leía Lucifer sino "Guilhem Costes, director financiero de Fitch Ratings" -un apodo para pasar desapercibido-. Confieso que me pasó inadvertido hasta que comenzó a lanzar improperios demoniacos delante del micrófono: "España debe reducir drásticamente las partidas dedicadas a educación obligatoria, sanidad y universidad".. Hablaba sin acompañarse del aparato pirotécnico de manifestaciones antiguas, pero con el mismo objetivo de siempre: tomar posesión de nuestras vidas y haciendas.
Entrevista a Joan Antoni Melé, banquero ético (Triodos Bank)
Víctor - M. Amela, La vanguardia.
Al filo de la edad de jubilación, dejó su trabajo. Su conciencia no le dejó seguir ni un día más para cobrarla: se despidió del banco en que trabajaba y se fue a casa. Su esposa le respaldó, pese a la renuncia económica. Pero ganó paz interior. Decidió que sería banquero sin traicionar sus principios, y se implicó en la llamada banca ética: hoy es alto cargo de Triodos Bank (www.triodos.es), que sólo invierte en empresas que ayuden a mejorar la vida de las personas. Renuncia al beneficio rampante, evita los riesgos de la especulación y se va a la cama sabiendo que su dinero es útil a la sociedad. Lo explica en el libro Dinero y conciencia (Plataforma), subtitulado ¿A quién sirve mi dinero?
Fe Adulta Estaba viendo en televisión uno de mis programas favoritos, que trata de temas científicos pero con una intención divulgativa hacia el gran público. El presentador entrevistaba a un neurocientífico, que con sus respuestas iba exponiendo los adelantos en la investigación del cerebro. Las preguntas iban dirigidas hacia cómo interactuaba nuestro cerebro con la realidad cotidiana, cambiante e imprevisible. Era realmente una entrevista apasionante. Hablaron sobre temas como el sentido de la vida, el libre albedrío, las funciones cerebrales, las lesiones...En un momento de la entrevista el entrevistador dijo: Entonces podemos anunciar que hay vida antes de la muerte. Me impactó.
Hacía poco tiempo que había estado en una librería donde tenían una sección dedicada a la vida después de la muerte. Esos libros daban toda clase de detalles y explicaciones, de cómo es en realidad esa vida en "el más allá". Me tomé un tiempo para averiguar lo que decían, y era sorprendente la cantidad de contradicciones que había entre ellos. Los libros pertenecían a diferentes tradiciones religiosas y filosóficas. También algunos exponían la esperanza cristiana tradicional. Aunque no todos los cristianos decían las mismas cosas en este espinoso tema.
Sin muchos preámbulos quisiera, en este homenaje, señalar cuatro rasgos que pueden resumir la aportación teológica de Gustavo Gutiérrez.
1.- No hay salvación sin trabajo por la liberación.
El primer rasgo es haber planteado desde el principio el problema de las relaciones entre liberación histórica y salvación ultrahistórica.
Un cristianismo desfigurado había reducido la fe a una esperanza en el más allá, donde el más-acá de nuestra historia sólo servía para merecer o comprar el billete de ese más allá. Semejante cristianismo chocaba con la pregunta central de Gustavo: “¿cómo hablar de un Dios Padre a aquél que ni siquiera es hombre?”, volviendo casi imposible la evangelización de los pobres que es distintivo de la misión de Jesús (Mt 11,5; Lc 4,18). Y además, desfiguraba y desvalorizaba la Resurrección de Jesús cuya enseñanza es que la salvación escatológica ha de ir gestándose y anticipándose ya en esta historia.
De este tema que Gustavo planteó ya en su primera Teología de la liberación, brotó después el lema tan extendido en una América Latina asolada por la injusticia: “sin in-surrección no hay re-surrección”.
Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café.
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