Lecturas:
Os 6, 3-6.
Rom 4, 18-25.
Mt 9, 9-13.
El tema de las comidas de Jesús ha cobrado últimamente una enorme importancia tanto en la investigación histórica sobre él, como en el planteamiento teológico que de este hecho se deduce. Parece costumbre adquirida por Jesús la de comer con los suyos y también con los que no eran de los suyos, incluyendo mujeres -de buena y mala fama-, pecadores, soldados, recaudadores. Estas comidas han de ser muy tenidas en cuenta al reflexionar sobre la Eucaristía y sobre las comidas posteriores del Resucitado. De estas comidas frecuentes deducirán algunos su fama de “comilón y bebedor”. Eran la forma práctica y visible (signo) de anunciar el Reino como banquete “con publicanos y pecadores”, sin límites morales, étnicos, o sexuales. De una de esas comidas habla expresamente el relato evangélico de hoy.