Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo A. José Luis Sicre

MOISÉS, LA SAMARITANA Y EL BORRACHO

José Luis Sicre

Los evangelios de los domingos 3º, 4º y 5º de Cuaresma del ciclo A, tomados de san Juan, presentan a Jesús como fuente de agua viva (Samaritana), luz del mundo (ciego de nacimiento) y vida (resurrección de Lázaro). Tres símbolos de nuestras necesida­des más fuertes (agua, luz, vida) y de cómo Jesús puede llenar­las.

Tres aguadores, tres tipos de agua, y un borracho

Las lecturas del próximo domingo hablan de tres personajes famosos (Jacob, Moisés, Jesús) relacionándolos con el don del agua. En gran parte del mundo, beber un vaso de agua no plantea problemas: basta abrir el grifo o servirse de una jarra. Pero quedan todavía millones de personas que viven la tragedia de la sed y saben el don maravilloso que supone una fuente de agua.

En el evangelio, la samaritana recuerda que el patriarca Jacob les regaló un pozo espléndido, del que se puede seguir sacando agua después de tantos siglos. En la primera lectura, Moisés sacia la sed del pueblo golpeando la roca. De vuelta al evangelio, Jesús promete un manantial que dura eternamente.

Aparentemente, el mismo problema y la misma solución. Pero son tres aguas muy distintas: la de Jacob dura siglos, pero no calma la sed; la de Moisés sacia la sed por poco tiempo, en un momento concreto; la de Jesús sacia una sed muy distinta, brota de él y se transforma en fuente dentro de la samaritana. Este milagro es infinitamente superior al de Moisés: por eso la samaritana, cuando termina de hablar con Jesús, deja el cántaro en el pozo y marcha al pueblo. Ya no necesita esa agua que es preciso recoger cada día, Jesús le ha regalado un manantial interior.

¿Y el borracho? No lo menciona ningún texto. Pero podemos intuirlo en la lectura de Pablo a los romanos.

Interpretación histórica y comunitaria

Quizá la intención primaria del relato era explicar cómo se formó la primera comunidad cristiana en Samaria. Aquella región era despreciada por los judíos, que la consideraban corrompida por multitud de cultos paganos. De hecho, en el siglo VIII a.C. los asirios deportaron a numerosos samaritanos y los sustituyeron por cinco pueblos que introdujeron allí a sus dioses (2 Reyes 17,30-31); serían los cinco maridos que tuvo anteriormente la samaritana, y el sexto («el que tienes ahora no es tu marido») sería Zeus, introducido más tarde por los griegos.

Sin embargo, mientras los judíos odian y desprecian a los samaritanos, Jesús se presenta en su región y él mismo funda allí la primera comunidad. Los samaritanos terminan aceptándolo y le dan un título típico de ellos, que sólo se usa aquí en el Nuevo Testamento: «el Salvador del mundo». En esa primera comunidad samaritana se cumple lo que dice Jesús a los discípulos: «uno es el que siembra, otro el que siega». Él mismo fue el sembrador, y los misioneros posteriores recogieron el fruto de su actividad. Pero el relato destaca el importante papel desempeñado por una mujer que puso en contacto a sus paisanos con la persona de Jesús.

Interpretación individual

Hay dos detalles que obligan a completar la lectura comunitaria con una lectura más personal. El primero es la curiosa referencia al cántaro de la samaritana. Lo ha traído para buscar agua; al final, después de hablar con Jesús, lo deja en el pozo. No necesita esa agua, Jesús le ha dado una distinta, que se ha convertido dentro de ella en un manantial.

El segundo detalle es la relación estrecha entre la promesa de Jesús de dar agua, su invitación posterior, durante la fiesta en Jerusalén: «el que tenga sed, que venga a mí y beba» (Juan 7,37-38), y lo que ocurre en el calvario, cuando lo atraviesan con la lanza, y de su costado brota sangre y agua (Juan 19,34). El tema central no es ahora la fundación de una comunidad, sino la relación estrecha de cualquier creyente con él, de esa persona que tiene su sed material cubierta, aunque sea con el esfuerzo diario de buscarse el agua, pero que siente una sed distinta, una insatisfacción que sólo se llena mediante el contacto directo con Jesús y la fe en él.

Otra agua y otro pan

Un último detalle sobre la enorme riqueza simbólica de este episodio. La samaritana se olvida de beber. Jesús se olvida de comer. Aunque los discípulos le animen a hacerlo, él tiene otro alimento, igual que la mujer tiene otra agua.

¿Cuál es esa agua que Jesús ha dado a la samaritana? Releyendo el relato, se advierte que la mujer va cambiando su imagen de Jesús. Al principio lo considera un simple judío, que no le merece gran respeto. Luego lo descubre como profeta, conocedor de cosas ocultas. Más tarde se pregunta si no será el Mesías, alguien que merece toda su consideración, aunque destruya sus convicciones religiosas precedentes; alguien que le revela la recta relación con Dios.

En el Antiguo Testamento se usa a veces la metáfora de la sed y del agua para expresar el deseo de Dios: «Como suspira la cierva por las corrientes de agua, así suspira mi alma por ti, Dios mío» (Sal 42). Ese nuevo conocimiento de Dios y de Jesús es el agua que se ha llevado la samaritana, la que no necesita el viejo cántaro, que puede quedar olvidado junto al pozo de Jacob.

Tres policías mueren por salvar a un borracho (Romanos 5,1-2.5-8)

Ocurrió en La Coruña en la madrugada del 27 de enero de 2012, cuando un universitario eslovaco, con más cubatas de la cuenta, se empeñó en bañarse por la noche en la playa a pesar de que las condiciones del mar lo desaconsejaban. Cuando se estaba ahogando, tres policías se lanzaron al agua para salvarlo. Los tres murieron ahogados, igual que el muchacho. Me indignan estas personas irresponsables que ocasionan la muerte de gente inocente, mejores que ellos.

Pero este hecho me trae a la memoria las palabras de Pablo: «Por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros». Nosotros nos parecemos al universitario borracho; si arriesgamos estúpidamente nuestra vida, nadie debe perder la suya por salvarnos. Sin embargo, eso es precisamente lo que hizo Jesús y lo que celebraremos en la próxima fiesta de Pascua. Algo que nunca podremos agradecer debidamente.

José Luis Sicre

Domingo 3º Cuaresma – A – Fray Marcos

(Jn 4,5-42)

Dios es solamente Espíritu. Imposible relacionarnos con Él externamente.

Hoy y los dos próximos domingos vamos a leer evangelios de Juan: Samaritana, ciego de nacimiento y resurrección de Lázaro. El “yo soy” de Juan, se repite en los tres: yo soy agua viva, luz, vida. El relato es una catequesis, que invita a seguir a Jesús-Vida.

Los samaritanos eran despreciados por los judíos como herejes. El peor insulto que se podía hacer a un judío era llamarle samaritano. Sin esta clave no se entiende el relato.

Jesús es el agua viva, que va a sustituir la Ley y el Templo. Ésta es la clave de todo el relato. La mujer no tiene nombre, representa la región de Samaría que va a apagar su sed en la tradición. Jesús está solo. Se trata del encuentro del Mesías con Samaría, la infiel. El profeta Oseas de Samaría había denunciado la prostitución de esta tierra.

Jesús toma la iniciativa al pedir de beber a la Samaritana. Se acerca implorando ayuda. Ella tiene lo que a él le falta y necesita, el agua. Es lógica la extrañeza de la mujer. Jesús acaba de derribar una doble barrera, la que separaba a judíos y samaritanos y la que separaba a hombres de mujeres. Reconoce que una mujer puede aportarle algo.

Jesús le ha pedido un favor, pero es para corresponder con otro mucho mayor. Jesús se muestra por encima de las circunstancias aparentemente adversas. La mujer no conoce más agua que la del pozo (la ley) que solo se puede conseguir con el esfuerzo humano. Como los judíos, no ha descubierto que existe un don de Dios gratuito y mejor.

El agua-Espíritu que da Jesús, se convierte en manantial que continuamente da Vida. Esa Vida contiene la energía suficiente para desarrollar a cada ser humano desde su dimensión personal más profunda. El Hombre recibe Vida en lo profundo de su ser. El agua hay que extraerla del pozo, el Espíritu está siempre en lo hondo de uno mismo.

Juan es un experto en la utilización de la falsa comprensión de un aserto para insistir en la explicación. Jesús habla del Vida y la Samaritana habla del agua para beber. La mejor demostración de que mantenemos la ambivalencia es que la primera lectura es el pasaje de Éxodo, donde la prueba de que Dios está con el pueblo es que les da agua.

El sentido de los versículos, que se refieren a los maridos, hay que buscarlo en el trasfondo profético, que nos lleva a la infiel relación de Samaría con Dios. Samaría ha tenido cinco dioses, y el que tiene ahora (Yahvé) al compartirlo, tampoco es su dios.

En Jesús se personifica la actitud de Dios que no ha roto con Samaria, sino que positivamente la busca. El agua tradicional (Ley) no había conseguido apagar la sed del pueblo. La búsqueda le había llevado a la multiplicidad de maridos-señores-dioses.

La Samaritana descubre que Jesús es un profeta. La imagen de Mesías que tiene la mujer es la de profeta semejante a Moisés. La mujer sigue aferrada a la tradición «nuestros padres». Busca la solución en lo antiguo, la única realidad que conoce.

Para Jesús, también el templo de Jerusalén está prostituido. Las dos alternativas son equivocadas. Su oferta es algo nuevo. Se trata de un cambio radical. Jesús mismo será el lugar de encuentro con Dios. La relación directa con Dios hará posible la unidad-amor

«Dios es Espíritu». Debemos tener en cuenta que ‘Espíritu’, desde la mentalidad griega, significa simplemente un ser no material. Desde la mentalidad judía, tiene una gama de significados muy rica. Significa que Dios es fuerza, dinamismo de amor, Vida.

El culto antiguo era una humillación ante un Dios soberano, subrayaba la distancia. El nuevo culto eleva al hombre y suprime la distancia. Dios no necesita ni espera dones de nosotros. Los herejes samaritanos están más cerca de Dios que los ortodoxos judíos.

Garizumako 3. igandea –A- José A. Pagola

Grupos de Jesús
(Joan 4,5-42)

EZ DAKIGU FEDEA AHOGOZATZEN- NO SABEMOS SABOREAR LA FE

Agian, gaur egungo kristautasunaren zoritxarrik handienetako bat «esperientzia erlijiosoaren» falta da. Jende askok dio kristau dela, baina, halere, ez dakite zer den nork bere fedeaz gozatzea, Jainkoarekin gustura sentitzea eta Jesusekiko atxikimendua dastatuz bizitzea. Nolatan izan daiteke fededun Jainkoaren maitasun onargarriaz sekula gozatu gabe.

Izaera sakonki arrazionaleko teologiaren garapenak eta Mendebaldean formulazio kontzeptualari eman zaion garrantziak sarritan eraman gaituzte honetara: fedea Jesu Kristorekiko «atxikimendu doktrinal» bezala hartu eta bizitzera. Aski kristau dira Jesusez «gauzak sinesten dituztenak», baina gauza ez direnak berarekin gozo-gozo jarduteko.

Antzeko zerbait gertatzen da batzuetan liturgia-ospakizunean. Zehatz betetzen dira kanpoko errituak eta hitz ederrak ahoskatzen dira, baina ematen du dena pertsonagandik «kanpo» gertatzen dela. Mihiaz abesten da, baina bihotza absente dago. Jaunaren Gorputza hartzen da, baina ez du eragiten komunikazio bizirik berarekin.

Esanguratsua da Bibliako irakurgaiarekin gertatzen dena ere. Exegesi modernoan egindako aurrerapenek inoiz ez bezala ezagutzeko modua egin digute: liburu santuen eraketa, genero literarioak edota ebanjelioen egitura. Halaz guztiz, ez dugu ikasi Jesusen ebanjelioa ahogozatzen.

Honek guztiak sentipen arraroa eragiten du. Esango litzateke «fedearen epidermisean, azalean» mugitzen garela. Elizan ez da falta hitzik, ez sakramenturik. Igandero predikatzen da. Eukaristia ospatzen da. Ospatzen dira bataioak, lehen jaunartzeak eta sendotzeak ere. Baina «zerbait» falta da, eta ez da gauza erraza justu zer den falta dena esatea. Hau ez da lehen kristauek bizi izan zutena.

Espirituaren esperientzia berri baten beharra dugu, barnez biziaraziko gaituena eta, Loiolako Ignaziok esaten zuen bezala, «gauzak barnez sentitzen eta dastatzen» irakatsiko diguna. Sinesten dugula esaten dugun hori dastatzea falta zaigu, geure baitan Jainkoaren presentzia isila baina egiazkoa ahogozatzea. Berarekin berezkotasuna bizitzea falta zaigu, beraren maitasunean konfiantza gozagarria bizitzea.

Jainkoaren esperientzia hau ez da geure ahaleginaren eta indarraren fruitu. Espirituari «txoko bat egin behar zaio» bizitzan eta bihotzean, geure ospakizunetan eta kristau-elkartean. Gure egun hauetako Elizak ere entzun egin behar ditu Jesusek emakume samariarrari esandako hitzak: «Jainkoaren dohaina ezagutuko bazenu…». Bihotza Espirituaren egintzari irekitzen dionean aurkitzen du fededunak Jesusek promes egindako ur hori: gure baitan «betiko biziraino jauzi egiten duen iturri» bihurtzen dena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Cuaresma – A (Juan 4,5-42)

por Coordinador – Mario González Jurado

NO SABEMOS SABOREAR LA FE

Tal vez, una de las mayores desgracias del cristianismo contemporáneo es la falta de «experiencia religiosa». Son muchos los que se dicen cristianos y, sin embargo, no saben lo que es disfrutar de su fe, sentirse a gusto con Dios y vivir saboreando su adhesión a Jesús. ¿Cómo se puede ser creyente sin gozar nunca del amor acogedor de Dios?

El desarrollo de una teología de carácter marcadamente racional y la importancia que se le ha dado en Occidente a la formulación conceptual ha llevado con frecuencia a entender y vivir la fe como una «adhesión doctrinal» a Jesucristo. Bastantes cristianos «creen cosas» acerca de Jesús, pero no saben comunicarse gozosamente con él.

Algo parecido sucede a veces en la celebración litúrgica. Se observan correctamente los ritos externos y se pronuncian palabras hermosas, pero todo parece acontecer «fuera» de las personas. Se canta con los labios, pero el corazón está ausente. Se recibe el Cuerpo del Señor, pero no se produce una comunicación viva con él.

Es significativo también lo que sucede con la lectura de la Biblia. Los avances de la exégesis moderna nos han permitido conocer como nunca la composición de los libros sagrados, los géneros literarios o la estructura de los evangelios. Sin embargo, no hemos aprendido a saborear el evangelio de Jesús.

Todo esto produce una sensación extraña. Se diría que nos estamos moviendo en la «epidermis de la fe». En la Iglesia no faltan palabras ni sacramentos. Se predica todos los domingos. Se celebra la eucaristía. También hay bautizos, primeras comuniones y confirmaciones. Pero falta «algo», y no es fácil decir exactamente qué. Esto no es lo que vivieron los primeros creyentes.

Necesitamos una experiencia nueva del Espíritu que nos haga vivir por dentro y nos enseñe a «sentir y gustar de las cosas internamente», como decía Ignacio de Loyola. Nos falta gustar lo que decimos creer; saborear en nosotros la presencia callada pero real de Dios. Nos falta espontaneidad con él, confianza gozosa en su amor.

Esta experiencia de Dios no es fruto de nuestros esfuerzos y trabajos. Al Espíritu hay que «hacerle sitio» en la vida y en el corazón, en nuestras celebraciones y en la comunidad cristiana. La Iglesia de nuestros días ha de escuchar también hoy las palabras de Jesús a la samaritana: «Si conocieras el don de Dios…». Solo cuando se abre a la acción del Espíritu descubre el creyente esa agua prometida por Jesús, que se convierte dentro de nosotros en «manantial que salta hasta la vida eterna».

José Antonio Pagola

 Domingo 3º de Cuaresma A – Koinonía

Éxodo 17,3-7

Danos agua de beber

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?» Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.» Respondió el Señor a Moisés: «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.» Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»

Salmo responsorial: 94

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor, / demos vítores a la Roca que nos salva; / entremos a su presencia dándole gracias, / aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra, / bendiciendo al Señor, creador nuestro. / Porque él es nuestro Dios, / y nosotros su pueblo, / el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz: / «No endurezcáis el corazón como en Meribá, / como el día de Masá en el desierto; / cuando vuestros padres me pusieron a prueba / y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.

Romanos 5, 1-2.5-8

El amor ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Juan 4,5-42

Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.» La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.»

[Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.» La mujer le contesta: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

La mujer le dice: «Señor,] veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.» Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.» La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?» La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?» Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come.» Él les dijo: «Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.» Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?» Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»]

En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Recordemos el carácter más o menos aleatorio que tiene la distribución de los textos bíblicos en la liturgia católica. No existe ninguna explicación de cómo se ha hecho tal distribución, ni de por qué tal texto en tal fecha. Una comisión elegida a dedo lo decidió así, y no se conocen los criterios que siguió. Quien quiera puede conjeturar sobre ellos. Se observa una “asociación de ideas” –o de imágenes– entre la primera y la tercera lectura, mientras la segunda con frecuencia va por sus caminos propios, sin ninguna relación a las otras dos. La sucesión de los domingos tampoco muestra un criterio claro (como podría ser el de dar pie a un proceso sistematizado de formación teológica o bíblica), ni se da oficialmente libertad para que al menos algunas comunidades especiales (jóvenes, grupos de formación, ambientes especiales…) pudieran hacer su propio «calendario litúrgico»… Son temas que quedan pendientes para una próxima reforma litúrgica… Ni el propio papa Francisco se ha referido a esta urgencia (sin duda que hay otras mayores).

Por lo demás, es claro que los textos propuestos en la liturgia están siempre a disposición de una interpretación libre. Son como una poesía o una imagen simbólica: cada comunidad es libre de abordarlos desde el punto de vista que prefiera, y es casi imposible que dos cristianos, dos biblistas o agentes de pastoral encuentren la misma resonancia ante un mismo texto: a cada uno le evocará recuerdos y sugerencias de acción distintos. «Lo que se recibe, se recibe según el modo de ser de quien recibe», dice el adagio clásico. Aquí también.

Nuestro Servicio Bíblico Latinoamericano ofrece estos comentarios teológico-pastorales a los textos bíblicos de la liturgia (católica) también desde una sensibilidad propia, con un transfondo de opciones, de visión del mundo y de vivencia de la fe, propios. Y los ofrece con humildad, sabiendo que no son los únicos, ni los mejores; son simplemente los nuestros, los que podemos compartir con quienes sintonizan con esta espiritualidad que con frecuencia llamamos «latinoamericana», no necesariamente de un modo geográfico-material, sino en referencia a una «geografía espiritual»…

Después de esta introducción que no es “propia de este domingo”, entramos de lleno al comentario de los textos.

El texto estrella de la liturgia de hoy es el de la samaritana. Prácticamente, el capítulo cuarto entero del evangelio de Juan. El famoso episodio del encuentro de Jesús con la samaritana.

Algo que nos parece importante siempre que se comenta un texto del evangelio de Juan, es la apelación a su carácter simbólico peculiar. Juan no es un evangelio sinóptico, no es un texto narrativo, ni lo que nos cuenta es probablemente histórico. Juan es un evangelio enteramente simbólico, en el que los símbolos han sido extrapolados hasta desplazar a la realidad. En Juan no hay símiles, sino identificaciones: «Yo soy la vid», le hará decir Juan a Jesús; no “yo soy como la vid”, sino “yo soy la vid”. Más aún, “yo soy la vid verdadera”: las demás vides -las de la realidad- no son vides verdaderas. “Yo soy el Pan verdadero”: el resto de los panes serían… sucedáneos. Yo tengo el agua verdadera, la que “salta hasta la vida eterna”; la otra, la del H2O, tal vez no quita la sed o ni siquiera es agua…

Al comenzar a comentar cualquier texto del evangelio de Juan es bueno recordar este estilo literario y simbólico enteramente peculiar de Jesús. Por respeto al público oyente sencillo, es conveniente recordar muy claramente que no estamos escuchando sencillamente la narración de una conversación tal como fue, sino que se trata de una sofisticada composición teológica, con intenciones muy profundas y nada fáciles de detectar. Y que, claro está, se inscribe en el mundo mental e ideológico peculiar de Juan, enormemente alejado del nuestro; y que esta barrera cultural que nos separa del autor exige prudencia para no dar por válida cualquier conclusión.

De entre las muchas interpretaciones de que este texto puede ser objeto, nos vamos a fijar en dos, muy elocuentes hoy día: la de la superación de la religión y la apertura al diálogo interreligioso.

Está de moda el diálogo interreligioso en la teología y en el cristianismo en general. La situación del mundo actual no sólo lo posibilita sino que lo hace inevitable. El mundo actual está “barajado’ religiosamente. A diferencia del pasado, en el mundo actual las sociedades son plurales, cultural y religiosamente. Las migraciones, los intercambios de todo tipo, y la misma «mundialización», hacen que todas las religiones se encuentran hoy diariamente con las demás, mientras que durante milenios vivieron prácticamente aisladas, tan distantes, que cómodamente podían pensarse a sí mismas como únicas.

Jesús no vivió en un contexto religiosamente plural, como el nuestro, pero sí tenía que pasar por Samaria en sus viajes entre Galilea y Jerusalén. Este episodio simbólico del evangelio de Juan nos permite representarnos el comportamiento de Jesús respecto a este pueblo que, si bien no era propiamente de “otra religión”, era considerado más distante incluso, por ser tenido como hereje, o cismático.

Jesús dialoga con la samaritana, y por propia iniciativa. Juan no nos lo presenta como a la defensiva, o sólo respondiendo. La iniciativa original, el acercamiento al diálogo es de Jesús.

Puede ser importante destacar que Jesús dialoga interreligiosamente porque tiene un transfondo de «teología pluralista de las religiones», como podríamos decir en lenguaje actual, con evidente anacronismo. No es primero el diálogo, y después la teología de las religiones, sino al revés: porque se tiene una visión abierta de la relación entre las religiones, es por eso por lo que se puede dialogar interreligiosamente.

«¿Dónde hay que adorar, en Jerusalén o en Garitzín?», le pregunta la samaritana. O sea, más claramente, ¿cuál es la religión verdadera? Y Jesús tiene una respuesta verdaderamente revolucionaria, que todavía no han asimilado los teólogos del pluralismo religioso. Jesús no dice que Jerusalén o Gartizín resulten opciones inválidas (religiones falsas), pero sí dice que quien quiera ir más al fondo («los verdaderos adoradores») no va a tener que ir ni a un lugar ni a otro, no van a tener que vivir con una u otra religión, sino «en espíritu y en verdad», es decir, adentrándose verdaderamente en la «religación» profunda.

Es una respuesta revolucionaria: las religiones son relativas, hay algo más allá de ellas, a cuyo servicio están todas –o debieran estarlo–. No hay una religión concreta que sea absoluta, a la que todas las demás debieran ceder el paso. La única religiosidad absoluta (la “única religación verdadera”) es la «adoración en espíritu y en verdad», más allá de cualquiera de las religiones.

Un autor como Thomas Sheehan (The First Coming: How the Kingdom of God Became Christianity, Random House 1986), sostiene que la novedad de Jesús consiste en la abolición de todas las religiones, de forma que podamos redescubrir nuestra relación con Dios («religación») en el mismo proceso de la creación y de la vida, en la historia. Puede asustar semejante afirmación, pero sólo de entrada. Pensándolo bien, recordaremos que Jesús no «fundó» la Iglesia (es ésta la que se fundó después, y se fundó en Jesús). Jesús siempre se mantuvo judío, y nunca pensó en fundar otra religión, sino en todo caso en superarla. ¿Habrá sido el cristianismo una dimidiada inteligencia de lo que Jesús quería, aquello que luego cristalizó en el siglo IV en medio de los enormes condicionamientos históricos de aquella época marcada por un imperio en decadencia? ¿Será que hoy, en medio de una grave crisis de las religiones y particularmente de las instituciones religiosas, se nos presenta una nueva y mejor oportunidad de entender y poner en práctica el mensaje de Jesús? No sabemos, pero la «vuelta a Jesús» que se ha venido dando en las últimas décadas, nos invita a reflexionar y discernir con humildad, y a buscar con paciencia.

Se extiende y se cita cada día más la distinción entre «religión y religación»… y aparece como más importante la segunda, la «religación» -sin atarla demasiado a la etimología de la palabra-, mientras que la religión, las religiones, no serían más que formas concretas diferentes que esa dimensión profunda del ser humano ha adoptado en una determinada época de la historia. Lo importante -es obvio- no son las formas, sino el contenido que vehiculan, la dimensión profunda a la que responden. ¿Y quién nos dice que esa dimensión profunda de «religación» no puede asumir otras formas diferentes, o que no las está asumiendo ya, y que eso que llamamos «crisis de la religión» no sea más que una transformación hacia las formas que la religación va a adoptar en el próximo futuro? Probablemente la crisis de la religión va a ser -o está siendo ya- la mejor oportunidad de la religación, de la espiritualidad.

Respecto a la gravedad de la crisis de las religiones, se puede consultar esta amplia recopilación de datos y reflexiones de Héctor TORRES: Y como fundamentación teórica, proponiendo una interpretación antropológico-cultural de la crisis global de la religión, recomendamos Mariá CORBÍ, Religión sin religión, PPC, Madrid, así como este artículo: RElaT/352.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 81 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Junto al pozo de Jacob». El audio, el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/81-junto-al-pozo-de-jacob/. También el capítulo 82 tiene relación con el evangelio de hoy: https://radialistas.net/82-en-una-aldea-de-samaria/

DOMINGO 2º DE CUARESMA (A) Fray Marcos

(Mt 17,1-9)

Lo divino es nuestra esencia. Tenemos que descubrir que vivimos desfigurados.

El domingo pasado la gloria se presenta como una tentación. Hoy se nos presenta como la cosa más divina del mundo. Desde la razón, es una contradicción, pero en el orden trascendente, una formulación puede ser verdad y la contraria también.

Una vez que descubrieron en la experiencia Pascual lo que Jesús era, trataron de comunicar esa vivencia que les había dado Vida, adornándola con imágenes tomadas del AT. Así disimulaban la ceguera que les había impedido descubrir quién era Jesús.

No podemos pensar en una puesta en escena por parte de Jesús; debemos entender que no es una crónica de un suceso. Se trata de una teofanía, construida con los elementos y la estructura de las muchas manifestaciones de Dios relatadas en el AT. Creo que es un relato pascual, retrotraído a su vida, después de haberse elaborado, para darle mayor fuerza.

El relato está tejido con elementos de las teofanías del AT. Nada en él es original; ni siquiera la voz aporta algo nuevo, pues repite exactamente lo que dijo en el bautismo. Quiere expresar la presencia divina en Jesús, con un lenguaje que todos podían entender. Lo importante es lo que quiere comunicar, no los elementos que utiliza para comunicarlo.

Hasta la experiencia pascual nadie descubrió lo que era Jesús. Todo lo que vieron después de su muerte, estaba ya presente en él cuando andaban por los caminos de Palestina. Si se retrotrae a la vida terrena es con el fin de hacer ver que Jesús fue siempre un ser divino.

Jesús vivió constantemente trasfigurado, pero no se manifestaba externamente con espectaculares síntomas. Su humanidad y su divinidad se expresaba cada vez que se acercaba a un hombre para ayudarle a ser él. La única luz que transforma a Jesús es la del amor y solo cuando manifiesta ese amor ilumina. En lo humano se trasparenta Dios.

Tomó consigo a tres: La experiencia interior es siempre personal no colectiva, por eso los presenta con sus nombres propios. Moisés también subió al Sinaí acompañado por Aron. El monte: Es el ámbito de lo divino. Si Dios está en el ‘cielo’, la montaña será el mejor lugar para que se manifieste. En la Biblia el monte alto es el lugar donde siempre está Dios.

Rostro resplandeciente: la gloria de Dios se comunica a aquellos que están cerca de Él. A Moisés al bajar del monte, tuvieron que taparle el rostro porque hería los ojos) La luz: ha sido siempre símbolo de la presencia de Dios. La nube: Símbolo de la protección de Dios. A los israelitas los acompañaba por el desierto, les protegía de día e iluminaba de noche.

Moisés y Elías: La Ley y los Profetas en dialogo con Jesús. El evangelio es continuación del AT, pero superándolo. La voz: la palabra ha sido siempre la expresión de la voluntad de Dios. ¡Escuchadlo! Es la clave del relato. Solo a él, ni siquiera a Moisés y a Elías. El miedo. Ante la presencia de lo divino, el hombre sentía pánico incluso miedo de morir.

Jesús no tuvo que transfigurarse porque nunca estuvo desfigurado. Siempre fue lo que era. Nosotros que estamos desfigurados, sí tenemos que configurarnos conforme a Jesús y, por lo tanto, transfigurarnos. La figura cambiará cuando lo esencial aparezca en mí.

Todos tenemos esa misma energía a rebosar, pero, normalmente, estamos desfigurados porque estamos en la superficie, pendientes y apegados a lo que no somos. Bastaría configurarnos de acuerdo con nuestro verdadero ser para que apareciera esa armonía. No se trata de conseguir nada sino de ser simplemente lo que somos.

La transfiguración nos dice quién era realmente Jesús y lo que somos nosotros. ¡Sal de tu ego y adéntrate por los caminos del Espíritu! Entra dentro de ti y encontrarás tu centro. No tienes que buscar nada distinto de ti mismo. Pide a Dios que te libre de todo dios.

Garizumako 2. igandea –A – José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Mateo 17,1-9)

JESUSI ENTZUN GAUR EGUNGO GIZARTEAN – ESCUCHAR A JESÚS EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Duela urte gutxi batzuk, erlijioa zen jenderik gehienari irizpideak ematen zizkiona bizitza interpretatzeko eta burubideak bizitza zentzuz eta erantzukizunez norabidetzeko. Gaur egun, alderantziz, aski jendek utzi du Jainkoa alde batera, bizitzari, gurariei, beldurrari eta igurikimenei norberak bakarrik aurre egiteko.

Ez da eginkizun erraza. Segur aski, inoiz ez zaio gertatu gizabanakoari ez hain zaila, ez hain problematikoa, pentsatzen jartzea, gogoeta egitea eta erabakiak hartzea, ez bere buruaz, ez bere bizitzak duen garrantziaz. «Traszendentzia-gabeziaren» kulturan murgildurik bizi gara: gizakia «hemen» eta «orain» bikotean lotzen duen kulturan, berehalako egoera estuan biziarazten duelarik, inolako irekitasunik gabe bizitzaren azken misterioari. «Barreiaduraren kulturan» bizi gara, pertsona bere baitatik atera eta bihotzean daramatzan arazo handiez ahazturik biziarazten duelarik.

Gaur egungo gizakiak gauza asko ikasi ditu, inguratzen duen munduan gertatzen den guztiaz informaturik dago, baina ez daki zein den bere burua ezagutu eta bere askatasuna eraikitzeko bidea. Jende askok sinatuko luke, duela urte batzuk, G. Hourdinek, La Croix-ko zuzendariak, egin zuen deskribapen ilun hau: «Gizakia ezgai bihurtzen ari da nahi izateko, aske izateko, berez juzkatzeko, bere biziera aldatzeko. Robot diziplinatu bihurtzen ari da: dirua irabazteko lan egiten duena, ondoren talde-oporretan gozatuko duen dirua. Moda-aldizkariak irakurtzen ditu, mundu osoak ikusten dituen tele-emanaldiak ikusten ditu. Horrela ikasten du bera zer den, zer nahi duen eta nola pentsatu eta bizi behar duen».

Inoiz baino gehiago erreparatu behar diogu ebanjelioaren deiari: «Hau ene Semea da, maitea, ene kutuna. Entzun iezaiozue». Geldialdi bat egin beharra dugu, isiltasun bat egin beharra eta Jesusengan agertu zaigun Jainkoari gehiago entzun beharra. Barnez entzute horrek egian bizitzen lagunduko digu, bizia bere erraietan ahogozatzen, bizia alferrik ez galtzen, funtsezkoaren gainetik arin eta azalez azal ez pasatzen. Jesusengan haragitu den Jainkoari entzunez, geure txikitasuna eta pobretasuna aurkituko ditugu, baina geure handitasuna ere bai, jabetzean, Jainkoak era infinituan maite gaituen izaki garela.

Bakoitza libre da Jainkoari entzunez nahiz bizkarra emanez bizitzeko. Baina, nolanahi ere, bada zerbait guztiok gogoratu beharko genukeena, nahiz eta eskandalagarri eta kultura-kontrako gertatu: azken zentzurik gabe bizitzea era zoroan bizitzea da; kontzientziaren barne ahotsa entzun gabe jokatzea zentzugabeko izatea da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundara

2 Cuaresma – A (Mateo 17,1-9)

ESCUCHAR A JESÚS EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Todavía hace unos años era la religión la que ofrecía a la mayoría de las personas criterios para interpretar la vida y principios para orientarla con sentido y responsabilidad. Hoy, por el contrario, son bastantes los que prescinden de Dios para enfrentarse solos a su vida, sus deseos, miedos y expectativas.

No es tarea fácil. Probablemente nunca le ha resultado al individuo tan difícil y problemático detenerse a pensar, reflexionar y tomar decisiones sobre sí mismo y sobre lo importante de su vida. Vivimos sumergidos en una «cultura de la intrascendencia», que ata a las personas al «aquí» y al «ahora», haciéndoles vivir solo para lo inmediato, sin apertura alguna al misterio último de la vida. Nos movemos en una «cultura del divertimiento» que arranca a las personas de sí mismas y les hace vivir olvidadas de las grandes cuestiones que llevan en su corazón.

El hombre de nuestros días ha aprendido muchas cosas, está informado de cuanto acontece en el mundo que le rodea, pero no sabe el camino para conocerse a sí mismo y construir su libertad. Muchos suscribirían la oscura descripción que hacía el director de La Croix, G. Hourdin, hace algunos años: «El hombre se está haciendo incapaz de querer, de ser libre, de juzgar por sí mismo, de cambiar su modo de vida. Se está convirtiendo en el robot disciplinado que trabaja para ganar el dinero, que después disfrutará en unas vacaciones colectivas. Lee las revistas de moda, ve las emisiones de televisión que todo el mundo ve. Aprende así lo que es, lo que quiere y cómo debe pensar y vivir».

Necesitamos más que nunca atender la llamada evangélica: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo». Necesitamos pararnos, hacer silencio y escuchar más a Dios revelado en Jesús. Esa escucha interior ayuda a vivir en la verdad, a saborear la vida en sus raíces, a no malgastarla de cualquier manera, a no pasar superficialmente ante lo esencial. Escuchando a Dios encarnado en Jesús descubrimos nuestra pequeñez y pobreza, pero también nuestra grandeza de seres amados infinitamente por él.

Cada uno es libre para vivir escuchando a Dios o dándole la espalda. Pero, en cualquier caso, hay algo que hemos de recordar todos, aunque resulte escandaloso y contracultural: vivir sin un sentido último es vivir de manera «insensata»; actuar sin escuchar la voz interior de la conciencia es ser un «inconsciente».

José Antonio Pagola

DOMINGO 2º DE CUARESMA – KOINONÍA

Según la Biblia, Abraham y Sara pertenecían a un clan de pastores seminómadas, de los muchos que buscaban pastos para sus rebaños lejos de las ciudades-estado que, por los años 1800 a.C. se estaban organizando en Mesopotamia y a lo largo de las costas del Mediterráneo. Abraham tal vez fue uno de los muchos grupos que emigraban, lo mismo que hoy, «buscándose la vida». En ese andar luchando por la vida descubrieron el llamado de Dios a dejarlo todo y fiarse de su promesa de vida. Dios promete a Abraham que será padre de un pueblo numeroso y que tendrá una tierra, la “tierra prometida”. Es lo que anhelan sus corazones, lo que necesitan para vivir una vida humana y digna. Hoy son muchas las “minorías abrahámicas” que siguen escuchando el llamado de Dios, que les invita a buscar nuevas formas de “vida prometida” para todos los hijos de Dios. Hoy también hay muchísimos desplazados por el sistema neoliberal globalizado, que crea marginación y expulsa a los más débiles de sus tierras. Y millones de desplazados por efecto de las guerras y los problemas políticos. Son los nuevos Abrahán y Sara, que se ven forzados a dejarlo todo en busca de la vida digna que la realidad les niega en su lugar de origen.

La Biblia pone el origen de Israel en esta mitológica «migración» desde Oriente Próximo, «justificándolo» en la voluntad de Dios de elegirse un pueblo… Así, en unos textos que son «Palabra de Dios» y que hablan de Dios… en realidad es el pueblo judío el que habla de sí mismo, y se da una identidad a sí mismo, que se presenta como la voluntad del Dios altísimo, que decidió crearse un pueblo eligiendo a la persona de cuyas entrañas lo haría nacer. Además de padre «biológico» de Israel, a Abraham la Biblia le atribuye el ser «padre en la fe» de Israel, y por tanto de las tres religiones en que derivó la fe de Israel: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Como el problema de la historicidad de los «mitos» bíblicos de la creación, de la primera pareja humana, y del pecado original que abordábamos en el domingo pasado, también los Patriarcas y los orígenes de Israel hoy están sometidos a un nuevo abordaje. Es algo muy nuevo. Hoy en Biblia se habla de un «nuevo paradigma arqueológico», una generación de arqueólogos desprendida de las adherencias y condicionamientos teológicos clásicos, que cree hallar en el subsuelo israelita un nuevo libro que nos habla fehacientemente de los demás libros que componen la Biblia. Israel Finkelstein es el nombre abanderado de este nuevo paradigma bíblico. «La Biblia desenterrada» (editorial Siglo XXI, Madrid 2003, disponible en la red; original: The Bible Unearthed. Archeology’s New Vision of Ancient and the Origin of its Sacred Texts, también disponible en la red). Han aparecido también investigaciones importantes sobre el papel que la creación de la Biblia tuvo respecto a la construcción de la identidad de Israel; así por ejemplo, el libro de Shlomon SAND, Comment le peuple juïf fut inventé (Fayard, Paris 2008, disponible en la red, original en hebreo). La visión que actualmente se está imponiendo desde un plano científico respecto al mundo de los patriarcas bíblicos significa una verdadera revolución, un conjunto de descubrimientos muy importantes que transforman el contexto en el que deben ser interpretados. No se trata de una intuición vaga o un primer anticipo, sino de una corriente fundamentada que merece más respecto incluso que las simples «hipótesis» sobre las que hasta ahora estaba basada la ciencia bíblica. Es urgente para los biblistas, los predicadores y todos los agentes de pastoral asomarse cuanto antes a este nuevo panorama, para no ser sorprendidos cualquier día proponiendo interpretaciones que hoy, a estas alturas del desarrollo de las ciencias, no tienen razón de ser.

La segunda carta de Timoteo nos asegura que la Palabra de Dios no está encadenada. Ella hace su propio camino en medio de los muchos caminos del pueblo. Aunque hagamos muchas lecturas interesadas de ella, el Espíritu siempre encontrará las formas de echarla a volar, sobre todo en manos de los que buscan mejores situaciones de vida en dignidad y justicia, como Abrahán y Sara, o como los desplazados de hoy. Todos ellos, minorías abrahámicas o mayorías desplazadas, están pronunciando con su vida el rechazo a este sistema excluyente que ha perdido la brújula, y que podría encontrarla con la Buena Noticia de Jesucristo.

La escena de la transfiguración que nos relatan los evangelios es, obviamente, otro símbolo. No tiene sentido hablar de ella con un «realismo ingenuo», como si la entendiéramos literalmente y pensáramos que nos describe un hecho ocurrido tal cual. Escribieron ese relato, mucho tiempo después de la muerte de Jesús, y con mucha libertad. Esa transfiguración de Jesús que Mateo redacta es un símbolo de esas otras muchas «experiencias de transfiguración» que todos experimentamos. La vida diaria tiende a hacerse gris, monótona, cansada, y a dejarnos desanimados, sin fuerzas para caminar. Pero he aquí que hay momentos especiales, con frecuencia inesperados, en que una luz prende en nuestro corazón, y los ojos mismos del corazón nos permiten ver mucho más lejos y mucho más hondo de lo que estábamos mirando hasta ese momento. La realidad es la misma, pero nos aparece transfigurada, con otra figura, mostrando su dimensión interior, esa en la que habíamos creído, pero que con el cansancio del caminar habíamos olvidado. Esas experiencias, verdaderamente místicas, nos permiten renovar nuestras energías, e incluso entusiasmarnos para continuar marchando luego, ya sin visiones, pero «como si viéramos al Invisible».

Todos necesitamos esas experiencias, como los discípulos de Jesús la necesitaron. Nosotros no podemos encontrarnos con Jesús en el Tabor de Galilea. Necesitamos buscar nuestro Tabor particular, los lugares externos o los rincones de nuestra casa donde nos es más fácil hacer oración, las fuentes que más fuerzas nos dan, las formas con las que nos arreglamos para lograr renovar nuestro compromiso primero, siendo la oración, sin duda, el más importante.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 68 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «En la cumbre del Tabor». El guión, el audio y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/68-en-la-cumbre-del-tabor/.

Los libros citados más arriba sobre arqueología son fácilmente encontrables en la red. Hay algunos videos públicamente disponibles sobre la historicidad de Abraham, en la línea de estas investigaciones científicas arqueológicas que hemos citado: véase https://vimeo.com/user10361814 Los cuatro son de excelente calidad y fiabilidad; para el tema de este domingo puede bastar el de los patriarcas.

DOMINGO 1º CUARESMA (A)-Fray Marcos

(Mt 4,1-11)

Se trata de buscar lo mejor para mí, aunque me cueste. ¿Descúbrelo!

La cuaresma no es un tiempo de examen para sentirnos pecadores y pedir a Dios que nos saque de ahí. Pasada la alegría de sentíamos perdonados, seguía la angustia de volver a fallar.  Debemos dar paso a una toma de conciencia de nuestras posibilidades de absoluto.

La cuaresma en un tiempo para analizar nuestra vida y descubrir los pasos que nos alejan de la meta. No te pares a analizar la piedra en la que has tropezado, pon más atención al caminar para evitar el tropiezo. Tampoco se trata de hacer penitencia para que Dios te perdone. Tomar conciencia de que alcanzar la meta es cosa tuya y supone esfuerzo.

Más importante que mirar hacia tras angustiándome por los pasos mal dados, es descubrir el rumbo adecuado y caminar en esa dirección. Pero resulta que no puedo saber dónde está la meta, porque nunca estuve allí. Aquí viene en nuestra ayuda la experiencia de otros seres humanos que sí han llegado a ella y pueden indicarnos el camino.

El relato de las tentaciones de Jesús nos advierte de la necesidad de superar lo fácil para no ser engañados por el placer inmediato. No se trata de ningún diablo externo, sino de una tendencia que permitió a la vida enriquecerse durante casi cuatro mil años.

La primera tentación pretende convertir a Jesús en oprimido y le ofrece liberarse a cambio de pan. La segunda le ofrece honor y gloria a cambio de servidumbre. La tercera es una oferta de poder absoluto sobre todo. Tanto oprimir como dejarse oprimir son opciones satánicas. La opresión es el único pecado que nos impide ser humanos.

A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral que encontramos en muchas culturas. Esto no quiere decir que sea mentira. El mito es un intento de explicar lo inexplicable. El relato del pecado original intenta explicar el problema del mal, partiendo de las categorías de aquel tiempo.

Tampoco el relato de las tentaciones es histórico. Se trata de un relato mítico igual que el de Adán y Eva. Jesús se retiró muchas veces al desierto para descubrir su auténtico ser. El relato resume las pruebas que tuvo que superar Jesús en su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea conforme a su situación personal.

Nos cuentan con pelos y señales lo que pasó después de los cuarenta días de ayuno, pero no nos dicen nada de lo que hizo Jesús durante ese tiempo. Jesús no fue al desierto a ser tentado por el diablo sino a meditar profundamente sobre sí mismo.

A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el fracaso absoluto. A todos se nos dan infinitas posibilidades de plenitud, pero alcanzarlas supone poner toda la carne en el asador para lograrlo.

No se trata de una elección entre el bien y el mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de discernir lo bueno y lo malo, yendo más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien real y el aparente (mal). Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para evitarlo.

No necesitamos ningún diablo que nos tiente. La tentación es inherente al ser humano. Al surgir la inteligencia tiene capacidad de conocer dos metas y no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, la posibilidad de equivocarse está siempre ahí. Y suele suceder que adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo.

Si el problema no está en la voluntad, no lo resolveremos con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Nos han insistido en la fuerza de voluntad para superar la tentación, pero esa estrategia es ineficaz.

Garizumako 1. igandea – A – José A. Pagola

GRUPOS DE JESÚS

(Mateo 4,1-11)

JESUSI LEIAL TENTAZIOEN ARTEAN- FIELES A JESÚS EN MEDIO DE LAS TENTACIONES

Lehen belaunaldiko kristauak oso garaiz hasi ziren Jesusen «tentazioez» arduratzen. Ez zituzten ahaztu nahi Jainkoari leial izaten jarraitzeko garaitu behar izan zituen gatazka eta borroka-motak. Asko laguntzen zien ardura horrek beren eginbehar bakarretik ez irteten: Jesusen urratsei jarraituz mundu gizatiarrago bat eraikitzen.

Gaurko kontakizuna txundigarria da. «Basamortuan» Jainkoaren ahotsa entzun daiteke, baina Jainkoagandik urruntzen gaituzten indar ilunen tiradizoa ere senti daiteke. «Deabruak» Jainkoaren Hitza erabiliz zirikatzen du Jesus eta Israel herrian otoizten dituzten salmoetan sostengatuz: erlijioaren barnean bertan ere ezkuta daiteke Jainkoagandik urruntzeko tentazioa.

Lehen tentazioan, gogor egin dio deabruak harriak ogi bihurtzeko Jainkoaz baliatzeari. Pertsonak behar duen lehenengo gauza jatea da, baina «gizakia ez da bizi ogiz bakarrik». Gizakiaren guraria ez da asetzen bere gorputza elikatuz bakarrik. Askoz ere gauza gehiago behar du.

Hain justu, ogirik ez dutenak miseriatik, gosetik eta heriotzatik libratzeko, aseak direnen mundu gizatasun gabe honetan zuzentasunaren eta maitasunaren gosea sorrarazi behar dugu.

Bigarren tentazioan, tenpluaren goienetik Jainkoaren segurtasuna probatzeko eskatu dio deabruak. Lasai bizi ahalko da, Jainkoaren eskuak sostengu dituela, eta estropezurik eta inolako arriskurik gabe ibili ahalko dela. Jesusek erantzun dio: «Ez ezazu tentatu Jauna, zeure Jainkoa».

Deabruarena da erlijioa segurtasuna ematen duten sineskizunen eta jardueren sistema bezala antolatzea. Ez da eraikitzen mundu gizatiarrago bat nor bere erlijioan babestuz jokatzen denean. Beharrezkoa izaten da, batzuetan, konpromiso arriskutsuak hartzea, Jesusek bezala konfiantza Jainkoagan ipiniz.

Azken pasadizoa zirraragarria da. Jesus mendi garai batean dago mundura begira. Bere oinetan «erreinu guztiak» aurkezten zaizkio, beren gatazkekin, gerrekin eta zuzengabekeriekin. Haietan ezarri nahi du berak bakearen eta Jainkoaren zuzentasunaren erreinua. Deabruak, aitzitik, boterea eta aintza eskaintzen dizkio bera adoratzen badu.

Bat-batekoa da Jesusen erreakzioa: «Jauna, zeure Jainkoa, adoratuko duzu». Mundua ezin gizatiartu da boterearen indarrez. Ezin ezarri da botererik besteren gain, deabrua zerbitzatu gabe. Jesusi boterea eta aintza bilatuz jarraitu nahi diotenak deabruaren aurrean bizi dira belauniko. Ez dute adoratzen egiazko Jainkoa.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

FIELES A JESÚS EN MEDIO DE LAS TENTACIONES

Los cristianos de la primera generación se interesaron muy pronto por las «tentaciones» de Jesús. No querían olvidar el tipo de conflictos y luchas que tuvo que superar para mantenerse fiel a Dios. Les ayudaba a no desviarse de su única tarea: construir un mundo más humano siguiendo los pasos de Jesús.

El relato es sobrecogedor. En el «desierto» se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El «diablo» tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel: hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciarnos de Dios.

En la primera tentación, Jesús se resiste a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en pan. Lo primero que necesita una persona es comer, pero «no solo de pan vive el hombre». El anhelo del ser humano no se apaga solo alimentando su cuerpo. Necesita mucho más.

Precisamente, para liberar de la miseria, del hambre y de la muerte a quienes no tienen pan, hemos de despertar el hambre de justicia y de amor en el mundo deshumanizado de los satisfechos.

En la segunda tentación, el diablo le sugiere, desde lo alto del templo, buscar en Dios seguridad. Podrá vivir tranquilo, «sostenido por sus manos», y caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo. Jesús reacciona: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Es diabólico organizar la religión como un sistema de creencias y prácticas que dan seguridad. No se construye un mundo más humano refugiándose cada uno en su propia religión. Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús.

La última escena es impresionante. Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan «todos los reinos», con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere él introducir el reino de la paz y la justicia de Dios. El diablo, por el contrario, le ofrece poder y gloria si lo adora.

La reacción de Jesús es inmediata: «Al Señor, tu Dios, adorarás». El mundo no se humaniza con la fuerza del poder. No es posible imponer el poder sobre los demás sin servir al diablo. Quienes siguen a Jesús buscando poder y gloria viven «arrodillados» ante el diablo. No adoran al verdadero Dios.

José Antonio Pagola

Domingo 1º de Cuaresma – KOINONÍA

Génesis 2,7-9; 3,1-7

Creación y pecado de los primeros padres

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?» La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.»» La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal.»

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó el fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo responsorial: 50

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa, / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa, / tengo siempre presente mi pecado: / contra ti, contra ti solo pequé, / cometí la maldad que aborreces. R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, / afiánzame con espíritu generoso. / Señor, me abrirás los labios, / y mi boca proclamará tu alabanza. R.

Romanos 5,12-19

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por que todos pecaron.

[Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.]

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convertieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Mateo 4,1-11

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»»

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»» Jesús le dijo: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios.»»

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras.» Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.»»

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

 COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. En esta línea es muy fácil encontrar comentarios en la red. Por eso mismo quisiéramos nosotros hacer esta vez una aportación diferente, en sentido más bien crítico. Obviamente, este aspecto no será apropiado en cualquier caso para convertirlo sin más en una homilía, pero creemos que tampoco sería bueno que una homilía olvide estos elementos. En todo caso, cada agente de pastoral sabrá lo que su comunidad necesita, y sabrá encontrarlo en otros puntos de servicio bíblico-litúrgico de la red.

En la primera lectura de este domingo se implican dos importantes temas bíblicos: el de la creación del ser humano y el del pecado original. Son verdaderamente significativos, muy importantes, y hoy en día, también muy problemáticos.

Es importante hacer recordar a los oyentes que estos textos concretos, y todos los que forman el grupo de los once primeros capítulos del Génesis, que se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación», han sido entendidos desde siempre de un modo literal. Todas las generaciones que nos precedieron en la fe los entendieron así. Seguramente que nuestros padres -y ciertamente nuestros abuelos- nunca pensaron otra cosa, y muchos cristianos mayores todavía lo piensan hoy día. Desde tiempo inmemorial, estos textos han fungido para muchísimas generaciones, como una fuente capital de su comprensión del mundo y de la historia. Las “coordenadas generales” que estos mitos trazan (Dios arriba, naturaleza abajo, un acto divino de creación que pone en marcha el cosmos, una creación del ser humano distinta a la creación de todos los demás seres, Dios que prohíbe comer el fruto del árbol, la desobediencia del ser humano que se convierte en el «pecado original» que transformará la suerte de toda la humanidad posterior –¡y del cosmos!–, el protagonismo principal de la mujer en este pecado, el enfado de Dios, su consecuente ruptura de relaciones con la Humanidad por haber comido ésta el fruto prohibido…), han sido para toda esa humanidad judeocristiana de los tres mil últimos años, el “paradigma” desde el que han entendido tanto el mundo, como a Dios, como a sí mismos y sus deberes frente a Dios… es decir,  partir de ahí es como han entendido toda la realidad. Estamos ante unos mitos religiosos ante los que hay que descubrirse y descalzarse, como quien se adentra en tierra sagrada; se trata sin duda probablemente de los textos antiguos que han marcado una porción más grande de humanidad –el Occidente llamado cristiano, y a través suyo, todos los pueblos y culturas que Occidente ha invadido y colonizado.

Hace apenas cien años, en 1906, la Pontificia Comisión Bíblica –respaldada obviamente por la Inquisición romana, la actual Congregación para la Doctrina de la Fe–, reafirmaba solemnemente, y bajo pena de excomunión a los cristianos que no lo aceptaran, que el contenido de los once primeros capítulos del Génesis es histórico, no mitológico.

Es importante recordar a los oyentes que hoy no creemos que estos relatos haya que entenderlos así, literalmente. Es decir: que hoy sabemos que la Biblia no puede decirnos cómo fue el origen del cosmos, ni el origen del ser humano. Que de los textos bíblicos no podemos deducir informaciones sobre geología, física, química, biología evolutiva… que nos informen sobre todos esos campos. La Biblia no es un libro de ciencia, ni los que la escribieron tenían conocimientos científicos. Los mensajes que podamos captar en la Biblia están en otro ámbito, el ámbito religioso. Y que por tanto los cristianos aceptamos hoy lo que la ciencia dice, incluidas las informaciones contrarias a tantas afirmaciones y supuestos acríticos incluidos en esos relatos bíblicos.

Es importante también hacer caer en la cuenta de que esta nueva manera de entender los textos bíblicos no fue fruto de un descubrimiento fácil e ingenuo, sino una intuición laboriosamente trabajada por los biblistas y teólogos, que durante varios siglos han tenido que enfrentarse a la oposición y a la condena de las autoridades de sus respectivas Iglesias. Todavía hace muy pocos años, en tiempo de Benedicto XVI, el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, doctor en teología bíblica por la universidad de Salamanca, fue públicamente adversado y perseguido por la Secretaría de Estado del Vaticano por no sostener de la historicidad de Adán y Eva y su pretendido pecado original (véase su propio testimonio en Youtube [http://www.youtube.com/watch?v=2Ys3kcwjbSY&list=PL84001F9AB27C6E32]. Con estupor fuimos testigos de que el Secretario de Estado arremetía contra un biblista que decía simplemente lo que ya estaba aceptado por la Iglesia, lo que todos los biblistas estaban diciendo. Afortunadamente en agosto de 2016, queriendo hacer el menor ruido posible, el Vaticano dio a entender públicamente que Ariel estaba en lo correcto y que le retiraba la sanción impuesta.

Todo cristiano medianamente culto puede tener su opinión sobre el origen del mundo, igual que puede tener sus opiniones en medicina, en astronomía o en psicología, libremente, sin coacción, y sin que haya ninguna opinión «oficial» de la Iglesia en esos campos que pudiera ser «obligatoria». Los relatos bíblicos están en otro plano, un plano religioso-simbólico, que no afecta al campo autónomo de la ciencia.

Esto es al menos lo que solemos decir hoy día, después del Vaticano II, pero sería más correcto reconocer que aquellos relatos no fueron concebidos, como decimos, meramente en un plano simbólico; para nuestros ancestros religiosos-y-culturales, esos relatos eran históricos, y con esa historia inventada, sin ningún fundamento científico, trataron de encontrar respuestas a problemas profundos (el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro futuro…). Es ahora, sólo ahora, cuando nosotros, al ver que sus creencias expresadas en esos mitos estaban profundamente equivocadas –como hoy sabemos por la ciencia– sostenemos que esos mitos sólo podemos interpretarlos de un modo puramente simbólico. Nuestros antepasados –hasta nosotros mismos hace 50 años entre los católicos– los hemos considerado obligadamente históricos, literales, contados directamente por la misma boca reveladora de Dios. Aunque nos dé pena decirlo, la Biblia ha mantenido a una inmensa parte de la humanidad en una visión histórica equivocada de los orígenes de la humanidad.

Hay que dar claramente al público cristiano la buena noticia de que hoy no sostenemos que el símbolo judeo-cristiano del llamado pecado original tenga fundamento histórico. No hay por qué sostenerlo. Más bien resulta prácticamente imposible que lo tenga, por cuanto lo más probable es que no hubo un solo filum biológico evolutivo de surgimiento de nuestra especie, y el poligenismo es hoy la opinión más común de la ciencia. La proclamación que la Iglesia católica hizo del monogenismo en el siglo pasado se debió al espejismo (que todavía sufría) de pensar que el significado del símbolo del pecado original dependía efectivamente de un pecado histórico real que habría cometido una primera pareja de la que descenderíamos absolutamente todos los hombres y mujeres.

Resulta especialmente importante aclarar que hoy día resulta del todo inverosímil -teológicamente hablando- todo el conjunto simbólico de la tentación y el pecado original: pensar que toda la humanidad esté en una situación de postración espiritual (que sea una massa damnata, toda una «muchedumbre condenada», como repetía san Agustín) a raíz de un supuesto primer pecado de una inexistente primera pareja, y pensar que debido a ello Dios habría roto sus relaciones con la Humanidad, y que esa ruptura no podría ser superada sino nada menos que con la sangre de la muerte en cruz del Hijo de Dios, tal y como ha sido presentado por una tradición del cristianismo, resulta hoy absolutamente inaceptable. Deben por tanto sentirse aliviados todas las personas que se sienten incómodas ante las acostumbradas explicaciones homiléticas al respecto, tan parecidas a las catequesis infantiles que recibimos cuando fuimos niños, y como nosotros, todas las generaciones cristianas durante más de milenio y medio.

Otras comentarios críticos también muy importantes se podrían hacer entre los temas implicados en esos dos grandes relatos bíblicos que han sido juntados en la primera lectura de este domingo (por ejemplo sobre la «transcendencia» de Dios, que ahí se presenta como obvia, sobre la imagen misma de “theos”, la visión negativa de la realidad que conlleva la creencia en un primer «pecado primordial», la terrible inferiorización y culpabilización de la mujer causada por ese texto, y la injusticia que seguimos cometiendo contra la mujer cuando seguimos leyendo esos textos dándolos por ciertos, sin el menor atisbo de crítica o de aclaración de su falta absoluta de fundamento histórico). Ya hemos dicho que no pretendemos que esta lista de advertencias críticas sea el contenido de una homilía, sino simplemente el trasfondo crítico a tener en cuenta a la hora de hablar de las “tentaciones” y del “pecado”, para lo que sin duda se encontrará mucho material en los numerosos portales de servicio bíblico de la red.

Es importante que digamos claramente y que insistamos en que se puede ser cristiano y ser «persona de hoy» en las propias opiniones científicas. Y que hay otras formas serias de hablar de la realidad del mal y del pecado, que la de tomar como referencia principal unos mitos religiosos elaborados hace dos milenios y medio que contradicen las evidencias actuales de la ciencia.

Ya que, históricamente, tantas veces hemos insistido en el pecado original y en sus horribles consecuencias para toda la humanidad, sería bueno compensar esa actitud refiriéndonos a lo que hoy intuye la teología de frontera: que, más bien, lo original no fue un pecado, sino una bendición… Puede ayudar el libro de FOX, Mathew, “Original Blessing”, Bear & Company 1983; traducido como: La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI, Obelisco, Barcelona 2002, 410 pp, fácilmente localizable en la red.

Con el relato de las tentaciones de Jesús ocurre algo parecido: no es la crónica o el reportaje periodístico de algo que le pasó a Jesús, sino una composición simbólica que quiere darnos un mensaje teológico. Es claro que no conocemos ningún fundamento histórico para ese relato; muy probablemente, nadie lo tuvo, ni siquiera quienes lo redactaron. El texto es, obviamente, una composición literaria con intenciones teológicas. Las tres tentaciones que se dice que sufre Jesús corresponden a tres grandes dimensiones de la respuesta de fe del pueblo de Israel (de ahí el paralelismo que establece con el Primer [o Antiguo] Testamento) y de todo ser humano (de ahí que pueda ser un modelo para nuestra vida). ¿Cuáles son esas grandes dimensiones? ¿Estamos de acuerdo con esa teología? Veinte siglos más tarde, ¿lo expresaríamos nosotros igualmente o con alguna variante añadida? En todo caso, se puede hablar de que como ser humano Jesús no pudo dejar de experimentar dificultades para encaminar su vida, como todos nosotros, y que creemos que su comportamiento fue modélico para nosotros. Nuestras tentaciones hoy son otras, y a nosotros sí que Satanás no nos lleva de aquí para allá para probarnos, pero también tenemos necesidad de chequear cuáles son nuestros puntos débiles.

El evangelio de hoy (la escena de las tentaciones de Jesús) es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Bajo el sol del desierto». El guión, el audio y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/9-bajo-el-sol-del-desierto/