Urteko 3. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 4,12-23)

KRISIALDI ERLIJIOSOAN GALDURIK – PERDIDOS EN LA CRISIS RELIGIOSA

Krisialdi erlijiosoan bizi gara. Ematen du, fedea itorik-edo ari dela gelditzen jende ez gutxiren kontzientzian, kultura modernoak eta gaur egungo gizakiaren bizierak hertsatua den jendearen baitan. Baina, aldi berean, erraza da nabaritzea berriro ari dela iratzartzen jende ez gutxirengan zentzuaren bila ibili beharra, biziera desberdin baten guraria, Jainko Adiskide baten premia.

Egia da, zabaldu egin dela gure artean eszeptizismo orokortu bat egitasmo handien eta hitz handien aurrean. Jadanik. ez dute oihartzunik «salbazioa» edo «erospena eskaintzen duten diskurtso erlijiosoek. Murriztu egin da, kasik erabat galtzeraino, esperantza bera ere: gizadiari emandako Berri Onaren zatiren batean benetan entzun ere egin daitekeen duda nagusitu da.

Aldi berean hazten ari da ez gutxirengan ustea ezen galdu egin dugula zuzeneko norabidea. Zerbait hondoratzen ari da gure hankapean. Helmugarik eta erreferentzia-punturik gabe geratzen ari gara. Konturatzen gara askatu ditzakegula «problema» batzuk, baina gero eta gaitasun txikiagoa dugula biziaren «problema» askatzeko. Ez al gaude, ordea, inoiz baino gehiago salbazioaren premian?

Halaber, «zatidura» aldiak bizi ditugu. Bizitza atomizatu egin da. Nor bere txokoan bizi da. Oso urruti gelditu da humanismo hura, egia eta orokortasunaren zentzua bilatzen zuen hura. Gaur egun ez zaio entzuten biziaz zerbait dakienari, baizik eta existentziaren puska batez asko dakien baina existentziaren zentzuaz guztiz ezjakin den adituari entzuten zaio.

Aldi berean, pertsona ez gutxi ondoezik sentitzen hasia da datuz, informazioz eta zifrez zurrunbilotsu bizi den mundu honetan. Ezin saihestu ditugu gizakiaren beti-betiko galderak. Nondik gatoz? Norantz goaz? Ez ote da modurik biziaren azken zentzua aurkitzeko?

Halaber, pragmatismo zientifikoaren aldiak dira gaurkoak. Gizaki modernoak erabaki du (ez dakigu zergatik) zientziaz egiaztatu daitekeena bakarrik existitzen dela. Ez dago beste ezer. Zientziak atxikitzen ez duena, besterik gabe, ez da existitzen. Jakina, sinplea bezain zientifikotasun eskasekoa den planteamendu honetan, Jainkoak ez du lekurik, eta ez-aurrerakoien mundu zaharkitura zokoratzen da fede erlijiosoa.

Halaz guztiz, asko ari dira jabetzen ezen planteamendu hau hanka motz gelditzen dela; ez dio, bada, errealitateari erantzuten. Bizia ez da «mekano edo jostailu handi bat»; gizakia ere ez da zientziak atzeman dezakeen mundu bateko «puska» bat. Alde guztietan sumatzen da misterioa: gizakiaren barnean, kosmosaren egundokotasunean, gizadiaren historian.

Horregatik sortzen da berriro susmoa: ez ote dira hain justu zientziak ezkutatu nahi dituen «arazo horiek» biziari zentzua ematen diotenak? Ez ote da oker handia existentziaren misterioari eman beharreko erantzuna ahaztea? Ez ote da tragedia bat Jainkoa hain xalo bazter uztea? Bitartean bizirik jarraitzen dute Jesusen hitz hauek: «Bihotz-berri zaitezte, hurbil da-eta Jainkoaren erreinua».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

por Coordinador – Mario González Jurado

PERDIDOS EN LA CRISIS RELIGIOSA

Vivimos tiempos de crisis religiosa. Parece que la fe va quedando como ahogada en la conciencia de no pocas personas, reprimida por la cultura moderna y por el estilo de vida del hombre de hoy. Pero, al mismo tiempo, es fácil observar que de nuevo se despierta en no pocos la búsqueda de sentido, el anhelo de una vida diferente, la necesidad de un Dios Amigo.

Es cierto que se ha extendido entre nosotros un escepticismo generalizado ante los grandes proyectos y las grandes palabras. Ya no tienen eco los discursos religiosos que ofrecen «salvación» o «redención». Ha disminuido, hasta casi desaparecer, la esperanza misma de que pueda realmente oírse en alguna parte una Buena Noticia para la humanidad.

Al mismo tiempo crece en no pocos la sensación de que hemos perdido la dirección acertada. Algo se hunde bajo nuestros pies. Nos estamos quedando sin metas ni puntos de referencia. Nos damos cuenta de que podemos solucionar «problemas», pero que somos cada vez menos capaces de resolver «el problema» de la vida. ¿No estamos más necesitados que nunca de salvación?

Vivimos también tiempos de «fragmentación». La vida se ha atomizado. Cada uno vive en su compartimento. Queda muy lejos aquel humanismo que buscaba la verdad y el sentido de totalidad. Hoy no se escucha a quien sabe de la vida, sino al especialista que sabe mucho de una parcela, pero lo ignora todo sobre el sentido de la existencia.

Al mismo tiempo, no pocas personas comienzan a sentirse mal en este mundo vertiginoso de datos, informaciones y cifras. No podemos evitar los interrogantes eternos del ser humano. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿No hay dónde encontrar un sentido último a la vida?

Son también tiempos de pragmatismo científico. El hombre moderno ha decidido (no se sabe por qué) que solo existe lo que puede comprobar la ciencia. No hay más. Lo que a ella se le escapa, sencillamente no existe. Naturalmente, en este planteamiento tan simple como poco científico, Dios no tiene cabida, y la fe religiosa queda relegada al mundo desfasado de los no progresistas.

Sin embargo, son muchos los que van tomando conciencia de que este planteamiento se queda muy corto, pues no responde a la realidad. La vida no es un «gran mecano», ni el hombre solo «una pieza» de un mundo que pueda ser desentrañado por la ciencia. Por todas partes se presiente el misterio: en el interior del ser humano, en la inmensidad del cosmos, en la historia de la humanidad.

Por eso surge de nuevo la sospecha: ¿no serán justamente las «cuestiones» sobre las que la ciencia guarda silencio las que constituyen el sentido de la vida? ¿No será un grave error olvidar la respuesta al misterio de la existencia? ¿No es una tragedia prescindir tan ingenuamente de Dios? Mientras tanto siguen ahí las palabras de Jesús: «Convertíos, porque está cerca el reino de Dios».

José Antonio Pagola

DOMINGO 3º T.O. – KOINONÍA

Isaías 49,3.5-6

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo responsorial: 39

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; / él se inclinó y escuchó mi grito; / me puso en la boca un cántico nuevo, / un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.

Como está escrito en mi libro: / «Para hacer tu voluntad.» / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios: / Señor, tú lo sabes. R.

1Corintios 1,1-3

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

Juan 1,29-34

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

-Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

-Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

-El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

-No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

-Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

-El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

-En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.

Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 11, «Hacia la Galilea de los gentiles», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/11-hacia-la-galilea-de-los-gentiles/  También puede ser escuchado ahí. El capítulo 14 también puede servir: el guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/14-los-cinco-primeros/ Y ahí mismo puede ser también escuchado.

 “EXISTÍA ANTES QUE YO” – 18 de enero- Fidel Aizpurúa

Muchos textos de los evangelios se nos hacen difíciles porque derivan de la antigua espiritualidad judía que resulta lejana a nuestra cultura. Pero con un poquito de paciencia podremos sacarles partido para alimentar nuestra vida cristiana.

En la escena del bautismo de Jesús, que seguimos leyendo, se pone en boca de Juan el Bautista esta expresión: “Tras de mí viene un hombre que está delante de mí porque EXISTÍA ANTES QUE YO”. ¿Qué quiere decir esto? ¿Se refiere a lo que la teología llama la preexistencia del Verbo, eso de que Jesús estaba en el cielo y luego descendió a la tierra? El evangelio no suele preocuparse de estas verdades dogmáticas tan posteriormente elaboradas.

Proponemos otra traducción: “Detrás de mí llega un varón que se pone delante de mí, porque ESTABA PRIMERO QUE YO“. Eso alude la ley judía del levirato por la que se establece un mecanismo de amparo para la mujer viuda y sola. Jesús ha sido el gran amparador, el que se ha llevado a casa a la esposa sola que somos nosotros en nuestra debilidad. Jesús se bautiza para ampararnos en nuestra debilidad.

¿Cómo vivir una fe cristiana con una mentalidad amparadora? ¿Cómo ver que si no amparamos al débil no podemos ser seguidores/as de Jesús? Tres posibles caminos:

  • Escucha:porque la soledad escuchada es menos soledad y escuchar es una forma privilegiada de amar. Que tu escucha sea atenta, “amante”, como decía el recordado papa Francisco.
  • Consuela:derrama sosiego sobre un corazón turbado, derrama paz. No se trata del falso consuelo de las palabras vacías, sino del consuelo por el que uno se pone decididamente al lado de quien sufre.
  • Hazte cargo:implícate un poco, porque amparar sin implicarse es dejar las cosas vacías. Cree con firmeza que las situaciones de quien sufre te atañen también a ti.

La prensa nos sorprende, a veces, con noticias que nos sobrecogen como la de ese anciano de Valencia que fue hallado muerto después de quince años. ¡Qué abismo de soledad! Vivir solo, morir solo, estar solo año tras año. No solo habríamos de conmovernos, sino que tendríamos que animarnos a olfatear las situaciones de soledad de los más débiles y hacer algo porque sea menos gravosa tal soledad. La lucha contra la soledad es acompañar como Jesús nos acompaña.

El papa León XIV lanzaba un grito en sus primeros días de pontificado: “Demasiadas discordias, demasiadas heridas causadas por el odio, el miedo, los prejuicios, la indiferencia con los pobres y la violencia contra la tierra. Y, sin embargo, nosotros queremos ser una levadura de fraternidad, de comunión, de amparo”. Tenemos una hermosa tarea para este año recién comenzado. Ánimo para todos.

Fidel Aizpurúa Donazar

DOMINGO 2º (A) – Fray Marcos

(Jn 1,29-34)

Jesús nos libró de toda opresión. No dejándose oprimir ni oprimiendo a nadie.

Todo lo que nos dice Juan del Bautista es sorprendente e indica una relación especial de esa comunidad con él. Seguramente había en aquella comunidad seguidores del Bautista. Juan pone en labios del Bautista la cristología de su comunidad como base y fundamento de la comprensión de Jesús que va a desplegar en su evangelio.

Juan quiere aclarar que no hay rivalidad entre Jesús y el Bautista. Para ello nos presenta un Bautista totalmente integrado al plan de salvación de Dios. Su tarea es la de  preparar el camino al Mesías. Juan no narra el bautismo en sí, va directamente al grano y nos habla del Espíritu, que es lo importante en todos los relatos del bautismo.

«El cordero de Dios». Juan propone a Jesús preexistente, portador del Espíritu e Hijo de Dios.  No se puede decir más. Está claro que se está reflejando aquí setenta años de evolución cristología en la comunidad. Es una pena que después, hayamos interpretado tan mal el intento de comunicarnos esa profunda experiencia.

Es difícil precisar lo que “cordero” significaba para aquella comunidad. Podían entenderlo en sentido apocalíptico: un cordero victorioso que aniquilará definitivamente el mal (la bestia). Este concepto encajaría con las ideas del Bautista; pero no con las de Jesús.

Podían entenderlo como el Siervo doliente. Juan interpretó la figura del Siervo, aplicada al Jesús, pero nunca con sentido expiatorio. Sería el cordero pascual, que era signo de la liberación de Egipto, pero sin connotación sacrificial. Cristo nos libera de la esclavitud.

que quita el pecado del mundo”. En el evangelio de Juan, pecado es la opresión de un hombre sobre otro. Así se entiende la actitud de Jesús con los pecadores. Cuando dice: tus pecados están perdonados, nos dice que no hay nada que perdonar. Jesús quita el pecado del mundo no muriendo sino viviendo el servicio incondicional a todos.

La palabra más usada en la Biblia para indicar “pecado” significa errar el blanco. No se trata de mala voluntad como lo entendemos hoy. En el evangelio de Juan, “pecado del mundo” tiene un significado muy preciso. Se trata de la opresión que un ser humano ejerce sobre otro. El pecado es siempre colectivo. Si hay pecado hay opresor y víctima.

El modo de “quitar” este pecado, no es una muerte expiatoria. Esta manera de entender la salvación de Jesús es consecuencia de una idea arcaica de Dios. Estamos ante la idea de un dios externo, soberano, justiciero y tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba de Jesús. El “pecado del mundo” no tiene que ser expiado, sino eliminado.

Jesús salvó al ser humano, suprimiendo de su propia vida toda opresión que impida el proyecto de creación definitiva del hombre. Jesús nos salvó, ayudando a todos los oprimidos a salir de su opresión. Un mandamiento, el amor. Un pecado la opresión.

No tenemos que oprimir a nadie de ningún modo. No tengo que dejarme oprimir. Tengo que ayudar a todos a salir de cualquier clase de opresión. Tengo que seguir suprimiendo el pecado del mundo. Si no estay dispuesto, no solo a no oprimir sino a liberar al oprimido, es que no me he enterado del mensaje.

En el mundo en que vivimos, si no explotas te explotan; si no estás por encima de los demás, los demás ten pisotearán. Esta postura obedece al puro instinto y no te lleva a la plenitud. Debo descubrir que sufrir la injusticia es más humano que cometerla.

Es el oprimir al otro, no que intenten oprimirme, lo que me destroza como ser humano. Jesús prefirió que le mataran antes de imponerse a los demás. Esta es la clave que no queremos descubrir, porque nos obligaría a cambiar nuestras actitudes para con los demás. Cuando me impongo a los demás no soy más sino menos.

Urteko 2. igandea – A – José A. Pagola

(Joan 1,29-34)

BIZIA MAITE IZAN – AMAR LA VIDA

Jendeak ez du nahi espiritualtasunaz hitz egin diezaioten, ez baitaki zer esan nahi duen hitz honek; ez daki erlijiotasuna baino zerbait gehiago adierazten duela, eta ez datorrela bat tradizioz jaiera, debozioa edo pietatea deitzen dugunarekin. «Espiritualtasunak» Jainkoaren Espirituarekin «bizi-harremanak» bizitzea esan nahi du; eta hau, giza esperientzia bakoitzean Jainkoa «bizi-iturburu» bezala esperimentatzen denean bakarrik da posible.

Jürgen Moltmann-ek azaldu duen bezala, Jainkoaren Espirituarekin harremanetan bizitzeak «ez darama giza zentzumenak zokoratzen dituen espiritualtasun batera, nor bere barnera itzultzera, gorputzaren etsai litzatekeen horretara, mundutik aparte bizitzera, baizik eta biziarekiko maitasunaren bizitasun berri batera». Hila denaren, kristaldua edo sentikaitz denaren kontra, Espirituak biziarekiko maitasuna iratzartzen du beti. Horregatik, «espiritualki» bizitzea «heriotzaren aurka bizitzea da», bizia baiestea ahuldadea sentitu arren, beldurra, gaixotasuna, nahiz errua sentitu arren. Jainkoaren Espirituari irekirik bizi denak bizia hazarazten duen ororekin dirdira egiten du, eta kalte egiten eta hiltzen duen ororen aurka asaldatzen da.

Biziarekiko maitasun honek alaitasun desberdin bat eragiten du, guztiekin adiskidetsu, irekirik eta bakean bizitzen irakasten du, guztiok batak besteari bizia emanez, bizitza duinago eta zoriontsuago egiteko zereginean bata bestearen lagun izanez. Espirituak pertsonagan isurtzen duen bizi-energia honi, «energia erotizatzaile» deitzera ausartu da Moltmann; izan ere, era gozagarri, erakarle eta liluragarrian biziarazten du.

Esperientzia espiritual honek bihotza zabaldu egiten du, sentitzen hasten gara geure igurikimen eta gurari hondokoenak Jainkoaren promesekin nahasten direla; gure bizi finitu eta mugatua infiniturantz irekitzen da. Orduan, halaber aurkitzen dugu ezen «bizia santu egitea» ez dela moralizatzea, baizik eta Espiritu Santuaz bizitzea, hau da, Jainkoak dakusan eta maite duen bezala ikustea eta maitatzea: ona, duina eta ederra, betiko zorionerako irekia.

Hauxe da, Joan Bataiatzailearen arabera, Kristoren misio edo eginkizun handia: «guztiok Espiritu Santuaz bataiatzea», Espirituarekin harremanak izanez bizitzea. Honek bakarrik libra gaitzake Jainkoarekiko fedea era triste, makal eta ahulean bizitzetik.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Tiempo ordinario – A (Juan 1,29-34)

AMAR LA VIDA

La gente no quiere oír hablar de espiritualidad, porque no sabe lo que encierra esta palabra; ignora que significa más que religiosidad, y que no se identifica con lo que tradicionalmente se entiende por piedad. «Espiritualidad» quiere decir vivir una «relación vital» con el Espíritu de Dios, y esto solo es posible cuando se experimenta a Dios como «fuente de vida» en cada experiencia humana.

Como ha expuesto Jürgen Moltmann, vivir en contacto con el Espíritu de Dios «no conduce a una espiritualidad que prescinde de los sentidos, vuelta hacia dentro, enemiga del cuerpo, apartada del mundo, sino a una nueva vitalidad del amor a la vida». Frente a lo muerto, lo petrificado o lo insensible, el Espíritu despierta siempre el amor a la vida. Por eso, vivir «espiritualmente» es «vivir contra la muerte», afirmar la vida a pesar de la debilidad, el miedo, la enfermedad o la culpa. Quien vive abierto al Espíritu de Dios vibra con todo lo que hace crecer la vida y se rebela contra lo que la hace daño y la mata.

Este amor a la vida genera una alegría diferente, enseña a vivir de manera amistosa y abierta, en paz con todos, dándonos vida unos a otros, acompañándonos en la tarea de hacernos la vida más digna y dichosa. A esta energía vital que el Espíritu infunde en la persona, Jürgen Moltmann se atreve a llamar «energía erotizante», pues hace vivir de manera gozosa, atractiva y seductora.

Esta experiencia espiritual dilata el corazón: comenzamos a sentir que nuestras expectativas y anhelos más hondos se mezclan con las promesas de Dios; nuestra vida finita y limitada se abre a lo infinito. Entonces descubrimos también que «santificar la vida» no es moralizarla, sino vivirla desde el Espíritu Santo, es decir, verla y amarla como Dios la ve y la ama: buena, digna y bella, abierta a la felicidad eterna.

Esta es, según el Bautista, la gran misión de Cristo: «bautizarnos con Espíritu Santo», enseñarnos a vivir en contacto con el Espíritu. Solo esto nos puede liberar de una manera triste y raquítica de entender y vivir la fe en Dios.

José Antonio Pagola

18 de Enero – 2º domingo T.O. – Koinonía

Isaías 49,3.5-6

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo responsorial: 39

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; / él se inclinó y escuchó mi grito; / me puso en la boca un cántico nuevo, / un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.

Como está escrito en mi libro: / «Para hacer tu voluntad.» / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios: / Señor, tú lo sabes. R.

1Corintios 1,1-3

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

Juan 1,29-34

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Las lecturas de este domingo tienen como eje transversal la invitación de Dios a toda la humanidad a asumir como propio el proyecto del Reino, de retarle, en libertad y sinceridad, a una manera nueva ser hombre y mujer, de ser creación y sociedad. El texto que leemos en la primera lectura forma parte del segundo Cántico del Siervo (Is 49,1 – 50,7) en el que se identifica al pueblo de Israel como el servidor de Dios; este Israel mencionado aquí no representa la totalidad del pueblo de Dios, sino que, tal vez, se refiera a aquella pequeña comunidad creyente desterrada en Babilonia, a ese grupo reducido que mantiene viva la esperanza y la fe. Ese grupo que, a pesar de estar lejos de su tierra, mantiene su confianza en Yahvé es el que traerá la salvación a todo el pueblo de Israel y al mundo entero, pues Dios ha puesto sus ojos en él y le ha asignado la misión de expresar a toda la creación su deseo más profundo: salvar a todos sin excepción. El profeta que escribe este cántico marca una gran diferencia en cuanto a la comprensión de la salvación prometida por Yahvé; siendo el tiempo del exilio, el profeta anuncia una salvación para todas las naciones, no únicamente para el pueblo de Israel.

Pablo inicia su carta confirmando la universalidad del Reino de Dios; expresando que el mensaje de salvación es para todos los que en cualquier lugar -y tiempo- invocan el nombre de Jesucristo. Este saludo es dirigido a los cristianos de Corinto; sin embargo, por la manera solemne en que Pablo escribe (a la Iglesia de Dios de Corinto), se puede afirmar que el apóstol se está refiriendo a la única y universal Iglesia de Cristo, que se hace presente históricamente en los creyentes de Corinto. Es decir, que aunque Pablo escriba de manera particular a esta comunidad, su mensaje desborda los límites de espacio y tiempo, adquiriendo en todo momento actualidad y relevancia, pues es una Palabra dirigida a la humanidad entera. Hombres y mujeres hemos recibido la gracia de ser hijos de Dios, por medio de Jesús; hemos sido consagrados por Dios para realizar en nuestras vidas la “vocación santa”, que en nuestro lenguaje correspondería a la “misión” de hacer presente, aquí y ahora, el reino de Dios: hacer de este mundo un lugar más justo y solidario, menos violento y destructor, más libre y fraterno. Quien asume como modo normal de vida este horizonte liberador está invocando el nombre de Jesús.

El evangelio de Juan manifiesta la universalidad de la salvación de Dios por medio de la vida y misión de Jesús de Nazaret, visto éste como cordero de Dios, que se sacrifica, se entrega obedientemente a la voluntad del Padre para salvar de la muerte (del pecado) a toda la Humanidad… Jesús es el enviado del Padre, el ungido por el Espíritu de Dios, el servidor de Yahvé del profeta Isaías (49,3) que tiene como especial misión establecer en el mundo la justicia del reino; es quien verdaderamente trae la salvación de Dios a la humanidad. Juan el Bautista ya había comprendido su propia misión y la misión de Jesús; por tal razón el profeta del desierto dice que detrás de él viene alguien más importante que él, pues el que viene es el Mesías, una Palabra nueva de Dios para el mundo. El Bautista reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, y por eso da testimonio de él. Y lo hace -lo recoge así el evangelio de Juan-, con las imágenes de aquel tiempo, unas imágenes que hace mucho tiempo se quedaron sin base y que han perdido incluso parte de su inteligibilidad.

En efecto, hablar de Cordero de Dios, sacrificado, que expía nuestros pecados, que quita «el pecado del mundo» con su sangre, que nos «redime»… es hablar en unas categorías que hoy sólo podemos conocerlas por estudio histórico-bíblico, por cultura especializada religiosa, pero que no se pueden captar en nuestra vida diaria por simple sentido común, por una evidencia que se respira en subconsciente colectivo social, como han de ser captadas las buenas imágenes, las imágenes que están vivas, no las que ya murieron aunque sigan siendo leídas o repetidas. Una tarea pendiente de la comunidad creyente hoy es testimoniar ese encuentro profundo con Jesús con unas metáforas nuevas, para que expresen y comuniquen ese encuentro, que sólo de esa manera se concretizará en una vida fundada entregada al amor, a la Justicia y a la comunión con Naturaleza.

(Recordemos que el lenguaje religioso es siempre metafórico, y que las metáforas no describen la realidad, sino que la aluden simbólicamente, con frecuencia de un modo inexpresable en conceptos. El lenguaje religioso no es de ideas «claras y distintas», como tantas veces ha confundido la teología dogmática, pensando que está describiendo una realidad religiosa ontológica que está ahí como un ob-jeto que puede ser descrito objetivamente… El lenguaje religioso es más bien como la poesía: nos habla con metáforas, imágenes, símbolos… que muchas veces evocan nuestro subconsciente, personal y colectivo. Jesús no puede ser el cordero de Dios, porque no es, en absoluto, un cordero… Sin embargo, para los cristianos de aquel tiempo, decir que lo era, resultaba una afirmación religiosa conmovedora, porque evocaba un gran conjunto de sentimientos, tradiciones, doctrinas, imágenes, etc. Traducir aquella expresión no es traducirla a nuestro idioma actual, sino encontrar genialmente una correspondencia válida con otra imagen o imágenes que pudieran expresar una vivencia religiosa semejante a la que suscitaba esa expresión en aquel tiempo. Pero esto no es fácil hacerlo –si es que es realmente posible–. Mientras, lo que podemos/debemos hacer es no idolatrar aquellas expresiones antiguas, no sentirnos atados, y ser suficientemente creativos para aportar nuestro granito de arena al desarrollo del lenguaje religioso, que también es nuestra responsabilidad).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 7 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/7-bautismo-en-el-jordan/  Puede ser escuchado en esa misma página.

DOMIGO 1º (A) Bautismo – Fray Marcos

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(Mt 3,13-17)

Celebramos el verdadero nacimiento de Jesús. Éste si es obra del Espíritu.

Empezamos el tiempo ordinario del año litúrgico. Este año recorreremos el evangelio de Mateo. Es lógico que empecemos con el primer relato importante de esa andadura, el bautismo de Jesús. El bautismo, es el primer dato de la vida de Jesús que podemos considerar histórico con gran probabilidad. Sin duda fue muy importante para Jesús.

Hoy en las tres lecturas se habla del Espíritu (de Dios) como determinante de la presencia salvadora de Dios. La presencia de Dios en la historia se lleva a cabo siempre a través de su Espíritu. Dios no puede ser causa segunda. Actúa siempre desde lo hondo del ser y sin violentarlo. Por eso decimos que actúa como Espíritu.

Aunque fuera un hecho histórico, la manera de contarlo nos lleva más allá de una crónica de sucesos. Lo narran los tres sinópticos, Hechos aluden a él varias veces y Juan hace referencia a él como dato conocido. Si a pesar de las dificultades de encajarlo, se narra en todos los evangelios, es que era una tradición muy antigua.

El relato intenta concentrar en un momento, lo que fue un proceso que duró toda la vida de Jesús. En ningún momento concreto quedó definitivamente clara su trayectoria. No tiene lógica que un simple bautismo marque el punto de inflexión en su vida. Aceptar el bautismo de Juan, era aceptar su doctrina y su actitud vital.

El brevísimo diálogo entre Jesús y Juan rompe todos los esquemas del mesianismo judío. No es el bautizar a Jesús lo que le cuesta aceptar al Bautista, sino el significado de su bautismo. Es muy probable que Jesús fuera discípulo de Juan y que no solo se vio atraído por su doctrina, sino que formó parte del grupo de seguidores.

Con sus constantes referencias al AT, Mateo quiere dejar claro que toda la posible comprensión de la figura de Jesús tiene que partir del AT. La manera de hablar es simbólica. Todo pasó en el interior de Jesús. Lucas nos dice: “y mientras oraba…”

Jesús no fue un extraterrestre, dispensado de la trayectoria que todo ser humano tiene que recorrer para alcanzar su plenitud. Los primeros cristianos tomaron muy en serio la humanidad de Jesús. Jesús necesitó aclarar sus ideas sobre Dios y sobre él

Dios llega siempre desde dentro, no desde fuera. El centro del mensaje de Jesús consiste en invitar a todos los hombres a tener la misma experiencia de Dios, que él tuvo. Después de esa experiencia, Jesús ve con toda claridad que esa es la meta de cualquier ser humano y puede decir a Nicodemo: “hay que nacer de nuevo”.

Los cielos que se abren era la esperanza de todo el AT. (Is 63,16) “¡Ah si se rasgasen los cielos y descendieses!” La comunicación entre lo divino y lo humano se había interrumpida por culpa de la infidelidad del pueblo. Ahora es posible gracias a la fidelidad de Jesús. La distancia entre Dios y el Hombre queda superada para siempre.

Estamos celebrando el verdadero nacimiento de Jesús. Y éste sí que ha tenido lugar por obra del Espíritu Santo. Dejándose llevar por el Espíritu, se encamina él mismo hacia la plenitud humana, marcándonos el camino de nuestra propia plenitud. Pero tenemos que ser muy conscientes de que, solo naciendo de nuevo, naciendo del Espíritu, podremos desplegar todas nuestras posibilidades humanas.

La presencia de Dios en el hombre tiene que darse en aquello que tiene de específicamente humano; no puede ser una inconsciente presencia mecánica. Dios está en todas las criaturas como la base y el fundamento de su ser, pero solo el ser humano puede tomar conciencia de esa realidad y vivirla. Esto es su meta y objetivo último. Jesús consiguió esa meta e intentó que todos la consigamos también.

Jaunaren Bataioa – A – José A. Pagola

JAINKOAREN ESPIRITU ONA – EL ESPÍRITU BUENO DE DIOS

Jesus ez da hutsik dagoen gizon bat, ezta barnez barreiaturik dagoena ere. Ez dihardu Galileako herrixka haietan era arbitrarioan, ezta edozein interesek mugiturik ere. Ebanjelioek argi utzi digute hasieratik ezen Jesus «Jainkoaren Espirituak» eraginik bizi dela eta jokatzen duela.

Ez dute nahi «legeko edozein maisurekin» nahas dezagun, Israel herriaren portaeran ordena gehiago ezartzeaz kezkatua balego bezala. Ez dute nahi sasi-profeta baten pareko egin dezagun, tenpluko erlijioaren eta Erromako boterearen artean oreka ezarri nahi balu bezala.

Ebanjelariek, gainera, nahi dute, inork ez dezala Jesus Bataiatzailearen pareko egin. Inork ez dezala hartu ikasle soiltzat eta basamortuko profeta handi haren lankidetzat. Jainkoaren «Seme maitea» da Jesus. Jainkoaren Espiritua «jaitsi da» beragana. Berak bakarrik «bataia dezake» Espiritu Santuaz.

Biblia-tradizio osoaren arabera, «Jainkoaren Espiritu» hori «Jainkoaren hatsa da, bizi osoa kreatzen eta sostengatzen duena. Bizidunak eraberritzeko eta eraldatzeko Jainkoak duen indarra. Bere seme-alabentzat beti denik eta hoberena bilatzen duen beraren amodiozko energia.

Horregatik, bidalia izan dela sentitzen du Jesusek, ez kondenatzeko, ez suntsitzeko edo madarikatzeko, baizik eta sendatzeko, eraikitzeko eta bedeinkatzeko. Jainkoaren Espirituak bizia sustatzera eta hobetzera bidali du. Jainkoaren «Espiritu» horretaz beterik, jendea «espiritu gaiztotatik» liberatzera jo du, hauek ez baitute egiten kaltetu, esklabo bihurtu eta desgizatiartu besterik.

Lehen kristau-belaunaldiek oso garbi zuten zer izan zen Jesus. Honela laburtu zuten bere jarraitzaileengan grabaturik utzi zuen oroitzapena: «Jainkoak Espiritu Santuaz gantzuturik, on eginez bizi izan zen eta deabruak zapaldurik zituenak sendatuz, Jainkoak berekin baitzuen» (Apostoluen Eginak 10,38).

Zein «espirituk» eragiten digu gaur egun Jesusen jarraitzaileoi? Zein da beraren Eliza mugitzen duen «grina»? Zein da gure elkarteei bizitzera eta jardutera eragiten dien «mistika»? Zer ari gara ereiten eta landatzen munduan? Jesusen Espiritua gugan badago, jende zapaldua, etsia edo gaitzak hertsatua «sendatzen» biziko gara.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarai

Bautismo del Señor – A (Mateo 3,13-17)

EL ESPÍRITU BUENO DE DIOS

Jesús no es un hombre vacío ni disperso interiormente. No actúa por aquellas aldeas de Galilea de manera arbitraria ni movido por cualquier interés. Los evangelios dejan claro desde el principio que Jesús vive y actúa movido por «el Espíritu de Dios».

No quieren que se le confunda con cualquier «maestro de la ley», preocupado por introducir más orden en el comportamiento de Israel. No quieren que se le identifique con un falso profeta, dispuesto a buscar un equilibrio entre la religión del templo y el poder de Roma.

Los evangelistas quieren, además, que nadie lo equipare con el Bautista. Que nadie lo vea como un simple discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. Jesús es «el Hijo amado» de Dios. Sobre él «desciende» el Espíritu de Dios. Solo él puede «bautizar» con Espíritu Santo.

Según toda la tradición bíblica, el «Espíritu de Dios» es el aliento de Dios, que crea y sostiene la vida entera. La fuerza que Dios posee para renovar y transformar a los vivientes. Su energía amorosa que busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas.

Por eso Jesús se siente enviado no a condenar, destruir o maldecir, sino a curar, construir y bendecir. El Espíritu de Dios lo conduce a potenciar y mejorar la vida. Lleno de ese «Espíritu» bueno de Dios, se dedica a liberar a la gente de «espíritus malignos», que no hacen sino dañar, esclavizar y deshumanizar.

Las primeras generaciones cristianas tenían muy claro lo que había sido Jesús. Así resumían el recuerdo que dejó grabado en sus seguidores: «Ungido por Dios con el Espíritu Santo… pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hechos de los Apóstoles 10,38).

¿Qué «espíritu» nos anima hoy a los seguidores de Jesús? ¿Cuál es la «pasión» que mueve a su Iglesia? ¿Cuál es la «mística» que hace vivir y actuar a nuestras comunidades? ¿Qué estamos poniendo en el mundo? Si el Espíritu de Jesús está en nosotros, viviremos «curando» a oprimidos, deprimidos o reprimidos por el mal.

José Antonio Pagola

Bautismo del Señor – Ciclo A – Koinonía

Isaías 42, 1-4. 6-7

Mirad a mi siervo, a quien prefiero

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará,

hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano,

te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión,

y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Salmo responsorial: 28

El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es magnífica. R.

El Dios de la gloria ha tronado.

En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»

El Señor se sienta por encima del aguacero,

el Señor se sienta como rey eterno. R

Hechos de los apóstoles 10, 34-38

Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo

Lectura del libro de los

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Lucas 3, 15-16. 21-22

Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espiritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 7 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Bautismo en el Jordán», de los hnos. López Vigil. El audio, el guion y su comentario pueden ser tomados de: http://radialistas.net/category/un-tal-jesus.

Jaunaren Epifania – A – José A. Pagola

(Mateo 2,1-12)

NOR GURTZEN DUGU? – ¿A QUIÉN ADORAMOS?

Magoak «Sortaldetik» datoz, juduei astrologiaren eta beste zientzia bitxi batzuen aberria iradokitzen dien lurraldetik. Paganoak dira. Ez dituzte ezagutzen Israelgo Liburu Santuak, baina bai izarren hizkuntza. Egiaren bila dabiltza eta bideari ekin diote aurkitzeko. Misterioari gida ditzan utzi die, «gurtu» beharra sentitu dute.

Haien presentziak aztoratu egin du Jerusalem osoa. Izar berri baten distira ikusi dute magoek, eta pentsarazi die jaioa dela «juduen erregea» eta hura «gurtzera» datoz. Errege hau ez da Augusto. Ezta Herodes ere. Non dago? Hauxe dute beren galdera.

Herodes «larritu da». Albisteak ez dio eragin inolako pozik. Bera da Erromak «juduen errege» izendatu duena. Jaio berria garbitu beharra du: non dago arerio bitxi hori? «Apaizburuek eta lege-maisuek» ezagutzen dituzte Liburu Santuak eta badakite Betleemen jaiotzekoa dela, baina ez zaie axola haurra eta ez diote bideari ekin hura gurtzeko.

Jarrera hori bera topatuko du Jesusek bere bizitza guztian: areriotasuna eta ukoa botere politikoaren ordezkariengan; axolarik eza eta gogorkeria gidari erlijiosoengan. Jainkoaren erreinuaren eta haren zuzentasunaren bila dabiltzanek bakarrik eskainiko diote harrera ona.

Magoek aurrera egin dute beren bilatze luzean. Tarteka, ezkutatu egiten zaie gidari duten izarra, ziurtasunik gabe utziz. Beste batzuetan, berriro egiten du distira, «egundoko poza» emanez. Azkenean, topatu dute Haurra, eta «ahuspeztuz, gurtu dute». Ondoren, Haurraren zerbitzura jarri dituzte berekin dituzten aberastasunak eta altxorrik baliotsuenak. Haurra fida daiteke hauetaz, beren Errege eta Jaun aitortu baitute.

Itxurazko bere xumetasunean, kontakizun honek galdera erabakitzaileak planteatzen dizkigu: noren aurrean ahuspezten gara?, nola du izena geure izatearen hondoenean adoratzen dugun «jainkoak»? Kristautzat dugu geure burua, baina Betleemeko Haurra adoratuz bizi al gara?, haren oinetan jartzen al ditugu geure aberastasunak eta geure ongizatea?, prest al gaude entzuteko, Jainkoaren erreinuan eta haren zuzentasunean sartzeko egiten digun deia?

Gure bizitzan bada beti Betleemera gidatzen gaituen izar bat.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 Epifanía del Señor – A José A. Pagola

(Mateo 2,1-12)

¿A QUIÉN ADORAMOS?

Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».

Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Esta es su pregunta.

Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿Dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.

Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.

Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño y, «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.

En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿Ante quién nos arrodillamos nosotros? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén? ¿Ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?¿Estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?

En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.

José Antonio Pagola