Cuarto domingo de pascua. Ciclo C. 25 de abril de 2010

Lecturas:
Hch 13, 14. 43-52  
Sal 99, 2. 3. 5  
Ap 7, 9. 14b-17  
Jn 10, 27-30
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                En tiempo pascual, y en todo tiempo, son importantes las oraciones de la liturgia. Podemos preguntarnos por qué les damos tan poca importancia, por qué no nos detenernos a reflexionar sobre ellas. En general -me atrevo a decir- muy pocos las comentan en homilías o preparaciones litúrgicas.  Pasan casi desapercibidas. La primera, la de reunión (“colecta”), resulta especialmente importante. Los ritos iniciales concluyen con esta oración. Nunca cuidaremos suficientemente esos ritos primeros. Nos jugamos mucho, quizá toda la celebración, en ellos. Pues bien, finalizan en una oración. (Oración, significa “discurso”.) Hemos reformado en la liturgia, tras el concilio, muchos elementos y también hemos tenido que recurrir a traducciones o leves adaptaciones. Las oraciones son puras traducciones del latín, no las hemos tocado, y creo urgente hacerlo. Quizá soy ignorante y hay algún grupo trabajando esa cuestión. Ojalá sea así, y los trabajos aparezcan pronto y sean acertados. Sería una gran contribución a que en la liturgia se valore algo más que la homilía.

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Tercer domingo de pascua de 2010. Ciclo C. 18 de abril de 2010

TERCER DOMINGO DE PASCUA.
Lecturas:
Hch 5, 27a-32. 40b-41  
Sal 29, 2-6. 11-13  
Ap 5, 11-14  
Jn 21, 1-19
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Es una afirmación muy importante la que recoge la 1ª lectura de hoy: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.” Importante y de uso continuo precisamente en los asuntos más complicados o decisivos. En muchos casos la hemos aplicado y en otros tenemos intención de hacerlo. Dios, antes que los hombres. Que cualquier clase de hombres, incluidos aquellos que piensan gozar de una privilegiada unión con Dios. Una bocanada de libertad completa, que deja las cosas a criterio de la propia conciencia, como apelación última, decisiva, de comportamiento. Nada ni nadie puede ir más allá de la conciencia, y todos pensamos que en ella, con la pertinente maduración y reflexión, se manifiesta para cada uno la propuesta de Dios. Este reducto resulta imprescindible en el mundo actual, cuando los valores de la persona son una valiosa conquista para todos. Pero siempre ha sido así, y todos, al menos en teoría, aceptamos la última palabra de la conciencia. La frase tanto puede servir al más puro fanatismo, cuanto al espíritu más libre y creador. Cada uno en su ámbito de opción se considera a salvo de todo cuestionamiento. Quizá el matiz que diferenciaría posturas diferentes, pero coincidentes en apelar a esa máxima, fuera si se reconoce, con todas sus consecuencias, esa misma afirmación en quien encuentra en su conciencia propuestas diferentes de las propias. Con la primera comunidad, seguimos afirmando que Dios es antes que los hombres. Se trata de sacar de ella toda la fuerza de la libertad en el Espíritu.

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Segundo domingo de Pascua. Ciclo C. 11 de abril de 2010

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA.SU OCTAVA. Ciclo C
11 de abril de 2010
Hch 5, 12-16  
Sal 117, 2-4. 22-27  
Ap 1, 9-13. 17-19  
Jn 20, 19-31
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Es el domingo de la octava de Pascua. Según la visión de la liturgia, un único día de fiesta, alegría y manifestación de Dios. “El día en que actuó el Señor” se extiende a estos ocho días en una sola fiesta y celebración. Por eso convendría que la de hoy fuera continuidad de la del domingo pasado, repitiendo incluso los elementos celebrativos que más la caracterizaron para recoger y expresar esa vinculación entre las dos. Que no falte la aspersión bautismal y los aleluyas y alegría pascuales. Primer día de la semana, primer día de la creación, primer día de la resurrección y primer día de nuestra vida nueva en la nueva creación, que termina por unirse y confundirse con la vida nuestra de cada día.

                Se escuchaba en ocasiones la expresión “in albis”. Se ha quedado, está, viene, etc in albis. Quiere expresar ignorancia, falta de conocimiento, sin haber sido apercibido de nada, con descuido total. ¿Sería bueno o posible comenzar la vida de resucitados en verdad “in albis”? Sin el peso de conocimientos, de historia, de costumbres y hábitos, de sentimientos, de deseos viejos. La historia nos ata. La de todos y la nuestra personal. Vuelve la vieja pregunta de Nicodemo: ¿puede alguien nacer de nuevo? Brota espontánea y rápida la respuesta negativa. ¿Y la resurrección? ¿La vida nueva mía, hoy? No pueden ser sólo ideas bonitas para consumo piadoso. Si la fe es real, algo de real ha de contener la vida nueva del bautizado, renovada en esta pascua. Seguramente no valen tampoco aquí los blancos y negros, del todo o nada. Alguna novedad fresca y sorprendente ha de brotar en nuestra vida. Que se nos note además. Es fresca la alegría, rejuvenece el buen humor, libera hasta extremos insospechados el perdón, renueva estar dispuestos a perder el tiempo, enloquece regalar y tirar el dinero. Los placeres certifican las ganas de vivir, la espontaneidad aligera, los deseos y afanes abren el futuro, la compañía es principio de salvación, la conversación sabrosa expresa confianza en el otro y en el lenguaje. Y cualquiera que lea esto con más imaginación o Espíritu podrá agregar y cambiar muchas más pinceladas originales hacia una vida, a otros estilos para ofrecer novedades a cualquiera que mantenga la fe y la arraigue en la base fundamental de que cualquier cosa podemos esperar. Algo vendrá hacia nosotros, que dejará patente la novedad de la vida absolutamente nueva e insospechada del Resucitado. In albis, por fin, alguien en albis.

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Domingo de Pascua. Ciclo C. 4 de abril de 2010

PASCUA DE RESURRECCIÓN
Hch 10, 34a. 37-43  
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23  
Col 3, 1-4  
Jn 20, 1-9
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Es la Pascua. Todo nuevo y renovado. Todo cambiado y rejuvenecido. Desde la ambientación y su estética, los cantos y aleluias, los paramentos y las flores, el cirio pascual, la aspersión bautismal, la sonrisa y el buen ambiente de todos los participantes. La creatividad en todo para celebrar una liturgia auténtica de resurrección. Sobran los odres viejos que ya no pueden retener tanta novedad sin estropearla. Faltan odres nuevos para el vino santo del Espíritu y perfumes exquisitos que engalanen a este pueblo de reyes y mediadores. Un pueblo de rostros deslumbrantes que reflejan la gloria de Dios y se transforman en viva imagen del resucitado (vd 2Cor, 3, 18). ¿Sabremos descubrir esa belleza, mayor con las luces de la pascua, alguien nos hablará de ella, de la de cada uno de nosotros, de la gracia singular y personal de nuestros rostros? Luna nueva, primavera nueva, agua nueva, viento nuevo para unos corazones nuevos, agitados y desordenados. Dios  interviene decididamente para una creación nueva, ya comenzada en el cuerpo llagado del Señor. Así pasa el Señor Dios entre nosotros y nuestras vidas. Y queda todo encendido de su Espíritu.

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Domingo de Ramos. En la pasión del Señor. Ciclo C. 28 de marzo de 2010

Lecturas
Is 50, 4-7  
Sal 21, 8-9. 17-20. 23-24  
Fp 2, 6-11  
Lc 22, 14-23, 56
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                De entrada, no olvidemos varias cosas. La celebración está centrada en la lectura de la Pasión del Señor, este año en la versión de Lucas. El ritmo de la celebración cristiana lo señala el domingo, por tanto, la reunión próxima es la de la Pascua, no tanto la del triduo pascual. La primera parte de la celebración es un rito de entrada, algo más largo de lo habitual, que incluye la procesión con los ramos acompañando a Cristo que sube a Jerusalén. Esta primera parte ofrece en el misal romano tres posibilidades, según la importancia de la celebración y el número de participantes. Pensemos un poquito cuál conviene más al conjunto de la celebración. En sus orígenes, trataba de coincidir con el recorrido de Jesús para entrar en Jerusalén, y contenía un desplazamiento real hacia ella, en procesión y con los ramos. Recordar finalmente que está oficialmente aceptado suprimir una o las dos lecturas que anteceden a la pasión por mantener esta entera y darle mayor realce.

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Domingo 21 de marzo – V de Cuaresma

Lecturas
Is 43, 16-21  
Sal 125, 1-6  
Fp 3, 8-14  
Jn 8, 1-11
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Jesús de nuevo enfrentado a pecados y leyes. Son otros quienes lo llevan a ese terreno para ponerlo a prueba. Debe de ser un terreno muy propicio para poner a prueba a cualquiera. De hecho, Jesús mismo lo utiliza para comprometer a quienes querían hacerlo con él. Una ley como de justicia para su momento y su cultura, que otro momento y cultura descubre sencillamente inhumana. Estos son los vaivenes de culpas y sanciones que dependen de nuestros juicios. Dejan patentes la fragilidad e inconsistencia de los mismos. Nos suele gustar el papel de justicieros: siempre -más en nuestro estilo de vida- descubrir culpables para todo, y luego el riguroso ‘que se haga justicia’, equivalente a ‘se castigue con dureza máxima’. Tan familiarizados con la falsa secuencia causa-efecto, no toleramos admitir que suceda algo sin culpables. Resulta mucho más tranquilizador que no saber de ellos. Y una vez que los tenemos, sin perder tiempo en buscar la certeza, descargamos en ellos nuestras iras, venganzas y, sobre todo, frustraciones y envidias. Todo depende de cómo entendemos la condición humana y de cómo pretendemos controlar las oscuras relaciones entre el mal y la libertad. Los resultados multiplican la injusticia y ahondan la división permanente entre pretendidos buenos y malos. Merece la pena dedicar más atención a los temas de justicia que nos parecen tan evidentes como los de tiempos de Jesús a ellos, pero que están llenos de carencias y ocultan siempre un no tan disimulado deseo de venganza. Y ¿cuándo los justicieros se revisten de celo cristiano? Leyes, con el marchamo de cristianas o hasta evangélicas, que también el paso del tiempo ha desacreditado, y que tan oscuros momentos han propiciado –y propician- a la historia de la Iglesia. Siempre se ha interpretado con poca literalidad y mucha metáfora la afirmación del evangelio de ese Dios nuestro que “hace salir el sol sobre buenos y malos y envía la lluvia para justos y pecadores” (Mt 5, 45).

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Domingo 14 de marzo – IV de Cuaresma

Lecturas
Jos 5, 9a.10-12  
Sal 33, 2-7  
2Cor 5, 17-21  
Lc 15, 1-3. 11-32
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                La lectura más larga de hoy, y probablemente la que centrará la atención, es la del Evangelio, la parábola del hijo pródigo, o mejor, del padre generoso. Muchos han comentado este texto y  hasta los cuadros que ha inspirado. No perdamos de vista la introducción a las tres parábolas de la oveja, de la moneda y del hijo perdidos. Las narraciones tratan sólo de dar cuerpo a esa introducción: que Jesús “acoge a los pecadores y come con ellos”. Esto es lo que escandaliza a los fariseos especialmente. Ellos ni se incluyen ni pueden ser incluidos en pecadores.

                Las invocaciones y oraciones de cuaresma insisten hasta el exceso en nuestra condición de pecadores: la oración de reunión del domingo pasado hablaba del “remedio de nuestros pecados” y de que “estamos hundidos bajo el peso de nuestras culpas”. De tan repetidas, pueden resultar coletillas de costumbre más que experiencias reales que nos abruman de continuo. Dicen que hoy se ha perdido el sentido de pecado. No sé si la insistencia de que estamos permanentemente bajo su peso, de que “ningún hombre es inocente frente a Dios”, contribuye a dar seriedad o rutina a esa conciencia. Hoy no vivimos bajo esa presión y sensación. La cuestión pendiente puede formularse así: si mantenemos ese lenguaje y esa forma de entender la vida, qué contenido damos a “pecado”. No encuentro que se trate mucho el tema. Se da por claro y evidente. Pero resulta peligroso seguir  insistiendo en que es así, sin precisar qué experiencia real recoge.

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Domingo 7 de marzo – III de cuaresma

Lecturas:
Ex 3, 1-8a. 13-15  
Sal 102, 1-4. 6-8. 11  
1Cor 10, 1-6. 10-12  
Lc 13, 1-9
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Una soberbia primera lectura bien conocida de todos: La manifestación de Dios a Moisés. La presentación, el hacerse evidente de Dios a su siervo Moisés, ese que hablará con él cara a cara (Dt 34, 10). Unos signos inexplicables que provocan curiosidad y atención, una llamada y una misión. Ésta tan peligrosa y difícil que el llamado busca alguna prueba de que no sueña. Pide, nada menos, que saber “el nombre” del Dios que le envía. Quien sabe su nombre sabe todo lo posible sobre él. La respuesta de Dios es evasiva, o no tan precisa como a Moisés -y a cualquiera- le hubiera gustado. Yhwh, nombre santo e impronunciable en diversas tradiciones religiosas. Sobre este nombre, infinidad de estudios, comentarios, plegarias y, sobre todo, vidas colgadas de él, empezando por la de Moisés. El nombre (Él-es) tiene un claro matiz de futuro, señalando que se descubre la verdad de ese nombre identitario, precisamente viéndole actuar como lo hará en adelante.

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Domingo 28 de febrero – II de cuaresma

Lecturas
Gn 15, 5-12. 17-18  
Sal 26, 1. 7-9. 13-14  
Flp 3, 17-4, 1   Lc  9, 28b-36
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                En las lecturas de hoy, hombres con experiencia de Dios y alguien, diferente de ellos, que ha tratado de recogerla. Hoy insistimos mucho -quizá nunca suficiente- sobre la experiencia de Dios por parte del creyente. Como algo que, en algún momento y de alguna manera, debe suceder en su vida real.En nuestra iniciación cristiana, que en muchos casos ha sido simultanea y confundida con todas las iniciaciones y enseñanzas necesarias, no se hace fuerza en el intento de acceder personalmente al misterio de Dios. Las normas y obligaciones, hasta los rezos en su materialidad, son más fáciles de transmitir. Pero, ¿Dios, algo de Dios, algo de ese misterio de fondo que no puede ser alcanzado por los sentidos? Para muchos no es otra cosa que la expresión máxima de la soberbia humana: pretender llegar a Dios y saber de él. Para otros, una enorme mentira que disfraza miedos e ineptitudes de nuestra limitadísima condición. Para otros un nombre para el puro deseo, para el afán tenaz, por más y mejor y más largo. Puede que experiencia de Dios sea ya descubrir con gusto que lo de Dios no se reduce a todo eso. Que es cierto que todo lo sospechado, y más, le acecha y amenaza de continuo. Pero una deliciosa certeza nos lleva a seguir confiando que Dios es Dios, más allá de nosotros y de todos. Que es, que está, que llama, que responde, que se enreda en la vida real, que nada nos arregla y que todo lo modifica para bien. Que más susurra que grita, que mejor anima que reprende, que más acaricia que golpea, que casi siempre deja un sitio vacío con aromas de eso que tradicional y confusamente llamamos Dios. Es más fácil y claro hablar de obligaciones y mandatos, viejos o actuales, que pretender señalar a su misterio. Sin ese misterio, ni los mandatos ni las libertades tienen tampoco referencia clara. “Con mi apelación -todos los tanteos y dificultades enumerados y muchísimos más- vengo a tu presencia. Y, al despertar, me saciaré de tu semblante” (Sal 16). Albergo y cuido con mimo esta esperanza en mi corazón.

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Domingo 21 de febrero – I de cuaresma

Lecturas
Dt 26, 4-10  
Sal 90, 1-2. 10-15
  
Rom 10, 8-13
  
Lc 4, 1-13 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Comenzamos un tiempo diferente. Tal como se desenvuelve la liturgia romana, es difícil percibir sin mucha atención que se trata de algo distinto. Todo es igual menos los textos oracionales, los prefacios y las lecturas. Todo de atención intelectual. Hacen falta signos, elementos e intervenciones que entren por los sentidos y resalten las diferencias. Hay ausencias: himno de gloria, aleluias, flores, quizá acompañamiento musical. Pero, hasta para eso se requiere cierta especialización. De primeras todo tiene el mismo estilo y tono, pero en morado. Habría que trabajar y cuidar mucho más los signos no verbales, convirtiéndolos en aliados que expresen con claridad que estamos en un tiempo cristiano diferente: la cuaresma. En adviento se ha divulgado la corona y algún rito en torno a ella. Resulta expresiva y es como esperada por el pueblo. En cuaresma carecemos de algo similar y queda a la creatividad de cada comunidad. Y, entre nosotros, en nuestra tipo de religiosidad, queda siempre pendiente el reto, incluso para comunidades cristianas más avezadas en estas cosas, que el tiempo pascual es mucho más importante que el cuaresmal y que es la meta a la que éste tiende y desemboca.

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