DOMINGO XX T. O. 14 de Agosto

Mt 15, 21-28 

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA
 

El duro diálogo sobre el pan, los hijos y los perros bien pudiera ser un reflejo de lo que se vivía en la propia comunidad de Mateo, atenazada durante años –como otras tantas comunidades cristianas, según se desprende de las cartas de Pablo- por el siguiente debate, decisivo para ellos (aunque a nosotros nos parezca trivial): ¿Qué lugar ocupan los paganos en la comunidad? ¿Pueden formar parte de ella sin necesidad de hacerse previamente judíos? 

Mateo lo enmarca con crudeza, ya que empieza designando a la mujer del relato como “cananea”. En realidad, a los habitantes de Tiro y Sidón se les llamaba sirofenicios. Mateo prefiere utilizar un término arcaico para designar a un pueblo del que los judíos debían mantenerse especialmente alejados. 

 Esta es, pues, la situación, marcada por la distancia e incluso la prohibición de acercamiento. En esta situación, ¿hay que acoger a los “cananeos”? Y en caso de hacerlo, ¿van a gozar de los mismos derechos que los judíos?

 

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DOMINGO XIX T.O. 7 DE AGOSTO

Mt 14, 22-33                                                 

 ORACIÓN,  MIEDO  Y  CONFIANZA  

Enrique Martínez Lozano       

         El evangelio nos ha dejado testimonios de que Jesús buscaba la noche y la soledad para orar. Sea la oración teísta (relacional o afectiva), sea el silencio contemplativo (“estar” desnudo, en el silencio mental), necesitamos conectar conscientemente con el Misterio, Raíz, Fuente, Fundamento y Núcleo de lo que somos, para experimentarnos anclados en él y para dejarnos transformar: para permitir que lo que somos, más allá del ego, salga a la luz. 

         Me parece que no tiene sentido comparar ambas formas de orar, porque ni son contrapuestas ni tienen por qué excluirse. Así como hay muchos niveles diferentes desde los que podemos aproximarnos a la realidad, existen también tantas formas de conectar con el Misterio como personas.

 

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DOMINGO 19 T.O. (A): 7 DE AGOSTO

MIEDO A JESÚS
José Antonio Pagola
Tabira

Mateo ha recogido el recuerdo de una tempestad vivida por los discípulos en el mar de Galilea para invitar a sus lectores a escuchar, en medio de las crisis y conflictos que se viven en las comunidades cristianas, la llamada apremiante de Jesús a confiar en él.
El relato describe de manera gráfica la situación. La barca está literalmente «atormentada por las olas», en medio de una noche cerrada y muy lejos de tierra. Lo peor es ese «viento contrario» que les impide avanzar. Hay algo, sin embargo, más grave: los discípulos están solos; no está Jesús en la barca.

Cuando se les acerca caminando sobre las aguas, los discípulos no lo reconocen y, aterrados, comienzan a gritar llenos de miedo. El evangelista tiene buen cuidado en señalar que su miedo no está provocado por la tempestad, sino por su incapacidad para descubrir la presencia de Jesús en medio de aquella noche horrible.

La Iglesia puede atravesar situaciones muy críticas y oscuras a lo largo de la historia, pero su verdadero drama comienza cuando su corazón es incapaz de reconocer la presencia salvadora de Jesús en medio de la crisis, y de escuchar su grito: «iAnimo, soy yo, no tengáis miedo!».

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DOMINGO XVIII T. O. 31 DE JULIO

Las necesidades de la gente

José Antonio Pagola

  Mateo introduce su relato diciendo que Jesús, al ver el gentío que lo ha seguido por tierra desde sus pueblos hasta aquel lugar solitario, «se conmovió hasta las entrañas». No es un detalle pintoresco del narrador. La compasión hacia esa gente donde hay muchas mujeres y niños, es lo que va a inspirar toda la actuación de Jesús.

De hecho, Jesús no se dedica a predicarles su mensaje. Nada se dice de su enseñanza. Jesús está pendiente de sus necesidades. El evangelista solo habla de sus gestos de bondad y cercanía. Lo único que hace en aquel lugar desértico es «curar» a los enfermos y «dar de comer» a la gente.

El momento es difícil. Se encuentran en un lugar despoblado donde no hay comida ni alojamiento. Es muy tarde y la noche está cerca. El diálogo entre los discípulos y Jesús nos va revelar la actitud del Profeta de la compasión: sus seguidores no han de desentenderse de los problemas materiales de la gente.

 

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DOMINGO XVII T. O. 24 DE JULIO

Un dios sin atractivo

José Antonio Pagola

Jesús trataba de comunicar a la gente su experiencia de Dios y de su gran proyecto de ir haciendo un mundo más digno y dichoso para todos. No siempre lograba despertar su entusiasmo. Estaban demasiado acostumbrados a oír hablar de un Dios sólo preocupado por la Ley, el cumplimiento del sábado o los sacrificios del Templo.

Jesús les contó dos pequeñas parábolas para sacudir su indiferencia. Quería despertar en ellos el deseo de Dios. Les quería hacer ver que encontrarse con lo que él llamaba “reino de Dios” era algo mucho más grande que lo que vivían los sábados en la sinagoga del pueblo: Dios puede ser un descubrimiento inesperado, una sorpresa grande.

En las dos parábolas la estructura es la misma. En el primer relato, un labrador «encuentra» un tesoro escondido en el campo… Lleno de alegría, «vende todo lo que tiene» y compra el campo. En el segundo relato, un comerciante en perlas finas «encuentra» una perla de gran valor… Sin dudarlo, «vende todo lo que tiene» y compra la perla.

 


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EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO. Ciclo A. 26 de junio de 2011

Lecturas:
Dt 8, 2-3. 14-16  
Sal 147, 12-15. 19-20  
1Cor 10, 16-17  
Jn 6, 51-58

PRIMERAS REFLEXIONES

Como el pasado domingo, hoy prestamos atención expresa a lo que hacemos todos los domingos: la Eucaristía. Será el objetivo esmerarnos en la celebración de hoy hasta conseguir una celebración modélica para todo el curso y dejar tan clara su centralidad que los domingos restantes resulten imprescindibles para el mantenimiento y desarrollo de toda vida cristiana. Algo que molesta a muchos es que se apele al espíritu del Concilio. Para otros lo del “espíritu del Concilio” es una evidencia. Hablamos de Eucaristía. La Eucaristía no es el acto ritual preliminar y necesario para tener muchas hostias consagradas en el sagrario o para luego exponer una públicamente. Ni el sagrario es el centro del espacio de la celebración. (Es más, se recomienda un lugar diferente.) Parecía quedar claro tras el texto del concilio sobre la liturgia (no digamos ya en su espíritu), pero la experiencia de los días demuestra que rebrotan los viejos actos de piedad y se esclerotiza la vida litúrgica. Ya sé la objeción de que una cosa no quita la otra. Será la limitación humana, pero, de hecho, una suele llevarse mal con la otra. La liturgia es acción, los objetos son signos o símbolos, y la fijación en ellos los desfigura y entorpece el fluir de la liturgia. Y eso es un aire, un estilo general, que abarca todo lo que hagamos, todas nuestras expresiones de fe; un aire más bien mágico y otro más espiritual, uno comunitario y otro individualista. Lo tendente a la magia y lo individual parecía marginado, pero resurge con fuerza: es más populista y más objetivable, es más claro y “seguro”. Como sí somos del mundo, aunque no estemos en él, vayamos a lo seguro, manejable y claro. ¿Qué es más importante, facilitar la comunión bajo las dos especies de pan y vino o una hora de adoración eucarística? ¿Qué cante todo el mundo en la celebración o que escuchen todos melodías nuevas y rítmicas? ¿Quién hace más por la vida litúrgica (y cristiana), quien busca un pan más real y verdadero para la celebración o quien prepara una preciosa custodia para exponerlo?

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LA SANTÍSIMA TRINIDAD. Ciclo A

LA SANTÍSIMA TRINIDAD. Ciclo A19 de junio de 2011Ex 34, 4-6. 8-9   Dn 3, 32. 53-56   2Cor 13, 11-13   Jn 3, 16-18PRIMERAS REFLEXIONES                Domingo dedicado a la muy Santa Trinidad. Es decir, como todos. Terminado el ciclo pascual, los dos primeros domingos nos ofrecen centrarnos en dos misterios del único Misterio, centrales todos los domingos y todos los días, a los que, por si pasan desapercibidos precisamente a causa de su presencia continua, les dedicamos toda nuestra atención.                Durante siglos el hecho Dios ha gozado de una especie de connaturalidad con la vida. Todavía hoy sigue siendo así en pueblos y civilizaciones mayoritarios numéricamente en la tierra. No debemos olvidar esta verdad, ni menos despreciar a esas gentes como retrasados y pobres. Entre nosotros, ya no es así. Por tanto, tampoco podemos hablar de Dios con la  ingenuidad primera y las apelaciones, entre sentimentales y quejumbrosas, de cosas perdidas y que conviene salvar para nuestra civilización. Dios es mucho más de lo que decíamos que era, y no se reduce a ser la justificación y validación de nuestros modos de vida, por cristianos que parezcan. Sabemos ya mucho (o mejor, forma parte de nuestro saber común) de lingüística y sus trampas, de psicología y las suyas, de racionalidades desacreditadas, de física y astronomía, de partículas y biología, de violencia y convivencia. No podemos seguir hablando de Dios como hasta ahora. Es delito pretender hacerlo como si nada de esto incidiera en eso tan complejo y sencillo de Dios. Hay que hablar mucho, pero más en serio y más temáticamente de Dios para que “su nombre sea santificado por todos”. Basta de ñoñeces y anacolutos.
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DOMINGO DE PENTECOSTÉS. Ciclo A. 12 de junio de 2011

Lecturas:
Hch 2, 1-11  
Sal 103, 1 y 24. 30-31. 34  
1Cor 12, 3-7. 12-13  
Jn 20, 19-23

PRIMERAS REFLEXIONES

                Concluye el tiempo pascual. El domingo que viene ha de notarse con facilidad que ya es otra cosa, por solemne o importante que sea. Igualmente, dejar pistas claras de que hoy sigue siendo tiempo pascual, con elementos celebrativos que coincidan con los de domingos anteriores. Puede que apagar hoy con cierta solemnidad el cirio pascual sirva para señalar esa ruptura de un tiempo a otro. Recordemos que la misa de la vigilia es diferente de la del día, y que cuenta con un desarrollo prolongado, en forma clásica de vigilia, con lecturas, oraciones y cánticos excelentes para la oración, meditación y contemplación más prolongada de esta fiesta. Es bueno fomentar estas vigilias en días tan señalados de la liturgia cristiana.

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LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A. 5 de junio de 2011

Lecturas:
Hch 1, 1-11  
Sal 46, 2-3. 6-9  
Ef 1, 17-23 
Mt 28, 16-20

PRIMERAS REFLEXIONES

        Recordemos que la llamada “ascensión” no es diferente ni separable de la “resurrección”. Había que expresar verbalmente la nueva realidad de Jesús tras su muerte y la nueva manera de descubrirlo. Era el mismo y era diferente, estaba al alcance de todos, pero sólo los que habían comido y bebido con él lo sabían encontrar. Utilizaron imágenes y palabras de experiencias varias a las que cualquiera puede tener acceso: dormir y despertar, acostarse y levantarse, morir y vivir; también hundirse y elevarse, fracasar y triunfar, ser humillado y ser alabado, pasar de lo más hondo a lo más alto; además, pasar de viejo a nuevo, de antiguo a futuro, de  visible a invisible, de sometido a libre. Con todas esas referencias de fondo, y contando con expresiones, fórmulas e imágenes de salmos y profetas, nos hablarán y presentarán al “nuevo” Jesús de Nazaret, tras su experiencia de muerte, hundimiento, abajamiento. Hoy las imágenes que dan lugar a la fiesta de la Ascensión son las de arriba y abajo, exaltación y humillación, sobre narraciones de marcha y espera como las del libro 2º de los reyes, capítulo 2, sobre la separación de los profetas Elías y Eliseo .

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SEXTO DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A. 29 de mayo de 2011

Lecturas:
Hch 8, 5-8. 14-17  
Sal 65, 1-7. 16 y 20  
1P 3, 15-18  
Jn 14, 15-21

PRIMERAS REFLEXIONES

      Hoy, un texto muy conocido sobre la esperanza: estamos llamados a dar razón de nuestra esperanza. El texto bien conocido también de Hb (11, 1) vincula fe y esperanza de manera que se explican y necesitan mutuamente. Hoy es más urgente que nunca el tema de la esperanza. Nuestro testimonio más válido y real es esperanza. Bien sencillo, asequible a todo creyente. El talante de quien espera. Un autobús, un amigo, o al Señor. Ese aire de que algo va a llegar, algo viene. Cunden las razones y los motivos para la desesperanza, incluso para la desesperación. Sólo quien no deja espacio alguno a la mínima reflexión y vive la inmediatez imposible del presente escapa a la sensación de apuro y angustia. La gente lúcida conoce los peligros múltiples que nos acechan. Pero todos queremos la esperanza. No que podamos argumentarla mucho, que la podamos hacer acudir al entramado de racionalidades; pero se entrevé posible y se vive como imprescindible y única. Por eso su urgencia. Nuestro servicio al mundo lo es de esperanza. No de optimismo, que pretende bases más lógicas y racionales, y por ello cuestionables. La esperanza hodierna debe incluir un espacio para la razón que invalide la alternativa de la imposición y la fuerza. No le resulta suficiente ni la hegemonía de la razón e intelección abstracta, ni la reducción al puro voluntarismo del que más puede. Todo esperanza, horizontes positivos más allá de lo inmediato. La esperanza no se impone, no apabulla, siempre será la “niña esperanza” de Peguy. Exige en su presentación “mansedumbre, respeto y buena conciencia” (2ª lec). Es chispa de luz que brilla en un lugar tenebroso, 2P 1, 19. Es ancla, sujeta en el otro lado de lo real, Hb 6, 18-19. Es firme y perseverante en los tiempos difíciles y duros hasta crecerse en su misma negación (Rom  4, 18). Merece la pena descubrir teologías de la esperanza, formas de hablar de ella y con ella, que develen a Dios. Mostrar con sencillez que vivimos en esperanza. Y a quien la pide, no a todo el mundo y hasta aburrirlos.

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