Lecturas
R 19, 16b. 19-21
Sal 15, 1-2. 5. 7-11
Ga 5, 1. 13-18
Lc 9, 51-62
REFLEXIONES INICIALES
Entre radicalidad y libertad. El evangelio, hoy, nos acerca a cuestiones sobre la radicalidad. La 2ª lec, sobre la libertad. ¿Es posible ser radicales y serlo siempre y en todo? Desde luego, tomando totalidades, es claro que no. A lo más, en campos parciales o por tiempos limitados, salvo apelación a prodigios y milagros. Tendremos siempre en cuenta en el texto el lenguaje oriental, tan inclinado a hipérboles y exageraciones. También las vinculaciones de unos textos con otros más antiguos (1ª lec) para construir sentidos nuevos. Y, finalmente, la radicalidad, como solemos expresarnos. Antes hablábamos más de ella, de llevar las cosas hasta sus consecuencias últimas. Con algo de intransigencia y extremosidad. Todo resultaba así fácil de trabar con lo divino e incondicional. Parece que hoy hablamos menos de ella. Sin almohada, desertando de funerales y despedidas, en camino siempre con Jesús, y hacia Jerusalén y la muerte consiguiente. Radicales en el seguimiento a Jesús, pobre, itinerante, avocado a su muerte. ¿Es factible renunciar a cualquier bien económico, vivir al descubierto, improvisar el mañana y hasta el hoy? ¿O es auténtico deber no hacerlo así y no cargar las necesidades propias a la responsabilidad de otros? ¿Tiene toda radicalidad algo de inconsciencia? Puede que hoy los creyentes radicales sean aquellos que afrontan la vida diaria, monótona, del seguimiento, y ponen la radicalidad en la perseverancia, en la no renuncia a esa fidelidad humilde. Radicales, en la firme esperanza del encuentro, precisamente en apariencias vulgares, poco radicales. ¿Suena a cobardía y renuncia? En la historia, parece que muy pronto las exigencias radicales se delegaron en la vida eremítica y monacal, quedando fuera de la atención de los simples creyentes. Luego, la vida religiosa, ¿en quién las delegó? La división entre fieles y religiosos es más que discutible si queremos partir del seguimiento y sus exigencias. Son para todos los seguidores de Jesús, consagrados en el bautismo. Un vistazo hoy a nuestra comodidad o nuestra radicalidad, a nuestra fidelidad en el seguimiento de Jesús, sea cual sea nuestra ubicación en el actual “organigrama” de Iglesia.