Lecturas:
Is 49, 14-15
Sal 61, 2-3. 6-9
1Cor 4, 1-5
Mt 6, 24-34
PRIMERAS REFLEXIONES
Uno de los evangelios más preciosos que podemos escuchar. Es evangelio por noticia buena y está además deliciosamente expresada. Une bondad de lo anunciado con belleza de expresión. Coincidencia de bondad y belleza que aproximan salvación.
La providencia de Dios. Un tema que puede ser banco de pruebas de nuestro verdadero pensamiento respecto a Dios, al hombre, al mal, al pecado, a la relación de todas esas palabras entre sí. En ocasiones, presentamos una providencia que coincide con lo que en cada momento sucede, una especie de destino o fatum sin ese nombre. Lo que ahora mismo está sucediendo en nosotros, en el mundo y en el universo no es la providencia de Dios. Recordamos la respuesta de Abrahán “Dios proveerá, hijo mío” (Gn 22, 8), pero en ese momento no actuaba la providencia ni más ni menos que en la muerte sin consuelo de nuestro Señor Jesucristo. Acostumbramos a repetir en ocasiones, dejando al descubierto qué entendemos por providencia, que “Dios escribe recto con líneas torcidas”. Tampoco eso es decir nada, salvo que hay que confiar en Dios. Comprobar si escribe recto ni está a nuestro alcance ni sabemos en qué consiste. Si su comprobación es para el otro lado, no vale como afirmación de ahora más allá de un genérico hay que confiar. La única voluntad de Dios que podemos afirmar en vida es la del reino y su justicia. Su providencia no tiene otro contraste que esas dos referencias. Los “signos de los tiempos” pueden presentarse como marcas que la providencia de Dios deja en la historia para que la entendamos y dirijamos. La dificultad consiste en señalarlos, más allá de opciones personales o grupales, que nos hacen afirmar unos determinados acontecimientos, neutros en sí, como signos claros y universales. Un texto de Guardini: “El sentido propio de la providencia no es que al hombre le vaya bien en el tiempo, sino que venga el ‘reino de Dios’ y que se cumpla su ‘justicia’; que se completen y perfeccionen la nueva creación y el hombre de la eternidad”.