Lecturas
Hch 10, 34ª. 37-43
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23.
Col 3, 1-4 Jn 20, 1-9
COMENTARIOS PRIMEROS
En las novelas rusas -y en la vida real de ese país-, en este día, hasta en las cárceles u hospitales, todo el mundo se saluda con ‘Es verdad: ha resucitado el Señor’. ¿Cómo expresar hoy nuestra alegría? Hay testimonios de que en la baja edad media, en zonas del sur de Alemania, en la homilía pascual, contaban los sacerdotes y obispos chistes procaces y hacían gestos obscenos con el fin de provocar la llamada “risus paschalis” (la risa de pascua). ¿Somos capaces de poner humor o atrevimiento en nuestras homilías de Pascua? Lástima de nuestra rigidez e inexpresividad, de nuestras represiones, para expresar simplemente placer y gozo profundo. Bien, esto que hago es lo que no ha de hacerse en las homilías pascuales: por cualquier motivo, críticas, lamentaciones y enfado. Con un espíritu risueño y luminoso, tenemos que anunciar la pascua santa del Señor. Hemos de transmitir la más bonita y esperanzadora noticia, la del Cristo resucitado y nosotros con él. He leído últimamente comentarios serios (muy serios) y sesudos sobre que quien predica habla en nombre de Cristo o de la Iglesia y no debe mostrar lo suyo personal. Puedo expresar mi opinión contraria, de alguien poco sesudo. Hablemos siempre de algo que nosotros vivimos, de algo tan nuestro y hondo que sólo precisemos ponerle unas palabras nuestras para decir algo que nadie más puede decir aunque en apariencia se parezca. Creo que si formulo cosas importantes para mí, ya hay uno al menos que se lo cree y se conmueve. Hoy nos toca hablar del motor de nuestra vida, de la emoción más intensa, de por qué estamos hablando ahí, expresando ante otros, sin poder callar, porque esta vez sí, no podemos reprimir más el decir lo más importante e indecible de la vida. Nos toca que tiemblen nuestras voces al rozar el misterio de la felicidad y de las tinieblas, de la vida y de la muerte. Nos toca transmitir gusto por la vida, ternura esperanzada por el sufrimiento, la enfermedad, el fracaso y el deshonor. Gozo, alegría y paz. “Dios en las criaturas. ¡Y eran todas buenas!” ¡A ello!
Leer más