Domingo 15 de noviembre – XXXIII del ordinario

Lecturas
5 de noviembre de 2009
Dn 12, 1-3  
Sal 15, 5-11  
Hb 10, 11-14. 18  
Mc 13, 24-32
 

PRIMERAS IDEAS

                El capítulo 13 de Mc nos marca con claridad las primeras reflexiones de este domingo. Serán en torno al final. Antes se conocía el conjunto como “postrimerías” (muerte, juicio, infierno, gloria). Eran títulos y nombres para un final desconocido, pero cierto hasta lo inexorable. Una constante de los humanos, sobre todo con el instrumento de las religiones: tantear, predecir, explorar los límites, el límite, de todas las cosas. De nosotros, de nuestras “construcciones” de todo tipo, del universo que nos rodea. Probablemente los humanos se hicieron y reconocieron como tales, cuando apartaron sus muertos, o algunos muertos, de la simple cadena biotrófica que aprovecha y se mantiene gracias a deshechos anteriores. Somos animales que separan y veneran a sus muertos. Con ese simple gesto, nos “trascendemos” y tratamos de romper la secuencia de vida y muerte.

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Domingo 8 de noviembre – XXXII del ordinario

Lecturas
1Re 17, 10-16  
Sal 145, 7-10  
Hb 9, 24-28  
Mc 12, 38-44
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Nos acercamos al final del año litúrgico correspondiente al ciclo B. Los textos, el otoño, el ambiente creado por más horas de oscuridad que de luz, acercan instintivamente a reflexiones sobre el final de tantas cosas, el final de todo. Hasta el mes comienza con fechas marcadas para el recuerdo entrañable de nuestros difuntos. Las celebraciones que nos quedan de este año litúrgico, incluida la de Cristo Rey, tienen un ambiente melancólico, un fondo escatológico, que sugieren límites y final.

                          Vanidad de vanidades. Vacío, humo, inconsistencia. Sutilezas de apariencia para el engaño. El barroco la simbolizaba en el espejo. Tan decorativo y brillante, tan vacío de nada propio, tan engañoso y hasta tan temible. La vanidad, tan vana y tan común. Dar buena imagen de nosotros mismos. Apoyar el aprecio que requerimos para seguir vivos en la imagen externa, en la apariencia. Provocar la admiración y hasta el elogio con sólo nuestra presencia, con nuestro porte. Pocas cosas más vanas, más inconsistentes. Surge precisamente al intentar llamar la atención sin nada que la merezca. Al no contener nada, necesita mantenerse como sea: bellas palabras, gestos elegantes, ropas aparentes; fotos, revistas, fama, publicidad de nuestro propio vacío. Vanidad, humo. Puede revestirse en su afán hasta de sus contrarios, y la miseria y desaliño terminan en formas camufladas de vanidad. Sólo que así tampoco hay nada dentro. Saludos, homenajes, premios, cofradías prescindibles, fajines, títulos honoríficos, prelaturas sin personal. Una lista interminable que tienta denominar como simple estulticia. Pero es tan frecuente que no puede ser sólo eso, tiene que encerrar y partir de algo más. Tanto culto a la apariencia. Como hablamos en torno al evangelio de hoy, habrá que aceptar que el mundo de lo religioso, incluso de lo cristiano, no sólo no le es ajeno, sino que puede fomentarla. Una nota o un interrogante final: ¿no es necesaria la atención y el cuidado de la propia persona, de su presentación y sus formas, como signo ineludible de un mínimo aprecio a sí mismo? La vanidad no tiene  que ver con el aprecio a sí mismo, sino con la provocación del aprecio de los demás. Una vez más, la unidad coherente entre lo exterior y lo interior de la persona, sirve de exorcismo para huir de la vanidad y del descuido. Y será higiénico repasar despacio el Qohelet y su escepticismo sobre cosas que verdaderamente valgan la pena.

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TODOS LOS SANTOS. 1 de noviembre de 2009

Lecturas
Ap 7, 2-4. 9-14  
Sal 23, 1-6  
1Jn 3, 1-3  
Mt 5, 1-12ª
 

APROXIMACIONES A DÍA Y TEMA

                La santidad es la característica más exclusiva y más identitaria de Dios. “Yo el Señor vuestro Dios soy santo” (Lv 19, 2) “No hay santo como el Señor” (1S 2, 2). “porque sólo tú eres santo”, del himno litúrgico Gloria a Dios en el cielo. “Santo, santo, santo es el Señor” (Is 6, 3 y Ap 4, 8).

                Participando de ella, el primero e idéntico también, Jesús, el Ungido, el Señor. “El santo de Dios” (Lc 4, 34), reconocido -“sé quién eres”- hasta por los demonios (Mc 1, 24).

                Y nosotros, el pueblo de los santos. En los saludos o despedidas de las cartas de Pablo y su círculo, “los santos” corresponde a todos los bautizados. “Santos y fieles” en el saludo de Ef. En Ro, a los que forman parte de los santos” (1, 7) “a todos los santos que están con ellos” (16, 15). Sin multiplicar los textos, parece que para Pablo y sus primeros grupos, todos llevamos el título de santos por nuestra consagración bautismal.

                Si todos los fieles llevan el título de santos, los hombres buenos, limpios de corazón, generosos, profundamente unidos a Dios, ¿no serán también santos? Muchos discuten la expresión “cristianos anónimos” por inadecuada o excesivamente inclusiva. Y ¿santos anónimos, pues la santidad viene de Dios solo? Respecto a alguna religión hablamos con respeto de sus “santones”, ¿serán ajenos a la unión íntima con Dios, serán santos?

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Domingo 25 de octubre – XXX del ordinario

Lecturas
Jer 31, 7-9  
Sal 125, 1-6  
Hb 5, 1-6  
Mc 10, 46-52
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Podemos reflexionar sobre el seguimiento de Jesús. Es la tarea y la identidad de todo cristiano, de todo bautizado. Por malos usos en los últimos siglos ha quedado la idea entre el pueblo fiel de que el seguir a Jesús es cosa de los “vocacionados”, monjes, monjas, frailes y consagrados en general. Seguir a Jesús, es de todos, de absolutamente todos, es nuestro compromiso y tarea de bautizados. Es nuestra identidad. Incluso por el título de bautizados -consagrados-, con exigencia de novedad e innovación por ese seguirle incorporados a su resurrección que es vida novedosa y desconocida para todos.

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Domingo 18 de octubre – XXIX del ordinario

Lecturas
Is 53, 10-11  
Sal 32, 4-5. 18-20. 22  
Hb 4, 14-16   Mc 10, 35-45
 

REFLEXIONES INICIALES

                Si el domingo pasado sobresalía el brillo del dinero, éste ocupa el centro de mira el poder. Oscuro, solapado, inexorable. Quizá otro de los nombres posibles para lo que solemos designar como pecado de origen. De nuevo, tras un anuncio de la pasión y resurrección, una catequesis o desarrollo sobre algo que lo contradice de raíz. El poder.

                 Puede que muchos lo dejen todo con tal de alcanzar dinero y bienes económicos. Sobrepasado ese límite de lo que podemos necesitar para vivir y sobre vivir y asegurarnos con holgura nuestra vida y la de los nuestros, ¿para qué querremos o querrán el dinero? Muchos otros, y lo conocemos bien, lo entregan todo por un poco de poder. Un poder real por pequeño que sea atornilla y sujeta las vidas de otros, y así dirige, o cree hacerlo, pequeños trocitos de historia. Un poder que ni siquiera da gloria, sólo poder y control. Tan oscuro en ocasiones que no es fácil descubrir quién lo detenta. Un gusto, un placer de dominio y sometimiento, de notar en la muñeca el temblor de otros. O sencillamente de poder ver cómo baja los ojos. Parece insustituible para la propia valoración, para sentirse algo concreto uno mismo en el conjunto. ¿Qué es antes o qué es más fuerte, el poder o el dinero? Quien tiene dinero percibe que tiene poder o lo puede tener. ¿Le moverá el poder para mantener en posesión tan absurdas cantidades de dinero? ¿Quieren otros el poder simplemente para enriquecerse más?

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Gauza bat dugu falta

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pasadizoari aparteko bizitasuna eman dio kontalariak. Jerusalemerako bidea hartu du Jesusek, baina leku hartatik urrundu baino lehen, ezezagun bat iritsi zaio «korrika» eta «belauniko jarri aurrean», bertan eusteko. Jesusen premia gorria du.    Ez da sendatu beharra duen gaixo bat. Maisuagandik argia lortu nahi du bere bizitza norabidetzeko. «Zer egin behar dut betiko bizia ondare izateko?» Ez da arazo teoriko hutsa, baizik existentziala. Ez da mintzo maila orokorrean; berak zer egin behar duen jakin nahi du.    

Beste ezer baino lehen, Jesusek hau gogorarazi dio: «ez da inor on Jainkoa baizik». Zer «egin» planteatu aurretik, beste inor ez bezalako Jainko ON baten aurrean bizi garela izan behar dugu gogoan: haren ontasun ezin ulertuan estekatu behar dugu geure bizitza. Ondoren, Jainko On horren «aginduak» gogorarazi dizkio Jesusek. Bibli tradizioaren arabera, horixe da betiko bizirako bidea.    

Miresgarria da gizon haren erantzuna. Txikitandik bete du hori guztia, baina amets handiago bat sumatu du bere baitan. Beste zerbaiten bila dabil. «Jesus begira-begira jarri zaio samurkiro». Begiratu horrek, besterik gabe, gizon harekin izan nahi duen harreman pertsonala adierazten du Ondo ulertu du Jesusek haren ezin asea: «gauza bat duzu falta». Betiko bizia «lortzeko» agindua «betetzearen» logika horri jarraituz, bekaturik gabe bizi bada ere, ez da geldituko guztiz asea. Gizakiaren barnean bada irrika sakonago bat.    

 

Horregatik, bere bizitza logika berri baten arabera norabidetzera gonbidatu du Jesusek. Lehenengo gauza, bere ondasunei atxikirik ez bizitzea da («saldu daukazuna»). Bigarrena, pobreei laguntzera gonbidatu du («eman haiei zeure dirua»). Azkenik, «zatoz eta jarraitu niri». Biek elkarrekin egin ahal izango dute bidea Jainkoaren erreinurantz (!).    

 

Gizonak, ordea, altxatu eta alde egin du Jesusengandik. Ahaztu egin du Jesusen begiratuaren xarma, eta triste joan da. Badaki ezin gozatu izango duela inoiz ere Jesusi jarraitzen diotenen poza eta askatasuna. Markosek argitu digu, ezen «oso aberatsa zela».    

 

Ez ote hori bera lurralde aberatsetako kristau aseon esperientzia? Ez ote gara bizi ongizate materialak harrapaturik? Ez ote zaio falta gure erlijioari pobreekiko maitasun bizia? Ez ote zaigu falta Jesusen jarraitzaileen poza eta askatasuna?

Domingo 11 de octubre – XVIII del ordinario

Lecturas
Sb 7, 7-11  
Sal 89, 12-17  
Hb 4, 12-13  
Mc 10, 17-30
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                En las lecturas, el tema de la riqueza. Un bocado fácil de tratar o predicar y endiablado a la hora de digerir. En el evangelio, el tema no son las riquezas, sino el seguimiento de Jesús. De esto último se trata y, en él, de las exigencias respecto a los bienes. Con un desarrollo posterior sobre la vida en las comunidades.

                Comentar cualquier cosa respecto a las riquezas, creo que nos exige hoy huir de todo simplismo. No valen las pelis en blanco y negro, ni las éticas de buenos y malos (aquí, pobres y ricos). Lo sabemos todos bien, pero en asuntos de riqueza y pobreza nos manejamos con facilidad en esquemas simples y casi siempre anticuados. Pasaron los soñados 60 y 70 y nuestro discurso sigue impertérrito, cargado de voluntarismo y comprobada ineficacia. Los pobres y empobrecidos siguen en aumento, los hambrientos pasan de los mil millones, las ayudas internacionales –siempre fáciles a la crítica- son  primeras en apuntarse a la crisis y dejan de fluir, vuelven los tiempos de paro descomunal y, con su miedo, el recorte general de derechos en el trabajo y la precariedad en el mismo. Y no parece que nadie se levante en armas o en bocas y quienes lo hacen, cubiertos de símbolos religiosos. ¿Dónde estamos?

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Txikiak onartu

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Pasadizo honek gauza ezdeusa ematen du. Halere, inportantzia handiko hondoa du Jesusen jarraitzaileentzat. Markosen kontakizunaren arabera, zenbait jendek Jesusengana eraman nahi ditu han inguruan jolasean ari diren haur batzuk. Jende horrek nahi duen gauza bakarra Jesusek uki ditzan da, bere indarrez eta bere biziaz apur bat kutsa ditzan. Itxuraz, uste herrikoia zen hori.      

 

Ikasleei gogaikarri gertatu zaie hori, eta saihestu egin nahi dituzte haurrak. Hesia eratu nahi dute Jesusen inguruan. Beren buruari egotzi nahi diote Jesusengana zein iritsi eta zein ez erabakitzeko ahala. Jesusen eta txikienen, ahulenen eta gizartean premiarik handiena dutenen artean jarri dira berak. Jesusengan iristea erraztu ordez, zaildu egin dute.      

 

Ahaztu egin dira jada Jesusen keinuaz, egun batzuk lehenago taldearen erdian Jesusek haur bat jarri izanaz, ikas dezaten ezen txikienek izan behar dutela ikasleen arduraren eta arretaren erdigune. Ahaztu egin dira guztien aurrean haurra besarkatu duela, gonbidatu dituelarik bere izenean eta bere txera beraz halakoak onar ditzaten.       

Hori ikusirik, haserretu egin da Jesus. Ikasleen portaera hori jasanezina du. Eta, haserre, bi agindu hauek eman dizkie: «Utzi haurrei nigana hurbiltzen. Ez eragotzi». Zeinek irakatsi die, ordea, Jesusen Espirituaren hain kontrakoa den era horretan jokatzen? Hain juxtu, txikiak, makalak eta babesgabeak dira Jesusengana hurbiltzeko aukera izan behar duten lehenengoak.       

 

Oso sakona da arrazoia; Aitaren asmoari dagokiona izaki: «Horiek bezalako direnena da Jainkoaren Erreinua». Jainkoaren erreinuan eta Jesusen taldean, txikiak ez, baizik handiak eta boteretsuak dira gogaikarri, hau da, dominatu eta lehenengo izan nahi dutenak.      

Elkartearen erdigunea ez du bete behar jende indartsu eta boteretsuak, gainerakoei goitik behera begiratzen dienak. Aitzitik, Jesusen elkartean honelako jendea behar da: azken postuaren bila dabilena ahulenak eta premia handienekoak onartzeko, zerbitzatzeko, besarkatzeko eta bedeinkatzeko.        

Hain zuzen, Jainkoaren erreinua ezin zabaldu da handien gogo-ezarpenaz, baizik txikiak onartuz eta defendatuz. Azken hauek arduraren eta arretaren erdigune direnean, hor ari da garatzen Jainkoaren erreinua, Aitak gogoko duen gizartea, alegia.

Domingo 4 de octubre – XXVII del ordinario

Lecturas:
Gn 2, 18-24  
Sal 127, 1-6  
Hb 2, 9-11  
Mc 10, 2-16
 

REFLEXIONES PRIMERAS

                Entre la realidad y los ideales, el matrimonio. Entre fracasos y sueños de un paraíso. Entre costumbres y culturas diferentes y la única llamada a ser los dos “una sola carne”. ¿Puede el ideal convertirse en norma obligatoria? Convendría al menos saberlo. No sucede así con las bienaventuranzas. Pero de todo esto se trata, al perfilar el sacramento e intentar separarlo de normas y aplicaciones jurídicas. A lo largo de la historia de la humanidad, la inmensa mayoría de matrimonios lo han sido sin libertad personal, por decisión de la familia y razones económicas en orden a la procreación. Todavía hoy, en nuestro mundo, son muchos más los que se casan en esas condiciones que en las de libertad y elección personal que nos parecen imprescindibles. Nos cuesta reconocerlo, pero hoy somos minoría entre otras muchas culturas en esa elección libre y por amor. La conciencia de individualidad, la importancia del desarrollo personal y la capacidad de elección, la valoración de la mujer en igualdad con el hombre, las condiciones económicas más favorables, la menor urgencia en la aportación de hijos, la más larga duración de la vida, el señuelo de que supone la realización plena de la persona, hacen variar y modificar las exigencias sobre el matrimonio. Sin ceder para nada en la propuesta de Jesús -la cristiana- hemos de valorar muchos datos nuevos. Que entre nosotros casi la mitad de las parejas fracasan ha de tener una incidencia real en nuestro discurso. No se puede continuar con las ideas de siempre, como si nada sucediera. ¿Qué dice el cristiano, ese que sabe que “quien ama su vida la perderá”, sobre las personas fracasadas en eso que hoy se considera como baremo de la vida entera, la relación de pareja? ¿O hay que hablar siempre de culpa y no de fracaso? ¿O todo fracaso es ya culpable?

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Domingo 27 de septiembre – XXVI del ordinario

Lecturas
Nm 11, 25-29  
Sal 18, 8. 10. 12-14  
St 5, 1-6  
Mc 9, 38-43. 45. 47-48
 

IDEAS  SUELTAS

                Concluye la 1ª lec: “¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!” Pocas cosas más bonitas y más creativas e imaginativas. Todos afirmamos ser un pueblo de profetas, preparado para anunciar por todas partes las alabanzas del Señor (1Pe 2, 9). La comunidad cristiana, sus comunidades particulares, debieran ser como laboratorios de experimentación de la vida humana. Pruebas y experimentos de cómo pergeñar otra vida mejor en todos los órdenes para los humanos. Se ha dicho esto también con razón de la vida consagrada, pero se la suele sentir tan lejana que nadie descubre esa faceta, aun estando muy cerca de ella. Sería profecía de la profecía de todo el pueblo. Anticipo, experimento pionero y arriesgado de todo el vivir creyente. Y el entero pueblo de Dios, profeta de otra cosa (el reino) por sus intentos y logros de vivir y convivir a gusto gentes diferentes por sus maneras de afrontar las relaciones personales y afectivas, por su manera de vivir lejos del consumo, con sentido ecológico de austeridad y de un reparto de los bienes y una justicia nueva, donde lo que es de todos es fundamentalmente para todos y sólo en excepciones para algunos. Profeta de esperanzas y alegrías, de futuros más apetecibles. Profetas de la búsqueda constante de mejores maneras de convivir. Si todo el pueblo creyente fuera así profeta. En todo laboratorio se dan experimentos fallidos. Aquí también, y muchos. Pero se reconocen como tales, se destruyen si resultan peligrosos, y a seguir la experimentación. Un pueblo así es vivo y soñador, persevera en búsquedas, sin detenerse nunca a gozar de lo que parece seguro y en absoluto lo es para el momento siguiente. Decía Joel “profetizarán vuestros hijos, vuestros ancianos soñarán y vuestros jóvenes tendrán visiones” (3, 1). Qué hermosura un pueblo de profetas. Seguro que no nos habríamos de preocupar por el descrédito de la Iglesia. Un pueblo de profetas, no sólo de título y canción, sino reales, anunciadores y experimentadores de toda clase de cosas buenas y bellas para la vida de todos. ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!

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