Lecturas
Jon 3, 1-5. 10
Sal 24, 4-9
1Cor 7, 29-31
Mc 1, 14-20
CUESTIONES SUELTAS
Hoy, por celebrarse este año como “paulino”, puede hacerse una de las celebraciones del domingo con todos los elementos correspondientes a esta fiesta. ¿Hasta qué punto y cómo vale para el caso de Pablo la expresión de “convertirse”? Era un fariseo rigurosamente monoteísta, fiel en extremo a la Ley y la alianza Flp 3, 5-6. De su monoteísmo no se convirtió. De su fidelidad a la ley y la alianza, quizá leyendo textos de Rom (7, 12-14) hubiera que matizar la respuesta. Del conjunto de su vida llegó a la conclusión de que todo era basura (Flp 3, 8) frente al descubrimiento de Cristo Jesús como única salvación. Ni nosotros ni nuestras obras según la ley nos salvan. Sólo Cristo que nos alcanza y al que seguimos luego incorporados ya a él (Flp 3, 12-14). ¿Cómo sucedería eso que llamamos conversión? ¿Una “caída” del caballo (?), presente en las 3 narraciones de los Hch (9, 1-18; 22, 5-16; 26, 10-18) o algún tipo de proceso de iniciación bautismal con ‘iluminación’, ayunos, instrucciones, ‘padrinos’ Ananías, misiones, de todo lo cual quedan vestigios claros en los textos? ¿Algo más personal e individual, como cuenta en sus cartas, de tipo teofanía o revelación-manifestación-iluminación (Gal 1, 12-17; 1Cor 9, 1 y 15, 9; Flp 3, 6-8)? Tampoco Pablo se convirtió y terminado. También sucede en él un proceso interno de maduración y avance espiritual que percibimos en sus cartas. Nunca, nadie, estamos convertidos del todo y aguardamos la identificación plena con Cristo, en su manifestación y la nuestra.
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