QUINTO DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A. 22 de mayo de 2011

Lecturas:
Hch 6, 1-7  
Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19  
1P 2, 4-9   
Jn 14, 1-12

PRIMERAS REFLEXIONES

                Escucharemos solemnemente el texto célebre de “vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa”. ¿Qué queda de todo esto que no sea retórica maravillosa y vacía? ¿En qué se concreta? ¿O será la nueva “piedra que desecharon los arquitectos” actuales para la construcción de la casa de Dios? Privilegiados entre las razas -precisamente sin serlo-, dueños de lo sagrado, marcados por la alta calidad de la salvación, descubridores de un sentido claro para la vida, el de provocar la alabanza y el buen nombre de Dios. Refugio habitual -y también sin consecuencias- de esas expresiones suele ser la celebración litúrgica. En ella ejercen los fieles al Señor su sacerdocio, su realeza, su destino. Cierto que se concreta -y cómo insisten en ello los entendidos- en el Amén a la plegaria eucarística. ¿Será impensable una mayor visualización, una expresión clara, de todas esas realidades sobrevenidas a cada uno en su bautismo? ¿Habrá un espacio amplio y claro en que se note su señorío, el ámbito de la Iglesia por ejemplo? ¿O una liturgia en la que se muestre sujeto verdadero de la celebración y no objeto pasivo de la misma? Y me refiero siempre a señales y gestos claros y visibles para cualquiera, no sólo para sesudos entendidos. Tanto insistir en realzar el papel de los laicos, y probablemente lo único válido sería suprimir esa distinción para unificarnos todos en el texto de hoy de 1ª de Pedro. Pero los conjuntos se manejan mejor con distinciones y separaciones. El texto es muy hermoso y ha de ser “performativo”, creador de futuros nuevos desde él. Pero reconozcamos que es altamente peligroso, sólo con entregarlo al sentido común de cualquiera que lo lea por primera vez. Ya quisiera el sacerdocio llamado ministerial gozar de unos textos tan claros y precisos como este del sacerdocio común. ¿Gozaremos en algún momento de la suficiente energía del Espíritu para sacar de él todo lo que encierra?

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CUARTO DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A. 15 de mayo de 2011

Lecturas:
Hch 2, 14. 36-41  
Sal 22, 1-6  
1P 2, 20-25  
Jn 10, 1-10

PRIMERAS REFLEXIONES

                Este cuarto domingo, en todos los ciclos, se centra en el pastor, el rebaño y el redil. Su mejor expresión orante, la del salmo entre lecturas de hoy, el 22, el más indicado para rezar esta semana.

                Un tema bien difícil -quizá insoluble- es el del sufrimiento humano. Nadie escapa de él y, a lo largo de la historia, se le han aplicado muchos esquemas con pretensión de aclararlo. Uno de ellos, muy querido en la tradición cristiana, queda recogido en la 2ª lectura de hoy: soportar el sufrimiento agrada a Dios y Cristo nos da ejemplo; su sufrimiento nos sana. Lo conocemos y lo tenemos por tan cierto que parece inseparable de nuestra fe. De tanto interiorizado, se lo atribuimos a Dios. ¡Ahí es nada! Pasa el tiempo, y le confiere carácter de  incuestionable. Puede que no lo sea tanto, incluso que urja analizarlo y desmontarlo. Un tema, como tantos, que deja al descubierto cuál es en realidad nuestra imagen tanto de Dios como del hombre. Del sufrimiento puede afirmarse tanto que madura como que malea, que enseña y que aísla, que enriquece y que aniquila. Para nada es señal de la predilección de Dios.  Destruye nuestra condición y dignidad, las coloca al borde de su desaparición, y no puede ser ni querido ni tolerado. Es mal, es negatividad, es daño. Nunca será válido como ofrenda a Dios (no le agrada nada lo que sea malo). Está ahí y nadie, en un momento u otro, se le escapa. En algún momento siempre y a todos nos alcanza. Según Hebreos (5, 8), Cristo, por el sufrimiento, aprendió “la obediencia”, el sometimiento a Dios. No hemos de aceptar el sufrimiento como un “a priori” (anterior al suceso de dolor) ineluctable. Sólo “a posteriori” (tras su aparición) y a través de la obediencia, de la sumisión amorosa. Es salvador el sufrimiento de Cristo Jesús como algo que le advino y no buscó, y que convirtió en expresión amorosa de su solidaridad con el Padre y con “nosotros, los hombres”. El amor desmedido, total, que no retrocede ante el sufrimiento, ese sí salva. Todo lo de la “expiación”, será tradicional, pero altamente peligroso. Parte más o menos explícitamente de una visión de las personas que incluye algo oscuro que necesita ser reparado, de que el dolor es mejor ante Dios que el placer, de que el dolor siempre es bueno al hombre y su madurez. Que la justicia consiste en reparar y equilibrar, con Dios como punto cero de ese equilibrio, hito de perfección. No puede mantenerse esta interpretación, y más como única, cuando daña tan gravemente la imagen misma de Dios. No se compagina con la afirmación del evangelio de hoy: “yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. Y todo sufrimiento, ¿no contiene resonancias de algún tipo de violencia?

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TERCER DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A. 8 de mayo de 2011

Lecturas:
Hch 2, 14. 22-33  
Sal 15, 1-2 y 5. 7-11  
1P 1, 17-21  
Lc 24, 13-35

PRIMERAS REFLEXIONES

            Habremos de repetírnoslo muchas veces: que se note este tiempo pascual y su importancia. Que no decaiga la luminosidad, la altura de miras y la alegría. ¿El optimismo, incluso?Un esquema básico de las lecturas de hoy es idéntico al de nuestro ser cristiano: un pasado que, leído de una determinada manera, aporta suficiente luz al presente como para descubrir señales inesperadas, extrañas a lo inmediato, de Alguien mayor y garante de la vida. Un pasado, unos hechos recogidos de la larga y compleja historia de los humanos. Pasado que no es antiquísimo, puede ser reciente. La historia es leída, o interpretada, por muchos y de muy diversas maneras. Nosotros la leemos partiendo de unos modelos de lectura del pasado, recogidos por escrito, tradicionales entre nosotros, y que aplicamos a sucesos nuevos, no contenidos directamente en las historias. Sólo leyendo las cosas con esos escritos de referencia -Escrituras los llamamos- adquieren una luz permanente y válida que nos mejora y nos centra la vida. Con la interpretación que los escritos hacen de la vida, la descubrimos hondamente rica y valiosa y apetecible. Descubrimos en ella unos hitos, unas cumbres de referencia, que lo cambian todo sin cambiar nada; que lo vivifican todo sin librarnos de la muerte; que siembran esperanza sin evitarnos el desánimo o la incertidumbre. Los hitos se concentran en uno, Jesús de Nazaret. No lo hemos visto y lo amamos; sin verlo creemos en él (1P 1, 8) y nos encontramos más, mucho más, vivos y generosos, aceptados básicamente, acompañados y liberados de la servidumbre del dolor y la muerte. Con estas palabras torpes, se trata de decir lo mismo que la 1ª y 3ª lecturas de hoy (algo menos la 2ª). Unos hechos pasados, una lectura de salmos y profetas que los descubren y aclaran en profundidad, y unas gentes nuevas y renacidas al calor de esos hechos, contentos de su categoría, y atentos a las necesidades de los demás para los que reparten el pan. Unas gentes que, por cierto, gustan también de contar lo que a ellos les ha acontecido. Gente conversadora, serena, y volcada en los demás. Cristianos, en una palabra.

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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA. Ciclo A. 1 de mayo de 2011

Lecturas:
Hch 2, 42-47  
Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24  
1Pe 1, 3-9  
Jn 20, 19-31

PRIMERAS REFLEXIONES

                En la liturgia mantendremos la expresión “en este día” (prefacio, plegaria eucarística, bendición) como expresión de que entre lo celebrado el domingo de Pascua y hoy no hay separación alguna. Pero quizá en nuestro estilo de vida, esa continuidad es muy difícil de mantener más allá de las expresiones. Para la celebración sigue siendo el ideal que hoy y el domingo anterior sean la misma y gran fiesta de la Pascua.Antes, este domingo llevaba la identificación de “in albis”: hasta hoy se mantenían las vestiduras blancas de los bautizados. También se le designaba como domingo de la octava de pascua. Hoy ha pasado a denominarse “de la divina misericordia”, de forma bastante discutible; al menos a mí, no me resulta adecuada. No me parece término que suscite la idea de pascua. Ya sé que todo sirve para todo, si nos situamos en visiones amplias y lejanas, pero en esta misericordia parece resonar nuestra pequeñez, indigencia o maldad, cosas no muy pascuales para nadie. La referencia al perdón de los pecados, inseparable del anuncio pascual, es más de salvación plena que de perdón parcial. Hoy mismo la segunda lectura habla de la misericordia de Dios, pero para vincularla a la esperanza y la herencia contenidas en la resurrección. Puede que a muchos todo lo anterior les suene a disquisiciones fútiles. Para mí no, pues esos matices recogen mejor que las grandes palabras de qué llenamos cada uno eso siempre repetido de la resurrección del Señor y su salvación hoy. ¿Qué entiende el pueblo cristiano, si en la pascua, en su día mismo, le hablamos de la “divina misericordia”, con esas palabras y en ese orden estereotipado? Todo parte de una devoción particular del pueblo polaco, impuesta con pretensión de universalidad.

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DOMINGO DE RESURRECCIÓN. Ciclo A. 24 de abril de 2011

Lecturas:
Hch 10, 34. 37-43  
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23  
Col 3, 1-4  
Jn 20, 1-9

PRIMERAS REFLEXIONES

                Tiempo pascual. Van a ser cincuenta días para dejar traslucir y expresar nuestra experiencia pascual. Todo un reto, para quienes parten de un viejo hábito que no terminamos de abandonar: que lo importante es el tiempo de cuaresma, y en pascua, a descansar. Hacemos un esfuerzo todos para vivir la cuaresma y nos centramos en revisiones y conversión. Llega este tiempo y puede suceder que nos pille cansados y lo tomemos como desahogo y descanso del esfuerzo anterior, que no sepamos bien de qué llenarlo, o que acabe por ser la prueba de que nos manejamos mejor con lo negativo que con lo positivo. ¿De qué dotar a este tiempo para que brille, cómo manifestar el gozo de sabernos salvados, cómo dedicar un tiempo simplemente a nosotros, a admirarnos de nuestra vida y alegría, sin recurrir a militancias y compromisos? Como niños gozosos y divertidos (v.1P, 2, 2) encantados de descubrirnos, y felices de ser lo que vamos siendo. Algo que deje entrever la plenitud nunca alcanzada, pero vislumbrada e intuida, cercana por momentos, y asegurada.

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DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. Ciclo A. 17 de abril de 2011

Lecturas:
Is  50, 4-7  
Sal 21, 8-9. 17-20. 234-24  
Fl 2, 6-11  
Mt 26, 14- 27, 66

PRIMERAS REFLEXIONES

                El centro de la celebración de hoy es la lectura de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, según S. Mateo. La celebración con los ramos es un rito solemne de entrada, partiendo de modelos que se realizaban en los lugares de la historia de Jesús, y buscaban reproducir simbólicamente los sucesos previos a los días de su muerte. Si el centro es la lectura de la pasión, en ella hemos de centrar nuestro interés y nuestros esfuerzos para una correcta celebración. Tan es así que hoy se permite, si parece necesario, prescindir de las dos lecturas y atenerse sólo a la pasión. Todo el conjunto ha de expresar estas actitudes y la mejor expresión de lo leído, la buscada por el mismo Jesús, es partir el pan y repartir la copa. En la celebración del viernes, sólo por motivos de tradición litúrgica, no habrá eucaristía, viéndonos privados de esa expresión única y real de lo acontecido en Jerusalén, en la víspera de la Pascua, en torno al año 30.

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QUINTO DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo A. 10 de abril de 2011

Lecturas:
Ez 37, 12-14  
Sal 129, 1-4. 6. 7-8  
Rm 8, 8-11  
Jn 11, 1-45

PRIMERAS REFLEXIONES

                Las tres lecturas nos centran en la resurrección, nuestro futuro. La Pascua del año 2011 está ya muy próxima. El domingo que viene escucharemos la lectura de la pasión de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, propongo, en estas primeras reflexiones, fijarnos mejor en el papel del evangelio de hoy para el desarrollo tanto de su continuación como de las celebraciones que se aproximan.

                Este evangelio vincula la muerte de Jesús con la vida de Lázaro. Es consecuencia directa de este signo la decisión del sanedrín de llevarlo a la muerte (Jn 11, 53). Como un trueque: la vida de Lázaro por la muerte de Jesús. Es verdad que desde el principio de la actividad pública de Jesús se escuchan voces de muerte (Mc 3, 6), pero la decisión práctica se toma ahora. La cercanía de la fiesta de Pascua se repite en los textos (Jn 11,55; 12, 1) y va a quedar claro definitivamente quiénes y cómo están con Jesús (Jn 11, 9-10; 36-37; 45-46). Sobre todo, en el texto conclusivo de toda la primera parte, con citas de la Escritura, sobre creer en Jesús o rechazarle, Jn 12, 37-50. Es ya la hora (Jn 12, 23). Jesús se retira a la región de los comienzos, Betania y sus alrededores (Jn 1, 28). Celebran en su honor una cena, recogida también por Mt (26, 6-13) y Mc (14, 3-9). Juan es el único en señalar la presencia de Lázaro, el resucitado. Marta sirve, como en Lc 10, 40; María acude con un perfume carísimo. También está presente Judas, el que lo va a entregar, que estropea la fiesta. Todo anuncia un misterio pascual de muerte y vida. El perfume habla de la mortaja y la sepultura para las que resulta imprescindible. Pero, a la vez, expande su aroma por la casa entera. Ya no se nota el mal olor de Lázaro. Este buen olor adelanta la resurrección. Lázaro, que estuvo maniatado y cubierto de un sudario, permanece libre frente a Jesús, que será maniatado también en su detención (Jn 18, 12). Pero Lázaro surgirá de la tumba, a la voz de Jesús, atado de pies y manos y con la cara cubierta. Por contraste, junto a la tumba de Jesús, quedarán recogidos con todo cuidado las vendas y el sudario.

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QUINTO DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo A. 10 de abril de 2011

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo A10 de abril de 2011Ez 37, 12-14   Sal 129, 1-4. 6. 7-8   Rm 8, 8-11   Jn 11, 1-45PRIMERAS REFLEXIONES                Las tres lecturas nos centran en la resurrección, nuestro futuro. La Pascua del año 2011 está ya muy próxima. El domingo que viene escucharemos la lectura de la pasión de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, propongo, en estas primeras reflexiones, fijarnos mejor en el papel del evangelio de hoy para el desarrollo tanto de su continuación como de las celebraciones que se aproximan.                Este evangelio vincula la muerte de Jesús con la vida de Lázaro. Es consecuencia directa de este signo la decisión del sanedrín de llevarlo a la muerte (Jn 11, 53). Como un trueque: la vida de Lázaro por la muerte de Jesús. Es verdad que desde el principio de la actividad pública de Jesús se escuchan voces de muerte (Mc 3, 6), pero la decisión práctica se toma ahora. La cercanía de la fiesta de Pascua se repite en los textos (Jn 11,55; 12, 1) y va a quedar claro definitivamente quiénes y cómo están con Jesús (Jn 11, 9-10; 36-37; 45-46). Sobre todo, en el texto conclusivo de toda la primera parte, con citas de la Escritura, sobre creer en Jesús o rechazarle, Jn 12, 37-50. Es ya la hora (Jn 12, 23). Jesús se retira a la región de los comienzos, Betania y sus alrededores (Jn 1, 28). Celebran en su honor una cena, recogida también por Mt (26, 6-13) y Mc (14, 3-9). Juan es el único en señalar la presencia de Lázaro, el resucitado. Marta sirve, como en Lc 10, 40; María acude con un perfume carísimo. También está presente Judas, el que lo va a entregar, que estropea la fiesta. Todo anuncia un misterio pascual de muerte y vida. El perfume habla de la mortaja y la sepultura para las que resulta imprescindible. Pero, a la vez, expande su aroma por la casa entera. Ya no se nota el mal olor de Lázaro. Este buen olor adelanta la resurrección. Lázaro, que estuvo maniatado y cubierto de un sudario, permanece libre frente a Jesús, que será maniatado también en su detención (Jn 18, 12). Pero Lázaro surgirá de la tumba, a la voz de Jesús, atado de pies y manos y con la cara cubierta. Por contraste, junto a la tumba de Jesús, quedarán recogidos con todo cuidado las vendas y el sudario.
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CUARTO DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo A. 3 de abril de 2011

Lecturas:
Sm 16, 1. 6-7. 10-13  
Sal 22 11-6  
Ef 5, 8-14 
Jn 9, 1-41

PRIMERAS REFLEXIONES

                Segundo evangelio de catequesis fundamental para los catecúmenos: Cristo es la luz. Vale todo lo dicho el domingo anterior sobre el evangelio de Juan, sus diálogos y malentendidos. Quizá podremos recordar para éste el tema de las “controversias”. Tanto los sinópticos como Juan recogen fuertes controversias entre Jesús y la cúpula del poder en Jerusalén y hacia el final de su vida. Se centran en el templo y su papel, en la autoridad de Jesús y, con ella, en sus títulos para ejercerla. En esas controversias será muy difícil precisar cuáles de ellas corresponden a Jesús y su historia, y cuáles a las comunidades judías y judeo- cristianas: serían similares, sólo que más amplias y extensas las segundas.

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TERCER DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo A. 27 de marzo de 2011

Lecturas:
Ex 17, 3-7  
Sal 94, 1-2. 6-9  
Rom 5, 1-2. 5-8  
Jn 4, 5-42

PRIMERAS REFLEXIONES

                Los tres próximos domingos nos colocan ante el cuarto evangelio, el último, el de Juan. Tres textos muy largos, de enorme riqueza y de bastante complejidad. Son textos para dejarnos llevar por las resonancias y ecos que encierran, tejidos de escritura y de experiencia. Caben infinidad de comentarios, estudios y homilías, todos importantes y válidos en su diversidad. El evangelio de Juan, sobre todo en su primera parte (1-12) se muestra reiterativo en los temas, les da vueltas por aclararlos y profundizarlos para su comunidad. El agua, la luz, la vida, la hora. Los tres primeros son los evangelios de los domingos próximos, y nos dejan a las puertas de “la hora”, la del juicio, la de la luz y las tinieblas. Conviene recordar, a propósito de los tres, que una de las técnicas empleadas por este evangelio es el diálogo  (una entrevista actual) y dentro de él, el equívoco. Este segundo, busca facilitar la comprensión por contraste (equívocos sobre el nacer, la sed, la curación, el pan, la resurrección, el suicidio, la verdad). El diálogo da juego para presentar facetas diferentes de un mismo tema, para desarrollarlo más: el de hoy concluirá en la presentación y reconocimiento de un “salvador”. En el diálogo se nos explicará que apaga la sed y el deseo, que reorienta el culto, que sabe tanto de los textos de la Escritura que presentan al salvador como esposo, como de las experiencias de pareja que no aportan salvación. Es más, este salvador puede ser anunciado por otros (una mujer, los vecinos, los discípulos), pero ha de ser encontrado personalmente. Y se le encuentra relacionado con la comida (nuevo equívoco) y, por ella, con Dios mismo y sus planes. Qué queda de histórico en estas escenas montadas artificiosamente (la samaritana, el ciego de nacimiento, Lázaro) no podemos afirmarlo, pues para nada era algo que interesara así al autor del evangelio. Los sinópticos narran parábolas, el cuarto evangelio monta escenas y relatos como si de parábolas se tratara: podemos fijarnos en el final del texto de hoy, y en la cantidad de material que contiene y que, en los sinópticos, figura en otros contextos.

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