Domingo 21 de marzo – V de Cuaresma

Lecturas
Is 43, 16-21  
Sal 125, 1-6  
Fp 3, 8-14  
Jn 8, 1-11
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Jesús de nuevo enfrentado a pecados y leyes. Son otros quienes lo llevan a ese terreno para ponerlo a prueba. Debe de ser un terreno muy propicio para poner a prueba a cualquiera. De hecho, Jesús mismo lo utiliza para comprometer a quienes querían hacerlo con él. Una ley como de justicia para su momento y su cultura, que otro momento y cultura descubre sencillamente inhumana. Estos son los vaivenes de culpas y sanciones que dependen de nuestros juicios. Dejan patentes la fragilidad e inconsistencia de los mismos. Nos suele gustar el papel de justicieros: siempre -más en nuestro estilo de vida- descubrir culpables para todo, y luego el riguroso ‘que se haga justicia’, equivalente a ‘se castigue con dureza máxima’. Tan familiarizados con la falsa secuencia causa-efecto, no toleramos admitir que suceda algo sin culpables. Resulta mucho más tranquilizador que no saber de ellos. Y una vez que los tenemos, sin perder tiempo en buscar la certeza, descargamos en ellos nuestras iras, venganzas y, sobre todo, frustraciones y envidias. Todo depende de cómo entendemos la condición humana y de cómo pretendemos controlar las oscuras relaciones entre el mal y la libertad. Los resultados multiplican la injusticia y ahondan la división permanente entre pretendidos buenos y malos. Merece la pena dedicar más atención a los temas de justicia que nos parecen tan evidentes como los de tiempos de Jesús a ellos, pero que están llenos de carencias y ocultan siempre un no tan disimulado deseo de venganza. Y ¿cuándo los justicieros se revisten de celo cristiano? Leyes, con el marchamo de cristianas o hasta evangélicas, que también el paso del tiempo ha desacreditado, y que tan oscuros momentos han propiciado –y propician- a la historia de la Iglesia. Siempre se ha interpretado con poca literalidad y mucha metáfora la afirmación del evangelio de ese Dios nuestro que “hace salir el sol sobre buenos y malos y envía la lluvia para justos y pecadores” (Mt 5, 45).

                ¿Se corregirá el pecado con un nuevo pecado? ¿Se orienta la libertad con obligaciones extrínsecas, que nadie asimila como propias? ¿De dónde tanto miedo a reconocer como venganza lo que lo es y pretender envolverla en melífluas razones de protección personal, ejemplo público, castigo de Dios? Jesús se fue quedando solo frente a la mujer, entretenido en dibujar o escribir en tierra, mientras los castos varones que sólo abusaban de las suyas, iban desapareciendo de la escena. Sospecho que los varones en grupo se atrevían a cumplir la ley implacables, pero, colocados ante su propia conciencia y responsabilidad, aislados en su decisión personal, no se sentían tan seguros. Toda persona ante sí mismo y su responsabilidad, sin formar parte de grupo alguno, mira y decide de manera diferente. Y se van yendo. Cualquiera podía haberles afeado su falta de piedad o de valor para cumplir la ley. Nuevo pecado.

                Jesús, desentendido de semejante situación, tan legal como absurda, guarda silencio. Me gusta ese silencio de Jesús que se limita a que brote la verdad, cree en ella y la espera. Se entretiene y hace tiempo. Es una manera perfecta de comprender la condición humana y de dar salida a leyes legales e indignas. Un poco más de silencio y un poco menos de bronca sería más evangélico. Dejaría sobreentendido que siempre, en las peores circunstancias, seguimos esperando que las personas, ante sí mismas, dejarán brotar luces de verdad y justicia nuevas. Seguimos esperando algo positivo de los humanos. 

LOS TEXTOS Y LOS CONTEXTOS

                La 1ª lec, texto del 2º Isaías, esperanzador y luminoso para el pueblo de la alianza que Dios mismo ha hecho surgir. No en vano, estos capítulos (40-55) del 2º Isaías en Babilonia, reciben el nombre de “Libro de la consolación”.

                La 2ª lec pertenece a la carta a los de Filipos. Con esta comunidad ha mantenido siempre Pablo una relación cercana y cordial. En el texto de hoy les abre lo más íntimo y precioso de su vida: su cambio, su conversión. Con palabras, expresiones y comparaciones sencillas pretende hacer llegar lo más hondo e indecible que hay en él. Y hasta pretende detallarlo. Su vida anterior de fariseo sincero y ferviente, todo y sólo basura y tiempo perdido. Despojado de todo, su presente de salvado por entero en Cristo Jesús. Su futuro inmediato, correr siempre tras Cristo Jesús por ver de alcanzarlo, y el futuro último, el premio de Dios desde arriba, ya adelantado de Cristo y su fuerza de resurrección.

                El Ev de hoy forma parte del de Juan. Pero todos están de acuerdo en que se trata de un texto más cercano a la tradición de Lucas. Sus temas, su estilo, sus personajes, y la misericordia y compasión de Dios tan decisivas y presentes en su evangelio. Es evangelio de tipo cuaresmal por su insistencia en temas de pecado, conversión y penitencia, en los que llevamos inmersos estos tres últimos domingos de la cuaresma de este año. 

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

                 Ya estamos muy cerca de la fiesta de la Pascua. Ya la luna llena de primavera es inminente. Ya en los árboles y las flores se deja notar esa fuerza anual de renovación que llamamos primavera. El mensaje central de la 1ª lec de hoy encuentra aquí su sitio más indicado: “No recordéis lo de antaño, o penséis en lo antiguo: mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” Que no miremos atrás, que no importa ni si hemos hecho una muy floja cuaresma, sin intento alguno de conversión. Que no añoremos lo antiguo, ni las iglesias llenas ni las comunidades vivas y recién inventadas. Brota lo nuevo, ¿no lo notáis? Muchos responderemos que no, que al menos a simple vista, no, no lo notamos. Por todo esto y así, anhelamos la pascua de este año. Y su Espíritu Santo.

                 Dios, por Isaías, anima a su pueblo, tras muchos años en el destierro, para que no sueñe con el templo y su esplendor, con la tierra y su fertilidad y sus costumbres. Que mire al futuro, que parece se desmorona Babilonia y los persas puede que aporten libertad y novedad por sorpresa. Pablo no tiene la mínima intención de mirar atrás, a su pasado de estricto fariseo cumplidor y fiel. Él ha encontrado a Cristo, ha descubierto en él una energía de resurrección. Con la vida nueva y la libertad nueva, afronta el futuro sólo para ver de alcanzar definitivamente a Cristo y recibir en él la gloria merecida. La mujer del evangelio, mejor que no mire atrás, a su pasado oscuro de adulterio. Ya han mirado atrás los que la condenaban y han tenido que salir corriendo, empezando por los que menos corren pero más pasado tienen, los viejos. Jesús se detiene unos momentos en el presente del suelo y la tierra del templo y, al levantar la vista, encuentra sólo a la mujer sola. “Anda, y en el futuro no peques más.” Sin condena ni ley que la persiga, puede esta mujer mirar y soñar un futuro diferente del de hasta ahora. Andar, desplazarse, a otro futuro, en el que ser dueña de sí misma y de sus posibilidades no sea un imposible cercenado por el entorno social. “Tampoco yo te condeno” y ahí mismo se levanta un adelante prometedor de vida y liberado de la muerte. “Realizo algo nuevo, ¿no lo notáis? Y vaya si lo nota esa mujer sola en la explanada del templo.

                “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo.” Nosotros mismos, los de la cuaresma de este año. No miremos para nada atrás, ni para enjuiciarnos y, menos, culparnos. Ahí delante está la pascua. Ahí delante una oferta de novedad, caminos en el mar, sendas en las aguas impetuosas, agua en el desierto y ríos en el yermo (1ª). Para entrever lo nuevo y sospechar la creación nueva, casi al revés, que nos oferta Dios en el cuerpo destrozado de su Cristo. No son tiempos fáciles para descubrir la novedad. Ni en la Iglesia, ni en la sociedad, ni en la economía, ni en la política. Son más tiempos para el miedo, para el inmovilismo. Para el entretenido discutir del pasado. Crecen y lucen los justicieros de todo signo, los que, con las prisas del miedo y la seguridad, arrollan todo brote que requiere tiempo y tempero. No hay tiempo para escribir o diseñar o dibujar en el suelo. Mejor mirar atrás y disfrutar de las viejas glorias, que no lo fueron tanto y están manipuladas, pero siempre son lucidas, porque el pasado las convierte en nobles. Mirando atrás, no hay manera de descubrir el futuro ni sus signos ni sus voces y promesas. Sólo el pasado.

                 Un pasado muy pasado recoge una voz de Dios que pregunta dónde está tu hermano (Gn 4). Hoy la voz del mismo Dios pregunta también dónde están tus acusadores (Ev). A la primera pregunta respondió un hombre que huía por asesinato y recogió la inesperada promesa de la protección de Dios. A la pregunta de hoy, huyen los acusadores, y la mujer escucha de labios de Jesús la absolución completa de Dios y la oferta de un futuro diferente y mejor. En medio, siglos y siglos de búsquedas y promesas, encuentros y desencuentros de Dios y los hombres. Pero, por este Jesús que absuelve a la mujer,  sabemos que Dios no está ni ha estado nunca para condenar, sino para salvar y por medio de Jesús, el Hijo (Jn 3, 17). Nada de mirar al pasado y recordar lo antiguo: tatos miedos eran falsos. Dios, el único capaz de novedad y futuro en el universo, se presenta para revivificar y salvar. Asegura que su única gloria es que los humanos vivan (S. Ireneo). Lo demostrará en la santa resurrección del ajusticiado Jesús de Nazaret, en la Pascua. Desde allí nos llega su imponente voz, “mirad que realizo algo nuevo”. Y un reto: “ya está brotando ¿no lo notáis?” Una mujer parte llena de felicidad y esperanza.

                 J. Javier Lizaur