Lecturas
2Cro 36, 14-16. 19-23
Sal 136 1-6
Ef 2, 4-10
Jn 3, 14-21
IDEAS SUELTAS
Cuando hablamos de los problemas de los textos de la Escritura, parece que siempre se tratara de textos concretos especialmente señalados por su crueldad, su patriarcalismo y machismo, por su violencia, por algunas de sus presentaciones de Dios. Es más grave cuando se trata de hilos de conexión que la afectan por entero y que resulta difícil deshacer sin estropear el tejido entero. Muchísimos textos vienen afectados de una visión de la historia que resulta arriesgado mantener hoy por entero. Las desgracias en la historia son castigos de Dios y los éxitos, su perdón y premio consiguiente. Unidos de manera inseparable, los textos de los profetas que los anuncian o interpretan quedan afectados del mismo mal. Hoy damos por descontado que no vale el esquema simple de castigar a los malos y premiar a los buenos. La Escritura misma recoge ya la extrañeza y el escándalo de que los malos triunfen y tengan éxito y los buenos fracasen y sufran (Jer, Job, Qo, Hab, 2º Is, Sal). Esa discontinuidad en lo personal entre el bien y el éxito o el mal y el fracaso, habremos de aplicarla también a los colectivos y los pueblos, sin exceptuar a Israel. No se puede leer la historia como una sucesión de premios y castigos de Dios por comportamientos igualmente históricos. En personas hemos renunciado a ello, pero no sé si tan claramente en pueblos o comunidades. Y ésto no quiere decir que la acumulación de errores y pecados no traiga consecuencias a los pueblos.