Domingo 1 de febrero – IV del ordinario

Lecturas
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Dt 18, 15-20  
Sal 94, 1-2; 6-9  
1Cor 7, 32-35  
Mc 1, 21-28
 

EN TORNO A LAS LECTURAS

                Me gustaría, en estos comentarios de principio, como desbrozar el terreno y abrir campo a muchos otros temas que no tienen sitio claro en las homilías. Lo digo sobre todo por los que se me ocurre comentar hoy.

                El libro del Deuteronomio (segunda ley) es para mí un precioso ejemplo de lo que llamaríamos hoy “personalización” de la fe. Un paso imprescindible en toda maduración religiosa: todo lo que me han dicho lo hago mío y lo sé expresar con mis palabras y experiencias. El texto del libro se construye desde dos experiencias tan personales y elementales como el recuerdo y el cariño. Todo lo que me ha dicho el libro del Éxodo lo sé decir y vivir en primera persona como algo mío: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mí” (Ex 20, 2-3) “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” (Dt 6, 4 ss)  Soy interlocutor directo del Señor. Los mandatos del Señor no me llegan desde fuera, sino que brotan de mi propio corazón. No necesito ya que me los enseñen, los reconozco dentro de mí. Jeremías, cercano a esta corriente, lo expresaba así en 31, 34. Tengo impresión de que muchos no han llegado al Deuteronomio.

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ORAR CON EL EVANGELIO. (Mc. 1, 21-28)

DOMINGO IV  T. O. – B –  (FEBRERO  1 DE 2009) 

Para comenzar mi oración con tu Palabra, me dirijo a Ti, DIOS DEL SILENCIO.*    
*       
No anuncias la hora de tu llegada, ni pregonas tu presencia  con  trompetas, campanas o cañones.Ya no nos convocan, como antaño con signos y prodigios, a ver tu gloria.  No quieres espectáculos. Te pierdes por calles secundarias, plazas públicas y  mercados de barrio  donde no hay pedestales ni estatuas.
·         Tú no eres un  dios de aplausos, gritos y vítores. Eres el Dios de la brisa y el silencio. Tú llegas al corazón y susurras Palabras de vida.  Y, en las encrucijadas, miras y miras. Y té quedas si te aceptamos; y te vas si te rechazamos… Eres la salvación, pero sólo te ofreces a los que saben de "silencios" y de "encuentros" en encrucijadas.
·         DIOS SILENCIO… DIOS ENCUENTRO. A Ti mi Dios te oro.

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Domingo 25 de enero – III del ordinario. Conversión de S. Pablo

Lecturas
Jon 3, 1-5. 10  
Sal 24, 4-9  
1Cor 7, 29-31  
Mc 1, 14-20
 

CUESTIONES SUELTAS 

               Hoy, por celebrarse este año como “paulino”, puede hacerse una de las celebraciones del domingo con todos los elementos correspondientes a esta fiesta. ¿Hasta qué punto y cómo vale para el caso de Pablo la expresión de “convertirse”? Era un fariseo rigurosamente monoteísta, fiel en extremo a la Ley y la alianza Flp 3, 5-6. De su monoteísmo no se convirtió. De su fidelidad a la ley y la alianza, quizá leyendo textos de Rom (7, 12-14) hubiera que matizar la respuesta. Del conjunto de su vida llegó a la conclusión de que todo era basura (Flp 3, 8) frente al descubrimiento de Cristo Jesús como única salvación. Ni nosotros ni nuestras obras según la ley nos salvan. Sólo Cristo que nos alcanza y al que seguimos luego incorporados ya a él (Flp 3, 12-14). ¿Cómo sucedería eso que llamamos conversión? ¿Una “caída” del caballo (?), presente en las 3 narraciones de los Hch  (9, 1-18; 22, 5-16; 26, 10-18) o algún tipo de proceso de iniciación bautismal con ‘iluminación’, ayunos, instrucciones, ‘padrinos’ Ananías, misiones, de todo lo cual quedan vestigios claros en los textos?  ¿Algo más personal e individual, como cuenta en sus cartas, de tipo teofanía o revelación-manifestación-iluminación (Gal 1, 12-17; 1Cor 9, 1 y 15, 9; Flp 3, 6-8)? Tampoco Pablo se convirtió y terminado. También sucede en él un proceso interno de maduración y avance espiritual que percibimos en sus cartas. Nunca, nadie, estamos convertidos del todo y aguardamos la identificación plena con Cristo, en su manifestación y la nuestra.

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ORAR CON EL EVANGELIO. (Mc. 1, 14-20)

(Mc. 16, 15-18)   DOMINGO  III. T. O. – B –  (Enero 25 – 2009)


*El Evangelio de hoy (aunque parece contrario a las primeras lecturas) tiene un hilo conductor  un mensaje común.
            
*El Evangelio de nuevo nos habla  de la LLAMADA, de la  VOCACIÓN.
 
 
*En la 1ª, Jonás  3, 1-5,10  y  Hechos 22, 3-16  nos urgen a la llamada a la CONVERSIÓN, al CAMBIO DE VIDA.
Por eso San Marcos   al  comienzo  del  Evangelio nos dice: "Ha llegado el tiempo, el Reino de Dios está cerca": "VOLVEOS A DIOS"Que  es lo mismo que: CONVERTÍOS  Y  CREED  EN  ESTA  BUENA  NOTICIA..           
*Para  ser seguidores de Jesús, esto es lo 1º que hemos de escuchar en nuestro corazón. De ahí, la importancia de la ORACIÓN.
Ha llegado la hora. No hay que esperar más. Dios está muy cercano a nosotr@s. Quiere reinar  en nuestra vida y hacer un mundo diferente, más humano y más justo para tod@s.. Es necesario un CAMBIO de manera de pensar y de actuar. Y así, oramos. 

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Domingo 18 de enero – II del ordinario

Lecturas
1Sam 3-10. 19  
Sal 39, 2-4. 7-9  
1Cor 6, 13-15. 17-20  
Jn 1, 35-42
 

A PROPÓSITO DEL TIEMPO Y LAS LECTURAS

Comenzamos el tiempo “ordinario”. Bien difícil de sacar adelante. Tanto que buscamos siempre alguna forma de transformarlo en extraordinario. Lo ordinario de la vida suele aburrir y desgastar, son pocos los que saben encontrar su encanto a lo ordinario. La repetición de lo acostumbrado apaga el color y el calor de la vida diaria. Lo ordinario sin alteraciones y sobresaltos viene muy bien, nos ayuda a vivir sin necesidad de inventarlo todo al momento. Podemos como descansar y relajarnos en las cosas acostumbradas, tener hábitos tan hechos que confiemos la mente a otras preocupaciones. Por algo bueno habrán llegado a serlo, y cedemos a las cosas pequeñas, nos confiamos a su bondad natural. Hoy, preferimos las cosas sobredimensionadas, lo sencillo y sin grandes adjetivos termina por resultar inexpresivo. Celebrar la resurrección del Señor domingo tras domingo, ¿no es acaso una garantía de poder gozar de un encuentro periódico con el Señor? Tiene un peligro evidente de rutina, pero necesitamos este recordatorio semanal de que la batalla está ganada y de que Dios nos ha sacado adelante en su Cristo. La rutina con sus peligros también amenaza el amor y sus ritos; de ahí la necesidad de encontrar el encanto de la normalidad sin ceder al aburrimiento. Igual en la experiencia religiosa de cada domingo.

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ORAR CON EL EVANGELIO (Jn. 1, 35-42)

SEGUNDO  DOMINGO  TIEMPO ORDINARIO – B – 

*El Evangelio de Hoy podríamos resumirlo para nuestra oración, en tres palabras:  "LLAMADA", "ENCUENTRO"  Y  "SEGUIMIENTO".

   ·         ¿"QUÉ ESTÁIS  BUSCANDO"? . Así dice Jesús a dos que le siguen.·         Han descubierto algo en Él y le van siguiendo… ¿Dónde irá?. ¿Qué hará?., ¿Con quién estará?… podrían ser sus preguntas …Intrigados.

La pregunta que les hace, es importante.  Nos creemos seguidores de Jesús, pero ¿Qué buscamos?. ¿Por qué le seguimos?. ¿Qué queremos encontrar en Jesús?.. Ellos desconcertados ante la pregunta no se les ocurre otra cosa que: ¿Dónde vives?, ¿A qué te dedicas,? Jesús  les contesta: "VENID  Y LO VERÉIS ". Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él. Sí, seguir a Jesús es aprender a vivir como Él, defender la causa que  Él defendía, mirar la vida como la miraba Él, acercarnos a los últimos como se acercaba Él, orar con confianza al Padre como Él, contagiar esperanza como la contagiaba Él.

   Por eso hacemos brotar nuestra  oración.

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El bautismo del Señor. Domingo 11 de enero de 2009

Is 55, 1-11  
Sal: Is 12, 2-3. 4b-6  
1Jn 5, 1-9  
Mc 1, 7-11
  

COSAS SUELTAS EN TORNO AL BAUTISMO

El bautismo cristiano no es el bautismo de Juan en el desierto. En el libro de los Hch aparecen en Éfeso unos bautizados que no saben nada del Espíritu Santo ni lo han recibido. Son seguidores del Bautista (Hch 19, 2-4). Nuestros bautismos durante siglos han insistido mucho en la limpieza del pecado y poquísimo en el hecho de recibir el Espíritu Santo. Siguen muy de cerca el bautismo de Juan y no se atreven a acercarse al misterio cristiano. La ausencia de este Espíritu creador ha sido escandalosa en la teología occidental y, sin él, los sacramentos se convierten en milagrería inexplicable. Primero que nada, volvamos al Espíritu.

Parece que desde muy pronto se admitió a infantes al bautismo. Se partía de otra visión de la familia y de los derechos de sus miembros, que incluían de la manera más natural el derecho de los padres a incorporarlos a una determinada religión. Así era, en ocasiones, por familias. La práctica habitual exigía una larga preparación para los adultos. Los tiempos más boyantes de la catequesis de adultos (catecúmenos, mejor) fueron los siglos IV y V, como se descubre por textos numerosos de los santos padres. Se ha exigido mucho más a los cristianos de países de misión que a los de países oficialmente cristianizados. Uno de los libros mejor construidos de la reforma litúrgica conciliar es el llamado “Ritual de la iniciación cristiana de adultos” (RICA). Está lleno de ritos litúrgicos y de catequesis y oraciones muy aprovechables hoy para cualquier preparación bautismal.

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ORAR CON EL EVANGELIO – BAUTISMO DE JESÚS

La fiesta del bautismo de Jesús, después de los treinta años largos de vida oculta, es una nueva manifestación de Dios. Ahora, no en una cuna o en una casa, ni en el tem­plo, sino en el río. Se manifestó en Belén, vestido de carne, y nos alegramos con el Dios hecho niño, con la ternura de Dios. Se mani­festó a los magos, luz de las gentes, y nos abrimos a la fe y a la esperanza, estrella que alegra la noche. Se manifestó en el templo, llevado por sus padres, pero sólo unos ancia­nos vieron, y ya querían morir, ya no querían ver más co­sas. Ahora se manifiesta en el río Jordán como Siervo de Dios y de los hombres, Hijo predilecto y rebosante de Espíritu, pero entre pecadores, vestido con carne de peca­do, compromiso y entrega.  Si en la navidad se manifestó la bondad y la ternura de Dios, si en epifanía se manifestó el amor abierto y univer­sal de Dios, aquí se manifiesta el amor  cercano y solida­rio de Dios. Quiere decir que Dios ha asumido la condi­ción humana desde lo más dentro y más verdadero; que ha asumido todo lo humano, con sus miserias y sus grande­zas; que se ha metido dentro de nuestra piel, con todas sus consecuencias.
Palabra de Dios (Mc. 1, 7 – 11)

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Primeras impresiones – CARTA DE DIOS A NOSOTR@S

Primeras impresiones
Carta de Dios a  nosotr@s

Querida  zuriñe. Y querid@s tod@s

Soy Dios. He recibido tu carta con ocasión de mi llegada a la tierra. Yo también te quiero comunicar mis primeras impresiones de recién llegado. Ya me había dicho mi Pa­dre la “locura de amor” que este viaje suponía. Y, querido hombre y mujer, te voy a decir una cosas; estar entre vosotros sólo es posible si se os quiere. Estoy con vosotros porque os quiero. Así de sencillo. Mi primer actuación ha sido, como me decías, salir a los lugares donde está la gente. Mira, ni se han enterado que andaba yo por allí. Las personas no me reconocen. Me confunden. Soy Dios con ellos y ni se enteran. Claro, por ahora no me doy a conocer. Esto de que sea Dios y hom­bre a la vez a algunos les va a parecer un poco extraño. Pues soy así.  Como os decía, os voy a contar mis primeras impresiones.

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ORAR CON EL EVANGELIO – (Mt. 2, 1-12)

 

ORAR CON EL EVANGELIO –  (Mt.2, 1-12)Dios se manifiesta . EPIFANÍA                                   Epifanía significa manifestación. Jesús es la Epifanía de Dios, quien se manifiesta en la forma más indiscutible de humanidad, que es la de un niño. Pero hay una caracterís­tica importante de la epifanía de Dios en Jesús: es la de su universalidad. El relato de los Magos de Oriente manifies­ta claramente que para el amor de Dios no hay fronteras. “Dios ama a todos los hombres, quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. ¡Con cuánta frecuencia descalificamos a quienes profesan otras religiones, les consideramos inferiores, les hemos querido imponer “nuestra “ verdad, nuestra propia imagen de Dios…! La historia de los Magos nos habla de personas que buscan a Dios con sinceridad. Por eso lo encuentran. Sin embargo quienes creían estar más cerca de Dios, los conocedores de la Ley y los Profetas, no son capaces de descubrir al Mesías, al Dios hecho hombre. Abramos hoy nuestros horizontes, nuestra mente y nuestro corazón y descubramos la grandeza de Dios que se mani­fiesta a todos los hombres, sin hacer diferencia de raza, lengua o religión.

 

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