Lecturas
.Dt 18, 15-20
Sal 94, 1-2; 6-9
1Cor 7, 32-35
Mc 1, 21-28
EN TORNO A LAS LECTURAS
Me gustaría, en estos comentarios de principio, como desbrozar el terreno y abrir campo a muchos otros temas que no tienen sitio claro en las homilías. Lo digo sobre todo por los que se me ocurre comentar hoy.
El libro del Deuteronomio (segunda ley) es para mí un precioso ejemplo de lo que llamaríamos hoy “personalización” de la fe. Un paso imprescindible en toda maduración religiosa: todo lo que me han dicho lo hago mío y lo sé expresar con mis palabras y experiencias. El texto del libro se construye desde dos experiencias tan personales y elementales como el recuerdo y el cariño. Todo lo que me ha dicho el libro del Éxodo lo sé decir y vivir en primera persona como algo mío: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mí” (Ex 20, 2-3) “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” (Dt 6, 4 ss) Soy interlocutor directo del Señor. Los mandatos del Señor no me llegan desde fuera, sino que brotan de mi propio corazón. No necesito ya que me los enseñen, los reconozco dentro de mí. Jeremías, cercano a esta corriente, lo expresaba así en 31, 34. Tengo impresión de que muchos no han llegado al Deuteronomio.