O R A C I Ó N
· Es VIERNES SANTO
cuando te alzas en la cruz astillada en tus dos tramos.
Necesitamos otear una silueta que nos hable de la esperanza,
Un madero que, al romperse, llenede leña nuestro hogar de fe.
Una cruz, que plantada en lo alto, SEA SALVACIÓN
· ES VIERNES SANTO.
Déjame, Señor, estar al lado de la Madre y, así
de esa manera, cuando se desplome tu cuerpo,
Pueda con mis brazos decirte y expresarte
lo mucho que yo te quería.
Permíteme permanecer con Juan al pié de la cruz y,
al igual que tu confidente amigo, poder escuchar
tus últimas palabras de misericordia, de vértigo y de paz.
* Déjame, Jesús, ser centurión en la hora nona
y que pueda exclamar antes de que tu mueras,
antes de que sea demasiado tarde:
¡JESÚS; ERES EL HIJO DE DIOS!
y poder clamar a los cuatro vientos:
¡ ESE QUE ESTÁ EN LA CRUZ, ES SALVACIÓN!
* Conviérteme, Jesús. por un momento en un
carpintero y pueda, de esa manera, subir
hasta ese madero que te sostiene
y con mis débiles fuerzas desclavarte,
clavo a clavo, con suavidad, en el día a día,
y ser testigo de tu Reino.
· ES VIERNES SANTO, SEÑOR.
¡De que modo tan impresionante nos lo haces vivir!
El amor de Dios, para que no exista duda, es clavado.
El amor de Dios, para que cunda el ejemplo, es desangrado.
El amor de Dios, pobre y humilde, es desnudado.
El amor de Dios, para que sea universal, es puesto en lo alto de un monte.
* ES VIERNES SANTO, SEÑOR.
como María, permanezco en silencio… sin tanta fe,
pero con recogimiento.
como Juan, aquí estoy, Señor: dame a tu MADRE
para nunca perderla.
* Como el Centurión hago profesión de fe:
“Creo en Ti, Señor y espero en Ti.”
No te quedes, Señor indefinidamente en el madero.
Observa la humanidad; sus sombras y sus luces.
su grandeza y sus cruces.
y, después de mirarnos, no lo dudes Señor:
baja hasta el sepulcro prestado y, al tercer día,
resucita para que resucitemos,
vive para que vivamos.
Levántate para que nosotr@s nos levantemos.
Sólo Tú, Señor, tienes Palabras de vida eterna.
Sólo Tú, Señor, cumples lo que prometes.
Sólo tu cruz, Señor, hace que acallen los ruidos y,
hoy, reine el silencio. AMÉN
Z U R I Ñ E