ORAR CON EL EVANGELIO (lC. 1, 26-38)

       Nuestra Señora de la Anunciación (Marzo 25)

Virgen de los oídos abiertos, Mujer deseosa de hacer siempre lo que Dios te pide. 

Estás dispuesta a ser madre si ésta es la clara voluntad de tu Padre Dios. ¡A ti ninguna otra razón te motiva! ¡Nada más te interesa! Tú, María, no quieres discutirle a Dios.

No quieres argumentar buscando comodidades. Lo único que pides, eso sí, es comprender: “¿Cómo podrá suceder esto, si no convivo con ningún varón? “ Y Gabriel te da la más clara explicación: “Para los hombres es un imposible, pero para Dios, en realidad, todo es posible”. “Hágase en mí según tu palabra”, respondiste.
 

Dios sabrá “cómo podrá suceder esto”. Él tendrá planes sabios y sabrá conducir nuestra historia. Porque, si de la roca dura él hizo brotar el agua fresca, si envió codornices a unos hombres hambrientos, si alimentó a su pueblo con el maná del cielo, si una columna los alumbró de noche y los cubrió de día, si a Abraham anciano le dio un hijo de Sara estéril, también así, Madre, en tu seno virgen Él puede hacer que surja la vida del Mesías. 

Y tú le entregaste tu corazón, María. Te abandonaste en Dios. Confiaste totalmente en él. A él le das tus sueños, tus proyectos, tus hermosos planes, tu misma vida si es preciso. “Y el Verbo de Dios se hizo carne y para siempre habitó entre nosotros”. Y este Hermano nuestro, tu Hijo, nos acompaña hoy hasta el final del tiempo. amen                                   Z U R I Ñ E