Lecturas
Sb 7, 7-11
Sal 89, 12-17
Hb 4, 12-13
Mc 10, 17-30
PRIMERAS REFLEXIONES
En las lecturas, el tema de la riqueza. Un bocado fácil de tratar o predicar y endiablado a la hora de digerir. En el evangelio, el tema no son las riquezas, sino el seguimiento de Jesús. De esto último se trata y, en él, de las exigencias respecto a los bienes. Con un desarrollo posterior sobre la vida en las comunidades.
Comentar cualquier cosa respecto a las riquezas, creo que nos exige hoy huir de todo simplismo. No valen las pelis en blanco y negro, ni las éticas de buenos y malos (aquí, pobres y ricos). Lo sabemos todos bien, pero en asuntos de riqueza y pobreza nos manejamos con facilidad en esquemas simples y casi siempre anticuados. Pasaron los soñados 60 y 70 y nuestro discurso sigue impertérrito, cargado de voluntarismo y comprobada ineficacia. Los pobres y empobrecidos siguen en aumento, los hambrientos pasan de los mil millones, las ayudas internacionales –siempre fáciles a la crítica- son primeras en apuntarse a la crisis y dejan de fluir, vuelven los tiempos de paro descomunal y, con su miedo, el recorte general de derechos en el trabajo y la precariedad en el mismo. Y no parece que nadie se levante en armas o en bocas y quienes lo hacen, cubiertos de símbolos religiosos. ¿Dónde estamos?