DOMINGO XXVII DEL ORDINARIO. Ciclo C. 3 de octubre de 2010

Lecturas
Ha 1, 2-3; 2, 2-4  
Sal 94, 1-2; 6-9  
2Tim 1, 6-8. 13-14  
Lc 17, 5-10
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                De nuevo la fe centra las lecturas de hoy. Ya alguna vez recordamos aquí qué es la fe según Hb 11, 1. He encontrado una traducción más libre y muy sugerente de ese primer verso: “La fe es una manera de poseer ya lo que se espera, un medio de conocer realidades que no se ven.” 

               A muchos desagrada la palabra ‘siervo’ para expresarse ante Dios. Siervo está en el origen de ‘servil’, todavía más hiriente que la primera. Sin embargo, ante Dios y presente la absoluta desproporción, no me parece mal expresarme y sentirme ‘siervo’. Aún puede quedar escasa la palabra. Esa desproporción y desmesura entre él y yo ha sido salvada en su amor que me alza de siervo a amigo (Jn 15, 15) y  se coloca él, Dios mismo, como ‘el que sirve’ (Lc 22, 27). Dios termina en servidor universal y a mí no me estorba llamarme siervo, aun sintiéndome arrastrado a él en la misma corriente de amor. Soy siervo, y de mi inutilidad, para qué hablar. En los primeros anuncios de la resurrección era título frecuente para Jesús el de “su siervo” (Hch 3, 13), independiente, aunque con resonancias de “siervo de Yhwh”. Siervo e inútil, dos buenas apelaciones que no me estorban, aunque comprendo bien que a otros sí. De nuevo podemos detenernos a pensar en esa carga subjetiva de las palabras, carga que nace de experiencias. “Somos unos pobres siervos” concluye el evangelio de hoy.

Leer más

DOMINGO XXVI DEL ORDINARIO. Ciclo C. 26 de septiembre de 2010

Lecturas:
Am 6, 1a. 4-7  
Sal 145, 7-10  
1Tim 6, 11-16  
Lc 16, 19-31
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Una defensa con mucha inseguridad. Un recuerdo muy distorsionado. Con frecuencia e insistencia hemos recordado las tesis de que el calvinismo y su forma de mirar el éxito personal como signo de la bendición de Dios promocionaron el triunfo del capitalismo. De ahí no debiera haberse deducido otra cosa que la negación de una línea directa entre las situaciones personales (o grupales) y la benevolencia o lejanía de Dios. Un residuo indeleble de lo anterior tiende a presentar la pobreza como ese signo tan esperado de que Dios está con nosotros. No se formula así, pero casi supone que toda riqueza personal y familiar sea poco menos que signo de alianza con el diablo. Coincidíamos todos en una especie de suspicacia, anterior a todo juicio, hacia la riqueza, el empresariado, el accionista, el financiero y la gente de negocios en general.

Leer más

DOMINGO XXV DEL ORDINARIO. Ciclo C. 19 de septiembre de 2010

Lecturas:
Am 8, 4-7  
Sal 112, 1-2. 4-8  
1Tim 2, 1-8  
Lc 16, 1-13
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Nos enfrentamos hoy a una de esas parábolas incómodas, de no muy clara explicación y más difícil concreción. Con frecuencia pensamos que todo lo recogido en el evangelio como procedente de Jesús es claro y sencillo. No es cierto. Sobre todo en las parábolas, por su género mismo, queda un amplio espacio para diferentes interpretaciones de los textos, para la libertad finalmente. En casos, la interpretación proviene de la tradición primera, como cuando Jesús mismo da la interpretación “en casa”. En otros, como en el de hoy, se agregan aclaraciones varias sobre un mismo tema, el dinero, pero la interpretación de la parábola sigue abierta. Puede que el tema tampoco sea directamente el dinero y éste sea sólo el material empleado para lo verdaderamente importante. Con todo, la presencia de “dinero” se impone en el conjunto.

Leer más

DOMINGO XXIV DEL ORDINARIO. Ciclo C. 12 de septiembre de 2010

Lecturas:
Ex 32, 7-11. 13-14  
Sal 50, 3-4. 12-13. 17 y 19  
1Tim 1, 12-17   Lc 15, 1-32
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Las tres lecturas de hoy van de pecadores, en sus múltiples variedades. Mejor, las tres van de Dios en su única variedad, la de las promesas. La primera lectura recurre a la contraposición entre Dios y los ídolos: abandonan a Dios y se construyen un becerro de metal. Sigue siendo válida y gráfica esa imagen para nosotros. Dios y los ídolos, frente a frente. “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno.” (Dt 6, 4) El resto, son ídolos, obra nuestra. Puede que la pregunta última verse sobre la posibilidad o no, entre los humanos, de mantener cualquier forma de Dios sin convertirla en ídolo. Si Dios, pasado por nuestra inteligencia y nuestro deseo, no sale ya siempre convertido en ídolo.

Leer más

DOMINGO XXIII DEL ORDINARIO. Ciclo C. 5 de septiembre de 2010

Lecturas:
Sb 9, 13-18  
Sal 89, 3-6. 12-14. 17  
Fil 9-10. 12-17  
Lc 14, 25-33
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Las lecturas de hoy remueven un par de ideas, que siempre estarán de actualidad. Una se refiere a la reflexión, y por tanto madurez, necesaria para optar por el evangelio, y la otra a la formación precisa para hacerlo. Una cosa es decidir razonablemente, y otra, saber con alguna claridad de qué se trata.

                 Cuando se vuelve al tema de las edades más adecuadas para la iniciación y progreso en los misterios cristianos (léase bautismos, confirmaciones y comuniones), las palabras de hoy en el evangelio quedan fuera de lugar, mejor dicho, ‘dejan’ fuera de lugar esas cuestiones. Posiblemente, muy pronto en el cristianismo se bautizaron niños, al incorporarse a la comunidad todo el grupo familiar. Pero a la largo de la historia de la Iglesia ha sido siempre cuestión debatida. Una línea subrayaría más bien lo sociológico de esa decisión, y otra, lo personal y libre de la misma. Tampoco perdamos de vista que la iniciación en lo cristiano incluía la catequesis y los ahora clasificados como sacramentos independientes, los tres citados, que se dispensaban unidos (como aun ahora en las iglesias orientales a los infantes). ¿Cuánta libertad personal y cuánto apoyo del entorno se precisa para la adhesión a Cristo Jesús? Ese entorno, ¿puede sustituir a la decisión individual? En qué circunstancias, de qué manera, y por cuánto tiempo. Hoy, con una conciencia tan clara y exigente de la libertad personal, del valor del individuo, no puede extrañarnos -creo que lo debemos prever- que se busque un debate más claro, y se cuestione el tema, sobre todo para el bautismo (aunque fuera preferible asumir entero, y como único, todo el bloque de la iniciación). El argumento de la educación y el entorno familiar es en este momento claramente insuficiente. Puede que lo fuera en otras circunstancias, pero hoy está claro que no, y el más patente argumento es la experiencia que nos rodea. Entre peticiones de “apostasía” oficial (con su mínima organización) y apostasías reales, y abandonos fácticos completos, entre nosotros, creo que la cuestión habría de ser retomada, aun sabiendo los riesgos y el miedo legítimo que nos provoca.

Leer más

DOMINGO XXII DEL ORDINARIO. Ciclo C. 29 de agosto de 2010

Lecturas
Si 3, 17-18. 20. 28-29  
Sal 67, 4-7. 10-11  
Hb 12, 18-19. 22-24a  
Lc 14, 1. 7-14
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                ¿Y la mediocridad? Confieso que las lecturas primera y tercera de hoy me desazonan. Suenan a cálculos interesados y taimados para que nos aprecien más, nos valoren más y, por tanto, nos lo agradezcan de alguna manera. Todo, prudencia y sensatez, sin riesgos. Más, con riesgos bien calculados para neutralizarlos. Hasta la generosidad queda por detrás de la humildad calculada. Por lo visto, o dicho, es importante quedar bien ante los demás. Hasta el proverbio último, más radical, de “quien se enaltece será humillado y quien se humilla, enaltecido” guarda resabios de cálculo. Todos esos consejos radicales (como latiguillos o modismos frecuentes en el evangelio) mantienen la quintaesencia de la paradoja del mismo. Pero, en el de hoy, el entorno resulta encubridor de esa paradoja. Tras ese consejo, todo cambia y retorna el aroma novedoso y fresco del evangelio.

Leer más

DOMINGO XXI DEL ORDINARIO. Ciclo C. 22 de agosto de 2010

Lecturas
Is 66, 18-21  
Sal 116, 1-2  
Hb 12, 5-7. 11-13  
Lc 13, 22-30
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Hoy, el esfuerzo. Se trata de un empleo enérgico de las posibilidades físicas o anímicas en orden a algo. Parece que no es actualmente un valor muy en uso. Hasta en el sistema educativo dicen echarse en falta una cierta educación o iniciación en el esfuerzo, un ambiente que lo favorezca. En general, no nos esforzamos y parece imprescindible estar preparados y saber esforzarse en circunstancias determinadas. Ahora bien, ¿tiene mérito el esfuerzo, es bueno el esfuerzo por serlo? Hay personas naturalmente generosas o naturalmente alegres. Personas trabajadoras, creativas, atentas y abiertas a todo. Otros lo consiguen con esfuerzo. ¿Tienen más valor estos segundos, porque se lo han tenido que trabajar? No sólo no está claro, sino que parece claro que es preferible tener las cualidades sin esfuerzo, como algo inseparable de uno mismo y su manera de ser. Empleando un término más de la moral, unos son naturalmente virtuosos y otros han de invertir tiempo y fuerza en conseguirlo. Habrá que favorecer el esfuerzo, pero sin dejar de señalar las virtudes naturales. Dar brillo y lustre a todo lo valioso que surge de nosotros con naturalidad. Es mejor y más valioso lo natural que lo forzado y esforzado.

Leer más

DOMINGO XX. LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. 15 de agosto de 2010

Lecturas:
Ap 11, 19a; 12, 1. 3-6ª  
Sal 44, 10-12. 16  
1Cor 15, 20-27a  
Lc 1, 39-56
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                En esta fiesta, bien pudieran ser en torno al cuerpo. Pesan todavía demasiado entre los cristianos las concepciones platónicas de baratillo sobre la división alma y cuerpo y sobre la primacía absoluta del alma. La concepción de la Escritura sobre el hombre no tiene mucho que ver con esa reducción a dos términos, y más tomados como antitéticos. Unidas al miedo y las suspicacias al placer, el resultado es unilateral y falso. Durante siglos hemos desconfiado del cuerpo y del placer, y hemos preferido siempre el alma y el sufrimiento, como más cercanos y mejores conductores a Dios. Muchas de nuestras afirmaciones en torno a la sexualidad y al simple bien vivir, adolecen de la desconfianza al cuerpo, de mirarlo con prejuicios que se pretendían revelados o casi divinos.

Leer más

DOMINGO XIX DEL ORDINARIO

DOMINGO XIX DEL ORDINARIO8 de agosto de 2010Sb 18, 6-9   Sal 32, 1 y 12. 18-20. 22   Hb 11, 1-2. 8-19   Lc 12, 32-48 PRIMERAS REFLEXIONES                Pueden centrarse en la fe. Nada más básico para cuanto hablamos como creyentes. Con la idea tradicional de fe, como creer lo que no vemos, dejamos de lado algunos aspectos que las lecturas de hoy pueden recordar. Vamos a partir de la conocida formulación de fe en la carta a los Hebreos, al comienzo del capítulo 11 (hoy 2ª lec): “seguridad de lo que se espera, prueba de lo que no se ve”. No sólo es que no lo veamos, es que ya lo esperamos. Es importante lo que se agrega en esta formulación. Como si dijéramos que fe es creer lo que se desea. La pista primera de lo que pueda creerse la marca el deseo, la esperanza, de algo conocido o sospechado y posible. Tendemos, como buenos occidentales, a separar nítidamente las nociones, una cosa es la fe y otra la esperanza. La propuesta de Hb es unirlas, aceptar que entre lo que deseo y lo que creo hay una unidad profunda, núcleo de lo que llamamos fe. Lo que no se ve, se sueña, se crea. Partiendo de cosas que sí se ven o conocen, se posean o no, echamos en falta otras que se sospechan, se desean, se sabe que pueden encontrarse, aunque ahora no. La prueba de lo que no se ve consiste tan sólo en ese hondo y constante desearlas.
Leer más

DOMINGO XIX DEL ORDINARIO. Ciclo C. 8 de agosto de2010

Lecturas:
Sb 18, 6-9  
Sal 32, 1 y 12. 18-20. 22  
Hb 11, 1-2. 8-19  
Lc 12, 32-48
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Pueden centrarse en la fe. Nada más básico para cuanto hablamos como creyentes. Con la idea tradicional de fe, como creer lo que no vemos, dejamos de lado algunos aspectos que las lecturas de hoy pueden recordar. Vamos a partir de la conocida formulación de fe en la carta a los Hebreos, al comienzo del capítulo 11 (hoy 2ª lec): “seguridad de lo que se espera, prueba de lo que no se ve”. No sólo es que no lo veamos, es que ya lo esperamos. Es importante lo que se agrega en esta formulación. Como si dijéramos que fe es creer lo que se desea. La pista primera de lo que pueda creerse la marca el deseo, la esperanza, de algo conocido o sospechado y posible. Tendemos, como buenos occidentales, a separar nítidamente las nociones, una cosa es la fe y otra la esperanza. La propuesta de Hb es unirlas, aceptar que entre lo que deseo y lo que creo hay una unidad profunda, núcleo de lo que llamamos fe. Lo que no se ve, se sueña, se crea. Partiendo de cosas que sí se ven o conocen, se posean o no, echamos en falta otras que se sospechan, se desean, se sabe que pueden encontrarse, aunque ahora no. La prueba de lo que no se ve consiste tan sólo en ese hondo y constante desearlas.

Leer más