DOMINGO XV DEL ORDINARIO. Ciclo C. 11 de julio de 2010

Lecturas:
Dt 30, 10-14  
Sal 18, 8-11  
Col 1, 15-20  
Lc 10, 25-37
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                Hoy, la parábola del “buen samaritano”, conocida por todos. Es importante ese señalamiento de su lugar de origen, por el menosprecio hacia ellos en la cultura judía en que se desenvolvía Jesús. Menosprecio, si no desprecio a secas, por causas antiguas políticas que han terminado en juicios de herejía respecto a la religión de Israel. Su contraposición es mayor, si los otros caminantes representan  lo más auténtico de esa religión: sacerdotes y levitas.

                Pero lo principal puede pasar desapercibido, al darlo todos por evidente: era bueno. Samaritano o sacerdote o levita, si no son buenos, no funciona la parábola. Se necesita alguien bueno. Así de sencillo. Y lo más preocupante, hoy la bondad, necesita aclaraciones. La del poeta “en el buen sentido de la palabra, bueno”. No es sencillo ser bueno sin más. En el poder, la sabiduría, el comercio de influencias no se lleva mucho ser bueno. Ni en las conjuras y grupos eclesiásticos. Entre intelectuales, artistas, dirigentes de grupos varios, famosos, moralizadores, ¿dónde los buenos? Ser bueno, ¿tendrá que ver con los “limpios de corazón” de las bienaventuranzas? ¿O con los sufridos y serenos o los misericordiosos? ¿Sería muy simple reducirlas a dichosos los buenos? Todos los buenos tienen algo de simples, de no retorcidos. También hay simples que no son buenos, como justos, íntegros, astutos, tímidos o adustos que sí lo son. Dónde nace la bondad, cuáles son sus primeros indicios. Porque urge recuperar para todos, y como primera exigencia, la bondad. Con gente buena no sería igual la banca (igual no sería), ni la empresa, ni el sindicato, ni el partido, ni la curia, ni la comunidad. Suena un tanto a ridícula e ingenua la apelación a la bondad. Si agregamos con el evangelio que “hace salir el sol sobre buenos y malos y manda lluvia sobre justos y pecadores” (Mt 5, 45) , entran ya exigencias que resuenan a perdón y generosidad sin medida. Samaritanos de cualquier grupo marginal: habrá que comenzar por ser buenos, algo bastante reñido con el resentimiento y la revancha. ¿Sabríamos hoy predicar el ser buenos? Sin bondad, difícil o hipócrita ser samaritanos de nadie.

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DOMINGO XIV DEL ORDINARIO. Ciclo C. 4 de julio de 2010

Lecturas
Is 66, 10-14  
Sal 66, 1-5. 16 y 20  
Ga 6, 14-18  
Lc 10, 1-12. 17-20
 

IDEAS SUELTAS

                Otra magnífica primera lectura que nos acerca a referencias políticas y profundamente religiosas. “Festejad a Jerusalén y gozad con ella todos los que la amáis”. Tomemos las palabras, y Jerusalén, en su estricta literalidad. ¿Para cuándo la gran fiesta en Jerusalén de todos los que la amamos? ¿Cuándo será posible esa fiesta de judíos diversos, cristianos de todo pelo, musulmanes varios? Será cuando haya llegado como una avalancha un río inmenso de paz a esa ciudad y región. No la festejaron, la destruyeron sucesivamente muchos pueblos antes de Jesús y muchos tras él: romanos, cristianos, musulmanes, franceses e ingleses, judíos y palestinos. La quisieron, con la pretensión de salvarla, para ellos solos. La amaron tanto que apagaron su luz y secaron sus fuentes. Ya no brota de ella la ley debida. No se cumple ninguna de las resoluciones de la UNO para acercar el río de la paz. Nadie renuncia a la ciudad santa como su propia capital. Le nacen barriadas (las “hija de Sión” de Sofonías) para aumentar la propiedad de las tierras para quienes las construyen. Sólo se multiplican los muros divisorios, mientras aumentan los gritos de dolor y se abominan las caricias y los consuelos. La oración de muchos, seguramente de las tres grades religiones y otros muchos creyentes, se eleva hasta el Altísimo y Misericordioso, el Santo, para que todos, abocados a sus ubres abundantes, gocemos de sus delicias. Para que todos los que por ella llevamos triste y pesado luto nos podamos reunir y festejar juntos. Para que todos los huesos y cadáveres esparcidos en su entorno de destrucción florezcan como un prado de vida y alegría. Todos consolados de tanto horror y error besaremos humildes la mano del Dios, padre y madre, que nos ha apoyado hasta lograr que todos, todos sin exclusión los que la amamos, festejemos a Jerusalén, nos convirtamos en su alegría, y arrojemos todos nuestros lutos bien lejos de la Jerusalén de la luz y de la paz. Y no pensamos en otras vidas, sólo en ésta y para ésta de los años 2000, porque lo veremos con nuestros ojos. Nuestros o de nuestros sucesores. Pero lo veremos, oiremos, gustaremos, danzaremos y así festejaremos a Jerusalén, a esta conocida ciudad, siempre en la cumbre de nuestras alegrías.

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Ez txokoari loturik, ez atzera begira

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusi jarraitzea da kristau-bizitzaren bihotza. Funtsa. Ez da gauza garrantzizkoagorik edo erabakitzaileagorik. Lukasek hiru pasadizo txiki dakartza, beraren ebanjelioa irakurriko dutenak jabetu daitezen ezen, Jesusen ustez, ez dela ezer premiazkoagorik eta atzeraezinekorik.

Irudi gogorrak eta eskandalagarriak darabiltza Jesusek. Bistan da ezen jendearen kontzientzia astindu nahi duela. Ez dabil jarraitzaile gehiagoren bila, baizik jarraitzaile konprometituagoen bila: mugarik gabe jarraituko diotenak, sasi-segurtasunei uko eginez, beharrezko diren hausturak baitaratuz. Haren hitzek azken batean galdera bakar hau harrotzen dute: zein harreman ezarri nahi dugu geure burua haren jarraitzailetzat ematen dugunok?

Lehenengo pasadizoa. Bidelagun dituenetako batek halako erakarmena sentitzen du Jesusekiko, non, Jesusek deitu aurretik, bera aurreratzen baita esatera: «Jarraitu dizut noranahi zoazela». Zer esaten ari den konturatu dadin nahi du Jesusek: «Azeriek badituzte zuloak, eta hegaztiek habiak»; gizonaren semeak, berriz, «ez du burua non ezarri».

Abentura hutsa da Jesusi jarraitzea. Jesusek ez die eskaintzen bereei ez segurtasunik, ez ongizaterik. Ez die laguntzen dirua irabazten edo boterea eskuratzen. Jesusi jarraitzea «bidean bizitzea da», ongizateari lotu gabe eta erlijioan sasi-babesik bilatu gabe. Ez da zoritxarra Eliza hain boteretsua ez izatea eta zaurigarriago gertatzea. Gerta dakigukeen gauzarik hoberena da hori, geure fedea garbi egiteko eta Jesusengan konfiantza handiagoa ezartzeko.

Bigarren pasadizoa. Beste lagun bat prest da Jesusi jarraitzeko, baina lehenik eta behin betebehar erlijiosoetako bat, «bere aitari lur ematea», betetzen uzteko eskatu dio. Hori ezin gerta dakioke arrotz inongo juduri, zeren betebehar erlijioso handienetakoa baitute. Txundigarri da Jesusen erantzuna: «Utzi ezazu hildakoek beren hildakoei lur eman diezaieten: zu, zoaz Jainkoaren erregetza hots egitera».

Jainkoaren erregetzari bidea irekitzea da beti zereginik premiazkoena, bizitza gizatarragoa egite aldera. Ezerk ez dezake atzerarazi gure erabakia. Inork ez digu eutsi behar, ez galgatu. «Hildakoek», biziaren erregetzaren zerbitzura bizi ez diren haiek, jardungo dute Jainkoaren erregetza eta haren zuzentasuna bezain premiatsuak ez diren beste betebehar erlijiosoak betetzen.

Hirugarren pasadizoa. Jesusen ondoren hasi aurretik, bere familiari agur egin nahi dion hirugarren bati, hau diotso Jesusek: «Goldeari heldu eta atzera begira jartzen dena ez da gai Jainkoaren erreinurako». Ezin jarrai dakioke Jesusi atzera begira jarririk. Ezin zaio biderik ireki Jainkoaren erregetzari iraganean geldituz. Aitaren egitasmoaren arabera lan egiteak hari guztiz emanik jardutea eskatzen du, konfiantza Jainkoaren geroan jartzea, Jesusen urratsen ondoren ausardiaz bide egitea.

 

DECIMOTERCER DOMINGO DEL ORDINARIO. Ciclo C. 27 de junio de 2010

Lecturas
R 19, 16b. 19-21  
Sal 15, 1-2. 5. 7-11  
Ga 5, 1. 13-18  
Lc 9, 51-62
 

REFLEXIONES INICIALES

                Entre radicalidad y libertad. El evangelio, hoy, nos acerca a cuestiones sobre la radicalidad. La 2ª lec,  sobre la libertad. ¿Es posible ser radicales y serlo siempre y en todo? Desde luego, tomando totalidades, es claro que no. A lo más, en campos parciales o por tiempos limitados, salvo apelación a prodigios y milagros. Tendremos siempre en cuenta en el texto el lenguaje oriental, tan inclinado a hipérboles y exageraciones. También las vinculaciones de unos textos con otros más antiguos (1ª lec) para construir sentidos nuevos. Y, finalmente, la radicalidad, como solemos expresarnos. Antes hablábamos más de ella, de llevar las cosas hasta sus consecuencias últimas. Con algo de intransigencia y extremosidad. Todo resultaba así fácil de trabar con lo divino e incondicional. Parece que hoy hablamos menos de ella. Sin almohada, desertando de funerales y despedidas, en camino siempre con Jesús, y hacia Jerusalén y la muerte consiguiente. Radicales en el seguimiento a Jesús, pobre, itinerante, avocado a su muerte. ¿Es factible renunciar a cualquier bien económico, vivir al descubierto, improvisar el mañana y hasta el hoy? ¿O es auténtico deber no hacerlo así y no cargar las necesidades propias a la responsabilidad de otros? ¿Tiene toda radicalidad algo de inconsciencia? Puede que hoy los creyentes radicales sean aquellos que afrontan la vida diaria, monótona, del seguimiento, y ponen la radicalidad en la perseverancia, en la no renuncia a esa fidelidad humilde. Radicales, en la firme esperanza del encuentro, precisamente en apariencias vulgares, poco radicales. ¿Suena a cobardía y renuncia? En la historia, parece que muy pronto las exigencias radicales se delegaron en la vida eremítica y monacal, quedando fuera de la atención de los simples creyentes. Luego, la vida religiosa, ¿en quién las delegó? La división entre fieles y religiosos es más que discutible si queremos partir del seguimiento y sus exigencias. Son para todos los seguidores de Jesús, consagrados en el bautismo. Un vistazo hoy a nuestra comodidad o nuestra radicalidad, a nuestra fidelidad en el seguimiento de Jesús, sea cual sea nuestra ubicación en el actual “organigrama” de Iglesia.

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DOMINGO DUODÉCIMO DEL ORDINARIO. Ciclo C. 20 de junio de 2010

Lecturas
Za 12, 10-11; 13, 1  
Sal 62, 2-6; 8-9  
Ga 3, 26-29  
Lc 9, 18-24
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                “Aquel día” repite la 1ª lec para señalar un día que resultará inolvidable, un día para la posteridad, un día que marca la llegada de algo que todos esperábamos, el día, por fin, del Señor. “Aquel día”, tantas veces en los profetas y en toda la escritura. No será el último, el fin de los días. Será un día del final, de los que ya se cuenten como finalización, porque la novedad esperada ya ha llegado, y no hacemos otra cosa que vivir de ella, sin soñar novedades ya cumplidas. Aquel día será un día de los del final, de lo que viene tras alcanzar lo que importa, un día de los últimos, pero no el último día.

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Undécimo domingo del ordinario. Ciclo C. 13 de junio de 2010

Lecturas:
2S 12, 7-10. 13  
Sal 31, 1-2. 5. 7. 11  
Ga 2, 16. 19-21  
Lc 7, 36-8, 3
 

PRIMERAS IDEAS

                El pecado, la ley, el amor, las mujeres afloran en las lecturas de hoy. El final del evangelio nos recuerda un hecho que hasta hace bien poco no tomábamos en consideración: a Jesús, de forma habitual, le acompañaban los doce y un grupo de mujeres, de las que Lc da los nombres y dice que fueron liberadas por Jesús de malos espíritus y enfermedades, y que ayudaban a Jesús con sus bienes. Una presencia cercana a Jesús y su anuncio, que hoy no parece tener continuidad en las  iglesias, y que, si trata de aparecer o de plantearse, provoca toda clase de problemas, tensiones y divisiones. Se pretende concluida esta cuestión, pero sigue fresca y palpitante, dada la lógica de sus preguntas y lo poco escriturístico de las respuestas. Y ahí siguen las mujeres, tan cercanas a Jesús entonces y ahora, y a las que, sólo por dejarse ver, terminamos acusando de ampliar la división en las iglesias. Las mujeres, y sus ausencias y anonimatos. El pecado de David en la 1ª lec lo constituye el asesinato de Urías, no el adulterio o la violencia contra Betsabé. En el evangelio no figuran los nombres de todas las que acompañan a Jesús. Ni el nombre de “la pecadora”, en un detalle entre delicado y despectivo, que  “ningunea” a la mujer y más siendo mala. En siglos posteriores y recientes, no sólo desaparecen los nombres, sino tradición entera de mujeres que siguen de cerca de Jesús y le acompañan en sus desplazamientos. Por fin, vamos recobrando la importancia de las mujeres y sus nombres y, nos han sobrevenido nuevos problemas –nuestros, no de ellas-. Cuidado, no vayamos a perderlas de nuevo.

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El Santí­simo Cuerpo y Sangre de Cristo. Ciclo C. 6 de junio de 2010

Lecturas
Gn 14, 18-20
Sal 109, 1-4
  
1Cor 11, 23-26
  
Lc 9, 11-17
 

PRIMERAS REFLEXIONES

                De la acción a los objetos. Siempre la Eucaristía ha sido una acción (“actio liturgica”, dicho en el latín) con su inicio y final, sus actores y su desarrollo. Era en sí misma una acción sagrada o santa. Una acción estrechamente vinculada a otra, la de la muerte en la cruz y la vida que de ella brota. Ha sido un desplazamiento, explicable quizá pero deformante, pasar de la atención que merece y necesita una acción a los objetos que requiere o que produce la misma.  Esto nos ha sucedido con la Eucaristía. Los textos del Concilio sobre la liturgia (SC) ya buscaban reorientar o corregir este cambio, volviendo a la centralidad de la acción litúrgica. Quedaba claro que la hostia y la eucaristía no eran lo mismo. Hoy claramente retornamos al reciente pasado, y cobran importancia y relevancia los objetos y sus cuidados en detrimento de la acción primera y primigenia. De ahí, el culto eucarístico cosificado en la hostia (nunca en el vino), hasta en las primeras comuniones, que se centran más en cosas que en acciones. Las cosas y su mirar o contemplar. No la acción y sus dinámicas. Estático frente a dinámico. Puede resultar algo dualista el planteamiento, pero creo que expresivo de lo que nos sucede en torno a la Eucaristía, “sacramento de nuestra fe”, vehiculación de la misma.

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Muy Santa Trinidad. Ciclo C. 30 de mayo de 2010

SANTÍSIMA TRINIDAD
Lecturas
Pro 8, 22-31  
Sal 8, 4-9  
Rom 5, 1-5  
Jn 16, 12-15
 

PRIMERAS  REFLEXIONES

                Ya no es tiempo de pascua, aunque celebremos hoy el misterio de Dios, la Trinidad santa. Debe notarse la diferencia.

                Hoy nos centramos en Dios, y pretendemos llegar, apoyados levemente en las Escrituras, al núcleo mismo de su misterio de vida y amor. Todos los domingos que celebramos la Eucaristía, todos los días y a todas horas, el misterio que todo lo abarca es y sigue siendo el misterio de Dios. No porque lo celebremos hoy y le dediquemos una atención más expresa, se tornará su presencia más viva o clara. Siempre, no hoy sólo, Dios y solo Dios es el centro de la celebración. Siempre Dios y su misterio insondable. Y el universo, y nosotros, todos, en él. Todo más que nosotros, todo escapándose de nuestras manos y posibilidades.

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ESPIRITU SANTUARI DEI

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Zatoz, Espiritu kreatzailea, eta isuri gu baitan Jesusen indarra eta hatsa. Zure eraginik eta laguntzarik gabe, ezin dugu harengan sinetsi; ezin ausartu gara haren urratsei jarraitzera: Eliza ez da eraberrituko; gure esperantza itoko da. Zatoz eta kutsa gaitzazu Jesusen bizi-hatsez!

Zatoz, Espiritu Santua, eta ekarri guri gogora Jesusek esan ohi zituen hitz onak. Zure argirik eta harekiko zure testigutzarik gabe, ahaztuz joanen gara Jainkoaren aurpegi ona; letra hil bihurtuko da Ebanjelioa; Elizak ezin hots eginen du albiste onik. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusi bakarrik entzuten!

Zatoz, Egiaren Espiritua, eta egizu Jesusen egian ibil gaitezen. Zure argirik eta gidaritzarik gabe, ezin izanen gara sekula geure erroretik eta gezurretik libratu; ez da ezer berririk eta egiazkorik gu baitan erneko; itsuaurreko izan nahi duen itsuaren antzeko izanen gara. Zatoz eta bihur gaitzazu Jesusen ikasle eta testigu!

Zatoz, Aitaren Espiritua, eta irakats iezaguzu Jainkoari «Abba» esaten, Jesusek egin ohi zuen bezala. Zure berotasunik eta zure alaitasunik gabe, beren Aita galdu duten umezurtzak bezalako izanen gara; ezpainez dei eginen diogu Jainkoari, baina ez bihotzez; gure otoitza hitz huts izanen da. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusen hitzez eta bihotzaz otoitz egiten!

Zatoz, Ontasun Espiritu, eta bihur gaitzazu Jesusek estreinatu zuen «Jainkoaren erreinuaren» egitasmora. Zure indar eraberritzailerik gabe, inork ez du bihurtuko gure bihotz nekatua; ez dugu ausardiarik izanen mundu gizatarragoa eraikitzeko, Jainkoak nahi bezala; zure Elizan azkenak ez dira sekula lehenengo izanen; eta guk erdi lo jarraituko dugu geure erlijio burgesean. Zatoz eta egin gaitzazu lankide Jesusen egitasmoan!

Zatoz, Maitasun Espiritua, eta irakats iezaguzu elkar maitatzen, Jesusek maite ohi zuen maitasunez. Zu gure artean bizitasunez bizi gabe, Elizaren komunioa zartatu eginen da; hierarkia eta herria urrunduz joanen dira gero eta gehiago; zatiketa handitu eginen da, elkarrizketa itoko eta intolerantzia haziko. Zatoz eta biziaraz ezazu gure bihotzean eta gure eskuetan Jesusen antzeko eginen gaituen haurride-maitasuna!

Zatoz, Espiritu Askatzailea, eta gogorazi guri aske izateko askatu gintuela Kristok eta ez esklabotzak berriro zapaldu gaitzan uzteko. Zure indarrik eta zure egiarik gabe, Jesusekiko gure jarraitze gozoa esklaboen moral bilakatuko da; ez dugu ezagutuko bizia dakarren maitasuna, baizik bizia hiltzen duen geurekoikeria; ito eginen da gu baitan Jainkoaren seme-alabak hazarazten dituen askatasuna eta, beste behin, beldurraren, koldarkeriaren eta fanatismoaren biktima izanen gara. Zatoz, Espiritu Santua, eta kutsa gaitzazu Jesusen askatasunez!

DOMINGO DE PENTECOSTÉS. Ciclo C. 23 de mayo de 2010

DOMINGO DE PENTECOSTÉS, ÚLTIMO DEL TIEMPO PASCUAL
LECTURAS
Hch 2, 1-11  
Sal 103, 1ab y 24ac.
29-31. 34  
Rom 8, 8-17  
Jn 14, 15-16. 23-26
 

PRIMERAS REFLEXIONES

            Si hemos hecho un esfuerzo para que resalte el tiempo de pascua, hemos de hacerlo para dejar claro que hoy concluye (puede ser apagando el cirio al final de la celebración, con algún canto apropiado). El domingo próximo, por importante que parezca, ha de notarse diferente y como “menor” que los anteriores. Que cambien signos, decoración, cantos, aclamaciones. Que se perciba que no son los mismos. Pocas cosas más tristes que las terminaciones que se derivan sólo de la decadencia y el desgaste natural de lo anterior, sin conclusión manifiesta, como las flores mustias y ajadas.

             La celebración de Pentecostés incluye la posibilidad de una vigilia. Muy rica en lecturas y oraciones propias. Un buen reto a nuestra capacidad de celebración y a la importancia real que damos a la fiesta. Debiéramos intentarlo de alguna forma, sea o no con Eucaristía.

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