DOMINGO DE RAMOS, 1 de Abril 2012, Mc. 15,1-41

DIVAGACIONES PERSONALES SOBRE EL DOMINGO DE RAMOS

Domingo de Ramos. Una mañana soleada; hacia mediodía, resuenan las campanas, los papás llevan deprisa a los niños hacia el templo; todos vestiditos de fiesta, todos agitando palmas o ramitas de olivo, todos sonrientes y felices, dispuestos a aclamar “Hosanna”, “Hosanna al Hijo de David”. Y la procesión, quizá con la imagen de Jesús sonriente, montado en un burrito precioso, y el desfile de los clérigos ataviados de vestiduras doradas, arropado todo por humaredas de incienso.

Aunque parezca raro, esto se parece un poco a lo que nos pasaba en Navidad. La señal que dieron los ángeles es que había que creer en un niño pobre, nacido en penosas circunstancias, lejos del templo, del poder y de la sabiduría de los doctores. Pero a nosotros no nos gusta eso, y lo cambiamos por la ternura del bebé/dios, las cancioncillas populares, las comilonas familiares y los regalos a los niños. Las despensas llenas, nuestras mesas repletas y la Misa de Gallo vacía.

Todo el mundo sonríe, sólo Dios llora.

Y ahora está pasando lo mismo: los discípulos entusiasmados, cortando ramas de olivo para aclamar al Mesías/Rey, alfombrando el suelo con sus modestos mantos de campesinos o pescadores, aclamando, cantando, bailando, porque el Mesías/Rey viene a tomar posesión de su Ciudad, de su Templo.

Pero nos cuenta Lucas que Jesús entró en Jerusalén llorando, llorando por la ciudad, porque él sabía muy bien lo que iba a pasar: que Jerusalén le iba a dar con la puerta en las narices, que en cinco días acabarían crucificándole, que iban a desaprovechar su última oportunidad.

Me produce un profundo desasosiego ese desfile de rey de burlas que montan los discípulos, ver a Jesús malmontado en un miserable burro, llorando mientras todos cantan un triunfo que no le va.

Me entusiasma lo que pasa después, que lo suben al Templo entre cantos triunfales, ¡bendito el Rey que viene!, penetran en los atrios repletos de animales para los sacrificios y de cambistas para las limosnas, entusiasmados y triunfantes… Y Jesús se baja del burro, coge una soga, hace con ella un látigo y empieza a liarse a golpes a diestra y siniestra… y se monta una estampida de corderos y de vacas, y el suelo se llena de monedas que brincan por los escalones de mármol…

¿Dónde estaban entonces los discípulos, sin saber qué hacer con las ramitas de olivo en las manos, con el ¡hosanna! a medio gritar en la boca …

¿Fue allí cuando Judas se desilusionó del todo de aquel mesías que lo hacia todo al revés? ¿Entendieron algo los otros Once? Parece que no, porque, si hemos de creer a Lucas, no mucho después, cuando Jesús resucitado llevaba ya cuarenta días instruyéndoles y los sacó, para despedirse, hacia el monte de los olivos, le preguntaron: ”Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer la soberanía de Israel?” Y – perdónenme esta invención irrespetuosa – Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, con estos no hay quien pueda; a ver si mandas tu Viento Poderoso y los convences. Yo me voy”.

Y se fue, incomprendido por sus más íntimos, que seguían esperando y deseando un Mesías, Rey Poderoso, Triunfante de sus enemigos, exaltador de Israel, mantenedor de lo de siempre, un Mesías a su medida, un dios a su medida.

¡Pobre Jesús, llorando montado en el cómico y paciente burro, incomprendido y solo en la algarabía de Jerusalén! ¡Brillante Jesús acometiendo, también solo, contra las manadas de traficantes y contra sus promotores los sacerdotes, que no se lo perdonarán y acabarán matándole!

¡Que mal encaja, en este Domingo de Ramos, la lectura de la Pasión tras la fiesta infantil de las palmeritas y los hosannas! Parecen dos fiestas que por error se hayan quedado juntas.

Algunos dicen que nuestras aclamaciones están muy bien, que sabemos de sobra que aclamamos al crucificado, que precisamente por ser el crucificado le aclamamos. La verdad es que me gustaría muchísimo que fuera así, que tuvieran razón. Pero me temo que sigamos creyendo en el mismo Mesías en que creían y a quien aclamaban los discípulos.

Me temo que nos siga disonando el Jesús airado y violento de la expulsión de los mercaderes, me temo que nuestros crucifijos no sean motivo de fe sino adorno inexplicable, dorado con la teoría del sacrificio sangriento querido por el llamado Padre, que no lo parece al exigir sangre, ¡y de su hijo!, para perdonarnos. Me lo temo, casi diría que estoy convencido de que así es y de que no nos encaja la lectura de la Pasión en ese día de fiesta tan bonita.

Domingo de Ramos, Navidad en tono trágico, equivocar la señal, quedarnos con lo de siempre, no aprender de Jesús, sino leerlo desde nuestros viejos pellejos, repletos de vino viejo, pasarnos la vida remendando el odre viejo, no sea que, mirando a Jesús tal cual es, se nos rompa y se desparramen por el suelo todas nuestras mitologías, todas nuestras conveniencias, todas nuestras seguridades.

Hermosa imagen, preocupante imagen, la de Jesús, llorando encima de un burro mientras todos celebran entusiasmados la fiesta del viejo Mesías triunfador.

José Enrique Galarreta

5º DOMINGO DE CUARESMA, 25 de Marzo, Jn. 12, 20-33

SEGUIR A JESÚS ES DAR LA VIDA, POR AMOR, DÍA A DÍA

Fray Marcos
FE ADULTA

CONTEXTO

Estamos en el capítulo 12 del evangelio de Juan. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Jesús hace un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felpe y Andrés.

Versa, como el domingo pasado sobre la Vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte. También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él.

Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Juan en este relato en muy claro: Los “judíos” rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.

 

EXPLICACIÓN

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Juan es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la “hora”. Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra “hora”; y otras tres veces aparece el adverbio “ahora”.

No se trata de un tiempo cronológico, sino de un cairos, momento decisivo, manifestado en la muerte de cruz. Llegada la “hora”, se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”. Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del hijo.

Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tiene que descubrirla ahora en “el Hombre”.

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Declaración rotunda y central en el mensaje de Jesús. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse deshaciéndose. La muerte del falso yo es la condición, para que la verdadera Vida se libere.

La verdadera potencialidad está latente hasta que es capaz de la entrega-amor total. La incorporación de todos a la Vida, será la tarea que se impone Jesús y será posible gracias a su entrega total hasta la muerte.

El fruto no va a depender de la comunicación de un mensaje. Dependerá de la manifestación de un amor total. El amor es el verdadero mensaje. “Si no muere, permanece él sólo” El fruto-amor solo puede darse en la nueva comunidad. Esta idea es original de Juan; no se encuentra en los demás evangelistas.

Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida espiritual. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y «plenificado».

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La plenitud del ser humano está en el amor. Pero si el amor no es total, no podremos alcanzar la meta. El amor tiene que superar el apego a la vida biológica.

En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados.

La muerte al falso yo, no es el final de la vida biológica, sino su plenitud. Consciente de esto y perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cuál es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide en absoluto, con el sentido que se le ha dado después.

El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. “Diakonos” significa servir, pero por amor, no servir como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido que el texto quiere dar. Jesús invita a seguirlo en el camino que acaba de trazar, dar la vida. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu.

El lugar donde habita Jesús, es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su “hora”. Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

En Jn 15,13, dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Pero el texto griego no dice “bios” ni “zoe”, sino “psijes” que no significa vida biológica, sino vida síquica, es decir lo específicamente humano. El verdadero amor se manifiesta cuando pones todo lo que eres al servicio de los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora” ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Todos nos tenemos que sentir, no solo llamados, sino empujados hacia la misma meta.

APLICACIÓN

Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Juan. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida.

Una es la Vida con mayúscula (la espiri­tual y definitiva) como opuesta a la vida con minúscula (la biológica). Y una es la muerte espiritual al falso yo superando todo egoísmo y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre.

La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí, porque es el único camino hacia la Vida. La vida interior, la vida divina, la vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana que está más allá de la vida biológica, y de las satisfacciones sensoriales terrenas. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu. El mismo mensaje a Nicodemo: hay que nacer de nuevo.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La meta está en el descubrimiento de que mi verdadero ser existe en la medida que me doy a los demás, que la razón de mi existencia lo encontraré en la entrega y en el servicio.

El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mi ser, la interpreta el evangelio como muerte, y sólo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si nos empeñamos en salvar una, perderemos la otra. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y sicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criatu­ras, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar a la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde sólo había vida.

El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida con mayúscula, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física.

Si enfocamos todas nuestras energías en la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual. Esto es lo que el evangelio llama perder la vida. Se malgasta la terrena y no se alcanza la espiritual. El que se empeñe en salvar a toda costa su vida biológica, terminará perdiéndola. Pero dará pleno sentido a esta vida si descubre que puede acceder a otro nivel y encontrar la verdadera Vida.

Meditación-contemplación

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…
Se trata de una condición que no podemos soslayar.
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
tenemos que gastarnos y consumirnos.

…………………

La vela solo cobra sentido cuando está encendida.
Pero si está encendida, se consume.
La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,
y así está manifestando su verdadero ser.

——–

La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.
Puedo consumirla en beneficio del ego (falso yo),
y entonces la malogro.
Puedo consumirla en beneficio de los demás,
y entones consumarla dándole plenitud.

Fray Marcos

 

GARISUMAKO 5. IGANDEA, Martxoaren 25a, Jn 12, 20-33

JESUS ERAKARGARRI

José Antonio Pagola.

ECLESALIA

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Juduen Pazkoa ospatzera etorriak diren erromes greziar batzuk Feliperi hurbildu zaizkio, eskean: «Jesus ikusi nahi genuke». Ez da ikusmina. Jainkoaren gizon horregan nabari duten misterioa sakon ezagutu nahia da. Berei ere on egin diezaieke.

Kezkaturik ageri da Jesus. Egun batzuk barru gurutzean josiko dute. Erromes greziarren gogoa jakitera eman diotenean, hitz nahasgarriak jaulki ditu: «Iristear da Gizonaren Semea aintzatua izango den ordua». Gurutzean josiko dutenean, guztiek ikusi ahal izango dute zertan den haren egiazko handitasuna eta aintza.

Segur aski, inork ez dio ezer ulertu. Baina Jesusek, izango duen hiltzeko era gogoan duela, gehiago dio: «Lurretik gora jasoa izango naizenean, guztiak neuganantz erakarriko ditut». Zer du gurutziltzatu horrek, ezkutuan, jendea erakartzeko ahalmen hori izateko? Gauza bat soilik: guztientzat duen maitasun sinetsezina.

Ikusezina da maitasuna. Soilik, maite gaituen keinuetan, seinaleetan, buru-eskaintzan suma dezakegu. Horregatik, Jainkoaren maitasun atzemanezina suma dezakegu Jesus gurutziltzatuagan, egin duen buru-eskaintzan. Egia esan, Jesusek erakartzen gaituela sentitzen dugunean bakarrik hasiko gara kristau izaten. Soilik, Jainkoak maite gaituena sentitzen dugunean bakarrik hasiko gara fedeaz zer edo zer ulertzen.

Jesusek, gurutzeko heriotzan ezkutuan den indarra argitzeko, guztiek ulertu ahal dugun irudi xume hau darabil: «Gari-alea lurrera erori eta hiltzen ez bada, agor geldituko da; baina, hiltzen bada, fruitu asko emango du». Hiltzen bada, erne eta bizia sorrarazten du aleak; baina, bere azalean bildurik, bere bizi-indarra beretzat gordetzen badu, agor geldituko da.

Bizitza osoa misterioski biltzen duen legea agertzen digu irudi eder horrek. Ez da arau morala. Ez da erlijioak ezarritako legea. Maitasunak eraginda sufritzen ari denaren bizitza emankor bihurtzen duen dinamika da. Jesusek behin eta berriz errepikatu izan duen ideia da. Bere bizitzari era egoistan atxikitzen zaionak galbidean jartzen du; eskuzabal ematen dakienak bizi gehiago sorrarazten du.

Ez da zaila hori egiaztatzea. Buruan bere ongizatea, bere dirua, bere arrakasta, bere segurtasuna bakarrik duen pertsonak bizitza erdipurdikoa eta agorra eginez bukatzen du: halakoak, mundu honetan biziz, ez dio gehitzen bizitzari gizatasun-apur bat ere. Alderantziz, jarrera irekiz eta bihotz zabalez bizitzera arriskatzen denak, bizia zabaltzen du, poza distiratzen, bizitzen laguntzen. Ez da bizitzeko modu kilikagarriagorik, gainerakoen bizitza gizatasun handiagoko eta eroangarriago egitea baino. Nolatan Jesusi jarraitu, haren bizi-estiloa erakargarri sentitzen ez badugu?

EL ATRACTIVO DE JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, Unos peregrinos griegos que han venido a celebrar la Pascua de los judíos se acercan a Felipe con una petición: «Queremos ver a Jesús». No es curiosidad. Es un deseo profundo de conocer el misterio que se encierra en aquel hombre de Dios. También a ellos les puede hacer bien.

A Jesús se le ve preocupado. Dentro de unos días será crucificado. Cuando le comunican el deseo de los peregrinos griegos, pronuncia unas palabras desconcertantes: «Llega la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre». Cuando sea crucificado, todos podrán ver con claridad dónde está su verdadera grandeza y su gloria.

Probablemente nadie le ha entendido nada. Pero Jesús, pensando en la forma de muerte que le espera, insiste: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». ¿Qué es lo que se esconde en el crucificado para que tenga ese poder de atracción? Sólo una cosa: su amor increíble a todos.

El amor es invisible. Sólo lo podemos ver en los gestos, los signos y la entrega de quien nos quiere bien. Por eso, en Jesús crucificado, en su vida entregada hasta la muerte, podemos percibir el amor insondable de Dios. En realidad, sólo empezamos a ser cristianos cuando nos sentimos atraídos por Jesús. Sólo empezamos a entender algo de la fe cuando nos sentimos amados por Dios.

Para explicar la fuerza que se encierra en su muerte en la cruz, Jesús emplea una imagen sencilla que todos podemos entender: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Si el grano muere, germina y hace brotar la vida, pero si se encierra en su pequeña envoltura y guarda para sí su energía vital, permanece estéril.

Esta bella imagen nos descubre una ley que atraviesa misteriosamente la vida entera. No es una norma moral. No es una ley impuesta por la religión. Es la dinámica que hace fecunda la vida de quien sufre movido por el amor. Es una idea repetida por Jesús en diversas ocasiones: Quien se agarra egoístamente a su vida, la echa a perder; quien sabe entregarla con generosidad genera más vida.

No es difícil comprobarlo. Quien vive exclusivamente para su bienestar, su dinero, su éxito o seguridad, termina viviendo una vida mediocre y estéril: su paso por este mundo no hace la vida más humana. Quien se arriesga a vivir en actitud abierta y generosa, difunde vida, irradia alegría, ayuda a vivir. No hay una manera más apasionante de vivir que hacer la vida de los demás más humana y llevadera. ¿Cómo podremos seguir a Jesús si no nos sentimos atraídos por su estilo de vida? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

4º DOMINGO DE CUARESMA, 18 de Marzo, Jn. 3, 14 – 21

SALVARSE NO ES EVITAR LA CONDENACIÓN

Fray Marcos
Fe Adulta

CONTEXTO

Hoy es imprescindible tener en cuenta el contexto del evangelio que leemos. Estamos en el capítulo 3º de Juan. Este evangelio está estructurado según un esquema teológico. Cada capítulo es un tema que tiene identidad por sí mismo. Es muy interesante el paralelismo asombroso que tienen los 21 capítulos, con las cartas del tarot. Este esoterismo es precisamente una de las claves para descubrir toda su profundidad.

El punto de partida del discurso que Juan pone en boca de Jesús, es el diálogo con Nicodemo, que empieza sin que le haya preguntado nada:

“Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”.
Nicodemo le responde: “Eso es imposible”.
Pero Jesús insiste: “El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”.
Nicodemo insiste: ¿Cómo puede ser eso?
Y comienza el discurso cuyo final acabamos de leer.

El domingo pasado, Jesús arremetió contra el culto que se desarrollaba en el templo. Hoy arremete contra la manera de interpretar la Ley que tienen los fariseos. En ambos casos se trata de instituciones antiguas vacías de contenido que hay que sustituir. No se trata de una nueva interpretación, (es lo que busca Nicodemo) sino de algo completamente distinto: hay que nacer de nuevo.

No debemos pensar en discursos pronunciados por Jesús. Juan pone en boca de Jesús una cristología propia de finales del siglo I.

EXPLICACIÓN

“Lo mismo que Moisés levantó la serpiente” No podemos entender una comparación si no comprendemos los dos términos de la misma. Lo que hizo Moisés es recordar en un momento de verdadero apuro, al dios egipcio Ranenutet (representado por una serpiente). A los que habían construido un becerro de oro a sus espaldas, no dudó en hacerles beber el metal fundido. Ahora es el mismo Dios el que le manda construir la imagen de otro dios.

Para entender la comparación con la cruz, es imprescindible saber que el dios egipcio era a la vez veneno y antídoto; muerte y vida; opresión y salvación. Al ser crucificado, Jesús representa a la vez, la muerte y la vida, la humillación y la exaltación.

Al decir “levantado”, va mucho más allá de una alusión a la figura de la serpiente. La cruz es la manifestación suprema del amor y la lealtad de Dios. Es el momento de la exaltación definitiva de Jesús. En el hombre levantado se manifiesta la verdadera Vida. Jesús ha llegado a lo más alto; se ha identificado con Dios.

Para que todo el que lo haga objeto de su adhesión (crea), tenga Vida definitiva. «Vida definitiva» Denota la calidad de vida propia del estadio final y definitivo. Traducir por «Eterna», empobrece el significado, por insistir solo en la duración y no en la calidad. La consecuencia de “ser levantado en alto”, es dar plenitud de Vida. El Espíritu que nos comunicará, será la verdadera fuente de Vida para todos los que le acepten.

“Demostró Dios su amor al mundo» El amor se hizo visible en un acto. No se dirige solo a los cristianos, sino al mundo. Jesús es el don de Dios a la humanidad. «Dar a su Hijo» no se refiere, aquí, únicamente a la encarnación, sino a la crucifixión.

“Porque no envió Dios el Hijo al mundo para que de sentencia contra el mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Para Juan, Jesús es enviado al mundo, Para los sinópticos, a Israel. La salvación está destinada a todos. No solo al pueblo elegido, sino a todas las naciones. Se acabaron los privilegios. La Vida del Espíritu se ofrece a todos. Quién no obtenga esa Vida, será porque rechaza su oferta, negando su adhesión a Jesús.

El que le presta adhesión no está sujeto a sentencia; el que se niega a prestársela ya tiene la sentencia. No hay lugar para la indiferen­cia. O se presta adhesión o se niega esa adhesión. O se nace del espíritu o se permanece en la carne.

Es este un dato importantísimo para entender la manera de actuar (no actuar) de Dios. Tanto la sentencia negativa como la positiva, no es consecuencia de un acto externo de Dios. Es el resultado de una actitud permanente identificada con el mismo acto de adhesión.

Bien entendido este versículo, cambiaría todo el modo de entender la moral. Desde la visión farisaica (y la nuestra), Dios juzgaba a los hombres después de examinar sus acciones. Si eran conforme a la Ley, los salvaba; si eran contrarias a la Ley, los condenaba. La justicia de Dios sería el trasunto de la justicia humana.

Juan nos dice que Dios es justicia; pero en Él, la justicia es una realidad permanente. Todo está en su sitio en cada instante. Cada actitud, cada acto del hombre, lleva incorporada la justicia.

Los hombres han preferido las tinieblas a la luz. «Su modo de obrar» Denota el proceder habitual, no un acto puntual.

En el prólogo se nos había dicho: «y la Vida era la luz de los hombres». No es la luz la que da Vida (como maestro), sino al revés, es la Vida la que te iluminará. Sin Vida no se puede aceptar la luz. La falta de Vida lleva consigo el rechazo de la luz.

Mantener una relación con Dios desde la Ley, desde lo externo, sin Vida, es mantener la relación de injusticia en que están los dirigentes religiosos. El que oprime al hombre no puede aceptar la luz. La adhesión a Jesús, exige salir de la situación de opresión.

El que obra con bajeza… El que practica la lealtad. «Obra con bajeza (practicar lo malo), se opone a “practicar la lealtad”. «Hacer la verdad» es un semitismo que utiliza Juan, y lo opuesto es «hacer la falsedad».

El que es cómplice de la muerte, no aguanta la Vida. La considera como una agresión. No se eligen las tinieblas por el valor que puedan tener en sí, sino por odio a la luz. No son las doctrinas (luz) las que separan de Dios, sino las conduc­tas (Vida).

Quien con su modo de obrar daña al hombre, se opone al amor-vida. Rechazando la luz, cree poder continuar haciendo el mal sin ser descubierto.

«Practicar la lealtad» equivale a hacer lo que es bueno para el hombre. Al emplear «lealtad» nos está diciendo que el amor no es algo teórico, sino práctico. Una vez más la Vida es anterior a la luz. «Y así». El acercamiento a la luz, se hace por amor a la luz, no para que se vean las obras.

«Realizadas en unión con Dios«. No obras hechas según Dios quiere, sino algo más. Obras en las que, con la actividad del hombre, se ve la de Dios revelando en ellas su gloria-amor.

Creer va unido a las obras buenas. La incredulidad acompaña a las obras malas. Jesús evidencia lo que es un hombre.

APLICACIÓN

En el trozo del discurso que acabamos de analizar nos encontramos con los aspectos más originales de la salvación ofrecida por Jesús:

1) La salvación es Vida.

2) Viene de Dios.

3) Es fruto del amor de Dios.

4) No es una alternativa a la condenación.

5) Exige la adhesión a Jesús.

6) Se manifiesta en las obras.

Cada uno de estos puntos nos tendría que advertir de los errores en que caemos a la hora de hablar de esa salvación que Jesús nos ofrece. “Por pura gracia estáis salvados”.

Hablar de salvación, es plantearse el sentido último de la vida humana. Sería desplegar las más elevadas posibilidades humanas.

El término “salvación” tiene connotaciones negativas, y eso es muy peligroso a la hora de entender lo que dice el evangelio. El médico salva una vida cuando está a punto de perderse. El pensar en la salvación en términos negativos nos ha paralizado en nuestro desarrollo. Nos hemos creído que, si elimino el pecado, estoy salvado. Salvarse no es evitar la condenación. La salvación por parte de Dios tiene una connotación positiva. Salvarse sería llevarnos a una plenitud de ser, más allá de las mismas posibilidades naturales de la persona.

La salvación no es algo que me venga de fuera. La salvación surge de lo más hondo de mi ser. Desde ahí, Dios con su presencia posibilita mi plenitud. Hay que tener muy claro, que me salva totalmente Dios y me salvo totalmente yo. La acción de Dios y la del hombre, ni se suman ni se restan ni se interfieren, porque son de naturaleza distinta. «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti». Todo lo que depende de Dios para mi salvación ya está hecho. Por tanto, mi salvación, aquí y ahora, depende de mí.

La conciencia que tenemos de que Dios puede no salvarme, es consecuen­cia de que esperamos de Dios una salvación equivocada. Queremos que Dios nos libere de nuestras limitaciones, es decir que nos quite el sufrimiento, el dolor, la enfermedad, la muerte. Todo eso forma parte de nuestra condición de criaturas y es inherente a nuestro ser. Ni Dios puede hacer que sigamos siendo criaturas, y sin limitacio­nes. Buscar la salvación por ese camino, es un error garrafal. La salvación que Dios nos da, tiene que realizarse mientras seguimos siendo criaturas, y por tanto, a pesar de nuestras limitaciones.

La salvación no es cambiar lo que soy ni añadir nada a lo que ya soy. Es una toma de conciencia de lo que en realidad soy, y vivir en esa conciencia. Es descubrir el tesoro que está escondido dentro de mí y disfrutar de él. “La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo”. Se trata de “conocer”.

Meditación-contemplación

Hay que nacer de nuevo.

Toda la enseñanza de Jesús está resumida en esta breve frase.

Somos fruto de la evolución de la carne,

y tenemos que dar el paso hacia el espíritu.

…………

Yo no he nacido como ser espiritual.

Tengo la capacidad de llegar a serlo,

pero debo desplegar esa capacidad que se me ha dado.

Si no la despliego, me quedaré en la carne.

………..

Nacer de nuevo es desplegar la verdadera VIDA.

La Vida se potencia en la medida que trasciendo la materia.

Pablo nos dice que incorporarse a Cristo,

es incorporarse a su muerte, para vivir resucitados.

………..

Fray Marcos

 

GARIZUMAKO 4. IGANDEA, Martxoaren 18a, Jn. 3, 14-21

GARIZUMAKO 4. IGANDEA 18 de marzo de 2012

GURUTZILTZATUARI BEGIRA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusek Nikodemo izeneko fariseu sonatu batekin izan duen topo egite berezia kontatu digu Joan ebanjelariak. Kontakizunaren arabera, Nikodemorena izan da ekimena: «gauez» Jesusengana joan da. Sumatu du «Jainkoagandik etorritako gizona» dela Jesus; baina ilunpean dabil. Argira bideratuko du Jesusek.

Jesus benetan aurkitu duen oro ordezkatzen du Nikodemok kontakizun honetan. Horregatik, halako batean, Nikodemo ezkutatu egin da pasadizotik eta bere hitzaldia jarraitu du Jesusek, mundu guztia gonbidatuz, ilunpean bizi ez dadin, baizik eta argi bila ibil dadin.

Jesusen arabera, gauza guztiak argitu ditzakeen argia Gurutziltzatuagan dago. Ausarta da baieztapena: «Hartaraino maite du Jainkoak mundua, non bere Semea eman baitu, harengan sinesten duen inor gal ez dadin, baizik eta betiko bizia izan dezan». Sumatzen eta sentitzen ahal dugu Jainkoaren maitasuna gurutzean torturatu duten gizon horrengan?

Haurtzarotik gurutzea nonahi ikusten ohiturik, ez dugu ikasi Gurutziltzatuaren aurpegiari fedez eta maitasunez begiratzen. Gure begiratu zabarra ez da gai aurpegi horretan argia ikusteko: momenturik latzenetan eta zailenetan gure bizitza argitzen ahal lukeen argia ikusteko.

Alabaina, bizi- eta maitasun-seinaleak bidaltzen ari zaigu Jesus gurutzetik. Jada haurrak ezin besarkatu dituzten beso luzatu horietan, eta lepradunak ezin ferekatu, gaixoak ezin bedeinkatu dituzten esku iltzatu horietan, Jainkoa dago, besoak zabalik, gure bizitza pobre hau, hainbat sufrimenduk hautsia den hau, onartzeko, besarkatzeko eta sostengatzeko prest.

Heriotzak itzali duen aurpegi horretatik, bekatariei eta prostitutei jada txeraz ezin begiratu dien begi horietatik, hainbat abusu eta injustiziaren biktima direnei bere haserrea jada ezin agertu dien aho horretatik, gizadiari dion bere «maitasun zoroa» agertzen ari zaigu Jainkoa.

«Jainkoak ez du bidali mundura bere Semea mundua juzgatzeko, baizik Semearen bidez mundua salba dadin». Jainko hori onar dezakegu nahiz zapuztu. Ez gaitu inork behartzen. Geurea dugu erabakia. Baina «Argia etorria da jada mundura». Zergatik zapuzten dugu hainbatetan Gurutziltzatuagandik datorkigun argia?

Hark jar lezake argia bizitzarik zoritxarrenekoan edo porrotik handienekoan; baina «okerra dagiena… ez da hurbiltzen argira, bere egintzek akusa ez dezaten». Duintasun eskasez bizi garenean, argiari ihes egiten diogu, Jainkoaren aurrean gaizki sentitzen garelako. Ez dugu jarraitu nahi izaten Gurutziltzatuari begira. Alderantziz, «egia egiten duena, argira hurbiltzen da». Ez du ilunera ihes egiten. Ez du ezer ezkutatzekorik. Gurutziltzatuari begira nola egongo dabil. Eta argian bizi ahal izatea ematen dio hark.

MIRAR AL CRUCIFICADO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/03/12.- El evangelista Juan nos habla de un extraño encuentro de Jesús con un importante fariseo, llamado Nicodemo. Según el relato, es Nicodemo quien toma la iniciativa y va a donde Jesús «de noche». Intuye que Jesús es «un hombre venido de Dios», pero se mueve entre tinieblas. Jesús lo irá conduciendo hacia la luz.

Nicodemo representa en el relato a todo aquel que busca sinceramente encontrarse con Jesús. Por eso, en cierto momento, Nicodemo desaparece de escena y Jesús prosigue su discurso para terminar con una invitación general a no vivir en tinieblas, sino a buscar la luz.

Según Jesús, la luz que lo puede iluminar todo está en el Crucificado. La afirmación es atrevida: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». ¿Podemos ver y sentir el amor de Dios en ese hombre torturado en la cruz?

Acostumbrados desde niños a ver la cruz por todas partes, no hemos aprendido a mirar el rostro del Crucificado con fe y con amor. Nuestra mirada distraída no es capaz de descubrir en ese rostro la luz que podría iluminar nuestra vida en los momentos más duros y difíciles.

Sin embargo, Jesús nos está mandando desde la cruz señales de vida y de amor.

En esos brazos extendidos que no pueden ya abrazar a los niños, y en esa manos clavadas que no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, está Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos.

Desde ese rostro apagado por la muerte, desde esos ojos que ya no pueden mirar con ternura a pecadores y prostitutas, desde esa boca que no puede gritar su indignación por las víctimas de tantos abusos e injusticias, Dios nos está revelando su «amor loco» a la Humanidad.

«Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Podemos acoger a ese Dios y lo podemos rechazar. Nadie nos fuerza. Somos nosotros los que hemos de decidir. Pero «la Luz ya ha venido al mundo». ¿Por qué tantas veces rechazamos la luz que nos viene del Crucificado?

Él podría poner luz en la vida más desgraciada y fracasada, pero «el que obra mal… no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras». Cuando vivimos de manera poco digna, evitamos la luz porque nos sentimos mal ante Dios. No queremos mirar al Crucificado. Por el contrario, «el que realiza la verdad, se acerca a la luz». No huye a la oscuridad. No tiene nada que ocultar. Busca con su mirada al Crucificado. Él lo hace vivir en la luz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

3º Domingo de Cuaresma, 11 marzo, Jn. 2, 13-25

“Ya no habrá comerciantes en la casa del Señor, en aquel día”.

Fray Marcos

 

INTRODUCCIÓN

En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (Dom. 1) y con Abraham (Dom. 2), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí. La alianza con Noe, fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley.

¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noe, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios. La historia “sagrada” que narra la vida y milagros de estos personajes empezó a escribirse hacia el siglo IX antes de Cristo. Son míticas leyendas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época. Leer más

2º DOMINGO DE CUARESMA, 4 de marzo, Mc. 9, 2-10

José Antonio Pagola

El relato de la “Transfiguración de Jesús” fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.
Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.
La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado. Escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.
Este mensaje de Jesús, encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.
Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.
Sin embargo, también hoy, lo único decisivo que podemos ofrecer los cristianos a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús, y su proyecto de una vida más sana y digna. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Evangelio.
Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.
Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.
Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años, nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
ASKATU EBANJELIOAREN INDARRA
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain
«Jesusen Antzaldatzearen» kontakizuna oso herrikoi izan zen hasiera hartatik beretik haren jarraitzailean artean. Ez da pasadizo bat gehiago. Eszena, sinbolo-izaerako baliabidez berregina, handiosa da. Moisesekin eta Eliasekin hizketan ari dela, aurpegi dirdaitsuz aurkeztu dute Jesus ebanjelariek.
Mendi-gailurrera lagundu dioten hiru ikasleak txunditurik gelditu dira. Zer pentsa ez dakitela. Handiegia da Jesus inguratzen duen misterioa. Beldurrez zeudela dio Markosek.
Era bitxian amaitu da eszena: «Estali zituen hodei bat eratu zen eta ahots bat atera hodeitik: Hau da ene Seme maitea. Entzuiozue». Jesusen deia entzutetik sortu zen haren mugimendua. Haren Hitza, geroago lau idazki laburretan bildua, beste jarraitzaile batzuk eraginez joan zen. Jesusen Ebanjelioa entzunez bizi da Eliza.
Jesusen mezu honek oztopo handirekin egiten du gaur topo, gure aldiko gizon-emakumeengana iristeko. Praktika erlijiosoa alde batera uztearekin, jende askok utzi dio haren Hitza entzuteari. Jada ez dute entzungo Jesusez hitz egiten, kasu bakanen batean edo era zabarrean ez bada.
Kristau-elkarteetara hurbiltzen direnek berek ere ezin estimatu dute erraz Jesusen Hitza. Haren mezua beste jarduera, ohitura eta irakaspen batzuen artean galdurik gertatzen da. Nekez atzeman daiteke haren funtsezko garrantzia. Jesusen espirituaren araberako ez diren hizkerek eta iruzkinek blokeatzen dute Ebanjelioaren indar askatzailea.
Halaz guztiz, gaur egun ere, kristauek gizarteari eskaintzen ahal diogun funtsezko gauza bakarra Jesusek hots egindako Berri Ona da, eta bizitza sanoago eta duinago baterako haren egitasmoa. Ezin jarraitu dugu Ebanjelioak duen jendea gizatar egiteko indarrari hesia jartzen.
Geure elkarteetan garbi, bizi eta ugari korriarazi behar dugu. Iritsi dadila jendearen sukalderaino, ezagutu ahal dezatela beren bizitzarentzat zentzu berri bat bilatzen dutenek, ezagutu ahal dezatela esperantzarik gabe bizi direnek.
Ebanjelioa lagunartean irakurtzen ikasi behar dugu. Ebanjelioaren kontakizunak familiar bihurtzen saiatu behar dugu. Jesusen Berri Onarekin zuzeneko harremanak izan behar ditugu eta ondo-ondokoak. Honetan erabili behar dugu geure energia. Horrela hasiko da gaur Elizak behar duen eraberritzea.
Eliz erakundea mendetan izan duen erakartzeko indarra galtzen ari den honetan, Jesusek, Jainkoaren Seme maiteak, egiaren eta biziaren bila dabiltzanentzat duen erakartzeko indarra aurkitu behar dugu. Urte gutxi barru, konturako gara dena ari zaigula bultzaka, kristautasunaren erdigunean Jesusen Berri Ona leialtasun handiagoz jartzera.

1º DOMINGO DE CUARESMA, 26 de Febrero, Mc. 1, 12-15

SIN LUCHA NO PUEDE HABER VICTORIA
Fray Marcos
“Perdona a tu pueblo Señor; no estés eternamente enojado, perdónalo Señor”. Desde niños hemos cantado cientos de veces esta estrofa con el corazón encogido. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. No sólo no es “buena noticia” sino que nos hunde en la más absoluta miseria.
Hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Dios. Jesús nos dice que el perdón es precisamente el punto de partida. Con esta perspectiva hemos arruinado todo proceso espiritual en nuestra vida.
Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar otras explicaciones más de acuerdo con los datos que manejamos sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios. Somos el fruto de una evolución y seguimos avanzando. No he perdido ninguna de mis posibilidades, y mi obligación es aLucasanzar la máxima plenitud posible. La ruptura con Dios es imposible, porque Él forma parte de mi propio ser.
Esto no quiere decir que no falle. El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva del fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente.
El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil ochocientos millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por medio millón de años de trayectoria humana, durante la cual la mayoría se limitan a vegetar.
En efecto, el primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a ese instinto, la vida no sólo se conservó sino que fue aLucasanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens sapiens”.
Su relativa perfección biológica permite al hombre unas relaciones con lo que no es él completamente distintas, fundadas ahora en la armonía y la amabilidad con todo ser. Pero permanece en él, el instinto de conservación que le lleva al individualismo egoísta. La lucha está servida. La visión miope tiene que ser superado por un apropiado conocimiento de sus nuevas posibilidades y por un ejercicio de altruismo que le lleve a potenciar su ser por medio de esas nuevas relaciones.
Fijaros bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.
CONTEXTO EVANGÉLICO
En los tres ciclos litúrgicos, se lee, el primer domingo de cuaresma, el relato de las tentaciones. Este año leemos a Marcos. Es tan breve, que han tenido que añadir unos versículos de relleno. Sin embargo, la concisión no vacía de contenido la narración, sino todo lo contrario. Es impresionante la riqueza del mensaje
EXPLICACIÓN
El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte de Marcos. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Marcos está planteando en tres líneas toda la trayectoria human de Jesús.
El objetivo del relato es muy distinto en Mateo y Lucas, y en Marcos. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Marcos no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. La clase de tentaciones que sufre y el resultado de la lucha será el tema de todo el evangelio, por eso no tiene sentido adelantar acontecimientos. En el evangelio de Marcos, no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora.
“Inmediatamente”. Así empieza el relato, pero como no sabemos lo que pasó antes, no tiene sentido decir: inmediatamente después; por eso comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.
El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto.
Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.
Al desierto. No hace falta resaltar la importancia que tiene la figura del desierto en la espiritualidad del AT. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible recordar todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera.
No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.
Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato:
40 días duró el diluvio,
40 años pasó el pueblo judío en el desierto,
40 días estuvo Moisés en el Sinaí,
40 días para que se conviertan los ninivitas,
40 días camina Elías por el desierto.
No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.
Tentado por Satanás. “Peireo” no significa en primer lugar tentar, sino probar. Para nosotros la tentación es un mal en sí misma, pero el sentido del verbo griego indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber aprobado si no hay examen.
En Mateo y Lucas, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha. En Marcos todo sucede a la vez y durante los cuarenta días: tentación, presencia de las fieras y servicio de los ángeles. Tampoco se da por terminado el tiempo de la tentación; sigue toda su vida.
Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas”, condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras) Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera, era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.
Y los ángeles le servían. Aparte de lo difícil que resulta el saber qué quería decir la palabra ángel, tenemos el problema del verbo “servir”. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio.
Su primer significado era, “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o la expresión de que Dios estaba de su parte.
En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Se dice de algunas mujeres que “servían” a Jesús.
MEDITACIÓN – APLICACIÓN
Hoy no podemos hacer una aplicación concreta del evangelio. Toda nuestra vida tiene que estar orientada por la actitud de Jesús que acabamos de descubrir. Como él debemos afrontar nuestra existencia desde la perspectiva del espíritu de Dios, es decir dejándonos llevar por lo que hay en nosotros de divino, no por la inercia del instinto.
Meditación-contemplación
Sin lucha no puede haber victoria.
Oración
La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándonos llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
que me dará fuerza y valor para derribar todos los ídolos.
……………
Ayuno
Si me creo solo biología y sicología individual,
mi única meta será siempre el egoísmo.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.
………..
Limosna
La relación con los demás es la pantalla
en la que se refleja mi disco duro.
Ella me dirá lo que de verdad hay dentro de mí.
Si no examino con cuidado lo que aparece al exterior,
Nunca descubriré lo que tengo que cambiar dentro.
Fray Marcos

7º DOMINGO T.O., 19 de Febrero, Mc. 2, 1-12

DIOS, EL QUE ME CURA DE MIS PECADOS
José Enrique de Galarreta
FE ADULTA
El relato es brillante, espectacular, perfectamente ambientado en las costumbres. Marcadamente igual en los tres sinópticos, recoge sin duda un suceso famoso, que produjo notable impacto.
Destaca la relación establecida por Jesús: la gran fe que muestran los portadores del enfermo es recompensada. Pero Jesús desborda las expectativas, no se limita a ofrecer la curación, sino que llega a ofrecer mucho más, la curación de un mal más profundo, el pecado. Una vez más, el pecado se presenta como enfermedad, como la peor enfermedad, y Jesús trae la curación de parte de Dios.
Esta oferta es escandalosa. Los letrados ven muy bien el significado profundo de la oferta de Jesús. Un curandero y un mago pueden ofrecer la curación de una enfermedad. La curación del pecado es cosa de solo Dios. Así pues, ¿quién es éste hombre? o, mejor ¿quién se ha creído que es? «Siendo hombre, te arrogas poderes divinos».
Jesús lo estaba esperando, se diría que lo ha provocado. Y acepta el reto. Como siempre, no se defiende sino que contraataca. ¿Qué es más fácil, curar la enfermedad o perdonar los pecados?
Para los escribas, para cualquiera es más fácil decir «perdonados están tus pecados», porque esto no es más que una frase, sin comprobación posible. Pero Jesús sabe que curar la enfermedad es más fácil que curar el pecado. Curar la enfermedad es arreglar una máquina descompuesta. Curar el pecado es volver al ser humano hacia Dios.
Es mucho más fácil querer salir de la enfermedad que querer salir de los propios pecados, porque la enfermedad nos molesta mientras que los pecados nos gustan. Es la vieja teología del pecado que expone el Libro del Génesis: Eva no peca por maldad contra Dios sino porque la fruta es apetitosa. Librar al ser humano de la fascinación del pecado, eso sí que es un milagro.
Y cuando el paralítico sale con su camilla a cuestas, todo el mundo reconoce que jamás se ha visto nada parecido. Ellos hablan de la curación espectacular del paralítico, nosotros lo entendemos mejor, es decir, que un ser humano se atreva a liberar a los otros seres humanos de la fascinación del pecado. (La gente glorificó a Dios que da tal poder a los hombres -así lo cuenta Mateo-).
Pero para eso está Jesús, para quitar el pecado del mundo. Se anuncia por tanto el centro de la misión de Jesús. Todavía es pronto para que entiendan que Dios ni siquiera perdona, sino que busca al hijo extraviado y se vuelve loco de alegría cuando un hijo apartado se vuelve a Él. Todavía lo expresan con el término raquítico de «perdón», pero ya se ha explicado por qué Jesús es Buena Noticia: porque nos va a librar de nuestros pecados.
R E F L E X I Ó N
«Nunca hemos visto nada igual»: sin entenderlo aún, estaban diciendo: «nunca hemos visto hasta ahora el rostro de Dios». Y estamos en la esencia de la Buena Noticia.
Hay una progresión en la comprensión de Dios, y se muestra bien en estos -y otros muchos- textos. Lo aplicaremos, brevemente, a tres temas:
· el milagro
· Dios
· el perdón.
La antigua interpretación del milagro fue simplemente la avasalladora presencia del poder de Dios en favor de Israel (y en contra de sus enemigos). El más espectacular, y también el más deformado por la interpretación religiosa, es sin duda el relato de la salida de Egipto: las plagas y el paso del mar: ni Faraón ni el mismo mar se pueden oponer al poder de Dios que protege a Israel (y mata a sus enemigos, aunque sean inocentes).
Más tarde, el milagro es la demostración de que alguien es verdadero profeta, porque en él actúa el poder de Dios. Así, los maravillosos milagros de Eliseo.
Estas dos interpretaciones aparecen en los evangelios aplicadas a Jesús: así entendieron muchos en Israel los milagros de Jesús: presencia del poder de Dios.
Pero la esencia de los milagros de Jesús va más allá: muestran cómo es Dios. A Dios le conocemos en Jesús; y en Jesús que cura entendemos que Dios es, «esencialmente» (para nosotros) el que cura.
Así accedemos al progresivo conocimiento de Dios. Tras superar la etapa primitiva del dios como presencia circunstancial de poder en lugares concretos, Israel entiende a Dios como Señor Todopoderoso, majestuoso, legislador, justo, retribuidor, inclinado al perdón. Es imagen que tiene más de razón humana que de Palabra revelada, y se deriva entera del concepto de Amo. Y es, evidentemente, correcta, pero no suficiente.
Israel entiende después que Dios es su Libertador, el que trabaja por la libertad, física y espiritual del pueblo (la Patria y la Ley), el que mora en medio de su pueblo, y lo formula con la Alianza y la Promesa. Es el Dios del Éxodo y el Dios de toda la historia ‘deuteronomista’.
Ese dios puede quedar encerrado en el protagonismo religioso del «Pueblo elegido» y, aún más peligroso, en el templo. La respuesta a ese Dios puede quedar encerrada en el cumplimiento escrupuloso de la ley y del culto «para ser justo e irreprochable a los ojos de Dios».
En Jesús, la Palabra queda limpia de todo proceso racional: no deducimos cómo es Dios, sino que contemplamos su rostro: eso es Jesús. «A Dios nadie le ha visto jamás, pero el Hijo nos lo ha dado a conocer».
Me gusta entender este pasaje pensando que «el Hijo» se refiere simplemente a Jesús, no específicamente a la segunda persona de la Trinidad. En el hombre Jesús, el Hijo, conocemos a su Padre, Dios. En Jesús que no da abasto a curar, conocemos al Padre, que es, esencialmente (para nosotros), Médico. Nadie ha podido inventar este Rostro de Dios. Esto es pura Palabra.
De esta forma se culmina también la progresión de nuestro conocimiento del pecado. Primero fue «impureza», algo que se contrae casi por el mero hecho de vivir, y algo que aparta de Dios, impide acceder a su presencia; «impuro» es lo enteramente contrario a «santo».
Por eso Dios es el «completamente Otro», el «tres veces santo», y su presencia está velada, y se necesitan intermediarios, expiaciones, sacrificios…
Más tarde, el pecado fue «culpa», desobediencia, rebelión. El ser humano es capaz de plantar cara ante Dios, creerse libre y desobedecer impíamente, como un adolescente altanero. La salida del pecado se basa entonces en la paciencia de Dios, más inclinado al perdón que a la cólera; el perdón se obtiene por el arrepentimiento, por la penitencia, que logran «ablandar» al Señor y evitan el justo castigo.
Jesús que cura como respuesta a la fe y proclama el perdón gratuito revela otra dimensión en la relación de los humanos con Dios. El Señor sabe muy bien de qué barro estamos hechos, y sigue trabajando en este barro, sigue insuflando en este barro su espíritu. La teología del perdón más avanzada del AT., la más cercana a la de Jesús, es la del capítulo 2-3 del Génesis.
El hombre es barro con espíritu de Dios, las dos cosas -contradictorias- a la vez. El pecado se produce por la fascinación de lo aparentemente bueno, y es ante todo un grave error, creerse más listo que Dios y llamar bueno a lo que nos apetece, ignorando la Palabra. Y eso nos puede destruir. Pero el Génesis termina ahí. Cómo se arregla eso, el Génesis no lo sabe, y recurre al tópico de Dios enojado y a la expulsión.
Jesús sí sabe lo que hace Dios: y hace lo mismo, curar, a cambio de la fe. Fiarse de Dios para ser curado. Fiarse de que Dios es sobre todo médico, aceptar la Palabra: ése es el camino de la salud.
Y así se culmina en Jesús el concepto primero de toda la Biblia: Dios es el Creador. No porque en el principio del tiempo actuó para lanzar el universo, sino porque constantemente, permanentemente, trabaja contra la destrucción, contra la tendencia de la materia al caos, contra la tendencia de la libertad ciega al error suicida: Dios es el que constantemente crea orden, crea vida.
Creador y Salvador es lo mismo: la historia de la creación es la historia de la salvación. La historia de la Creación no se entiende sin conocer el Corazón de Dios: es una historia de amor.
Y así, el perdón queda atrás: de una relación jurídica entre dos seres independientes pasa a ser «aceptar mi condición de ser creado, constantemente creado por el amor de Dios». Dios es el amor creador, nosotros somos los que vivimos si aceptamos ser creados por el amor de Dios.
Hemos invertido el sentido de la relación Dios-hombre respecto al pecado: pensamos que Dios nos perdonará si acudimos a él arrepentidos, si hacemos penitencia. Pero Jesús muestra que es al revés: Dios ofrece su amistad, su cariño, su ayuda, previamente, porque Dios es amor, porque es mi madre. Lo nuestro no es impetrar, conseguir, sino responder. Dios conoce de antemano nuestras debilidades, nuestras oscuridades, y se ofrece para fortalecer y para iluminar.
Y será este Dios el que sea rechazado por los santos y los puros de Israel, como un paradigma del rechazo posterior, crónico y significativo, del Dios de Jesús y, expresamente, de la definición que da Jesús del pecado y de la relación de Dios con nosotros, los pecadores.
Nosotros, la iglesia entera, hemos preferido la vieja postura: Dios perdona si hay arrepentimiento. Es una posición mucho más jurídica, mucho más controlable, mucho más administrable por los ministros de ese dios-juez. Pero debemos considerar, con gozo, la palabra de Jesús: Dios es el que me invita a la salud, a la claridad, a la plenitud. Lo nuestro es responder.
José Enrique Galarreta

6º DOMINGO T.O., 12 de Febrero, Mc. 1, 40 – 45

SENTIR LÁSTIMA, SER COMPASIVOS
«Si quieres puedes limpiarme… lo tocó y dijo: Quiero: queda limpio.»

Fray Marcos
Fe Adulta

 

CONTEXTO

Seguimos en el primer capítulo de Marcos. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar (fue predicando por las sinagogas y expulsando demonios), nos narra la curación de un leproso.

Sigue Marcos más atento a los hechos que a las palabras. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento.

EXPLICACIÓN

La primera lectura es suficientemente expresiva. La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra en la antigüedad, no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Leer más