Lecturas:
Dt 8, 2-3. 14-16
Sal 147, 12-15. 19-20
1Cor 10, 16-17
Jn 6, 51-58
PRIMERAS REFLEXIONES
Como el pasado domingo, hoy prestamos atención expresa a lo que hacemos todos los domingos: la Eucaristía. Será el objetivo esmerarnos en la celebración de hoy hasta conseguir una celebración modélica para todo el curso y dejar tan clara su centralidad que los domingos restantes resulten imprescindibles para el mantenimiento y desarrollo de toda vida cristiana. Algo que molesta a muchos es que se apele al espíritu del Concilio. Para otros lo del “espíritu del Concilio” es una evidencia. Hablamos de Eucaristía. La Eucaristía no es el acto ritual preliminar y necesario para tener muchas hostias consagradas en el sagrario o para luego exponer una públicamente. Ni el sagrario es el centro del espacio de la celebración. (Es más, se recomienda un lugar diferente.) Parecía quedar claro tras el texto del concilio sobre la liturgia (no digamos ya en su espíritu), pero la experiencia de los días demuestra que rebrotan los viejos actos de piedad y se esclerotiza la vida litúrgica. Ya sé la objeción de que una cosa no quita la otra. Será la limitación humana, pero, de hecho, una suele llevarse mal con la otra. La liturgia es acción, los objetos son signos o símbolos, y la fijación en ellos los desfigura y entorpece el fluir de la liturgia. Y eso es un aire, un estilo general, que abarca todo lo que hagamos, todas nuestras expresiones de fe; un aire más bien mágico y otro más espiritual, uno comunitario y otro individualista. Lo tendente a la magia y lo individual parecía marginado, pero resurge con fuerza: es más populista y más objetivable, es más claro y “seguro”. Como sí somos del mundo, aunque no estemos en él, vayamos a lo seguro, manejable y claro. ¿Qué es más importante, facilitar la comunión bajo las dos especies de pan y vino o una hora de adoración eucarística? ¿Qué cante todo el mundo en la celebración o que escuchen todos melodías nuevas y rítmicas? ¿Quién hace más por la vida litúrgica (y cristiana), quien busca un pan más real y verdadero para la celebración o quien prepara una preciosa custodia para exponerlo?
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