DOMINGO XXIV T.O. 11 SEPTIEMBRE

ENSÉÑANOS A PERDONAR 

Fray Marcos 

Mt 18, 21-35 

¿Cuantas veces tengo que perdonar…? Hasta setenta veces siete.  

CONTEXTO 

El evangelio de hoy es continuación del que leíamos el domingo pasado. Allí se daba por supuesto el perdón. Hoy es el tema principal. Mateo sigue con la instrucción sobre cómo comportarse con los hermanos dentro de la comunidad. Sin perdón mutuo sería imposible cualquier clase de comunidad.  

El perdón no es más que una de las manifestaciones del amor y está en conexión directa con el amor al enemigo. Entre los seres humanos es impensable un verdadero amor que no lleve implícito el perdón. Dejaríamos de ser humanos si pudiéramos eliminar la posibilidad de fallar y el fallo real.

 

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DOMINGO XXIII T. O. 4 SEPTIEMBRE MT. 18, 15 – 20

Koinonía 

Lecturas:
Ez 33,7-9: Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre
Salmo responsorial 94: ¡Ojalá escuchen hoy su voz!: “¡No endurezcan su corazón!”
Rom 13,8-10: La plenitud de la Ley es el amor
Mt 18,15-20: Ve y corrígele; tú y él a solas

La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra corresponsabilidad comunitaria. La fe es una respuesta personal, pero se vive en el seno de una comunidad. Por eso todos somos responsables de la vida de cada hermano.

Ezequiel es profeta del exilio. Se presenta como el vigilante de su pueblo. También otros profetas han utilizado esta imagen para caracterizar su misión. La actitud vigilante es un rasgo del auténtico profeta. Estar atento a lo que pasa para alertar y prevenir al pueblo. El profeta verdadero está siempre atento a escuchar la Palabra de Dios. Lee los acontecimientos de la historia y los interpreta a la luz de la Palabra de Dios. El vigilante, celador, velador, centinela o como se le llame en nuestro medio está pendiente de los peligros que acechan al pueblo. Por eso, el profeta es responsable directo de lo que le pueda pasar. El profeta tiene la misión de abrir los ojos. Pero también el pueblo puede aceptar o rechazar la interpelación profética. Lo que no está bien es pasar por alto el peligro.

 

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DOMINGO XXII T. O. 28 AGOSTO Mt. 16, 21-27

Koinonía

Lecturas:

Jr 20,7-9: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir
Salmo responsorial 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Rom 12,1-2: Sepan discernir lo que es la voluntad de Dios
Mt 16,21-27: Quien pierda la vida por mi causa la conservará

La liturgia de hoy centra la atención sobre las consecuencias dolorosas del ministerio profético y del seguimiento de Jesús. Tanto Jeremías como Mateo llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús.

La experiencia del exilio marcó la vida del pueblo de Israel. Fue un momento muy doloroso que le exigió replantear su fe en el Dios de la Alianza. En este marco histórico se ubica el Profeta Jeremías.

Este pasaje pone de relieve el clamor del profeta porque Dios le ha seducido y le ha forzado, ha sido objeto de burla de todos y la palabra ha sido motivo de dolor y desprecio. Por eso el profeta ha querido desentenderse de la misión pero la Palabra ha sido más fuerte y, prácticamente, lo ha vencido.

 

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DOMINGO 21 T.O. 21 AGOSTO Mt. 16, 13-19

Mt 16, 13-19 

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA
 

                  VARIOS  IDIOMAS,  UNA  PRÁCTICA  

Cesarea de Felipe (o Filipo), ciudad que el tetrarca del mismo nombre hizo construir en honor de César Augusto, era un centro importante de cultos helenísticos. Su población griega y siria, así como sus cultos al dios Pan y a las Ninfas, daban de ella una imagen bastante similar a la de la Antioquía de la comunidad de Mateo.  

Una vez más, como en tantas otras ocasiones, la escena que se relata se mueve en el doble nivel histórico: el de los años 30 y el de los años 80. En este caso, en torno a una cuestión decisiva para los discípulos: la identidad de su maestro. ¿Quién es Jesús? 

Es él mismo quien, según la narración, plantea directamente la pregunta, en dos tiempos, buscando la respuesta de la gente y la de sus seguidores.

 

 

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DOMINGO XX T. O. 14 de Agosto

Mt 15, 21-28 

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA
 

El duro diálogo sobre el pan, los hijos y los perros bien pudiera ser un reflejo de lo que se vivía en la propia comunidad de Mateo, atenazada durante años –como otras tantas comunidades cristianas, según se desprende de las cartas de Pablo- por el siguiente debate, decisivo para ellos (aunque a nosotros nos parezca trivial): ¿Qué lugar ocupan los paganos en la comunidad? ¿Pueden formar parte de ella sin necesidad de hacerse previamente judíos? 

Mateo lo enmarca con crudeza, ya que empieza designando a la mujer del relato como “cananea”. En realidad, a los habitantes de Tiro y Sidón se les llamaba sirofenicios. Mateo prefiere utilizar un término arcaico para designar a un pueblo del que los judíos debían mantenerse especialmente alejados. 

 Esta es, pues, la situación, marcada por la distancia e incluso la prohibición de acercamiento. En esta situación, ¿hay que acoger a los “cananeos”? Y en caso de hacerlo, ¿van a gozar de los mismos derechos que los judíos?

 

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DOMINGO XIX T.O. 7 DE AGOSTO

Mt 14, 22-33                                                 

 ORACIÓN,  MIEDO  Y  CONFIANZA  

Enrique Martínez Lozano       

         El evangelio nos ha dejado testimonios de que Jesús buscaba la noche y la soledad para orar. Sea la oración teísta (relacional o afectiva), sea el silencio contemplativo (“estar” desnudo, en el silencio mental), necesitamos conectar conscientemente con el Misterio, Raíz, Fuente, Fundamento y Núcleo de lo que somos, para experimentarnos anclados en él y para dejarnos transformar: para permitir que lo que somos, más allá del ego, salga a la luz. 

         Me parece que no tiene sentido comparar ambas formas de orar, porque ni son contrapuestas ni tienen por qué excluirse. Así como hay muchos niveles diferentes desde los que podemos aproximarnos a la realidad, existen también tantas formas de conectar con el Misterio como personas.

 

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DOMINGO 19 T.O. (A): 7 DE AGOSTO

MIEDO A JESÚS
José Antonio Pagola
Tabira

Mateo ha recogido el recuerdo de una tempestad vivida por los discípulos en el mar de Galilea para invitar a sus lectores a escuchar, en medio de las crisis y conflictos que se viven en las comunidades cristianas, la llamada apremiante de Jesús a confiar en él.
El relato describe de manera gráfica la situación. La barca está literalmente «atormentada por las olas», en medio de una noche cerrada y muy lejos de tierra. Lo peor es ese «viento contrario» que les impide avanzar. Hay algo, sin embargo, más grave: los discípulos están solos; no está Jesús en la barca.

Cuando se les acerca caminando sobre las aguas, los discípulos no lo reconocen y, aterrados, comienzan a gritar llenos de miedo. El evangelista tiene buen cuidado en señalar que su miedo no está provocado por la tempestad, sino por su incapacidad para descubrir la presencia de Jesús en medio de aquella noche horrible.

La Iglesia puede atravesar situaciones muy críticas y oscuras a lo largo de la historia, pero su verdadero drama comienza cuando su corazón es incapaz de reconocer la presencia salvadora de Jesús en medio de la crisis, y de escuchar su grito: «iAnimo, soy yo, no tengáis miedo!».

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DOMINGO XVIII T. O. 31 DE JULIO

Las necesidades de la gente

José Antonio Pagola

  Mateo introduce su relato diciendo que Jesús, al ver el gentío que lo ha seguido por tierra desde sus pueblos hasta aquel lugar solitario, «se conmovió hasta las entrañas». No es un detalle pintoresco del narrador. La compasión hacia esa gente donde hay muchas mujeres y niños, es lo que va a inspirar toda la actuación de Jesús.

De hecho, Jesús no se dedica a predicarles su mensaje. Nada se dice de su enseñanza. Jesús está pendiente de sus necesidades. El evangelista solo habla de sus gestos de bondad y cercanía. Lo único que hace en aquel lugar desértico es «curar» a los enfermos y «dar de comer» a la gente.

El momento es difícil. Se encuentran en un lugar despoblado donde no hay comida ni alojamiento. Es muy tarde y la noche está cerca. El diálogo entre los discípulos y Jesús nos va revelar la actitud del Profeta de la compasión: sus seguidores no han de desentenderse de los problemas materiales de la gente.

 

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DOMINGO XVII T. O. 24 DE JULIO

Un dios sin atractivo

José Antonio Pagola

Jesús trataba de comunicar a la gente su experiencia de Dios y de su gran proyecto de ir haciendo un mundo más digno y dichoso para todos. No siempre lograba despertar su entusiasmo. Estaban demasiado acostumbrados a oír hablar de un Dios sólo preocupado por la Ley, el cumplimiento del sábado o los sacrificios del Templo.

Jesús les contó dos pequeñas parábolas para sacudir su indiferencia. Quería despertar en ellos el deseo de Dios. Les quería hacer ver que encontrarse con lo que él llamaba “reino de Dios” era algo mucho más grande que lo que vivían los sábados en la sinagoga del pueblo: Dios puede ser un descubrimiento inesperado, una sorpresa grande.

En las dos parábolas la estructura es la misma. En el primer relato, un labrador «encuentra» un tesoro escondido en el campo… Lleno de alegría, «vende todo lo que tiene» y compra el campo. En el segundo relato, un comerciante en perlas finas «encuentra» una perla de gran valor… Sin dudarlo, «vende todo lo que tiene» y compra la perla.

 


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EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO. Ciclo A. 26 de junio de 2011

Lecturas:
Dt 8, 2-3. 14-16  
Sal 147, 12-15. 19-20  
1Cor 10, 16-17  
Jn 6, 51-58

PRIMERAS REFLEXIONES

Como el pasado domingo, hoy prestamos atención expresa a lo que hacemos todos los domingos: la Eucaristía. Será el objetivo esmerarnos en la celebración de hoy hasta conseguir una celebración modélica para todo el curso y dejar tan clara su centralidad que los domingos restantes resulten imprescindibles para el mantenimiento y desarrollo de toda vida cristiana. Algo que molesta a muchos es que se apele al espíritu del Concilio. Para otros lo del “espíritu del Concilio” es una evidencia. Hablamos de Eucaristía. La Eucaristía no es el acto ritual preliminar y necesario para tener muchas hostias consagradas en el sagrario o para luego exponer una públicamente. Ni el sagrario es el centro del espacio de la celebración. (Es más, se recomienda un lugar diferente.) Parecía quedar claro tras el texto del concilio sobre la liturgia (no digamos ya en su espíritu), pero la experiencia de los días demuestra que rebrotan los viejos actos de piedad y se esclerotiza la vida litúrgica. Ya sé la objeción de que una cosa no quita la otra. Será la limitación humana, pero, de hecho, una suele llevarse mal con la otra. La liturgia es acción, los objetos son signos o símbolos, y la fijación en ellos los desfigura y entorpece el fluir de la liturgia. Y eso es un aire, un estilo general, que abarca todo lo que hagamos, todas nuestras expresiones de fe; un aire más bien mágico y otro más espiritual, uno comunitario y otro individualista. Lo tendente a la magia y lo individual parecía marginado, pero resurge con fuerza: es más populista y más objetivable, es más claro y “seguro”. Como sí somos del mundo, aunque no estemos en él, vayamos a lo seguro, manejable y claro. ¿Qué es más importante, facilitar la comunión bajo las dos especies de pan y vino o una hora de adoración eucarística? ¿Qué cante todo el mundo en la celebración o que escuchen todos melodías nuevas y rítmicas? ¿Quién hace más por la vida litúrgica (y cristiana), quien busca un pan más real y verdadero para la celebración o quien prepara una preciosa custodia para exponerlo?

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