4º Domingo de Pascua, 29 de Abril, Jn. 10, 11-18

DAR Y RECUPERAR LA VIDA

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

En cierto sentido, el verbo “entregar”, que ocupa un lugar destacado en el cuarto evangelio, podría definir a Jesús: él es quien se entrega (o “el entregado”): “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único” (3,16).

Una entrega que recuerda a la imagen del grano de trigo, usada por el mismo evangelista: “El grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; solo entonces producirá fruto abundante” (12,24).

Esta imagen nos hace caer en la cuenta de una ley que parece regir en todo, pero que con frecuencia olvidamos. Todo lo que conocemos es un misterio de muerte-resurrección. Únicamente resucita lo que muere; solo se recupera lo que se entrega. Y todos nos hallamos inmersos en esa misma dinámica.

Me gustaría expresarlo con palabras de Claudio Naranjo:

“Una cosa es clara: que el proceso de evolución de la conciencia individual es una especie de metamorfosis psico-espiritual –una transformación- que entraña un proceso de muerte y renacimiento…

“Atravesamos por diversas y pequeñas muertes psicológicas a través de las cuales vamos dejando atrás ciertas motivaciones, y nos vamos desprendiendo de aspectos de la personalidad forjada durante la infancia, de lo postizo, que es algo que hemos interiorizado de la patología social que nos rodea o algo que tuvimos que adoptar a modo de defensa…

“A medida que nos vamos liberando de lo obsoleto y limitante, va emergiendo nuestra potencialidad interior, esa conciencia mayor que llamamos espíritu y que es como la flor de nuestra vida. En el lenguaje de la Psicología Transpersonal, vamos dejando atrás el ego, y con ello vamos liberando nuestro ser esencial de la prisión de nuestra «neurótica» compulsividad condicionada”.

El misterio de muerte-resurrección, en los seres humanos, no es otro que la posibilidad del paso del ego a nuestra verdadera identidad. Ese paso es de tal envergadura que, hasta donde sabemos, solo se puede producir a través de la “noche oscura” en la que, nos entregamos por completo, para ser completamente “reencontrados” en otro nivel de nuestra identidad.

El ego es ese grano de trigo que, al morir, permite que emerja la espiga que realmente somos.

Jesús vivió este paso (que, probablemente, quiso quedar reflejado en el relato de las tentaciones), y eso hizo posible que toda su vida fuera entrega.

La capacidad de entrega es uno de los primeros signos de madurez personal. La persona madura es aquélla que es capaz de amar y de entregarse de forma gratuita. No lo hace por un voluntarismo moral, ni por la búsqueda de una recompensa religiosa.

La entrega nace de la comprensión de quienes somos. Es cierto que la experiencia de la propia vulnerabilidad puede abrirnos a socorrer la vulnerabilidad de los otros. Pero solo cuando comprendemos que nuestra identidad es Amor universal y gratuito –la identidad transpersonal, a la que se refería Claudio Naranjo-, la entrega brota espontánea.

La entrega de Jesús –que se visibilizará en la cruz, pero que lo acompañó durante toda su vida- queda plasmada en la alegoría conocida como “del buen pastor”.

Se trata de una imagen que a nuestros contemporáneos les resulta, a la vez, anacrónica y peligrosa. Anacrónica, porque las escenas del pastor cuidando del rebaño han desaparecido del universo mayoritariamente urbano y desarrollado. Peligrosa, porque la imagen del rebaño conlleva resabios de borreguismo, que la conciencia moderna rechaza visceralmente, por evocar el binomio poder/sumisión.

El hombre y la mujer contemporáneos no andan buscando “pastores”, por más que luego se vayan detrás de cualquier señuelo, sino compañeros de camino que hayan experimentado lo que dicen y que, por ese mismo motivo, puedan ser guías eficaces.

No era así en la Palestina del siglo I. Tal como quedó plasmada en el Salmo 23 -“el Señor es mi pastor, nada me falta”-, la imagen del “pastor” fue aplicada a Yhwh, y hacía alusión al cuidado amoroso, que permite vivir en una confianza inquebrantable.

Por eso hoy, aunque la imagen haya quedado obsoleta, con reminiscencias autoritarias, y sea irrecuperable –no sé si resulta positivo seguir usando la imagen del “pastor” en la comunidad cristiana-, su contenido sigue siendo plenamente actual, en cuanto proclama la actitud de entrega a los otros hasta el final.

Se trata, además, de una entrega que se basa en el mutuo “conocerse”, tal como este verbo se entiende en el mundo bíblico: “conocer” hace referencia a algo íntimo y experiencial.

En este sentido, la entrega, así entendida, es lo que vivió Jesús, quien “pasó por la vida haciendo el bien” (Hech 10,38). Pero puede considerarse también como un nombre de la Divinidad: Dios es Entrega, pura Donación, puro Amor y Cuidado. Eso es lo que caracteriza a la Fuente de todo lo real.

Y entrega es también nuestra vocación, porque es nuestra identidad. No somos el ego narcisista, que gira en torno a sí mismo, en un movimiento egocentrado y devorador…, aunque con frecuencia nos vivamos así, como consecuencia de nuestra ignorancia y de nuestras carencias afectivas.

No somos ese ego, que no es sino un conjunto de pautas mentales y emocionales, grabadas con fuerza en nuestro psiquismo. Somos el Amor incondicionado, que es cuidado y entrega.

También desde esta perspectiva, podemos reconocer a Jesús como el “espejo” de lo que somos. El vive lo que es… y eso hace que despierte en nosotros lo que somos, en una Identidad compartida o no-dual.

El texto habla de “entregar la vida” y “recuperarla”. En realidad, solo la recuperamos cuando la entregamos. Sin entrega, nos hallamos encerrados en el caparazón narcisista, alejados también de la consciencia clara de la Vida. Somos como el gusano que se niega a ser mariposa.

En la medida en que nos abrimos y entregamos, lo que aparece ahí es la Vida, y nosotros nos reencontramos con nuestra verdadera identidad. No somos el ego que tenemos transitoriamente, sino la Vida que se expresa en esta forma concreta.

El misterio de muerte-resurrección, al que aludía en el inicio, consiste en morir al ego para que pueda vivir la vida que realmente somos. O, en palabras del propio Jesús, “quien quiera salvar su vida (ego), la perderá, pero el que la pierda por mí y por la buena noticia, la salvará” (Marcos 8,35).

“Perder la vida” por Jesús es asumir su modo de vivir, desidentificado del ego y entregado hasta el final.

Con esas palabras, el evangelio nos pone frente a todo un desafío: el de entender nuestro vivir como un aprendizaje continuo, hasta reconocernos en quienes somos; un aprendizaje que es, en términos del propio evangelio, metanoia, conversión, paso del ego a la Consciencia que somos.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

 

Paskoaldiko IV. Igandea, Apirilaren 29a, Jn. 10, 11-18

DAGOKIGUN KONTUA DA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus artzain ona delako sinboloa gogaigarri zaio gaur egun, hein batean, zenbait kristauri. Ez dugu nahi artalde bateko arditzat har gaitzaten. Ez dugu inork goberna gaitzan beharrik, ezta gure bizitza inork kontrola dezan ere. Errespeta gaitzaten nahi dugu. Ez dugu inongo artzainen premiarik.

Lehen kristauek ez zuten horrela sentitzen. Jesus artzain onaren irudia oso garaiz bihurtu zen Jesusen imajinarik gogokoen. Erromako katakonbetan, jada, ardi galdu bat lepoan duela irudikatu zuten Jesus. Inork ez du hartu Jesus artzain autoritariotzat, bere jarraitzaileak zaintzeari eta kontrolatzeari emandakotzat, baizik eta artatzen dituen artzain ontzat.

«Artzain ona» bere ardiez arduratzen da. Hori du bere lehen ezaugarria. Ez ditu bazter uzten sekula. Ahulenei edo gaixoei begira bizi ohi da beti. Ez da artzain-morroia bezalako; honek, arriskuren bat ikusi orduko, ihes egiten du, bere burua salbatzera, artaldea bertan behera utzirik; honi ez zaizkio axola ardiak.

Oroitzapen ezabaezina utzia zuen Jesusek. Ebanjelioetako kontakizunek honela deskribatu dute: gaixoez arduraturik, baztertuez, txikiez, babesgabeenez eta ahaztuenez, galduenez kezkaturik. Ematen du bere buruaz ez dela arduratzen. Beti gainerakoak buruan. Batez ere, ezinduenak ditu axola.

Bada, ordea, besterik ere. «Artzain onak bizia eman du bere ardientzat». Bigarren ezaugarria da. Bost alditaraino errepikatu du Joanen ebanjelioak hizkuntza hau. Jesusek jendeari dion maitasunak ez du mugarik. Bere burua baino gehiago maite ditu besteak. Guztiak maite ditu artzain onaren maitasunez; ez du ihes egin arriskuaren aurrean, baizik eta bizia eman du artaldea salbatzeko.

Horregatik, Jesusen irudia, «artzain onarena», oso garaiz bihurtu zen, haren jarraitzaileentzat, kontsolamenduaren eta konfiantzaren mezu. Kristauek Jesusengana jotzen ikasi, 22. salmotik hartutako hitz hauekin ikasi zuten: «Jauna dut artzain, ez dut ezar falta… mendiarte ilunetan ibili behar badut ere, ez naiz ezeren beldur, neurekin baitzaitut zu… Ene bizitzako egun orotan lagun ditut zure ontasuna eta zure errukia».

Kristauok, sarritan, harreman aski pobreak izan ohi ditugu Jesusekin. Esperientzia biziago eta bihozkoiago baten premia izan ohi dugu. Ez dugu uste izaten hark artatzen, zaintzen gaituela. Ahaztu egin ohi dugu harengana jo dezakegula, nekaturik eta indarrik sentitzen garenean, edo galdurik eta norabiderik gabe.

Eliza bat, oker ezagutua edo soilik doktrina bidez ezagutua den Jesusekin erlazionatzen diren kristauek moldatua, elkarteetan ahotsa egoki entzuten ez zaion Jesusekin erlazionatuek moldatua den Eliza bat…, bere Artzainaz ahazteko arriskuan bizi da. Alabaina, zeinek zainduko Eliza, beronen Artzainak ez bada?

3º DOMINGO DE PASCUA, 22 de abril, Lc. 24,35-47

UNA PRESENCIA REAL PERO NO CORPÓREA

En su nombre se predicará conversión y perdón a todos los pueblos

Seguimos en tiempo pascual. El tema de este domingo sigue siendo Jesús que vive y da Vida. Esa nueva Vida queda reflejada en las tres lecturas de hoy como conversión y perdón.

El pecado es la única muerte a la que debíamos tener miedo, porque es la única realidad que aniquila la verdadera Vida. Pero pecado es siempre hacer daño a los demás o hacerse daño a sí mismo. Solo cuando hay injusticia y opresión podemos decir con propiedad que hay pecado. Si hay pecado, hay muerte y por tanto, falta de Vida

Todos estamos de acuerdo (incluido el Papa) en que Jesús no volvió a la vida biológica; por lo tanto lo que pasó en Jesús después de su muerte no puede ser objeto de la ciencia ni de la historia.

Una realidad no puede ser a la vez material y espiritual. Si Jesús recuperó su cuerpo, necesariamente tiene que estar en el tiempo y en un lugar. Si decimos que su cuerpo es espiritual (Pablo lo dice expresamente), estamos afirmando que no hay cuerpo. Si no es cuerpo, no se puede constatar por los sentidos y no puede caer dentro del ámbito de lo histórico.

Esta realidad, en sí misma, no se puede constatar históricamente, pero los efectos que produjo en sus seguidores, sí pueden ser constatados por la ciencia y por la historia. Solo a través de esos efectos podemos enterarnos de que Jesús sigue vivo y está dando vida a la comunidad. Esto es lo que los textos nos quieren transmitir.

La aparición a los once es narrada, por todos los evangeli­stas, aunque de muy distinta manera. Un verdadero relato lo encontra­mos solo en Lucas y Juan. Recordemos que son los dos últimos en escribir su evangelio, y por eso nos trasmiten relatos muy elaborados teológicamente.

En los textos más antiguos se habla siempre de (ôphthè) “dejarse ver”. Es este un término técnico, que normalmente se traduce por aparecerse, aunque no es una traducción adecuada.

Para que veáis la dificultad de traducir esa palabreja, basta tener en cuenta que…

· Pablo la utiliza en 1 Cor, 15 para decir que Cristo se apareció a Cefas, a Santiago y a Pablo; y en 1 Tim 3,16, para decir que se apareció a los ángeles.

· La misma palabra es empleada para decirnos que Moisés y Elías se “aparecieron” junto a Jesús.

· También se utiliza para designar las lenguas de fuego que “aparecieron” sobre la cabeza de los apóstoles.

· En el discurso de Esteban, Dios se “aparece” a nuestro padre Abrahán.

En los relatos más tardíos, se tiende a la materialización de la presencia, tal vez para contrarrestar la duda, que se destaca cada vez más. En Mateo se duda que sea el Cristo; en Lucas y Juan se duda de que sea Jesús de Nazaret.

La materialización y la duda están relacionadas entre sí. Cuando los testigos de la vida de Jesús van desapareciendo, se siente la necesidad de insistir en la corporeidad del Jesús resucitado. Caen en la trampa en la que nosotros seguimos aprisionados: confundir lo real con lo que se puede constatar por los sentidos. Hoy sabemos que la verdadera realidad no es lo sensible, sino lo espiritual.

En el evangelio de Lucas que acabamos de leer, Jesús aparece de improviso, como había desaparecido después de partir el pan en Emaús. Se presenta en medio, no viene de ninguna parte. En el relato que precede de Emaús, había dejado claro que Jesús se hace presente en el camino de la vida, en la Escritura y en la fracción del pan. Aquí se hace presente en medio de la comunidad reunida. Esto lo tenía ya muy claro la primitiva iglesia cincuenta o sesenta años después de la muerte de Jesús, cuando se escribió este evangelio.

“Llenos de miedo”. No tiene mucha lógica el terror manifestado, si tenemos en cuenta que los discípulos ya habían recibido el anuncio de las mujeres, la confirmación del sepulcro vacío por parte de Pedro, y una aparición al mismo Pedro que el evangelio menciona, pero no relata. En ese mismo momento en que aparece Jesús, los de Emaús les estaban contando lo que les acababa de pasar.

Si a pesar de todo, siguen teniendo miedo, quiere decir que no fue fácil comprender que la Vida puede vencer a la muerte. También nos advierte de que, lo que se narra, no pudo ser una invención de los discípulos, porque no estaban nada predispuestos a esperar lo sucedido.

Es curioso: en Juan, los discípulos reunidos tienen miedo de los judíos; en Lucas, tienen miedo del mismo Jesús que se les aparece.

“Creían ver un fantasma”. El texto se empeña en que tomemos conciencia de lo difícil que fue reconocer a Jesús. Los que acaban de llegar de Emaús caminan varios kilómetros con él y cenan con él sin conocerle. Incluso Magdalena pensó que se trataba del hortelano.

¿Qué nos quieren decir estas acotaciones? Era Jesús, pero no era él.

En el relato de hoy se dice: “Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros”. ¿Es que en ese momento no estaba con ellos?

Estas incongruencias nos tienen que abrir los ojos. No es tan sencillo descubrirlo, pero los textos nos quieren decir mucho más que la simple narración de un suceso.

“Mirad mis manos y mis pies, palpadme”. Las manos y los pies, prueba de su muerte por amor en la cruz; y de que ese Jesús que se deja ver ahora, es el mismo que crucificaron. Una vez más se insiste en la materialidad de lo narrado. Es importante dejar claro que no se trata de fantasías o ilusiones de los discípulos. En absoluto estaban predispuestos a creer en la resurrección, más bien se les impuso contra el común sentir de todos ellos.

Esto da plena garantía de autenticidad a lo que nos quieren trasmitir, aunque al empaquetarlo en una narración, tenemos el peligro de quedarnos en la materialidad.

No les importa la falta de lógica del relato. Un refrán escolástico dice: “Lo que prueba demasiado no prueba nada”. Cuando desapareció Jesús ¿qué pasó con aquel trozo de pescado que comió?

“Así estaba escrito” Otra característica de Lucas es la insistencia en que se tienen que cumplir las Escrituras. Esto es muy interesante, porque todos los salmos que hablan del siervo doliente terminan con la intervención de Dios que se pone de su parte y reivindica su justicia.

En las primeras comunidades, todos eran judíos; no tenían otro universo religioso para interpretar a Jesús que su Escritura. A pesar de que Jesús dio un paso de gigante sobre las Escrituras a la hora de decirnos quién es Dios, ellos siguen echando mano del AT para poder interpretar su figura.

Al insistir en que las Escrituras se tienen que cumplir, nos están diciendo que todo está bajo el control de Dios. No son los enemigos de Jesús los que se han salido con la suya, sino que el plan de Dios se cumple a través de los acontecimientos por muy adversos que se puedan presentar. Hoy sabemos que este afán por descubrir en las Escrituras lo que después pasó en Jesús, no pasa de ser una interpretación acomodaticia.

“Mientras estaba con vosotros”. Indica con toda claridad que ahora no está con ellos físicamente. Estas son las pistas que tenemos que advertir para no caer en la trampa de una interpretación literal.

Jesús está presente en medio de la comunidad. Su presencia es objeto de experiencia personal, pero no caen en la tentación de creer que sea la misma presencia de la que disfrutaron cuando vivía con ellos.

Jesús es el mismo, pero no está con ellos como antes. Está con ellos, come con ellos se relaciona con ellos, pero no de la misma manera que lo hacía cuando andaba por los caminos de Galilea.

Tampoco pensemos que esta presencia es de inferior categoría. Esta presencia de Jesús en medio de la comunidad es mucho más real que antes. Ahora es cuando descubren al verdadero Jesús.

También el encargo de predicar la buena noticia se apoya en las Escrituras. La buena nueva es la conversión y el perdón. Las otras dos lecturas de este domingo apuntan en esta dirección.

Si pecado es toda opresión, el dejarse matar antes que oprimir a nadie es la señal suprema de que el pecado está superado.

La buena noticia de Jesús es que Dios es amor. Su experiencia del Abba nos tiene que tranquilizar a todos. El amor de Dios es incondicional por su parte. Pero en la primera lectura, Pedro, y en la segunda Juan, nos recuerdan que somos nosotros los que fallamos en la parte que nos corresponde para hacer nuestro ese amor de Dios.

(Hch 3,13-19) “Arrepentíos y convertíos para que se os perdonen los pecados”.PRIVATE

(1 Jn 2,1-5) “Quien dice: yo le conozco, y no guarda sus mandatos, es un mentiroso y la verdad no está en él.”

Para terminar, recordemos la última diferencia notable entre Lucas y Juan. En Juan, sopla sobre ellos y les confiere el Espíritu. En Lucas les promete que se lo enviará. La diferencia es solo aparente, porque el Espíritu ni tiene que mandarlo ni tiene que venir de ninguna parte. Es una realidad espiritual que está siempre en nosotros. Podríamos decir que llega a nosotros, cuando lo descubrimos, y vivimos su presencia.

La epístola de Juan tiene que hacernos reflexionar. Quien dice: yo le conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso. Está claro que no habla de un conocimiento teórico, sino de una identificación con él.

Una erudición exhaustiva sobre la figura de Jesús, no garantiza una vida cristiana. Aceptar con escrupulosidad todos los dogmas, no dará seguridad ninguna de verdadera salvación en Jesús. No se trata de conocer mejor a Jesús, sino de nacer a la Vida que él vivió y desplegarla con la mayor intensidad posible.

Meditación-contemplación

Jesús se hace presente en medio de la comunidad.

Ésta es la realidad pascual vivida por los primero seguidores.

Ésta es la realidad que tememos que vivir hoy,

si queremos ser de verdad sus discípulos.

……………….

No debemos esperar que Jesús se vaya a aparecer visiblemente.

Somos nosotros los que tenemos que hacerle presente.

El objetivo de la vida humana de Jesús,

fue hacer presente a Dios en este mundo.

………………..

Hacer presente a Jesús es hacer presente a Dios.

Puesto que Dios es amor, solo con amor se le puede manifestar.

Cada vez que ayudamos, de cualquier forma, a otra persona,

estamos haciendo presente a Dios.

……………….

Fray Marcos

 

Pazkoaldiko III. Igandea, Apirilaren 22a, Lk. 24, 35-48

TESTIGOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

LEKUKOAK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain
Eclesalia

Jesus berpiztuak eta ikasleek topo egin izana esperientzia fundatzaile bezala deskribatu du Lukasek. Argi dago Jesusen gogoa. Bere asmoa ez du bukatu gurutzean. Hil ondoren, Jainkoak berpizturik, harremanetan jarri da bereekin, «lekukoen» mugimendua abian jartzeko, herri guztiei Berri Ona kutsatzeko gai izango direnena: «Ene lekuko zarete zuek».

Ez da izan gauza erraza gizon haiek, nahasmenduak eta beldurrak joak dituzten haiek, lekuko bihurtzea. Pasadizo guztian, ikasleak isilik egon dira, guztiz mutu. Narratzaileak haien barneko mundua bakarrik deskribatu du: izuak joak dira; larri eta ustekabeko sentitzen dira; ederregi iruditzen zaie hura guztia egia izateko.

Jesusek berregingo du haien fedea. Gauzarik garrantzizkoena, ez daudela bakarrik senti dezaten da. Bizi bete-beteko sentitu behar dute Jesus beren artean. Hauek dira Berpiztuagandik entzun dituzte lehen hitzak: «Bakea zuei… Nolatan duda-muda horiek zeuen baitan?»

Geure artean Jesusen presentzia biziaz ahazten garenean, geure protagonismoa eta tirabirak direla medio Jesus lauso eta ikusezineko bihurtzen dugunean, tristurak haren bakea ez beste guztia sentiarazten digunean, batak besteari ezkortasuna eta sinestezina kutsatzen diogunean… bekatu egiten ari ohi gara Berpiztuaren aurka. Orduan, ezinezkoa da lekukoen Eliza.

Beren fedea esnatzeko, Jesusek ez die eskatzen aurpegira begira diezaioten, baizik eskuetara eta oinetara. Ikus ditzatela gurutzeko beraren zauriak. Izan dezatela beti beren begi aurrean heriotzaraino eman duen maitasuna. Ez da mamua. «Ni neu naiz, neu». Galileako bideetan ikusi eta maite izan duten hura bera.

Berpiztuarekiko geure fedea gogorapenetan oinarritu nahi izan dugun guztietan, mamu bihurtu izan dugu Jesus. Harekin topo egin ahal izateko, ebanjelioen kontakizunak ikusi beharko ditugu: gaixoak bedeinkatzen eta haurrak ferekatzen zituzten esku haiek aurkitzeko; ahaztuenak direnen bila nekatuak diren oin haiek aurkitzeko; Jesusen zauriak eta nekaldia aurkitzeko. Jesus huraxe da orain bizi dena, Aitak berpiztua.

Beldurrez eta duda-mudazko ikusi dituen arren, konfiantza izan du Jesusek ikasleengan. Berak bidaliko die sostengu izango duten Espiritua. Horregatik gomendatzen die munduan bere presentzia luza dezaten: «Honen guztiaren lekuko zarete zuek». Ez dute zertan irakatsi irakaspen handiosik, baizik, soilik, beren esperientzia kutsatu. Ez dute zertan predikatu teoria handi-mandirik Kristoz, baizik, soilik, haren Espiritua distiratu. Beren bizieraz egin behar dute sinesgarri, eta ez hitzez bakarrik. Hauxe da Elizaren betiko zinezko arazoa: lekukorik eza.

 

2º DOMINGO DE PASCUA, 15 de Mayo de 2012, Jn. 20, 19-31

UNA EXPERIENCIA PERSONAL VIVIDA EN COMUNIDAD

¿Porque me has visto ha creído? Dichosos los que crean sin ver.

Fray Marcos
FE ADULTA

La clave de todas las apariciones, que se relatan en los evangelios, es la que Jesús hace a la comunidad reunida. La experiencia pascual de los seguidores de Jesús demostró que es en la comunidad, donde se puede descubrir la presencia del verdadero Jesús.

La comunidad es la garantía de la fidelidad a Jesús y al Espíritu. Pero sobre todo, es la comunidad la que recibe el encargo de predicar. La misión de anunciar el evangelio no se la han sacado ellos de la manga, sino que es el principal mandato que reciben de Jesús. La nueva presencia de Jesús es la legitimación de la tarea más importante de la comunidad.

Juan es el único que desdobla el relato de la aparición a los apóstoles. Con ello personaliza en Tomás el tema de la duda, que es capital en todos los relatos de apariciones.

“El primer día de la semana”. Dios hizo la primera creación en seis días. Jesús da comienzo a la nueva creación. En Jesús, la creación del hombre llega a su plenitud.

El local cerrado a cal y canto como consecuencia del miedo, delimita el espacio de la comunidad, fuera está el mundo hostil. Como el antiguo Israel, en su éxodo, están atemorizados ante el poder del enemigo.

El Mensaje de María Magdalena haciéndoles saber que Jesús vivía, no les había liberado del miedo. Para entrar en la dinámica de Pascua, no basta conocer de oídas, es necesaria la experiencia viva para tener la seguridad y la alegría.

Jesús aparece en el centro, porque, ahora, él es para ellos la única referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. No atravesó la puerta o la pared, no recorrió ningún espacio; se hace presente en medio de la comunidad directamente.

El saludo elimina el miedo y las incertidumbres. Las llagas, signo de su entrega, evidencian que es el mismo que murió en la cruz. La permanencia de las señales de su muerte, indica la permanencia de su amor. Garantiza además, la identificación del resucitado con el Jesús crucificado.

Ya no hay lugar para el miedo a la muerte. La verdadera Vida nadie puedo quitársela a Jesús ni se la quitará a ellos. La comunidad tiene ahora la experiencia de que Jesús Vive y les comunica esa misma Vida.

El segundo saludo trata de darles fuerza para la misión. Les ofrece una paz para el presente y para el futuro. En los relatos de apariciones la misión es algo esencial, sobre todo en Juan; les había elegido para llevarla a cabo. La misión ha de ser cumplida como la cumplió él, demostrando un amor total. La misión es el principal encargo que les había dejado Jesús, durante su vida y es el objetivo último de todas las apariciones.

Si toman conciencia de que poseen la verdadera Vida, el miedo a la muerte biológica no les preocupará en absoluto. La Vida que él les comunica es definitiva y permanece.

El verbo soplar, usado por Juan, es el mismo que se emplea en Gn 2,7. Con aquel soplo el hombre barro se convirtió en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da verdadera Vida. Esa nueva Vida es la capacidad de amar como ama Jesús. Se trata de una nueva creación del hombre. La condición de hombre-carne queda transformada en hombre-espíritu. Les saca de la esfera de la opresión y les hace libres, quita el pecado del mundo.

El Espíritu recibido es el criterio para discernir las actitudes y los hechos que se derivan de esa Vida. El Espíritu permite a la comunidad discernir la autenticidad de los que se adhieren a Jesús y salen del ámbito de la injusticia al del amor.

Debemos tener mucho cuidado al traducir estos textos y no hacerles decir lo que no dicen. El Espíritu no se refiere a la tercera persona de la Trinidad. Se trata de la fuerza que les capacita para la misión.

Deducir de aquí la institu­ción de la penitencia, es ir mucho más lejos de lo que permite el texto. El concepto de pecado que tenemos hoy no se elaboró hasta el s. VII. Lo que entienden por pecado las primeras comunidades es algo muy distinto.

Jesús no vino ni a juzgar ni a condenar; mucho menos a la comunidad. El texto quiere decir que, ante la comunidad quedará patente el pecado de los que se niegan a dar su adhesión a Jesús. Ni Jesús ni la comunidad dan sentencia, contra nadie. La sentencia se la da a sí mismo cada uno con su actitud.

La referencia a «los doce», aunque sólo fueran once, designa la comunidad cristiana como heredera de las promesas de Israel. Tomás había seguido a Jesús, pero, como los demás, no le había comprendido del todo. Ni él ni los demás eran capaces de concebir una Vida definitiva que permanece después de la muerte. Separado de la comunidad, no tiene la experiencia de Jesús vivo. Una vez más se destaca la importancia de la experiencia compartida en comunidad.

«Hemos visto al Señor» No es una mera afirmación de visión sensorial. Significa la experiencia de la presencia de Jesús que les ha trasformado. Les sigue comunicando la Vida, de la que tantas veces les había hablado. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que ahora brilla en la comunidad. El relato insiste en que Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. A pesar de todo, los testimonios no pueden suplir la experiencia, y Tomás es incapaz de dar el paso.

“A los ocho días» cuando se escribe este texto, la comunidad ya seguía un ritmo semanal de celebraciones. Jesús se hace presente en la celebración comunitaria, cada 8 días. La nueva creación del hombre que Jesús ha realizado durante su vida, culmina en la cruz el día sexto. Estaban reunidos dentro, en comunidad, es decir, en el lugar donde Jesús se manifiesta, en la esfera de la Vida, opuesto a «fuera», el lugar de la muerte.

Tomás se ha reintegrado a la comunidad. Ahora puede experimentar lo que no creyó. Jesús se dirige a Tomas, porque viene para todos, y una vez dentro de la comunidad, también Tomás encontrará a Jesús. Una vez más, las señales son inseparables de la muerte por amor. La resurrección no lo separa de la condición humana anterior. No es el paso a una condición superior sino la misma condición humana llevada a su culminación.

La respuesta de Tomás es extrema, igual que su incredulidad. Al llamarle Señor, reconoce a Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Al decir “mío” expresa su cercanía, como la Magdalena.

Después de 1,18, es la primera vez que es llamado simplemente “Dios”. Los judíos lo habían acusado de hacerse igual a Dios e incluso Hijo de Dios. En 1,1 se había dicho: “un Dios era el proyecto”. Jesús ha cumplido el proyecto, amando como Dios ama. (14,20) “Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre”. (14,9) “Quien me ve a mí, ve al Padre”.

Dándoles su Espíritu, Jesús quiere que ese proyecto lo realicen también todos los suyos, con la misma fuerza con que él lo realizó. Jesús descubre al hombre todas sus posibilidades: trascenderse a sí mismo y llegar a ser divino.

Tomás tiene ahora la misma experiencia de los demás: ver a Jesús en persona. El reproche de Jesús se refiere a la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Pero la adhesión no se da al Jesús del pasado, sino al Jesús presente, que es a la vez, el mismo y distinto. El marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo, resucitado.

Por exigir esa presencia externa y sensorial, la experiencia de Tomás no puede ser modelo. Fijaos en lo curioso del caso. El evangelista elabora una perfecta narración de apariciones y a continuación nos dice que no es esa presencia externa la que debe llevarnos a la fe. La demostración de que Jesús está vivo, tiene que ser el amor manifestado en la comunidad. Descubrir ese amor tiene que llevar a la fe en Jesús vivo. Dichosos los que al descubrir ese amor manifestado, descubran la presencia de Jesús.

La advertencia es para los del tiempo en que escribió el evangelio y para todos nosotros. En 14,19 había dicho: “Vosotros me veréis porque yo tengo Vida y también vosotros la tendréis”. El mensaje queda abierto al futuro. Muchos seguirán creyendo aunque no lo vean. Este es el objeto del relato.

En el relato se puede apreciar el afán por dar la máxima veracidad y viveza a cada detalle, pero a la vez, la falta de coherencia en la sucesión cronológica de los hechos, nos está advirtiendo de que no se trata de una crónica de sucesos. Lo que se trata de comunicar son vivencias internas de los discípulos reunidos. Lo que quieren trasmitirnos está más allá de lo que entra por los sentidos o podemos imaginar. La clave para entender todos estos relatos está en descubrir que se empeñan en hablar de lo inefable.

El mensaje para nosotros hoy es muy claro: sin una experiencia personal, llevada a cabo en el seno de la comunidad de los creyentes, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora está comunicando a todo el que se abre a su mensaje.

Todos nosotros tenemos que pasar por el mismo proceso que tuvieron que superar los discípulos. Se trata del paso, del Jesús “aprendido”, al Jesús experimentado. Ese cambio siempre será difícil, pero sin él, no hay posibilidad ninguna de entrar en la dinámica de la resurrección. Que Jesús siga vivo, no significa nada si no vivo yo mismo.

Meditación-contemplación

¡Dichosos los que crean sin haber visto!
Todos estamos en esas circunstancias,
porque la confianza hay que ponerla en lo “invisible”.
Lo que se puede ver y palpar, no puede ser objeto de fe.

…………………

La fe tampoco consiste en esperar que algo venga de fuera.
Ni en confiar en que un día tendré lo que ahora no tengo.
Para confiar en lo que ya tengo,
primero hay que descubrirlo, aceptarlo y vivirlo.

…………………

Mi principal tarea es descubrir esa Vida que Dios ya me ha dado
y poner todo mi ser al servicio de su desarrollo.
Mi objetivo debe ser desplegar la Vida al máximo
y manifestar su plenitud (amor) a través de todas mis obras.

…………………

Fray Marcos

 

PAZKOALDIKO II. Igandea, Jn. 20, 19-31, Maiatzaren 15a

FEDERANTZ IBILBIDEA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Tomas kanpoan zela, Jesusen ikasleek esperientzia harrigarria izan zuten. Tomas etorri orduko, pozik adierazi zioten: «Jauna ikusi diagu». Tomasek eszeptiko entzun zien. Zergatik sinetsi behar du hain gauza zoroa? Nolatan esan dezakete Jesus bizirik ikusi dutela, gurutzean hila denez gero? Izatekotan ere, beste bat izango da.

Ikasleek esan die eskuetako eta saihetseko zauriak erakutsi dizkiela Jesusek. Tomasek, ordea, ezin onartu du inoren testigutzarik. Berez egiaztatu beharra du: «Haren eskuetan iltze-zuloak… ikusten ez baditut, eta eskua haren saihetsean sartzen ez badut, ez dut sinetsiko». Bere esperientzian bakarrik sinetsiko du.

Era xaloan sinesteari uko egin dion ikasle honek agertuko digu zein ibilbide egin Kristo berpiztuagan sinestera iritsi ahal izateko: ez Jesusen aurpegia ikusi, ez hari hitz egiten entzun, ez haren besarkadak sentitu ez ditugunoi.

Handik zortzi egunera, berriro agertu zen Jesus ikasleen aurrean. Berehala, Tomasi hitz egin dio. Ez du kritikatu haren jarrera. Haren duda-mudak ez dira ez bidegabe, ez eskandaluzko. Sinesteari gogor egiteaz bere ondradutasuna agertu du Tomasek. Jesusek ulertu dio eta aurrera datorkio bere zauriak erakutsiz.

Bere eskakizunak ase nahi dizkio Jesusek: «Ekatzu hatza, hona nire eskuak. Ekatzu eskua, hona nire saihetsa». Zauri horiek, zerbait egiaztatzeko «froga» baino gehiago, ez ote dira heriotzaraino eraman duen Jesusen maitasunaren «seinale»? Horregatik, bere duda-mudak baino sakonagora jotzera gonbidatu du: «Ez zaitez izan sinesgogor, baizik sinestedun?»

Eta Tomasek uko egin dio ezer egiaztatzeari. Ez du jada froga-beharrik. Soilik, Maisuaren presentzia esperimentatu du: maite duena, erakartzen duena, konfiantza izatera gonbidatzen duena. Tomas, Jesusekin topo egiteko beste inork baino ibilbide luzeagoa eta nekosoagoa egin duen hura, beste inor baino urrunagora iritsi da fedearen sakontasunean: «Ene Jaun eta ene Jainko». Inork ez du aitortu Jesus modu horretan.

Ez dugu zertan izutu geure baitan duda-mudak eta galderak sortzean. Duda-mudek, modu sanoan bizirik, azaleko fedetik libratzen gaituzte, konfiantzan eta maitasunean hazi gabe formulak errepikatzeaz konformatzen den azaleko fedetik. Duda-mudek, Jesusengan haragitu den Jainkoaren Misterioaren konfiantzan azkeneraino joatera eragiten digute.

Kristau-fedea hazi egiten da gu baitan, Jainko horrek maite eta erakartzen gaituela sentitzean, zeinen Aurpegia sumatu baitezakegu ebanjelioek Jesusez egiten diguten kontakizunean. Orduan, konfiantza izateko haren deia geure duda-mudak baino indartsuago bihurtzen da. «Zorionekoak ikusi gabe sinesten dutenak».

 

JAUNAREN PIZTUERAKO PAZKO-JAIA Jn 20, 1-9

ESPERANTZAREN MISTERIOA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

Eclesalia

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Berpiztuagan sinestea, uko egitea da gure bizitza egundoko bi hutsuneren arteko parentesi labur bat bakarrik dela onartzeari. Jainkoak berpiztu duen Jesus sostengutzat hartuz, sumatzen dugu, desiratzen dugu eta sinesten dugu Jainkoa bere betera bideratzen ari dela Gizadiaren bihotzak eta kreazio osoak duen biziaren, zuzentasunaren eta bakearen irrika.

Berpiztuagan sinestea, kontra egitea da geure indar guztiz gizon-, emakume- eta haur-multzo kontaezineko hori, bizitza honetan soilik miseria, umilazioa eta sufrimendua ezagutu duen hori, betiko ahaztua gelditzeari.

Berpiztuagan sinestea, konfiantza jartzea da bizi batean, zeinetan ez baita izango jada, ez pobretasunik ez oinazerik, zeinetan ez baita izango inor triste, ez baitu inork izango zertan negar egin. Azkenean ikusi ahal izango ditugu beren egiazko aberrira iristen patera koxkorretan datozenak.

Berpiztuagan sinestea, esperantzaz hurbiltzea da hainbat eta hainbat osasunik gabeko, gaixo kroniko, ezindu fisiko eta psikiko, depresioak jotako, bizitzeaz eta borroka egiteaz nekatutakoengana. Egun batean ezagutuko dute zer den bakean eta osasun betean bizitzea. Entzungo dituzte Aitaren hitz hauek: «Sar zaitez betiko zeure Jaunaren gozamenean».

Berpiztuagan sinestea, ez etsitzea da Jainkoa betiko «ezkutuko Jainkoa» izango dela, ezin gozatuko dugularik haren begiratuaz, haren txeraz, haren besarkadaz. Betiko aintzatsu haragiturik aurkituko dugu Jesusengan.

Berpiztuagan sinestea, konfiantza izatea da ezen mundua gizatasun handiagoko eta zoriontsuago bihurtzeko gure ahaleginak ez direla hutsunean galduko. Egun zoriontsu batean, azkenak lehenengo izango dira eta prostituituek aurrea hartuko digute Erreinuan.

Berpiztuagan sinestea, jakitea da ezen, hemen erdizka gelditu den guztiak, ezin izan denak, geure trakeskeriaz edo bekatuaz hondatu izan dugunak, guztiak lortuko duela Jainkoagan bere betearen betea. Ez da galduko maitasunez bizi izan dugunetik ezer edo maitasunez uko egin izan diogunetik ezer.

Berpiztuagan sinestea, espero izatea da ezen, ordu pozgarriak eta esperientzia garratzak, pertsonengan eta gauzetan utzi izan ditugun «aztarnak», guztiak antzaldatuko direla. Jada ez dugu izango bukatzen den adiskidetasunik, amaitzen den jairik, tristura dakarren agur egin beharrik. Jainkoa izango da dena denetan.

Berpiztuagan sinestea, sinestea da ezen egun batean entzungo ditugula Apokalipsi liburuak Jainkoaren ahoan jarri dituen ezin sinetsizko hitz hauek: «Neu naiz gauza guztien hasiera eta azkena. Egarri denari, neuk emango diot doan biziaren uraren iturritik». Jada ez da izango, ez heriotzarik ez lanturik, ez garrasirik ez nekerik; iraganeko gauza izango da hori guztia.

 

SEMANA SANTA, ABRIL 2012

JUEVES SANTO: Una lección simple e inequívoca

FRAY MARCOS

FE ADULTA

Jn 13, 1-15: Si yo el Señor os he lavado los pies, también vosotros…

El tema central del Triduo Pascual es el AMOR.

· El Jueves se manifiesta en los gestos y palabras que lleva a cabo Jesús en la entrañable cena.

· El Viernes queda patente el grado supremo de amor al dar la vida por no renunciar al bien del hombre.

· El Sábado, celebramos la Vida que surge de ese Amor incondicional.

En la liturgia de estos días intentamos manifestar de manera plástica, la realidad del amor supremo que se manifestó en Jesús. Lo importante no son los ritos, sino el significado que estos encierran.

La liturgia del Jueves Santo está estructurada en torno a la última cena. La lectura del evangelio de Juan nos debe hacer pensar. Se aparta tanto de los sinópticos que nos llama la atención que no mencione la fracción del pan, pero en su lugar nos narra una curiosa actuación de Jesús que nos deja desconcertados.

Si el gesto sobre el pan y el vino, tuvo tanta importancia para la primera comunidad, ¿por qué la omite Juan? Y si realmente Jesús realizó el lavatorio de los pies, ¿por qué no lo mencionan los tres sinópticos?

No es fácil resolver estas cuestiones, pero tampoco debemos ignorarlas o pasarlas por alto a la ligera. Seguiremos haciendo sugerencias, mientras los exegetas no lleguen a conclusiones más o menos definitivas.

Sabemos que fue una cena entrañable, pero el carácter de despedida, se lo dieron después los primeros cristianos. Seguramente en ella sucedieron muchas cosas que después se revelaron como muy importantes para la primera comunidad cristiana. El gesto de partir el pan y de repartir la copa de vino, era un gesto normal que el cabeza de familia realizaba en toda cena pascual. Lo que pudo añadir Jesús, o añadieron luego los primeros cristianos, es el carácter de símbolo de su propia vida.

El gesto de lavar los pies es algo muy diferente. Era una tarea exclusiva de esclavos. A nadie se le hubiera ocurrido que Jesús hiciera semejante servicio, si no hubiera acontecido algo similar. Es una acción mucho más original, pero también de mayor calado que el partir el pan. Seguramente, en las primeras comunidades se potenció la fracción del pan, por ser más sencilla.

Poco a poco se le iría llenando de contenido sacramental hasta llegar a significar la entrega total de Jesús. Pero esa misma sublimación llevaba consigo un peligro: convertirla en un rito estereotipado que a nada compromete. Aquí veo yo la razón por la que Juan se olvida de la fracción del pan y recupera el gesto de lavar los pies. La explicación que da de la acción, lleva directamente al compromiso con los demás y no es fácil escamotearlo.

Parece demostrado que para los sinópticos, la Última Cena es una comida pascual. Para Juan no tiene ese carácter. Jesús muere cuando se degollaba el cordero pascual, es decir el día de la preparación. La cena se tuvo que celebrar la noche anterior. Esta perspectiva no es inocente, porque Juan insiste, siempre que tiene ocasión, en que la de Jesús es otra Pascua.

Identifica a Jesús con el cordero pascual, que no tenía carácter sacrificial, sino que era el signo de la liberación. Jesús el nuevo cordero, es signo de la nueva liberación.

Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Se omite toda referencia de lugar y a los preparativos de la cena. Va directamente a lo esencial. Lo esencial es la demostración del amor.

“Hasta el extremo” (eis telos) = en el más alto grado, hasta alcanzar el objetivo final. Manifestó su amor durante toda su vida, ahora va a manifestarlo de una manera total y absoluta. “Había amado… y demostró su amor hasta el final”, dos aspectos del amor de Dios manifestado en Jesús: amor y lealtad, (1,14) amor que no se desmiente ni se escatima.

Se levantó de la cena, dejó el manto y tomando un paño, se lo ató a la cintura. No se trata en Juan de la cena ritual pascual, sino de una cena ordinaria. Jesús no celebra el rito establecido, porque había roto con las instituciones de la Antigua Alianza. Dejar el manto significa dar la vida. El paño (delantal, toalla) es símbolo del servicio. Manifiesta cuál debe ser la actitud del que le siga: prestar servicio al hombre hasta dar la vida como Él.

Juan pinta un cuadro que debe quedar grabado para siempre en la mente de los discípulos. Esa última acción de Jesús con los suyos tiene que convertirse en norma para la comunidad. El amor es servicio concreto y singular a cada persona.

Se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. El lavar los pies era un signo de acogida o deferencia. Solo lo realizaban los esclavos o las mujeres. Lavar los pies en relación con una comida, siempre se hacía antes, no durante la misma. Esto muestra que lo que Jesús hace no es un servicio cualquiera.

Las comidas festivas se realizaban reclinados a la mesa sobre el brazo izquierdo, y utilizando el derecho para coger los alimentos. Los pies quedaban, hacia fuera. Jesús solo tenía que recorrer el círculo de lechos para ir lavándolos.

Al volver a mencionar el paño, indica la importancia del simbolismo. Lo mismo que el no mencionar que se lo quita, indica una actitud definitiva.

Al ponerse a los pies de sus discípulos, echa por tierra la idea de Dios creada por la religión. El Dios de Jesús no actúa como Soberano, sino como servidor del hombre. En la comunidad que va a fundar, son todos señores libres, y todos servidores. El verdadero amor hace libres. Jesús se opone a todo poder opresor. En la nueva comunidad todos deben estar al servicio de todos, imitando a Jesús, que a su vez, ha imitado al Padre. La única grandeza del ser humano es ser como el Padre, don total y gratuito para los demás.

El episodio de Pedro negándose, es toda una explicación de lo inaceptable de la situación. Nadie en su sano juicio podía aceptar que el Maestro realizara una tarea de esclavo. De alguna manera quiere justificar la incomprensión de todos.

“Se recostó de nuevo”, símbolo de hombre libre. El servicio no anula la condición de hombre libre, al contrario, da la verdadera libertad y el verdadero señorío.

¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? La pregunta quiere evitar cualquier malentendido. Tiene un carácter imperativo. Comprended bien lo que he hecho con vosotros, porque estas serán las leñas de identidad de la nueva comunidad.

Vosotros me llamáis “Maestro” y “Señor”, y con razón, porque lo soy. Esta explicación que el evangelista pone en boca de Jesús, nos indica hasta qué punto es original esa actitud. Juan es muy consciente de la diferencia entre Jesús y ellos. Lo que quiere señalar es que esa diferencia no crea rango de ninguna clase. Las dotes o funciones de cada uno no justifican superioridad alguna. Los hace iguales y deben tratarse como iguales. La única diferencia es la del mayor o menor amor manifestado en el servicio. Esta diferencia nunca eclipsará la relación personal de hermanos, todo lo contrario, a más amor, más servicio.

Llamarle Señor es identificarse con él, llamarle Maestro es aprender de él, pero no doctrinas, sino su actitud vital. Sienten la experiencia de ser amados, y así amarán con un amor que responde al suyo.

Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Reconoce los títulos, pero les da un significado completamente nuevo. Es “Señor”, no porque se imponga, sino porque manifiesta el amor, amando como el Padre. Su señorío no suprime la libertad, sino que la potencia. El amor ayuda al ser humano a expresar plenamente la vida que posee.

Os dejo un ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Los sinópticos dicen, después de la fracción de pan: “Haced esto para acordaros de mí”. Es exactamente lo mismo, pero en el caso del lavatorio de los pies, queda mucho más claro el compromiso de servir. Lo que acaba de hacer no es un gesto momentáneo, sino una norma de vida. Ellos tienen que imitarle a él como él imita al Padre. Ni hay alternativa ni escapatoria. Ser cristiano es imitar a Jesús en un amor que tiene que manifestarse siempre en el servicio a todos los hombres.

Es una pena que una vivencia tan profunda se haya reducido a celebrar hoy el día de la “caridad”. Hemos devaluado hasta tal punto el mensaje, que tranquilizamos nuestra conciencia con un donativo de algo externo a nosotros, siempre de lo que me sobra, o por lo menos, que en nada compromete mi nivel de vida. Podemos aceptar que no seamos capaces de seguir a Jesús, pero no tiene sentido engañarnos a nosotros mismos con ridículos apaños.

Celebrar la eucaristía es comprometerse con el gesto y las palabras de Jesús. Él fue pan partido y preparado para ser comido. Él fue sangre (vida) derramada para que cuantos encontró a su paso la tuvieran también.

Convertir la eucaristía en un rito mágico, que va a producir en mí efectos automáticos, es hacerme falsas ilusiones sin fundamento en el evangelio. Jesús promete y da Vida definitiva al que es capaz de seguirle por el camino que nos marcó.

Toda la plenitud de Vida que él desplegó, la misma Vida de Dios, la comunica a todo el que acepta su mensaje. No al que es perfecto, sino al que, con autenticidad, se esfuerza por imitarle en la preocupación por el hombre, aunque en el camino tropiece.

VIERNES SANTO: LA CRUZ, PRUEBA DEFINITIVA DEL AMOR

Jn 18 y 19: Tú lo dices: soy Rey. Yo he nacido para ser testigo de la verdad.

Las tres partes en que se divide la liturgia de este viernes, expresan perfectamente el sentido de la celebración.

  • La liturgia de la palabra nos pone en contacto con los hechos que estamos conmemorando y su anuncio profético en el AT.
  • La adoración de la cruz nos lleva al reconocimiento de un hecho insólito que tenemos que tratar de asimilar y desentrañar.
  • La comunión nos recuerda que la principal ceremonia litúrgica de nuestra religión, es la celebración de una muerte; no porque ensalcemos el sufrimiento y el dolor, sino porque descubrimos la Vida, incluso en lo que percibimos como muerte.

Se han dicho tantas cosas y tan disparatadas sobre la muerte de Jesús, que no es nada fácil hacer una reflexión sencilla y coherente sobre su significado. Se ha insistido, y se sigue insistiendo tanto en lo externo, en lo “folklórico”, en lo sentimental, que es imposible olvidarnos de todo eso e ir al meollo de la cuestión.

No debemos seguir insistiendo en el sufrimiento. No son los azotes, ni la corona de espinas, ni los clavos, lo que nos salva. Muchísimos seres humanos has sufrido y siguen sufriendo hoy más que Jesús. Tampoco se debe a una hipotética “voluntad de Dios”. Menos aún “sucedió para que se cumplieran las Escrituras”.

Lo que nos marca el camino de la plenitud humana (salvación) es la actitud interna de Jesús, que se manifestó durante toda su vida en el trato con los demás. Ese amor manifestado en el servicio a los demás, es lo que demuestra su verdadera humanidad y, a la vez, su plena divinidad. Mientras el cristianismo siga siendo un ropaje exterior, nos podemos sentir abrigados y protegidos, pero no nos cambia interiormente; y por tanto no nos salva.

Si Jesús hubiera muerto de viejo y en paz, no hubiera cambiado nada de su mensaje y de las exigencias que se derivan de él. Si a todo lo que vivió y predicó, hubieran respondido los dirigentes religiosos de su tiempo con honores y reconocimiento, en vez de responder dándole muerte, la importancia savadora de su vida hubiera sido la misma.

¿Qué añade su muerte a la buena noticia del evangelio? Aporta una increíble dosis de autenticidad. Sin esa muerte y sin las circunstancias que la envolvieron, hubiera sido mucho más difícil para los discípulos, dar el salto a la experiencia pascual. La muerte de Jesús es sobre todo un argumento definitivo a favor del AMOR. En la muerte, Jesús dejó absolutamente claro, que el amor era más importante que la misma vida. Aquí podemos y debemos encontrar el verdadero sentido de esa muerte.

La muerte de Jesús en la cruz, como resumen y colofón que fue de toda su vida, nos lo dice todo sobre su persona. También nos dice todo sobre nosotros mismos, si nuestro modelo de ser humano es el mismo que tuvo él. Además nos lo dice todo sobre el Dios de Jesús, y sobre el nuestro si es que es el mismo.

Sobre Jesús nos dice que fue plenamente un ser humano. Que en él, la encarnación fue absoluta. Una trayectoria humana que comenzó naciendo, como la de todos los hombres, nos demuestra que las limitaciones humanas, incluida la muerte, no impide al hombre alcanzar su plenitud. Esa plenitud la puso él en el amor incondicional y total. Pero todo eso lo tuvo que aprender aceptando las limitaciones y miserias de toda vida humana.

La buena noticia de Jesús fue que Dios es amor. Pero ese amor se manifiesta de una manera insospechada y desconcertante. El Dios manifestado en Jesús es tan distinto de todo lo que nosotros podemos llegar a comprender, que, aún hoy, seguimos sin asimilarlo. Como no aceptamos un Dios que se da infinitamente y sin condiciones, no acabamos de entrar en la dinámica de relación con Él que nos enseñó Jesús.

El tipo de relaciones de toma y daca, que desplegamos entre nosotros los humanos, no puede servir para aplicarlas al Dios de Jesús. Por eso el Dios de Jesús nos desconcierta y nos deja sin saber a qué atenernos.

Un Dios que siempre está callado y escondido, incluso para una persona tan fiel como Jesús, ¿qué puede aportar a mi vida? Es realmente difícil confiar en alguien que no va a manifestar nunca lo que es. Es muy complicado tener que descubrirle en lo hondo de mi ser, pero sin añadir nada a mi ser, sino constituyéndose en la base y fundamento de mi ser, o mejor que es parte de mi ser en lo que tiene de fundamental.

Nos descoloca un Dios que es impasible al dolor humano, sin darnos cuenta que al aplicar a Dios sentimientos le estamos haciendo a nuestra propia imagen. Naturalmente, al hacerlo, nos estamos fabricando nuestro propio ídolo. Nuestra imagen de Dios, siempre tendrá algo de ídolo, pero nuestra obligación es ir purificándola cada vez más.

Un Dios que nos exige deshacernos, disolvernos, aniquilarnos en beneficio de los demás, no para tener en el más allá un “ego” más potente (los santos), sino para quedar incorporados a su SER, que es ya ahora nuestro verdadero ser, no puede ser atrayente para nuestra conciencia de individuos y de personas.

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, permanece solo, pero si muere da mucho fruto”. Este es el nudo gordiano que nos es imposible desenredar. Este es el rubicón que no nos atrevemos a pasar.

La cruz también nos dice todo sobre el hombre, la muerte de Jesús deja claro que su objetivo es imitar a Dios. Si Él es Padre, nuestra obligación es la de ser hijos. Ser hijo es salir al padre, imitar al padre de tal modo que viendo al hijo se descubra y se conozca perfectamente cómo es el padre. Esto es lo que hizo Jesús, y esta es la tarea que nos dejó, si de verdad queremos ser sus seguidores.

Pero el Padre es amor, don total, entrega incondicional a todos y en todas las circunstancias. ¡Demasiado para el cuerpo! No solo no hemos entrado en esa dinámica, la única que nos puede asemejar a Jesús, sino que vamos en la dirección contraria, no solo en la vida terrena, sino que hemos metido nuestra religión y a nuestro Dios en la estrategia de nuestro egoísmo, buscando incluso seguridades para el más allá.

A ver si tenemos claro esto. La muerte en la cruz no fue un mal trago que tuviera que pasar Jesús para alcanzar la gloria. Se trata de descubrir que la suprema gloria de un ser humano es hacer presente a Dios en el don total de sí mismo, sea viviendo, sea muriendo para los demás.

Dios está únicamente donde hay amor. Si el amor se da en el gozo, allí está Él. Si el amor se da en el sufrimiento, allí está Él también. Se puede salvar el hombre sin cruz, pero nunca se puede salvar sin amor. Lo que aporta la cruz, es la certeza de que el amor es posible, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar. No hay excusas.

El hecho de que no dejara de decir lo que tenía que decir, ni de hacer lo que tenía que hacer, aunque sabía que eso le costaría la vida, es la clave para compren­der que la muerte no fue un accidente, sino un hecho fundamental en su vida. Lo esencial no es la muerte, sino la actitud fundamental de Jesús que le llevó a una fidelidad a toda prueba.

El hecho de que le mataran, podría no tener mayor importancia; pero el hecho de que le importara más la defensa de sus convicciones, que la vida, nos da la verdadera profundi­dad de su opción vital. Jesús fue mártir (testigo) en el sentido estricto de la palabra.

Cuando un ser humano es capaz de consumirse por los demás, está alcanzando su plena consumación. En ese instante puede decir: «Yo y el Padre somos uno». En ese instante manifiesta un amor semejante al amor de Dios. Dios está allí donde hay verdadero amor, aunque sea con sufrimiento y muerte.

Si seguimos pensando en un dios de “gloria” ausente del sufrimiento humano, será muy difícil comprender el sentido de la muerte de Jesús. Si pensamos que por un instante Dios abandonó a Jesús, tenemos todo el derecho a pensar que Dios tiene abandonados a todos los que están hoy sufriendo en parecidas circunstancias. Eso sería terrible. Dios no puede abandonar al hombre, y menos al que sufre.

Al adorar la cruz esta tarde debemos ver en ella el signo de todo lo que Jesús quiso trasmitirnos. Ningún otro signo abarca tanto, ni llega tan a lo hondo como el crucifijo. Pero no podemos tratarlo a la ligera. Poner la cruz en todas partes, incluso como adorno, no garantiza una vida cristiana. Tener como signo religioso la cruz, y vivir en el más refinado de los hedonismos, indica una falta de coherencia que nos tendría que hacer temblar.

Creo que aún tenemos que reflexionar mucho sobre esa muerte para comprender el profundo significado que tuvo para él y para nosotros. Su muerte es el resumen de su actitud vital y por lo tanto, en ella podemos encontrar el verdadero sentido de su vida.

Se trata de una muerte que lleva al hombre a la verdadera Vida. Pero no se trata de la muerte física, sino de la muerte al “ego”, y por lo tanto a todo egoísmo. Este es el mensaje que no queremos aceptar, por eso preferimos salir por peteneras y buscar soluciones que no nos exijan entrar en esa dinámica.

Si nuestro «falso yo» sigue siendo el centro de nuestra existencia, no tiene sentido celebrar la muerte de Jesús; y tampoco tendrá sentido celebrar su “resurrección”.

VIGILIA PASCUAL

Mc 16, 1-7 (Las mujeres en el sepulcro)

El centro de esta vigilia no es un cuerpo, ni muerto ni vivo, sino el fuego y el agua. Ya tenemos la primera clave para entender lo que estamos celebrando en la liturgia más importante de todo el año. Fuego y agua son los dos elementos indispensables para la vida.

· Del fuego surgen dos cualidades sin las cuales no puede haber vida: luz y calor.

· El agua es el elemento fundamental para formar un ser vivo. El 80% de cualquier ser vivo, incluido el hombre, es agua.

Recordar nuestro bautismo es la clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. Hoy, fuego y agua simbolizan a Jesús porque le recordamos VIVO y comunicando Vida. Este es el centro de la experiencia pascual.

La vida que esta noche nos interesa, no es la física, ni la síquica, sino la espiritual y trascendente. Por no tener en cuenta la diferencia entre estas vidas, nos hemos armado un buen lío con la resurrección de Jesús.

La vida biológica no tiene ninguna importancia para la realidad que estamos tratando. “El que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre”.

La síquica tiene importancia, porque es la que nos capacita para alcanzar la espiritual. Solo el ser humano, que es capaz de conocer y de amar, puede acceder a la Vida divina. Nuestra conciencia individual tiene importancia sólo como instrumento, como vehículo para alcanzar la Vida definitiva. Una vez que se llega a la meta, el vehículo es abandonado por inútil.

Lo que estamos celebrando esta noche, es la llegada de Jesús a esa meta. Jesús, como hombre, alcanzó la plenitud de Vida. Posee la Vida definitiva que es la Vida de Dios. Esa vida ya no puede perderse porque es eterna.

Podemos seguir empleando el término “resurrección”, pero creo que no es hoy el más adecuado para expresar esa realidad divina. Inconscientemente lo aplicamos a la vida biológica y sicológica, porque es lo que nosotros podemos sentir, es decir descubrir por los sentidos. Pero lo que hay de Dios en Jesús no se puede descubrir mirando, oyendo o palpando.

Ni vivo ni muerto ni resucitado, puede nadie descubrir su divinidad. Tampoco puede ser el resultado de alguna demostración lógica. Lo divino no cae dentro del objeto de nuestra razón. A la convicción de que Jesús está vivo, no se puede llegar por razonamientos. Lo divino que hay en Jesús, y por lo tanto su resurrección, solo puede ser objeto de fe.

Para los apóstoles como para nosotros se trata de una experiencia interior. A través del convencimiento de que Jesús les está dando VIDA, descubren que tiene que estar él VIVO. Sólo a través de la vivencia personal podemos aceptar la resurrección.

Creer en la resurrección exige haber pasado de la muerte a la Vida. Por eso tiene en esta vigilia tanta importancia el recuerdo de nuestro bautismo. Cristiano es el que está constantemente muriendo y resucitan­do. Muriendo a lo terreno y caduco, al egoísmo, y naciendo a la verdadera Vida, la divina.

Tenemos del bautismo una concepción estática que nos impide vivirlo. Creemos que hemos sido bautizados un día a una hora determinada y que allí se realizó un milagro que permanece por sí mismo.

Para descubrir el error, hay que tomar conciencia de lo que es un sacramento. Todos los sacramentos están constituidos por dos realidades: un signo y una realidad significada. El signo es lo que podemos ver oír, tocar. La realidad significada ni se ve ni se oye ni se palpa, pero está ahí siempre porque depende de Dios que está fuera del tiempo.

En el bautismo, la realidad significada es esa Vida divina que significamos para hacerla presente y vivirla. En tal día a tal hora, han hecho el signo sobre mí, pero alcanzar y vivir lo significado es tarea de toda la vida. Todos los días tengo que estar haciendo mía esa Vida. Y el único camino para hacer mía la Vida de Dios que es AMOR, es superando el ego-ísmo, es decir amando.

DOMINGO 1º DE PASCUA: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana

Jn 20, 1-9 (El sepulcro vacío): “Entonces entró también el otro discípulo, y vio y creyó”.

La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno que nada nos dice de lo que estamos celebrando. Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe en una connotación de vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en cada uno de nosotros.

La exégesis lleva muchos años aportándonos elementos de juicio que pueden ayudarnos a interpretar lo que quieren decir los textos. Reconozco que su principal tarea es negativa, es decir, nos indica los errores que hemos cometido al interpretar los relatos, por no tener en cuenta la manera de hablar de la época. Pero aún así, sus aportaciones son valiosísimas, porque nos obligan a intentar nuevas maneras de entender los textos, que pueden acercarnos al verdadero sentido de lo que nos quiere decir el NT.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto de paso, pero en un sentido completamente distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica.

El evangelio de Juan lo explica muy bien en el diálogo de Jesús con Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.

Cuando el grano de trigo cae en tierra, “muriendo”, desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse qué pasó con el grano. La Vida que los discípulos descubrieron en Jesús, después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Solo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, que no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver, no tiene nada que ver con la vida.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Pero pensemos que un Jesús en cuerpo, saltando de la ceca a la meca, atravesando paredes y puertas cerradas, para colocarlo después en el cielo a la derecha de Dios, no nos serviría de gran cosa. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir, vacía.

Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer a la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu, para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos sólo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase nada de ella, ni el recuerdo. Por esta razón es muy problemático el relato de un entierro de Jesús por unos desconocidos. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo, vieron como se hacía trizas su persona. Aquel en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso la experiencia de que seguía vivo, fue para ellos una verdadera resurrección.

Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús, la divina, no puede ser afectada por la muerte física, y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural es la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso, que no es de destrucción sino de maduración.

Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido y que ha desaparecido? El grano está ahí, pero desplegado en todas sus posibilidades de ser, que antes sólo eran germen.

Meditación-contemplación

Si no he resucitado, mi fe sigue siendo vana.
Comprender lo que pasó en Jesús no es el objetivo.
Es sólo el medio para saber qué tiene que pasar conmigo.
También yo tengo que morir y resucitar, como Jesús.

………………..

No se trata de morir físicamente,
ni de una resurrección corporal.
Como Jesús tengo que morir al egoísmo
y nacer en el Espíritu al verdadero amor a los demás.

…………

Día a día tengo que morir a todo lo terreno.
Día a día tengo que nacer a lo divino.
Ni muerte ni resurrección terminan mientras viva.
Pero cuanto más muera, más Vida habré conseguido.

Leer más

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn.13, 1-15;Cor.11,23-26)

*          LA  VIDA  DESDE  EL  AMOR. JUEVES SANTO. (Abril 5 de 2012)

*          Vivir, teniendo como ley fundamental de la propia vida el AMOR, no es una tarea fácil. Y  no lo es porque vivimos rodeados/as de signos y hechos que reflejan la carencia de este don en nuestra forma de vivir y en la sociedad. Sin embargo, Jesús nos invita a descubrir que sólo desde el amor
puede transformar el ser humano radicalmente y convertirse en una “criatura nueva”, en un ser plenamente humano y feliz.
Bien es verdad que el precio del amor es muy alto. A Jesús, le costó dar la vida. A nosotros/as nos puede costar comenzar por reconocer lo lejos que estamos por vivir el mandamiento del Amor, y admitir nuestras propias incoherencias como discípulos/as de Jesús.
*          Quien tiene
experiencia de amar y ser amado/a, habrá descubierto la presencia de un corazón
que todo lo entrega por pura gratuidad.
*          Así es también el proceder  de Dios con nosotros/as. Pero…
¿Cómo es nuestro proceder con Dios y con los demás?… Tal vez tengamos que comenzar por admitir que sólo quien se siente amado/a por Dios con certeza, es capaz de hacer donación de lo mejor de sí mismo/a para el bien de los/as demás, sin más motivación ni más interés que amar como se sabe amado/a. Así pues,  se hace necesario liberarnos de las ataduras y suprimir aquellos obstáculos que nos impiden ensanchar el corazón para
descubrir el amor como fuente de plenitud.
*          Quien ha sentido el Amor de dios, ha experimentado también su cercanía, hasta el punto de saberse unido/a a él y sentirse llamado/a a amar a los/as demás del mismo modo que él es amado/a. Por es, el amor es capaz de abrir puertas infranqueables; el amor dignifica y engrandece; el amor aproxima y una; el amor humaniza y diviniza a la persona, haciéndole un reflejo de Dios.

*                         O R A C I Ó N –   SALMO 88
*         ¡Qué grande es la misericordia del Señor!
¡Qué grande es el amor de Dios!
El me creó y me está creando, porque me ama
El enciende y anima mi corazón, porque me ama.
El  me da una fuerza irresistible, porque me ama

*        ¡Qué grande es la misericordia del Señor!
Quiso ser hermano mío, porque su amor no tiene fin.
Acompaña mis pasos y es Camino, porque su amor no tiene fin.
Hizo alianza de amistad conmigo, porque su amor no tiene fin.
La selló con banquete de pan y vino, porque su amor no tiene fin.

*     ¡Qué grande es el Amor de Dios!
Curó mis males y mis heridas, porque es eterna su misericordia
Carga con el peso de mi vida, porque es eterna su misericordia.
Muere por mí en inacabable agonía, porque es eterna su misericordia.
Vive en mí, regalándome alegría, porque es eterna su misericordia.

*   ¡Qué grande es el Amor de Dios!
Me da una casa grande con
innumerables amigos/as, porque es amor.
Me ofrece un banquete cada día, porque es amor.
Me asegura la vida eterna, porque es amor.
Me regala los dones del Espíritu, porque es amor. AMÉN
Z U R I Ñ E

*        ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn. 18, 1-19,42; Is.52, 13-53; Hb.4, 14-16)

*                         VIERNES  SANTO:     (Abril 6 de 2012)
*          Comenzamos este día Santo, haciendo la señal de la Cruz.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
*         La Cruz, para nosotros/ascristianos/as, es señal de salvación.
*         Vamos nosotros/as a honrar  esta Cruz en este día. La Cruz donde Cristo, nuestro Salvador, nos dio nueva vida con su muerte.
“VICTORIA, TU REINARÁS, OH CRUZ TU NOS SALVARÁS».

* ES VIERNES SANTO. Nos centramos en lo fundamental de este día: Nuestra admiración ante la misericordia de Dios que no nos abandona, porque la salida de nuestro pecado, no es la desesperación; la salida es volver a un Dios que siempre abre su corazón a quien llama a su puerta. Por eso confiados/as, rezamos el salmo 50 (Adaptación).

*         Yo sé que me quieres, Señor, porque eres bueno,
porque tienes un corazón sensible; perdóname, limpia mis pecados.
Y de mis continuas caídas levántame.
*      Me siento pecador/a ante ti que eres Santo. Contra ti, contra ti slo pequé
Y tus ojos han visto con pena mi corazón manchado.
Pero me alegro, porque eres Padre y eres justo y bueno
Y sabes perdonar mi pecado y quererme como soy.

*      Tú me miras y me amas. Tú descubres lo positivo que hay dentro de mí.
Y me hablas con suavidad en el silencio. Yo descubriré tu voz dentro de mi corazón.
Y mi corazón cambiaré porque nada se resiste a tu Amor
Caminaré en el amor de tu nombre.

*      Devuélveme, Señor, el gozo y la alegría que perdí cuando me aparté de ti.
Devuélveme, Señor, la ilusión de los días en que eras un Dios cercano.
Sí, devuélveme la riqueza de tu gracia y toda mi vida será una fiesta.

*      Dame, señor, tu salvación y un corazón sincero,
Capaz de entregarse totalmente a Ti y al que lo necesite.
Entonces iré proclamando a todos los vientos:
que eres un Dios que vale la pena. Un DIOS SALVADOR.
Un Dios que borra el pecado y ama la justicia.
Un Dios que quiere la Paz.
Un Dios que pone en camino y nos lanza a la entrega. AMÉN.

*    CON SENTIMIENTOS DE ADORACIÓN Y ACCIÓN DE GRACIAS PROFUNDICEMOS EN LAS SIETE PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ:

1ª. “Padre,.. Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.  Lc. 23, 34.
2ª  “Te lo aseguro: Hoy estará conmigo en el Paraíso”. Lc. 23, 43
3ª  “Mujer, ahí tienes a tu Hijo…Ahí tienes a tu madre”. Jn. 19, 26-27.
4ª  “Dios mío, Dios mío… ¿Por qué me has abandonado? Mt. 27, 46; Mc. 15, 34.
5ª “Tengo sed”. Jn. 19, 28.6ª “Todo está cumplido”. Jn. 19, 30.

7ª “Padre… en tus manos encomiendo mi espíritu” Lc. 23,46.
* “Y, DANDO UN GRITO… INCLINANDO LA CABEZA… EXPIRÓ”…
*                                            Z U R I Ñ E

*          SÁBADO  SANTO. –  REFLEXIÓN   –  ORACIÓN: (Abril 7 de 2012)

*  Adoremos a Cristo el Señor, que por nosotros/as murió y fue sepultado.
*  VICTORIA TU REINARÁS, OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.
* Jesús ha muerto y ahora está en el sepulcro. Todo es tiniebla y soledad. Y es todo un símbolo: Cristo está muerto para gran parte de la humanidad, que busca solucionar sus problemas de espaldas al Salvador…
Millones de otros cristos están también hundidos/as en el sepulcro. Rostros de cristos abofeteados/as por la ira, por la injusticia, por el dolor físico o moral, por el paro, la guerra, el
hambre…
*    El señor está muerto en el sepulcro… así lo recordamos… en el silencio que nos habla… Pero nosotros/as los creyentes, velamos, con la esperanza de la resurrección.  Porque esta noche en esta madrugadareviviremos el gran acontecimiento, una explosión gozosa, la victoria  definitiva de JESUCRISTO, VENCEDOR PARA SIEMPRE, QUE HA DESTRUIDO LAS PUERTAS DE LA MUERTE. Por eso cantamos con gozo:
* EN DIOS PONGO MI ESPERANZA, Y CONFÍO EN SU PALABRA.

*          Todo fue silencio y soledad… Y nuestro silencio, nos sigue hablando… para recordar a una madre, MARÍA… la más dolorosa de todas las madres.
*         Imaginemos aquel cuadro. Una madre que ve bajar a su Hijo de la Cruz, destrozado, por manos amigas…
*       Que toma ese cuerpo entre sus brazos, que lo estrecha… Besaría aquellas heridas reposadamente, con respeto, y repetiría: “ SOY LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HÁGASE EN MI TU VOLUNTAD.”…
*          No es posible olvidar este cuadro, ver a Jesús muerto en brazos de MARÍA…  Metámonos en el silencio junto a esa Madre y contemplemos con Ella… en SILENCIO       .
Así es conducido de los brazos de María a la sepultura… fue la piedra cerrando la entrada… y ocultando el santo cuerpo… ¿Quién podrá  explicar lo que pasaría entonces  por el alma de la
Virgen?… ¿quién podría arrancarle de aquel lugar si Ella no podía vivir sin El?…
*          Dejo al SILENCIO que me hable… que nos hable…
*          Sintiéndonos junto a Ella. Rezamos:
DIOS TE SALVE REINA Y MADRE DE MISERICORDIA… etc.
*         Todo esto, lo vivió con fe y esperanza “una Mujer…”
Pero en el corazón de María, también estaba el recuerdo de su Hijo ante la tumba de Lázaro: “YO SOY, LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”…
*          Leemos lo que nos dicen los hechos de los apóstoles en 13, 26-30.
*          Nosotras/os, también podemos ser como aquellas mujeres amigas de Jesús, que nos preguntamos muchas veces: ¿quién nos correrá la piedra?…
¿Creemos de verdad que la piedra está corrida?…
Perdónanos, señor Jesús, Maestro y  Amigo, cuando nuestra fe no crea suficientemente en tu Resurrección.

*        ESTA NOCHE, con una explosión gozosa, reviviremos la victoria gozosa de JESUCRISTO. VENCEDOR PARA SIEMPRE. QUE HA DESTRUIDO LAS PUERTAS DE LA MUERTE. Por eso, a DIOS PADRE QUE RESUCITA  A JESÚS.
Elevamos nuestro clamor rezando con fe: PADRE NUESTRO… etc.
*                           Z U R I Ñ E

ERRAMU IGANDEA

E. Lecelerc

HUMUS

Testua: Jainkoarenganako bidezidorra..

Ezta hizkuntza berdina Jainko eta gizonen artean. Ulertu ezina sortu da beraien artean. Atzoarte, Jainkoak deitu eta gizonak erantzuten zuen. Gaur, berriz, gizonak ohiu egiten du, baina Jainkoa isilik darrai. Gizon bakartiarentzat bakardadearen ordu trajikoa iritsi da. Bere burrukan Jainkoak ihes egin dio eta ezin hura aurkitu. Uste baitzuen Jainkoa obra onen bidez iritsiko zuela, eta obrak ez diote atseginik eman. Gizona ezta bere ekintzen bitartez salbatzen, bera Jainkoaren obra bihurtzean baino. Horregatik, Jainko Aitaren eskutan, gizona eltzegilearen buztina baino bigunagoa bihurtu behar du; otarregilearen zumea baino apalagoa eta arinagoa; negu bihotzean abandonatzen del egur lehorra baino pobreagoa. Orduan zabalduko zaio gizonari aterik zabalena, Jainko Aitaren bihotzarena, eta orduan bai konfiantzaz bere bizitza eta izate guztia Aita horren eskutan utziko ditu eta salbamenran dastaketa emango zaio. Obedientzia santuan sartu baita. Eta ume bezala Jainkoarekin, kreazioaren jolasean partaide izango da. Mina eta plazerretik aruntzagoko egoeran, poza eta eramanpena ezagutuko ditu; bizitza eta heriotza; eguzkia eta itzala. Jainkoarengan bizi da eta Jainkoarena da Harengan bizi da eta Harengan hartzen du atseden.

Otoitza

On ona zaren Jainko Aita, umeak, pobreak, txikiak, baztertuak, biltzen dira, Bakezko Erregeari kantatzera. Zure izenean datorrena. Kantu horrek , gizoarentzat duzun adiskidetasunaren ohiartzuna dakarkigu. Bedeinkatzu gatzazu Jauna, eta isuri zure Espiritu Santua, gure artean, denon bakea, eta guztientzat bakea sor dadin. Zeure Semearen Pasioak, gizon ororen pasioak, benetako bakearen aintza dakarkigula. Amen

Jokabidea

Jerusalengo herriak, eta antzinako gregoriano kantak dioenez, hebertarren umeak “PUERI HEBREORUM”, Jesus onartu zuten Bakezko Errege bezala, eta kantuz goratzen zuten. Errege honek, Jainkoaren erreinua dakar berarekin. Jainkoaren eran mundua gidatuko duen Erregea. Ez du indarrik eta ezpatarik behar bere erreinua defendatzeko. Bere erregetza bere biziaren emaitzarekin dakar. Bizia ematean sufrimendua, eskandaloa, barkamena, eta Aitaren eskutan jartzeak lagunduko diote. Bere erregetzan “JESUS NAZARETARRA, JUDUEN ERREGEA”, drama batean garatzen da. Drama horretako sarean, zenabit hari: gorrotoa, ezin ikusia, inbiria,mespretxua, ezin ikusia, traizioa, beldurra, bakarrik uztea…Esperantzarik-eza eta heriotza.. Baita ere, ezkutaturik eta beldurti, maitasun sentimentuak, jarraipen desioak, zerbitzu joerak…
Non nago ni, eta non nire kristau elkartea indarkeriz eta biolentziaz jokatzen ari den drama honetan?. Drama hau gizartean garatzen diren drama askoren , eta gure artean jokatzen ari denaren dramaren eredua baita. Zer isladatzen duten Izkribau eta apaiz, Pilato eta Herodes, Pedro eta Zirineoak, Lapurron eta Ehuntariak, Joan eta Nikodemok, Maria eta Madalenak? Nola tajutzen da gure fededun izakera, pertsonai horiek diztirazten duten argitan? Gure kristau elkartetan agertzen den irudiak ba ote du Gurutziltzaenarekin zer ikusirik?. Sentitzen al dugu, Paolok bezala, Jesus gurutziltzatua ikustean: Kristo da gure bakea?.

“ORAI ZAITEZ GUTZAZ BAKEAN BIZI ZAREN, BAKEZKO ERREGEA”.