8º DOMINGO T.O., «EL TESORO QUE SOMOS»

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 6, 24-34

Este modo de hablar únicamente es posible en quien ha experimentado «aquello» que es «lo único necesario» (Lc 10,42). Jesús lo nombraba como «Reino de Dios», y se refería a ello como el «tesoro escondido en el campo»: quien lo encuentra –decía-, «lleno de alegría, vende todo lo que tiene y compra aquel campo» (Mt 13,44). Y decía también que se hallaba «dentro de nosotros» (Lc 17,20).

¿Qué es exactamente ese «tesoro» que, cuando se descubre, todo lo demás es «añadidura»?

Los humanos lo hemos nombrado de diversas maneras. En clave religiosa, hemos hablado de «cielo», «salvación», «Dios»… En clave laica, se ha llamado «felicidad», «sentido», «plenitud»… En clave espiritual, finalmente, nos hemos referido a ello como «realización», «despertar», «iluminación»…

Jesús lo llamaba «Reino de Dios». Pero los nombres no sirven de mucho a quien no lo ha experimentado. De hecho, pueden confundirnos, al menos por dos motivos: por un lado, porque al nombrarlo, corremos el riesgo de objetivarlo y percibirlo como separado de nosotros (caemos en la dualidad); por otro, porque tendemos a leerlo en clave voluntarista, como algo que sería consecuencia de nuestro esfuerzo o exigencia (fortalecemos el ego, que ahora se creería «mejor» que los otros, sin contar con que quedaríamos de nuevo frustrados: porque ese «tesoro» no está al alcance de nuestra exigencia).

De entrada, podemos reconocer lo que no es: no es «algo» (un objeto delimitable) y no está «fuera» de nosotros (algo que nos faltaría).

No es tampoco algo que pueda ser dañado ni eliminado. Más bien al contrario, es lo único permanente en medio de todo lo demás, que es cambiante.

Pero, al no ser un objeto, no podemos definirlo ni pensarlo; únicamente podemos serlo. Estamos hablando, por tanto, de nuestra identidad más profunda, aquello que somos y que compartimos con todo lo que es.

Lo nombramos como Presencia o Consciencia de ser; es lo único de lo que no podemos dudar: que somos; es la fuente de nuestro sentido de ser. Pero no podemos buscarlo por el camino del razonamiento –la mente no es herramienta adecuada para ello-, sino en la experiencia inmediata de ser: acallamos el pensamiento, y percibimos la Presencia o Quietud. En la medida en que nos permitimos saborearla, reconocemos la Plenitud y se nos regala la sabiduría.

Lo único necesario, por tanto, es responder adecuadamente a la pregunta: ¿quién soy yo? Sin quedarnos a medio camino –en una respuesta psicológica, por ejemplo; o simplemente mental y emocional-, ese interrogante nos conducirá a aquello que es lo único permanente, la consciencia de ser, el núcleo último de todo lo real, el misterio de lo que es.

Eso –lo que somos- reviste, entre otras, dos características básicas: se halla siempre a salvo y abraza la realidad completa. Nada se pierde, nada queda fuera de ello: eso es –diría Jesús-el «Reino de Dios».

Es esa experiencia –o, por decirlo con mayor precisión, esa comprensión- la que constituye la fuente de toda confianza y de toda desapropiación. En lo que somos, no hay nada que pueda dañarnos. Y si hemos descubierto el tesoro, ¿cómo seguir esclavizados a otros «amos»?

El agobio es síntoma de que hemos desconectado de nuestra verdadera identidad, nos tomamos por lo que no somos, nos hemos alejado de nuestro hogar.

La sabiduría nos dice que no hay que preocuparse por lo que suceda. Nada de lo que suceda puede cambiar lo que somos.

Jesús, el hombre asentando en una confianza inquebrantable, que prevenía contra el agobio, tenía razón: «Buscad el Reino de Dios, y lo demás se os dará por añadidura». Vive en conexión con quien eres, y te verás siempre a salvo y desprendido.

 

Enrique Martínez Lozano

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8. IGANDEA URTEAN ZEHAR, “EZ DIRUAREN IDOLATRIARI-NO A LA IDOLATRIA DEL DINERO”, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mateo 6, 24-34

ECLESALIA, 26/02/14. Dirua, erabateko idolo bihurtua den hori da Jesusentzat etsairik handiena, Jainkoak duinago, zuzenago eta solidarioago nahi duen mundu honentzat. Hogei mende dira jada, Galileako Profetak salatu zuela: Gizadiak Diruari eskainitako kultua izango duela beti oztoporik handiena, elkar bizitza gizakoiago baterantz jo ahal izateko.

Guztizkoa da Jesusen logika: «Ezin izan zarete Jainkoaren eta Diruaren zerbitzari». Jainkoa ezin izan da errege munduan, ezin izan da guztien Aita, baldin eta zuzentasuna exijitzen ez bada bizitza duin batetik baztertuak direnentzat. Horregatik, Jainkoak nahi duen mundu gizakoiago horrentzat ezin lan egin dute, aberastasunak metatzeko irrikak harturik, jenderik ahulena baztertu eta goseari eta miseriari emanik uzten duen ekonomia bat sustatzen dutenak.

Txundigarria da Frantzisko aita santuarekin gertatzen ari dena. Komunikabideek eta interneten zirkulatzen duten sare sozialek Frantziskoren keinurik txikienen berri xehetasun-mota oroz ematen digute; baina ezkutatu egiten dute, era lotsagarrian, Gizadi osoari egiten dion deiadarrik premiazkoen hau: «Ez borobil bat ekonomia baztertzaile eta zital bati. Hiltzailea da ekonomia hori».

Alabaina, Frantziskok ez du argudiatze luzeen beharrik, ezta analisi sakonen beharrik ere, bere pentsaera adierazteko. Gai da bere haserrea hitz argi eta adierazkorrez laburtzeko; edozein teleberriren albistegiren lerroburu edota edozein lurraldetako prentsaren titulu nagusi izan litezkeen hitzez, alegia. Adibide batzuk, soilik.

«Ezin onar liteke albiste ez izatea adineko pertsona bat hotzak hiltzea kale gorrian eta, aldiz, albiste izatea burtsak bi puntuz behera egin izana. Bazterketa da hori. Ezin onar liteke janaria botatzea, goseak dagoen jenderik baden bitartean. Zitalkeria da hori».

«Aurpegirik gabeko eta zinezko helburu gizatarrik gabeko ekonomia baten diktadurapean» bizi gara. Ondorioz, «gutxi batzuen irabaziak esponentzialki hazten diren bitartean, gehiengoen irabaziak gero eta beherago doaz gutxiengo zoriontsu horren ongizatearen aldean».

«Ongizatearen kulturak anestesiatu, sorgortu egiten gaitu, eta ez gara lasai gelditzen, baldin eta merkatuak artean erosi ez dugun zerbait eskaintzen badigu; eta, ahalbide faltaz hegoak ebakirik gelditu diren beste bizitza horiek ezertan erasaten ez diguten ikuskari huts gertatzen zaizkigu».

Frantziskok berak esana duenez, «mezu hau ez da marxismoa, baizik Ebanjelio hutsa». Gure kristau-elkarteetan etengabeko oihartzuna izan beharko lukeen mezu bat da. Horren kontrakoa, Frantziskok esaten digun beste honen seinale izan liteke: «Besteen garrasiez errukitzeko ezgai bihurtzen ari gara, ez dugu jada negarrik egiten gainerakoen dramaren aurrean».

 

8 Tiempo ordinario (A) Mateo 6, 24-34

NO A LA IDOLATRÍA DEL DINERO

 

ECLESALIA, 26/02/14.- EL Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo de ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la Humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.

La lógica de Jesús es aplastante: “No podéis servir a Dios y al Dinero”. Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos, sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso, no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.

Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la Humanidad: “No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata”.

Sin embargo, Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario, o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.

“No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es iniquidad”.

Vivimos “en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”. Como consecuencia, “mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz”.

“La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esa vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera”.

Como ha dicho él mismo: “este mensaje no es marxismo sino Evangelio puro”. Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el Papa: “Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 5.38-48)

DOMINGO 7º – T.O. –A,  FEBRERO 23-2014

En el fondo del evangelio de hoy descubrimos un profundo convencimiento de Jesús: el perdón el Amor, la misericordia vienen de Dios y cuentan con su fuerza.
Para entender la novedad de las palabras de Jesús hace falta conocer la ley y las costumbres de aquella época. El  pueblo de Israel ya conocía el mandato de Amor por los libros sagrados. Pero este mandato estaba condicionado por la leyes y costumbres como la ley del Talión (ojo por ojo, diente. diente…) En el mundo de hace 2000 años, no era una ley de venganza sino de frenar  la violencia y la venganza… Jesús propone otro camino. Jesús en cambio vence el odio por Amor, lo cual no significa pasividad. La invitación a “poner la otra mejilla” parece que tiene muy poco de esa actitud… amad a vuestros enemigos, nos dice… y rezad por los que os persiguen… Un programa de valientes que nos desconcierta, porque es lo contrario de nuestras reacciones. Y, por tanto, ahí tenemos la norma humana del Dios invisible, Jesús, Ley nueva que vive El mismo y que lo propone a sus discípulos y a la muchedumbre.
Jesús, hizo una síntesis de lo que esto significa cuando en el interrogatorio ante el sumo Sacerdote, fue abofeteado (Jn. 18.22-23). Él, no puso la otra mejilla sin más, sino que se quejó de aquella violencia: “¿Por qué me pegas?” Jesús, con esto nos enseñó, que ante la agresión no se debe responder agrediendo, pero tampoco callarse sin más. Es necesario protestar ante las injusticias, pero sin violencia y esto, es hacer ver los abusos y una buena manera de amar a los prepotentes para que cambien.

Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Esta invitación de Jesús hecha a sus discípulos, parece desmedida., pero es una llamada de Jesús a la práctica de la compasión y la misericordia, así es dios. Pero también a ser santos desde la protesta contra una sociedad injusta, que ejerce todo tipo de violencia contra los pobres e inocentes.
Lo que Jesús ha visto con claridad y quiere cambiar es que no se lucha contra el mal y no se construye el Reino cuando se destruye a las personas. Hay que combatir la injusticia y el mal sin buscar la destrucción del adversario. Jesús insiste en que la acogida, el amor el ser amable, no sólo sea ante el amigo o la persona agradable, sino incluso ante quien nos rechaza. Recordemos unas palabras suyas que nos revelan su estilo de ser:

Si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis de extraordinario?”…

  • ORACIÓN
  • Jesús de Nazaret, ayúdanos a vivir a tu estilo, queremos, pero nos resulta difícil…

Y vemos que el sol sale, para buenos y malos y lo mismo la lluvia… A todos ofreces tus palabras de Vida.
Amas a todos, pero no eres neutral: Amas al injusto, pero detestas la injusticia. Amas al pobre, pero detestas la pobreza… Amas al pecador, pero detestas el pecado…

Tú nos propones construir la persona y la comunidad a partir de la bondad y el amor gratuito y la generosidad.

A veces nos da miedo tu propuesta Jesús de Nazaret, porque pensamos que si hacemos lo que tú nos dices los demás nos pasarán por encima.

Y tú, sigues invitándonos a no tener miedo ni a poner límites para seguir el camino del Evangelio.

Ayúdanos a confiar en la fuerza de tu Amor, a creer de veras en tu Palabra, a dejarnos transformar desde dentro por la presencia de tu Espíritu Santo.

Que no busquemos otros modelos para la construcción de nuestras vidas y de nuestras comunidades y familias a no ser el que Tú nos ofreces.

Que nuestro deseo sea acoger el Reino que el Padre quiere construir contigo y con nosotros. AMÉN
* ZURIÑE

 

 

7º DOMINGO T.O., «SABIDURÍA Y COMPASIÓN», E. Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 5, 38-48

De entrada, puede sonar extraño leer semejante consigna: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto». Sobre todo, si somos conscientes, tanto de las nefastas consecuencias del perfeccionismo, como de los problemas no resueltos que busca ocultar –y que suelen guardar relación directa con sentimientos de culpabilidad y de indignidad-.

Algunos exegetas interpretan que, en hebreo, se querría aludir a algo «completo». En ese sentido, la invitación a ser «perfectos» habría que entenderla como una llamada a aceptarse en toda la propia verdad. Este sentido sería totalmente asumible desde una antropología humanista, como un principio básico de unificación y crecimiento: acéptate con toda tu verdad, con tu luz y tu sombra, tus aciertos y errores, tus cualidades y defectos…

Pero no sería extraño que el escriba autor del evangelio quisiera realmente hacer una llamada a la «perfección», tal como la han entendido muchas personas religiosas a lo largo de la historia. El propio grupo fariseo se caracterizaba por una actitud de ese tipo y numerosos colectivos religiosos han nacido y han crecido siguiendo las pautas de formación del llamado «ideal de perfección», que tanta rigidez, culpabilidad, escrúpulos… y fariseísmo ha generado.

No sería extraño que esa fuera la interpretación de Mateo, porque ya Lucas modifica las palabras de Jesús para escribir: «Sed misericordiosos [compasivos] como vuestro Padre es misericordioso [compasivo]» (Lc 6,36). Sin duda, esta expresión parece más ajustada, incluso por todo el contexto.

La compasión constituye una de las entrañas del mensaje evangélico, y ha sido especialmente subrayada por Lucas. Jesús aparece fundamentalmente como el hombre compasivo y fraternal, hasta el punto de identificarse con todos, especialmente con aquellos que pasan necesidad, llegando a decir: «Lo que hicisteis a uno de ellos, me lo hicisteis a mí» (Mt 25,31-45).

Porque la compasión nace de la comprensión. Solo cuando yo sé –no conceptual, sino experiencialmente- que «tú eres otro yo», brotará de mi corazón un sentimiento compasivo y una acción eficaz en tu favor.

Y únicamente entonces seremos capaces de leer y comprender las palabras de Jesús que recoge el texto que estamos comentando. Sin aquella experiencia –sin la sabiduría que nace más allá de la mente-, es imposible amar al enemigo, dar la capa a quien te quiere quitar la túnica, o no rehuir a quien te pide.

Una tal actitud brota únicamente en aquellas personas que, de un modo consciente o no, se viven en conexión con su verdadera identidad, la identidad compartida con todos los seres. De otro modo, es imposible. Y convertimos el texto del evangelio en un principio moralizante que exige algo inhumano, para terminar frustrados, decepcionados o cínicos.

Vivirse en conexión con la verdadera identidad implica haber tomado distancia del ego, hasta el punto de dejar de creer que lo es que bueno para el ego es bueno para mí. Y empezar a descubrir justamente lo contrario: quien «yo soy» sabe que «tu bien es mi bien», porque somos solo uno.

Lo que ocurre es que eso no puede verse ni vivirse desde el yo. Porque mientras dure nuestra identificación con él, no podremos hacer otra cosa que sostenerlo a toda costa y a cualquier precio.

Sin embargo, en los momentos en que nos hallamos en conexión con nuestra verdadera identidad, no solo amamos lo que es, sino que vemos caer cualquier exigencia egoica, porque el ego ha dejado de ser nuestro centro de interés.

La conclusión a la que llegamos parece evidente: se trata de favorecer la comprensión, de crecer en consciencia. Y ello implica avanzar en la desidentificación del yo. Todos los medios que nos ayuden a reconocer que no somos el yo, serán bienvenidos como herramientas que nos hacen crecer en libertad y en consciencia de nuestra verdadera identidad.

Esta es, en mi opinión, la razón última por la que Jesús no fue un moralizador, sino un maestro de sabiduría. Porque solo desde la sabiduría (= el reconocimiento «saboreado» de nuestra verdadera identidad) es posible la compasión.

Enrique Martínez Lozano

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7. IGANDEA URTEAN ZEHAR, “DEI ESKANDALAGARRI BAT-UNA LLAMADA ESCANDALOSA” de José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mt. 5, 38-48

Maitasunerako deia liluragarria izan ohi da beti. Segur aski, jende askok onartu zuen Jainkoa eta lagun hurkoa maitatzeko Jesusek egindako deia. Legearen sintesirik hobena zen dei hura. Baina imajina ez zutena izan zen, behin batean arerio edo etsaiak maitatzeko eskatuko ziela.

Alabaina, horixe eskatu zien Jesusek. Bibliako tradizioaren inolako sostengurik gabe, bere herriaren otoitza elikatzen zuten mendekuzko salmoetatik urrunduz, bere ingurunean arnasten zen gorrotozko giro orokorrari aurre egunez, ezin argiago hots egin zuen Jesusek dei hau: «Nik, ordea, hau diotsuet: Maitatu zeuen etsaiak, egin on gaitzesten zaituztenei eta otoitz egin izen txarra jartzen dizuetenei».

Eskandalagarria da Jesusen hizkuntza, eta harrigarria; baina bat dator Jainkoaz berak duen esperientziarekin. Aita ez da gogorra: maite ditu bere etsaiak berak ere, ez dabil inor nola galduko. Bere handitasun ez du jartzen mendekuan, baizik guztiak baldintzarik gabe maitatzean. Jainko horren seme edo alaba dela uste duenak, ez du munduan gorrotorik ereingo, ezta ere inor suntsituko.

Etsaia maitatzea ez da Jesusentzat bigarren mailako bat, ez da zuzentasun heroiko batera deituak liratekeen pertsonentzat. Dei horrekin, etsaiarekiko beste jarrera bat txertatu nahi du historian: errotik atera nahi du mundutik gorrotoa eta indarkeria suntsitzailea. Jainkoaren antzeko izan nahi duen batek ez du elikatuko inoren aurkako gorrotorik, baizik eta gizon-emakume guztien ona bilatuko du, etsaiena barne.

Etsaiarekiko maitasunaz mintzo denean, Jesus ez da ari, gaitza egiten digunarentzat gugan txera-, sinpatia- edo maitasun-sentimendua elikatzeko eskatzen. Etsaiak kalte egiten ahal digun etsai izaten jarraituko du, eta nekez aldatuko dira gure bihotzeko sentimenduak.

Etsaia maitatzeak hau esan nahi du lehenik eta behin: halakoari kalterik ez egitea, ez ibiltzea nola kalte egingo, ez desiratzea kalterik. Ez dugu harritu behar halakoarentzat maitasunik sentitzen ez badugu. Berezkoa du batek zauritua edo umiliatua sentitzea. Hau da kezkatzekoa: gorrotoa eta mendeku-egarria elikatzen jarraitzea.

Baina, jakina, kontua ez da gaitzik ez egitea bakarrik. Urrats batzuk aurrera egin genitzake, premian ikusten badugu on egiteko prest egoteraino. Ez dezagun ahaztu, gizakoiago garela barkatzen dugunean, ez eta mendekatzen garenean halakoaren zoritxarraz poztuz.

Ez da gauza erraza etsaiari zinez barkatzea. Zenbait inguruabarretan, gerta dakioke jende bati, izatez, ezinezko gauza izatea bere bihotza ukapenetik, gorrototik edo mendeku-egarritik liberatzea. Ez genuke juzgatu behar inor ere kanpotik. Jainkoak bakarrik ulertzen gaitu, hark bakarrik barkatzen digu baldintzarik gabe, baita barkatzeko gai ez garenean ere.

 

7 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 38-48

UNA LLAMADA ESCANDALOSA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 19/02/14.- La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. Mt.5.17-37)

• ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 5. 17-37)
• DOMINGO 6º. T.O. –A- 16 FEBRERO.

* El pasado domingo escuchábamos a Jesús decir a sus discípulos “vosotros sois la sal, vosotros sois la luz”. Y ahora les dice: “No penséis que he venido a suprimir la ley y los profetas; sino a dar plenitud” es decir descubrir su verdadero sentido. La ley es como un indicador de dirección en el camino, marca los límites del camino, pero no es el camino.
* Jesús llama a vivir “en otra onda”, no la de la ley sino la del Espíritu y el corazón, porque es desde dentro donde las personas ponemos en juego la fidelidad a Dios y la entrega a los demás.
* Jesús nos da la síntesis de sus palabras en el versículo 20: “si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos”. Jesús, libera de la opresión de la ley y de las tradiciones.
* Dios sigue trabajando en la Historia y el espíritu habla en ella. Dios no quiere una actitud de esclavos. La fe es una respuesta en el plano del amor. En la carta a los hebreos se nos dice: en muchas ocasiones y de diversas maneras Dios habló antiguamente por los profetas. Ahora, nos ha hablado “POR SU HIJO”. Jesús resume “y sobre todo ilumina, con sus palabras y vida” la verdadera ley está en el amor… a veces buscamos el cumplimiento de la ley por la seguridad que nos da. Hemos cumplido… tenemos méritos… podemos enseñar nuestra hoja de servicios…
Jesús se carga esta actitud de los que queremos reducir la vida a cumplimiento de preceptos.
La ley de Jesús como decimos es el amor: dar vida, respetar al otro, servir, querer, animar, compartir…
• Sería bueno que después de reflexionar este Evangelio nos hiciésemos alguna pregunta:
• ¿Vivimos agarrados a los preceptos? O ¿Estamos en el camino de la liberación del espíritu de la fe? El evangelio, Jesús, su camino, su vivir, es el mejor indicador. Y nos dice:
“No penséis que he venido a suprimir la ley, no, vengo a darle plenitud, no legalismos”
* El agua de la vida la recibimos de Dios, como una lluvia; pero llueve sobre nosotros para que nos hagamos manantial y brotemos agua viva de vida verdadera, así el Reino dará sus frutos.

* ORACIÓN
Jesús de Nazaret. Ayúdanos a vivir en la Verdad. A veces más que eso nos gusta aparentar.
Tú en cambio nos dices cual es lo importante de la ley:
Que sepamos construir la persona y la comunidad a tu estilo. No reunirnos por cumplir, sino para celebrar el encuentro contigo que nos enseñas a vivir con bondad, con amor gratuito, la generosidad.
Tú, sigues invitándonos a no tener miedo para seguir el camino del Evangelio que eres TÜ y con delicadeza y amor y estilo de vivir, comunicarlo a otros.
Ayúdanos a creer y confiar en la fuerza de tu Palabra y a dejarnos transformar desde dentro por la presencia de tu Espíritu en nosotros.
Que nuestro deseo sea construir el Reino que el Padre quiere construir, aquí y ahora, contigo, Jesús de Nazaret y con nosotros. AMÉN
*ZURIÑE

6º DOMINGO T.O., «MIRAR DESDE EL CORAZÓN», Enrique Matínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 5, 17-37

El escriba que era Mateo se vio atrapado en un conflicto, al igual que la mayor parte de su comunidad: ¿cómo conciliar la novedad de Jesús con la fidelidad a la ley de Moisés?

Es ese dilema el que produce, en el evangelio, afirmaciones que suenan contradictorias (por más que los exegetas traten luego de armonizarlas): así, se dice que se ha de cumplir hasta la última tilde de la ley pero, al mismo tiempo, se habla de una «justicia» mayor que la de los letrados y fariseos; se afirma que Jesús no viene a abolir la ley, pero a continuación se formulan las famosas «antítesis» («se dijo…, pero yo os digo…»), que suponen una auténtica ruptura con la ley anterior.

En cierto modo, da la impresión de que las primeras comunidades judeocristianas –como la del propio Mateo- se vieron obligadas a mantener un equilibrio no siempre fácil entre quienes enfatizaban la novedad y quienes, por el contrario, buscaban salvar a toda costa la ortodoxia tradicional.

Con esta clave de lectura, resulta más fácil dar razón de las contradicciones del texto. Por otro lado, las dificultades surgidas en la vida cotidiana de la comunidad explicarían también esas referencias minuciosas acerca de los pleitos.

Con respecto a las conocidas antítesis, lo más llamativo, sin duda, es su radicalidad. Una radicalidad que apunta al corazón: no se trata solo de «no matar», «no adulterar» o «no jurar». Recurriendo a un estilo hiperbólico, tan del gusto oriental, Jesús apunta directamente a la necesidad de vivir en conexión constante con lo mejor de nosotros mismos, es decir, anclados en esa identidad profunda que compartimos con todo y con todos.

Solo desde ese «lugar» –con esfuerzo, pero sin ningún tipo de voluntarismo- es posible «ver» de tal manera que lo que brote de nosotros lleve el sello del amor, hasta en lo más pequeño.

Esa forma de «ver» y de vivir está por encima del culto. Por ello, el texto insiste en priorizar la reconciliación por encima de la ofrenda del altar.

Cuando uno se asoma por determinados portales de Internet que se dicen cristianos y lee los insultos groseros con los que se descalifica a quien manifiesta una opinión diferente, le duele constatar lo lejos que estamos aún de las palabras del Maestro, lo lejos que estamos aún de «ver».

Enrique Martínez Lozano

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6. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «EZ GEURE ARTEKO GERLARI-NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS»

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mateo 5, 17-37

ECLESALIA, 12/02/14.- Juduak harro mintzo ohi ziren Moisesen Legeaz. Tradizioaren arabera, Jainkoak berak eman zion Lege hori bere herriari. Harengandik hartu zuten gauzarik onena zen. Lege horretan dator egiazko Jainko bakarraren gogoa. Hor aurkitzen ahal dute behar duten guztia, Jainkoari leial izateko.

Jesusentzat ere garrantzizkoa da Legea, baina ez da jada erdigune. Beste esperientzia bat bizi eta komunikatu du Jesusek: gainean da Jainkoaren erreinua; gure artean bidea nola urratuko dabil Aita, mundua gizakoiago bihurtzeko. Ez dugu aski Moisesen Legea betetzea. Aitari geure barrua ireki beharra dugu eta harekin lan egin beharra, bizitza zuzenago eta anai-arreba artekoago egiten.

Horregatik, Jesusen arabera, ez da aski «Ez hil» dioen legea betetzea. Beharrezkoa da, gainera, geure bizitzatik erauztea oldarkortasuna edo agresibitatea, gainerakoek gutxiestea, irainak edo mendekua. Inork hil ez duen hark, bete du legea, bai; baina bere burua indarkeriatik liberatzen ez badu, ez du artean Jainkoa errege bere bihotzean, alegia gurekin batean bizitza gizakoiago bat eraiki nahi duen Jainkoa.

Behatzaile batzuen arabera, zabalduz doa hizkuntza bat, gaur egungo gizartean oldarkortasuna handitzen doala islatzen duen bat. Gero eta sarriago dira irainak, umilarazteko, gutxiesteko, zauritzeko. Ukapenak, erresuminak, gorrotoak edo mendekuak eragindako hitzak.

Bestalde, solasaldiak sarritan bihurtzen dira hitz zuzengaberen sare, han eta hemen gaitzespena eta errezeloa ereinez. Maitasunik eta errespeturik gabe esandako hitzak dira, elkar bizitza pozoitzen eta kalte egiten dutenak. Kasik beti haserreak, kaxkarkeriak edo zitalkeriak eraginda.

Ez da gertatzen hau guztia gizarteko bizikidetzan bakarrik. Arazo larria da gaur egungo Elizan ere. Frantzisko aita santua sufritzen ari da «kristau batzuk beste kristau batzuen kontra gerlan» ikustean: zatiketa, gatazka eta aurkaritza biziz. Ebanjelioaren hain kontrakoa da egoera hori, non premiazko dei hau egin beharra sentitu baitu: «Ez geure arteko gerlari».

Hona nola mintzo den Aita Santua: «Min dut egiaztatzean kristau-elkarte batzuetan, baita pertsona sagaratuen artean ere, baimentzen ditugula askotariko eratan gorrotoa, kalumnia, izena belztea, mendekua, zeloa, norberaren ideiak ezarri nahia edozein gauzaren truke, eta, are gehiago, pertsekuzioa bera, sorgin-ehiza ankerra dirudiena. Nor ebanjeliza genezake portaera horrekin?» Honelako Eliza baten alde lan egin nahi du: «guztiak harriarazten dituena, elkar nola zaintzen duzuen, elkarri nola hats ematen diozuen, elkarrentzat nolako bidelagun zareten ikustean».

6 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 17-37
NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 12/02/14.- Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.

Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.5.13-16)

• DOMINGO V. T.O.-A- FEBRERO 9 de 2014

* Mateo parece que recoge aquí unas palabras de Jesús con la imagen de la sal y de la luz, para dar ánimo a sus discípulos, en aquel entonces perseguidos.
Dice Jesús: “Vosotros sois la sal de la tierra;… vosotros sois, la luz del mundo… Brille también vuestra luz delante de las personas… que vean el bien que hacéis”… Es como si Jesús nos estuviera diciendo: haced visible en vuestra vida la fuerza transformadora del evangelio; mostrad que el Reino de Dios está ya presente.
* Tenemos en cuenta que la sal cumple dos fundamentos básicos: a) como condimento, sazona los alimentos y da sabor; y actúa también como conservante, preserva de la corrupción.
* Nosotros entendemos la acción de la sal por el sabor que da. El Evangelio puede poner en la vida un sabor y una “gracia” nueva. La sal es como un producto humilde que se diluye en los alimentos.
“Vosotros sois la sal”, es decir personas que impregnan la vida de sabor pero sin que pueda separarse, de la masa de las personas, esparciendo y contagiando el evangelio.
“vosotros sois la luz”. Como en la imagen de la sal, se trata de una luz sencilla que señala y orienta sin deslumbrar. Eso si, supone una invitación expresa a ser luz. No somos cristianos para andar escondidos sino para expresarlo; no somos cristianos para vivir aislados sino para meternos en medio de la masa y dar sabor. Con estas imágenes, Jesús nos hace una llamada a ser testigos, a ofrecer un testimonio personal y comunitario. Si eres luz, debes mostrarla, pasarla a otros, no meterla bajo una campana sino donde ilumine y rompa la oscuridad. El mundo valora más al testigo que al orador, (aunque en ocasiones sea necesario hablar, comunicar, iluminar con palabras que den sabor).
* Sólo los cristianos, que se han dejado transformar por el espíritu de las Bienaventuranzas, serán luz del mundo y sal de la tierra. Así, seguiremos a Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien, sanando, liberando, dando de comer…
* Quizás una de nuestras primeras tareas sea la de volver a “salar” nuestra fe con la “luz del evangelio”, la oración y el clima de la comunidad fraterna. Necesitamos redescubrir que la fe es sal que se puede saborear y nos puede hacer vivir de una manera nueva todo.
* Y en este día, también celebramos la CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE. MANOS UNIDAS, con el lema: “UN MUNDO NUEVO PROYECTO COMÚN”. El Evangelio nos dice que tenemos que ser “sal” para dar sabor, pero ¿Cómo dar sabor si no hay plato con comida para salar?… Primero, tendremos que llenar los platos para que luego los puedan saborear. Y Jesús nos dice: Vosotros sois la sal de la tierra… Sin duda, nos hace falta, buenos sacos de sal del COMPARTIR.
Así surgirá “UN MUNDO NUEVO, QUE ES PROYECTO COMÚN.

* ORACIÓN

Señor has puesto tu mirada sobre nosotros, has puesto tu confianza y tu esperanza y cuentas con nosotros. Nos has llamado para ser “sal y luz del mundo”. Ayúdanos a ser personas de tus Bienaventuranzas, de manera que con palabras y obras hagamos un mundo nuevo donde brille la luz y la sal del Evangelio. “SAL” es decir dar sabor, comunicar, transmitir, contagiar a otros aquello que uno vive. LUZ. Llamados a ser una pequeña luz en medio de este mundo desorientado. Que sepamos responder a esta llamada de vivir de forma sencilla para denunciar el consumismo y la injusticia en la distribución de riquezas que crean tanta hambre y sufrimiento.
¿Cómo vamos a salar, a dar sabor, si en muchos hogares, en muchos países los platos están vacíos de comida y de toda necesidad vital?
Ayúdanos, Señor a que seamos, manos unidas en oración y en el don.
Manos unidas a Ti, siendo solidarias, compartiendo el pan
Manos unidas capaces de trabajar por un mundo nuevo.
Manos abiertas sin fronteras.
Manos generosas que lleguen, allí donde hay necesidad.
Manos unidas a las manos de los pobres.
Manos del Evangelio, sembradoras de Vida, de Luz, de Esperanza y de Paz. AMÉN
* ZURIÑE

5º DOMINGO T.O., «LAS OBRAS DEMOSTRARÁN LO SALADOS QUE SOMOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Mt 5, 13-16

El texto que acabamos de escuchar es continuación de las bienaventuranzas, asignado para el domingo pasado. Estamos en el principio del primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es por tanto un texto al que se le quiere dar su importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de extraordinario valor para la vida real del cristiano.

Las parábolas no necesitan explicación ni comentario. Se explican por sí mismas. Exigen, eso sí, una respuesta personal y vital al interrogante que plantean. Si me dejo interpelar por ellas, descubriré una nueva dimensión de la existencia a la que soy invitado. Puede que las de hoy necesiten aclaración de algunos conceptos que se nos pueden escapar, pero la esencia del mensaje sigue llegando a nosotros con toda nitidez.

Las parábolas me colocan ante una alternativa: o seguir como estaba en mi modo de apreciar la realidad, o aceptar esa nueva manera de afrontar la vida que me sugieren. Si pretendo entender la parábola de una forma racional, no me servirá de nada. Las parábolas nos trasmiten la frescura de la enseñanza de Jesús. Las parábolas nos proponen datos simples y cotidianos pero es para llevarnos más allá de lo ordinario. Haber convertido el evangelio en dogmas, nos ha alejado del verdadero mensaje de Jesús.

Aunque la sal y la luz no tienen nada en común, hay un aspecto en el que coinciden. Ninguna de las dos es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la salud, solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que tropieza con un objeto. ¡Qué interesante! Resulta que cada uno de nosotros separados de los demás, no somos absolutamente nada. Mi existencia solo tendrá sentido en la medida que pase a formar parte de los demás.

La sal es uno de los minerales más simples, pero también más imprescindibles para nuestra alimentación. Sus propiedades son principalmente dos: da sabor a las comidas y conserva los alimentos. Partiendo de estas cualidades físicas, tenemos que descubrir el significado espiritual. Cuando se nos exige que seamos sal, se nos está pidiendo que ayudemos a los demás a evitar la corrupción y que les comuniquemos sabor humano.

La sal actúa desde el anonimato. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida, nadie se acuerda de la sal. Cuando a un alimento le falta o tiene demasiada, entonces nos acordamos de ella. No se puede comer directamente. Si no hay comida, la sal es simplemente veneno. Lo que importa no es la sal, sino la comida sazonada. La sal no se puede salar a sí misma. Pero es imprescindible para los demás.

Jesús dice que «sois la sal, la luz». El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal, que no hay otra luz. Todos tienen derecho a esperar algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. La única historia, el único mundo tiene que quedar sazonado e iluminado por la vida de los que siguen a Jesús. Pero cuidado, cuando la comida tiene exceso de sal se hace intragable. La dosis tiene que estar bien calculada.

No podemos olvidar un aspecto importante en las parábolas. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser lo que era. La lámpara o la vela produce luz, pero el aceite o la cera se consumen. Todos estaríamos dispuestos a salar o a dar luz, si con ello se potenciara nuestro «yo». Es más, muchas veces obramos pensando en el beneficio que puede reportarnos el tratar a los demás con humanidad. Las obras de misericordia, que después te van a pagar con creces en el más allá, son exactamente lo contrario de lo que nos dice el evangelio.

Los cristianos hemos contribuido más a quitar sabor a la vida que a dárselo; a mantener la oscuridad que a iluminar. No nos hemos presentado como los que saben sacar jugo a la vida y ayudar a los demás a sacárselo. Nuestro anuncio ha sido muy triste noticia para los demás.

«Pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente»: esta frase no es fácil de entender para nosotros hoy. La sal no puede volverse sosa. Pero parece ser que la sal se utilizaba como material refractario en los hornos de cocer el pan. Colocaban dentro del horno placas de sal para conservar el calor. Pero esas placas con el uso perdían su virtualidad y tenían que ser reemplazadas. Los restos de las placas retiradas se tiraban a los caminos para compactar la tierra.

El tema de la luz es muy frecuente en el AT. Partiendo de un dato experimental se descubre su importancia para el desarrollo de la vida. No sólo porque la luz es imprescindible para la vida, sino porque el ser humano no podría desenvolverse en la oscuridad. De ahí que la luz se haya convertido en el símbolo de la misma vida y todo lo que la rodea. Así como la oscuridad se ha convertido en el símbolo de la muerte.

Cuando se nos pide que seamos luz del mundo, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz. Solo si vivo a tope, puedo ayudar a los demás a desarrollar su propia vida. Ser luz, significa poner todo nuestro bagaje espiritual al servicio de los demás.

Pero, como en el caso de la sal, debemos de tener cuidado de iluminar, no deslumbrar. La luz que aportamos debe estar al servicio del otro, es decir, pensando en el bien del otro y no en mi vanagloria. Si alguien sale de la oscuridad, debemos dosificar la luz para no dañar sus ojos. Los cristianos somos mucho más aficionados a deslumbrar que a iluminar. Cegamos a la gente con excesivas trascendencias y hacemos inútil el mensaje de Jesús para iluminar la vida real de cada día.

No sé si hemos caído en la cuenta de que no se nos pide salar o iluminar, sino ser sal, ser luz. El matiz tiene su importancia. La tarea fundamental de cada uno está dentro de él mismo, no fuera. La preocupación de cada uno debe ser alcanzar la plenitud humana. Si eres sal, todo lo que toques quedará sazonado. Si eres luz, todo quedará iluminado a tu alrededor. Nos creemos luz y sal, pero sin darnos cuenta de que hemos perdido toda capacidad de salar e iluminar, porque somos sal sosa y luz extinguida.

En el último párrafo de la lectura de hoy hay una enseñanza esclarecedora. ¿Cómo debemos ser sal y luz? «Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre». La única manera eficaz para trasmitir el mensaje son las obras. Una actitud verdaderamente evangélica se transformará inevitablemente en obras. Evangelizar no es proponer una doctrina muy elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra propia ideología o manera de entender la realidad.

Tampoco las obras que son fruto solo de una programación externa, ayudan a los demás a encontrar su propio camino. Solo las obras que son reflejo de una actitud vital auténtica, son cauce de iluminación para los demás. Lo que hay en mi interior, solo puede llegar a los demás a través de las obras. Yo mismo me conoceré solo a través de las obras. Pero también aquí podemos caer en la trampa si son una programación. En la vida religiosa, más que en ningún otro ámbito, es imprescindible la autenticidad.

Meditación-contemplación

Puedo desplegar mi capacidad de sazonar

o puedo seguir toda mi vida siendo insípido.

Puedo vivir encendido y dar calor y luz

o puedo estar apagado y llevar frío y oscuridad a todas partes.

……………………

Soy sal para todos los que me rodean

en la medida que hago participar a otros de mi plenitud humana.

Soy luz en la medida que vivo en mi verdadero ser

y muestro a otros el camino que les puede llevar a ser.

……………………..

No intentes sazonar antes de convertirte en sal,

solo conseguirás comunicar tu insustancialidad.

No intentes dar luz, antes de arder.

Solo conseguirás atormentarte.

………………..

Fray Marcos