JAINKOA BIZI NORK BERE BARNETIK – VIVIR A DIOS DESDE DENTRO José A. Pagola

JAINKOA BIZI NORK BERE BARNETIK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Juan 20, 19-23

ECLESALIA, 4/06/14  Duela urte batzuk, alemaniar teologo handi bat, Karl Rahner, ausartu zen esatera ezen gaur egungo Elizak «bere eskastasun espirituala» duela bere arazorik nagusiena eta premiazkoena. Hona haren hitzak: Elizaren benetako arazoa da «gero eta neurri handiagoan etsirik eta asper-asper eginik jarraitzen duela eskastasun espiritual baten ohiko bideetan barna».

Arazoa larritu besterik ez da egin azken hamarkada hauetan. Ezer gutxirako izan dira erakundeak berrindartzea, liturgia onik gordetzea edo ortodoxia zaintzea. Kristau askoren bihotzean itzaliz doa Jainkoaren barne-esperientzia.

Gizarte modernoak «kanpoaldea» hobestera jo du. Den-denak gonbidatzen gaitu azaletik bizitzera. Den-denak eragiten digu presaka ibiltzera, ia arretarik jarri gabe ezertan eta inorengan. Bakeak ez du jada zirrizturik aurkitzen gure bihotz barnera sartzeko. Ia beti, bizitzaren gainazalean bizi gara. Ahazten ari zaigu zer den bizitza barnetik ahogozatzea. Gizakoi izateko, gure bizitzari funtsezko alderdi bat falta zaio: barnetasuna.

Tristea da ikustea, kristau-elkarteetan ere ez dakigula zaintzen eta eragiten barne bizitza. Jende askok ez daki zer den bihotzaren isiltasuna, ez da adierazten fedea bihotz barnean bizitzen. Barne esperientziarik ez dugula, geure arimaz ahazturik jarraitzen dugu existitzen: hitzak belarriz entzunez, otoitzak ezpainez esanez, bihotza urrun dugularik.

Elizan asko hitz egiten da Jainkoaz, baina non eta noiz entzuten dugu fededunok Jainkoaren presentzia isila geure bihotzaren hondoenean? Non eta noiz egiten diogu harrera Berpiztuaren Espirituari geure barnean? Noiz bizi ohi dugu elkartasun-giroa Jainkoaren Misterioarekin geure bihotz-barnean?

Jainkoaren Espirituari harrera egiteak esan nahi du, alde batera utzi dugula gugandik urrun eta gugandik kanpo dagoela uste dugun Jainkoari hitz egitea, eta gai bihurtu garela bihotzaren isiltasunean mintzo zaigun Jainkoari entzuteko. Esan nahi du, utzi egin diogula Jainkoaz adimenaz bakarrik pentsatzeari, eta ikasi dugula Jainkoa geure izatearen zokoenean sumatzen.

Jainkoaz dugun barne esperientzia honek, egiazkoa eta zehatza den honek, eraldatu egiten du gure fedea. Harriturik gelditzen zara pentsatzean: nolatan bizi izan naiz, gero, hau guztia lehenago aurkitu gabe? Orain badakizu zergatik den posible sinestea kultura sekularizatu baten barruan bizi zarela ere. Orain barne poz berri eta desberdin bat sentitzen dugu. Uste dut, oso nekez mantendu daitekeela luzaroan Jainkoarekiko fedea, gaur egungo bizitza zalapartatsu eta arinan, atzeman gabe, modu apal eta xume batean bada ere, nolabaiteko barne esperientzia bat Jainkoaren Misterioaz.

 

Pentecostés(A) Juan 20, 19-23

VIVIR A DIOS DESDE DENTRO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 04/06/14.- Hace algunos años el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos es su “mediocridad espiritual”. Éstas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es “seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual”.

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

La sociedad moderna ha apostado por “lo exterior”. Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios, mientras nuestro corazón está ausente.

En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?

Acoger al Espíritu de Dios quiere decir dejar de hablar solo con un Dios al que casi siempre colocamos lejos y fuera de nosotros, y aprender a escucharlo en el silencio del corazón. Dejar de pensar a Dios solo con la cabeza y aprender a percibirlo en lo más íntimo de nuestro ser.

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, transforma nuestra fe. Uno se sorprende de cómo ha podido vivir sin descubrirla antes. Ahora sabe por qué es posible creer incluso en una cultura secularizada. Ahora conoce una alegría interior nueva y diferente. Me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.28.16-20)

 

FESTIVIDAD DE PENTECOSTÉS. Junio 8 de 2014

* PENTECOSTÉS Cincuenta (es decir cincuenta días después de la Pascua) era, en Israel, la fiesta de la recolección (Éxodo 23,16; 34,22). De agraria se convierte en fiesta histórica: en ella se recordaba la promulgación de la ley en el Sinaí.

* Los cristianos conmemoramos en Pentecostés el envío del Espíritu. En Hechos 2, 1-21 se nos relata cómo los discípulos de Jesús, estando reunidos temerosos y sin saber qué hacer, después de la muerte de Jesús, el día de Pentecostés reciben el Don del Espíritu que hará que proclamen la Buena Noticia a todos aquellos que se encontraban en la ciudad. Es el día de la constitución formal de la Iglesia, el nacimiento de un nuevo pueblo.

* El mejor Don que nos ha hecho Jesús es su Espíritu. El Espíritu de la Verdad y de la Vida, de la Alegría y de la Esperanza. Él transformó a aquella comunidad primera de Jerusalén. Antes eran personas miedosas, calladas, encerradas. Aquel día el Espíritu Santo tomó posesión de aquella comunidad y los llenó de vida y coraje.

* Creer en el Espíritu supone un estado de revisión y de renovación constante, una disponibilidad sincera de encuentro y diálogo. Todos necesitamos una especie de sacudida interior que nos despierte y nos quite el miedo a perder nuestras falsas seguridades, el miedo al cambio, a lo nuevo, al futuro. El miedo a la rutina. La paz, la alegría y el perdón son las notas del encuentro con Jesús Resucitado.

* Necesitamos un nuevo Pentecostés, una nueva experiencia de reencuentro con Jesús, con su Espíritu, que nos devuelva la vida, la alegría y la esperanza.

En esta hora de entrecortada respiración es necesario llenar de aire los pulmones para respirar con libertad y serenidad y quitar todos los temores. Está con nosotros el Espíritu de Jesús, el enviado para transformar, consolar y dar fortaleza.

“Yo estaré con vosotros, nos dice, hasta el fin del mundo”

*ORACIÓN

CANTAMOS. ENVÍA SEÑOR TU ESPÍRITU QUE RENUEVE NUESTROS CORAZONES

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que descubramos nuestras ataduras, nuestros miedos, nuestras cobardías.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que caminemos todos hacia una libertad más verdadera y creadora de una vida mejor, de un grupo mejor, de una                       Iglesia mejor.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para ver las señales de tu presencia en el mundo, en la historia de las personas, en nuestra propia comunidad.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que todos cuidemos tu creación.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que todos luchemos y nos esforcemos en la vida, en nuestro crecimiento cristiano, en nuestra vocación.

CANTAMOS. ENVÍA SEÑOR TU ESPÍRITU QUE RENUEVE NUESTROS CORAZONES.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que sepamos descubrirte en el débil y en el que sufre.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que seamos constructores de paz, de amistad, de comunidad, de relaciones sinceras.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que seamos más solidarios, compartiendo nuestro tiempo, nuestra palabra, nuestra escucha, nuestras cosas.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que llevemos un poco de luz allí donde hay oscuridad, donde hay dificultades.

Envíanos tu Espíritu, Señor, para que pongamos al servicio de los demás los dones que cada uno hemos recibido.

AMÉN

SEGUIMOS ORANDO

VEN ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu de Dios, viento de compasión, protege bajo tu manto a los pobres de toda la tierra.

Ven, Espíritu de Dios, fuego siempre encendido, haz que todos los pueblos conozcan el sabor del pan, lo coman en paz y lo compartan en justicia.

Ven, Espíritu de Dios, árbol plantado junto al río, haz que todas las religiones del mundo revelen el rostro de Dios en toda su diversidad de matices             y colores.

Ven, Espíritu de Dios, mirada de Cristo Resucitado, haz que todas las Iglesias, en un nuevo Pentecostés, continúen proclamando la Palabra que               sana y libera.

Ven, Espíritu de Dios, pies de todo caminante y peregrino, haz que nadie se sienta extranjero, que todo hombre y mujer puedan caminar libres, como         buscadores del Absoluto, Misterio de Amor.

Ven, Espíritu de Dios, soplo de consuelo y esperanza, vela por nuestros ancianos para que nunca se queden solos, por nuestros jóvenes para que             no se rompan sus sueños, por nuestra comunidad parroquial para que ofrezca un espacio de contemplación y compasión a todos los que                   buscan el rostro de Dios y el rostro de las personas.

AMÉN

* ZURIÑE

JAUNAREN IGOKUNDEA, EZ ITXI HORIZONTEA- NO CERRAR EL HORIZONTE José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mat. 28, 16-20

ECLESALIA, 28/05/14.- Ongizaterik handiena berehala lortzeari bakarrik emanik eta nahikunde eta esperantza txikiek erakarririk gabiltzala, arriskua dugu, geure biziaren horizontea pobretzeko, betikotasunaren desioa galdurik. Aurrerapena ote da hori? Errore bat ote?

Badira bi gertaera, duela urte batzuez gero bizi dugun milurteko honetan, egiaztatzeko zail ez direnak. Alde batetik, haziz doa gizartean mundu berriago baten nahia eta gogoa. Ez dugu aski edozein gauza: mundu duinago, gizakoiago eta zoriontsuago baterantz jo beharra sentitzen dugu.

Bestetik, haziz doa desilusioa, eszeptizismoa eta ziurtasunik eza etorkizunari dagokionez. Zentzurik gabeko hainbesteko sufrimendua ageri da pertsonen eta herrien bizitzan, hainbat eta hainbat gatazka pozoitsu, hartarainoko abusuak Planetaren aurka, non ez baita gauza erraza gizakiagan uste izanik bizitzea.

Halaz guztiz, zientziaren eta teknologiaren garapena gaitz eta sufrimendu asko ari da askatzen. Etorkizunean, dudarik gabe, are arrakasta distiratsuagoak lortuko dira. Oraino ez gara gai sumatzeko gizakiak duen gaitasuna, ongizate fisiko, psikiko eta soziala garatzeko.

Baina ez litzateke jatorra izango beste hau ahaztea: garapen miresgarri honek gaitz batzuetatik bakarrik eta era mugatuan gaitu «salbatzen». Hain juxtu, gero eta giza aurrerapen handiagoaz gozatzen ari garen honetan ari gara argiago sumatzen ezen gizakiak ezin diola eman bere buruari antsiatzen eta bilatzen duen guztia.

Nork liberatuko gaitu zahartzetik, ezinbestean hil behar izatetik edota gaitzaren ahalmen ulertezinetik? Ez gaitu harritu behar ikusteak, jende asko hasia dela behar bat sentitzen: teknika ez den, zientzia ez den, doktrina ideologikoa ez den beste zerbaiten behar bat, alegia. Gizakiak ez dio amore eman nahi izaera galkor eta hilkor honetan betiko hesiturik bizitzeari.

Alabaina, kristau gutxi baino gehiago ari da bizitzen lurrari soilik begira. Itxuraz, ez gara ausartzen geure begiak altxatzen eguneroko ondo-ondokoa dugun hura baino harago. Jaunaren Igokundearen kristau-jai honetan, zientifiko eta mistiko handia izan zen Teilhard de Chardin-en hitz hauek aipatu nahi nituzke: «Kristauok, Igokundeak hogei mende soil dituen honetan, zer egin duzue kristau-fedeaz?»

Galderen eta ziurtasunik ezaren artean, Jesusen ikasleok ibili gabiltza biziaren bila, konfiantza batek eta konbentzimendu bat eraginik. Biziak ixtera eta itzaltzera doala ematen duenean ere, Jainkoak hor dirau. Ontasun- eta Maitasun-misterio da errealitatearen azken misterioa. Biziari irekia den Atea da Jainkoa, inork ezin itxia.

 

Ascensión del Señor(A) Mateo,28, 16-20

NO CERRAR EL HORIZONTE

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 28/05/14.- Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte, está creciendo en la sociedad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra parte, está creciendo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el Planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Sin embargo, el desarrollo de la ciencia y la tecnología esta logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va “salvando” solo de algunos males y de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano, empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia ni doctrina ideológica. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal.

Sin embargo, no pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer, no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras del aquél gran científico y místico que fue Theilhard de Chardin: “Cristianos, a solo veinte siglos de la Ascensión, ¿qué habéis hecho de la esperanza cristiana?”.

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida, trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de Bondad y de Amor. Dios es una Puerta abierta a la vida que nadie puede cerrar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

MISIÓN Y CONFIANZA, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Fe Adulta

Mt 28, 16-20

Con este texto, acaba el evangelio de Mateo. Se recogen en él tres temas muy importantes en las primeras comunidades: la fe en el Resucitado, la misión y la confianza en su presencia permanente. Querría comentar algo sobre cada uno de ellos.

1. A veces, tal como se presentaban los relatos de las apariciones en la catequesis o la predicación, daba la impresión de que los primeros discípulos no tuvieron ningún problema de fe. Según esas presentaciones, ellos habrían visto al resucitado de un modo similar a como lo vieron antes de su muerte.

Sin embargo, no pudo ser así, e incluso hay textos –como este- que no lo ocultan. Al mismo tiempo que presenta la actitud del creyente con el signo de la postración –reconociendo a Jesús como el Señor-, no esconde que «algunos vacilaban».

No; los primeros discípulos no tuvieron más «ventajas» que los que habrían de venir más tarde. Para unos y para otros, la presencia del resucitado no es accesible –por usar un lenguaje clásico- al «ojo de la carne» ni al «ojo de la mente». Se requiere aprender a mirar con el «ojo del espíritu» (o «tercer ojo»), lo cual es posible en la medida en que acallamos la mente y nos abrimos a experimentar el Misterio, en cuanto núcleo íntimo y omnipresente de nuestro propio ser.

2. La misión, tal como se presenta en este relato, adopta una forma que no se remonta al Jesús histórico. De hecho, el envío que hace Jesús –y que relata el propio Mateo- presenta unas características bien distintas: «Id anunciando que está llegando el reino de Dios. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios» (Mt 10,7-8).

¿Qué ha ocurrido para se expliquen las diferencias entre ambos? Algo muy simple: el primero recoge más bien el sentido de Jesús –favorecer la vida- y contiene directamente su propio sabor; el segundo –que habla ya incluso del bautismo en el nombre de la Trinidad- nace en el contexto de una comunidad de discípulos bastante desarrollada, que entiende la misión en clave proselitista, como cualquier grupo religioso que se inicia.

3. Y la última frase de todo el evangelio es una promesa, fuente de confianza. Las primeras comunidades debieron vivir la certeza de la presencia de Jesús con notable intensidad. El Apéndice del evangelio de Marcos termina con una frase similar: «Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba con ellos» (Mc 16,20).

La confianza brota de la certeza de la unidad: «Yo-con-vosotros». Siempre sucede así, incluso en los niños más pequeños. La confianza psicológica del niño, que podrá constituir una plataforma segura en la que apoyarse a lo largo de toda su existencia, se fraguará, básicamente, en el la experiencia de «apego seguro» con la figura materna, en la «urdimbre afectiva» (J. Rof Carballo) entretejida con la madre y otras figuras significativas para él.

De un modo similar, la confianza existencial se apoya en la vivencia de la unidad con todo. El yo, al percibirse aislado y separado del conjunto, está condenado a la soledad, al miedo y a la ansiedad. Superado ese engaño, al acceder a nuestra verdadera identidad, descubrimos que podemos descansar confiadamente en lo que es (lo que somos).

Pero, además, el autor del evangelio parece hacernos un guiño intencionado y cargado de sentido. El «Yo estoy con vosotros» podemos tomarlo como un nombre propio de Jesús, en cuanto remite al primer capítulo del evangelio mateano, en el que, citando al profeta Isaías, se dice: «Le pondrán por nombre Emmanuel (que significa: Dios con nosotros)» (Mt 1,23).

Es decir, Mateo hace lo que se conoce como una inclusión: Jesús es el Dios-con-nosotros (Emmanuel). Así se nos presenta y así se despide.

Y con este hermoso y acertado nombre, somos conducidos de nuevo a percibir la Unidad del Misterio, en sus dos caras –lo divino y lo humano, lo invisible y lo manifiesto-, abrazadas en la no-dualidad.

Como Jesús, todo lo que es, contiene ese «doble rostro»: somos la forma concreta en que se manifiesta la Consciencia una. Esa es la fuente de toda confianza.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn. 14.15-21)

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  • DOMINGO 6º PASCUA –A- MAYO 25 

La presencia de Dios en la comunidad cristiana y en cada persona, tal como nos lo dice Jesús en este Evangelio, cambia el concepto antiguo de Dios y la relación humana con El.

El Padre, no es ya un Dios lejano, sino el que se acerca a las personas y vive con ellas, formando comunidad humana por su Amor.

He aquí una preciosa aventura para cada uno, para cada comunidad, para toda la Iglesia. Ser cristiano, ser discípul@, estar en comunidad de Jesús, no es agarrarse a normas, o costumbres ya hechas. Ser cristian@ es dejarse guiar por el Espíritu de Jesús, que nos ayuda a descubrir cada día la novedad de Dios, la novedad de la Buena Noticia, de la vida nueva, la novedad de amar a tope.

Hoy como siempre, el peligro está en no creer en el Espíritu, en no aceptar su presencia. En pensar que ya tenemos toda la verdad, en creer que ya conocemos a Dios del todo. De ahí la tendencia a poner normas, cargas, muros, prohibiciones.

Hoy, estamos llamados a dejarnos conducir por el Espíritu hacia nuevas maneras de ENCARNACIÓN en un mundo cambiante; hacia nuevos caminos de vivir la fe, sin renunciar a ser persona.
Cuando no se cree en el Espíritu prometido por Jesús se vive con miedo a la libertad. Cuando se vive con miedo a la libertad cerramos las puertas a Dios y a nuestra propia realización. Y cuando cerramos las puertas a Dios, la vida carece de aventura, sorpresa y novedad y se convierte en un gris ir tirando, y a veces como una carga en un sin sentido.
Sin fe en el Espíritu los cristianos vivimos empobrecidos y toda persona vive empobrecida. Para vivir de una manera más humana necesitamos esa energía interior capaz de animar y dinamizar toda nuestra existencia. No estaría mal empezar por escuchar, hoy, con gozo las palabras de Jesús:

“El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”.
¿Qué más queremos?…

ORACION

  • “El Espíri  tu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”,
  • Jesús de Nazaret. El evangelio nos hace reflexionar hoy sobre tu nueva presencia:
  • Tu presencia Resucitada
  • Tú presencia a través del Espíritu.
  • Tú presencia a través del Padre.

Esta presencia divina mueve el mundo, la vida, es la fuerza para vivir y trabajar por la justicia, la verdad, el bien para todos…

Creer en ti, Cristo Camino, Verdad y Vida, es zambullirse en la corriente de la historia; luchar porque los bienes lleguen a todos. No tolerar el hambre.
La oración no soluciona todos los problemas aunque nos es necesaria para saber escuchar en el silencio al Espíritu. Esta nos impulsa a ir respondiendo a las necesidades de la vida de cada uno personalmente, desde sus circunstancias y desde la comunidad.

Tu Espíritu, Jesús de Nazaret, nos hace ver y juzgar toda realidad:

La Iglesia y la sociedad, el mundo del trabajo y la amistad, la familia y los vecinos, la delincuencia y los deportes. Nos hace responsables de nuestra vida.

Todo esto lo decimos fácil, Jesús de Nazaret, pero nos cuesta llevarlo a la vida. Danos la fuerza de tu Espíritu para que nos haga testigos de tu Amor servicial. AMÉN.

ZURIÑE

6º DOMINGO DE PASCUA, «JESÚS SE IDENTIFICA CON DIOS-VIDA», Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 14, 1-12

En la primera lectura, descubrimos cómo los ministerios (diaconado) no fueron instituidos directamente por Jesús, sino que surgieron como exigencias de una comunidad que crece y tiene que organizarse.

En la segunda nos encontramos con la idea del sacerdocio de los fieles, recuperada por el Vaticano II, pero escamoteada por los encargados de desarrollar su doctrina. La diferencia con el sacerdocio ministerial es accidental, no substancial. Los ministros ordenados no son más ni menos cristianos. La única diferencia es que se les ha preparado para cumplir un ministerio, una función.

El contexto del evangelio de Juan que leemos este domingo, es el discurso de despedida después de la cena. En el capítulo 13 el centro es Jesús. En éste (14) el centro es el Padre (25 veces aparece). El ambiente es de inquietud. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es inquietante. Está justificada la invitación a la calma y a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación de Jesús y la de sus discípulos con el Padre.

Aunque Juan pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata de reflexiones pascuales. Lo que en el discurso es futuro, es ya presente para el que escribe y el que lee. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando. Se percibe la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia. Esta vivencia pascual está anclada en la presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre.

«Creed en Dios y creed también en mí». «Pisteuete eis», no significa creer, en el sentido que damos nosotros a esa palabra. Sería «creer» en sentido bíblico, es decir, «poned vuestra confianza en…»

Juan utiliza esta construcción 30 veces, aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios, indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. Está en juego la relación de los discípulos con Dios. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma cosa. Si de verdad buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. Por esta razón, no tienen nada que temer.

En el hogar de mi Padre, hay muchas estancias. Jesús va al Padre, para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No hay diferencia entre unas moradas y otras. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. También podía traducirse: en la familia de Dios hay sitio para todos. Todos los seres humanos están llamados a formar parte de la familia (ámbito) del mismo Dios. Jesús está en el seno del Padre y todos pueden sentirse allí.

Todo el lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, etc. no se pueden entender literalmente. Es teología clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia con ellos. Pero aunque la verdad está formulada desde una visión mítica, el mensaje sigue siendo válido para nosotros. Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios. Esa identificación con Dios, es la que tenemos que descubrir todos y vivirla ya aquí. En Jesús, Dios ha manifestado el proyecto de Dios para el hombre. Ahora tienen que dejar que ese proyecto se realice en ellos.

Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estamos ante uno de los textos más densos, referidos a la realidad de Jesús. La meta es el Padre. Jesús es el camino, pero también la verdad y la vida. El concepto de «camino» presupone un término, el Padre. El concepto de «verdad» presupone un contenido, que es él. De los tres términos, el único absoluto es «Vida«. Porque Jesús posee la Vida, es verdad y es camino.

Yo soy camino. Jesús es un proyecto realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. El camino es el amor hasta la muerte. El don total de sí mismo les realizará plenamente y hará brillar en ellos la presencia de Dios. Además de recorrer ese trayecto, Jesús se hace camino para que tú puedas recorrerlo también. En el AT el camino era la Ley. Jesús sustituye la Ley, no con otra ley, sino con su persona.

Yo soy verdad, es decir soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica (la adecuación de un predicado a un sujeto), sino verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es hombre autentico. Es lo que tiene que ser un ser humano. Su trayectoria es la que tiene que recorrer todo hombre. Lo contrario sería ser falso, engañoso, pura apariencia. «Yo soy» es el nombre que se da a sí mismo Dios desde la zarza. En Juan se repite hasta la saciedad el yo soy. El complemento puede ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad. Si me identifico con Dios, soy todo.

Yo soy vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía que hace que sea lo que soy. Recordad: «El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí.» Está hablando de la misma Vida que es Dios, que se le ha comunicado a él y que se nos comunica a nosotros.

De la misma manera que no podemos encontrar la vida biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.

Nadie va al Padre sino por mí. En el cap. 6 había dicho: «nadie viene a mí si el Padre no lo atrae». Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús, hace al discípulo participar de la misma Vida de Dios.

«Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre». Una vez más se refleja el «ya, pero todavía no» de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es un representante de Dios, no la presencia misma de Dios.

«Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre?» Esta queja, puesta en boca de Jesús, es una clara reflexión pascual de los discípulos. En su vida pública no entendieron ni jota de lo que era realmente Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que Dios sólo es visible en el hombre. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y: si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo.

«Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia». Fíjate que a continuación habla de obras: «el Padre que permanece en mí, él mismo hace las obras». Y luego: «si no me creéis a mí, creed a las obras». Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él, a partir de su propia experiencia, propone las «exigencias» que Dios le pide a él. Jesús a través de sus obras realiza el designio creador.

Lo único válido son las obras. Si lo tenemos claro, descubriremos a Dios en las obras de Jesús a favor del hombre. Pero la manifestación de Dios en las obras de Jesús no es una exclusiva suya. Dios actúa en él y seguirá actuando en todo aquél que siga sus pasos. Liberar al hombre será siempre la obra de Dios, a través de Jesús o de otro.

Meditación-contemplación

Yo soy camino, verdad, y Vida.

Ésta es la experiencia de los cristianos de finales del siglo I.

En Jesús descubrieron la presencia de Dios.

Mi tarea es descubrir también ese Dios de Jesús.

……………….

Para encontrar ese Dios en Jesús, tengo que abandonar mis ídolos.

Dioses que tengo muy arraigados en lo más hondo de mí.

De los que no me quiero desprender porque son fabricación mía.

Con los que me encuentro muy a gusto porque responden a mis deseos.

………………

El Dios de Jesús, por ser amor, me exige amar.

Y eso es lo más contrario a mis deseos egoístas.

Para vivir la presencia del verdadero Dios solo hay un camino;

el que recorrió Jesús amando hasta el extremo.

……………..

Fray Marcos

 

PASKOALDIKO 6. IGANDEA, “EGIAREN ESPIRITUA-EL ESPÍRITU DE LA VERDAD”, José A. Pagola

Joan 14, 15-21

EGIAREN ESPIRITUA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 21/05/14.- Ikasleei agur esaten ari da Jesus. Triste eta lur jota ikusten ditu. Laster ez dute izango berekin. Nork bete haren hutsunea? Orain arte Jesus da arduratu beraiez, Jesusek ditu defenditu lege-maisu eta fariseuengandik, Jesus izan dute sostengu beren fede makal eta duda-mudazkoarentzat, Jesus aritu zaie Jainkoaren egia agerian jartzen, eta Jesusek dizkie agertu bere egitasmo gizatarraren hastapenak.

Gogotsu mintzo zaie Jesus Espirituaz. Ez ditu umezurtz utzi nahi. Berak eskatuko dio Aitari eskutik utzi ez ditzan, «beste defendatzaile bat» eman diezaien «beti haiek egon dadin». «Egiaren Espiritua” deitu dio Jesusek. Zer dago Jesusen hitz hauen pean?

«Egiaren Espiritu hau» ez da nahastu behar doktrina batekin. Egia hau ez da bilatu behar teologoen liburuetan, ezta hierarkiaren dokumentuetan ere. Zerbait askoz sakonagoa da. Jesusek dio «gurekin bizi dela eta gugan dagoela». Arnasa da, indarra, argia, maitasuna… Jainkoaren azken misteriotik datorkiguna. Bihotz xume eta ustetsuaz behar diogu harrera egin.

«Egiaren Espiritu honek» ez gaitu bihurtzen egiaren «jabe». Ez datorkigu guk geure fedea beste batzuei ezartzeko, ezta ere guk inoren ortodoxia kontrolatzeko. Gu Jesusez umezurtz ez uzteko dator, eta gu egiari irekitzera gonbidatzera, Jesusen ebanjelioa entzunez, onartuz eta biziz.

«Egiaren Espiritu honek» ez gaitu egiten egiaren «gordetzaile», baizik testigu. Gure egitekoa ez da arerioekin eztabaidan jardutea, ezta borrokan aritzea edo inor menpean hartzea, baizik eta Ebanjelioaren egia bizitzea eta «Jesus maitatzea, haren aginduak betez».

«Egiaren Espiritu hau» gutako bakoitzarengan dago, Jesusengandik aparta gaitzakeen edozer gauzatatik babestuz. Geure bihotza xume-xume irekitzera gonbidatzen gaitu Jainkoaren misteriori, biziaren Adiskide horri. Jainko honen bila ondradu eta egiaz dabilena, ez dabil Jainkoagandik urrun. Jesusek berak esan zuen behin batean: « Egiarena den orok entzuten du nire ahotsa». Halaxe da.

«Egiaren Espiritu honek Jesusen egian bizitzera gonbidatzen gaitu geure gizartean, non askotan estrategia esaten baitzaio gezurrari; negozio esplotazioari; tolerantzia erantzukizunik ezari; eraikitako ordenu zuzengabekeriari; askatasun arbitrariotasunari; egiazaletasun errespeturik ezari…

Zer zentzu izan lezake Jesusen Elizak baldin eta geure elkarteetan «egiaren Espiritua» galtzen utzi bagenu? Zeinek salbatu ahal izango du autoengainutik, desbideratzetik eta eskastasun orokortutik? Zeinek hots egin ahalko du Jesusen Berri Ona, hartarainoko arnasa-beharra eta esperantza-egarria duen gizartean?

6 Pascua (A) Juan 14, 15-21

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 21/05/14.- Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 14,1-12)

  • DOMINGO 5º de PASCUA –A- MAYO 18 de 2014

El pasado domingo contemplábamos a Jesús como la puerta y el Pastor del nuevo Pueblo de Dios.
Hoy aparece en diálogo con quienes le aceptan pero no acaban de comprenderle. El domingo pasado era su relación con la comunidad de creyentes, hoy su relación es con Dios mismo.

Jesús les habla en términos de despedida. El tema central es su marcha al Padre.

En la despedida Jesús invita a no perder la serenidad y mantener la confianza en Dios y en Él.

Se comprende la preocupación de los discípulos por su futuro una vez que El se haya ido.

Tomás ya se lanza, está desorientado ante este nuevo anuncio ya dicho en la última Cena. “No sabemos a dónde vas. ¿A dónde irá?… ¿Por dónde?…

La respuesta de Jesús es rotunda:

“YO SOY…EL CAMINO, Y LA VERDAD Y LA VIDA”.

Y a la pregunta de Felipe, Jesús, muéstranos al Padre y nos basta. Responde:

“QUIEN ME VE A MÍ ESTÁ VIENDO AL PADRE”
O sea: Jesús es la revelación del Padre. El único que nos descubre al Padre, el que nos permite llegar al Padre, es Jesús.
El problema de muchas personas no consiste en vivir extraviados o descaminados, sino en algo más profundo y preocupante. Sencillamente, muchas veces se vive SIN CAMINO. Pueden Moverse mucho, hablar, trabajar, ir siempre corriendo… pero en realidad sin ir a ninguna parte. No hay una META que ilusione el caminar. Viviendo sólo en torno a sus intereses. Sin conocer la alegría del que se renueva y crece, no saben infundir vida a sus años. Tal vez hemos abandonado o arrinconado algo que ni siquiera hemos llegado a conocer de verdad. Nos falta por descubrir que Cristo es un CAMINO QUE HAY QUE RECORRER; el único CAMINO acertado para vivir intensamente, para disfrutar de la vida hasta su plenitud.

Pero todavía estamos a tiempo… si queremos llegar con El al Padre. Jesús nos invita a no perder la calma, a superar la inquietud, a tener confianza y permanecer en El. (Jn. 15, 1-10)

Ser cristiano es antes que nada, CREER EN JESÚS. Tener la suerte de habernos encontrado con Él. Ir descubriendo por experiencia personal, toda la fuerza, la luz, la alegría, la vida que podemos recibir de Él. Poder decir desde la propia experiencia que JESÚS ES EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA. A lo mejor tenemos que oír del mismo Jesús lo mismo que le dijo a Felipe:

“TANTO TIEMPO COMO LLEVO CON VOSOTROS ¿Y TODAVÍA NO ME CONOCÉIS?…

* ORACIÓN

Dios y Padre nuestro: Tu Hijo Jesucristo nos mostró lo que significa ser para nosotros
el CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, dándose a sí mismo por nosotros en la Cruz y en la Eucaristía como alimento de vida para el camino.
Concédenos la gracia de aprender de Él a darnos unos a otros, nuestro tiempo, nuestra compasión, nuestro servicio y, sobre todo, a darnos a nosotros mismos como hizo Jesús, Hijo tuyo y compañero nuestro que vive contigo y también con nosotros ahora, siendo nuestro CAMINO, VERDAD Y VIDA. Y, así lo esperamos por los siglos de los siglos. AMÉN.

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SEGUIMOS ORANDO

Jesús de Nazaret, tú pasaste un día por este mundo y quisiste recorrer nuestros caminos.
Tú comprendes todo lo que nos pasa, no nos dejes solos en este caminar.
Contigo todo será mejor porque tu eres para nosotros:
“CAMINO, VERDAD Y VIDA”.
Queremos Caminar contigo, acompañarte en cada una de las personas que van a nuestro lado trabajando y luchando por la construcción y la realización de tu REINO. AMÉN
ZURIÑE

CUESTIÓN DE VER, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 14, 1-12

Cuando la fe se entiende como «asentimiento mental» a unas verdades o creencias, se considera que lo opuesto es el ateísmo. Sin embargo, cuando se entiende –más en la línea bíblica- como «confianza», lo opuesto es el miedo o la agitación.

Jesús relaciona directamente la fe con la calma (paz), en una llamada reiterada a la confianza. Como si dijera: mantened la confianza, confiad en que el Fondo bondadoso de la existencia os sostiene en todo momento, porque constituye nada menos que vuestra identidad más profunda.

No somos llamados a confiar en «algo» que nuestra mente nos presenta, sino en Aquello que se llama, entre otros mil nombres, Confianza y que se encuentra siempre a salvo.

Desde la perspectiva no-dual, el mensaje es palmario y sencillo: confía en lo que realmente eres, porque nada ni nadie te podrá dañar en ello.

Eso que somos es también Amplitud. En una imagen tradicional, Jesús habla de «estancias», en una frase que es susceptible de una doble traducción. La expresión griega puede traducirse como «muchas estancias» o «una estancia muy grande». Más allá de la imagen tradicional, el sentido es claro: la «casa del Padre» –el Fondo que constituye el núcleo de todo lo que es- es Amplitud ilimitada, el No-lugar en el que cabemos todos.

Dado que ya lo somos, lo único que necesitamos –aunque suene paradójico- es «llegar» a ello, es decir, reconocerlo. Y aquí es donde adquiere todo su sentido la siguiente afirmación: «Yo soy el camino».

Sabemos que, en realidad, se trata de un camino sin camino. Porque al «lugar» donde debemos «llegar» no hay ninguna distancia. Y que cualquier paso que diéramos en su búsqueda, no haría sino alejarnos de él.

El «camino» de que habla Jesús –en el lenguaje del autor del cuarto evangelio- no es otra cosa que el descubrimiento o reconocimiento de lo que ya somos. Es un camino que consiste en «abrir los ojos»; en cuanto los abres, ya has llegado.

Has llegado, ¿a dónde? A la Verdad y a la Vida: otros dos nombres más de Eso que somos.

Por eso, cuando abrimos los ojos, somos capaces de ver y lo que vemos no es diferente de lo que somos. La Vida que somos se ve a sí misma en todas las formas que aparecen ante nuestros ojos. La Consciencia se sonríe a sí misma descubriéndose «escondida» en ropajes infinitos.

Es así: «Quien me ve a mí, está viendo al Padre». Porque el «Padre» –la Consciencia, la Vida, la Verdad…, Eso- es todo lo que hay. El «Padre» se está viendo a sí mismo en todo.

Eso que somos se halla tan cerca de nosotros, sin ninguna distancia ni separación, que nos resulta difícil verlo debido precisamente a su misma y radical proximidad.

Tampoco es que podamos «hacer» nada para verlo, porque no se halla al alcance de nuestra mente, herramienta tan limitada.

Podemos, si acaso, quitar obstáculos que impiden o dificultan la visión: identificación con la mente y con sus funcionamientos, reducción al yo (ego), inconsciencia y desconexión del momento presente… En la medida en que esos engaños van siendo removidos, puede emerger la luminosidad de lo que es. En definitiva, como bien ha expresado Rafael Redondo, «en cuanto te quitas de en medio, Eso aparece».

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

PASKOALDIKO 5. IGANDEA, BIDEA-EL CAMINO, José A. Pagola

BIDEA:
5. Pascua (A) Joan 14, 1-12

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 14/05/14.- Azken Afaria bukatzean, ikasleak sumatzen hasi dira, Jesus ez dutela jada berekin luzerako izango. Judas presaka irtetea, Pedrok laster ukatuko duela iragartzea, Jesusen hitzak laster joango dela esanez: horrek guztiek utzi ditu koloka eta larri. Zer izango da beraiez?

Jabetu da Jesus haien tristuraz eta nahasmenduaz. Bihotza hunkitu dio horrek. Bere buruaz eta datorkionaz ahazturik, ikasleei bihotz ematen ahalegindu da: «Ez dadila larritu zuen bihotza; sinetsi Jainkoagan eta sinetsi nigan ere». Geroago, hizketan ari direla, aitorpen hau egin die Jesusek: «Ni naiz bidea, egia eta bizia. Ezin joan da inor Aitagana, nire bidez ez bada». Ez dute ahaztu behar hori sekula.

«Ni naiz bidea». Oso gutxi ez direnen arazoa, ez da bidea galdurik edo bide okerretik ibiltzea. Besterik gabe, biderik gabe bizi izatea dute arazoa, labirinto antzeko batean galdurik: aurrera eta atzera ibiliz mila bidetan, unean uneko esloganek eta modek kanpotik esaten dietenei jarraiki.

Eta, zer egin lezake gizon edo emakume batek biderik gabe dagoenean? Norengana jo lezake? Nora joan liteke? Jesusengana hurbiltzen bada, aurkituko duena, ez da izango erlijio bat, baizik bide bat. Batzuetan, fedez egingo du aurrera; beste batzuetan zailtasunekin egingo du topo; are gehiago, atzera ere egin lezake, baina bide zuzenean dabil, Aitagana daraman bidean. Horixe da Jesusen promesa.

«Ni naiz egia”. Hitz hauek gonbit eskandalagarri dira belarri modernoentzat. Den guztia ez da mugatzen arrazoiaren mailara. Teoria zientifikoak ez du berekin egia osoa. Errealitatearen azken misterioa ezin atzeman daiteke analisi sofistikatuenen bidez. Errealitatearen azken misterioa begi aurrean duela bizi behar du gizakiak.

Azken Misterio horretara gidatzen eta hurbiltzen gaituen bide bezala aurkeztu zaigu Jesus. Jainkoak ez du inor derrigortzen. Inor ez du behartzen proben eta ebidentzien bidez. Azken Misterio hori isiltasun da eta errespetuzko erakarpen. Jesus da bere Ontasunera ireki gaitzakeen bidea.

«Ni naiz bizia». Gure bizitza eraldatuz joan daiteke Jesus. Ez urruneko maisu bat bezala, gizadiari jakinduria miresgarriko altxor bat utzia dion maisu bat bezala, baizik eta bizi den norbait bezala, geure izatearen hondo-hondoan, bizi berri baten hazia ereiten digun norbait bezala.

Jesusen egintza hori, gure baitan, era lau eta isilean gauzatzen da ia beti. Fededunak berak ere sumatu bakarrik egiten du atzeman ezineko presentzia bat. Batzuetan, alabaina, ziurtasunak betetzen gaitu, gorde ezineko pozak, erabateko konfiantzak: bada Jainkoa, maite gaitu, dena da posible, baita betiko bizia ere. Ezin ulertuko dugu kristau-fedea, Jesus onartzen ez badugu bide, egia eta bizi bezala.

5 Pascua (A) Juan 14, 1-12

EL CAMINO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

 

ECLESALIA, 14/05/14.- Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos:”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).