5. IGANDEA URTEAN ZEHAR, IRTEN PERIFERIARA-SALIR A LA PERIFERIA, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mateo 5, 13-16

ECLESALIA, 05/02/14 .- Bi irudi ausart eta harrigarriz eman du aditzera Jesusek zer iritzi duen bere jarraitzaileez eta zer espero duen haiengandik. Ez dute bizi behar, kaskoan beti beren onura, beren fama edo beren boterea dutela. Nahiz eta talde koxkor bat diren Erromaren Inperio tzarraren erdian, lurrak beharrezko duen «gatz» izan behar dute eta munduari falta zaion «argi».

«Lurraren gatz zarete zuek». Galileako jende xumeak berez atzeman du Jesusen hizkuntza. Mundu guztiak daki gatza, batez ere, janari gustua emateko dela eta janaria usteltzetik gordetzeko. Modu berean, Jesusen ikasleek jendeari bizitza ahogozatzera eragin behar diote, usteltzen utzi gabe.

«Munduaren argi zarete zuek». Eguzkiaren argirik gabe, mundua ilunpean gelditzen da, eta ezin izaten dugu norabidetu eta bizitzaz gozatu, ilunpean. Alabaina, Jesusen ikasleek eskain dezakete behar dugun argia, norabidetzeko, bizitzaren azken zentzuan sakontzeko eta esperantzaz bide egiteko.

Bi metafora horiek bat datoz garrantzizko puntu batean. Gatza, ontzi batean aparte baldin badago, ez da ezertarako on. Elikagaien artean jarri eta janariarekin nahasten denean bakarrik ematen ahal dio gustua jaten dugunari. Gauza bera gertatzen da argiarekin ere. Itxian eta ezkutuan badago, ezin argitzen ahal du inor. Ilunpean direnekin dagoenean bakarrik argitzen eta norabidetzen ahal du. Mundutik aparte legokeen Eliza bat ezin izaten ahal litzateke, ez gatz, ez argi.

Frantzisko aita santuak ikusten du gaur egungo Eliza bere baitan itxirik dagoela, beldurrak sorgorturik, eta urrunegi arazo eta sufrimenduetatik, bizitza modernoari gustua eman ahal izateko eta Ebanjelioaren zinezko argia eskaini ahal izateko. Bat-batekoa izan du bere erreakzioa Aita Santuak: «Periferiara irten beharrean gara».

Behin eta berriz dio: «Nahiago dut kalera irteteagatik elbarria, zauritua eta zikindua den Eliza bat, itxia eta bere segurtasunari atxikitzearen aitzakiaz eta eroso bizi nahi izateagatik gaixo den Eliza bat baino. Ez dut gogoko erdigune izateaz arduratzen den eta, ondorioz, obsesio- eta prozedura-sare batean harrapatua gertatzen den Eliza bat».

Kristau guztiei doakie Frantziskoren deia. «Ezin geldi gintezke lasai geure elizen barnean, itxarote zurrunean». «Bestearen aurpegiarekin topo egitearen arriskua bizitzera gonbidatzen gaitu Ebanjelioak beti». Berak «topo egitearen kultura» deitzen duen hori sarrarazi nahi du Elizan Aita Santuak. Konbentziturik dago «Elizak gaur egun gaitasun hau behar duela: zauriak sendatzeko eta bihotzei berotasuna emateko gaitasuna».

 

5 Tiempo ordinario (A) SALIR A LAS PERIFERIAS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 05/02/14.- Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.

“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han de contribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.

“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.

Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.

El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.

El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.

La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.2.22-40)

• DOMINGO 4º. T.O.-A- FEBRERO 2 de 2014
• PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO

* Esta fiesta cierra el ciclo de Navidad, exactamente a los 40 días. A mediados del siglo V se celebraba ya con el nombre de “la fiesta de las luces” reúne varios nombres: Presentación de Jesús en el templo y Purificación de María.
Aunque es de carácter Cristológico, en ella se conmemora un acontecimiento muy importante en la vida de María: su purificación y la presentación de su Hijo al sacerdote en el templo. Es esta una fiesta de “la Luz”
Además se la conoce como “la candelaria”, se llama así, porque es costumbre de bendecir las candelas que se van a necesitar durante el año. Su sentido: que nunca falte en las casas la luz tanto física como espiritualmente. (Actualmente no se celebra este acto como antes).
* María (sin tener necesidad de ello) acude humildemente a cumplir la ley como cualquier otra mujer. Y María presenta con sur virginales brazos al mismo Hijo de Dios…
Además, hace la ofrenda de los pobres, dos tórtolas, y cuando la Sagrada Familia estaban dispuestos para marchar, se realizó el prodigio del ENCUENTRO con Simeón y luego con Ana.
* (Podemos descubrir, como la mujer, está muy presente, en los planes de Dios desde el antiguo Testamento. Y el valor de la familia donde las raíces cristianas arraigan.)
San Lucas nos cuenta con detalles aquel encuentro: Simeón, con el Niño en brazos proclama
“Ahora, Señor, ya puedes dejar irse en paz a tu siervo, porque han visto mis ojos al Salvador… al que has presentado ante todos los pueblos: LUZ PARA ALUMBRAR A LAS NACIONES y gloria de tu pueblo Israel
Y le dijo a la Madre “Mira, que este Niño está puesto para caída y levantamiento para muchos…
Y a Ti, una espada te traspasará el alma.”
* Ana, acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos lo mismo que Simeón… “Ahora”, hoy, también nosotros, podemos ver al Salvador y llevar su LUZ, hablar de El. Tenemos motivos para alabar y dar gracias. Pero a veces, no lo hacemos porque no nos dejamos guiar por el Espíritu; o no sabemos descubrir, en los signos normales y cotidianos, la presencia liberadora de Dios, o porque ya no esperamos la liberación. La fuerza, el impulso del Espíritu de Dios de Jesús la llevamos dentro, desde el bautismo. El mismo nos dice: “Yo soy la Luz del mundo el que me sigue no anda en tinieblas”. Simeón se dejó guiar por su Fuerza, por su Luz. (Tres veces en este corto Evangelio, nos habla Lucas, del Espíritu que impulsa, ilumina)
Por eso con la Luz, del Espíritu de Dios en nosotros
ORAMOS:
* (Primero es bueno reconstruir en el silencio la escena, tener poca luz en el lugar de oración).
* María con el Niño y José, llegan al templo…
Van a cumplir la ley, como toda mujer… Encuentro con Simeón…. Con Ana… Las otras madres…
Encendemos una lamparita… Llega la Luz… Encendemos todo…
Dejamos que el Espíritu de Jesús nos hable… (Música…)
Te adoramos, te damos gracias Padre Santo en este día en que tu Hijo Jesús fue llevado por María y José al templo para se presentado y proclamado como LUZ DE TODAS LAS NACIONES, por eso somos guiados por tu LUZ. Que esta LUZ nos penetre y transforme (Música…silencio)
Que tu Espíritu nos abra la mirada interior de nuestro corazón para que te sepamos reconocer como te reconocieron Ana y Simeón.
Que el Espíritu Santo nos haga comprender que la Luz que hemos visto y recibido debemos comunicarla y hacer posible que ilumine a otras personas. De nuestra fidelidad y entrega depende que tu LUZ llegue a todos los rincones del mundo, empezando por los cercanos, familia, amigos, compañeros de trabajo, grupos, comunidades y más…
Que María, Madre de Jesús y nuestra, mujer que creyó en la Palabra de Dios y que se dejó orientar por su Luz, nos ayude en nuestro caminar. Ella que nos trajo al Mesías, Salvador y Luz. AMÉN
***
*SEGUIMOS ORANDO CON UNA REFLEXIÓN DE LAS BIENAVENTURANZAS

* Dichosos vosotros, que apostáis por lo invisible y lo poético, porque veréis más allá de todo.
* Dichosos vosotros que tendéis puentes de encuentro y abrís túneles de comunicación, porque facilitáis los encuentros y abrazos.
*Dichosos vosotros, que escucháis y esperáis en silencio, porque la impaciencia puede malograr vuestros planes.
* Dichosos cuando arrimáis el hombro y sois solidarios, porque se puede contar con vosotros.
* Dichosos vosotros, cuando lloráis de pena o de alegría porque todavía tenéis remedio.
* Dichosos vosotros si dais la mano y con ella os dais vosotros mismos.
* Dichosos si anteponéis el bien común a vuestros intereses particulares.
* Dichosos los limpios de corazón porque Dios está con ellos. AMÉN .
ZURIÑE

«EL SALVADOR»… ¿QUÉ ES SALVARSE?, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Lc 2, 22-40

La purificación de la madre y la presentación del niño constituían los dos momentos del rito que estipulaba la ley mosaica –y otras similares, en otras tantas culturas-, justo cuarenta días después del parto. Tras ese tiempo –la «cuarentena»-, la mujer salía por primera vez de casa, tras haber dado a luz.

Sabemos que las culturas antiguas eran propensas a regular minuciosamente todo lo relacionado con la vida y la sexualidad: se trataba de dos dimensiones básicas, ante las que el ser humano se sentía sobrecogido. No es extraño que lo relacionado con ellas fuera campo propicio para la legislación que establecía tabúes y, en una cultura machista o patriarcal, declarara «impura» a la mujer cuando vivía algo relacionado con el sexo y el origen de la vida.

Esta práctica, legislada en la ley judía, se halla en la base del establecimiento, precisamente el día 2 de febrero –una vez que se había convenido en fechar el nacimiento el día 25 de diciembre: «Dies Natalis Solis»– de esta doble fiesta en la Iglesia católica: la purificación de María y la presentación de Jesús.

Y, como lectura adecuada para la misma, se toma este texto correspondiente al «evangelio de la infancia», de Lucas. Si todo el relato evangélico –aun sin negar un fondo histórico, nada fácil de determinar en cada caso- es catequesis, los relatos de la infancia no tienen otra finalidad que la de presentar –en clave teológica- lo que será Jesús para la comunidad de sus seguidores.

Nos hallamos, pues, en la perspectiva de Lucas, en pura teología. Desde el inicio de su escrito, el autor quiere decirnos quién es Jesús. Y para ello se sirve de la figura de dos ancianos venerables, caracterizados por su ardiente espera de la liberación del pueblo.

De ese modo, Lucas pone en labios de Simeón la palabra que, según su propia comunidad, define la identidad de Jesús: es el Salvador. No es casual: el llamado «tercer evangelio» será el que se refiera a Jesús con ese término, poniendo especial énfasis en mostrar su dimensión compasiva o misericordiosa, en particular con respecto a los pobres, los necesitados y los considerados «pecadores» por parte de la religión oficial.

«Salvación», sin embargo, es una de tantas palabras gastadas y, en cierto sentido, pervertidas por el uso excesivo e inadecuado. Los tonos mítico-heterónomo, espiritualista, individualista, perfeccionista-culpabilizador, moralista-rigorista…, con los que ha solido venir revestida, la han sacado definitivamente de nuestro vocabulario cotidiano.

Si, como sucede también con otras palabras igualmente gastadas, tuviéramos que encontrar otra que evocara su contenido, quizás podría servirnos el término «comprensión» (o incluso «consciencia»).

Porque la «salvación» no es «algo» añadido a lo que somos; ni algo que hayamos de buscar «fuera» o en el futuro. Si todo es aquí y ahora, si únicamente existe el Presente y Presencia es nuestra verdadera identidad, la «salvación» (de la ignorancia, de la confusión, del sufrimiento y de la muerte) no puede consistir en otra cosa que en reconocerlo, es decir, en comprender y vivir lo que somos.

En este sentido, es claro que nos «salvamos» en la medida en que accedemos a nuestra verdadera identidad. Y esta no puede ser objeto de una «creencia» –no se halla al alcance de la mente-, sino de una experiencia: únicamente podemos conocer quiénes somos precisamente cuando lo somos.

Desde esta clave, Jesús no «viene a salvarnos» de un supuesto pecado original que nos habría hecho perder, por generaciones, la amistad de Dios. Nos salva porque reconocemos en él a alguien que ha «comprendido», que ha «visto» el Secreto último de lo Real y se ha vivido en coherencia con ello. Jesús nos salva porque nos hace de «espejo» de lo que somos todos (Enrique MARTÍNEZ, ¿Qué Dios y qué salvación? Claves para comprender el cambio religioso, Desclée De Brouwer).

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

JAUNAREN AURKEZPENA, «FE SENCILLA-FEDE XUMEA, José A. Pagola

FEDE XUMEA

Jaunaren Aurkezpena Lk, 2, 22-4o

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 29/01/14.- Jesusen jaiotzaren kontakizuna txundigarria da. Lukasen arabera, harrera egiteko lekurik ez duen herri batean jaio da Jesus. Artzainek Betleem osoan ibili behar izan dute haren bila, harik eta bazter batean aurkitu duten arte, ganadu-aska batean etzana, gurasoak beste lekukorik gabe.

Itxuraz, Lukasek bigarren kontakizun bat eraiki beharra sentitu du, haurra anonimatutik atera eta jendaurrean aurkezteko. Eta zein leku egokiagorik Jerusalemgo Tenplua baino, Jesus handikiro onartu izateko, Jainkoak bere herriari bidaliko Mesias bezala?

Alabaina, berriro ere txundigarria izango da Lukasen kontakizuna. Gurasoak haurrarekin Tenplura hurbildu direnean, ez zaizkie bidera irten ez apaiz nagusiak, ez gainerako gidari erlijiosoak. Urte batzuen buruan, horiek salduko dute gurutzean josi dezaten. Jesusek ez du izan onarpenik bere buruaz seguru eta pobreen sufrimenduaz ahazturik den erlijio horretan.

Ez dira etorri harrera egitera lege-maisuak ere, beren «giza tradizioak» Tenpluaren aterpean predikatzen zituzten haiek. Urte batzuk geroago, uko egin diote Jesusi, larunbataren legea hausten duelako. Jesusek ez du ezagutu onarpenik bizitza era duinago eta sanoagoan bizitzeko laguntza ez diren irakaspen eta tradizio erlijiosoetan.

Jesus onartu eta Jainkoaren Bidalitzat aitortu dutenak, adin handiko bi lagun izan dira; fede xumea dute eta bihotza irekia; beren bizitza luzean Jainkoaren salbamenaren zein bizi izan dira. Ematen du, pertsonaia sinboliko ote diren iradokitzen dutela beraien izenek. Gizonezkoak Simeon du izena (hau da: «Jaunak entzun du»); emakumeak Ana du izena (hau da: «Erregalua»). Aldi guztietan eta herri guztietan, bere konfiantza Jainkoagan ezarririk bizi izan den fede xumeko hainbat eta hainbat jenderen ordezkari dira biak.

Biak dira Israel herriko ingurune sanokoak. «Yahveren Pobreen Taldekotzat» hartuak dira biak. Ezer ez duten jendea dira, soil-soilik Jainkoaganako beren fedea dute. Ez dute buruan, ez beren aberastasunik, ez beren ongizaterik. Hauxe espero dute soilik: beren herriak behar duen «kontsolamendua», belaunez belaun bila ari diren «askapena», lurreko herriek bizi duten ilunpea argituko duen «argia». Eta hona: beren esperantzak Jesusengan bete direla sentitu dute orain.

Behin betiko salbazioa Jainkoagandik espero duen fede xume hau gehiengoaren fedea da. Fede bat gutxi landua, kasik beti otoitz trakets eta zabartuan gauzatzen dena, adierazpen ez oso ortodoxotan formulatzen dena, batez ere larrialdi zailetan esnatzen dena. Fede bat, zeina ulertzeko eta onartzeko Jainkoak inolako arazorik ez duena.

FE SENCILLA

Presentación del Señor (A) Lucas 2, 22-40

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 29/01/14.- El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres.

Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?

Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.

Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus “tradiciones humanas” en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.

Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón (“El Señor ha escuchado”), la anciana se llama Ana (“Regalo”). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todas los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.

Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el “Grupo de los Pobres de Yahvé”. Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la “consolación” que necesita su pueblo, la “liberación” que llevan buscando generación tras generación, la “luz” que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.

Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.4,12.23)

• DOMINGO 3º T.O. –A- ENERO 26 de 2014

* Lo que recoge hoy el evangelio tiene especial significado para los cristianos de ahora y de siempre.
Jesús empieza su misión, anunciando la Buena Noticia de salvación, centrada en la llegada del Reino y en la urgente llamada a la conversión. Nos enseña que el Reinado de Dios se hace presente y actuante en la vida humana mediante la conversión, el cambio de mentalidad, de actitudes.
* Jesús se entera del encarcelamiento de Juan Bautista. Descubre que ha llegado su tiempo. Jesús se traslada a Galilea, encrucijada de caminos, de culturas y de pueblos; concretamente a la ciudad de Cafarnaún. Mateo nos dice que Jesús escoge esta ciudad, por su incredulidad. Esta consideración nos lleva a una reflexión, hay que predicar el Evangelio en los lugares difíciles, no solo en los templos y en los círculos cerrados. Debemos ir buscando los “cafarnaunes” donde la Palabra pueda resonar con novedad, difícil, si… allí fue Jesús.
* “CONVERTÍOS, PORQUE ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS”.
A Jesús le va a costar muchos quebraderos de cabeza para que allí y aquí se comprenda esto, ya que esperaban un reinado de triunfo, brillante con éxitos. En cambio Jesús nos presenta un Reino con comienzos humildes, un Reino escondido como una semilla en el corazón de las personas.
* Vivir el Reino de Dios es revivir en nosotros las actitudes de Jesús, sus gestos profundos y su relación con el Padre y los herman@s con la animación del Espíritu.
En el fondo, CONVERTIRSE es acoger a Dios en la vida. El, que nos quiere más humanos y más felices.
* Tenemos una 2ª parte del evangelio, que nos habla de la llamada. Jesús no quiere trabajar solo. Jesús pasea junto al lago de Galilea. Ve dos hermanos, luego otros dos… Jesús no está pasivo es El, el que sale al encuentro. Jesús, vio… Ese ver de Jesús es un modelo para nosotros para aprender a acercarnos a los demás con ojos misericordiosos. Los “vio”, (luego miró), “los llamó”. Y la llamada es para una finalidad primero “seguirle” y como consecuencia “una tarea”. “Inmediatamente, dejaron la barca y su padre, y lo siguieron”. (¡Qué tiempos aquellos!).
*Ahora es nuestro tiempo. Jesús nos dice “Yo soy la Luz del mundo” el que me sigue no camina en tinieblas. Jesús nos llama a no quedar pasivos, a “mirar”, “ver”, llamar, presentar el Reino que está cerca, en nosotros, pero para ello primero hace falta CONVERSIÓN PERSONAL.
* ORACIÓN

Contemplar a Jesús. Verle paseando, mirando, fijando su vista en el paisaje y en las personas…
Verle caminar con decisión, lleno de ilusiones, con mil proyectos en la mente y en el corazón…
Pensando en su camino, en cómo hacer… quizá se detiene junto a mí, me mira… Quizá me llama para “seguirle” en una “tarea” concreta. Pero en Cafarnaún, ciudad difícil. Es nuestra ciudad…
Acompañar a Jesús, mejor dicho el me acompaña a anunciar la Buena Noticia, consolar, curar, liberar, enseñar, devolver la alegría, la ilusión, la esperanza.
¿Qué respondo?…
ORAR, para recuperar la ilusión, ahora, aquí, para despertarse, animarse y ver que puedo seguir siendo discípulo como Simón y Andrés; como Santiago y Juan.
Que seamos capaces de decidirnos a caminar contigo para que cada día nuestra vida haga llegar tu Luz que muestra los valores de la vida, el valor de la persona.
Ayúdanos para ello a dejarnos CONVERTIR por Ti y a descubrir que el Reino de Dios está cerca, está en nosotros, porque ese Reino eres Tú, Jesús de Nazaret. Paseando por nuestro Calilea, nuestra vida. AMÉN – ZURIÑE

3º DOMINGO T.O., «TODO EMPEZÓ EN GALILEA», José E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Mt 4, 12-23

Galilea

Mateo hace una lectura de la historia en clave de ‘cumplimiento’. Fiel a este planteamiento general de su evangelio, sigue diciendo: «Éste es el que anunciaron los profetas». Aplica a Jesús la «profecía» de Isaías.

Lucas (4,16) pone en boca de Jesús esta misma interpretación cuando, en la sinagoga de Nazaret, lee a Isaías y se lo aplica a sí mismo.

(Marginalmente, es bueno recordar que la insistencia de los evangelistas en que Jesús es galileo es un dato fuerte en favor de su historicidad: Galilea es considerada medio pagana -Galilea de los gentiles-, es zona despreciada -¿de Nazaret puede salir algo bueno? – y no figura en los Profetas como cuna del Mesías… Es decir, nadie inventaría algo tan perjudicial para la figura del Mesías.)

Los cuatro evangelistas constatan el principio de la vida pública de Jesús en Galilea. Los discípulos, después de la Resurrección, se considerarán «testigos» de todo lo que hizo y dijo «desde el principio», desde Galilea.

Galilea viene a ser como la patria espiritual de la primera comunidad. Aunque esté en Jerusalén, Jesús resucitado les citará para Galilea. A pesar de las dificultades y las oposiciones, Galilea, el lago, serán una época dorada, de entrañable recuerdo… en contraposición a Jerusalén y el Templo, donde la oposición de «el mundo» acabará por llevar a Jesús a la cruz.

El Reino

«Convertíos, que ya está aquí el Reino». Así empieza Jesús. Son sus primeras palabras, con dos centros: conversión y el Reino, que se pueden juntar: «cambiaos al Reino».

Primer planteamiento: lo de Jesús es para cambiar. Y para cambiar a mejor. Se sale de la esclavitud al reino, se sale de vivir como esclavos enfermos y ciegos a ser reyes, libres. Por eso hablamos de Buena Noticia, de una noticia (=novedad) y buena (=estupenda).

La llamada

«Venid y seguidme: inmediatamente dejaron sus redes y le siguieron»

Sabemos que los relatos de la elección de los doce están modificados. En el cuarto evangelio tenemos otros detalles muy distintos de esa misma «vocación». Por tanto, esto no sucedió exactamente así. Se trata aquí de mostrar «la elección y la respuesta», tema básico en el Reino. Dios ofrece un camino y el hombre acepta la propuesta de Dios.

«Seguir a Jesús» es consagrar la vida al Reino. «Vende lo que tienes y sígueme». Vender lo que se posee puede tener el significado real de dejarlo todo… Esta será una manera concreta de servir al Reino. Pero todo el que sigue a Jesús «lo vende todo», es decir, ya no tiene nada más que para el Reino. Aunque siga en su misma vida, todo lo que tiene habrá cambiado de significado. Ya no será para sí mismo, sino un medio para el Reino.

«Pescadores de hombres». Es un símil que hoy nos gusta poco, porque parece que entraña «engañar al pez y sacarlo de su medio natural». No es ése el sentido. En realidad no hay que buscar sentido teológico al símbolo de pescar. Simplemente Jesús se dirige a pescadores y les dice que van a ser algo mucho más importante, que su vida es para más que eso.

Una interpretación ingeniosa y verdadera: «dejaron las redes y le siguieron»: seguir a Jesús es una liberación. En realidad lo que se deja es sólo redes, lo que nos apresa, lo que no nos deja ser libre, Seguir a Jesús es liberarse de esas redes, en semejanza con la parábola del tesoro, con el episodio del joven rico… Es una interpretación estimable, pero no parece que exista tal intención en el relato del evangelista.

La actividad de Jesús

Es una descripción total de Jesús: cura y enseña: proclama la Buena Noticia y la hace presente con la salud que se devuelve a los necesitados.

El relato es como una síntesis global de la actividad futura de Jesús, incluido aquí como un «resumen programático», escrito por alguien que conoce cómo será su futuro.

Este texto es muy importante, y más aún colocado aquí, en la presentación del trabajo público de Jesús. Jesús está mostrando cómo es la acción de Dios en el mundo: proclamar la buena noticia, curar. Los dos símbolos básicos de Jesús, que revelan quién y cómo es Dios para nosotros: médico y luz.

Por eso adquieren tanta importancia simbólica los relatos de curación de ciegos, hasta el punto de que el cuarto evangelio convierte la curación del ciego de nacimiento en uno de los ejes del mensaje, conectándolo con el tema «la luz y las tinieblas» que es una de sus líneas temáticas fundamentales.

Luz y salud: palabra y curación. Es el oficio constante, exclusivo, de Jesús en Galilea.

Descubriremos que esta imagen de Jesús por Galilea es la revelación del Padre, si aplicamos consecuentemente las expresiones básicas de nuestra fe:

«Dios estaba con Él»
«El hombre lleno del Espíritu»
«El Hijo nos lo ha dado a conocer»

El Padre es luz y salud, palabra y curación. Es el corazón de la Buena Noticia. En ese Dios creemos. Creemos en un solo Dios, el Padre. Somos cristianos si creemos en el Dios de Jesús, en Dios para la salud, en Dios para la vida.

Se nos han presentado, en el principio de la vida pública de Jesús, los parámetros fundamentales de toda la existencia cristiana, las líneas básicas de la Buena Noticia: quién es Dios y quiénes somos nosotros.

La presentación de Jesús como «el Hijo», el «hombre lleno del Espíritu» quiere decir que viéndole podemos conocer a Dios. Esa es la primera piedra de la fe cristiana: acceder a Dios a través de Jesús, ver a Dios en Jesús.

Ver al Espíritu de Dios trasformando a Jesús en el Hijo significa que sabemos también cómo es el ser humano como Dios lo sueña. En Jesús podemos contemplar a Dios y contemplarnos a nosotros mismos.

Y Jesús empieza por invitarnos a cambiar, a convertirnos, a abrirnos al Reino. La predicación de Jesús es: «Ya está aquí el Reino, convertíos». Convertirse es cambiar, cambiar desde el fondo, mirar a otros objetivos, adoptar otros valores. Se ofrecen como valores y objetivos los del Reino, es decir, la Voluntad de Dios, la Salvación.

Y es éste uno de los tests más significativos de nuestra vida cristiana:

¿Cambias o estás siempre igual?
¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre?
¿Te estás convirtiendo constantemente en algo nuevo y mejor?

Una vez más las parábolas «vegetales» nos dan las pistas correctas.
¿Cómo va la semilla, va creciendo?
¿Cómo va la masa, va siendo fermentada por la levadura?
¿Hay frutos de tu árbol?

En resumen, y aplicando literalmente la palabra «conversión»:
¿en qué se está convirtiendo tu vida?

El llamamiento a la conversión va unido al llamamiento a la misión, a ser, como Jesús, salvadores. Así queda definida la vocación de la iglesia, de nosotros la iglesia: pasar haciendo el bien, curar, ser luz, ofrecer salud y claridad…

Con la sencillez del que sabe que no da lo suyo, sino lo que ha recibido, con la urgencia del que sabe que no lo ha recibido por privilegio, sino para darlo.

No pocas veces hemos restringido el llamamiento a unos pocos, los sacerdotes, los religiosos: esos deben dejarlo todo, esos tienen una misión. Pero Jesús está llamando a todos.

Somos la Iglesia los que queremos aceptar la llamada de Jesús, los que queremos que toda nuestra vida sea Misión. Unos desde el matrimonio, otro desde el celibato; unos poseyendo, otros renunciando; unos dedicados a la vida contemplativa, otros trabajando en las faenas cotidianas… todos siguiendo a Jesús y trabajando por el Reino: por ser el Reino, por convertirse al Reino y por anunciar el Reino, convertir el sueño de Jesús en una realidad.

Hoy podríamos situarnos en el lago y sentirnos llamados por Jesús, personalmente. Quizá no estoy llamado a cambiar los modos exteriores básicos de mi vida: pero es seguro que Jesús me llama a cambiar de criterios, de valores y de estilo: es seguro que Jesús me ofrece que toda mi vida sea Misión, que todo tenga valor para el Reino.

José Enrique Galarreta

 

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ZERBAIT BERRI ETA ON-ALGO NUEVO Y BUENO, José A. Pagola

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ZERBAIT BERRI  ETA ON-ALGO NUEVO Y BUENO, José A. Pagola

ZERBAIT BERRI ETA ON

Mat. 4, 12-23

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 22/01/14.- Jesusen jarduera eta mezua bildu zituen lehen idazleak hitz hauekin laburbildu zituen: «Jainkoaren Berri Ona» hots egiten zuela Jesusek. Geroago, gainerako ebanjelariek grekozko termino bera (euanggelion) erabili zuten, konbentzimendu bera adieraziz: Jesusek hots egindako Jainkoagan, zerbait «berri» eta «on» sumatzen zuen jendeak.

Ba ote da Ebanjelio horretan, gaur oraino, gure gizarte axolagabe eta fedegabe honetan, gure egun hauetako gizon-emakumeentzat zerbait berri eta on bezala irakur litekeen zerbait? Jesusek iragarritako Jainkoagan suma daitekeenik, eta zientziak, teknikak edo aurrerapenak erraz eskain ez dezakeenik? Nola bizi daiteke Jainkoaganako fedea gure egun hauetan?

Jesusen Ebanjelioan fededunok Jainko hau topatzen dugu: bizia erregalu bezala, bere jatorria Maitasun den errealitatearen azken misterio bezala, sentiarazi eta biziarazten digun Jainkoa. Onuragarri dut neure existentzian neure burua bakarrik eta galdurik ez sentitzea, ezta zoriaren edo halabeharraren eskuetan ere. Badut Norbait, nori eskertu neure bizia.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: geure trakeskeriak eta guzti, adorea ematen diguna geure askatasuna defenditzeko, inolako idoloren esklabo gertatu gabe; behin ere ez bizitzeko, ez erdizka, ez berekoi; baizik eta molde berri eta gizakoiagoak ikasten joan gaitezen lanerako eta gozamenerako, sufrimenerako eta maitasunerako. Onuragarri dut eskura izatea Jainko horrenganako neure fede koxkorraren indarra.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: geure erantzukizuna esnatzen duena, gainerakoez axolagabe ez izateko. Ezin egingo ditugu gauza handiak, baina badakigu parte hartu behar dugula guztientzat bizitza duinagoa eta zoriontsuagoa egiten, gogoan nagusiki premiarik handiena dutenak izanik, defentsarik gabe bizi direnak. Onuragarri dut Jainko honengan sinestea: neure anai-arrebentzat zer egiten dudan sarri-sarri galdetzen didan honengan.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: ikusmiratzen didana azken hitza ez duela, ez gaitzak, ez zuzengabekeriak, ez heriotzak. Egun batean, mundualdi honetan ezinezkoa izan denak, erdizka gelditu denak, gure gurarik handienek, gure desiorik barnekoenek beren betea iritsiko dute Jainkoagan. Onuragarri dut neure heriotza konfiantza honekin bizi eta itxarotea.

Jakina, norberak erabaki behar du, bai nola bizi behar duen, bai nola hil nahi duen. Norberak entzun behar du norberaren egia. Niretzat ez dira gauza bera Jainkoagan sinestea eta ez sinestea. Onuragarri dut mundu honetako ibilbidea honela egitea: Jesusengan agertu den Jainkoak onartzen, indartzen, barkatzen eta salbatzen nauela sentituz.

Algo nuevo y bueno

3 Tiempo ordinario (A) Mateo 4, 12-23
ALGO NUEVO Y BUENO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 22/01/14.- El primer escritor que recogió la actuación y el mensaje de Jesús lo resumió todo diciendo que Jesús proclamaba la “Buena Noticia de Dios”. Más tarde, los demás evangelistas emplean el mismo término griego (euanggelion) y expresan la misma convicción: en el Dios anunciado por Jesús las gentes encontraban algo “nuevo” y “bueno”.

¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?

En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mi me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.

Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Jn.1.29-34)

• DOMINGO 2º T.O –A- ENERO 19-2014

* TESTIMONIO DE JUAN SOBRE JESÚS:
Juan nos anuncia, nos da testimonio de quién es Jesús sin duda brota de su experiencia personal.
Juan ha visto con sus propios ojos al Espíritu que bajaba y se quedaba en Jesús,
El título de “CORDERO DE DIOS”, hace referencia al cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de la muerte y cuya carne fue comida por el pueblo al comienzo de su éxodo. (Ex. 12, 1.4)
El símbolo del “cordero” se remonta a los tiempos de Moisés, con la liberación de Israel.
Juan nos describe la misión del Mesías: El será, con su muerte, el liberador y el alimento de los que le sigan, el verdadero CORDERO DE DIOS inmolado por nosotros.
* La expresión “EL QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO”. Nos refleja la liberación que Dios nos concede por medio de Jesús. Hay que tener en cuenta que el pecado ya existe antes de venir Jesús, por eso vemos que el pecado consiste en oponerse a la vida que Dios comunica, rompiendo así el proyecto creador. Jesús, es el Mesías, el Salvador enviado por el Padre, “Palabra encarnada”.
Por eso Juan cuando nos presenta a Jesús como “el que quita el pecado del mundo”, está anunciándonos que Dios está de nuestro lado frente al mal. Que en Jesús, Dios nos ofrece su amor, su apoyo, su alegría para liberarnos del mal y vivir en plenitud felices.
Y en la Eucaristía todos los días lo proclama el sacerdote: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ¡Dichosos los invitados al banquete del Señor”
* Jesús viene: a “quitar el pecado del mudo” a “ser bautizados en el Espíritu no en agua” Y Juan, da “testimonio” de ello.
La única razón de ser de una comunidad cristiana es dar “testimonio” de Jesucristo. Actualizar hoy en la sociedad el misterio del Amor salvador de Dios manifestado en Cristo.
La figura del Bautista, testigo verdadero de Jesucristo, nos obliga a hacernos la pregunta:
¿AYUDA MI VIDA A ALGUIEN A CREER EN DIOS?…

* ORACION

Dios y Padre nuestro:
Queremos vivir las actitudes que nos enseña Jesús:
“Aquí estoy, para hacer tu voluntad”
Te pedimos Dios nuestro, que estas actitudes nos acompañen durante todo este año que acabamos de comenzar, y siempre.
Ayúdanos a sabernos preguntar cada día:
¿Qué quieres de mí?
Sabemos que quieres que trabajemos para que vivamos en fraternidad, en paz y que todas las personas puedan vivir con dignidad humana.
Haznos, Padre, descubrir tu voluntad en la vida y en las ocupaciones de cada día. Y danos la fuerza para vivir el seguimiento de Jesús con valentía y dando, como el Bautista, TESTIMONIO con nuestra vida.
Haznos Comprender, que Jesús es el “cordero” tu enviado Padre nuestro, para liberarnos del pecado. Y que en cada Eucaristía el sacerdote pronuncia antes de la comunión:
“Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”
Que nuestra respuesta sea también en profundidad:
Señor, no soy digno, pero una Palabra tuya, bastará para salvarme.
Porque El, el CORDERO DE DIOS, Cristo, se inmola por nosotros. AMÉN
ZURIÑE

2º Domingo t.O.,CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER, Enrique Martínez Lozano

CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 1, 29-34

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un «cristiano», que «ha visto» y «da testimonio» de que Jesús es «el Hijo de Dios».

Sabemos que «ver» y «dar testimonio» constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que «ha visto» y, por ello mismo, puede «dar testimonio».

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: «Nosotros hemos visto y damos testimonio» (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que «ha visto» Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la «paloma».

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, «Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre«.

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona «transparente» –no «perfecta», sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, «ver» el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia «capacidad de ver», es decir un «saber mirar», que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos «divino». Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una «fotocopia» de lo real, sino únicamente su «interpretación», completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del «ojo de la carne», el «ojo de la razón» y el «ojo del espíritu» («ojo de la contemplación» o «tercer ojo»). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al «ojo de la carne» –en una especie de positivismo cientificista- y también al «ojo de la razón». Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, «es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo».

Necesitamos recuperar el «tercer ojo». O dicho de otro modo: además de la «inteligencia operativa», es urgente cultivar el desarrollo de la «inteligencia espiritual». Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta «¿quién soy yo?».

Solo la «inteligencia espiritual» –el «tercer ojo» de los clásicos- nos capacita para «ver» la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos «dar testimonio».

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos «ver» de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

2. IGANDEA URTEAN ZEHAR (A)-2º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO, José A. Pagola

ESPIRITUAREN SUAZ- CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

José Antonio Pagola. lagogalilea@hotmail.com
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Juan 1, 29-34

ECLESALIA, 15/01/14.- Lehen kristau-elkarteak ardura handia izan zuten Joanen eta Jesusen bataioak bereizteko: Joanek Jordan ibaiko uretan murgiltzen zuen jendea; Jesusek, bere bataioaz, bere Espiritua ematen zuen, bere jarraitzaileen bihotza garbitu, berritu eta eraldatzeko. Jesusen Espiritu hori gabe, Eliza itzali egingo litzateke eta agortu.

Jesusen Espirituak bakarrik egin dezake egiazkoago gaur egungo kristautasuna. Espiritu horrek bakarrik gida gaitzake geure zinezko nortasuna berreskuratzera, Ebanjeliotik behin eta berriz desbideratzen gaituzten bideak alde batera utzirik. Espiritu horrek bakarrik ematen ahal dizkigu argia eta adorea, gaur egun Elizak beharrezkoa duen berrikuntzari ekiteko.

Frantzisko aita santuak ondo asko daki, etapa ebanjelizatzaile berri bat abian jartzeko oztoporik handiena, erdipurdiko espiritualitatea dela. Biribil-biribil mintzo da. Bere indar guztiaz arnastu nahi du etapa hau: «kartsuagoa, alaiagoa, bihotz-zabalagoa, ausartagoa, maitasunez beteagoa azkeneraino, eta bizitza kutsagarriagokoa». Dena, alabaina, alferrik izango da, «Espirituaren suak bihotza sutzen ez badu».

Horregatik nahi ditu gaurko Elizarako «Espirituaz ebanjelizatzen dutenak», haren ekintzari irekitzen zaizkionak, Jesusen Espiritu Santu horrengan aurkitzen dutenak «adorea, Ebanjelioaren egia hots egiteko ausardiaz, ozenki, beti eta nonahi, baita haize kontra ere».

Aita Santuak gaur egungo Elizan eragin nahi duen berrikuntza ezinezkoa da baldin eta «espiritualitate sakon baten falta ezkortasun, fatalismo eta konfiantzarik ez bilakatzen bada», edota pentsatzera eramaten bagaitu «ezin dela ezer aldatu» eta, ondorioz, «alferrik dela ahalegintzea», edota erabat amore ematen badugu, «pozgabetasun kroniko batek edota arima lehortzen duen apatiak mendean harturik».

Frantziskok ohartarazten digu «batzuetan gogo-berotasuna galtzen dugula, ahazten dugunean Ebanjelioak pertsonaren premia sakonenei erantzuten diela». Halere, gauzak ez direla horrela. Indartsu adierazi du Frantziskok bere konbentzimendua: «ez dira gauza bera Jesus ezagutu izana eta ezagutu ez izana; ez dira gauza bera hura bidelagun izatea eta noraezean ibiltzea; ez dira gauza bera hari entzun ahal izatea eta haren Hitza ez ezagutzea… ez dira gauza bera mundua haren Ebanjelioaz eraiki nahi izatea eta giza arrazoi hutsez eraiki nahi izatea».

Jesusekin izandako norberaren esperientziaz aurkitu behar dugu hau guztia. Bestela, aurkitu ez duenari, «laster faltako zaizkio adorea eta suharra; eta, jakina, konbentzitua, gogo-berotua, segurtatua, maitemindua ez dagoen pertsonak ezin konbentzitu ahalko du inor». Ez ote da hau oztoporik nagusienetako bat Frantzisko aita santuak nahi duen berrikuntza eragiteko?

 

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34

CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

ECLESALIA, 15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.

El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.

Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.

Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).