Lecturas
Lev 13, 1-2. 44-46
Sal 31, 1-2. 5. 11
1Cor 10, 31-11, 1
Mc 1, 40-45
IDEAS SUELTAS EN TORNO A LAS LECTURAS
“¡Impuro, impuro! Vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento” (1ªlec). Todavía quedan reductos de lepra como demostración de que nuestros bienes no están al servicio de la salud de todos. Hoy, que la enfermedad es fácilmente curable y a un costo muy bajo. Pero el mundo antiguo recogía como ‘lepra’ cualquier erupción en la piel. ¿Era una forma de evitar todo posible contagio a la comunidad o, más sencillo, legitimar la pura repugnancia física? ¡Impuro! Las enfermedades de piel, las malformaciones, la simple fealdad no facilitan la relación, retraen a unos y apartan a otros. Comencemos por admitir que todos preferimos mantener la distancia y que no se nos acerquen: ¿con cuántos ciegos, tullidos, sordos, inválidos, paralíticos cerebrales tenemos relación? Nuestro mundo tiende a encerrar a todos en sus pequeños guetos. Construimos un mundo de guetos. Los adolescentes forman y necesitan sus guetos, los ancianos quedan aparcados en guetos, los enfermos, ocultos al ‘mundo normal’ en los guetos hospitalarios. Y ¿los enfermos mentales? A quien le toca de cerca se las ha de apañar como buenamente pueda. Mientras, el mundo de la marginalidad (¡Impuro, impuro!) se alimenta sobre todo de esquizofrénicos. También alcohólicos, de los que afirmamos, en otros casos, que se trata de una enfermedad como otra cualquiera. Los presos y ex-presos, ¿pueden ser integrados en el trabajo y la vida social o de nuevo a los guetos?