ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 1, 1 – 18)

*                 DOMINGO SEGUNDO DE NAVIDAD.-C – (Enero 3)

*           El evangelista nos presenta a Jesucristo como la Palabra que está junto a Dios creándolo todo.
            La Palabra de Dios, Jesucristo, ha querido hacerse presente en medio de la humanidad;  se ha comprometido personalmente en la causa de los hombres y mujeres; se ha hecho uno de nosotros, para compartir nuestras alegrías y nuestros dramas…
            Este texto evangélico nos invita a ver, conocer y contemplar el misterio de Dios “encarnado” y a ser testigos de ello. Somos l@s enviad@s por Dios, al igual que Juan, para dar testimonio, “porque de su plenitud tod@s hemos recibido”.
            Tenemos que ser testigos del amor y lealtad de Dios, l@s que nos decimos, seguidor@s de Jesús.

                                    O R A C I Ó N

*           La Palabra de Dios es la verdadera LUZ que ilumina la vida de toda persona.
            En el mundo está, es su casa.
            Desde todos los rincones se oye su voz. El mundo se sostiene por ella, pero el mundo se cierra a ella…
           Grita en el tercer mundo, grita en nuestras ciudades, grita en nuestras propias casas, grita en nuestro interior, pero las personas, no quieren escucharla.

*           Sin embargo, a cuant@s se sienten interpelad@s y la reciben les da la fuerza de vivir según Dios.

*           Nadie conocía al Dios verdadero, pero Jesús de Nazaret, la Palabra del Padre, éste nos lo ha manifestado.
           En Él, el Amor y la lealtad se han hecho realidad para tod@s.

*           Señor, danos Sabiduría para conducir nuestra vida de acuerdo con tu Voluntad.
            Señor, enséñanos a “escuchar”.
            Señor, que  nuestras palabras sean sinceras y fiables. Que nuestro hablar refleje la bondad de nuestro corazón y manifieste tu presencia entre nosotr@s.

*          La Palabra de Dios es la verdadera LUZ que  ilumina la vida de toda persona.  Desde todos los rincones se oye su voz. Que la sepamos “escuchar” y “vivir”. AMÉN
                                  Z U R I Ñ E

ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 2, 41-52)

*      LA SAGRADA  FAMILIA. JESÚS, MARÍA, JOSÉ
.

*           En esta fiesta de la Sagrada Familia nos solemos detener a recordar la vida ejemplar de esta familia compuesta por José, María y su hijo Jesús. De éste se nos dice que vivía  con sus padres en Nazaret “obedeciéndoles en todo”. Sin embargo, cuando Jesús escuchó la llamada de su Padre del cielo, se despidió de sus padres, dejó su trabajo, abandonó el hogar y se marchó a formar una nueva familia, compuesta de hombres y mujeres que buscan hacer la voluntad  de Dios.
          Si seguimos a Jesús, nos preocuparemos de nuestra familia, pero también de toda la familia humana.

*                                             O R A C I Ó N

*           Jesús, el Evangelio nos dice que “ibas creciendo y robusteciéndote, y te llenabas de sabiduría, y la gracia de Dios te acompañaba”.

*           Ayúdanos a saber acompañar a las familias de nuestro tiempo (sin duda diferente del tuyo)  sin juzgar ni comparar.

*           Señor Jesús, Maestro y Amigo, bendice a las parejas que intentan ser fieles a su proyecto familiar.

*           Que sepamos bendecir el amor aunque no sea perfecto porque aún en las situaciones más raras, Tú siempre ves un rayo de vida y de esperanza.

*           El amor siempre es signo y semilla de tu Amor.
Una prueba más de tu amor al mundo y  a cada una de las personas.

*           Que sepamos valorar y acompañar a las familias con todos sus valores, sus defectos y limitaciones. AMÉN                                
                                                  
Z U R I Ñ E

Domingo 27 de diciembre – Octava de Navidad

SAGRADA FAMILIA
Lecturas
1S 1, 20-22. 24-28  
Sal 83, 2-3. 5-6. 9-10.  
1Jn  3, 1-2.21-24  
Lc 2, 41-52
 

REFLEXIONES INICIALES

                Celebrar en medio de la celebración suele resultar el reto de las nuestras en Navidad-Epifanía. Todo el ambiente social es festivo, y acumular fiesta sobre fiesta no conduce a mejorarla. Es posible, sin intentarlo, entrar en una especie de competición sobre cuál es más fiesta, y en estas se mezclan elementos sociales, familiares y religiosos más difíciles de unir de lo que parece. La alegría y la fiesta no creo puedan medirse por la cantidad, sino por su calidad. Llama la atención que hoy se valore la alegría según la cantidad de griterío y de los signos externos de ese pasarlo bien sin límite. A más algarabía y más ruido, más fiesta. En esa competencia es difícil que entre a juego, y más que salga bien parada, la celebración litúrgica. En ella se debe buscar más la intensidad y calidad de la alegría, unidas a su  interiorización y a su expresión pública. Pero el conjunto ha de lograr adecuación y proporción con la comunidad misma que celebra, y conseguir un cierto acuerdo implícito en su expresión simbólica Así, nuestra celebraciones tenderán más al gozo y la paz interior, a la satisfacción profunda de sentirse bien con los hermanos y estar contentos de la vida que se vive, y que se vive en esos momentos. Todas nuestras celebraciones, y más en navidad, han de expresar y hacer vivir la alegría, aun si sus modelos actuales no resulten los más adecuados. Nada de esto ha de entorpecer nuestra profunda y sincera alegría del Dios-con-nosotros. ¿Es posible alguna mayor y más duradera?

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ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 1, 1-18)(25-12-09)

PREGÓN DE NAVIDAD     A LA ENCARNACIÓN DE DIOS  

*  Suenen las trompetas en todos los rincones del cosmos.
Proclamen la gran noticia: Dios ha venido al mundo.
Resuenen hasta temblar las entrañas del universo:

*  Dios se ha hecho hombre, pobre ser humano.
Ya entra el Dios humanado,
hecho debilidad, carne, acogida y compasión.
Un Dios-hombre conocedor de sudores,
cansancio y desconcierto, angustias, penas y alegrías


*  Te adoramos Dios humanado, Jesús de nuestras vidas.
 
*  Entonen cantos celestiales los coros angélicos, suenen todas las cuerdas de los violines del mundo, porque tenemos un Dios cercano que camina con nosotros y ama con corazón humano, capacidad infinita  y perdón.
 
*  Nos gozamos de tener este Dios cercano y amoroso.
 
*  Brinque gozosa y feliz  la realidad entera, porque todo lo existente ha sido transfigurado.
La materia aspira hacia lo divino porque Dios ha visitado a la humanidad y la ha asumido dentro de su Misterio.Todo tiene ya la marca de lo divino. Hermanos, nada es profano; todo es sagrado, y lo más sagrado de la tierra es el ser humano.
 * En ti, Jesús, somos hermanos de todos y lo asumimos  todo. Contigo Señor, soñamos y deseamos hoy un mundo nuevo

*   Alégrense los pobres y sufrientes, los oprimidos y las víctimas,
los abandonados y miserables, porque ya no están solos, porque Dios se bajó hasta ellos y puso su morada predilecta en medio de su miseria.
*  Nos mira a los ojos desde los rostros implorantes y nos llama benditos cuando la compasión nos mueve a entregar algo de nosotros mismos.
*  Danos, Señor, compasión solidaria esta Navidad  y todos los días de nuestra vida.*   Alabado seas mi Señor, cercano, tierno, amoroso.
Unimos nuestras voces para cantarte el Hosanna más universal.
Te adoramos desde lo más íntimo del corazón  donde tú anidas y nos hablas, quedito a veces, tonante, otras, de los dolores de este mundo bello y de los hombres, tus hijos muy queridos
No me pides nada, imploras mi ayuda a la tarea de tu Espíritu de llevar a Plenitud tu Encarnación solidaria.
* Aquí estamos, Jesús amado, ábrenos el corazón para darte lo mejor de nosotras/os. Gracias mil, Señor del Pesebre, por tu venida continua a nuestras vidas  en los rostros y vicisitudes del mundo,

* Gracias por tu encarnación diaria y universal, Navidad perpetua,  regalo impagable de tu búsqueda sin término,  persecución divina del pequeño corazón humano. 
*  Danos sensibilidad  para percibir tu presencia misteriosa y real y abrirte nuestras vidas.
Te adoramos, Niño divino, secreto máximo del cosmos, clave velada de su existencia, canción divina del universo, comunicación al mundo del Dios Trino.* Ahora eres nuestro Hermano, Primicia de la Creación Plena  y Futuro de nuestro destino.
*  Te alabamos, te adoramos  y te entregamos nuestras vidas. AMÉN

                                   Z U R I Ñ E

ORACIÓN.  EN LA NATIVIDAD DE JESÚS EN BELÉN. 

*           Desde el pesebre de NAVIDAD nace una esperanza nueva.
En la sonrisa de un Dios que es niño se asoma, frágil, la luz del Reino.

*           Un niño Dios que necesita cuidados, caricias, atención.
*           Una esperanza nueva que crecerá con el esfuerzo de tod@s.
*           Una madre atenta, dispuesta para lo que Dios pide, que no vacila en decir SÍ y entregar la vida entera.
La Madre del Señor y Madre nuestra.
*           María de Nazaret camino que conduce al Padre.
*           Dios que nace en un pesebre, olvidado, a la intemperie.
*           Recordándonos su presencia entre los pobres que sufren.
*           NAVIDAD, el signo de un Dios que se hace pobre para llamar al Reino desde l@s olvidados del mundo. AMÉN.
        
 ¡FELIZ NAVIDAD!  ¡URTEBERRI ON!  ¡ZORIONAK!

                    Z U R I Ñ E

 

Domingo 20 de diciembre – IV de Adviento

Lecturas:
Miq 5, 1-4ª  
Sal 79, 2-3. 15-16. 18-19  
Hb 10, 5-10  
Lc 1, 39-45
 

PRIMERAS IDEAS

                De una visita y de muchas otra visitas. Antes era una costumbre “ir de visita”, una forma de vida social. Con hábito o sin él, es importante hacer visitas. Importante para el que espera, y también para el que va. Las ganas, la emoción en casos, de que vienen a verme. La inquietud del que visita sobre si será oportuno, si será bien recibido, si estorbará. Es muy hermoso el tiempo de espera por ambas partes, nacen ganas y deseos, se entreveran de inquietud. ¿Será necesario algún obsequio, algún presente, que avale nuestra buena intención y nuestro afecto? Muchas s personas no pueden salir de casa y necesitan visitas. Hacernos presentes unos a otros con nuestros afectos y buenos sentimientos, hacer notar que recordamos y no olvidamos, que echamos en falta una cercanía, que nos apetece encontrar un rostro, sus ojos, sus manos, su calor, su ternura. ¿Es posible vivir sin visitas? ¿Soportar la distancia, y no buscar la manera de romperla para encontrarnos, vernos y charlar? Muchísimas personas hambrean compañía, encuentros, visitas. Figuraba en el listado de obras de  misericordia la de “visitar a los enfermos”. Y enfermos de cariño y comunicación estamos prácticamente todos.

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Orar con el Evangelio (Lc. 1, 39-45) – C –

 

*  El personaje principal del Evangelio de este domingo es María, la Madre de Jesús.
    En la presentación de María llama la atención la cantidad de verbos, de acciones que se utilizan para describir el papel de María:
*    Se puso en camino.
*    Fue aprisa.
*    Entró.
*    Saludo…
*    Nos describe, una persona puesta al servicio de l@s demás;
que no se para ante las dificultades… Decidida.
Una persona, para l@s demás..
     Su “FIARSE DE DIOS”, se traduce en SERVICIO…
     Por eso Dios, la ha elegido como Madre  de su Hijo.
*    Buena lección para nuestro Adviento.
                         

                                O R A C I Ó N 

*       VIRGEN  DE  LA  ESPERANZA

 * CUARTA SEMANA DE ADVIENTO. (20 Diciembre)  

*    María de Nazaret
Madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos, quédate con nosotros.
Te necesitamos, Madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones,
tenemos caídas, nos agarra la flojera
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia.


*María, virgen de
la Esperanza.
Contágianos tu fuerza,
acércanos el Espíritu que llena tu vida.
Ayúdanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas y las cruces
que encontramos en el seguimiento
de tu Hijo.
Que no nos desaliente
la lentitud de los cambios,
que las espinas de la vida
no nos ahoguen la semilla del Evangelio.
Que no perdamos la utopía,
Madre buena,
de creer que es posible otro mundo
y otra sociedad.
Que no bajemos los brazos
en la lucha por la justicia
y en la práctica de la solidaridad.
Que no se enturbie nuestra mirada,
al punto que no veamos la luz del Señor
que nos acompaña siempre,
que camina a nuestro lado,
que nos sostiene en los momentos duros.
           
Madre de la Esperanza, ayúdanos. AMÉN
                               

              Z U R I Ñ E 

 

dominngo tercero de adviento. 13 de diciembre de 2009

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO13 de diciembre de 2009So 3, 14-18ª   Sal: Is 12, 2-6   Flp 4, 4-7   Lc 3, 10-18 IDEAS SUELTAS EN TORNO A LAS LECTURAS                Aparecen en el evangelio de hoy propuestas concretas de conversión, apropiadas al estado de vida de cada uno. Concretan la conversión anunciada y exigida. Es clásico distinguir “primera conversión” de la segunda o las siguientes. En la primera se trata del paso decisivo a la fe, el cambio a la adhesión personal a Jesucristo.  Las demás serán muy probablemente necesarias a lo largo de la vida, pero no tendrán la radicalidad y responsabilidad de la primera. Y surge espontánea la primera cuestión sobre la importancia y la calidad de nuestra primera conversión que ha de preceder y culminar en el bautismo. En la práctica totalidad de los casos, entre nosotros no tiene lugar la primera conversión. Queda solapada en la decisión de los padres de bautizarnos. Así, en ningún momento podemos asumir nuestra propia vida con suficiente perspectiva como para confiarla a las manos de Dios, por la atracción (la gracia) que nos ha supuesto Jesucristo y todo lo suyo. ¿Es prescindible esta primera conversión? ¿Es suficiente ir haciéndola a lo largo de la vida en las diferentes conversiones? ¿Es posible transferirla en toda su seriedad a la confirmación, o incluso a la preparación del matrimonio? Puede que de no tener que elegirla nunca con implicación  personal, con claridad sobre su alternativa contraria de no adhesión, la base de nuestra fe ofrezca siempre un tono como de dejación. Otros asumieron la responsabilidad (?) y nosotros no nos vemos obligados a hacerlo nunca de manera verdaderamente personalizada. ¿Es factible retrasar el bautismo hasta la maduración que haga posible esa conversión primera? ¿Cuál sería ese momento? ¿Pudiera mantenerse el bautismo de infantes y exigir en otro momento diferente la conversión, pero -eso sí- exigirla de verdad? Esta especie de desbandada general de bautizados, ¿sería igual tras una conversión primera personal y personalizada? ¿Sería un caso más en que la exigencia más fuerte, lejos de asustar, implicase más a los creyentes? ¿O sucedería lo contrario y seríamos menos todavía?
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Domingo 13 de diciembre – III de adviento

Lecturas
So 3, 14-18ª  
Sal: Is 12, 2-6  
Flp 4, 4-7  
Lc 3, 10-18
 

IDEAS SUELTAS EN TORNO A LAS LECTURAS

                Aparecen en el evangelio de hoy propuestas concretas de conversión, apropiadas al estado de vida de cada uno. Concretan la conversión anunciada y exigida. Es clásico distinguir “primera conversión” de la segunda o las siguientes. En la primera se trata del paso decisivo a la fe, el cambio a la adhesión personal a Jesucristo.  Las demás serán muy probablemente necesarias a lo largo de la vida, pero no tendrán la radicalidad y responsabilidad de la primera. Y surge espontánea la primera cuestión sobre la importancia y la calidad de nuestra primera conversión que ha de preceder y culminar en el bautismo. En la práctica totalidad de los casos, entre nosotros no tiene lugar la primera conversión. Queda solapada en la decisión de los padres de bautizarnos. Así, en ningún momento podemos asumir nuestra propia vida con suficiente perspectiva como para confiarla a las manos de Dios, por la atracción (la gracia) que nos ha supuesto Jesucristo y todo lo suyo. ¿Es prescindible esta primera conversión? ¿Es suficiente ir haciéndola a lo largo de la vida en las diferentes conversiones? ¿Es posible transferirla en toda su seriedad a la confirmación, o incluso a la preparación del matrimonio? Puede que de no tener que elegirla nunca con implicación  personal, con claridad sobre su alternativa contraria de no adhesión, la base de nuestra fe ofrezca siempre un tono como de dejación. Otros asumieron la responsabilidad (?) y nosotros no nos vemos obligados a hacerlo nunca de manera verdaderamente personalizada. ¿Es factible retrasar el bautismo hasta la maduración que haga posible esa conversión primera? ¿Cuál sería ese momento? ¿Pudiera mantenerse el bautismo de infantes y exigir en otro momento diferente la conversión, pero -eso sí- exigirla de verdad? Esta especie de desbandada general de bautizados, ¿sería igual tras una conversión primera personal y personalizada? ¿Sería un caso más en que la exigencia más fuerte, lejos de asustar, implicase más a los creyentes? ¿O sucedería lo contrario y seríamos menos todavía?

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ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc.2, 28-32) y (Jn. 19, 25-27)

*    María  Inmaculada  , madre de Dios y nuestra (Diciembre 8)

*            *Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. 
No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios.
Vas a concebir en tu seno y vas  a dar a luz un hijo: le pondrás por nombre Jesús.
Él será grande y será llama­do hijo del Altísimo. El Espíritu vendrá sobre ti y el Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que ha de nacer de ti será santo y se llamará Hijo de Dios.

*       Estaban en pie, junto a la cruz de Jesús, su madre, María de Cleofás, hermana de su madre y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo preferi­do, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo  la recibió en su casa

*                  * Momento de reflexión personal, en silencio ..

* Reflexión  

*     Nos preparamos para celebrar la fiesta de la Inmaculada,
“fiesta del comienzo absoluto”, en que celebramos la gra­tuita iniciativa de Dios, que ha elegido a María como Ma­dre del Salvador.
     Antes de mirar el “sí” de María, nos alegramos del “sí” absoluto de Dios a María,
y en ella a toda la humanidad. Dios preservó a María de toda mancha de pecado para que, en plenitud de gracia, fuese digna Madre de su Hijo. María aparece así como la primera redi­mida.
    Celebramos también la fiesta de la Iglesia ya que toda la humanidad, y en particular la Iglesia, ha quedado benefi­ciada de esta plenitud de gracia que María ha recibido de Dios.  Desde la cruz, Jesús nos la da por Madre. En ella tenemos una compañera, un modelo, una estrella que nos guía, una
Madre que nos quiere.

                   Oración en común (un lect@r y todos)

L. Te saludamos, Madre Inmaculada.
El mundo entero te saluda como a su reina
y como a la criatura más excelsa de nuestra raza. 
T. Te saludamos, María,
porque el Señor ha hecho en ti maravillas.

L.
Dios te ensalzó y te hizo grande, por eso te llamarán bienaventurada todas las generaciones.
T. Te saludamos, María, y te cantamos por ser la Madre de Dios y madre nuestra.

L. Tú estás presente en nuestra vida y nos  acompañas en nuestro caminar.
T. Te bendecimos, María, porque eres la predilecta de Dios, la elegida y predestinada antes de todos los siglos para ser su Madre. 

L. Madre de Dios, reina y madre de todas las personas humanas, Madre de la Iglesia, en medio del rumor afanoso de la vida, tu corazón de madre alienta nuestras luchas.  
T. Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, ruega por nosotros tus hijos ahora y siempre.
                   Z U R I Ñ E

Orar con el Evangelio (Lc. 3, 3 – 18) -C-

* TERCER  DOMINGO  DE  ADVIENTO (Diciembre 13)

*    La primera lectura de este Domingo,  de Adviento nos recuerda
que es el domingo  llamado  “DE LA ALEGRÍA”.
*    Jesús, el Hijo y el Verbo, se hace carne de nuestra carne.
Hay que recordar  que Ía  alegría  cristiana es “profunda”
y se nutre de las tres virtudes teologales: de la Fe,  
que nos hace ver la realidad  tal  como Dios mismo la ve;
la  Esperanza, que es como la brújula para seguir caminando,
y el Amor, que nos hace darnos y compartir sin límites, en gratuidad,
sacando lo mejor de nosotr@s mism@s.
                                     *                       

                                 O R A C I Ó N

 *    Estad  siempre alegres, que el Señor viene y nos salva.
Contagiad vuestra  alegría a todo el mundo.
    El Señor está cerca, es el
  “DIOS,  CON    NOSOTR@S 

*  Si nos  despierta y nos  saca de la mediocridad,
si compromete y complica nuestra  vida,
pero la llena de sentido…es  Dios.
 

*    Si llama al corazón, al amor, a la generosidad, a la ilusión,
 no al miedo  ni al temor… es  Dios.
 

*    Si nos  invita a ser profundamente felices y a hacer felices a los demás…
Si  habla el lenguaje de la confianza y de la paz… es  Dios.
 

*    Si nos va liberando de cosas, de egoísmos;
si rompe nuestros planes como rompió los de
María de Nazaret… es  Dios.
 

*    Si no nos saca de la realidad del mundo sino que nos invita a estar en ella
como levadura, sal , luz… es  Dios.
 

*    Si nos invita a acercarnos, a estar y a sentir con los más pobres,
a dar vida, alegría, plenitud, sentido… es  Dios. 

*    Si nos invita a centrarnos en Jesús, a seguirle,
a convivir con Él  y a anunciar su Buena Noticia …es  Dios.

 *   Y eso es NAVIDAD,  DIOS – CON – NOSOTR@S.

 *    Estad siempre alegres y que vuestra alegría, 
      la conozca todo el mundo. AMÉN

                            Z U R I Ñ E