Lecturas
Ne 8, 2-4a. 5-6. 8-10
Sal 18, 8-10. 15
1Cor 12, 12-30
Lc 1, 1-4. 4, 14-21
PRIMERAS REFLEXIONES
Este domingo entra en las fechas fijadas para los ocho días de oración por la unidad de los cristianos. Sería conveniente dedicarlo a este tema. Centrar con él las oraciones, la homilía, los cantos y el ambiente general. Hay tres formularios en el misal romano dedicados a esta causa e incluyen un prefacio. Con todo esto, sin necesidad de cambiar las lecturas del día, y con la ilusión que pongan la comunidad y el presidente, podremos construir una buena –y necesaria- celebración sobre la unidad, tan urgente y tan lenta, de todos los cristianos y sus iglesias y congregaciones.
La 1ª lectura se presta a una reflexión sobre la liturgia. Nos muestra un caso de liturgia a la vuelta del destierro y lo hace con precisión. Los gestos y actitudes, los actores, el lugar, los objetos de esa liturgia. Cuidar todos los detalles y unirlos aportando coherencia en su expresión es básico para toda celebración. Que el pueblo se acostumbre a la expresión corporal. Cambiamos dos o tres veces de postura en nuestras liturgias, pero demasiado maquinalmente y con poca conciencia del significado del cuerpo y sus actitudes. Es ya tópico denunciar lo poco expresiva que resulta la liturgia romana en todo lo relacionado con el cuerpo. Aun tópico, es evidentemente cierto. Pero, en el fondo, carecemos de voluntad, de disposición y educación, para ir haciendo de nuestro cuerpo algo que expresa y potencia nuestro interior. Saber manifestar nuestros sentimientos con el cuerpo en cualquier ámbito, y más ante Dios. Si siento algo, lo expreso con una determinada postura corporal. Si adoro, si escucho, si como, si acojo, lo hago de forma que se me nota. Tan en serio, tan intensamente, que el mismo gesto refuerza mi actitud. La valoración de la liturgia pasa por la valorización del cuerpo y sus posibilidades expresivas. Quizá haga falta una explicación, una pedagogía y una formación, de nuestras posturas corporales partiendo de esas actitudes radicalmente religiosas que las personas testimoniamos en nuestras celebraciones.