*ORAR CON EL EVANGELIO.(Mt. 20.1-16)

  • DOMINGO 25º. T.O.-A- SEPTIEMBRE 21
  • El Evangelio de San Mateo, nos recuerda el sentido de Iglesia con el que hemos de vivir. Somos “obreros” de la viña del Señor, junto a los demás cristianos. Debemos trabajar juntos para colaborar en la edificación del Reino de Cristo. Nos hemos de animar y ayudar unos a otros, por encima de cualquier nivel cultural, lengua, apariencia etc.

Parece que este evangelio, presenta a Dios como un patrono, un empresario caprichoso.
”El Reino de Dios se parece a…“ algo que no se da en nuestro mundo”, a la generosidad infinita de Dios que no se para a medirnos, a contar las horas, para regalarnos su AMOR. Y es que a Dios no le van las matemáticas, y nos pide que nosotros también  dejemos de contar y compararnos  con tanta precisión (yo hago, él hace…) que nos dediquemos a trabajar su viña con espíritu generoso. Todos somos llamados, todos sin excepción, porque no es lo importante la cantidad de trabajo, el número de horas, sino la posibilidad misma de trabajar, de vivir, totalmente entregados a Dios que nos lleva a los demás.
La auténtica recompensa no es el denario, el jornal; el verdadero don de Dios es poder seguirlo, poder estar trabajando para El, sirviéndole, al servir a los demás y en especial a los más necesitados. Construyendo el Reino, hoy y aquí.
*          Los primeros jornaleros han tenido la ventaja de haber conocido antes a Dios, de poder dirigir su vida por un camino de plenitud, compromiso, entrega, de autenticidad y alegría. Los demás han tenido que esperar, han estado ociosos en la plaza hasta encontrarse con el Dios de la vida.
*          La página evangélica, también nos llama al trabajo. El mundo es grande. El tiempo corto. Son muchos los que no conocen a Cristo o lo han olvidado. Saquemos un poco de tiempo y hagamos algo en nuestro propio ambiente, en el trabajo, en la parroquia, en la familia. Cristo, necesita trabajadores en su viña. Aceptemos su invitación y acudamos desde la primera hora.

Todos somos llamados a corresponder, lo que le interesa a Dios es que todos se salven.

  • ORACIÓN
  • Gracias, Jesús de Nazaret, porque tu Palabra siempre nos muestra un horizonte más allá de nuestras pequeñas acciones de cada día y nos mueve a caminar y a crecer constantemente.
    Ayúdanos, a sabernos alegrar ante el bien que hacen los demás,
    Ayúdanos a saber colaborar y confiar en las personas, como Tú, confías en cada ser humano y nos invitas a seguir construyendo el Reino, aquí y ahora.
  • Ayúdanos a saber alegrarnos con el bien que hacen los demás, a saber colaborar y confiar .
    Que en este mundo donde los últimos están cada vez más marginados aprendamos a construir comunidades fraternas  y a no quedarnos con los brazos cruzados
    “en la plaza” sino a colaborar e invitar a otros a hacerlo, lo mismo que tú, Jesús de Nazaret invitabas a todos a TRABAJAR EN SU VIÑA.
  • Sólo con tu corazón, Jesús de Nazaret y el del Padre, se explica esta parábola:
    Dios quiere que todos trabajen, estén activos, tengan vida.
    Dios llena a todos con su “denario” de Amor completo.
    Dios quiere que nos alegremos con su bondad inmensa, sin medida.
    Dios quiere que imitemos su Amor gratuito.
    Dios quiere que la vida sea una mesa compartida.

* AMÉN. ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Jn. 3, 13-17)

DOMINGO XXIV. T.O.-A– SEPTIEMBRE 14

*LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

*          El nombre de esta fiesta puede confundir a más de uno, por eso comienzo diciendo, que los cristianos no tenemos ningún interés en exaltar una cruz; exaltamos al que murió en la cruz, a CRISTO, nuestro redentor. Es algo que tenemos que tener muy en cuenta. Porque los cristianos no exaltamos a Cristo por lo mucho que sufrió, sino por el mucho Amor con el que aceptó, libre y voluntariamente, los inmensos dolores de la crucifixión. Lo que nos salvó no fue el gran dolor de Cristo, sino su gran AMOR.
Si el sufrimiento de Cristo no hubiera sido el amor, hubiera sido estéril,  podia ser heroico social y políticamente. Pero los sufrimientos inútiles no nos interesan a los cristianos; no sólo no los queremos ni para nosotros ni para los demás, sino que luchamos, o tenemos que luchar, para evitarlos. Por amor al bien, y a la verdad, a la justicia, a la paz, tenemos que estar dispuestos a sufrir y aceptar sufrimientos que sean necesarios para que desaparezcan de nuestra vida y de nuestro mundo el pecado, la mentira, la injusticia, la guerra, y todo lo que se opone al verdadero Reino de Dios que nos quiere felices. Los cristianos tenemos que ser amantes de la alegría, de la paz, de la felicidad. Sabemos que para conseguir esto, hace falta esfuerzo y  sacrificio, pero por amor.

*          Jesús nos lo recuerda: “el que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Ese fue su camino en la tierra; Jesús la llevó día a día: la incomprensión, la persecución, la oposición y eso es para nosotros la cruz, a veces un “camino, cada dìa”. Jesús no eligió la cruz, pero tampoco se apartó de su camino, aunque este, le llevó a la cruz. Fue un camino de fidelidad a decir la verdad, a su luchar por la justicia, a su darse a los marginados, a combatir todo mal, toda trampa, y… esto fue mal visto y para El fue cruz para cada día y muerte.

* Entonces nos podemos preguntar ¿Tenemos que buscar el sufrimiento como si fuera algo bueno? Yo creo que no se trata de eso, sino de seguir a Jesús de intentar vivir como El viviría (en nuestra realidad concreta). Escoger un camino que ahora sea consecuente con lo que El nos enseñó: un camino, por ejemplo, que sirva a la verdad no a la mentira, al amor generoso y no al egoísmo insolidario, a la justicia de cada día y no al aprovecharse de los débiles…
*          Si hacemos esto, ninguno de nosotros necesitará buscar la cruz: la encontraremos sin buscarla, a lo mejor cada día… Pero la encontraremos como Jesús: como un camino de vida, camino que dará fruto.

*          Pero tenemos que escoger bien el camino y saber por adelantado que si es el de Jesús, será difícil, pero nos lleva a la vida plena.

*          Jesús no vino para suprimir el sufrimiento ni para explicarlo; seguirá siendo un misterio. El ha venido para acompañarlo con su presencia, su ayuda. Jesús no nos salva desde fuera por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la cruz para adoctrinarnos, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.
*          Quisiera haber hecho la reflexión corta, pero, ¡Qué difícil! Hablar del misterio de la Cruz.

Que El, el crucificado por AMOR, nos enseñe más que a comprenderla, a vivirla cuando llega.

*ORACIÓN

Jesús baja en la encarnación hasta el corazón de la tierra”.

“Sólo se sube, si primero, se ha bajado”…

Dios y Padre nuestro, de todos, Te damos gracias porque nos diste a Jesús que ha querido acompañarnos en el camino, en este mundo, haciéndose solidario de nuestras alegrías y penas., de mostrándonos su amor misericordioso, atendiendo y sirviendo a todos.

Que no tengamos miedo de hacer el bien, aunque ello nos suponga a veces compartir el sufrimiento y la Cruz  como lo vivió nuestro compañero de camino Jesús de Nazaret.

Te pedimos por los que tienen una cruz más pesada en la vida debido a la enfermedad, soledad, a la falta de paz y solidaridad en nuestro mundo: Ayúdanos a saber estar a su lado y a sabernos ayudar mutuamente, siendo así unos para otros como Cristo crucificado, signos de esperanza y Resurrección.
*Podemos cantar interiorizando la letra. VICTORIA, TU REINARÁS, OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.

AMÉN. ZURIÑE

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.18.15-20)

  • DOMINGO XXIII. T.O. –A– SEPTIEMBRE  7 de 2014

*    Es difícil entender el evangelio y vivir la vida cristiana sin hacer referencia a la comunidad.

Las tres lecturas de la liturgia del día de hoy hablan de ella, sea con el amor al prójimo, con la necesidad de sabernos cuidar unos a otros llegando a la preocupación del hermano que se desvía en la vida, que peca. Y diciéndonos el mismo Jesús de Nazaret:
SI DOS O TRES SE REUNEN EN MI NOMBRE, YO ESTOY EN MEDIO DE ELLOS”.

  • Jesús, lo primero que hizo fue, formar grupo, hacer comunidad.
  • La fe no es sólo una experiencia que se vive individualmente, ni un proceso interior  sólo personal.  El verdadero creyente alimenta su fe en la comunidad, compartiendo con hombres y mujeres la misma esperanza en el Dios de Jesucristo.

Hoy, Jesús y s. Pablo, nos insisten en la corrección fraterna. Somos humanos, por eso en las familias, en los grupos, en las comunidades de reflexión, existen fricciones… La comunidad cristiana no es un grupo de perfectos, de santos, aunque los haya. Admite a pecadores y nadie debería  escandalizarse por ello. (Mc. 14,27-31; Mt.26,31-35;Lc.22,31´34; Jn.13,36-38). Y otros nos lo iluminan)

“Somos un pueblo que camina” casi siempre a paso lento, a veces tropezando y hasta cayendo, en ocasiones dando marcha atrás. Pero como comunidad queriendo mantener el Espíritu del Evangelio, el seguimiento de Jesús de Nazaret.  Todos cometemos fallos. Todos tenemos momentos malos y necesitamos poder empezar de nuevo, tener una nueva oportunidad. Jesús nos invita, sobre todo, a actuar con paciencia, acercándonos de manera personal y amistosa a quién está actuando de manera equivocada.  ¡Cuánto bien nos puede hacer a todos esa observación oportuna, ese apoyo sincero en el momento que nos hemos desorientado! Toda persona es capaz de salir de su cerrazón, de su pecado y volver a la razón y a la bondad. Pero necesitamos alguien que nos ame de verdad que nos invite a interrogarnos y nos contagie un deseo de verdad y generosidad.

  • Jesús ha venido a traer un nuevo tipo de relaciones, y nos llama a cada uno, a cada comunidad para ponerlas en práctica y extenderlas por todas partes: Relaciones de libertad, amabilidad, comprensión, desbloqueos, pero con amor. Relaciones de esperanza, de escucha, de perdón y a la vez si es necesario exigencia mutua. Cada uno podemos continuar esta lista contemplando  el vivir y actuar de Jesús de Nazaret.
  • La insistencia de Jesús en la ayuda al hermano que peca (y…¡todos pecamos!) y el amor al prójimo, nos dice que no debemos poner límite a la capacidad de amar, de perdonar, de ayudarnos.
    En la Eucaristía, centro de la vida cristiana, celebración de la comunidad, unidos confesamos  al comenzar nuestro pecado: “de pensamiento, palabra, obra y omisión” Todos, necesitamos CONVERSIÓN.
  • ORACIÓN

Jesús de Nazaret, haznos descubrir el valor de la comunidad, como lo vivieron tus discípulos, sabiendo que Tú nos acompañas…
Ayúdanos a descubrir y vivir que “donde hay dos o más reunidos en tu nombre”
Tú está en medio de ellos.
Aviva en nosotros, en la sociedad y en la Iglesia, los derechos humanos, ante el sufrimiento de los más débiles. A no desentendernos de los otros.

Reconocemos que, sin tu ayuda, no podemos superar  nuestra pequeñez.
Tú, a todos perdonas, porque eres amigo de la vida.

Te damos gracias, porque tú lo viviste así y en ti encontramos la motivación para aprender a amar y perdonar, para sentir como propias las alegrías y las dificultades de los demás.

Que el saber que estás en medio de nosotros, nos haga vivir mirando, pensando y haciendo el bien a todos, en especial, al que más lo necesite o se haya alejado de Ti.

Que vivamos el sentido de comunidad Eclesial, con fuerza y entrega, lo mismo  en las pequeñas comunidades que luego nos unimos en la Eucaristía para darte gracias, y renovar nuestra entrega.
Para todo esto, necesitamos la fuerza del Espíritu mediante la reflexión de la Palabra, la oración, el compromiso  y todo como decimos celebrándolo con alegría, unidos en la Eucaristía. AMÉN.  ZURIÑE

 

 

 

PEDRO, PORTAVOZ DE SATANÁS, Y LA PARÁBOLA DEL MALETÍN Y EL JOYERO

José Luis Sicre
FE ADULTA

En el evangelio del domingo anterior, Pedro, inspirado por Dios, confiesa a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato lo podemos dividir en tres escenas.

Primera escena: Jesús y los discípulos (primer anuncio de la pasión y resurrección)

Pedro acaba de confesar a Jesús como Mesías. Él piensa en un Mesías glorioso, triunfante. Por eso, Jesús considera esencial aclarar las ideas a sus discípulos. Se dirigen a Jerusalén, pero él no será bien recibido. Al contrario, todas las personas importantes, los políticos (“ancianos”), el clero alto (“sumos sacerdotes”) y los teólogos (“escribas”) se pondrán en contra suya, le harán sufrir mucho, y lo matarán. Es difícil poner de acuerdo a estas tres clases sociales. Sin embargo, aquí coinciden en el deseo de hacer sufrir y eliminar a Jesús. Pero todo esto, que parece una simple conjura humana, Jesús lo interpreta como parte del plan de Dios. Por eso, no dice a los discípulos: «Vamos a Jerusalén, y allí una panda de canallas me va a perseguir y matar», sino «tengo que ir» a Jerusalén a cumplir la misión que Dios me encomienda, que implicará el sufrimiento y la muerte, pero que terminará en la resurrección.

Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

Segunda escena: Pedro y Jesús (vuelven las tentaciones)

Jesús termina hablando de resurrección, pero lo que llama la atención a Pedro es el «padecer mucho» y el «ser ejecutado». Según Mc 8,32, Pedro se puso entonces a reprender a Jesús, pero no se recogen las palabras que dijo. Mateo describe su reacción con más crudeza: «se lo llevó aparte y se puso a increparle: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte!» Ahora no es Dios quien habla a través de Pedro, es Pedro quien se deja llevar por su propio impulso. Está dispuesto a aceptar a Jesús como Mesías victorioso, no como Siervo de Dios. Y Jesús, que un momento antes lo ha llamado «bienaventurado», le responde con enorme dureza: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar!»

Estas palabras traen a la memoria el episodio de las tentaciones a las que Satanás sometió a Jesús después del bautismo. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Y Jesús, que no vio especial peligro en las tentaciones de Satanás, ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, como ante el demonio; no aduce tranquilamente argumentos de Escritura para rechazar al tentador, sino que está llena de violencia: «tú piensas como los hombres, no como Dios.» Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

Esta función de tentador que desempeña Pedro en el pasaje y la reacción tan enérgica de Jesús nos recuerdan que las mayores tentaciones para nuestra vida cristiana no proceden del demonio, sino de las personas que están a nuestro lado y nos quieren. Frente a una mentalidad que mitifica y exagera el peligro del demonio en nuestra vida, es interesante recordar este episodio evangélico y unas palabras de santa Teresa que van en la misma línea. Después de contar las dudas e incerti­dumbres por las que atravesó en muchos momentos de su vida, causadas a veces por confesores que le hacían ver el demonio en todas partes, resume su experiencia final: «…tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y estotros, en especial si son confe­sores, inquietan mucho, y he pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir» (Vida, cap. 25, nn.20-22).

Tercera escena: Jesús y los discípulos (parábola del maletín y el joyero)

No se conocían de nada, sólo les unió compartir dos asientos de primera clase. Ella colocó en el compartimento un elegante estuche con sus joyas. Él, un pesado maletín con su portátil y documentos de sumo interés. El pánico fue común al cabo de unas horas, cuando vieron arder uno de los motores y oyeron el aviso de prepararse para un aterrizaje de emergencia. Tras el terrible impacto contra el suelo, ella renunció a sus joyas y corrió hacia la salida. Él se retrasó intentando salvar sus documentos. El cadáver y el maletín los encontraron al día siguiente, cuando los bomberos consiguieron apagar el incendio. Extrañamente, ella recuperó intacto el estuche de sus joyas.

En tiempos de Jesús no había aviones, y él no pudo contar esta parábola. Pero le habría servido para explicar la enseñanza final de este evangelio. Para entender esta tercera parte conviene comenzar por el final, el momento en el que el Hijo del Hombre vendrá a pagar a cada uno según su conducta. En realidad, sólo hay dos conductas: seguir a Jesús (salvar la vida, renunciando al joyero) o seguirse a uno mismo (salvar el maletín a costa de la vida). Seguir a Jesús supone un gran sacrificio, incluso se puede tener la impresión de que uno pierde lo que más quiere. Seguirse a uno mismo resulta más importante, salvar la vida y el maletín. Pero el avión está ya ardiendo y no caben dilaciones. El que quiera salvar el maletín, perderá la vida. Paradójicamente, el que renuncia al joyero salva la vida y recupera las joyas.

José Luís Sicre

 

Domingo 31 de Agosto, 22º del tiempo ordinario: «Galtzen ikasi – Aprender a perder»

Esapide hori ebanjelio guztiek jaso dute eta sei aldiz errepikatu: «Norbaitek bere bizia salbatu nahi badu, galdu egingo du, baina nigatik galduko duenak aurkituko du». Jesus ez da mintzo gai erlijioso batez. Biziaren egiazko balioa zein den ari zaie planteatzen ikasleei.

Era paradoxikoan eta zirikatzailean adierazia da esapidea. Bizia orientatzeko bi era oso desberdin dira: batak salbaziora zarama, besteak hondamendira. Gogorrena eta gustagarritasun txikiena duela ematen duen bidea jarraitzera gonbidatzen gaitu Jesusek, hori baita gizakiarentzat behin betiko salbaziora iristeko bidea.

Lehenengo bidea biziari atxikitzean datza, nor beretzat bakarrik biziz: nork bere «neu»a bizitzaren azken arrazoi eta goreneko xede eginez. Bizitzeko era honek, beti norberaren irabazia edo probetsua bilatuz, hondamendira darama gizakia.

Bigarren bidea galtzen jakitean datza, Jesus bezala biziz, Aitaren egitasmo gizatartzailearen azken xedeari irekirik: norberaren segurtasunari edo irabaziari uko egiten jakinez; bilatuz, ez norberaren ongia bakarrik, baizik eta besteena ere bai. Bihotz zabaleko bizitzeko era honek salbaziora darama gizakia.

Jainko Salbatzaileagan duen fedetik mintzo da Jesus; haren hitzak oharpen zorrotz dira gizon-emakume guztientzat. Zer etorkizun izango du zatitua eta puska-puska egina den Gizadi honek?, non botere ekonomikoek beren onura bilatzen baitute; lurraldeek, zeinek bere ongizatea; gizabanakoek, zeinek bere probetxua.

Irrazionala da gaur egun munduaren ibilbidea gidatzen duen logika. Herriak eta gizabanakoak pixkana pixkana «beti gehiago edukitzearen» esklabotzan erortzen ari gara. Gutxiegi da dena, geure burua aserik sentitu ahal izateko. Ondo bizitzeko, emankortasun handiagoa behar dugu beti, ongizate material handiagoa, botere handiagoa besteen gain.

Aseezinik irrikatzen dugu ongizatea; alabaina, ez al gara galtzen ari geure gizatasuna, beti zerbait gehiago? Gero eta «aurrerapen» handiagoa opa dugu; alabaina, zer aurrerapen da, milioika lagun miserian, goseak, elikatu gabe uztera garamatzan hau? Zenbat urtez gozatu ahal izango dugu geure ongizateaz, goseak direnei geure mugak ipiniz?

Lurralde pribilegiatuek geure ongizatearen maila «salbatzea» bakarrik gura badugu, ez badugu galdu nahi geure ahalbide ekonomikoa, ez dugu sekula joko mundu-mailako solidaritate baterantz. Baina ez gaitezen engaina. Munduak gero eta segurtasun eskasagoa izango du, eta bizigarritasun txikiagoa guztientzat, baita guretzat ere. Munduan giza bizitza salbatzeko, galtzen ikasi beharra dugu.

 

APRENDER A PERDER

Jose Antonio Pagola

El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: “Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierde por mí, la encontrará”. Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.
El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación, la otra a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.
El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio “yo” la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.

El segundo camino consiste en saber perder, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús está hablando desde su fe en un Dios Salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una Humanidad dividida y fragmentada, donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países, su propio bienestar; los individuos, su propio interés?

La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del “tener siempre más”. Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien, necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.
Buscamos insaciablemente bienestar, pero ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos “progresar” cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humano en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar, cerrando nuestras fronteras a los hambrientos?

Si los países privilegiados solo buscamos “salvar” nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo, hemos de aprender a perder.

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 16.21-27)

  • DOMINGO XXII. TO –A– AGOSTO 31 de 2014

  • Para escuchar el Evangelio de hoy, hace falta corazones fueres…
    El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo tome su cruz y me siga”…

No es fácil compaginar la vida centrada en el negarse a sí mismo  y otra, en la felicidad…

Seguir a Jesús en la vida ordinaria significa tomar en las manos lo que la vida trae necesariamente a veces de dureza; por ejemplo el trabajo con sus exigencias, problemas familiares, enfermedades, soledad, falta de trabajo, sequedad en la oración, relaciones interpersonales o comunitarias, difíciles… y se puede seguir.

Todo esto se puede vivir “arrastrándolo”, o por el contrario aprender a vivirlas día a día como camino de maduración humana, aceptando el camino de Jesús de Nazaret, que da fuerza y guía nuestros pasos, aunque nos resulte difícil comprenderlo.

Los cristianos formamos parte de esta sociedad, de su mentalidad y cultura. Por eso, debemos aportar a nuestra sociedad lo que aprendemos de Jesús. No es que a Jesús le guste el sufrimiento por el sufrimiento. Lo que no soporta es el egoísmo, la violencia, la deshumanización, el que las personas sean tratadas como esclavas, explotadas…

Lo que nos dice Jesús de Nazaret, son propuestas y reflexiones sobre la vida humana para que las pensemos. Son consejos para vivir esta vida con sentido.

Nos podemos hacer algunas preguntas: ¿Qué es lo que nos importa realmente en nuestra vida?.. ¿Qué es realmente lo que se  valora en nuestra sociedad? Podemos hacer un pequeño ejercicio personal y comunitario sobre las cosas a las que damos importancia:
* ¿Por qué cosas seríamos capaces de dar hasta la vida…?  En el desconcierto de valores que vivimos en la sociedad actual, hay personas que anteponen el dinero, su imagen, su coche… al amor, a la amistad, a la solidaridad, a la familia, a la ayuda al enfermo… Y Jesús, orienta su vida y su respuesta apostando por el reinado de Dios, en el aquí y ahora, lo demás “son circunstancias”. Para el cristiano, seguidor de Jesús de Nazaret, una persona, cualquier persona, y su vida valen más que todas las “cosas de este mundo”. No hagamos como Pedro, querer arreglar el mundo mágicamente, y Jesús le reprocha duramente.  Jesús acepta la Voluntad del Padre convencido (aunque le cueste) de que pase lo que pase el Padre nunca le abandonará. Luego Jesús de Nazaret al proponernos llevar la Cruz de cada día, nos dará siempre su fuerza y no nos abandonará.

  • ORACIÓN
  • Jesús de Nazaret, te contemplamos hoy en el evangelio,  explicando a los discípulos tus caminos para “dar sentido a la vida”, para realizarnos humanamente y de verdad.
  • Nos cuesta comprender como a Pedro, tus caminos.
    Ayúdanos  a comprender lo que es y lo que vale negarse a uno mismo. El vivir con sencillez y humildad evitando lo que nos aleja de los más pobres.
  • Ayúdanos a saber  llevar  la cruz de cada día y ayudar a otros a llevarla.
    Danos constancia y voluntad para seguirte y saber vencer el egoísmo, para saber abrirnos a los demás, con escucha, ayuda, servicio.
  • Danos suficiente alegría para ser amables. Fuerza y valor para ser humanos. Esperanza para ser felices, amigos para saber echar una mano a quien lo necesite. Suficiente fe para crecer en esperanza y amor. AMÉN. ZURIÑE

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.16.13-20)

*     DOMINGO XXI. T.O –A– AGOSTO 24 de 2014

*          En el  Evangelio de hoy  se encuentra  La gran pregunta de Jesús a los discípulos, dirigida también a cada uno de los creyentes y comunidades.
*                                   ¿Quién dice la gente que soy Yo? Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?…
Esta pregunta nos la hace Jesús a cada uno, personalmente. Realmente, su persona ¿significa nuestra esperanza?..

*          Nos la hace la gente que nos conoce.  ¿Nuestra vida responde a la fe que decimos profesamos?

*          Nos la pueden hacer los amigos, los hijos, los grupos de reflexión o comunidades cristianas, o en la catequesis. ¿Qué diría yo desde mi interior de Jesús?…

*          Viene Jesús de Nazaret, una vez más, y nos hace la pregunta: ¿Tú… Quién dices que soy Yo?

¿Qué pensamos y decimos de nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y entrega, de su persona y de sus Palabras?

* Tal vez, y puede ser un fallo grande, sabemos hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios: manifestar  nuestras creencias religiosas. Defender, si es necesario el sentido que tenemos de la vida, la familia y de la sociedad desde el Evangelio.

* Podíamos seguir haciéndonos las buenas preguntas que en un documento manifiesta  J, Leoz.
¿Qué decimos sobre El? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura?

No es difícil encontrar personas que digan que Jesús es un personaje formidable, histórico, pero olvidan  o no lo han sentido nunca que Jesús, como Hijo de Dios, es Salvador.
Jesús de Nazaret, no ha venido al mundo para ser anunciado en grandes carteles y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes.

Jesús, ha venido sobre todo para que veamos en El, un Camino, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el MOR, que se traduce en Misericordia, Bondad, Ternura, Perdón, escucha. etc.
*          Hoy, como Pedro entonces, nuestra Iglesia (Con limitaciones,, contradicciones, dificultades) y cada uno de nosotros, tenemos que seguir respondiendo  a la pregunta que nos hace de nuevo Jesús de Nazaret.
Y tú… ¿QUIÉN DICES QUE SOY YO?
¿Sabremos responder desde nuestro interior como Pedro?

TÚ, SEÑOR, ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS.

ORACIÓN
* Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?…

PERO YO OS DIGO.

¿Nos lo podrá decir?…  escuchemos en el silencio el sentir de nuestro interior…

A vosotros que compartís mi proyecto y lo lleváis a cabo; a vosotros que recibís mi Palabra y la ponéis en práctica; a vosotros que os reunís en mi nombre y recordáis mi presencia

Os llamo amigos.

A vosotros que sois fuertes en vuestra debilidad; a vosotros que os mantenéis firmes en la Palabra del evangelio; a vosotros que progresáis en la fe

Os llamo amigos.

¿Nos lo podrá decir? Dejemos que nuestro interior nos hable.

A vosotros, dispuestos a dar la cara, a defender mi causa, a hablar  de mí y decir quién soy yo;
A vosotros con quienes se puede contar ante las necesidades de los otros.

Os llamo amigos.

A vosotros que afrontáis la realidad  e intentáis mejorarla; a vosotros que trabajáis por un futuro mejor para todos.

Os llamo amigos.

A vosotros, que celebráis lo que creéis y compartís lo que tenéis; A vosotros en la fiesta y juntos en la dificultad; a vosotros que tratáis de vivir mis sentimientos y mi Espíritu.

Os llamo amigos.

Dejemos que resuene esta pregunta de nuevo en nuestro interior:

*Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?

Que Jesús de Nazaret, después de darle la respuesta y comunicarla a los demás nos pueda decir:.

OS LLAMO AMIGOS. AMÉN.

SEGUIMOS ORANDO. RECORDANDO EL DOLOR QUE SE VIVE EN NUESTRO MUNDO

Jesús De Nazaret. Hoy unidos en Iglesia queremos decir con nuestra Oración y nuestros compromisos:
“NO A LA GUERRA” “NO A LA DESHUMANIZACIÓN”.

Reconocemos que la guerra jamás favorece el bien de la comunidad humana, que la violencia destruye y jamás construye, sólo trae hambre, sufrimientos, muertes. Las heridas de la guerra quedan sangrando durante mucho tiempo y los conflictos dañan la situación de los pobres y producen nuevas formas de pobreza.

El espectáculo desolador de miseria y sufrimientos que estamos viviendo en estos tiempos causadas por las guerras, es un aviso para todos – personas, sociedad, mundo-

Que se comprenda, que el dinero, no debe invertirse en guerras, ni ser empleado para destruir y matar, adultos y multitud de niños indefensos, sino para defender la dignidad humana, mejorar su vida y construir una sociedad abierta y solidaria.

Que nuestro grito y compromiso, brote de lo más íntimo de nuestro ser clamando:
Jesús de Nazaret, ayúdanos a no cerrar los ojos, a no quedarnos pasivos ante tanta injusticia, para que con tu ayuda y los compromisos a nuestro alcance podamos trabajar unidos por la
PAZ, SOLIDARIDAD, HUMANIDAD PARA TODOS. AMÉN. ZURIÑE

ORAR CON EL EVANGELIO: (Mt.15:21-28)

  • DOMINGO 20º. T.O-A– AGOSTO 17 de 2014.
  • La Palabra de Dios si La profundizamos cada semana, va transformando nuestro interior, como la tierra misma que se va haciendo más fructífera y más rica, cuando se trabaja.

A veces pensamos que las cosas que les pasan a los demás, como no son de los nuestros, o son de fuera, o inmigrantes, que no les duelen, que no sienten lo mismo que nosotros. Esa mentalidad estaba muy arraigada en el pueblo judío. Ellos eran los “buenos” y los demás “paganos repugnantes” que no creían en nada. Sin embargo hoy escuchamos al profeta Isaías decir: “A los extranjeros que se han dado al Señor… los traeré a mi monte santo. Los alegraré en mi casa de oración”… Dios quiere una “casa” sin fronteras, pero las personas nos empeñamos en poner límites, vallas, pinchos, etc…Pero que tengamos claro que ese no es el proyecto de Dios.

Hasta el mismo S. Pablo se dio cuenta y se convirtió en “apóstol de los gentiles”, después de encontrar un rechazo de los de su religión, de su misma raza.

Jesús, con su actitud hacia la mujer cananea nos da su ejemplo.

Mateo en el evangelio recoge la manera de pensar de aquella época: la salvación es solo para el pueblo judío, para el pueblo de Dios…  “Jesús es un gran pedagogo y sabe sacar lo mejor de aquella mujer y dejarse “convencer” por su súplica y por su gran humanidad. Y acaba alabando su fe, que es capaz de todo: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. Aquí tenemos a Jesús alabando la fe de una extranjera delante de sus discípulos. Nos imaginamos las caras que ellos pondrían. Y que gran lección para nosotros, para no quedarnos con lo exterior de las personas, sino ver que hay dentro, en su corazón. Seguro que encontraremos al mismo Dios que nosotros tenemos, al que llamamos Padre y que nos hace hermanos aunque las califiquemos de esta u otra raza, religión, color…

Que Jesús de Nazaret nos enseñe a vivir esta comunión con Dios y con los demás, sin fronteras ni barreras.

ORACIÓN

Todos Necesitamos un poco de la fe de la Cananea. Danos Jesús de Nazaret  un corazón capaz de descubrir tu presencia en los otros, aunque sean diferentes.

Danos una fe sólida y verdadera que nos ayudará a vencer los obstáculos.

Una fe, confiada que nos hará esperar contra toda esperanza.

Una fe insistente, como la de la Cananea que nos ayudará a ser pacientes y no desesperar.
Enséñanos a pensar en los otros.

Danos la gracia de entender que en cada instante, mientras nosotros vivimos una vida bastante tranquila ayudados por Ti, hay millones de seres humanos, que también son hijos tuyos y hermanos nuestros, que mueren de hambre, y mueren de frío, de guerras y enfermedad, sin haberlo merecido… Que sepamos gritarte como la cananea: “Ten compasión de ellos”.

¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!

Que un día nos puedas decir:

¡QUE GRANDE ES VUESTRA FE!

AMÉN.

ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 1,39-56)

  • FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA. Agosto 15 -2014

Hoy celebramos que María, por Jesús, vive ya la plenitud del Amor que no puede morir nunca.

Y Ella es imagen de la Iglesia, es la primera creyente que ha llegado al término hacia el cual todos queremos caminar. Por eso es un modelo para nosotros. Ella ha vivido de la fe, como nosotros. Ella también se ha encontrado con un Dios que le creaba interrogantes.

Ella tuvo que decidir el dar la respuesta a dios que la ponía en camino, en acción.

La fiesta de hoy es un canto a la esperanza, un canto a la vida a pesar de la muerte. Esta realidad por la que todos tenemos que pasar, por la que ha pasado Jesús y María. Pero la fe en Jesucristo, muerto y resucitado, nos abre las puertas de la esperanza.

Tenemos que tener como modelo a María. Como Ella, nos tenemos que poner en “camino” para ir a ayudar a los que nos necesitan. Ella llevaba a Jesús en sus entrañas y no se quedó en casa, sino que, empujada por el fruto que se iba tejiendo en su seno, subió a ayudar a su prima. No guardemos a Jesús para nosotros solos. Ella nos impulsa a llevarlo a todas partes, especialmente donde más se necesita.

Como María, alegrémonos de un Dios que muestra su fuerza y su poder en los sencillos y los humildes; demos gracias a este dios que transforma nuestros esquemas para que seamos humanos de verdad; Nos tenemos que fiar de Dios, de verdad, ya que el, es siempre fiel a su promesa de amor y vida. Y  que sepamos ponernos al lado de los humildes y de los pobres, trabajando juntos los que todavía no hemos perdido, a pesar de todo, las ganas y la ilusión de luchar por un mundo más humano; que seamos testigos de una vida que merece la pena vivir. María, también lo tuvo difícil  y se puso en camino…

Acojamos esta vida para que, en el vivir a veces gris y monótono de cada día, sepamos sembrar semillas de Esperanza y contagiemos la alegría de vivir, para luego llegar a la vida en PLENITUD CON CRISTO, nuestro Salvador. Contemos con la fuerza de El y de María y…juntos,
seguimos el camino.

ORACIÓN
Hoy, en el evangelio, vemos a María iniciar un camino de servicio:
“María se puso en camino y se fue aprisa a la montaña”

Los frutos del amor servicial de María se hicieron evidentes:

“¡Dichosa tú que has creído!”

“Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”.

Cristo nuestro: Ayúdanos a “ponernos en camino”.

Ilumina nuestra inteligencia, para ver las necesidades.

Danos coraje para ponernos en marcha: que tu Madre, la ya plenamente realizada, nos acompañe.
Que su ejemplo de amor gratuito estimule nuestra creatividad para saber ver y hacer.

María Madre de la alegría, danos la confianza de que Jesús vive y va con nosotros.

Quítanos el miedo y haznos trabajar por la Paz y la justicia, de manera que todos en este mundo, podamos vivir alegres y felices.

Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, nuestro Maestro, amigo y compañero de Camino, Verdad y Vida. AMÉN   – ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.14.22-33)

DOMINGO XIX. T.O. –A– AGOSTO 10 -2014

“MÁNDAME IR HACÍA TI”. ME HUNDO: ¡SÁVAME!

El pasaje evangélico de hoy tiene como tres partes: 1º travesía del lago en barca para ir a la otra orilla, solos. Jesús se queda despidiendo a la gente, luego sube solo al monte para orar. Y la borrasca del mar de Galilea… 2ª El tema central que es “el encuentro de Jesús con sus discípulos al amanecer”. Y un diálogo con Pedro. La 3ª, Cese de la tempestad y los discípulos postrados ante Jesús, le reconocen como Hijo de Dios.

  • Jesús se despide  de la gente. Ordena a sus discípulos que suban a la barca y vayan a la otra orilla. El, no entra en la barca sino que se retira de ellos y sube al monte para orar. (Monte, lugar de encuentro y revelación de Dios. Vemos en los evangelios muchas veces que Jesús sube al monte…)

Mientras tanto, la barca, es zarandeada por las olas. Hacia la madrugada Jesús va al encuentro de los suyos andando sobre las aguas. Los discípulos llevan varias horas remando, en la oscuridad de la noche, con el viento contrario y sin la cercanía de Jesús. Vislumbran la silueta humana caminando sobre el agua. El susto que se llevan les hace gritar. Pero Jesús les tranquiliza:
“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Y bien pronto lo comprobó Pedro, con su fogoso ímpetu le pide a Jesús llegar hasta Él caminando sobre el agua. Lo hizo, pero un golpe de viento lo hizo tambalearse y vio que se hundía y el que se creía el más valiente, sintió miedo y gritó “Señor. Sálvame” y Jesús le dijo “Por qué has dudado”.

* El simbolismo que nos narra Mateo: La barca representa a la Iglesia, que atraviesa no pocas dificultades en su navegar por la historia. Porque tiene a Jesús, estamos llamados a superar los miedos y a mantener firme la confianza en su persona. La barca eclesial no va a zozobrar nunca, porque contamos con la asistencia del mismo Dios manifestado en el poder salvador de Cristo.

*    El miedo atemoriza y bloquea a muchos cristianos. Nos cuesta compaginar dos imágenes de la Iglesia: La casa edificada sobre roca, que refleja seguridad y la barca, que se mueve, pero no atracada en el puerto, sino navegando y no siempre por mares tranquilos sino encrespados como los actuales. ¿Podemos olvidar que en la barca está siempre Jesús? Aunque esto no nos dispensa de vigilar en la noche y trabajar cuidando la barca, cuando ruge la tormenta. Pedro, se apoyó en su valentía y se hundía… Lección básica para nosotros: sólo quien se apoya en Cristo, puede resistir a todos los vendavales que arrecian en nuestro caminar diario.

Que sepamos seguir a Jesús de Nazaret, no porque nos “hundimos” en nuestra pequeñez, sino porque nos apoyamos en el poder de su Espíritu. El nos dice:
“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”

ORACIÓN

“SEÑOR, MÁNDAME IR HACIA TI”

Jesús de Nazaret, cada uno de nosotros y toda la Iglesia necesitamos hacer nuestra esta súplica, con humildad y confianza.

Ayúdanos a ir a Ti, para que no nos hundamos, porque  con solas nuestras fuerzas, no somos capaces de alcanzarte ni tampoco estar a la altura de lo que exige nuestra fe.

Tu cercanía y tu presencia, Jesús de Nazaret dio a tus discípulos  fuerza y coraje para seguir la travesía. A pesar de las circunstancias adversas.

“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”

Y hoy nos lo dices a la Iglesia, a toda la comunidad y a cada uno.

Con tu presencia, con tu fuerza, agárranos fuerte de la mano.

“SEÑOR, SÁLVANOS”

Ayúdanos a que sepamos empujar la barca y montar en ella con nuestra ayuda a todos los que necesitan de Ti, porque sufren la tempestad del hambre, el paro, la soledad, la guerra…
Jesús de la Oración: Ayúdanos a buscar tiempo y lugar “solitario” para el encuentro con el Padre, contigo y vuestro Espíritu. Para entender e impulsar nuestra vida y así, ofrecerla como tú, al servicio de tu Reino

“SEÑOR, MÁNDANOS IR HACIA TI”

AMÉN   –   ZURIÑE