DOMINGO XIX. T.O. –A– AGOSTO 10 -2014
“MÁNDAME IR HACÍA TI”. ME HUNDO: ¡SÁVAME!
El pasaje evangélico de hoy tiene como tres partes: 1º travesía del lago en barca para ir a la otra orilla, solos. Jesús se queda despidiendo a la gente, luego sube solo al monte para orar. Y la borrasca del mar de Galilea… 2ª El tema central que es “el encuentro de Jesús con sus discípulos al amanecer”. Y un diálogo con Pedro. La 3ª, Cese de la tempestad y los discípulos postrados ante Jesús, le reconocen como Hijo de Dios.
- Jesús se despide de la gente. Ordena a sus discípulos que suban a la barca y vayan a la otra orilla. El, no entra en la barca sino que se retira de ellos y sube al monte para orar. (Monte, lugar de encuentro y revelación de Dios. Vemos en los evangelios muchas veces que Jesús sube al monte…)
Mientras tanto, la barca, es zarandeada por las olas. Hacia la madrugada Jesús va al encuentro de los suyos andando sobre las aguas. Los discípulos llevan varias horas remando, en la oscuridad de la noche, con el viento contrario y sin la cercanía de Jesús. Vislumbran la silueta humana caminando sobre el agua. El susto que se llevan les hace gritar. Pero Jesús les tranquiliza:
“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Y bien pronto lo comprobó Pedro, con su fogoso ímpetu le pide a Jesús llegar hasta Él caminando sobre el agua. Lo hizo, pero un golpe de viento lo hizo tambalearse y vio que se hundía y el que se creía el más valiente, sintió miedo y gritó “Señor. Sálvame” y Jesús le dijo “Por qué has dudado”.
* El simbolismo que nos narra Mateo: La barca representa a la Iglesia, que atraviesa no pocas dificultades en su navegar por la historia. Porque tiene a Jesús, estamos llamados a superar los miedos y a mantener firme la confianza en su persona. La barca eclesial no va a zozobrar nunca, porque contamos con la asistencia del mismo Dios manifestado en el poder salvador de Cristo.
* El miedo atemoriza y bloquea a muchos cristianos. Nos cuesta compaginar dos imágenes de la Iglesia: La casa edificada sobre roca, que refleja seguridad y la barca, que se mueve, pero no atracada en el puerto, sino navegando y no siempre por mares tranquilos sino encrespados como los actuales. ¿Podemos olvidar que en la barca está siempre Jesús? Aunque esto no nos dispensa de vigilar en la noche y trabajar cuidando la barca, cuando ruge la tormenta. Pedro, se apoyó en su valentía y se hundía… Lección básica para nosotros: sólo quien se apoya en Cristo, puede resistir a todos los vendavales que arrecian en nuestro caminar diario.
Que sepamos seguir a Jesús de Nazaret, no porque nos “hundimos” en nuestra pequeñez, sino porque nos apoyamos en el poder de su Espíritu. El nos dice:
“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”
ORACIÓN
“SEÑOR, MÁNDAME IR HACIA TI”
Jesús de Nazaret, cada uno de nosotros y toda la Iglesia necesitamos hacer nuestra esta súplica, con humildad y confianza.
Ayúdanos a ir a Ti, para que no nos hundamos, porque con solas nuestras fuerzas, no somos capaces de alcanzarte ni tampoco estar a la altura de lo que exige nuestra fe.
Tu cercanía y tu presencia, Jesús de Nazaret dio a tus discípulos fuerza y coraje para seguir la travesía. A pesar de las circunstancias adversas.
“ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO”
Y hoy nos lo dices a la Iglesia, a toda la comunidad y a cada uno.
Con tu presencia, con tu fuerza, agárranos fuerte de la mano.
“SEÑOR, SÁLVANOS”
Ayúdanos a que sepamos empujar la barca y montar en ella con nuestra ayuda a todos los que necesitan de Ti, porque sufren la tempestad del hambre, el paro, la soledad, la guerra…
Jesús de la Oración: Ayúdanos a buscar tiempo y lugar “solitario” para el encuentro con el Padre, contigo y vuestro Espíritu. Para entender e impulsar nuestra vida y así, ofrecerla como tú, al servicio de tu Reino
“SEÑOR, MÁNDANOS IR HACIA TI”
AMÉN – ZURIÑE