2º DOMINGO DE CUARESMA, «LUMINOSIDAD Y TRANSPARENCIA», Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Mt 17, 1-9

Pudiera ser que este llamado relato de la «transfiguración» fuera, en su origen, un relato de aparición del Resucitado. Posteriormente, se habría reelaborado para transformarse en una declaración mesiánica: Jesús, avalado por las Escrituras judías, representadas en las figuras de Moisés («la Ley») y Elías («los Profetas»), es presentado como «Hijo amado» de Dios. Todo él es transparencia y luminosidad.

Nos viene bien que alguien nos recuerde que, aun en medio de sombras de todo tipo, somos luminosidad. Que, detrás de unos comportamientos con frecuencia obtusos, seguimos siendo transparencia.

Eso es lo que los cristianos –y quizás también quienes no lo son- reconocemos en Jesús: él es el «espejo» nítido en el que vemos nuestra identidad profunda. Y esa identidad es luz y transparencia.

No es casual que los humanos, aun perdidos a veces en las tinieblas de nuestra inconsciencia, añoremos la luz. Tampoco lo es que, incluso en las acciones más complicadas y cuestionadas, tratemos de justificar nuestra transparencia.

Una y otra responden a lo que somos; por eso mismo, nos resultan irrenunciables. ¿Qué impide que podamos percibirlas en nosotros y en los demás?

La oscuridad y la opacidad son el resultado de nuestra identificación con la mente y, en consecuencia, con el ego. La mente, por su propia constitución, no puede ver más allá de los objetos; el ego, por su misma estructura, no puede funcionar sino por la apropiación.

Ambos mecanismos –objetivación y apropiación- reducen, oscurecen y velan lo real. Lo único que ofrecen es una caricatura en cierto modo onírica, haciéndonos creer que la realidad es tal como ahí se nos muestra. Mientras dura nuestra identificación con ellos, permanecemos dormidos, asumiendo como real lo que únicamente es un sueño.

De un modo similar a como, al salir del sueño nocturno, advertimos la luz que disipa las pesadillas que habíamos tomado como absolutamente reales, al despertar de la identificación con la mente, percibimos la Luz de lo que es.

Lo que es, es luminoso, transparente, sencillo, dulce, verdadero… Pero, para percibirlo, necesitamos despertar. Y eso implica y significa, a la vez, vivir anclados en nuestra verdadera identidad.

Más allá del yo –esa pequeña creencia ilusoria a la que habíamos tomado como nuestra identidad, y que nos hacía vivir a merced de sus vaivenes, ilusiones y desengaños-, accedemos a un «lugar» siempre estable, sólido y permanente, donde nos reconocemos como Presencia inefable.

Nuestra mente queda desconcertada porque no puede pensarlo. Nuestra sensibilidad puede incluso alterarse porque, de entrada, se nos muestra como «vacío» que asusta y que nos quita anteriores supuestas «certezas». Pero el «lugar» sigue ahí, siempre disponible. Y descubrimos que ese Vacío solo asusta cuando no se ha experimentado; al saborearlo, se muestra como lo que es: Plenitud y descanso.

Ese lugar es luminosidad y transparencia. Y desde él todo queda transfigurado. En realidad, no es que las cosas se transfiguren, sino que, más exactamente, vemos en todo la Verdad, la Bondad y la Belleza de lo que es.

Si todo se ventila, pues, en la experiencia de esa identidad profunda, que se halla siempre a salvo de cualquier circunstancia, la pregunta brota por sí sola: ¿cómo podemos acceder a ella?

Y, de entrada, nos topamos con la paradoja: no hay nada a lo que acceder porque ya lo somos. Cualquier camino de búsqueda no haría sino alejarnos de ella.

Por eso, no hay nada que lograr, nada que alcanzar, sino… todo que soltar. Dejamos caer todo aquello que podamos pensar o delimitar, ya que todo ello no serían sino objetos mentales. Vamos cambiando el pensamiento por la atención desnuda. Notaremos que solo queda una única cosa: la consciencia de ser, como un estado de presencia permanente que, si nos damos cuenta, veremos que nos ha acompañado desde siempre.

Por eso, como sugería Nisargadatta, «simplemente abandona lo que no es tuyo, y encuentra lo que nunca perdiste: tu propio ser». O en palabras de Eckhart Tolle: «Di «soy» y no añadas nada. Sé consciente de la quietud que sigue al «soy». Siente tu presencia, el Ser desnudo, sin velos, sin vestiduras».

Eso único permanente es lo que somos. Y eso es luminosidad y transparencia. Eso está siempre a salvo. Como se halla a salvo el oro cuando se funde la forma de pulsera que le habían dado; como se halla a salvo el agua, cuando la ola se deshace por completo. No somos la forma; no somos nada cambiante, sino la realidad permanente que constituye todo lo que es.

Enrique Martínez Lozano

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* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 4.1-11)

  • DOMINGO 1º DE CUARESMA –A- 2014-MARZO- 9

*    Después del Bautismo de Jesús,  lleno del Espíritu Santo,  el evangelio de Mt. Nos sitúa a Jesús camino del desierto.
Lleno del Espíritu, llegó para Jesús la hora de la Misión, la hora de anunciar y hacer presente el Reino de Dios. A él dedicó toda su persona y todas sus capacidades. La novedad de su Mensaje, de su estilo de sus gestos no sólo suscitan expectación  sino también rechazo.

Jesús, necesita como toda persona, discernir, para saber cómo hacer y busca el Espíritu de Dios, en el silencio del “desierto”.  Y allí, Jesús fue tentado como nosotros; el diablo quiso apartarlo de su Misión. Pero Jesús supo mantenerse firme en su condición de Hijo, Siervo y cumplir con plena fidelidad su vocación y Misión en este mundo,  la salvación de la humanidad caída. Pero el mal no pudo con Jesús; por eso es el hombre perfecto, el Maestro a quien se puede seguir  como modelo.

Jesús tuvo que ir al desierto, (Mc.1,12) lugar de prueba y encuentro con Dios.
* El desierto es  lugar de “PASO”. Nadie construye una casa en la arena. Es lugar de paso.
Los hebreos anduvieron 40 años por el desierto. Elías también.
Para nosotros, no es imprescindible desplazarse a un lugar geográfico, desde nuestra propia casa,
trabajo de cada día podemos captar la provisionalidad. Somos “peregrinos”, hacia la Patria.

* El desierto es lugar de “DIFICULTADES”. Vivimos  en una sociedad secularizada, donde hasta la palabra “Dios” anda ausente. Como si no se le necesitara. Así brotan las injusticias.

* El desierto es lugar privilegiado para un “ENCUENTRO CON DIOS”. Jesús, se retiraba a lugares solitarios, (Lc. 5,15) al silencio y nosotros aprendemos de El y necesitamos buscar silencio para ESCUCHARLE A EL  que nos impulsa a vencer la tentación y a seguir con El, el camino de conversión.

* CUARESMA, es un buen tiempo para reflexionar, con paz, sobre  el rumbo de nuestra vida y para prepararnos para acoger y entender la mayor prueba de amor de Jesús de Nazaret: su PASION Y RESURRECCIÓN. La que puede cambiar y convertir una vida de forma radical.
* Son muchas las ocasiones en que vemos que Jesús se retira solo para orar. De día, de noche… Un silencio lleno por una búsqueda: descubrir la voluntad del Padre.
* Que esta Cuaresma sepamos buscar ese silencio para el encuentro con Dios, para entender y conocer mejor el Evangelio, para descubrir las llamadas que surgen en mi vida, en nuestra vida. Y todo ello para, como Jesús, volver a los caminos a la vida del día a día a anunciar con palabras, con hechos, con la vida la BUENA NOTICIA, a todos y siempre más cerca de los pobres. Siempre a la Luz de ese Jesús de Nazaret que nos dice:
“VOSOTROS SOIS MIS AMIGOS SI HACÉIS LO QUE YO OS DIGO”… “A VOSOTROS OS HE LLAMADO AMIGOS PORQUE OS COMUNIQUÉ CUANTO ESCUCHÉ A MI PADRE.” (Jn. 15,9-15).

* Iniciamos este camino hacia la PASCUA. Camino En que se nos invita a renovarnos en el Espíritu de Jesús. Porque la meta de nuestro camino es Jesús de Nazaret. Celebrar la PASCUA es transformarse asumiendo algo de Jesús en nuestra vida: Una palabra, sentimiento, estilo, actitud, entrega. Es una peregrinación en la que El mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia LA  ALEGRÍA DE LA PASCUA.

  • PREGÓN DE CUARESMA

Los que hemos escuchado la voz del Espíritu, en este tiempo. Los que hemos descubierto que  somos hijos de Dios. ¡Adentrémonos en el desierto al estilo de Jesús de Nazaret,! sin miedo
CUARESMA,
es un tiempo para vivirlo en CAMINO, con la esperanza siempre abierta, y la mirada siempre fija, en LA PASCUA, que es definitiva.

  • En esta cuaresma, tenemos que dejarnos llenar de La brisa del Espíritu, poniendo nuestro corazón en sintonía con los latidos de Dios y el grito de los afligidos.
  • Vivamos la Cuaresma, bien despiertos, caminando en comunidad, con fe, esperanza y amor. Fijos los ojos en Jesús. Tenemos una nueva oportunidad de CONVERSIÓN.
    Una nueva oportunidad, para vivir la PASCUA en plenitud. Dando gracias con gozo porque somos salvados.
  • Vivamos la cuaresma, así, en CAMINO que nos lleva a la plenitud de
    CRISTO, MUERTO Y RESUCITADO. Que es CAMINO, VERDAD, VIDA Y PAZ.
    TODO ESTO QUE PARA EL MUNDO DESEAMOS.

    ORACIÓN
    (Hacemos silencio… elijo un lugar, puede ser el aire libre… me pongo en contacto con Aquel que es el creador de todo y le doy gracias por  cuanto me ha dado… Intento escuchar la VIDA que late dentro de mí… Y luego digo lentamente la siguiente oración.)

    Vengo a ti, Jesús de Nazaret, para que me des la mano antes de comenzar el camino en este tiempo.
    Que tus ojos se posen un momento sobre los míos.

Que me encuentre a mí mismo con la certeza de que Tú me acompañas, Amigo mío.
Mete dentro de mí tu Palabra. ¡Mientras atravieso el desierto del ruido!
Que la fuerza de tu Palabra entre en mis pensamientos, en mis miedos, en mis debilidades, y que se detenga allí donde se necesite renovar la vida.
Habla, Señor, y yo te escucharé. AMÉN

ZURIÑE

 

 

1º DOMINGO DE CUARESMA: ¿ACUMULAR O SER? Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Mt 4, 1-11

En el relato de las tentaciones, quedan sabiamente reflejadas las apetencias más fuertes del ego. Es comprensible: nuestra primera y permanente tentación (engaño) no es otra que la de identificarnos con el ego y vivir para él.

Es un engaño, que conduce a la confusión y al sufrimiento, porque implica nada menos que olvidarnos de nuestra verdadera identidad y reducirnos a «algo» que nos esclaviza: el ego, en cuanto manojo de necesidades y de miedos, nubla nuestra visión y nos hace ver la realidad desde la reducida ranura de una mente absolutizada.

El ego se define a sí mismo por lo que acumula: posesiones, imagen, fama, títulos, poder, afectos, creencias… Y, preso de una insatisfacción constante, se dedica toda su vida a acumular: es su único modo de sentirse vivo.

Esa será, por tanto, nuestra tentación constante. Pero es importante advertir que no saldremos de ella a través de la lucha, sino gracias a la comprensión.

Esto parece recordarnos también el relato, al poner en boca de Jesús palabras de sabiduría, que le permiten sortear el engaño: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».

El «Señor Dios» indica aquí justo lo opuesto al ego. Si este es únicamente un engaño, que nos encierra en su ficción, «Dios» es el fondo, la fuente y el núcleo de todo lo real, la Mismidad de todo lo que es. Eso lo único que merece adoración: porque esa es la verdad.

Ahora bien, la Mismidad de lo que es, constituye nuestra identidad más profunda: es la Presencia, que percibimos como pura consciencia de ser. Se trata de la identidad que se encuentra siempre a salvo, que trasciende el tiempo y el espacio, que reconocemos «compartida» con todo lo que es, y que es nuestro verdadero «hogar», donde nos descubrimos no-separados de nadie ni de nada.

Si la pulsión del ego es acumular –por ahí van las «tentaciones»-, la Presencia no busca otra cosa que ser. «Solo ser. Nada más. Y basta. Es la absoluta dicha», decía sabiamente Jorge Guillén.

Cuando la comprensión nos permite vivir en conexión con la Presencia que somos, nuestra vida es transformada. Eso es lo que apreciamos en Jesús: en él percibimos a un hombre libre, confiado, compasivo, ecuánime…

Quien se halla identificado con el ego (o yo mental), inevitablemente vivirá insatisfacción, soledad, miedo y ansiedad. Porque al ser una ficción, su percepción es de absoluta carencia y alteración: por más que lo intente negar, disimular o compensar, se sabe absolutamente vulnerable y, por tanto, amenazado.

Por el contrario, en quien se vive anclado en su verdadera identidad brotan la confianza, la serenidad, la paz, la confianza, el amor… De hecho, todas estas dimensiones no son sino otros nombres de aquella misma única realidad.

Con motivo de los funerales de Nelson Mandela, releí el testimonio que, años atrás, el cardenal Martini había dado sobre él. En una ocasión en que se le preguntó acerca de la persona más especial que había conocido en su vida, Martini respondió con rapidez: «Mandela; un hombre completamente en paz».

Por otro lado, solo la comprensión de nuestra verdadera identidad nos permite salir de la trampa del acumular incesante y ansioso en que se mueve el ego.

Y venimos a descubrir –Jesús también será un signo de ello- que no se trata de acumular, sino de participar en el movimiento de la Vida: dejar que la vida sea, porque nos vivimos alineados con ella, reconociéndola como nuestra identidad última, siempre a salvo: la única que merece toda adoración.

Enrique Martínez Lozano

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GARIZUMAKO 1. IGANDEA, “GURE TENTAZIO HANDIA-NUESTRA GRAN TENTACIÓN”

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mat. 4, 1-11

ECLESALIA «Jesusen tentazioen» kontakizuna ez genuke hartu behar arin-arin. Hor deskribatzen diren tentazioak ez dira ikuspegi moralekoak. Kontakizunak ohartarazten digu geure bizitza hondatu dezakegula, baldin eta Jesusek hartu duen bidetik desbideratzen bagara.

Lehenengo tentazioa joan-etorri erabakitzailekoa da; izan ere, errotik makurtu eta usteldu baitezake gure bizitza. Itxuraz, Jesusi gauza xume eta on bat aurkeztu diote: Jainkoa gosearen zerbitzura jartzea. «Jainkoaren Semea bazara, agindu ezazu harri hauek ogi bihur daitezela».

Alabaina, bat-batean eta era harrigarrian erantzun du Jesusek: «Gizakia ez da ogitik bakarrik bizi, baizik eta Jainkoari ahoari darion hitz orotatik». Bere ogia ez du bihurtu nahi gauza absolutu. Ez du egin nahi Jainkoa bere probetxuaren zerbitzari, Aitaren egitasmoaz ahazturik. Lehenik eta behin Jainkoaren erregetza eta haren zuzentasuna bilatu nahi ditu. Aitaren hitza entzungo du beti.

Gure premiak ez dira asetzen ogia segurtatze hutsaz. Askoz gehiago behar eta desiratzen du gizakiak. Ogirik ez dutenak gosetik eta miseriatik ateratzeko ere, Jainkoari, geure Aitari, entzun beharra dugu, eta geure bihotzean zuzentasunaren, errukiaren eta solidaritatearen ustea esnatu beharra.

Geure tentazio handia gaur egun, gauza guztiak ogi bihurtu nahi dugu. Gero eta maila handiagoan, geure bizitzaren ikusmira murriztea eta mugatzea, geure desioak asetze hutsera; geure bizitzako ideal kasik bakartzat, gero eta neurri handiagoan, ongizate baten eta bereizi gabeko kontsumismo baten obsesioa jartzea.

Geure burua engainatuko dugu, baldin eta pentsatzen badugu hori dela egin beharreko bidea aurrerapena eta askatasuna lortzeko. Ez al gara ikusten ari, jendea mugarik gabeko kontsumismora eta auto-asebetera lerratzen duen gizarte batek ez duela ezer egiten, baizik jendeagan hustasuna eta zentzurik eza sortu eta, bizikidetasunari dagokionez, egoismoa, solidaritaterik eza eta erantzukizunik eza eragin?

Zer dela-eta larritzen gara entzutean, egunero bere buruaz beste egiten duen jende-kopurua era tragikoan ari dela handitzen? Zer dela-eta jarraitzen dugu geure sasi-ongizatean hesiturik, gero eta hesi ez-gizakoiagoak ezartzen, gose direnak gure lurraldean sar ez daitezen, gure bizilekura irits ez daitezen, gure atea jo ez dezaten?

Jesusen deiak lagundu gaitzake jabetzen ezen gizakia ez dela ongizateaz bakarrik bizi. Beharrezkoa du pertsona batek espiritua lantzea, maitasuna eta adiskidetasuna bizitzea, sufritzen ari direnekin solidaritatea garatzea, norberaren kontzientziari erantzukizunez entzutea, biziaren azken Misterioari bihotza esperantzaz irekitzea.

1 Cuaresma (A) Mateo 4, 1-11

NUESTRA GRAN TENTACIÓN

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 05/03/14.- La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.

La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.

Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.

Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.

Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.

Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?

¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?

La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

*MIERCOLES DE CENIZA

ORAR CON LA PALABRA DE DIOS: (2.Co. 5.20- 6,2) (Jl.2,12-18)

*    Un año más, llegamos a este tiempo Litúrgico de la Cuaresma. Con el peligro quizá, de hacerlo ya un poco rutinario. Pero la vida es un “proceso”, un “camino” que hay que seguir con ilusión nueva y esperanza.

*    Con el MIÉRCOLES DE CENIZA iniciamos este tiempo de la CUARESMA. Un tiempo que comienza con la invitación “conviértete y cree en el evangelio”. Una frase que repetimos año tras año pero que encierra una llamada a lo más profundo de cada uno de nosotros: conviértete, cambia tu vida. Busca hacer de tu vida Evangelio, Buena Noticia para otros. Nos tenemos que mirar en el espejo de Jesús y moldear nuestra vida con su estilo y su forma de vivir, de hacer. Este tiempo es para interiorizar, reflexionar sobre el rumbo de nuestra vida. Y sobre todo para acoger y entender la mayor prueba de Amor de Jesús: su Pasión y Resurrección. Es lo que puede cambiar nuestro vivir de forma radical.

*          El Miércoles de ceniza, nos introduce muy bien en todo lo que es esencial en la cuaresma: Liberación, conversión, plenitud. Y para eso hay que renunciar a vivir desde la superficialidad y la incoherencia.
No es tiempo de tristeza, es tiempo de alegría.
Es tiempo de CAMINAR EN COMPAÑÍA. El sentido comunitario debe crecer, ya que es toda la Iglesia la que está llamada a CAMINAR  hacia la Liberación, la PASCUA…

*          Debemos descubrir nuestro nomadismo. Somos un pueblo nacido en un creyente ABRAHAM, que se puso en marcha a la búsqueda del Dios vivo. . No somos un pueblo de “sentados”, somos  un pueblo de CAMINANTES, como Jesús de Nazaret. Y El, nos dice” SED PERFECTOS COMO LO ES EL PADRE”… Es hora de CAMINAR.

*          La cuaresma no es privación, es ENRIQUECIMIENTO; no es negatividad, es CREATIVIDAD, un esfuerzo por renovar, cambiar, construir, conquistar, pero claro todo esto requiere esfuerzo con alegría.
*          Es el tiempo oportuno de poner el corazón pecador junto al corazón misericordioso de Jesús y experimentar su calor y su ternura.
La ternura de Dios está en que no nos condena. La ternura de dios está en que nos está esperando siempre. La ternura de Dios está en que tiene paciencia con nosotros. La ternura de Dios está en que nos quiere por encima de nuestro cariño o frialdad. La ternura de Dios está, en la Palabra que quiere decirnos en el secreto del corazón, cuando nos parece que no podemos escuchar nada que nos cambie.

*          ¡La ternura de Dios…!…
*          La cuaresma sabemos bien que es tiempo de preparación para LA PASCUA, un tiempo favorable, para la conversión y el crecimiento.
Es un tiempo de gracia, que vamos a pedir, porque sin ella no hay crecimiento posible de nuestra “estatura” espiritual.

  • En esta Cuaresma, en estos tiempos no fáciles, ¿por qué no nos proponemos crecer en el encuentro hacia el otro, el hermano, el que me necesita? El pobre, el solo, el…
  • Vamos a ponernos en CAMINO. Vamos a celebrar una cuaresma “PEREGRINA”, con todo lo que lleva de desistalación, de búsqueda, de sorpresa, de crecimiento, de confianza y esperanza.
  • ¡ÁNIMO! Y ¡EN MARCHA!
    A esto nos introduce el miércoles de ceniza: a la CONVERSIÓN, al CAMBIO, a DAR UN GIRO A NUESTRA VIDA. A ver si con la ayuda de Jesús de Nazaret, nuestro Dios, somos capaces de darlo de 360º. Empezaremos a lo mejor por 30º, luego 60º… el camino es largo pero apasionante. Que no nos falte GENEROSIDAD y ALEGRÍA.

¿NOS PONEMOS EN CAMINO?

ORACIÓN PARA EL MIÉRCOLES DE CENIZA.

La tierra y el polvo me recuerdan lo que soy y lo que seré
La tierra y el polvo me recuerdan  que Tú Jesús de Nazaret eres mi alfarero, pero no me he dejado modelar, soy arcilla rebelde, ni cocer al fuego de tu Espíritu.

Miércoles de ceniza:

Hora de hacer una hoguera con todo mi egoísmo. Hora de quitar estorbos de mis oídos, y hacer silencio para volver a escucharte y a escucharme.

Miércoles de ceniza:

Como ella,  debo entrar en el horno de tu Espíritu y dejarme transformar en el cántaro que Tú quieras.
Sé que puedo renovarlo y quiero hacerlo con tu ayuda.

Miércoles de ceniza:

Cuarenta días para dejarme encontrar por Ti, para darme cuenta de que me esperas a la puerta de casa.
Cuarenta días para pedirte perdón y ayunar de tantas cosas que me sobran y otros necesitan.
Cuarenta días para escuchar  más atento tu Palabra y dejar que sea tu Pan quien me sacie y tu perdón quien me restaure.
Un poco de ceniza en el rostro me puede poner en camino de verdad:

NO HAY CAMINO FUERA DE DIOS.

Y hoy mismo comienzo el camino de retorno a Tu casa que es mi casa: JESUS DE NAZARET,
MI DIOS. MI AMIGO

ZURIÑE

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.6.24-34)

  • DOMINGO 8º. T.O.-A- MARZO-2-2014

*          El pasaje del evangelio de hoy nos muestra, por una parte, que la preocupación fundamental del cristiano ha de ser la búsqueda del Reino de Dios y su justicia.
A la vez, Jesús nos invita a una confianza total en Dios, la misma que Él tenía.
*          Es evidente que tenemos que comer, que debemos vestirnos y hemos de tener una vida digna. Y debemos hacer lo posible para que todo el mundo la tenga. Lo que nos dice Jesús es que estos aspectos de la vida no nos obsesionen a tal punto que nos impidan la auténtica humanización.
“No podéis servir a Dios y al dinero”. Dios no puede reinar  entre nosotros sino preocupándose  de todos y haciendo justicia a los que nadie hace. Por lo tanto, Dios sólo  puede ser servido allí donde se promueve la solidaridad y la fraternidad. Mientras haya pobres y necesitados, toda la riqueza, que uno acapare para sí mismo sin necesidad, es injusta, porque está privando a otros de lo que necesitan. Cuando la riqueza de unos, se está consiguiendo a consta de la pobreza de otros.

*          Cuando uno busca el Reino de Dios y su Justicia, el despego interior se traduce en verdadero compartir. Jesús, después de invitarnos a vivir sin agobios añade: “Buscad el Reino de dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura” Esto significa que la confianza en la Providencia de Dios hemos de vivirla como búsqueda activa de la justicia de Dios entre las personas.
*          En momentos de crisis como los actuales, en los que todos tendemos a buscar con cierta angustia lo que nos parece urgente y vital, esta es la llamada y el reto de Jesús: “No perdáis el ánimo. Dios no se ha olvidado de nosotros. “Buscad el Reino de Dios y su JUSTICIA; lo demás se os dará por añadidura”.
*
ORACIÓN

*                                  EL POBRE SE CANSA DE ROGAR
*          El pobre se cansa de rogar que le hagan justicia. Se ve muy solo porque el rico es muy poderoso y todo lo pretende comprar; todo tiene un precio, se hace dueño de las cosas y de las personas.
Jesús de Nazaret, muchos no te conocen, nadie les ha dicho que eres Bueno, Misericordioso, no saben que también para ellos tienes un Reino de Amor.
*          Pero no basta con decirles quién eres, tampoco basta con enseñarles tu Mensaje. Poco se hace si no compartimos dinero y vida.
*          Llámanos, Jesús de Nazaret, desde los pobres de la tierra; grítanos, para que nos duela muy dentro, para que nos demos cuenta que no nos falta de nada. Y que sepamos responder a la llamada de los pobres en esta sociedad actual, porque es TU LLAMADA. AMÉN
* ZURIÑE

8º DOMINGO T.O., «EL TESORO QUE SOMOS»

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 6, 24-34

Este modo de hablar únicamente es posible en quien ha experimentado «aquello» que es «lo único necesario» (Lc 10,42). Jesús lo nombraba como «Reino de Dios», y se refería a ello como el «tesoro escondido en el campo»: quien lo encuentra –decía-, «lleno de alegría, vende todo lo que tiene y compra aquel campo» (Mt 13,44). Y decía también que se hallaba «dentro de nosotros» (Lc 17,20).

¿Qué es exactamente ese «tesoro» que, cuando se descubre, todo lo demás es «añadidura»?

Los humanos lo hemos nombrado de diversas maneras. En clave religiosa, hemos hablado de «cielo», «salvación», «Dios»… En clave laica, se ha llamado «felicidad», «sentido», «plenitud»… En clave espiritual, finalmente, nos hemos referido a ello como «realización», «despertar», «iluminación»…

Jesús lo llamaba «Reino de Dios». Pero los nombres no sirven de mucho a quien no lo ha experimentado. De hecho, pueden confundirnos, al menos por dos motivos: por un lado, porque al nombrarlo, corremos el riesgo de objetivarlo y percibirlo como separado de nosotros (caemos en la dualidad); por otro, porque tendemos a leerlo en clave voluntarista, como algo que sería consecuencia de nuestro esfuerzo o exigencia (fortalecemos el ego, que ahora se creería «mejor» que los otros, sin contar con que quedaríamos de nuevo frustrados: porque ese «tesoro» no está al alcance de nuestra exigencia).

De entrada, podemos reconocer lo que no es: no es «algo» (un objeto delimitable) y no está «fuera» de nosotros (algo que nos faltaría).

No es tampoco algo que pueda ser dañado ni eliminado. Más bien al contrario, es lo único permanente en medio de todo lo demás, que es cambiante.

Pero, al no ser un objeto, no podemos definirlo ni pensarlo; únicamente podemos serlo. Estamos hablando, por tanto, de nuestra identidad más profunda, aquello que somos y que compartimos con todo lo que es.

Lo nombramos como Presencia o Consciencia de ser; es lo único de lo que no podemos dudar: que somos; es la fuente de nuestro sentido de ser. Pero no podemos buscarlo por el camino del razonamiento –la mente no es herramienta adecuada para ello-, sino en la experiencia inmediata de ser: acallamos el pensamiento, y percibimos la Presencia o Quietud. En la medida en que nos permitimos saborearla, reconocemos la Plenitud y se nos regala la sabiduría.

Lo único necesario, por tanto, es responder adecuadamente a la pregunta: ¿quién soy yo? Sin quedarnos a medio camino –en una respuesta psicológica, por ejemplo; o simplemente mental y emocional-, ese interrogante nos conducirá a aquello que es lo único permanente, la consciencia de ser, el núcleo último de todo lo real, el misterio de lo que es.

Eso –lo que somos- reviste, entre otras, dos características básicas: se halla siempre a salvo y abraza la realidad completa. Nada se pierde, nada queda fuera de ello: eso es –diría Jesús-el «Reino de Dios».

Es esa experiencia –o, por decirlo con mayor precisión, esa comprensión- la que constituye la fuente de toda confianza y de toda desapropiación. En lo que somos, no hay nada que pueda dañarnos. Y si hemos descubierto el tesoro, ¿cómo seguir esclavizados a otros «amos»?

El agobio es síntoma de que hemos desconectado de nuestra verdadera identidad, nos tomamos por lo que no somos, nos hemos alejado de nuestro hogar.

La sabiduría nos dice que no hay que preocuparse por lo que suceda. Nada de lo que suceda puede cambiar lo que somos.

Jesús, el hombre asentando en una confianza inquebrantable, que prevenía contra el agobio, tenía razón: «Buscad el Reino de Dios, y lo demás se os dará por añadidura». Vive en conexión con quien eres, y te verás siempre a salvo y desprendido.

 

Enrique Martínez Lozano

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8. IGANDEA URTEAN ZEHAR, “EZ DIRUAREN IDOLATRIARI-NO A LA IDOLATRIA DEL DINERO”, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mateo 6, 24-34

ECLESALIA, 26/02/14. Dirua, erabateko idolo bihurtua den hori da Jesusentzat etsairik handiena, Jainkoak duinago, zuzenago eta solidarioago nahi duen mundu honentzat. Hogei mende dira jada, Galileako Profetak salatu zuela: Gizadiak Diruari eskainitako kultua izango duela beti oztoporik handiena, elkar bizitza gizakoiago baterantz jo ahal izateko.

Guztizkoa da Jesusen logika: «Ezin izan zarete Jainkoaren eta Diruaren zerbitzari». Jainkoa ezin izan da errege munduan, ezin izan da guztien Aita, baldin eta zuzentasuna exijitzen ez bada bizitza duin batetik baztertuak direnentzat. Horregatik, Jainkoak nahi duen mundu gizakoiago horrentzat ezin lan egin dute, aberastasunak metatzeko irrikak harturik, jenderik ahulena baztertu eta goseari eta miseriari emanik uzten duen ekonomia bat sustatzen dutenak.

Txundigarria da Frantzisko aita santuarekin gertatzen ari dena. Komunikabideek eta interneten zirkulatzen duten sare sozialek Frantziskoren keinurik txikienen berri xehetasun-mota oroz ematen digute; baina ezkutatu egiten dute, era lotsagarrian, Gizadi osoari egiten dion deiadarrik premiazkoen hau: «Ez borobil bat ekonomia baztertzaile eta zital bati. Hiltzailea da ekonomia hori».

Alabaina, Frantziskok ez du argudiatze luzeen beharrik, ezta analisi sakonen beharrik ere, bere pentsaera adierazteko. Gai da bere haserrea hitz argi eta adierazkorrez laburtzeko; edozein teleberriren albistegiren lerroburu edota edozein lurraldetako prentsaren titulu nagusi izan litezkeen hitzez, alegia. Adibide batzuk, soilik.

«Ezin onar liteke albiste ez izatea adineko pertsona bat hotzak hiltzea kale gorrian eta, aldiz, albiste izatea burtsak bi puntuz behera egin izana. Bazterketa da hori. Ezin onar liteke janaria botatzea, goseak dagoen jenderik baden bitartean. Zitalkeria da hori».

«Aurpegirik gabeko eta zinezko helburu gizatarrik gabeko ekonomia baten diktadurapean» bizi gara. Ondorioz, «gutxi batzuen irabaziak esponentzialki hazten diren bitartean, gehiengoen irabaziak gero eta beherago doaz gutxiengo zoriontsu horren ongizatearen aldean».

«Ongizatearen kulturak anestesiatu, sorgortu egiten gaitu, eta ez gara lasai gelditzen, baldin eta merkatuak artean erosi ez dugun zerbait eskaintzen badigu; eta, ahalbide faltaz hegoak ebakirik gelditu diren beste bizitza horiek ezertan erasaten ez diguten ikuskari huts gertatzen zaizkigu».

Frantziskok berak esana duenez, «mezu hau ez da marxismoa, baizik Ebanjelio hutsa». Gure kristau-elkarteetan etengabeko oihartzuna izan beharko lukeen mezu bat da. Horren kontrakoa, Frantziskok esaten digun beste honen seinale izan liteke: «Besteen garrasiez errukitzeko ezgai bihurtzen ari gara, ez dugu jada negarrik egiten gainerakoen dramaren aurrean».

 

8 Tiempo ordinario (A) Mateo 6, 24-34

NO A LA IDOLATRÍA DEL DINERO

 

ECLESALIA, 26/02/14.- EL Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo de ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la Humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.

La lógica de Jesús es aplastante: “No podéis servir a Dios y al Dinero”. Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos, sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso, no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.

Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la Humanidad: “No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata”.

Sin embargo, Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario, o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.

“No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es iniquidad”.

Vivimos “en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”. Como consecuencia, “mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz”.

“La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esa vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera”.

Como ha dicho él mismo: “este mensaje no es marxismo sino Evangelio puro”. Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el Papa: “Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 5.38-48)

DOMINGO 7º – T.O. –A,  FEBRERO 23-2014

En el fondo del evangelio de hoy descubrimos un profundo convencimiento de Jesús: el perdón el Amor, la misericordia vienen de Dios y cuentan con su fuerza.
Para entender la novedad de las palabras de Jesús hace falta conocer la ley y las costumbres de aquella época. El  pueblo de Israel ya conocía el mandato de Amor por los libros sagrados. Pero este mandato estaba condicionado por la leyes y costumbres como la ley del Talión (ojo por ojo, diente. diente…) En el mundo de hace 2000 años, no era una ley de venganza sino de frenar  la violencia y la venganza… Jesús propone otro camino. Jesús en cambio vence el odio por Amor, lo cual no significa pasividad. La invitación a “poner la otra mejilla” parece que tiene muy poco de esa actitud… amad a vuestros enemigos, nos dice… y rezad por los que os persiguen… Un programa de valientes que nos desconcierta, porque es lo contrario de nuestras reacciones. Y, por tanto, ahí tenemos la norma humana del Dios invisible, Jesús, Ley nueva que vive El mismo y que lo propone a sus discípulos y a la muchedumbre.
Jesús, hizo una síntesis de lo que esto significa cuando en el interrogatorio ante el sumo Sacerdote, fue abofeteado (Jn. 18.22-23). Él, no puso la otra mejilla sin más, sino que se quejó de aquella violencia: “¿Por qué me pegas?” Jesús, con esto nos enseñó, que ante la agresión no se debe responder agrediendo, pero tampoco callarse sin más. Es necesario protestar ante las injusticias, pero sin violencia y esto, es hacer ver los abusos y una buena manera de amar a los prepotentes para que cambien.

“Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Esta invitación de Jesús hecha a sus discípulos, parece desmedida., pero es una llamada de Jesús a la práctica de la compasión y la misericordia, así es dios. Pero también a ser santos desde la protesta contra una sociedad injusta, que ejerce todo tipo de violencia contra los pobres e inocentes.
Lo que Jesús ha visto con claridad y quiere cambiar es que no se lucha contra el mal y no se construye el Reino cuando se destruye a las personas. Hay que combatir la injusticia y el mal sin buscar la destrucción del adversario. Jesús insiste en que la acogida, el amor el ser amable, no sólo sea ante el amigo o la persona agradable, sino incluso ante quien nos rechaza. Recordemos unas palabras suyas que nos revelan su estilo de ser:

“Si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis de extraordinario?”…

  • ORACIÓN
  • Jesús de Nazaret, ayúdanos a vivir a tu estilo, queremos, pero nos resulta difícil…

Y vemos que el sol sale, para buenos y malos y lo mismo la lluvia… A todos ofreces tus palabras de Vida.
Amas a todos, pero no eres neutral: Amas al injusto, pero detestas la injusticia. Amas al pobre, pero detestas la pobreza… Amas al pecador, pero detestas el pecado…

Tú nos propones construir la persona y la comunidad a partir de la bondad y el amor gratuito y la generosidad.

A veces nos da miedo tu propuesta Jesús de Nazaret, porque pensamos que si hacemos lo que tú nos dices los demás nos pasarán por encima.

Y tú, sigues invitándonos a no tener miedo ni a poner límites para seguir el camino del Evangelio.

Ayúdanos a confiar en la fuerza de tu Amor, a creer de veras en tu Palabra, a dejarnos transformar desde dentro por la presencia de tu Espíritu Santo.

Que no busquemos otros modelos para la construcción de nuestras vidas y de nuestras comunidades y familias a no ser el que Tú nos ofreces.

Que nuestro deseo sea acoger el Reino que el Padre quiere construir contigo y con nosotros. AMÉN
* ZURIÑE

 

 

7º DOMINGO T.O., «SABIDURÍA Y COMPASIÓN», E. Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mt 5, 38-48

De entrada, puede sonar extraño leer semejante consigna: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto». Sobre todo, si somos conscientes, tanto de las nefastas consecuencias del perfeccionismo, como de los problemas no resueltos que busca ocultar –y que suelen guardar relación directa con sentimientos de culpabilidad y de indignidad-.

Algunos exegetas interpretan que, en hebreo, se querría aludir a algo «completo». En ese sentido, la invitación a ser «perfectos» habría que entenderla como una llamada a aceptarse en toda la propia verdad. Este sentido sería totalmente asumible desde una antropología humanista, como un principio básico de unificación y crecimiento: acéptate con toda tu verdad, con tu luz y tu sombra, tus aciertos y errores, tus cualidades y defectos…

Pero no sería extraño que el escriba autor del evangelio quisiera realmente hacer una llamada a la «perfección», tal como la han entendido muchas personas religiosas a lo largo de la historia. El propio grupo fariseo se caracterizaba por una actitud de ese tipo y numerosos colectivos religiosos han nacido y han crecido siguiendo las pautas de formación del llamado «ideal de perfección», que tanta rigidez, culpabilidad, escrúpulos… y fariseísmo ha generado.

No sería extraño que esa fuera la interpretación de Mateo, porque ya Lucas modifica las palabras de Jesús para escribir: «Sed misericordiosos [compasivos] como vuestro Padre es misericordioso [compasivo]» (Lc 6,36). Sin duda, esta expresión parece más ajustada, incluso por todo el contexto.

La compasión constituye una de las entrañas del mensaje evangélico, y ha sido especialmente subrayada por Lucas. Jesús aparece fundamentalmente como el hombre compasivo y fraternal, hasta el punto de identificarse con todos, especialmente con aquellos que pasan necesidad, llegando a decir: «Lo que hicisteis a uno de ellos, me lo hicisteis a mí» (Mt 25,31-45).

Porque la compasión nace de la comprensión. Solo cuando yo sé –no conceptual, sino experiencialmente- que «tú eres otro yo», brotará de mi corazón un sentimiento compasivo y una acción eficaz en tu favor.

Y únicamente entonces seremos capaces de leer y comprender las palabras de Jesús que recoge el texto que estamos comentando. Sin aquella experiencia –sin la sabiduría que nace más allá de la mente-, es imposible amar al enemigo, dar la capa a quien te quiere quitar la túnica, o no rehuir a quien te pide.

Una tal actitud brota únicamente en aquellas personas que, de un modo consciente o no, se viven en conexión con su verdadera identidad, la identidad compartida con todos los seres. De otro modo, es imposible. Y convertimos el texto del evangelio en un principio moralizante que exige algo inhumano, para terminar frustrados, decepcionados o cínicos.

Vivirse en conexión con la verdadera identidad implica haber tomado distancia del ego, hasta el punto de dejar de creer que lo es que bueno para el ego es bueno para mí. Y empezar a descubrir justamente lo contrario: quien «yo soy» sabe que «tu bien es mi bien», porque somos solo uno.

Lo que ocurre es que eso no puede verse ni vivirse desde el yo. Porque mientras dure nuestra identificación con él, no podremos hacer otra cosa que sostenerlo a toda costa y a cualquier precio.

Sin embargo, en los momentos en que nos hallamos en conexión con nuestra verdadera identidad, no solo amamos lo que es, sino que vemos caer cualquier exigencia egoica, porque el ego ha dejado de ser nuestro centro de interés.

La conclusión a la que llegamos parece evidente: se trata de favorecer la comprensión, de crecer en consciencia. Y ello implica avanzar en la desidentificación del yo. Todos los medios que nos ayuden a reconocer que no somos el yo, serán bienvenidos como herramientas que nos hacen crecer en libertad y en consciencia de nuestra verdadera identidad.

Esta es, en mi opinión, la razón última por la que Jesús no fue un moralizador, sino un maestro de sabiduría. Porque solo desde la sabiduría (= el reconocimiento «saboreado» de nuestra verdadera identidad) es posible la compasión.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com