*ORAR CON EL EVANGELIO.(Mt.24.37-44)

• DOMINGO I DE ADVIENTO.-A- DICIEMBRE 1 DE 2013
• El próximo domingo día 1 de diciembre iniciamos el ADVIENTO.
¿Qué es Adviento?, sin duda lo sabemos, pero nos viene muy bien recordarlos de nuevo con palabras sencillas.
Adviento es un tiempo cuyo nombre (adventus) significa “VENIDA”. Al revivir la espera gozosa del Mesías en su Encarnación, preparamos el regreso del Señor al fin de los tiempos:
VINO, VIENE, VOLVERÁ.
* El tiempo de Adviento tiene dos características: es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de NAVIDAD en que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a nuestra tierra y un tiempo en el cual, con fe, recordamos y esperamos la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos.
Por esos dos motivos, Adviento se presenta como un tiempo de piadosa alegre esperanza.
* Aviento, un tiempo, para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro nuestro, y nosotros vamos en busca de Dios.
* Las personas deseamos la Paz, aspiramos a la justicia y a la libertad, soñamos la felicidad. Desde siempre. De generación en generación, de año en año, se prolongan estos deseos, y frecuentemente nos decepcionamos.
* En estas llamadas y búsquedas de las personas a Dios se recuerda la historia de Israel, el pueblo de Dios en el que se realizan las promesas que nos conducen a Cristo Jesús que nos las da con su Venida.
* Con estos deseos de la Venida del Salvador, la Iglesia, hace hoy, su oración. Nos asegura que Dios cumple sus Promesas. El profeta Isaías, Juan Bautista, nos van recordando, que tenemos que recibir y acoger a Cristo Jesús, como lo hizo María.
* ADVIENTO. Para nosotros es. Re-encontrar, en el fondo de nosotros mismos, todo lo que puede ser salvado; volvernos hacia Cristo, que vendrá un día en su gloria pero que YA ESTÁ y nos espera. Volverse hacia Cristo es lo que llamamos “CONVERSION”. Adviento es tiempo de CONVERSION, de ver lo que tenemos que CAMBIAR. Y así vivir este tiempo de “espera” de “Esperanza”
Y entre el ayer y el mañana, el hoy. El hoy, que se expresa en nuestra oración:
* ¡VEN, SEÑOR JESÚS!.
*
*PREGON DE ADVIENTO
Preparad vuestros corazones, y Dios los llenará con su alegría
Allanad vuestros caminos, y el Señor os conducirá hacia la verdad.
Abrid vuestros hogares, y Jesús, los inundará con su presencia.
¡ES ADVIENTO!
Viene el Señor y, tal vez, no nos preguntamos por qué ni para qué viene.
Aparecerá el Señor, para todo aquel que, desee nueva vida, nueva sociedad, nuevo mundo.
¡ES ADVIENTO!
Preparad vuestros corazones, y Dios los llenará con su alegría
Allanad vuestros caminos y, el Señor, os conducirá hacia la verdad.
¡ES ADVIENTO!
Dios, en búsqueda de toda persona humana viene humanándose en Jesús. Desciende buscándonos a cada uno y a todos, si sabemos esperarle.
¡ES ADVIENTO!
Y, sólo velando, reflexionando, orando, abriendo los ojos a nuestra realidad actual en actitud de servicio y de igualdad, l podremos descubrir la llegada del Señor, del Salvador.
Sólo estando atentos, sin escuchas, en permanente vigilancia podremos comprender que, más pronto o más tarde, El, el Señor llama a nuestra puerta, a nuestra vida.
¡ES ADVIENTO!
El Señor, vino, viene y vendrá.
¡ES ADVIENTO!
Es Dios que llama a toda persona de buena voluntad para llenarla de LUZ.
Que el ADVIENTO que hoy empezamos renueve y fortalezca nuestra esperanza sabiendo vivir y comunicar a los demás la alegría y la esperanza de la fe y trabajando por la construcción del Reino sirviendo a los demás. Reino que El viene a traer, para hacerlo nuevo.
Jesús nos advierte que estemos atentos.
Porque el viene,
Viene a llenarnos de vida, de alegría, de paz y de LUZ para caminar.
¡ES ADVIENTO!
Hermanos, hermanas con alegría, lo vamos a celebrar.

ORACIÓN
Cristo hijo de Dios, has aparecido en forma humana, te has hecho caminante como nosotros e intentas entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir tu vida con nosotros. Sabemos que llamas a la puerta de nuestro interior pero jamás forzarás la entrada.
Ayúdanos a profundizar desde nuestro interior: ¿Por qué vienes? Y ¿Para qué?
Tú mismo nos dices: “ESTAD EN VELA”. “ESTAD PREPARADOS”
Que el Adviento que hoy comenzamos, nos impulse a seguir tu Camino de salvación llenos de fortaleza y esperanza. Tu palabra es esta: “He aquí que estoy a la puerta y llamo”
Señor, que sepamos escuchar tu voz, que nos llega por medio de los otros. Que abramos la puerta de nuestro corazón para acogerte a Ti. Y en Ti a todo el que lo necesita.
Así nos harás descubrir el por qué vienes y el para qué.
Que en este Adviento, escuchemos tu Palabra con fe, que la oración nos lleve al compromiso, que la Eucaristía con tu presencia y alimento nos llene de fuerza y que unos a otros nos contagiemos de la alegría de tu venida y nos haga comprender y vivir tus tres venidas:
“VINISTE, VIENES Y ESTÁS PRESENTE Y VENDRÁS”
Y cada día llamas a mi puerta, a nuestra puerta: (¿La abriré? ¿La abriremos?
Que la comunidad sea una de nuestras llaves para abrir. AMÉN.

SEGUIMOS ORANDO EN ESTE PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Señor, al iniciar la andadura de un nuevo AÑO LITÚRGICO, nos animas a vivir siempre en VELA, esperando que vengas en cualquier momento. Nos invitas a un tiempo de ESPERA ALEGRE. Ayúdanos a no caer en el desánimo aunque los tiempos sean difíciles. Que sepamos estar DESPIERTOS para no dejarnos llevar por la superficialidad. Que nos ayude en este tiempo, tu Palabra que por medio de San Pablo nos dice:
“Ahora, la salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.
Por eso necesitamos de tu Luz.
Danos fuerza y esperanza para mantenernos unidos en el trabajo, la familia la comunidad y la fiesta. Porque Dios quiere que hagamos de los deshechos humanos personas nuevas. Haciendo del dolor consuelo, y de la opresión libertad.
Que tu Espíritu nos ayude a trabajar por la igualdad. Por eso te decimos:
VEN, SEÑOR JESÚS TE NECESITAMOS.
Que la figura de MARIA REINA Y MADRE DEL ADVIENTO, nos ayude en este camino. AMÉN
ZURIÑE

ABENDUALDIKO LEHENENGO IGANDEA, «BEGIAK IREKIRIK-CON LOS OJOS ABIERTOS»

BEGIAK IREKIRIK

Mt 24, 37-44

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lehen kristau-elkarteek urte oso latzak bizi izan zituzten. Erromaren Inperio handi hartan galdurik, gatazka eta pertsekuzio artean, kristau haiek indarra eta arnasa bilatzen zuten, Jesusen berehalako etorreraren zain eta haren hitz hauek gogoan: Egon erne. Bizi esna. Ukan begiak irekirik. Bizi adi-adi.

Ba al dute guretzat garrantzirik esna bizitzeko Jesusen hitz horiek? Zer da gaur egun kristauentzat Jainkoagan esperantza jartze hori, begiak irekita biziz? Geure mundu sekular honetan, gai izango ote gara behin betiko alde batera uzteko azken zuzenbidea Jainkoa izango den esperantza, inolako errurik gabe sufritzen ari diren biktima errugabe horiei dagokienez?

Hain juxtu, kristau-esperantza faltsu bihurtzeko erarik errazena da hori: geure betiko salbazioa Jainkoagandik espero izatea, munduan orain berean den sufrimenduari ezikusiarena eginez. Egun batean aitortu beharra izango dugu geure itsutasuna Kristo Epailearen aurrean: Noiz ikusi zintugun goseak edo egarri, arrotz eta biluzik, gaixo edo kartzelan, eta guk arretarik eskaini ez? Horixe izango da gure azken elkarrizketa Jesusekin, baldin eta begiak itxita bizi bagara.

Esnatu beharra dugu eta begiak ondo ireki beharra. Azti bizi beharra, geure probetxu eta kezka koxkorrak baino harago begiratzeko. Kristauaren esperantza ez da jarrera itsu bat, ez ditu ahazten inoiz ere sufritzen ari direnak. Kristau-espiritualitatea ez datza nork bere barnera begiratze hutsean; aitzitik, bere bihotza arretatsu du bere zorian bazter utziak direnei dagokienez.

Kristau-elkarteetan gero eta ardura handiagoa bizi behar dugu, geure bizimoldeak pobreez axolagabetzera eta ahaztera eraman ez gaitzan. Ezin bil-bil gaitezke goxo-goxo geure erlijioan, egunero goseak hiltzen ari direnen garrasia ez entzuteko. Ez dugu zilegi geure errugabetasun-ilusioari laineza ematea, geure patxada defenditzeko.

Jainkoarekiko esperantza, lur honetan ezer espero ezinik bizi direnez ahazten den hura, ez ote dugu hartu behar kosta ala kostako optimismo baten bertsio erlijiosotzat, argitasunik eta erantzukizunik gabe bizitakotzat? Sufritzen ari direnei ezikusiarena eginez nork bere betiko salbazioa bilatzea, ez ote dugu eman behar «haratagora luzatutako egoismo» sotiltzat?

Segur aski, munduan den egundoko sufrimenduaz jendeak bizi duen sentiberatasun koxkorra da gaur egungo kristautasunaren zaharkitzearen seinalerik larriena. Frantzisko aita santua, «Eliza pobreagoa eta pobreenagoa» aldarrikatzen duenean, ari zaigu hots egiten bere mezurik garrantzizkoena ongizatearen lurraldeetako kristauei.

CON LOS OJOS ABIERTOS

Mt 24, 37-44

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, .- Las primeras comunidades cristianas vivieron años muy difíciles. Perdidos en el vasto Imperio de Roma, en medio de conflictos y persecuciones, aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta.

¿Significan todavía algo para nosotros las llamadas de Jesús a vivir despiertos? ¿Qué es hoy para los cristianos poner nuestra esperanza en Dios viviendo con los ojos abiertos? ¿Dejaremos que se agote definitivamente en nuestro mundo secular la esperanza en una última justicia de Dios para esa inmensa mayoría de víctimas inocentes que sufren sin culpa alguna?

Precisamente, la manera más fácil de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra salvación eterna, mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo. Un día tendremos que reconocer nuestra ceguera ante Cristo Juez: ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Este será nuestro dialogo final con él si vivimos con los ojos cerrados.

Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida nunca a los que sufren. La espiritualidad cristiana no consiste solo en una mirada hacia el interior, pues su corazón está atento a quienes viven abandonados a su suerte.

En las comunidades cristianas hemos de cuidar cada vez más que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia o el olvido de los pobres. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren diariamente de hambre. No nos está permitido alimentar nuestra ilusión de inocencia para defender nuestra tranquilidad.

Una esperanza en Dios, que se olvida de los que viven en esta tierra sin poder esperar nada, ¿no puede ser considerada como una versión religiosa de cierto optimismo a toda costa, vivido sin lucidez ni responsabilidad? Una búsqueda de la propia salvación eterna de espaldas a los que sufren, ¿no puede ser acusada de ser un sutil “egoísmo alargado hacia el más allá”?

Probablemente, la poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo es uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Cuando el Papa Francisco reclama “una Iglesia más pobre y de los pobres”, nos está gritando su mensaje más importante a los cristianos de los países del bienestar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.23.35-43)

* DOMINGO 34. T.O.-C- NOVIEMBRE 24
*JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO”

* La solemnidad e Cristo Rey que hoy celebramos, la instituyó el papa Pío XI en 1925.
Con esta fiesta terminamos el año Litúrgico y también el “Año de la Fe” que hemos vivido queriéndola hacer más viva, más entregada, más agradecida.
Es un querer dar a Cristo el máximo título a nivel humano con el que podemos distinguir a una persona: es el rey, es lo más, (aunque en estos tiempos esa categoría no nos agrade…) está por encima de todo y de todos. Y su Reino está cerca de nosotros. En el Evangelio la palabra Reino la repite Jesús 90 veces.). Pero su realeza no pertenece a ninguna casa real de nuestro mundo, sino que viene dada por su entrega amorosa a la humanidad. Jesús es Rey porque hace presente el reino de Dios, su Padre, y lo hace con su entrega en la Cruz. En el Evangelio de hoy escuchamos un momento de su Pasión, el juicio ante Pilatos, donde Jesús confirma sus palabras con la entrega de su vida.: Jesús es Rey por su entrega en la Cruz. Pero conviene no pasar por alto la figura de Pilato, porque hay personas de las que aprendemos LO QUE NO HAY QUE HACER, y esta sería una de ellas. Pilato ha pasado a la historia por su “LAVARSE LAS MANOS” ante Jesús, símbolo de querer desentenderse de la realidad y ser indiferente e insensible ante lo que está pasando…
* En el credo decimos “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato”, referido a Jesús, y es verdad que padeció y mucho… Y nos damos cuenta a nada que leemos o vemos noticias que hay muchos “Pilatos” por culpa de los cuales la gente sigue padeciendo, como Jesús. Pero el final de Jesús es distinto y también lo será el nuestro. La Resurrección es la gran victoria, nuestra gran victoria también. La entrega de la vida no se queda sin recompensa. Pero mientras, habrá que dar la cara como cristianos frente a tanto sufrimiento de las personas. Con alegría, así lo escuché en la Asamblea de Herrieliza este sábado 16. Muchas comunidades y personas, no quieren “lavarse las manos”, buscan el cómo y el por qué de seguir construyendo el Reino que Jesús de Nazaret comenzó y nos lo dejó en nuestras manos para continuarlo.
* Para esto, es bueno que nos preguntemos, para luego actuar, si Cristo ¿reina o no dentro de mi? ¿Quién fija los objetivos y prioridades en mi vivir?…
* Tu fuiste Jesus de Nazaret. El Rey de la paz, de la misericordia, del perdón de la bondad, de La justicia, de la fiesta, de la alegría, del AMOR. El es nuestro Camino a seguir. Con ánimo esperanzador.

• ORACIÓN
• Jesús de Nazaret, Rey nuestro, te pedimos que nos ayudes a fijar en ti la mirada y el corazón para que podamos seguir tus huellas y aprendamos de Ti a perdonar, a confiar, a compartir con los necesitados. A valorar a las personas y a trabajar por el bien y felicidad de todos y tener como un honor el ayudar a los necesitados como Tú te hiciste como servidor de todos. Y hoy con fe y esperanza, te decimos cada uno y en esta comunidad aquí reunida, recordando tu Muerte y Resurrección en esta Eucaristía, las palabras de aquel malhechor crucificado junto a Ti:
“JESÚS DE NAZARET, ACUÉRDATE DE MI, DE NOSOTROS DESDE TU REINO DONDE NOS ESPERAS”. AMÉN

• (Seguimos orando)
• LA MISIÓN DEL REINO ES ARRIESGADA
• Sabemos, Jesús de Nazaret SABEMOS que la misión de trabajar por el Reino, tu Reino es labor arriesgada.
Sembrar buena semilla en la tierra dura y limpiar las espinas y las zarzas es costoso, lo sabemos; pero Tú nos has llamado a seguir construyendo tu Reino
A veces nos cuesta hablar de Dios, defender a los pobres y oprimidos, estar con los que pierden. Cuidar y velar para repartir bien los frutos de la tierra.
Y este es el fruto de tu Reino, que es Vida y es Verdad, que es Justicia y es Amor.
Nos resulta a veces duro enseñar y vivir el evangelio con sus bienaventuranzas.
Por eso te pedimos a Ti, Jesús de Nazaret, verdadero Rey de la humanidad que estés con nosotros alentándonos con tu Espíritu, acompañándonos con tu Esperanza y así brotará un día entre nosotros tu
REINO DE VERDAD, VIDA Y AMOR. AMÉN
ZURIÑE

24 de NOVIEMBRE de 2013, JESUS PUNTO DE ENCUENTRO, Fray Marcos

JESÚS, PUNTO DE ENCUENTRO

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 23, 35-43

La acción se sitúa en el calvario. Jesús está en la cruz, y Lucas subraya el aspecto más hiriente de su muerte: a los ojos de todos, esta es la demostración de que «no era este», es un impostor.

Si él hubiera sido el Mesías de Dios, Dios hubiera estado con él. Esto se pone en boca de las autoridades del pueblo, de los soldados romanos, y de uno de los ladrones crucificados con él.

En contraposición, el otro ladrón cree en Jesús y recibe la promesa de la entrada inminente en el reino. Hay en el relato una clara oposición entre la palabra «rey» que figura en el letrero de la cruz como causa de la condena, y la palabra «reino», en donde es aceptado el malhechor. Jesús no es Rey en el primer sentido, pero sí en el segundo.

Es una presentación importante, que no falta en ninguno de los evangelios.

Todo este poderoso conjunto de ideas, expresiones simbólicas, citas bíblicas, nos conduce a una fundamental: Jesús como centro total de nuestro encuentro con Dios.

Podríamos derivar a consideraciones cósmicas, que son muy arriesgadas porque dependen mucho del desarrollo intelectual que nosotros hacemos de La Palabra, e introducen por tanto mucho de nuestra mentalidad y de nuestras filosofías. Nos importa más centrarnos en dos puntos: el mensaje de fondo para nosotros y el valor de las imágenes.

El mensaje de fondo

El centro del mensaje es sin duda nuestra fe en Jesús como visibilidad de Dios, Piedra Angular, Primogénito, lugar privilegiado de Encuentro con Dios, Principio y Fin de nuestra fe. Y éste es el motivo de que se coloque esta fiesta como corona final del año litúrgico.

En realidad, esta fiesta está artificialmente colocada aquí, porque la proclamación de nuestra fe en Jesús se hace en Pascua. La fiesta de Cristo Rey es una reduplicación de la resurrección y la Ascensión, y contiene sus mismos elementos. Pero nos viene bien recapacitar, al final del año litúrgico en esto: para nosotros, toda nuestra fe se resume en Jesús.

Podemos sentirnos más atraídos por una «Cristología ascendente» como la de los Hechos, y tantas frases de Pablo, como la que leemos hoy («en él quiso Dios que residiera toda la plenitud»), como «el hombre lleno del Espíritu», en el que vemos, sentimos, palpamos, la plenitud de la presencia de Dios.

Podemos sentirnos más atraídos por una «Cristología descendente», como la de Juan («La Palabra hecha carne que acampó entre nosotros») o la de varios textos de la misma lectura de hoy.

Podemos interpretar todo esto desde muchas filosofías, («naturalezas, personas, hipóstasis….») con muchas imágenes, («Primogénito, Verbo, Alfa-Omega, Luz de Luz….») y siempre estaremos haciendo lo mismo: intentar comprender, intentar expresar, intentar simbolizar nuestra fe en Jesús.

Esta fe consiste en que para nosotros Jesús es Presencia de Dios Salvador, lo definitivo. La fe cristiana consiste en encontrarse con Jesús; y, al encontrarse con Jesús, encontrarse con Dios.

No es que nosotros inventamos a Dios, no es que nuestra razón lo descubre, es que lo buscamos porque nuestra naturaleza lo necesita, y nos encontramos con que Él sale a nuestro encuentro. Ese lugar de encuentro es Jesús y por eso, para nosotros, Jesús es todo, principio y fin. Encuentro definitivo.

Por Él nos liberamos del miedo a la muerte, del miedo al castigo, del sin-sentido de la vida, del miedo a Dios, de los ídolos de dioses, de la esclavitud de los preceptos.

Todas las cosas son imágenes de Dios.

El ser humano es una excepcional imagen de Dios. Jesús es la imagen visible de Dios invisible. Todo lo que necesitamos saber de Dios lo vemos en Jesús.

Toda criatura es hija de Dios. Los seres humanos somos hijos de Dios. Jesús es «El Hijo», el hijo por excelencia en quien se reconoce de modo deslumbrante a su Padre, el que muestra con total claridad que Dios es ante todo el Padre.

Él es el Primero, el primero en saber vivir, el primero en saber morir, el primero en dejarnos ver La Vida después de la muerte. En su triunfo triunfamos todos. Al verle resucitado vemos el anuncio de nuestra resurrección, al verle ascendido a la diestra de Dios nos vemos reyes en el reino de Dios.

Todo esto lo expresamos en imágenes. Ninguna imagen debe confundirse con su contenido. Jesús no es luz ni agua, es carne y huesos. Jesús no es pastor, fue carpintero. Y desde luego Jesús no es rey.

Llamar a Jesús «rey» puede no parecernos hoy demasiado acertado, porque para nosotros «rey» tiene una connotación casi exclusivamente política, y es eso precisamente lo que Jesús no es, lo que expresamente rechazó.

Para Israel «Rey» era mucho más que jefe político: era la presencia de Dios pastor, conductor de Israel. Y para nosotros, la realeza no es cosa de reyes de la tierra.

En realidad, Jesús usó la «expresión «reino» en forma paradójica: el reino de Jesús es el reino al revés, el anti-reino, y Jesús es el mesías al revés, al revés de lo que todos entendían, el anti-mesías.

Nos acercaríamos más al sentido de la palabra «rey» si la situamos en terrenos del amor. Entre enamorados «eres mi rey» significa que lo eres todo para mí. Cuando decimos que el niño es el rey de la casa queremos decir que toda la casa gira en torno a él, porque le queremos más que a nada. Por ahí vamos mejor.

En este sentido, debemos usar la primera lectura como contraposición de la tercera.

La primera muestra las esperanzas, falsas, de Israel: el Mesías como nuevo David, de Israel y para el triunfo de Israel.

La tercera muestra a ese Rey crucificado para siempre. El letrero de la cruz tiene razón: el Rey de los Judíos ha muerto, para siempre. El reino no es como los reinos de este mundo, sino precisamente al revés.

CREDO PARA ORAR

Rezamos este credo/oración, porque refleja bien en qué creemos y en qué no creemos…

Yo creo en un niño pobre

que nació de noche en una cuadra,

arropado sólo por el amor de sus padres

y la bondad de la gente más sencilla.

Yo creo en un hombre sin importancia

austero, fiel, compasivo y valiente,

que hablaba con Dios como con su madre,

que hablaba de Dios como de su madre,

contando, llanamente, cuentos sencillos,

y por eso molestó a tanta gente

que al final lo mataron,

lo mataron los poderosos, los santos, los sagrados.

Yo creo que está vivo, más que nadie,

y que en él, más que en nadie,

podemos conocer a Dios

y sabemos vivir mejor.

Y doy gracias al Padre

porque Él nos regaló este Niño

que nos ha cambiado la vida,

y nos ha dado sentido y esperanza.

Yo creo en ese niño pobre,

y me gustaría parecerme a él.

José Enrique Galarreta

 

2013ko azaroak 24, «KRISTO GURE ERREGE-FIESTA DE CRISTO REY», José A. Pagola

OROIT ZAITEZ NITAZ-ACUERDATE DE MÍ

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA.- Lukasen kontakizunaren arabera, inguruan dituenen iseka eta mespretxu artean bizi izan du Jesusek bere hilzoria. Ematen du, inork ez duela ulertu haren bizitza. Ematen du, inork ez duela atzeman, ez haren buru-eskaintza sufritzen ari direnen alde, ez haren barkazioa errudunen alde. Inork ez du ikusi haren aurpegian Jainkoaren begiratu errukitsua. Ematen du, inork ez duela sumatu haren heriotzan inolako misteriorik.

Agintari erlijiosoek iseka egin diote mespretxuzko keinuez: besteak salbatuko dituela uste izan du; salba dezala orain bere burua. Jainkoaren Mesias bada, haren «Hautatua» bada, etorriko zaio Jainko hura defenditzera.

Soldaduek ere bat egin dute isekan. Haiek ez dute sinesten Jainkoaren inolako Bidalitan. Burla dagite Pilatok gurutzean ezarri duen idazkunaz: «Hau da juduen erregea». Zorakeria da botererik gabe norbaitek errege izan nahi izatea. Ager dezala bere indarra bere burua salbatuz.

Jesus isilik dago, ez da jaitsi gurutzetik. Zer egingo genuke guk baldin eta Jainkoaren Bidaliak bere salbazioaren bila joko balu, bere gurutzeari ihes eginez, historian gurutzean josiak diren guztiekin elkartzen duen gurutzeari ihes eginez? Nolatan sinets genezake geure zorian betiko bakarrik utziko gintuzkeen Jainko batengan?

Bat-batean, hainbeste iseka eta mespretxu artean, dei harrigarri hau: «Jesus, oroit zaitez nitaz zeure erreinura iristean». Ez da, ez Jesusen ikasle bat, ez haren jarraitzaile bat ere. Jesusen ondoan josiak diren bi gaizkileetako bat da. Gurutzean josia izan denarekiko fede miresgarritzat proposatu digu hori Lukasek.

Gizon honek, zigorpean hiltzeko zorian, badaki pertsona errugabea dela Jesus, ez duela guztiei on egitea besterik egin. Jesusen bizitzan berak ulertu ezin duen misterio bat sumatu du, baina konbentziturik dago heriotzak ez duela hondatuko Jesus. Erregu bat atera zaio bihotzetik. Soilik, ez dezala ahaztu eskatu dio Jesusi: zerbait egin dezake beraren alde.

Berehala erantzun dio Jesusek: «Gaur nirekin izango zara paradisuan». Orain, biak bat dira larrialdian eta ezinean, baina apartatu ezineko laguntzat hartu du Jesusek. Gurutzean hilko dira, baina biak batean sartuko dira Jainkoaren misterioan.

Gure egun hauetako gizarte fedegabean, ez dira gutxi nahasturik bizi direnak. Ez dakite sinesten duten ala ez. Ia jakin gabe, bihotzean daramate fede arin eta hauskor bat. Batzuetan, zergatik eta nola jakin gabe, bizitzaren zamak jota, beren erara dei egiten diote Jesusi. «Jesus, oroit zaitez nitaz», eta Jesusek entzuten die: «Nirekin izango zara betiko». Bere bideak ditu Jainkoak pertsona bakoitzarekin topo egiteko, eta ez dira izaten beti teologoek adierazitakoak. Bihotz bat izatea da funtsezko gauza, norberaren kontzientziari entzuten dion bihotz bat.

 

Fiesta de Cristo Rey (C) Lucas 23, 35-43

ACUÉRDATE DE MÍ
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 20/11/13.- Según el relato de Lucas, Jesús ha agonizado en medio de las burlas y desprecios de quienes lo rodean. Nadie parece haber entendido su vida. Nadie parece haber captado su entrega a los que sufren ni su perdón a los culpables. Nadie ha visto en su rostro la mirada compasiva de Dios. Nadie parece ahora intuir en aquella muerte misterio alguno.

Las autoridades religiosas se burlan de él con gestos despectivos: ha pretendido salvar a otros; que se salve ahora a sí mismo. Si es el Mesías de Dios, el “Elegido” por él, ya vendrá Dios en su defensa.

También los soldados se suman a las burlas. Ellos no creen en ningún Enviado de Dios. Se ríen del letrero que Pilatos ha mandado colocar en la cruz: “Este es el rey de los judíos”. Es absurdo que alguien pueda reinar sin poder. Que demuestre su fuerza salvándose a sí mismo.

Jesús permanece callado, pero no desciende de la cruz. ¿Qué haríamos nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos abandonara para siempre a nuestra suerte?

De pronto, en medio de tantas burlas y desprecios, una sorprendente invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. No es un discípulo ni un seguidor de Jesús. Es un de los dos delincuentes crucificados junto a él. Lucas lo propone como un ejemplo admirable de fe en el Crucificado.

Este hombre, a punto de morir ajusticiado, sabe que Jesús es un hombre inocente, que no ha hecho más que bien a todos. Intuye en su vida un misterio que a él se le escapa, pero está convencido de que Jesús no va a ser derrotado por la muerte. De su corazón nace una súplica. Solo pide a Jesús que no lo olvide: algo podrá hacer por él.

Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ahora están los dos unidos en la angustia y la impotencia, pero Jesús lo acoge como compañero inseparable. Morirán crucificados, pero entrarán juntos en el misterio de Dios.

En medio de la sociedad descreída de nuestros días, no pocos viven desconcertados. No saben si creen o no creen. Casi sin saberlo, llevan en su corazón una fe pequeña y frágil. A veces, sin saber por qué ni cómo, agobiados por el peso de la vida, invocan a Jesús a su manera. “Jesús, acuérdate de mí” y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona y no siempre pasan por donde le indican los teólogos. Lo decisivo es tener un corazón que escucha la propia conciencia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.21.5-19)

DOMINGO XXXIII. T.O-C- NOVIEMBRE 17

* Estamos terminando el año Litúrgico y en este tiempo la Iglesia trata de recordarnos nuestras realidades últimas, antiguamente llamadas “postrimerías”; muerte, juicio, destino eterno. Se escogen en las lecturas, textos, llenos de metáforas, imágenes y símbolos. El cerca y el lejos del final de esta historia muchas veces nos sobrecoge porque no sabemos el ¿cuándo?, el ¿cómo?…. porque todos quisiéramos un final feliz.
Lo que si es cierto es que el futuro no puede apearnos de nuestras responsabilidades sino todo lo contrario. Jesús hoy nos enseña a preparar nuestro futuro, un futuro donde cada día sea más importante avanzar y profundizar en la dignidad humana, la solidaridad, la paz y la auténtica libertad.
El final de la historia, el fin del mundo a los cristianos nos debe llevar a preguntarnos no tanto el “cómo” y el “cuándo” será el final, sino qué hacer, qué debemos hacer en este momento histórico. Preparar el futuro es descubrir cada mañana, de una manera perseverante, el afán de cada día para construir una sociedad mejor y más humana.
* No es la hora de la pasividad y del temor sino del trabajo, la perseverancia y la confianza. Nuestras vidas y nuestra historia están en las manos de Dios. Dios está con nosotros. Su Espíritu está en nuestro espíritu, su voz en nuestras palabras, su poder en el poder de nuestras manos, su providencia en la justicia de nuestras decisiones. No es la hora de la pasividad sino de la implicación y entrega de la vida. Así nos dice el evangelio: “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.

*ORACIÓN”

*Tu Evangelio nos invita hoy, Jesús de Nazaret a la perseverancia en la construcción del Reino.
suceda lo que suceda. Gobierne quien gobierne. Presida la Iglesia quien la presida, aunque si te damos gracias por quien la preside en el momento actual…
El reino de la vida, de la verdad, de la justicia, de la libertad, de la paz, del amor…siempre llama y hay que realizarlo.
El amor del Padre nos acompañará siempre. ¿Nos lo creemos? ¡cuánto dudamos ante los acontecimientos que se viven!… Pero. Tú mismo Jesús de Nazaret nos dijiste.
“Yo estaré con vosotros, hasta la consumación de los tiempos”.
Haznos vivir siempre atentos a tu Palabra, disponibles a hacer el bien a todos y a dar testimonio de nuestra fe. Sin amenazas ni temores, sino con plena confianza en el Padre que tanto ama al mundo que te ha enviado a ti, Jesús de todos, como hermano y salvador de la humanidad.
Ayúdanos a colaborar con todos los que trabajan por la paz y por la dignidad de las personas.
Hoy, acogemos tu Evangelio que nos pide centrarnos en lo esencial:
En el Reino de Dios y su justicia…
En la construcción de comunidades que libremente abracen tu Evangelio.
En la preocupación por los más débiles de la sociedad.
En las celebraciones sencillas, expresivas del Amor que nos reúne.
En la perseverancia del Amor que nos salva. AMÉN.
* ZURIÑE

33º DOMINGO T.O., «LO QUE SOMOS PARA DIOS ES LO QUE SEREMOS», Fray Marcos

LO QUE SOMOS PARA DIOS ES LO QUE SEREMOS

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 20, 27-38

Estamos ya en Jerusalén. Ya ha narrado la entrada solemne y la purificación del Templo. Sigue la polémica con los dirigentes. Los saduceos, que tenían su bastión en torno al templo, entran en escena.

Era más un partido político que religioso. Estaba formado por la aristocracia laica y sacerdotal. Preferían estar a bien con Roma y no poner en peligro sus intereses. Solo admitían el Pentateuco como libro sagrado. Tampoco admitían las tradiciones como norma de conducta. No creían en la resurrección.

Jesús no responde a la pregunta absurda que le hacen. Responde a lo que debían haber preguntado.

El evangelio de hoy responde a una visión mítica del hombre y del mundo. Lo que encerraba una verdad desde esa visión mítica, se convierte en absurdo cuando lo queremos entender racionalmente desde nuestro paradigma. Hablar del más allá es imposible.

Es como pedirle a un ordenador que nos de el resultado de una operación sin suministrarle los datos. Ni siquiera podemos imaginarlo. Puedo imaginar lo que es una montaña de oro aunque no exista en la realidad, pero tengo que haber percibido por los sentidos lo que es el oro y lo que es una montaña. No tenemos ningún dato que nos permita imaginar el más allá, porque todo lo que llega a nuestra mente ha entrado por los sentidos que no pueden funcionar fuera del tiempo y del espacio.

Las imaginaciones para el más allá carecen de sentido. Lo único racional es aceptar que no sabemos absolutamente nada.

El instinto más visceral de cualquier ser vivo, es la permanencia en el ser; de ahí que la muerte se considere como el mal supremo. Para el ser humano con su capacidad de razonar, ningún programa de salvación será convincente si no supera la condición mortal. Si el hombre considera la permanencia en el ser como un valor absoluto, también considerará como absoluta su perdida. Todos los intentos que ha hecho el hombre para encontrar una salida, surgen de este enfoque desesperado.

Por no aceptar nuestra contingencia, todos queremos ser eternos. Esa contingencia no es un fallo, sino mi propia naturale¬za; por lo tanto no es nada que tengamos que lamentar ni de lo que Dios tenga que librarnos, ni ahora ni después. Mis posibilidades de ser las puedo desplegar a pesar de esa limitación.

No creo que sea coherente el postular para el más allá un cielo maravilloso mientras seguimos haciendo de la tierra un infierno.

Nuestro ser, que creemos individual y autosuficiente, hace siempre referencia a otro que me fundamenta, y a los demás que me permiten realizarme. La razón de mi ser no está en mí sino en Otro. Yo no soy la causa de mí mismo. No tiene sentido que considere mi propia existencia como el valor supremo. Si mi existir se debe al Otro, Él será el valor supremo también para mi ser individual y aparentemente autónomo.

El pueblo de Israel empezó a reflexionar sobre el más allá unos 200 años antes de Cristo. El concepto de resurrección no se acuñó hasta después de las luchas macabeas. Los libros de los Macabeos, se escribieron hacia el año 100 a C. El libro de Daniel, se escribió hacia el año 164 a C. Anteriormente solo se pensó en la asunción al «cielo» de determinadas personas que volverían a la tierra para llevar a cabo una tarea de salvación; no se trataba de resurrección escatológica sino de una situación de espera en la reserva para volver.

Para los semitas, el ser humano era un todo, no un compuesto de partes. Se podían distinguir en él, distintos aspectos:

Hombre-carne – Hombre-cuerpo – Hombre-alma – Hombre-espíritu.

Los semitas, al no conocer un alma sin cuerpo, no podía imaginar un ser humano si no existía un cuerpo. Ni siquiera tienen una palabra para esa realidad desencarnada. Tampoco tienen un término para expresar el cuerpo sin alma.

Por otro lado, los filósofos griegos consideraron al hombre como compuesto de cuerpo y alma. Afirmaban la inmortalidad del alma, pero no concedían ningún valor al cuerpo; al contrario lo consideraban como una cárcel. La muerte era una liberación, una ascensión. La imagen de Sócrates bebiendo la cicuta con total tranquilidad y paz, nos muestra claramente esta actitud básica del filósofo griego.

La doctrina cristiana sobre el más allá, nace de la fusión de dos concepciones irreconciliables, la judía y la griega. Lo que hemos predicado los cristianos hubiera sido incomprensible para Jesús. La palabra que traducimos por alma en los evangelios, quiere decir simplemente «vida».

El NT proclama la resurrección de los muertos. Aunque nosotros hoy pensamos más en la supervivencia del alma, no es esa la idea que nos quiere trasmitir la Biblia. Nos hemos apartado totalmente del pensamiento de la Biblia y ha prevalecido la idea griega, aunque tampoco la hemos conservado con exactitud, porque para los filósofos griegos no se necesitaba ninguna intervención de Dios para que el alma siguiera viviendo, y la resurrección del cuerpo no suponía para los griegos ninguna ventaja sino un flaco favor.

La base de toda reflexión sobre al más allá, está en la resurrección de Cristo. La experiencia que de ella tuvieron los discípulos es que en Jesús, Dios realizó plenamente la salvación de un ser humano. Jesús sigue vivo con una Vida que ya tenía cuando estaba con ellos, pero que no descubrieron hasta que murió. En él, la última palabra no la tuvo la muerte (pérdida de la vida física), sino la Vida (permanencia en Dios para siempre). Esta es la principal aportación del texto de hoy: «serán como Ángeles, serán hijos de Dios».

¿Cómo permanecerá esa Vida que ya poseo aquí y ahora? Ni lo sé ni puedo saberlo. No debemos rompernos la cabeza pensando como va a ser ese más allá. Lo que de veras me debe importar es el más acá.

Descubrir que Dios me salva aquí y ahora. Vivenciar que hoy es ya la eternidad para mí. Que la Vida definitiva la poseo ya en plenitud ahora mismo.

En la experiencia pascual, los discípulos descubrieron que Jesús estaba vivo. No se trataba de la vida biológica sino la Vida divina que ya tenía antes de morir, a la que no puede afectar la muerte biológica.

Los cristianos hemos sido tan retorcidos, que hemos tergiversado hasta el núcleo central del mensaje de Jesús. Él puso la plenitud del ser humano en el amor, en la entrega total, sin límites a los demás. Nosotros hemos hecho de esa misma entrega una programación. Soy capaz de darme, con tal que me garanticen que esa entrega terminará por redundar en beneficio de mi ego.

Lo que Jesús predicó fue que la plenitud humana está precisamente en la entrega total. Mi objetivo cristiano debe ser deshacerme, no garantizar mi permanencia en el ser. Justo lo contrario de lo que pretendemos.

¿Te preocupa lo que será de ti después de la muerte? ¿Te ha preocupado alguna vez lo que eras antes de nacer? Tú relación con el antes y con el después tiene que responder al mismo criterio. No vale decir que antes de nacer no eras nada, porque entonces hay que concluir que después de morir no serás nada.

La eternidad no es una suma de tiempo sino un instante que abarca todo el tiempo posible. Para Dios eres exactamente igual en este instante que millones de años antes de nacer o millones de años después de morir.

«…porque para Él, todos están vivos». ¿No podría ser esa la verdadera plenitud humana? ¿No podríamos encontrar ahí el auténtico futuro del ser humano? ¿Por qué tenemos que empeñarnos en que nos garanticen una permanencia en el ser individual para toda la eternidad? ¿No sería muchísimo más sublime permanecer vivos solo para Él?

¿No podría ser, que el consumirnos en favor de los demás, fuese la auténtica consumación del ser humano? Eso es lo que celebramos en cada eucaristía.

Meditación-contemplación

Para Dios todo está siempre en un eterno presente.

Esa existencia eterna en Dios, se manifiesta en el tiempo,

y da origen a todas las criaturas que forman el universo.

Como ser humano puedo vivir mi relación con el Absoluto.

……………..

La experiencia de lo Absoluto, es mi verdadera Vida.

No confundir con mi vida biológica que solo es un accidente.

Cuando tomo lo accidental por substancial,

estoy equivocándome de cabo a rabo.

……………

Si descubro el engaño, procuraré vivir a tope,

es decir, al límite de mis posibilidades más humanas.

Mi presente se funde con mi pasado y mi futuro.

Desde mi contingencia, puedo experimentar un ahora eterno.

…………….

Fray Marcos

33. IGANDEA URTEAN ZEHAR, KRISIALDIAK-TIEMPOS DE CRISIS, José A. Pagola

KRISIALDIAK

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 13/11/13 Ebanjelioetan badira izaera apokaliptikoa duten testu batzuk; halakoetan ez da izaten gauza erraza jakitea zein den Jesusen beraren mezua eta zein lehen kristau-elkarteen kezkak eragindakoa; hain zuzen ere, egoera tragikoetan nahastuak diren eta, ordu berean, aldien azkena pertsekuzioen artean larri bizi dutenen kezkak eragindakoa.

Lukasen kontakizunaren arabera, aldi zailek ez dute izan behar ez lantu-aldi eta ez adorea galtzeko une. Ez dute izan behar etsipenerako eta ihes egiteko aldi ere. Besterik da Jesusen ikusmoldea. Hain juxtu, krisialdietan «testigantza egiteko aukera izango duzue». Halakoetan izango dugu abagunerik hobena testigantza egiteko, Jesusekiko eta haren egitasmoarekiko geure atxikimenduaz.

Bost urte daramatzagu jada krisia jende askori gogor ematen ari zaiola. Aldi honetan gertatuak, krisi hori eragiten ari den gizarte-kaltea eta sufrimendua errealismoz ezagutzeko bidea demaigu. Ez ote da iritsi ordua, nola ari garen erreakzionatzen galdera egiteko?

Agian, hondo-hondoko geure jarrera berrikustea da lehenengo gauza. Erantzukizunezko jarrera hartu ote dugu, geure baitan oinarrizko solidaritate-zentzu bat esnatuz ala geure patxada koloka jar lezakeen orori bizkarra emanez bizi gara? Zer egiten dugu geure kristau-talde eta –elkarteetatik? Jarduera eskuzabaleko ildo bat markatu al dugu ala geure fedea gertatzen ari denetik urruti ari gara bizitzen?

Krisialdi hau haustura sozial zuzengabea ari da urratzen bi talde hauen artean: etorkizunari begira beldurrik gabe bizi gaitezkeenon eta gizartetik zokoraturik eta inolako aterabiderik gabe gelditzen ari direnen artean. Ez al dugu sentitzen geure bizitzan «murrizte» batzuk ezarri beharra, ondoko urteetan era soilago eta solidarioagoan bizi ahal izateko?

Pixkana, hurbilagotik ari gara ezagutzen babesik gabe eta baliabiderik gabe gelditzen direnak (inolako sarrerarik gabeko familiak, luzaroko lanik gabeak, gaixo diren etorkinak…). Kezkatzen al gara begiak irekitzeaz, ikusteko, ea konprometitzen ahal garen zenbait jenderen egoera arintzen? Plantea al genezake ekimenen bat geure kristau-elkartean?

Ez dezagun ahaztu, krisialdiak ez duela sortzen pobretze materiala bakarrik. Gainera, segurtasunik eza, beldurra, ezintasuna eta porrotaren esperientzia eragiten du. Egitasmoak hautsi, familiak hondoratu, esperantza galdu. Ez ote dugu berreskuratu behar familiartekoen laguntzaren garrantzia, auzokoen arteko sostengua, kristau-elkartetik harrera eta laguntza eskaintzea…? Ezer gutxi izan daiteke jatorrago une hauetan batak bestea zaintzen ikastea baino.

33 Tiempo ordinario (C) Lucas 21, 5-19

TIEMPOS DE CRISIS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 13/11/13.- En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos.

Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”. Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.

Llevamos ya cinco años sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?

Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?

La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir algunos “recortes” en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?

Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos…) ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista desde las comunidades cristianas?

No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana…? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

32º DOMINGO T.O., «EL VALOR DE ESTA VIDA PARA LA VIDA», José E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta
FE ADULTA

Lc 20, 27-38

El texto se sitúa en la última semana de Jesús, en Jerusalén y en el Templo, donde se produce la última predicación de Jesús, continuamente hostigado por los Fariseos, Doctores y Sacerdotes.

Es llamativa y significativa la semejanza de los Sinópticos en estos relatos. Los exponemos esquemáticamente a continuación.

Los tres evangelistas presentan el mismo relato, y los tres en el mismo contexto:

MARCOS 11 y ss.

MATEO 21 y ss.

LUCAS 19,28 y ss.

Entrada mesiánica en Jerusalén

Entrada mesiánica en Jerusalén

Entrada mesiánica en Jerusalén

Enseña en el Templo

La higuera estéril

La Higuera estéril

Ataque de Sacerdotes y ancianos

Ataque de sacerdotes y ancianos

Ataque del Sanedrín

Parábola de los dos hijos

Parábola de viñadores homicidas

Parábola de viñadores homicidas

Parábola de viñadores homicidas

Parábola del festín nupcial

El tributo al César

El tributo al César

El tributo al César

La resurrección (saduceos)

La resurrección (saduceos )

La resurrección (saduceos)

El Mayor Mandamiento

El mayor Mandamiento

Contraataque de Jesús

Contraataque de Jesús

Contraataque de Jesús

Invectivas contra los escribas

Invectivas contra los escribas

Invectivas contra los escribas

El óbolo de la viuda

El óbolo de la viuda

Lamentación por Jerusalén

Anuncio destrucción del Templo

Anuncio destrucción del Templo.

Anuncio destrucción del Templo

Nuestro texto de hoy se inscribe por tanto en un contexto polémico: «La última y definitiva» polémica de Jesús con las autoridades político-religiosas. Después de esto, viene el complot para prender a Jesús y los relatos de la Pasión.

Ya ha se han dado los enfrentamientos de Jesús con los fariseos (el tributo al César). Ahora viene el ataque de los saduceos.

Los saduceos son ante todo miembros de la aristocracia sacerdotal, y forman una corriente tanto religiosa como política. Dominan el Sanedrín y entre ellos se elige al Sumo Sacerdote. Defienden una conducta más libre y mundana que los fariseos, y están abiertos a colaborar con los poderes extranjeros.

En su teología no entra la inmortalidad. Por eso, el caso que presentan es un tanto cínico. Jesús lo advierte y (como tantas veces) no contesta directamente a lo que le preguntan sino a lo esencial, a lo que deberían haber preguntado.

Cuando los saduceos se retiren, atacarán los escribas (el primer mandamiento). Los escribas son los «sabios», los doctores, encargados de la custodia, interpretación y enseñanza de «La Ley». Suelen ejercer su función en la Sinagoga o en el Templo. Haciendo un paralelo con nuestro tiempo, se les podría llamar «los teólogos» de la época.

En ambos casos, se propone a Jesús una prueba. En varios lugares del evangelio aparece la expresión «para tentarle». Los «Sabios» de Israel o bien intentan desprestigiarle ante el pueblo, o bien comprobar simplemente su sabiduría. Jesús se muestra invencible, incluso bajando al terreno de la increíble casuística rabínica a que dan lugar los innumerable preceptos de la Ley.

La prueba es, en este caso, sobre quisicosas legales. Otras veces en cambio las preguntas afectan a la esencia de la Ley. En el caso presente, Jesús no entra en el tema. Dice, casi expresamente, que «el cielo es otra cosa».

Es importante tener en cuenta que, en este y otros casos, Jesús emplea la terminología, los conceptos y creencias habituales en el mundo que le rodea, sin que esto signifique que los avale. (Así, en las nociones de «premio-castigo», «el fin de los tiempos»… y otros muchos).

Para un lector poco informado puede resultar complicado distinguir entre el mensaje de Jesús y su utilización de los conceptos y modos acostumbrados en su entorno. Pero es, naturalmente, el conjunto del mensaje de Jesús el que define el valor y la importancia de cada afirmación concreta. (Aplicable igualmente al diverso valor de cada parte del A.T.)

Jesús se muestra invencible en lo dialéctico, en el terreno preferido de sus adversarios: la casuística acerca de la Ley. Es sorprendente que los doctores y los sacerdotes le llamen «Maestro», a él, el «inculto» carpintero de Nazaret (¿pura ironía malintencionada?).

El tema concreto es la vida eterna, llamada «resurrección», pero, por encima de él, hay en estos capítulos un mensaje global claro y más importante: Jesús es la Nueva Ley, el Nuevo Templo. Se ha cumplido la Promesa, termina la Antigua Alianza. El que vea que su cumplimiento es Jesús entrará en lo Nuevo.

A propósito de tres temas concretos, se está planteando el rechazo de Jesús por parte de los jefes del pueblo. Las tinieblas rechazarán la luz. (Y éste será tema fundamental en Marcos y en Juan).

Jesús aprovecha la oportunidad que le brindan los Saduceos para entrar en el tema de fondo, la «resurrección», la vida después de la muerte, que importa mucho más que la casuística presentada.

Es un ejemplo típico, y una denuncia. Aquellos hombres han invertido el sentido de la Palabra de Dios. En vez de estudiarla como un mensaje de salvación, la utilizan para su propio prestigio y para satisfacción de curiosidades intelectuales que poco o nada tienen que ver con su verdadero sentido.

Utilizar la Palabra. Es una tentación ancestral de Israel: usar la Palabra para mis propios fines, para mi Ciencia, para mi Prestigio, para mi Consuelo, para sentirme Privilegiado. Utilizar la Palabra es utilizar a Dios para mis intereses.

La Palabra se nos ha dado para exigirnos más que a nadie y para transformarnos en Palabra viviente, para que los hombres puedan creer. No se puede transmitir la Palabra más que siendo fieles a sus exigencias.

Israel se apoderó de Dios. Y el mensaje último de estos relatos es:»El Templo será destruido», es decir, no hay «Dios-para-vosotros», no es «vuestro Dios», no «reside entre vosotros» en sentido exclusivo. Dios no está con Israel para Israel, sino para el mundo, y si Israel lo «utiliza» para sí mismo, Dios no está con Israel.

«El Templo será destruido» es la mayor blasfemia que se puede decir a un Israelita que ha entendido que Dios está ahí como seguridad del pueblo.

La aplicación a la Iglesia y a nuestra espiritualidad es evidente. Nosotros y la Palabra. Solemos tener dos tentaciones:

1. Inventar la Palabra. No podemos ir alegremente a la Escritura para ver qué se me ocurre. Ni jugar con la Palabra. La Escritura tiene un sentido, y en eso, en lo que dice el autor, está (o puede estar) la Palabra.

No pocas veces acudimos a la lectura de la Escritura como a un libro mágico, a través de cuyas frases Dios me dirige un mensaje oportuno para el momento en que vivo. El cristiano es un «oyente de la Palabra» habitual, no ocasional, vive de la Palabra siempre, no simplemente acudiendo a ella como a un recetario para casos de emergencia.

2. Dios de vivos. No caigamos en los mismos errores que acabamos de denunciar. La Palabra de Dios no nos ha dicho «cómo» es la inmortalidad, la Resurrección, el Cielo.

La misma palabra «resurrección» es engañosa: dada la evidencia de la muerte corporal, y la nebulosa de aquella cultura sobre el compuesto humano (cuerpo-mente-alma-espíritu), la palabra «resurrección» evoca una imagen física del cuerpo, nuevamente animado por el «espíritu» (el soplo de Dios), que se levanta, por la fuerza de Dios, después de morir.

Son imágenes, maneras de visibilizar las creencias. Tampoco hoy tenemos ideas claras sobre el ser completo del hombre; recurrimos a Pitágoras y Platón y hablamos de cuerpo-alma, pero esto no es Palabra de Dios sino una teoría filosófica con muchos problemas, y con la ventaja de que no tenemos otra mejor.

Pero lo que se nos ha comunicado es un mensaje religioso, no antropológico: «no morirás» significa que la vida humana es más que la vida visible, material, temporal.

«Cómo puede ser eso», no se nos ha comunicado. Y recurrimos a los símbolos. Pablo lo define como una gestación: aún no hemos sido dados a luz. La muerte como parto, como liberación, como llegada a la Vida. Otra imagen es el Pueblo Peregrino en el desierto, que camina hacia la Patria, hacia la Casa del Padre. Y lo que importa es llegar.

Todas las imágenes son buenas, aunque todas insuficientes. («Ni ojo vio, ni oído oyó, ni naturaleza alguna puede imaginar lo que Dios reserva para sus elegidos» Romanos 8,18.)

No puede concebirse siquiera la enseñanza de Jesús sin una referencia expresa a «la vida eterna». Creo que a veces se hace una lectura muy reductiva de la «escatología» de Jesús, limitándola a «la llegada inminente del fin de los tiempos».

Lo que está más claramente presente en Jesús es la llegada cierta del fin del tiempo de cada persona y, como consecuencia, el valor de esta vida para La Vida.

Para explicar esto hemos construido muchas imágenes, pero la mejor imagen de la relación entre esta vida y La Vida está sin duda en las «parábolas vegetales» de Jesús: la relación entre la semilla y la cosecha. Se siembra en la tierra, parece que la semilla muere, pero germina y da fruto centuplicado.

Por esto, la relación entre esta vida y la otra de ninguna manera destruye el valor de esta vida. Al revés, esta vida queda revalorizada, puesto que el resultado de lo que hacemos en esta vida es definitivo, es para siempre. Pablo lo dijo muy bien:

«cuando esto corruptible se revista de incorruptibilidad, y esto mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «¿Dónde está, muerte, tu victoria…?» (1 Cor. 15,53)

Todo esto tiene aplicación a la persona y a la humanidad. Sembrar vida eterna no es simplemente un tema individual; construir la humanidad aquí es sembrar la humanidad eterna.

Dar de comer al hambriento, atender al que fue asaltado por ladrones… es decir, crear aquí una humanidad liberada de males no es el final, porque todo esto acaba en la muerte, pero es la siembra, que florecerá en cosecha definitiva.

¿Cómo puede ser eso? Volvamos a la fidelidad a la Palabra y al reconocimiento de que solamente sabemos lo que la Palabra nos ha dicho. «No se puede ver a Dios sin morir» significa que solamente en La Vida contemplaremos la verdad entera.

En palabras de Juan: «Aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque le veremos cara a cara» (I Jn. 3,2)

Pero la esencia del mensaje es más profunda. ¿Por qué creemos en la vida más allá de la muerte? Porque creemos en Abbá. Como siempre, como todo, esta es la fuente de toda la fe. Si creemos en Jesús aceptamos, ante todo, su mensaje sobre Dios. Dios no es el ingeniero todopoderoso que crea una máquina y cuando se estropea la tira, sin más.

Dios es la Madre que engendra hijos por amor y por amor trabaja por sacarlos adelante. A nuestras madres, se les mueren los hijos. A nosotros se nos mueren los padres, los amigos… porque no somos todopoderosos. Si lo fuéramos, no se nos morirían. Pero nosotros creemos en Abbá, todopoderoso.

Creemos en el Amor Todopoderoso. Y al amor todopoderoso no se le mueren los hijos.

Cuando recitamos el Credo decimos: «creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra». Y no lo decimos bien, porque esto, con la mentalidad de Jesús, significa: «Creo que el Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra es mi papá».

Nuestra fe en la vida después de la muerte es sencillamente confianza en Abbá.

José Enrique Galarreta

*ORAR CON EL EVANGELIO.(lLc.20.27-38)

*DOMINGO XXXII. T.O-C- Noviembre 10
* Cada domingo la comunidad cristiana proclama la fe en la Resurrección y en la plenitud de vida en Dios.
Jesús nos habla de la Resurrección distinguiendo entre “esta vida” y “la futura”, para indicar que no se trata de una continuidad de la vida actual en un tiempo sin límite. Se trata (si podemos hablar así) del nacimiento a la vida totalmente nueva y en plenitud que Dios nos concederá renovados y en comunión con El.
* Jesús, ante la pregunta que le hacen, los saduceos que son sus enemigos, para “atraparlo” con el fin de ridiculizar las enseñanzas de Jesús. (Los saduceos son en aquél tiempo, figura de poder, materialistas, dominadores). La respuesta que les da Jesús, sigue como dos caminos. Por un lado les dice que la vida futura de los resucitados es una vida transfigurada (son hijos de Dios) No es continuidad de esta vida.
Por otro, la respuesta de Jesús está en Dios ya dicho por Moisés con autoridad a los judíos: “Dios es un Dios de vivos no de muertos”.
* Si de las manos de Dios han brotado la vida y el ser humano, y en esas manos estamos. Si Dios es nuestro Padre misericordioso, lo normal es pensar en una vida para siempre y feliz junto a Él. Dios origen y meta de nuestra vida, es también, la garantía de nuestra esperanza. Esta esperanza de la Resurrección es parte integral y esencial de la fe cristiana y no podemos ocultarla. Hay que proclamarla.
* Por eso en todas las Eucaristía unidos decimos:
“ANUNCIAMOS TU MUERTE, PROCLAMAMOS TU RESURRECCIÓN”…

• ORACIÓN

Jesús nos dice: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA el que cree en mí no morirá para siempre”
¿Creemos de verdad esto?
La respuesta a esta pregunta es lo principal de nuestra fe y fe es creer, confiar, fiarnos de Jesús.
La fe en la Resurrección es causa de nuestra alegría. Él, Jesús de Nazaret es la Vida por eso nosotros la queremos vivir con entrega.
Tu Palabra, Señor es nuestra luz, nuestra vida y toda nuestra ilusión está en lo que tú nos dices.
Pase lo que pase, creemos en Ti; en tus manos nos sentimos seguros.
Queremos vivir ahora la vida con alegría y entrega, como un don a compartir y entre todos seguir construyendo el Reino que es ahora y aquí, para luego gozarlo en plenitud llegando a tus brazos al final de este camino.
Ayúdanos, Jesús de TODOS, a vivir dando gracias por tu amor gratuito con nosotros y haciendo el bien ayudándonos mutuamente. AMÉN
* SEGUIMOS ORANDO
*Jesús Resucitado, con tu vida hemos descubierto el amor pleno del Padre: para el todos estamos vivos. Cuando Tú nos hablas de “Vida y Resurrección”, sales a nuestro encuentro en lo cotidiano, nos propones un mensaje que lleva a la libertad, a la entrega desinteresada.
Necesitamos, Jesús de Nazaret, abrirnos a esa luz de participar plenamente en la resurrección, pero sabiendo que el camino es la vida presente, vivida en coherencia y fidelidad, ya que el “martirio” (sufrimientos y dificultades), nos hacen superar el materialismo y comodidad que nos impiden llegar a la vida plena que Tú nos ofreces. Tú vida, Jesús Salvador, es nuestro camino: no hay miedo al Dios que nos ama siempre; queremos como Tú, responder a ese Amor sin medida. Tú y el Padre sois uno mismo y siempre nos acompañáis en el camino. La confianza en vuestro Amor a todos. Queremos que nos mantengan firmes en la lucha de cada día; sólo al final nos vendrá, la perfección, la resurrección y la vida plena.
AYÚDANOS, JESÚS RESUCITADO. AMÉN
* ZURIÑE