¡NAVIDAD!.ORAR CON EL EVANGELIO

  • ¡DIOS-CON-NOSOTROS!
  • ¡FELIZ NAVIDAD! ¡ZORIONAK eta URTE BERRI ON!

* Recuperemos de nuevo, como nos dice J. A. Pagola en sus mensajes, el corazón de Navidad, y detrás de tanta superficialidad, descubrir también hoy, en medio de esta sociedad, es posible abrirnos al misterio de Dios cercano, celebrando con gozo la fiesta de la llegada de un Dios Amigo y así celebrar con profundidad cristiana las fiestas navideñas.

*          Para los creyentes, el origen y la razón de estas fiestas es muy sencillo. Hacemos fiesta y celebramos nuestra alegría porque Dios ha querido compartir nuestra vida. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas. Dios está con nosotros. Hay esperanza para la humanidad.
*          Estas fiestas son la celebración de aquella BUENA NOTICIA que se escuchó en Belén:
Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador que es el Cristo Señor”(Lc. 2,10)

* Esta invitación a la alegría, dirigida a todo el pueblo y, de manera especial, a la gente sencilla, es la que debe dar su verdadero significado también hoy a nuestras fiestas navideñas.
*          La Navidad, sólo puede celebrarla desde dentro quien se atreve a creer que Dios está con nosotros y puede volver a nacer en nuestra vida diaria. Dios es cercano, comprensivo, tierno, más Amigo de lo que nosotros podemos imaginar. ¡Dios es Dios! Por eso en estos días nos debe brotar la alegría. Pero es NAVIDAD, cuando es NAVIDAD  para todos.  Y lo será cuando sepamos vivir de una manera generosa, colaborando en crear una sociedad más fraterna y solidaria. Así será NAVIDAD y podremos decir en verdad:
*                       ¡FELIZ NAVIDAD! ¡ZORIONAK eta URTE BERRI ON!
*
ZURIÑE así lo quiere vivir unida a todos vosotr@s y a vuestras familias. Que gocemos con El.

NACIDO DE UNA SENCILLA MUJER A QUIEN ORAMOS CON FE.
Señora de Belén, Señora de la noche más buena y esperada, señora del silencio y de la Luz, la Paz, la alegría y la esperanza.
Señora de la sencillez de los pastores y de la claridad de los ángeles que cantan:
“GLORIA A DIOS EN EL CIELO, PAZ EN LA TIERRA A TODOS PORQUE DIOS NOS AMA.”

Señora de los pobres y de los niños, de los que no tienen nada, de los que sufren soledad, porque no encuentran comprensión en ningún alma…

Gracias por habernos dado a Jesús en esta Noche santa, por habernos entregado el Pan que nos faltaba. Enséñanos a ser pobres y pequeños, a no tener ambición por nada. A saber desprendernos y entregarnos, a ser l@s Mensajeros de la Paz y la Esperanza. AMÉN
¡FELIZ NAVIDAD¡ZORIONAK!
ZURIÑE

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc. 1.26-38)

  • DOMINGO 4º DE ADVIENTO – B – DICIEMBRE 21

En este último Domingo de Adviento, la Palabra, nos centra en María y en sus actitudes.

De que nuevas energías creadoras desbloqueen nuestras rutinas y desilusiones y nos pongamos de nuevo a caminar.

La disponibilidad de María deja a dios ser Dios. Ha dejado que Dios saliese a su paso hasta

llegar a hacerse esperanza, dolor y carne en su seno.
Para reconocer el misterio de la esperanza necesitamos  disponibilidad. Estar disponible es, de alguna manera, ponerse en pie, en estado de éxodo, salir de nosotros mismos, salir hacia Alguien que es absoluto.
La esperanza implica riesgo. Pero Dios está más allá del riesgo. Pero a todo encargo que hace Dios le acompaña la garantía de su auxilio y su presencia. Así nos lo recuerda la Historia de la salvación:”He aquí que yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos”. Y María escucha la Palabra que le viene dirigida a Ella. María escucha, acoge, guarda en su corazón; la Palabra de Dios complica la existencia, porque compromete  la vida. No somos autómatas. Hay que poner al servicio de la Palabra lo mejor que tenemos; inteligencia y corazón. María es un buen ejemplo: se turba, se asusta, pero mantiene esa profunda serenidad y hace las preguntas fundamentales. María es un ejemplo de madurez en la fe. Fe profunda. Ella, pregunta. No es que María no se fíe de Dios. Es todo un proceso de Fe que crea un clima: avanza, desde el susto y la turbación inicial a la entrega y disponibilidad final.

*“FIAT, HÁGASE”

La lección no termina simplemente en la grandeza de María: Como ejemplo, debe prolongarseen nosotros: todos tenemos una Palabra de Dios dirigida personalmente a cada uno. Todos tenemos una palabra que cumplir. Todos tenemos que dar vida a Jesús en nosotros por la fidelidad a su Palabra y a su Evangelio. El fiarse de Dios y el saberse colaborador/a de Dios en la tarea de acercar a las personas  a la Salvación de Dios ofrecida en Jesús. Como María.

ORAMOS A MARÍA DE LA ESPERANZA

María, Virgen de la Esperanza. Contágianos tu fuerza, acércanos el espíritu que llena tu vida. Ayúdanos a vivir con alegría, a pesar de las dificultades que encontramos en el seguimiento de tu Hijo. Que no nos desaliente la lentitud de los cambios. Que no perdamos la ilusión de creer que es posible otro mundo y otra sociedad.
María, tú creíste y te jugaste la vida. Y no te fue fácil.
Nos enseñaste con tu ejemplo que para dar vida hay que entregar la vida, todos los días.

En nuestros días, Dios nos sigue pidiendo que demos lo mejor de nosotros para realizar su proyecto.
Enséñanos a esperar en el Señor, a confiar en su Palabra.
Enséñanos a orar para no perder la esperanza y discernir donde poner los esfuerzos, nuestro lugar y misión
María, camina cerca de nuestras vidas. Acompáñanos, fortalece nuestra esperanza, para trabajar en la esperanza del Reino.
Hoy, aquí, ahora y siempre.

¡GRACIAS MADRE!, POR HABER DICHO QUE SÍ

Y cantamos con gozo:

La Virgen sueña caminos, está a la espera; la Virgen sabe que el Niño está muy cerca. De Nazaret a Belén hay una senda, por ella van los que creen en las promesas. Los que soñáis y esperáis la
Buena Nueva,
abrid las puertas al NIÑO que está muy cerca.

EL SEÑOR CERCA ESTÁ, EL VIENE CON LA PAZ. EL SEÑOR CERCA ESTÁ, EL TRAE
LA VERDAD.
AMÉN   –   ZURIÑE

«LA ENCARNACIÓN DE DIOS EN JESÚS ES NUESTRA REFERENCIA» 4º de Adviento, Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 1, 26-38

Como estamos ya a las puertas de la Navidad, vamos a hacer una introducción general para todo este tiempo litúrgico. La mayoría de los textos que vamos a leer estos días, están tomados de lo que se llama «evangelio de la infancia». Es importante tomar conciencia del sentido no histórico ni científico de estos textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de una madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir «mítico» no quiere decir «mentira». Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos científicos. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerarlo los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo Jesús que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debería espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David, aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él, el que lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad a partir de sacrificios y oraciones.

El texto evangélico que acabamos de leer, es uno de los más densos y ricos del NT. Lo que Lucas nos propone, es una teología de la encarnación entendida desde el AT. Casi todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones del AT. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lucas toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios mismo, sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero, no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en esos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial, que era Judea y el templo. Quiere decir que la intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo va a suceder lejos del templo y los ambientes de la religiosidad oficial.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aún no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: «Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén». Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, «llena de gracia», nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra «gracia», se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lc María misma impondrá el nombre a Jesús = Salvador. No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, en el relato mítico, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo, sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. «De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu», dice Jn. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús ‘fue engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. La encarnación de Dios no depende de la perfección de la persona en que se encarna. Hemos insistido tanto en los privilegios de María como preparación para la encarnación, que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien, que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares ni siquiera con la muerte de su propio Hijo. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos los hombres. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado, Dios no tiene momentos.

Fijaros como cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso el invencible el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no siempre lo hemos comprendido los cristianos. Una y otra vez, hemos querido volver al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos si cumplimos su voluntad; pero no dudará en estar contra nosotros si le fallamos.

No queremos comprender que Dios se hace presente en los acontecimientos más sencillos. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace por sí mismo, presente al verdadero Dios. Al contrario en cualquier acontecimiento por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: «Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa». Los budistas repiten: «Si te encuentras al Buda, mátalo». Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un ídolo.

 

Meditación-contemplación

«Hágase en mí según tu palabra».
La disponibilidad de María es la clave del mensaje.
Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.
Él lo está haciendo todo en cada instante.
…………………

Descubrir esta presencia activa,
es la esencia de toda vida espiritual auténtica.
No tienes que hacer nada ni conseguir nada.
En ti está ya la plenitud, que quieres alcanzar.
……………

Si la energía de Dios no te ilumina,
es que tienes el interruptor en «off».
Si la fuerza del Espíritu no te atraviesa,
es que tienes colocada una coraza.
…………

 

Fray Marcos

 

Abendualdiko 4. Igandea – 4 Domingo de Adviento, José A. Pagola

Abendualdiko 4. Igandea – B (Lukas 1,26-38)

por Coordinador Grupos de Jesús

ALBISTE HARRIGARRIA

Jesusen jaiotzaren albistea eta Bataiatzailearen jaiotzaren albistea aski paralelo eman ditu Lukasek. Bi pasadizo horien kontrastea hain da harrigarria, ze Jesusengan haragitu den Jainkoaren Misterioa argi berriz erdi-ikusteko aukera eman baitigu.

Bataiatzailearen jaiotzaren albistea «Jerusalemen» gertatu da, Israelgo hiriburu handian, judu-herriaren zentro politiko eta erlijiosoan. Jesusen jaiotza, berriz, herri ezezagun batean iragarri du aingeruak, Galileako mendialdean. Batere nabarmen ez den herrixka batean, «Nazaret» izenekoan, inork ez baitu espero handik ezer onik aterako denik. Urte batzuk geroago, herri apal horiek Jesusen mezua onartuko dute, Jainkoaren ontasuna adierazten diena. Jerusalemek, aldiz, uko eginen dio. Kasik beti, xumeek eta ezdeusek ulertzen eta onartzen dute hobekienik Jesusengan haragitu den Jainkoa.

Bataiatzailearen jaiotza «tenpluaren» eremu sakratuan iragarri du aingeruak. Jesusena, berriz, «herrixka» bateko etxe pobre batean. Jendea bizi den, lana dagien, gozatzen eta sufritzen duen lekuan agertu ohi da. Jende horren artean bizi ohi da, horren sufrimendua arinduz eta Aitaren barkamena eskainiz. Jainkoa gizon (haragi) egin da, ez tenpluetan gelditzeko, baizik «bere egoitza gizon-emakumeen artean ezartzeko» eta haien bizitza konpartitzeko.

Bataiatzailearen jaiotzaren iragarpena «gizonezko» beneragarri batek entzun du, Zakarias apaizak, erritu-ospakizun solemne batean. Jesusen jaiotzaren irarpena Mariak jaso du, hamabi urte inguruko «neskatilak». Ez da esaten non dagoen Maria, ez zer ari den. Nori axola emakume baten lana? Halere, Jesusek, haragi egin den Jainkoaren Seme horrek, beste era batean hartuko ditu emakumeak, haien duintasuna defenditu eta bere ikasleen arteko egingo ditu.

Azkenik, Bataiatzaileaz iragarri du aingeruak, Zakariasengandik eta Elisabetengandik jaioko dela, Jainkoak bedeinkatu duen bikote agor horrengandik. Jesusez, berriz, gauza guztiz bestelakoa esan du. Mariagandik jaioko da Mesias, neskatila birjina batengandik. Jainkoaren Espirituak parte hartuko du Jesusek munduan egingo duen agerpen horren jatorrian. Horregatik, «Jainkoaren Seme izena emanen zaio». Munduaren Salbatzailea ez da jaio elkar maite duten senar-emazte batzuen maitasunaren fruitu bezala. Jainkoak gizadi osoari dion maitasunaren fruitu bezala jaio da. Jesus ez da Mariak eta Josek egin diguten erregalu bat. Jainkoak egin digun erregalua da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

4 Domingo de Adviento – B (Lucas 1,26-38)

por Coordinador Grupos de Jesús

UN ANUNCIO SORPRENDENTE

Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir nada bueno. Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren. Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.

El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica dónde está ni qué está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.

Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios». El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.

José Antonio Pagola

 

ORAR CON EL EVANGELIO.(Jn.1.6-8 y 19-28)

  • 3º DOMINGO de ADVIENTO. B . (Diciembre 14 de 2014)

*          Hace tres Domingos iniciamos un tiempo de Adviento. Desde el primer domingo oíamos un mensaje de esperanza y, a la vez, una llamada a la conversión necesaria y una invitación al compromiso.
Hoy se nos llama a sentir la alegría por la  cercanía de nuestra liberación: se acerca Jesús el liberador esperado. Tiene que brotar en nosotros y desde nosotros una alegría que brota de corazones agradecidos.
Pero esta alegría que invade a quien sabe la cercanía del Señor, no es una alegría artificial y sin sentido, y  mucho menos una evasión para no comprometerse en la vida. Al contrario, la alegría cristiana es un estado de ánimo que impulsa al trabajo, al servicio y al compromiso.
Que sabe esconderse, que orienta nuestras miradas hacia el verdadero protagonista de la historia Jesús de Nazaret. Juan viene como testigo de la luz. No era él la luz, sino el testigo. Tampoco es el Mesías, el profeta soñado, sino el que sabe señalar  y preparar el camino del Señor.
El Señor sigue llegando, está a las puertas, y de nuevo se nos recuerda la tarea: Velad, preparad, estar alegres. Ser testigos de esa luz que es Cristo, señalar con alegría a Jesús que está en medio de nosotros y viene a salvarnos.
Para un cristiano celebrar la Navidad es reconocer y acoger a Cristo en nuestra vida. Algo tiene que cambiar en nuestro estilo de vivir y sobre todo en nuestro corazón, en nuestro interior.
Nos podíamos preguntar:

*¿Dónde ponemos nosotros, la comunidad, la Iglesia, nuestra alegría?
María de Nazaret nos da su ejemplo. Canta la grandeza del Señor, porque la llegada del Hijo que espera es de verdad la gran BUENA NOTICIA. La oración de María es de alegría y esperanza porque llega el Reino de Dios.
*       En cualquier caso la razón para estar alegres es la BUENA NOTICIA que Juan anunciaba y que Cristo cumplió y sigue cumpliendo hasta que vuelva al final de los tiempos. Una alegría que nos mantiene mirando en esperanza ese final y trabajando este presente, unidas a Cristo, que harán  que su BUENA NOTICIA siga viniendo y cumpliéndose entre  nosotros.
*                                              ORACIÓN

Jesús de Nazaret. La Palabra que hemos escuchado en esta celebración, nos anima a vivir siempre alegres.

Juan Bautista decía de sí mismo que era un testigo de la Luz y es eso lo que nosotros debemos ser;
por eso te pedimos que nuestra vida ayude a otros a conocerte, amarte y reconocerte como Salvador y así dar sentido a la vida.

Este tiempo de Adviento, nos ofrece la oportunidad para dejarnos llenar nuestro interior con la alegría del Evangelio que es la BUENA NOTICIA y para ayudarnos  mutuamente a superar la tristeza que nace de una vida superficial. Isaías, Pablo Y María con sus lecturas, quieren contagiarnos la alegría que da vida y esperanza a pesar de las dificultades.

Que sepamos escucharlas, orarlas, vivirlas y ponerlas en práctica siendo luz para los demás.

Jesús, que vienes siempre, ayúdanos a ser personas y comunidades agradecidas de cuanto hemos recibido y recibimos gratuitamente para que sepamos agradecerlo, valorarlo y compartirlo con los demás. AMÉN.

LA ORACIÓN NOS DA ALEGRÍA Y ESPERANZA. POR ESO, SEGUIMOS ORANDO.

Cuando dices: “No soy capaz de resolver mis problemas”

Dios te dice: “Yo sigo tus pasos” .Prov.3, 5-6

Cuando dices: “Es imposible”

Dios te dice: «Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios» Lc.18, 27

Cuando dices: “Me siento muy sol@”

Dios te dice: «No te dejaré y no te abandonare». Heb.13, 5

Cuando dices: “¿Cómo podré hacer esto que me pides? ¿Quién me ayudará?”

Dios te dice: «Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas encontrarás refugio» Sal.90.4

Cuando dices: “No merezco perdón”

Dios te dice: «Yo te perdono» 1 Jn. 1, 9 Rom.8, 1. «Aunque vuestros pecados fuesen como escarlata, se volverán blancos como la nieve» Is.1, 18.

Cuando dices: “Tengo miedo”

Dios te dice: «No temas, porque yo estoy contigo» Is.41, 10

Cuando dices: “Estoy muy cansad@”

Dios te dice: «Yo te confortaré» Mt.11, 28-30

Cuando dices: “No sé cómo avanzar…”

Dios te dice: “Yo te indicaré el camino” (Sal.32, 8)

Cuando te preguntas: “¿Cuál es el camino que me conduce a ti?

Dios te responde: “Mi Hijo amado, Jesucristo” (1 Tim.2, 5; Hch.4, 12; Jn. 3, 16)

*                      ZURIÑE

ALLANAR EL CAMINO: SER VERDADEROS

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 1, 6-8 y 19-28

La polémica entre las comunidades cristianas y las baptistas debió ser intensa, a juzgar por la importancia y el espacio que dedican los evangelios a «redimensionar» la figura del Bautista.

Ya en el prólogo, el autor del cuarto evangelio insiste con toda claridad en que «no era él la luz», sino únicamente el «testigo de la luz» (Jn 1,8). Ahora, el relato comienza centrándose en su figura.

Probablemente sea ese el motivo por el que el cuarto evangelio ni siquiera dice expresamente que Jesús fue bautizado por Juan.

La escena del interrogatorio al que le someten los enviados de la autoridad religiosa («los judíos») tiene la intencionalidad manifiesta de zanjar la cuestión de una manera definitiva: «No soy el Mesías. No soy Elías. No soy el Profeta». Se trata de una negación por triplicado («definitiva»), aludiendo a tres figuras netamente mesiánicas: el Mesías esperado; Elías, del que se creía que aparecería inmediatamente antes; y el Profeta, o un segundo Moisés.

Tras la triple negación de ser cualquier figura relacionada directamente con el Mesías, el autor del evangelio recurre a un texto de Isaías, para presentar a Juan como la «voz» que pide «allanar el camino» (Is 40,3).

El mensaje es sencillo y radical: constituye un llamamiento exigente a proceder sin doblez, a ser veraces.

La doblez nace del deseo. A veces, decimos buscar una cosa y, en realidad, nos sorprendemos buscando o realizando la contraria. Esta otra es siempre un interés del ego.

«Mostraos tal como sois y sed tal como os mostráis», aconsejaba Rumi a los suyos. Es decir, allanar el camino equivale a no seguir los imperativos del ego caprichoso; de otro modo, jamás saldremos del laberinto de dolor.

El autor del evangelio parece indicar que no podremos comprender ni acoger a Jesús (al evangelio) si no estamos dispuestos a caminar en verdad.

Sabemos que no puede haber crecimiento personal si no es a partir del reconocimiento y la aceptación de la propia verdad. Solo esta provee de cimientos sólidos sobre los que construir nuestra persona.

Pero hay más. La aceptación de la propia verdad es imprescindible no solo en el trabajo psicológico, sino también para acceder a nuestra identidad profunda. En este camino, necesitamos desnudarnos progresivamente de todo aquello que nos somos –y a lo que, durante años, nos hemos aferrado-, para que se nos pueda revelar lo único que permanece, porque solo esto nos dice quiénes somos.

De hecho, en la medida en que vamos aceptando con verdad todo lo que vivimos –incluso lo más pequeño-, se acrecentará nuestro gusto por la verdad, hasta hacernos uno con ella. Y ahí es donde se nos revelará que, a pesar de haber funcionado en la apariencia o incluso en la mentira, en nuestro ser más profundo somos Verdad.

Con esta clave, tal vez resuenen en nosotros de un modo nuevo las palabras sabias de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6), «Yo soy la vida» (Jn Jn 11,25; 14,6). Y descubramos que, como la suya, esa es también nuestra misma identidad.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

“ZELAITU JESUSENGANAKO BIDEA- ALLANAR EL CAMINO HACIA JESÚS”, José A. Pagola

(Joan 1,6-8.19-28)

por Coordinador Grupos de Jesús

ZELAITU JESUSENGANAKO BIDEA

«Bada zuen artean ezagutzen ez duzuen bat». Jesusez esan ditu hitz horiek Joan Bataiatzaileak; bataiatuak izateko, Jordan ibaira doan jende artean baitabil hura, oraino jendaurrean agertu ez bada ere. Hain juxtu, bere kezka guztia «bidea zelaitzea» du Joanek, jende hark Jesusengan sinetsi ahal dezan. Horrela aurkeztu ohi zuten Bataiatzailearen imajina lehen kristau-belaunaldiek.

Baina Bataiatzailearen hitzak halako moduan daude emanik, non, geure burua kristau jotzen dugunoi, gaur irakurririk, galdera kezkagarriak eragiten baitizkigute. Gure artean da Jesus, baina ezagutzen al dugu zinez?, bat egiten al dugu harekin?, hurbiletik jarraitzen al diogu?

Egia esan, Jesusez mintzo gara beti Elizan. Teorian ez da ezer guretzat hura baino garrantzizkoagorik. Baina, gero, hainbat jirabira ematen ditugu geure ideien, egitasmoen eta ekintzen inguruan, non, ez batere gutxitan, bigarren maila batean gelditzen baita Jesus. Geuk «ezkutatzen dugu» Jesus, konturatu gabe, geure burua protagonismoa emanez.

Agian, hau du kristautasunak bere zoritxarrik handiena: bere baitan «kristau» direla esaten duten hainbat eta hainbat gizon-emakume izatea, bihotzean Jesusen arrastorik ez dutela. Ez dute ezagutzen. Ez dute haren bizi-arnasarik. Ez ditu hark erakartzen, ez liluratzen. Irudi zurrun eta bizirik gabea da Jesus haiengan. Mutu da. Ez die esaten bizitza arnastuko dien ezer berezirik. Haien bizitza ez du markatzen Jesusek.

Eliza honek Jesusen «lekukoen» premia gorria du, haren antzeko izango diren fededunen, kristauen premia, beren izaeraz eta bizieraz Kristogan sinesteko bidea erraztuko dutenen premia. Jainkoaz hark bezala hitz egingo duten lekukoen beharra du, Jainkoaren errukizko mezua hark egiten zuen bezala komunikatuko dutenen beharra, Aitaganako konfiantza hark egiten zuen bezala kutsatuko dutenen beharra.

Zertako dira gure katekesiak eta predikuak Jesu Kristo ezagutzera, maitatzera, hari fede eta gozotasun handiagoz sinestera ez bagaramatzate? Zertako dira gure eukaristiak Jesusekin, haren egitasmoarekin, guztientzat hark egin duen buru-eskaintza gurutzatuarekin bat egiten laguntzen ez badute? Elizan inor ez da «Argia», baina guztiok distiraraz dezakegu hura geure bizitzan. Inor ez da «Jainkoaren Hitza», baina guztiok izan gaitezke kristautasunaren ardaztzat Jesu Kristo hartzera gonbidatzen eta eragiten duen ahots.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Domingo de Adviento – B (Juan 1,6-8.19-28)

por Coordinador Grupos de Jesús

ALLANAR EL CAMINO HACIA JESÚS

«Entre vosotros hay uno que no conocéis». Estas palabras las pronuncia el Bautista refiriéndose a Jesús, que se mueve ya entre quienes se acercan al Jordán a bautizarse, aunque todavía no se ha manifestado. Precisamente toda su preocupación es «allanar el camino» para que aquella gente pueda creer en él. Así presentaban las primeras generaciones cristianas la figura del Bautista.

Pero las palabras del Bautista están redactadas de tal forma que, leídas hoy por los que nos decimos cristianos, provocan en nosotros preguntas inquietantes. Jesús está en medio de nosotros, pero ¿lo conocemos de verdad?, ¿comulgamos con él?, ¿le seguimos de cerca?

Es cierto que en la Iglesia estamos siempre hablando de Jesús. En teoría nada hay más importante para nosotros. Pero luego se nos ve girar tanto sobre nuestras ideas, proyectos y actividades que, no pocas veces, Jesús queda en un segundo plano. Somos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta, lo «ocultamos» con nuestro protagonismo.

Tal vez, la mayor desgracia del cristianismo es que haya tantos hombres y mujeres que se dicen «cristianos», en cuyo corazón Jesús está ausente. No lo conocen. No vibran con él. No los atrae ni seduce. Jesús es una figura inerte y apagada. Está mudo. No les dice nada especial que aliente sus vidas. Su existencia no está marcada por Jesús.

Esta Iglesia necesita urgentemente «testigos» de Jesús, creyentes que se parezcan más a él, cristianos que, con su manera de ser y de vivir, faciliten el camino para creer en Cristo. Necesitamos testigos que hablen de Dios como hablaba él, que comuniquen su mensaje de compasión como lo hacía él, que contagien confianza en el Padre como él.

¿De qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo? ¿En qué quedan nuestras eucaristías si no ayudan a comulgar de manera más viva con Jesús, con su proyecto y con su entrega crucificada a todos. En la Iglesia nadie es «la Luz», pero todos podemos irradiarla con nuestra vida. Nadie es «la Palabra de Dios», pero todos podemos ser una voz que invita y alienta a centrar el cristianismo en Jesucristo.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Mc.1.1-8)

  • DOMINGO 2º ADVIENTO –B– (7 Diciembre)

ALLANAD LOS SENDEROS DEL SEÑOR” “ABRIR LA PUERTA DE LA VIDA
Así como el primer domingo de adviento se proponía la “VIGILANCIA” como un talante de vida; en este 2º domingo se nos invita a estar dispuestos, PREPARADOS. Esta venida del Señor hay que PREPARARLA. Las lecturas de este día insisten en esta actitud de ESPERA Y DE PREPARACIÓN.
Pero para poder descubrir y experimentar de verdad esta venida, esta presencia, es necesario terrenopreparado. Estar preparados significa ver los obstáculos y los candados que hay en nuestra vida para poner remedio y hacerlos desaparecer.
En este tiempo tenemos una tarea importante la de descubrir qué puertas tenemos cerradas y que candados ponemos que impiden a Dios y a  los demás entrar en nuestras vidas. El Señor nos propone abrir todas estas cerraduras y Él mismo se nos da como la llave capaz de abrir toda puerta cerrada, a nosotros sólo nos queda estar disponibles, preparados. ¿Qué pasos hemos de dar? ¿Qué “candados” habría que abrir de nuestras vidas y qué nos tiene cerrados a esta venida? ¿Cómo hemos de prepararnos?  He aquí algunas actitudes vitales que nos ayudan a preparar esa venida del Señor, que “vino, viene y vendrá”.
Lo primero es creer, es decir, fiarse de Dios. Estar dispuesto a abrir la puerta de nuestra casa a la primera llamada del DIOS-AMIGO; liberarse de las cosas que no nos dejan ser personas; empezar de verdad a compartir pues no tendríamos tantas cosas si supiéramos compartir; amar, como Dios nos ama, pero no sólo a Dios que está en los cielos sino al que anda por ahí y me necesita, al Dios más cercano, más visible, al Dios más necesitado. Y el Dios encarnado está en cada persona.
Esta preparación de los caminos del Señor, este “abrir la puerta” de nuestra vida es lo que llamamos CONVERSIÓN.  También es bueno abrir de nuevo la puerta al Sacramento del perdón, como medio de acercamiento al Dios que llama a la puerta de mi interior y si la abro, no dudemos de que entrará el nuevo “aire de salvación”.

Que cada uno de nosotros, Jesús, Dios nuestro, te abramos nuestra vida, para que brotes, para que florezcas, para que nazcas, y mantengas en nuestro corazón, en nuestra vida encendida la esperanza.
*                  ¡VEN JESÚS TE NECESITAMOS! ¡VEN PRONTO! ¡VEN SALVADOR! AMÉN.

  • “ENCENDEMOS LA LUZ EN NUESTRAS VIDAS”
  • Los profetas en el antiguo testamento, mantenían encendida la esperanza de Israel en la venida del Mesías. Nosotros, como un símbolo, encendemos las dos velas. El viejo tronco está rebrotando, florece el desierto.
  • La humanidad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra tierra en nuestras vidas. Que cada uno de nosotros, Jesús, te abramos nuestra vida para que brotes, nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la Esperanza.
  • ORACIÓN

Te damos gracias, Jesús de Nazaret, por el profeta Juan que te preparó el camino;

Te agradecemos también por los profetas de hoy, mujeres y hombres y jóvenes que con su vida y entrega  nos indican caminos para vivir la fe.

Ayúdanos a ser un pueblo de profetas, personas que con la propia vida, hablemos de Ti y con la fuerza del Espíritu anunciemos tu evangelio.

Que ADVIENTO no sea sólo preparar la NAVIDAD, sino especial preparación de un mundo según tu Voluntad, más justo y humano, más fraterno y menos violento

.que tengamos paciencia para no desanimarnos cuando las cosas van mal, pero que no nos paremos, el ADVIENTO, nos anima a caminar, a VIGILAR, a PREPARARNOS, nos recuerda esta semana.

Que así lo hagamos, lo vivamos y lo contagiemos a los demás, los mayores, los jóvenes y los niños.

  • Que allanemos en nosotros, todo lo que impide la llegada de nuestro Salvador.
  • Entonces, será NAVIDAD. “DIOS – CON –NOSOTROS”. AMÉN. ZURIÑE

2º DOMINGO DE ADVIENTO: «UN MENSAJE PARA RECORDARNOS QUE SOMOS VIDA»

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mc 1, 1-8

En el evangelio de Marcos no hallamos ninguna referencia al nacimiento ni a la infancia de Jesús. Tras un título cargado de sentido, el relato se abre con la figura del Bautista que, tras la evocación de la profecía de Isaías –aunque, en realidad, luego se mezclan textos de Malaquías (3,1) y del propio Isaías (40,3)-, es presentado como mensajero o precursor.

La primera frase no es sólo el comienzo, sino el título del relato. Y empieza por una palabra que, a quienes conocían la Biblia hebrea, tenía que resultarles sumamente evocadora: «Comienzo» o «principio» parece hacer referencia al inicio del libro del Génesis: «Al principio creó Dios el cielo y la tierra» (1,1). De este modo tan simple, el autor hace un guiño a sus lectores: Jesús es el verdadero comienzo, con él se opera la verdadera creación.

En ese mismo título, el evangelista deja clara la fe de su comunidad en Jesús, «Cristo (o Mesías), Hijo de Dios». Con el primer término, se hace alusión al cumplimiento de las promesas mesiánicas en la persona del Maestro de Nazaret; con el segundo, se lo reconoce en el ámbito de la divinidad, aunque no pueda entenderse en el sentido fuerte que proclamará el Concilio de Nicea.

Paralelamente, Marcos está inventando un nuevo género literario –el «evangelio»- que, a partir de él, aludirá a los escritos sobre Jesús. Hasta ese momento, el término «evangelio» se refería a alguna «buena noticia», particularmente en el campo militar.

Tras el título, el autor inicia el relato presentando la figura de Juan como «precursor» que apunta y señala a Jesús. De hecho, aparece vestido como el gran Elías (2 Re 1,8) y su alimento es el de un nómada.

El desierto era un lugar cargado de connotaciones para el pueblo: lugar de prueba y, al mismo tiempo, de intimidad con Dios, fue el camino de la liberación, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Juan, en el desierto, anuncia el nuevo éxodo, la liberación que va a tener lugar en Jesús: esta es la imagen de fondo con la que juega nuestro autor (imagen, por cierto, que aparecerá también en el cuarto evangelio).

El bautismo era un rito de inmersión, dotado de un simbolismo de muerte/resurrección que han conocido distintas religiones y que hace referencia a un cambio de estado. En la primera comunidad cristiana, el propio Pablo lo retomará cuando hable de la «vida nueva» en Cristo: «Por el bautismo hemos quedado sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva» (Rom 6,4).

Pero lo que realmente importa al evangelista es la proclamación de Juan, que se refiere a Jesús con una doble expresión: aquél a quien «no le desata las sandalias» y el que «bautiza con Espíritu Santo». ¿Qué significan estas palabras?

Con la primera de esas expresiones, Marcos presenta a Jesús como el esposo del nuevo pueblo, de la humanidad. El rito de «desatar la correa de las sandalias» –tal como narra el Libro del Deuteronomio 25,5-10- remite a la «ley del levirato» –del latín «levir«, cuñado-. Según esa ley, cuando moría un hombre casado sin haber dejado descendencia, su hermano debía desposar a la viuda; en el caso de que él se negara, ella, delante de los ancianos del pueblo, «le quitará la sandalia del pie y le escupirá en la cara» (Deut 25,9).

Con ese trasfondo, «no quitarle la sandalia» significa que Jesús está dispuesto a desposar al pueblo. De esta manera, Marcos lo presenta con una de sus imágenes preferidas –lo será también para el cuarto evangelio-: la de novio o esposo. Así como los profetas cantaban a Yhwh, que desposaba al pueblo por amor, Marcos muestra a Jesús como el nuevo esposo del nuevo pueblo.

Con la segunda expresión, se resume la misión de Jesús. Como he señalado antes, el bautismo con agua realizado por Juan era un gesto simbólico del nuevo nacimiento: del mismo modo que la persona se sumerge en el agua y sale de ella limpia, quien se bautizaba manifestaba su disposición a «morir» a lo viejo para «resucitar» a una vida nueva.

Pues bien, contraponiéndolo a esa imagen, de Jesús se afirma que «bautizará con Espíritu Santo». Bautizar con Espíritu Santo significa comunicar la misma vida divina. Y así queda bellamente definida su misión, que en el evangelio de Juan se recogerá con palabras similares: «He venido para que tengan vida, y vida en plenitud» (Juan 10,10). Vida divina es vida en plenitud.

Hablando con rigor, más que «comunicar» vida, lo que Jesús nos aporta es descubrirnos que, como él, somos Vida.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

Abendualdiko 2. Igandea-GEURE BEKATUAK AITORTU-CONFESAR NUESTROS PECADOS

José Antonio Pagola
Grupos de Jesús

GEURE BEKATUAK AITORTU

«Jainkoaren Seme Jesu Kristoren Berri Onaren Hasiera». Horra Markosen ebanjelioaren hasiera itzaltsu eta pozgarria. Baina, segidan, bat-batean eta besterik gabe, bere Mesias eta Jauna onartu ahal izateko herri guztiak beharrezkoa duen premiazko bihotz-berritzeaz hasi da.

Basamortuan profeta desberdin bat agertu da. «Jaunari bidea prestatzera» dator. Horixe du profeta hark Jesusi egin behar dion zerbitzu handia. Haren deia ez doakio lagun bakoitzaren kontzientziari soilik. Lagun bakoitzaren bihotz-berritze morala baino zerbait gehiago nahi du Joanek. «Jaunari bidea prestatzea» da kontua, bide jakin eta guztiz zehatza, Jesusek berak egingo duen bidea, jende askoren itxaropen konbentzionalei huts eginez.

Hunkigarria izan da herriaren erreakzioa. Ebanjelioaren arabera, Judea eta Jerusalem alde batera utzi, eta «basamortuko» bideari ekin dio, deika nabari duen ahotsa entzuteko. Jainkoarekiko, bere adiskide eta aliatu harekiko, antzinako bere leialtasuna gogorarazi dio basamortuak; batez ere, ordea, lekurik hobena da hura bihotz-berritzeko deia entzun ahal izateko.

Bizi duen egoeraz jabetu da han herria; kanbiatu beharra ekarri dio burura; bere bekatuak aitortu ditu han, bata besteari errua botatzen ibili gabe; salbazio-beharra sumatu du. Markosen arabera, «beren bekatuak aitortzen zituzten» eta Joanek «bataiatu egiten zituen».

Kristautasuna bizitzeko gure moduak behar duen konbertsioa ezin da inprobisatu. Barne-biltze eta barne-lan luzea eskatzen du. Urteak beharko dira, Elizan egia zinezkoago eta handiago egin dezagun arte, eta gure kristautasunaren erdigunean Jesu Kristo onartu ahal izateko beharrezkoa den konbertsioa barruntatu ahal dezagun arte.

Hau izan liteke gaur egun gure tentazioa: «basamortura» ez joan nahi izatea. Konbertsio-premiari izkina egitea. Aldatzera dei egiten digun ahots bati ere kasurik ez egitea. Edozein gauzarekin geure arreta zabartzea, geure beldurra ahantzi eta Jesu Kristoren egiari «bai» esateko geure adore-falta disimulatzeko.

Miresgarria da judu-herrian ageri den «bere bekatuak aitortu» delako irudi hori. Ez ote gara egungo kristauok kontzientzi azterketa kolektibo bat egin beharrean, maila guztietan, geure hutsegiteak eta bekatuak aitortzeko? Aitorpen hori gabe, daitekeena ote «Jaunari bidea prestatzea»?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Domingo de Adviento – B (Marcos 1,1-8)

por Coordinador Grupos de Jesús

CONFESAR NUESTROS PECADOS

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.

La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.

La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?

José Antonio Pagola