- 3º DOMINGO de ADVIENTO. B . (Diciembre 14 de 2014)
* Hace tres Domingos iniciamos un tiempo de Adviento. Desde el primer domingo oíamos un mensaje de esperanza y, a la vez, una llamada a la conversión necesaria y una invitación al compromiso.
Hoy se nos llama a sentir la alegría por la cercanía de nuestra liberación: se acerca Jesús el liberador esperado. Tiene que brotar en nosotros y desde nosotros una alegría que brota de corazones agradecidos.
Pero esta alegría que invade a quien sabe la cercanía del Señor, no es una alegría artificial y sin sentido, y mucho menos una evasión para no comprometerse en la vida. Al contrario, la alegría cristiana es un estado de ánimo que impulsa al trabajo, al servicio y al compromiso.
Que sabe esconderse, que orienta nuestras miradas hacia el verdadero protagonista de la historia Jesús de Nazaret. Juan viene como testigo de la luz. No era él la luz, sino el testigo. Tampoco es el Mesías, el profeta soñado, sino el que sabe señalar y preparar el camino del Señor.
El Señor sigue llegando, está a las puertas, y de nuevo se nos recuerda la tarea: Velad, preparad, estar alegres. Ser testigos de esa luz que es Cristo, señalar con alegría a Jesús que está en medio de nosotros y viene a salvarnos.
Para un cristiano celebrar la Navidad es reconocer y acoger a Cristo en nuestra vida. Algo tiene que cambiar en nuestro estilo de vivir y sobre todo en nuestro corazón, en nuestro interior.
Nos podíamos preguntar:
*¿Dónde ponemos nosotros, la comunidad, la Iglesia, nuestra alegría?
María de Nazaret nos da su ejemplo. Canta la grandeza del Señor, porque la llegada del Hijo que espera es de verdad la gran BUENA NOTICIA. La oración de María es de alegría y esperanza porque llega el Reino de Dios.
* En cualquier caso la razón para estar alegres es la BUENA NOTICIA que Juan anunciaba y que Cristo cumplió y sigue cumpliendo hasta que vuelva al final de los tiempos. Una alegría que nos mantiene mirando en esperanza ese final y trabajando este presente, unidas a Cristo, que harán que su BUENA NOTICIA siga viniendo y cumpliéndose entre nosotros.
* ORACIÓN
Jesús de Nazaret. La Palabra que hemos escuchado en esta celebración, nos anima a vivir siempre alegres.
Juan Bautista decía de sí mismo que era un testigo de la Luz y es eso lo que nosotros debemos ser;
por eso te pedimos que nuestra vida ayude a otros a conocerte, amarte y reconocerte como Salvador y así dar sentido a la vida.
Este tiempo de Adviento, nos ofrece la oportunidad para dejarnos llenar nuestro interior con la alegría del Evangelio que es la BUENA NOTICIA y para ayudarnos mutuamente a superar la tristeza que nace de una vida superficial. Isaías, Pablo Y María con sus lecturas, quieren contagiarnos la alegría que da vida y esperanza a pesar de las dificultades.
Que sepamos escucharlas, orarlas, vivirlas y ponerlas en práctica siendo luz para los demás.
Jesús, que vienes siempre, ayúdanos a ser personas y comunidades agradecidas de cuanto hemos recibido y recibimos gratuitamente para que sepamos agradecerlo, valorarlo y compartirlo con los demás. AMÉN.
LA ORACIÓN NOS DA ALEGRÍA Y ESPERANZA. POR ESO, SEGUIMOS ORANDO.
Cuando dices: “No soy capaz de resolver mis problemas”
Dios te dice: “Yo sigo tus pasos” .Prov.3, 5-6
Cuando dices: “Es imposible”
Dios te dice: «Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios» Lc.18, 27
Cuando dices: “Me siento muy sol@”
Dios te dice: «No te dejaré y no te abandonare». Heb.13, 5
Cuando dices: “¿Cómo podré hacer esto que me pides? ¿Quién me ayudará?”
Dios te dice: «Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas encontrarás refugio» Sal.90.4
Cuando dices: “No merezco perdón”
Dios te dice: «Yo te perdono» 1 Jn. 1, 9 Rom.8, 1. «Aunque vuestros pecados fuesen como escarlata, se volverán blancos como la nieve» Is.1, 18.
Cuando dices: “Tengo miedo”
Dios te dice: «No temas, porque yo estoy contigo» Is.41, 10
Cuando dices: “Estoy muy cansad@”
Dios te dice: «Yo te confortaré» Mt.11, 28-30
Cuando dices: “No sé cómo avanzar…”
Dios te dice: “Yo te indicaré el camino” (Sal.32, 8)
Cuando te preguntas: “¿Cuál es el camino que me conduce a ti?
Dios te responde: “Mi Hijo amado, Jesucristo” (1 Tim.2, 5; Hch.4, 12; Jn. 3, 16)
* ZURIÑE