* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.10.46-52)

  • DOMINGO XXX. –T.O-B- 25 Octubre 2015

PASAR DE LA “CEGUERA” A LA VISIÓN ES SÍMBOLO DE ABRIRSE O DE CRECER EN LA FE.

Jesús va por el camino. Desde la cuneta alguien grita su angustia. Se trata de un ciego, sentado, al borde del camino, mendigo cuya subsistencia depende de los demás. Grita:
Hijo de David, ten compasión de mí.

Los que acompañan a Jesús, quieren hacerle callar y el ciego grita aún más fuerte. Jesús se detiene y pide que le llamen. El ciego tiene suficiente fe como para dar un salto hasta el verdadero Camino,

Arroja el manto y se encuentra con Jesús. Jesús le pregunta: ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI? Bartimeo responde. ¡QUE VEA!… Jesús, no deja pasar ninguna realidad humana dolorida.

Es un relato que habla de nosotros mismos. A menudo vamos como los amigos de Jesús tan encantados por  Él que no escuchamos los gritos del entorno, o lo que es peor, los apagamos, los mandamos callar. Jesús en cambio, nos anima a no pasar de largo: “LLAMADLE”. Y algo muy importante: Jesús nos enseña a ESCUCHAR. Pregunta Al ciego qué quiere. ¿Qué va a querer un ciego? Ver. Pero Jesús no da nada por supuesto. Da la palabra, escucha y luego actúa.
Y este hombre con la vista ya en los ojos y en el corazón sigue a Jesús por el camino, se hace discípulo. Un ciego nos enseña a ver. Este ciego nos enseña el camino del discípulo: desear la luz, invocar a pesar de las dificultades, fiarse de la palabra, ponerse en pie, y seguir el camino de Jesús… incluido el que sube a Jerusalén.

Nosotros quizá, tenemos mucho también del ciego del camino. No vemos, nos llegan ecos de que Jesús pasa. Hasta que tenemos el valor de gritar nuestra angustia.

Al ciego, el encuentro personal con Jesús le transforma la vida, empieza a ver claro y descubre que debe hacerse discípulo o seguidor y compañero de Jesús. Ha pasado de estar al margen del camino, incapaz de hacer algo por su cuenta, a descubrir el sentido de su vida… Por otro lado, Jesús le invita a mirar hacia su interior, diciéndole que lo que salva es la fe que hay dentro de él. Sí, la fe debe estar bien arraigada en el corazón del creyente.

Este pasaje nos invita a no sofocar ni hacernos sordos ante las voces que se levantan en nuestro mundo. A animar a todos los que buscan luz, dignidad y a poderse expresar. Y a descubrir el camino por el que siempre pasa Jesús. Que en todos los acontecimientos de cada día descubramos cómo podemos servir y hacer el bien.

El Señor, cada día, nos hace a cada uno esta pregunta: ¿QUÉ QUIERES QUE TE HAGA…?

Y nosotros, nos debemos preguntar:
¿Qué gritos y lamentos oímos…? ¿A qué gritos está atenta la comunidad cristiana…?

ORACIÓN

Escucho a Jesús que me dice: ¿QUÉ QUIERES QUE TE HAGA?…

Jesús de Nazaret, abre mis ojos a la luz para reconocerte vivo donde menos me lo espero.

Abre mis ojos para confesarte delante de quienes me preguntan por Ti, o de quienes no me preguntan.

Abre mis ojos, Jesús, como abriste los ojos del ciego.

Abre mis ojos para descubrir la semilla de tu presencia en las cosas.

Abre mis ojos para verte en todo lo que existe y pasa a mi lado.

Abre mis ojos, Señor, para descubrir como debo seguirte.

Abre mis ojos, Jesús de Nazaret, para que en el camino del día a día, descubra cómo puedo, cómo podemos servir y hacer el bien.

¡Qué yo vea, Señor!

AMÉN. ZURIÑE

ITSU IZATETIK SENDATU – CURARNOS DE LA CEGUERA, José A. Pagola

Urteko 30. igandea – B (Markos 10,46-52)

Evangelio del 25/oct/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

ITSU IZATETIK SENDATU – CURARNOS DE LA CEGUERA

Zer egin genezake geure bihotzean fedea epeltzen ari dela nabari dugunean? Daitekeena ote erreakzionatzea? Irten ote gintezke axola-ezetik? Bartimeo itsuaren sendatzea dakarkigu Markosek, bere irakurleei bihotz emateko, bere bizitza aldaraz lezakeen ibilbidea egitera jo dezaten.

Ez da neke geure burua ezagutzea Bartimeoren irudi horretan. Inoizka «itsu» bezala bizi ohi gara, begirik gabe, Jesusek ikusten zuen moduan, bizitza ikusteko. «Eseririk», ohiko erlijio batean kokaturik, Jesusen urratsei jarraitzeko kemenik gabe. Desbideraturik, Jesus egiten ari den bidearen «ertzean», hura hartu ezinik geure kristau-elkarteen gidaritzat.

Zer egin genezake? Bere itsu-izaera eta guzti, Bartimeok «jakin du» ezen bere ingurunean dabilela Jesus. Ezin utzi du galtzen bere aukera, eta hoska ekin dio, behin eta berriz: «erruki nitaz». Horixe da beti lehenengo gauza: bihotza irekitzea edozein deiri edo esperientziari, geure bizitza sendatzera gonbidatzen gaituenean.

Itsuak ez daki bestek egindako otoitzak errepikatzen. Dei-hotsa bakarrik atera zaio, erruki-eskea soilik, bere burua gaizki ikusten duelako. Dei-hots apal eta egiati hori, bihotz-barnetik atera den hori, bizitza on baten hasiera gerta dakiguke. Jesus ez da igaroko gure ondotik kasurik egin gabe.

Itsuak lurrean jarraitzen du, Jesusengandik urrun, baina adi-adi entzun du bidalitakoek esan diotena: «Aupa! Jaiki! Deika duzu!» Lehenik, bihotza ireki du, esperantzari zirrikitu txiki bat eskainiz. Ondoren, deia entzun du, jaiki eta erreakziona dezan. Azkenik, ez dago bakarrik: deika sumatu du Jesus. Guztiz aldarazi du horrek itsua.

Orduan, hiru urrats egin ditu Bartimeok, bere bizia aldatuko dutenak. «Gain-jantzia bota du», oztopo du Jesusengana joateko. Gero, artean itsumustuka bada ere, «jausi bat egin du», ausart. Horrela, Jesusengana «hurbildu da». Horra zer behar genukeen gutako askok ere: geure fedea itotzen ari diren lotura askotarik geure burua askatu; behingoz erabakia hartu, gerorako utzi gabe, eta Jesusen aurrean jarri, konfiantza xumez eta berriz.

Jesusek galdetu dionean zer nahi duen, itsuak ez du dudarik. Ederki asko daki zer behar duen: «Irakasle, ikus dezadala». Hori du gauzarik inportanteena. Norbait gauzak era berri batean ikusten hasten denean, eraldatu egiten da halakoaren bizitza. Elkarte bat, Jesusen argia ikusten duenean, bihotz-berritu egiten da.

José Antonio Pagola

30 Tiempo Ordinario – B (Marcos 10,46-52)

por Coordinador Grupos de Jesús
30 DOMINGO T.O.,  B (Markos 10,46-52)

CURARNOS DE LA CEGUERA

¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.

No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.

¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.

El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Solo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.

El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.

Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.

Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.

José Antonio Pagola

 

 

ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.10.35-45)

  • DOMINGO XXIX. T.O. –B– Octubre 18 DE 2015.
  • “EL HIJO DEL HOMBRE NO HA VENIDO PARA QUE LE SIRVAN, SINO A SERVIR”
    “DOMUND”. SEAMOS MISIONEROS DE LA MISERICORDIA.
  • Merece la pena que nos queden grabadas en el corazón dos frases del evangelio de hoy:

VOSOTROS, NADA DE ESO”;  “PORQUE EL HIJO DEL HOMBRE NO HA VENIDO PARA QUE LE SIRVAN SINO A SERVIR”…

En el Mensaje de Jesús se expresa que en las relaciones humanas “los que son reconocidos como jefes de los pueblos, a veces los oprimen y nos recuerda que la “autoridad” es para el servicio. El estilo de Jesús opera una radical conversión: Cambia a los servidores en grandes y convierte a los esclavos de los otros, en los primeros.

Si se tuviera que explicar a alguien que desconoce por completo el sentido de la vida de Jesús de Nazaret, bastaría con decir: “Sirvió a todos por Amor”.

Nos dejó bien claro que no se trata de deslumbrar, sino de iluminar; no se trata de aleccionar, sino de acompañar; no se trata de adoctrinar, sino de compartir. La vida es servicio. Así lo hizo Jesús  “dar la vida en rescate (salvador) por todos”. Este es el camino, no es ninguna novedad, ha sido siempre así. Quizá habíamos perdido el camino del evangelio y hay que volver a retomarlo.

El tema del DOMUND que es este domingo, es muy ilustrativo:
“MISIONEROS DE LA MISERICORDIA”

Nosotros hemos oído y hemos creído en la Palabra; ahora nos corresponde ser pregoneros y misioneros de esta Palabra pronunciada y encarnada. Y hemos de serlo con el ejercicio de la MISERICORDIA del SERVICIO del COMPARTIR y de la ENTREGA silenciosa y humilde “por la vida del mundo” sin ansias de poder y mando. “Vosotros, nada de eso”, nos dice Jesús.

ORACIÓN

(Hoy nada mejor que ORAR con la Oración mundial del DOMUND.)

Así nos recuerda el Papa Francisco:

No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo.

No es lo mismo caminar con Él  que caminar a tientas.

No es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra.

No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón.

Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. (Francisco: Evangelii gaudium, 266)

ORAMOS

Padre Bueno, Dios rico en Misericordia, concédenos la gracia de seguir el camino de los misioneros y misioneras. Ellos nos enseñan a ser Iglesia “en salida” “servidora”, a vencer la comodidad y el miedo, a tomar la iniciativa, movidos por el Espíritu; a salir al encuentro del otro para mostrarle esa infinita MISERICORDIA de tu corazón que ellos mismos han conocido.

Entregados a Ti en el SERVICIO a los pobres, muestran las puertas siempre abiertas de la Iglesia: el lugar de la MISERICORDIA gratuita, donde cada persona puede sentirse acogida, amada, alegre por el perdón y alentada a vivir según la vida buena del evangelio.

Señor que aprendamos de estos hermanos nuestros a ser “discípulos misioneros”, testigos convincentes de tu MISERICORDIA .  AMÉN. ZURIÑE

 

«EL SERVICIO TOTAL ES LA MÁXIMA GLORIA» de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mc 10, 32-45

Sigue el camino hacia Jerusalén. Los evangelios no son crónicas periodísticas sino teología muy elaborada en las primeras comunidades. Al anunciar Mc tres veces la pasión, está mostrando la rotundidad del mensaje. Al proponer después de cada anuncio, la radical oposición de los discípulos, está advirtiendo de la dificultad del verdadero seguimiento. A continuación del primer anuncio, Pedro dice a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Después de la segunda, lo discípulos siguen discutiendo quién era el más importante. Hoy al tercer anuncio de la pasión, los dos hermanos pretenden sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda. No cabe mayor contraste entre la actitud de Jesús y la de sus seguidores.

Los dos hermanos, que se acercan a Jesús, le llaman pomposamente maestro, pero van a decirle lo que tiene que hacer, no a aprender lo que él les está enseñando. “Uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Parece que Santiago y Juan están pidiendo los primeros puestos en el reino terreno que Jesús va a instaurar en Jerusalén. Pero aunque estuvieran pensando en el reino escatológico, más allá de este mundo, se estaría manifestando el mismo afán de superioridad. Ya decíamos el domingo pasado que la actitud egoísta es la misma, se pretendan seguridades para el más acá o para el más allá.

No sabéis lo que pedís. Se refleja una diferencia abismal de criterios. Jesús y los discípulos están en distinta longitud de onda. Con esta frase, Mc puede estar proponiendo una sutil proyección sobre el momento mismo de la muerte de Jesús. Si tenemos en cuenta que, para Jesús, el lugar de la gloria es la cruz, le estarían pidiendo que vayan con él a la muerte. Curiosamente, todos los evangelios nos dicen que, efectivamente, había en aquel momento uno a su derecha y otro a su izquierda, pero eran malhechores comunes.

Los otros diez se indignaron. Esta reacción no es más que la señal de que todos estaban en la misma dinámica. El resto de los discípulos tenían las mismas ambiciones que los dos hermanos, pero eran cobardes y no tenían la valentía de manifestarlo. También en la protesta por lo que hace otro podemos manifestar el deseo de hacer lo mismo. La inmensa mayoría de los cristianos seguimos intentando utilizar a Dios en nuestro provecho.

Los jefes de los pueblos lo tiranizan… Es impresionante el resumen que hace de la manera de utilizar el poder en el mundo.Fíjate bien, Jesús no critica ni la democracia ni la monarquía; critica a las personas que ejercen el poder oprimiendo. Jesús da por supuesto que en el ámbito civil, lo normal, es ejercer el poder tiranizando y oprimiendo a los demás. Pero ¡qué distinto lo que propone a sus seguidores! «Nada de eso» sino todo lo contrario: Servir. Una lección que los cristianos olvidaron demasiado pronto.

El Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida… Ahora no son los jefes de los sacerdotes los que le quitan la vida, sino que es él el que la entrega libremente. Este cambio de perspectiva en muy importante para el sentido general. Al decir que da su vida, el texto griego no dice “zoe” ni “bios” sino “psyche”, que no significa exactamente vida, sino el fundamento específicamente humano de la vida, lo psicológico. Dar su vida, no significaría entregar su vida biológica muriendo, sino poner su humanidad al servicio de los demás mientras vive. Sería dar su vida, sirviendo.

En la homilía de hoy, se criticará a la Iglesia porque no sigue el evangelio huyendo de todo poder y sirviendo a todos los hombres. Hay que tener mucho cuidado. Los entes de razón no son sujetos de reacciones humanas. Jesús critica a la persona concreta que actúa desde el poder para oprimir a los demás. Somos las personas con nombre y apellidos las que seguimos actuando sin tener en cuenta el evangelio. El mismo Ratzinger, en un libro (el nuevo pueblo de Dios) que se publicó en español en 1972, se pregunta, “cómo los sucesotes de los apóstoles, en tiempo de Constantino, llegaron a considerar como correcto lo contrario de lo que les había dicho Jesús a los discípulos”.

El evangelio nos dice, por activa y por pasiva, que el cristiano es un ser para los demás. Si no entendemos esto, no hemos comprendido el a b c del cristianismo. Pero este mensaje es también la x, porque es la incógnita más difícil de despejar, la realidad más camuflada bajo la ideología justificadora que siempre segrega toda religión institucionalizada. Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos o queremos dominarlos de cualquier forma.

Este principio básico del cristianismo no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió en lo más hondo de su ser. Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da. Jesús descubrió que ese era el fin supremo del hombre, darse, entregarse totalmente, definiti­vamente.

En ese don total, encuentra el hombre su plena realización. Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. El ego es siempre falso porque es una creación mental, por eso necesita estar siempre afianzándose. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser absoluto. El ser humano se hace uno con Él. Esa es la meta, no hay más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser, porque es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás. Si acepto darme a los demás por programa­ción, será a regañadientes y espero una recompensa, aunque sea espiritual. Estoy buscando potenciar mi “ego”. Tampoco se trata de sufrir, de humillarse ante Dios o ante los demás, esperando que después, Dios me lo pagar con creces. La máxima gloria será vivir y desvivirse en beneficio de los demás.

No entender esta verdad, nos ha llevado a exigir de Dios, incluso para Jesús, una gloria. La necesidad de un lenguaje sobre Jesús glorificado, es fruto de esta incomprensión. El 90% del lenguaje sobre Jesús, está hecho desde esta perspectiva. En el evangelio hay datos más que suficientes para descubrir esta falsedad, pero nos agarramos a un clavo ardiendo para no aceptar la verdad. El hombre ha tenido siempre miedo a la oscuridad. Lo sorprendente es que también tiene pánico a la luz, cuando ilumina demasiado.

Los evangelios están escritos desde una visión mítica. En el relato no se cuestiona que Jesús se sentará en su trono ni que habrá alguien a su derecha y a su izquierda. A continuación nos dice que la gloria consiste en el servicio, en el amor manifestado. Pero el amor es lo contrario al egoísmo y lleva consigo la desaparición del ego. Superado el individualismo, solo queda la unidad. Los honores y la gloria solo son posibles mientras persista el ego. Superado, todo es UNO. Ya no hay un sujeto que pueda recibir gloria ni otro que la da.

El objetivo de Jesús fue entregarse, deshacerse en beneficio de los demás. Así,llegó a su plenitud, como ser humano. Su consumación fue idéntica realidad a su consumición en favor de los demás. No tiene sentido que lo hiciera esperando una recompensa de gloria. La superación de yo y la identificación con Dios es ya su máxima gloria.No hay, no puede haber más. Ya no hay un Dios que glorifique ni un Jesús glorificado.

 

Meditación-contemplación

Opresión, tiranía, sometimiento, esclavitud, servidumbre.
Entre vosotros nada de eso, dice Jesús.
La realidad es tozuda y nos está diciendo que
todo eso lo encontramos en cada uno de nosotros.
………………

Si la esencia del cristiano es el amor, la entrega y el servicio
y eso no lo cumplimos,
¿Qué hemos hecho del cristianismo de Jesús?
¿No nos estamos engañando con una moral tranquilizante?
…………………

La larga lucho que tuvo Jesús con sus discípulos
para que superaran su mentalidad egoísta,
es la misma que tenemos que llevar a cabo
cada uno de nosotros contra nosotros mismos.
…………………

 

Fray Marcos

 

 

Urteko 29. igandea – Domingo 29 T.O., José A. Pagola

Evangelio del 18/oct/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

B (Markos 10,35-45)

GURE ARTEAN HORRELAKORIK EZ -NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS

Jerusalemera bidean, ikasleei ohartaraziz doa Jesus ezen dolorezko zoria izango duela, bai berak, bai berari jarraitzen dion orok. Sinestezina da bidean lagun dituenak zein oharkabe bizi diren. Gauza bera gertatzen da gaur egun ere.

Santiago eta Joan, Zebedeoren semeak, taldetik apartatu eta Jesusengana doaz, biak bakarrik. Ez dute besteen beharrik. Lekurik hoberenak nahi dituzte eta lehenengo izan Jesusen egitasmoan, berek beren erara irudikatu duten hartan. Haien eskaria ez da erregua, baizik handinahi zoroa: «Eskatzera gatozkizuna eman diezaguzun nahi dugu». Jesusek gainerakoen gain ezar ditzan gura dute.

Jesus harritu egin dela ematen du. «Ez dakizue zer ari zareten eskatzen». Ez diote zipitzik ere ulertu. Patxada handiaz gonbidatu ditu Jesusek pentsatzera, ea gai diren bere doloretako zoria bera partekatzeko. Bi haien ateraldiaz konturatu direnean, biziki haserretu dira beste hamar ikasleak Santiagoren eta Joanen aurka. Berek ere amets bera dute. Handinahi horrek banatu egin ditu eta elkarren kontra jarri. Ohorearen eta probetxuzko protagonismoaren bila ibiltzeak hautsi egiten du beti kristau-elkartearen batasuna. Baita gaur egun ere. Zer hori baino okerragorik, Jesusen eta jendearen askatasunaren zerbitzari izateko hark dakarren egitasmoaren kontra?

Hain larria da gertatua, non Jesusek «bildu egin baititu» garbi uzteko zer jarrera izan behar duten bere jarraitzaileek beti. Ondo baino hobeto dakite nola jokatzen duten erromatarrek, «herrietako buruzagiek» eta lurreko «handikiek»: jendearen tirano izan ohi dira, menderatzaile eta beren boterea sentiarazi behar izaten dute. Hona bada: «zuen artean horrelakorik ez».

Jesusen jarraitzaileen artean dena bestelako izan behar du: «handi izan nahi duena izan bedi zerbitzari, eta lehenengo izan nahi duena izan bedi guztien esklabo». Handitasuna ez da neurtzen duzun boterearen arabera, gizartean duzun mailaren arabera, erakusteko dituzun tituluen arabera. Jesusen Elizan horrelako gauzen bila dabilena ez da handiago bihurtzen, baizik ezdeusago eta barregarriago. Izatez, oztopo da hori guztia Gurutziltzatuak nahi izan duen biziera sustatu nahi denean. Halakoari oinarrizko ezaugarri bat falta zaio Jesusen jarraitzaile izateko.

Elizan guztiok behar dugu izan zerbitzari. Kristau-elkartean kokatu behar dugu geure burua, ez goitik beherantz, nagusitasunetik, boteretik edo probetxuzko protagonismotik begira, baizik behetik, prestasunetik, zerbitzutik eta besteei nola lagunduko bilatzetik begira. Jesus dugu geure eredu. Hura ez zen bizi sekula «zerbitzatua izateko, baizik zerbitzari izateko». Horixe da hura zer izan zen hobekienik eta miresgarrienik adierazten duen laburpena: zerbitzari izan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

29 Tiempo Ordinario – B (Marcos 10,35-45)

NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS

Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús, tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición: «Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. «No sabéis lo que pedís». No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones. La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos»«grandes» de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «vosotros nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente: «El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Este es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: servicio a todos.

José Antonio Pagola

 

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: Mc.10.17-30)

*DOMINGO XXVIII. T.O. –B–  11 Octubre 2015

 

*    Como todas las semanas escuchamos la Palabra de Dios, llena de Fuerza. Una Palabra que es viva y eficaz que cumple su cometido para indicarnos el camino y hacernos ver cómo tenemos que vivir. También nos habla del Reino de Dios mostrándonos las actitudes necesarias para recibirlo.

  • La escena de Jesús  y su interlocutor rebosa franqueza y espontaneidad:
    Maestro bueno. ¿Por qué me llamas bueno? Sabes los mandamientos.

Los he cumplido desde pequeño… Una cosa te falta…

El Evangelio de hoy viene a llamarnos la atención sobre un peligro, el de confundir las cosas y no saber por donde andamos.

  • Ser cristiano significa no ser mejor que los otros, solamente que es diferente, porque ser
    cristiano es tener a Dios como único bien, como único tesoro, cómo única riqueza como nos lo indica Jesús hoy en el Evangelio. Sin embargo, ¡cuántas cosas que no son Dios ni de Dios, son consideradas como buenas por nosotros hoy día!: El poder, el dinero, la vida fácil y cómoda, el que nadie nos moleste ni se meta en nuestra vida. Porque quien tiene a Dios como único bien no tiene otra alternativa que verlo todo desde la óptica de Dios. Desde esa óptica, es aceptable el tener, el poseer; pero uno descubre que no es lo principal. Lo principal es el COMPARTIR. No es malo tener dinero; lo malo es aferrarse a él, querer guardarlo para uno solo, acumularlo mientras otros no tienen ni para sobrevivir, convertirlo en el Dios de uno.

Y así podríamos ir recorriendo la lista de todos los bienes: progreso, cultura, sin ponerlo al servicio de los demás.

*          Nadie puede plantearse hoy su fe en Dios, Padre de todos, Creador del mundo, sin tener por delante “el pecado del mundo” su estructura universal injusta y mortífera. Creer en Dios reclama justicia; la justicia exige solidaridad y lucha contra las causas de la pobreza…

*          El evangelio de Marcos hoy transformó el tema de ricos y pobre en un tema de CONVERSIÓN.

También hoy, la justicia y la solidaridad exigida por la fe en Dios, pasan a ser un PROCESO DE CONVERSIÓN para nosotros.

  • Nos hace falta SABIDURÍA CRISTIANA. Sabio será el que siga a Jesús camino del Reino, o sea, el que escuche su llamada y dejando todo lo que frene su generosidad, sirven fielmente los programas del Reino de Dios tal como hoy se presentan: con Servicio, fracasos, persecuciones y gozos en el Espíritu. Sabios, por tanto, son los amigos de Jesús que se demuestran por el amor y la alegría con que se sirve a los pobres y excluidos.

 

ORAMOS

Jesús  de Nazaret, te damos gracias porque nos das a conocer dónde está la verdadera alegría y te pedimos hoy la luz del Espíritu y la sabiduría del corazón para saber escoger lo que nos hace bien, nos construye como personas y ayuda a vivir en un mundo más humano y fraterno

Que estemos siempre abiertos a acoger tu palabra, que penetre en nuestro interior y nos ayude a distinguir lo que nos hace bien y lo que nos perjudica y así descubramos la riqueza de compartir  con los demás.

Que sepamos vivir tu Reino de vida:

Que creamos que Dios es Padre que nos ama siempre.

Que trabajemos para que se realice siempre su voluntad amorosa.

Que haya pan, salud, fraternidad, vida… para todos.

Que sepamos perdonar como Dios nos perdona.

Que vivamos en “justicia, paz y alegría en el Espíritu. AMÉN. ZURIÑE

«BONDAD, RIQUEZA Y DESPRENDIMIENTO», Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
Fe Adulta

Mc 10, 17-30

Este relato destaca, en primer lugar, por la contundencia de sus afirmaciones.

En la primera de ellas, Jesús hace una afirmación tajante: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”. Son palabras que a los defensores de la divinidad de Jesús, entendida en sentido estrictamente dogmático, les planteaba una objeción de difícil salida.

Cuando se quiere abordar la cuestión de la divinidad de Jesús –“una persona, dos naturalezas”- desde el modelo mental, se entra irremisiblemente en un galimatías sin salida. Sin embargo, en la visión no-dual, se cae en la cuenta de que se trataba de un pseudoproblema porque, efectivamente, solo Uno es bueno. Todo es Uno, lo Real. Y Eso es Bondad, Verdad y Belleza.

“Lo bueno” –Dios, el Padre, lo Real, la Consciencia…- es la Fuente de donde todo procede y que se manifiesta en las formas que vemos. La bondad, como cualquier otra cualidad, es siempre transpersonal, trasciende a los individuos particulares, aunque todos participen de ella. Cuando esto se olvida, caemos fácilmente en peligrosas idealizaciones. Por todo ello, encuentro profundamente sabia la respuesta de Jesús: solo la Fuente es buena, verdadera, bella…, la misma y única Fuente que constituye nuestro núcleo más profundo.

Y sobre la riqueza la postura es igualmente tajante: “¡Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios!”.

Quizás podamos entender mejor el sentido de esta afirmación si comprendemos lo que significaba “entrar en el Reino”: compartir y vivir el proyecto de Jesús, un proyecto caracterizado por la vivencia de la fraternidad universal.

Así planteado, es evidente que se trata de dos modos de posicionarse radicalmente divergentes: no se puede vivir para el dinero y, al mismo tiempo, para los demás. Por eso, quien vive apegado al dinero no puede tener como prioridad el proyecto de Jesús.

Sin embargo, carece de sentido una lectura moralizante del texto. No se trata de “exigir” un comportamiento determinado para “merecer” la salvación, como creería una religión mercantilista. Frente a ello, el propio Jesús afirma que “para Dios no hay nada imposible”. Si uno vive la pobreza únicamente desde esa motivación, es probable que su corazón esté tan “ocupado” por esa idea de la perfección, como lo está el corazón del rico por el dinero. Y algo de eso se aprecia incluso en las palabras de Pedro, pidiendo alguna “recompensa”.

La sabiduría no va por ahí. El afán de perfección nace del yo (ideal) y gira en torno a él. Pero de lo que se trata es justamente de desegocentrarse, es decir, de dejar de reconocerlo como si fuese nuestra verdadera identidad. Tanto el afán de riquezas como cualquier idea de mérito revelan que giramos aún a su alrededor. Cuando comprendemos quiénes somos, el comportamiento se modifica: el desprendimiento es consecuencia –gozosa- de la comprensión. De ahí que el mismo Jesús proclamara felices a quienes eligen ser pobres, es decir, a quienes se hallan desnudos del yo.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

 

Urteko 28. igandea – 28 Tiempo Ordinario, José A. Pagola

B (Markos 10,17-30)

Evangelio del 11/oct/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

GAUZA BAT DUGU FALTA- UNA COSA NOS FALTA

Pasadizoari aparteko bizitasuna eman dio kontalariak. Jerusalemerako bidea hartu du Jesusek, baina leku hartatik urrundu baino lehen, ezezagun bat iritsi zaio «korrika» eta«belauniko jarri aurrean», bertan eusteko. Jesusen premia gorria du.

Ez da sendatu beharra duen gaixo bat. Maisuagandik argia lortu nahi du bere bizitza norabidetzeko. «Zer egin behar dut betiko bizia ondare izateko?» Ez da arazo teoriko hutsa, baizik existentziala. Ez da mintzo maila orokorrean; berak zer egin behar duen jakin nahi du.

Beste ezer baino lehen, Jesusek hau gogorarazi dio: «ez da inor on Jainkoa baizik». Zer «egin» planteatu aurretik, beste inor ez bezalako Jainko On baten aurrean bizi garela izan behar dugu gogoan: haren ontasun ezin ulertuan estekatu behar dugu geure bizitza. Ondoren, Jainko On horren «aginduak» gogorarazi dizkio Jesusek. Bibli tradizioaren arabera, horixe da betiko bizirako bidea.

Miresgarria da gizon haren erantzuna. Txikitandik bete du hori guztia, baina amets handiago bat sumatu du bere baitan. Beste zerbaiten bila dabil. «Jesus begira-begira jarri zaio samurkiro». Begiratu horrek, besterik gabe, gizon harekin izan nahi duen harreman pertsonala adierazten du.

Ondo ulertu du Jesusek haren ezin asea: «gauza bat duzu falta». Betiko bizia «lortzeko» agindua «betetzearen»logika horri jarraituz, bekaturik gabe bizi bada ere, ez da geldituko guztiz asea. Gizakiaren barnean bada irrika sakonago bat.

Horregatik, bere bizitza beste logika baten arabera norabidetzera gonbidatu du Jesusek. Lehenengo gauza, bere ondasunei atxikirik ez bizitzea da («saldu daukazuna»). Bigarrena, pobreei laguntzera gonbidatu du («eman haiei zeure dirua»). Azkenik, «zatoz eta jarraitu niri». Biek elkarrekin egin ahal izango dute bidea Jainkoaren erreinurantz (!).

Gizonak, ordea, altxatu eta alde egin du Jesusengandik. Ahaztu egin du Jesusen begiratuaren xarma, eta triste joan da. Badaki ezin gozatu izango duela inoiz ere Jesusi jarraitzen diotenen poza eta askatasuna. Markosek argitu digu, ezen «oso aberatsa zela».

  • Ez ote hori bera lurralde aberatsetako kristau aseon esperientzia?
  • Ez ote gara bizi ongizate materialak harrapaturik?
  • Ez ote zaio falta gure erlijioari pobreekiko maitasun bizia?
  • Ez ote zaigu falta Jesusen jarraitzaileen poza eta askatasuna?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

28 Tiempo Ordinario – B (Marcos 10,17-30)

Evangelio del 11/oct/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

UNA COSA NOS FALTA

El episodio está narrado con intensidad especial. Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, pero antes de que se aleje de aquel lugar, llega «corriendo» un desconocido que «cae de rodillas» ante él para retenerlo. Necesita urgentemente a Jesús.

No es un enfermo que pide curación. No es un leproso que, desde el suelo, implora compasión. Su petición es de otro orden. Lo que él busca en aquel maestro bueno es luz para orientar su vida: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No es una cuestión teórica, sino existencial. No habla en general; quiere saber qué ha de hacer él personalmente.

Antes que nada, Jesús le recuerda que «no hay nadie bueno más que Dios». Antes de plantearnos qué hay que«hacer», hemos de saber que vivimos ante un Dios Bueno como nadie: en su bondad insondable hemos de apoyar nuestra vida. Luego, le recuerda «los mandamientos» de ese Dios Bueno. Según la tradición bíblica, ese es el camino para la vida eterna.

La respuesta del hombre es admirable. Todo eso lo ha cumplido desde pequeño, pero siente dentro de sí una aspiración más honda. Está buscando algo más. «Jesús se le queda mirando con cariño». Su mirada está ya expresando la relación personal e intensa que quiere establecer con él.

Jesús entiende muy bien su insatisfacción: «una cosa te falta». Siguiendo esa lógica de «hacer» lo mandado para«poseer» la vida eterna, aunque viva de manera intachable, no quedará plenamente satisfecho. En el ser humano hay una aspiración más profunda.

Por eso, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva. Lo primero es no vivir agarrado a sus posesiones:«vende lo que tienes». Lo segundo, ayudar a los pobres: «dales tu dinero». Por último, «ven y sígueme». Los dos podrán recorrer juntos el camino hacia el reino de Dios.

El hombre se levanta y se aleja de Jesús. Olvida su mirada cariñosa y se va triste. Sabe que nunca podrá conocer la alegría y la libertad de quienes siguen a Jesús. Marcos nos explica que «era muy rico».

  • ¿No es esta nuestra experiencia de cristianos satisfechos de los países ricos?
  • ¿No vivimos atrapados por el bienestar material?
  • ¿No le falta a nuestra religión el amor práctico a los pobres?
  • ¿No nos falta la alegría y libertad de los seguidores de Jesús?

José Antonio Pagola

 

EL PROBLEMA DEL DIVORCIO

FE ADULTA

El relato evangélico contiene dos escenas: en la primera, los fariseos preguntan a Jesús si se puede repudiar a la mujer y reciben su respuesta (2-9); en la segunda, una vez en la casa, los discípulos insisten sobre el tema y reciben nueva respuesta (10-12).

Primera escena: los fariseos y Jesús.

La pregunta que le hacen resulta desconcertante, porque el divorcio estaba permitido en Israel y ningún grupo religioso lo ponía en discusión. Que el matrimonio es una institu­ción divina lo sabe cualquier judío por el Génesis, donde Dios crea al hombre y a la mujer para que se compenetren y complemen­ten. Pero el judío sabe también que los problemas matrimoniales comienzan con Adán y Eva. El matrimonio, incluso en una época en la que la unión íntima y la convivencia amistosa no eran los valores primordiales, se presta a graves conflictos.

Por eso, desde antiguo se admite, como en otros pueblos orientales, la posibilidad del divorcio. Más aún, la tradición rabínica piensa que el divorcio es un privilegio exclusivo de Israel. El Targum Palestinense pone en boca de Dios las siguientes palabras: «En Israel he dado yo separación, pero no he dado separación en las naciones»; tan sólo en Israel «ha unido Dios su nombre al divorcio».

La ley del divorcio se encuentra en el Deuteronomio, capítulo 24,1ss donde se estipula lo siguiente: «Si uno se casa con una mujer y luego no le gusta, porque descubre en ella algo vergonzoso, le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa…»

Llama la atención en esta ley su tremendo machismo: sólo el varón puede repudiar y expulsar de la casa. En la perspectiva de la época tiene su lógica, ya que la mujer se parece bastante a un objeto que se compra y que se puede devolver si no termina convenciendo. Sin embargo, aunque la sensibilidad de hace veinte siglos fuera distinta de la nuestra (tanto entre los hombres como entre las mujeres), es indudable que unas personas podían ser más sensibles que otras al destino de la mujer. Este detalle es muy interesante para comprender la postura de Jesús.

En cualquier caso, la ley es conocida y admitida por todos los grupos religiosos judíos. Por consiguiente, la pregunta de los fariseos resulta desconcertante. Cualquier judío piadoso habría respondido: sí, el hombre puede repudiar a su mujer. Pero Jesús, además de ser un judío piadoso, se muestra muy cercano a las mujeres, las acepta en su grupo, permite que le acompañen. ¿Estará de acuerdo con que el hombre repudie a su mujer? Así se comprende el comentario de Mc: le preguntaban «para ponerlo a prueba». Los fariseos quieren poner a Jesús entre la espada y la pared: entre la dignidad de la mujer y la fidelidad a la ley de Moisés. En cualquier opción que haga, quedará mal: ante sus seguidoras, o ante el pueblo y las autoridades religiosas.

La reacción de Jesús es tan atrevida como inteligente. Él también pone a los fariseos entre la espada y la pared: entre Dios y Moisés. Empieza con una pregunta muy sencilla que se puede volver en contra suya: “¿Qué os mandó Moisés?” Y luego contraataca, distinguiendo entre lo que escribió Moisés en determinado momento y lo que Dios proyectó al comienzo de la historia humana.

En el Génesis, Dios no crea a la mujer para torturar al varón (como en el mito griego de Pandora), sino como un complemento íntimo, hasta el punto de formar una sola carne. En el plan inicial de Dios, no cabe que el hombre abandone a su mujer; a quienes debe abandonar es a su padre y a su madre, para formar una nueva familia.

Las palabras de Génesis 1,27 sugieren claramente la indisolubilidad: el varón y la mujer se convierten en un solo ser. Pero Jesús refuerza esa idea añadiendo que esa unión la ha creado Dios; por consiguiente, «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Jesús rechaza de entrada cualquier motivo de divorcio.

La aceptación posterior del repudio por parte de Moisés no constituye algo ideal sino que se debió a «vuestro carácter obstinado». Esta interpretación de Jesús supone una gran novedad, porque sitúa la ley de Moisés en su contexto histórico. La tendencia espontánea del judío era considerar toda la Torá (el Pentateuco) como un bloque inmutable y sin fisuras. Algunos rabinos condenaban como herejes a los que decían: «Toda la Ley de Moisés es de Dios, menos tal frase». Jesús, en cambio, distingue entre el proyecto inicial de Dios y las interpretaciones posteriores, que no tienen el mismo valor e incluso pueden ir en contra de ese proyecto.

Segunda escena: los discípulos y Jesús.

Saca las conclusiones prácticas de la anterior, tanto para el varón como para la mujer que se divorcian. Las palabras: Si ella se divorcia del marido y se casa con otro, comete adulterio, cuentan con la posibilidad de que la mujer se divorcie, cosa que no contemplaba la ley judía, pero sí la romana. Por eso, algunos autores ven aquí un indicio de que el evangelio de Marcos fue escrito para la comunidad de Roma. Aunque en los cinco primeros siglos de la historia de Roma (VIII-III a.C.) no se conoció el divorcio, más tarde se introdujo.

 

José Luis Sicre

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc. 10.2-16)

  • DOMINGO XXVII. T.O. –B- (4 octubre 2015)

En este Evangelio descubrimos, que los fariseos preguntan a Jesús no de conocer el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino “para ponerlo a prueba” y ver si estaba del lado de  los más permisivos o con los más rigoristas.  Ellos se amparan en la ley, pero Jesús la aclara y corrige con una autoridad sorprendente. Sus palabras no son jurídicas sino proféticas y evangélicas. El proyecto de Dios es un proyecto de amor, de ayuda mutua, de unión estable y permanente, en igualdad de derechos del hombre y la mujer.

Lo que Dios ha unido, el hombre no puede separarlo. Pero tampoco es voluntad de Dios que no pueda enmendarse un error,  ni que la gente viva infeliz para siempre por prolongar una situación insostenible.

El ideal es el para siempre y ojala que lo fuera así para todas las parejas que se casan. El amor de Dios para con nosotros es un amor eterno y el amor del sacramento del matrimonio significa el amor de Cristo a su Iglesia; un amor que no es temporal, sino para siempre. Pero nuestra imperfección humana nos hace torpes para lo eterno. Eso Dios lo sabe y hasta nos comprende. Esto nos debe impulsar a una necesaria y esmerada preparación para el matrimonio. Los nuevos esposos deben descubrir “desde la experiencia cristiana” la exigencia que conlleva y afrontarla por el Reino, además de por su felicidad humana personal.

En los matrimonios rotos se mueve un mundo de personas llenas de sufrimientos, soledades, fracaso y angustia. La Iglesia, todos nosotros debemos tener una actitud de cercanía, atención y misericordia ante estas personas que han quedado gravemente heridas por la ruptura.  En unos casos siguen conservando la fe; en otros, la han perdido. Pero todos necesitan especial atención, amor y comprensión.

La familia unida por el amor sigue siendo la base de una sociedad sana y bien equipada para afrontar los tiempos de la historia. En ella reside una de las principales escuelas donde aprendemos a amar aunque no es la única.

Como los niños que no entienden mucho de leyes y nos muestran lo que el se humano necesita:

Ser queridos permanentemente y así sentir seguridad

 

 

ORACIÓN.
Jesús de Nazaret, tú nos invitas a actuar siempre buscando la voluntad de Dios y a no ser mujeres y hombres de corazón duro en nuestras relaciones familiares, sociales y en la vida política.

Bendice y da fuerzas a las familias que quieren vivir el proyecto de Dios creando comunión de vida en amor y fidelidad.

Danos capacidad de escucha y de acompañar con respeto y solidaridad  a las parejas que pasan dificultades o que están viviendo dolorosos fracasos en la vida familiar.

Haz de nuestra comunidad Eclesial una familia de vida fraterna con capacidad de perdón, comprensión, acogida y que así seamos testimonio vivo del Evangelio. AMÉN. ZURIÑE