¿QUIÉN ES ÉSTE? Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mc 4, 35-40

Leemos hoy el final del c. 4. Si no explicamos un poco de que va, da la sensación de tomar un tren en marcha sin saber de donde viene ni a donde va.  Después de enseñar en Cafarnaum y sus alrededores, dejando bien clara la reacción de los jefes religiosos, de los que le siguen e incluso de sus familiares, narra Mc en el C. 4 varias parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada, que acabamos de leer. Se trata de un milagro muy complicado. Los milagros, llamados de naturaleza, son los que menos visos tienen de responder a hechos reales. Están tan cargados de simbolismos que no es preciso que partan de un suceso concreto para justificar la narración.

La Biblia utiliza varias palabras griegas para expresar lo que nosotros denominamos milagro: «thauma» = maravilla, «dynameis» = portento, «teras» = prodigio, «semeion» = signo. El concepto de milagro que manejamos hoy, es relativamente reciente. No tiene ningún sentido preguntarnos hoy si los evangelios nos hablan de milagros (tal como los entendemos hoy), Pero tampoco tiene sentido poner en duda que Jesús hizo milagros, (tal como lo entendían entonces). Lo que nos importa hoy, es descubrir el verdadero sentido de esa manera de hablar. El milagro era un modo de expresarse, comprensible para todos los que vivían en tiempos de Jesús. Decía Evely: «Nuestros mayores creyeron a causa de los milagros, nosotros creemos a pesar de ellos».

El significado general del relato está en la apertura del mensaje de Jesús a todas las gentes. Jesús pide a los discípulos que vayan a la otra orilla. Ya tenemos el primer simbolismo. Está haciendo referencia al paso del mar Rojo y la travesía del desierto. Aquellos pasos, a pesar de los peligros que supusieron, les llevaron a la tierra prometida. Están en el mar de Galilea y la otra orilla era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad del mensaje, más allá del ámbito Judío, que se opone a la apertura. La primera «tormenta» que se desató en el seno de la primera comunidad cristiana, que nos narra el NT, fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

Al hablar de la tempestad, está haciendo referencia a Jonás. (También Jonás se echó a dormir cuando empezó la tormenta, y también fue increpado por el capitán por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo). El mar es en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. Con estos elementos, podemos sacar la enseñanza simbólica. El mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido; y a través de constantes luchas con las fuerzas del mal.

El mensaje del relato es la tranquilidad de Jesús en medio de la tormenta. Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía tranquilamente… Hay que tener en cuenta que se llamaba también «cabezal» a la especie de almohada, donde se colocaba la cabeza de un muerto. «Dormir» y «cabezal» están haciendo clara referencia a una situación pos pascual. La primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos pero de una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean, tienen que seguir confiando en él.

¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le dirigen nos indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda salvarlos, dudan de que esté interesado en hacerlo, lo cual es el colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Esta actitud es la que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la acción externa para encontrar la seguridad.

Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos cuando los expulsa. Además en singular, como queriendo personalizar al viento. Recordad que la palabra «ruah» (viento) es la misma que significa espíritu. Viento que perjudica, equivale a mal espíritu. El «poder» de Jesús se dirige contra la fuerza del mal, no contra los elementos, que aunque sean hostiles, nunca son malos.

¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas, sino constataciones de una evidencia palpable. Ni confiaban en sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la reflexión. Confiar en un Dios que está fuera y actuará desde allí, nos ha llevado siempre al callejón sin salida del infantilismo religioso. Una vez más queda manifiesto que, en la Biblia, la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas, sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no confiar, ni en Dios ni en él.

¿Quién es este? El miedo y la pregunta final, deja bien a las claras que no habían entendido quién era Jesús. El relato no tiene en cuenta, que Mc ya había adelantado varios títulos divinos aplicados a Jesús desde la primera línea de su evangelio: «Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios«. Queda demostrado que no vale una respuesta intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni demostrarlo. El descubri­miento tiene que ser experiencia personal de la cercanía de Jesús.

A todos nosotros nos invita hoy el evangelio a cruzar a la otra orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las comodidades y las seguridades que ambicionamos. Sin embargo, nuestra meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el paso. No terminamos de creer que Él va en nuestra propia barca.

El verdadero mensaje de Jesús es que debemos confiar siempre, aunque nos parezca que Dios se ha ausentado y no se preocupa de nosotros. Para Jesús, el enemigo del ser humano no es la naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza y todas sus leyes son siempre buenas. No tiene sentido que Dios tenga que rectificar su propia obra para hacer que los hombres confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus discípulos si accediera a entrar en la dinámica del Dios, que pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un Dios que se identifica con ellos en todas las circunstancias.

El libro de Job plantea una cuestión muy seria, pero la solución que le da, está muy lejas de ser la adecuada. Dios tiene que devolver a Job todo lo que le había quitado para que su fidelidad sea creíble. Ese Dios materialmente útil, sigue siendo el poderoso que tratamos de poner a nuestro servicio. El Dios en quien Jesús confió, no fue el que se manifiesta en acciones espectaculares a favor de los buenos, sino el Dios escondido, en quien hay que confiar aunque no lo veamos. Dios está siempre dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni tiene instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado por nosotros.

No son las acciones espectaculares de Dios, las que nos tienen que llevar a confiar en Él. Cuando una persona dice: Yo amo mucho en Dios porque me ha concedido todo lo que le he pedido, estamos ante un autoengaño nefasto para la vida espiritual. El maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que podemos sacar leche y queso. Pero también decía: utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando lo encontramos, la tiramos. La idea de un Dios que pone su poder a mi servicio, es nefasta para la vida espiritual. No se trata de confiar en otro, si no de confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Solo si siento a Dios en mí, me  sentiré seguro.

 

Meditación-contemplación

¿Quién es éste? Nunca podrás saberlo
Si en tu vida no reflejas la suya
Lo importante no es encontrar respuestas
Sino vivir la Vida verdadera.
……………

Lo que es Jesús, es lo que tú también eres.
Jesús ha desplegados todas sus posibilidades.
Tú tienes esa tarea aún por hacer.
Sin ningún miedo tienes que remar en esa dirección.
……………

Desde la orilla de tu falso yo, debes atravesar el mar.
Sin apegarte a la comodidad de lo ya adquirido.
Debes lanzarte al despliegue total de lo que eres,
Integrando lo humano en lo divino que hay en ti.
……………………

Fray Marcos

 

Urteko 12. Igandea- ZERGATIK GARA HAIN KOLDAR?-¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES? José A. Pagola

B (Markos 4,35-40)

Evangelio del 21/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

ZERGATIK GARA HAIN KOLDAR? – ¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

 

«Zergatik zarete hain beldurti? Oraino federik ez»? Jesusek ikasleei egin dizkien bi galdera hauek ez dira, Markos ebanjelariarentzat, aspaldiko pasadizo. Jesusen jarraitzaileek beren krisialdian entzun behar izan dituzten galdera dira. Bestalde, gaur egun geure buruari egin beharreko galdera: Zein da, ordea, gure koldarkeriaren sustraia. Zergatik gara beldur etorkizunaz? Ez ote da Jesu Kristogan konfiantzarik ez dugulako?

Laburra da kontakizuna. Jesusen agindu hau du abiapuntu: «Goazen beste ertzera». Ikasleek badakite Tiberiades aintziraren beste ertzean Dekapolis dagoela, lurralde paganoa. Lurralde desberdina eta arrotza. Beren erlijioaren eta sineskizunen aurrean kontrako kultura duena.

Bat-batean ekaitz latza harrotu du, ikasleen taldean gertatu ohi denaren metafora grafikoa. Ontziari latz eraso dioten urakan-haizeak, olatuak, dena hartzen hasi den ura: argi adierazten du egoera horrek guztiak zer egin ahal izango duten Jesusen jarraitzaileek mundu paganoaren etsaigoaren aurrean. Beren egitekoa ez ezik, taldeak bizirik jarraitu ahal izatea ere arriskuan ikusi dute.

Ikasleek esnarazi dutelarik, Jesusek esku hartu du, haizea gelditu da eta bare-bare da aintzira. Harritzeko gauza, ordea, ikasleak «izuturik gelditu izana» da.

Lehen, ekaitzaren beldur. Orain, dirudienez, Jesusen beldur. Halaz guztiz, funtsezko zerbait gertatu da haien baitan: Jesusengana jo dute; ezagutzen ez duten indar salbatzailea nabari diote orain; hura nor eta zein ote den galdezka hasi dira. Sumatzen hasi dira harekin dena dela posible.

Kristautasuna gaur egun «ekaitz gogor» baten erdian da, eta beldurra gutaz nagusitzen hasia da. Ez gara ausartzen«beste ertzera» igarotzen.

Kultura modernoa lurralde arrotz eta etsai dela iruditzen zaigu. Geroak beldurra ematen digu. Sormenak gauza debekatua dela ematen du. Batzuek uste dute ezen hobe dela atzera begira jartzea aurrera hobeto egin ahal izateko.

Denok harriaraz gaitzake Jesusek. Berpiztuak badu indarra kristautasunaren historian aro berri bat estreinatzeko. Fedea zaigu eskatzen soilik. Halako beldurretik eta koldarkeriatik libra gaitzakeen fedea, eta Jesusen urratsei jarraiki bide egitera eragin diezagukeen fedea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

12 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,35-40)

Evangelio del 21/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No solo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados». Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a la «otra orilla». La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.

José Antonio Pagola

*ORAR CON EL EVANGELIO: Mc.4.26-34)

DOMINGO XI. TIEMPO ORDINARIO –B-

JUNIO 14 DE 2015

  • El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra”.
  • ¡Qué bien dicen estas parábolas lo que es la Oración!: “Semilla y tierra.” Dios y yo…

El Reino de Dios, presente ya en este mundo aunque a veces no lo parezca. Aunque el mal mete

mucho ruido, la tierra está sembrada de semillas de Evangelio. Jesús las ha sembrado. Está el Espíritu. No perdamos la esperanza. Podemos sembrar con la humildad del sembrador, porque nada se pierde.

Con la humildad de saber que no son nuestras fuerzas, sino la fuerza de Jesús de Nazaret la que va

haciéndonos crecer por dentro. La tierra reseca se va llenando de flores, la esperanza se levanta y camina… Todo puede llevar el sello de Dios, desde la Oración. Y la Oración es abrirse a Dios, dejar que Él sea y haga su obra en nosotros, sabiendo que brotará vida, si le dejamos hacer.

El Reino, rompe nuestros esquemas, es Don y no depende sólo de nuestro trabajo y esfuerzo, aunque Él pide y espera, con mucha paciencia, nuestra colaboración.

¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?

Con un grano de mostaza. Dios, hecho a nuestra medida. El Reino de Dios hablando nuestro lenguaje, encarnado, Jesús de Nazaret. La oración es abrirse a Dios, dejar que Él haga su obra en nosotros, sabiendo que brotará vida, si le dejamos hacer.

La vida no se reduce a actividad y trabajo. Es un misterio más profundo. Nuestra vida es regalo y don; por eso debe brotar también de nosotros, gozo agradecido.

Entonces, ¿qué hacer ante la avalancha de malas noticias?.  ¿Ante tanto sufrimiento? ¿qué podemos hacer para que crezca el Reino de Dios?. Quizá pensamos, que nada o muy poco. Y no es así.

La parábola de la mostaza es una llamada a todos, una invitación a sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no nos habla de grandes cosas, el Reino de Dios es algo muy humilde y modesto desde sus orígenes. Pero está llamado a crecer y dar fruto. Quizás necesitamos todos aprender a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos del día a día.

Seguramente, no estamos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero, sí  a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de felicidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo diario.

  • ORACIÓN
  • Tú eres, Jesús de Nazaret, la primera semilla del Reino de Dios.

Tú eres el primer árbol. El Reino de Dios, viene contigo.

Si te sabemos seguir, también nosotros seremos reino de Dios.

Y crecerá en la oscuridad tu semilla, dentro de nosotros.

Y crecerá en mi familia, Comunidad, grupo

Y juntos contigo sembraremos una semilla con tu nombre, en todo el mundo.

Y entre todos haremos una tierra, un mundo, un poco mejor.

Así, será,  REINO DE DIOS.

 

SEGUIMOS ORANDO

En silencio, contemplo tu vida Jesús de Nazaret.
Vida, alegre, libre: Vas a la oración, cuando otros duermen;

Andas entre la gente más perdida.

Te desvives por los que malviven marginados.

Siempre ofreces una semilla de fraternidad y esperanza…

Te pedimos tu sencillez. Tú tenías en tu oración una pequeña palabra. “ABBA” PADRE.

La oposición que sufres es grande y los conflictos aumentan día a día. A Ti, se te ocurren caminos, formas de actuar… pero, Tú sigues los caminos que te indica el Padre:

Trabajo oscuro, paciente, generoso, todo con la fuerza de Dios.

¿Sabremos  seguirte, imitarte?..

Jesús de Nazaret. Ilumínanos, que sepamos sembrar pequeñas semillas y cuidarlas y esperar…

Eso te pedimos, paciencia, confianza, fortaleza y sensibilidad para entender la vida y sembrar. Pequeñas semillas.

Los frutos con tu ayuda, florecerán.

Gracias por tu don el don de nuestra vida. AMÉN. ZURIÑE

¡DEJA CRECER LA SEMILLA QUE HAY EN TI! Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mc 4, 26-34

Todos los exegetas están de acuerdo en que el «Reino de Dios» es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en que consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas, que nos van indicando distintas perspectivas para que podamos ir intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión aparentemente simple.

Podíamos decir que es un ámbito que abarca a la vez lo humano y lo divino. Todo el follón, que se armó el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir que significa ser cristiano. El Reino es a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad humana, terrena que se tiene que manifestar en nuestra existencia de cada día. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

No debemos caer en la simplicidad ingenua de identificarlo con la Iglesia. Como dice el evangelio: «no está aquí ni está allí». Tampoco puede estar solamente dentro de cada uno de nosotros, porque si está dentro, se manifestará fuera. Esa ambivalencia de dentro y fuera, de divino y humano es lo que nos impide poder encerrarlo en conceptos que no pueden expresar realidades aparentemente contradictorias. Para nuestra tranquilidad debemos recordar que no se trata de comprender sino de vivir y ese es otro cantar.

Ya sabéis que las parábolas no se pueden expli­car. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada una. Como nuestra actitud espiritual va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que avanzo en mi camino. Tampoco las dos parábolas de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y como se desarrolla. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino.

El crecimiento de la planta, no es consecuencia de una acción externa sino que es consecuencia de una evolución de los elementos que ya estaban ahí. Este aspecto es muy importante, por dos razones: 1ª porque nos advierte de que lo importante no viene de fuera; 2ª porque nos obliga a pensar, no en algo estático sino en un proceso que no puede tener fin, porque su meta es el mismo Dios. El Reino que es Dios está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez, pero su manifestación tiene que ir produciéndose paulatinamente a través del tiempo y del espacio. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Las dos parábolas tienen doble lectura. Se pueden aplicar a cada persona, en cuanto está en este mundo para evolucionar hasta la plenitud que debe alcanzar a través de su vida. Y también se puede aplicar a las comunidades y a la humanidad en su conjunto. Hoy estamos muy familiarizados con el concepto de evolución y podemos entender que los seres humanos no hemos dejado de avanzar en nuestro caminar hacia una vida cada vez más humana.

Otra reflexión interesante es que no podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a donde le llevará la experiencia de vivir. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas a las que tienes que llegar. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque toda vida es, ante todo, respuesta a los condicionamientos del entorno. No pretendas ninguna meta, simplemente camina hacia delante.

En cada una de las dos parábolas que hemos leído, se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de la semilla. En la primera, su vitalidad, es decir, la potencia que tiene para desarrollarse por sí misma. En la segunda quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella surge. Parece imposible que de una semilla a penas perceptible, surja en muy poco tiempo, una planta de gran poete. En ambos casos, lo único que necesita la semilla es un ambiente adecuado para desplegar su vitalidad.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si le hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia energía. Si aún no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra, por impedírselo de alguna manera. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita humedad, luz, temperatura y nutrientes para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno. Solo espera una oportunidad.

Con demasiada frecuencia olvidamos que no somos nosotros los que desarrollamos el Reino, sino que él se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el Reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer, lo que hacemos es desarraigarla, o damos por perdida la semilla antes de que haya tenido tiempo de germinar. El tiempo no es el mismo para todos.

Puede frustrarnos el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. También la vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Debemos tener paciencia. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos apreciar el fruto, aunque nos parezca que no llega nunca.

El Reino no es ninguna realidad distinta de Dios mismo. Es la semilla divina la que está sembrada en cada uno de nosotros. Ella es la que tiene que desarrollarse y hacerse visible externamente. El Reino de Dios no es nada que podamos ver ni tocar. Es una realidad espiri­tual. Ahora bien, si está o no está en nosotros lo descubriremos, mirando las obras. Si mi relación con los demás es adecuada a mi verdadero ser, demostrará que el Reino está en mí. Si es inadecuada, demostrará que el Reino aún no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida diaria. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros pero puede que no lo hayamos descubierto. Jesús hace referencia a esa realidad constantemente. Creo que aún hoy, nos empeñamos en identifi­car el Reino de Dios con situaciones externa. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismo. Solo cuando lo hayamos dejado crecer dentro, se manifestará al exterior a través nuestro.

Los relatos no ponen ningún énfasis en el hacer y dejar de hacer. Creo que nadie tiene derecho a decir a otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Lo importante está en descubrir lo que somos y actuar o dejar de actuar según las exigencias de nuestro verdadero ser. Decía los escolásticos que el obrar sigue al ser. Debemos olvidarnos de muchas normas que hemos cumplido mecánicamente y tratar de que lo que nos hace más humano surja de lo hondo de nuestro ser y no de programaciones que vengan de fuera.

Una pista para superar la interpretación materialista de «Reino de Dios». Cuando decimos que reina la paz, no estamos pensando en una señora que impone su voluntad. Cuando decimos reina el amor, tampoco pensamos en un dominio de alguien sobre los demás. Pensamos más bien, en un ambiente que entre todos creamos y que hace posible unas relaciones más humanas, que permiten a todos desplegar su propia humanidad.

 

Meditación- contemplación

El Reino de los cielos no se parece a nada.
Solo tú puedes crearlo y mantenerlo.
Dios en ti será siempre único e irrepetible.
La manera de manifestarlo será siempre origina.
……………………..

El Reino nunca será el fruto de una programación.
No surgirá por muchas doctrinas que atesores.
No lo encontrarás en los ritos litúrgicos.
Tampoco será producto del cumplimiento de unas normas.
……………………

Surgirá de una intuición de lo que en realidad eres,
manifestada en tus relaciones con los demás;
cuando dejes de considerarte como un yo aislado
y descubras que eres uno con toda la Realidad.
………………………….

 

Fray Marcos

 

Urteko 11. Igandea, “HAZI TXIKIAK- PEQUEÑAS SEMILLAS”, José A. Pagola

B (Markos 4,26-34)

Evangelio del 14/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

HAZI TXIKIAK

Albiste txarrek itorik bizi gara. Irratiak eta telebistak, albiste-emaileek eta erreportariek albiste-piloa botatzen digute gainera: gorrotoa dela, gerla, gosea eta indarkeria dela, eskandalu handiak eta txikiak direla. «Sentsazionalismoaren saltzaileek» ez dute aurkitzen nonbait gauza jatorragorik gure planeta honetan.

Albisteek, zabaltzeko, duten egundoko abiadurak zur eta lur uzten gaitu eta nahasturik. Zer egin dezake batek honelako sufrimendu honen aurrean? Gero eta informatuago gaude gizadi osoa jotzen duen gaitzaz, eta gero eta ahalmen gutxiago sentitzen dugu hari aurre egiteko.

Zientziak konbentziarazi nahi izan gaitu, esanez, problemak aska daitezkeela botere teknologiko handiagoaz, eta guztioi eragin digu bizitza modu erraldoian erakundetzera eta arrazionalizatzera. Baina botere erakundetu hau ez dago jada pertsonen esku, baizik egituren baitan. «Botere ikusezin» bihurtu da, pertsona bakoitzaren eskumenetik urrun kokatua.

Hartara, handia da paso emateko tentazioa. Zer egin dezaket nik gizarte hau hobetze aldera!? Ez ote dagokie buruzagi politiko eta erlijiosoei behar diren aldaketak egitea, bizikidetasuna duinago, gizatarrago eta zoriontsuago egiteko beharrezko direnak?

Ez, ez da egia. Bada ebanjelioan guztiei egindako deia; gizadi berri bat sortzeko hazi txikiak ereitean datza. Jesus ez da mintzo gauza handi-mandiez. Jainkoaren Erreinua gauza xumea eta moduzkoa da bere jatorrian. Hazirik txikiena bezala, oharkabeko gerta daiteke, baina ustekabeko moduan hazi eta fruitu ematera deitua da.

Beharbada, berriro behar dugu ikasi gauza txikiak eta keinu koxkorrak aintzat hartzen. Ez dugu sentitzen egunero heroi edo martiri izatera deituak garenik; baina guztiak gara gonbidatuak geure mundu txiki honetako txoko bakoitzean duintasun-apur bat sortzera. Ustea galdurik den lagunari adiskidetasunezko keinu bat, bakarrik bizi denari irribarre gozo bat, etsipenak jotzen hasia denari hurbiltasun-keinu bat, bihotza estu duen bati poz txiki baten printza bat… ez dira gauza handiak. Jainkoaren Erreinuko hazi txikiak dira; guztiok gara gai horrelakorik ereiteko gizarte korapilatsu eta triste honetan, gauza xumeen eta onen xarma ahaztua duen gizarte honetan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

11 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,26-34)

Evangelio del 14/06/15

por Coordinador Grupos de Jesús

PEQUEÑAS SEMILLAS

Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisión, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escándalos grandes y pequeños. Los «vendedores de sensacionalismo» no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta.

La increíble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo.

La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con más poder tecnológico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organización y racionalización de la vida. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en «un poder invisible» que se sitúa más allá del alcance de cada individuo.

Entonces, la tentación de inhibirnos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son los dirigentes políticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más digna, más humana y dichosa?

No es así. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada.

Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado… no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.14.12-16.22-26)

  • DOMINGO X. MAYO 7 de 2015
  • EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

  • Corpus Christi es una fiesta de alianza, pacto, con Jesús de Nazaret; una fiesta en la que hacemos memoria de su compromiso de Amor y entrega; una fiesta en la que recordamos que la celebración cristiana va unida siempre a la justicia. Jesús se da como alimento y comida, al alcance de lo que nosotros podemos comprender; para darnos vida, para hacernos partícipes de su Vida.
  • La última cena con los discípulos tiene lugar en la fiesta de la Pascua, en ella recordamos el paso del pueblo de Israel  -gracias a la intervención liberadora de Dios- de Egipto, tierra de opresión e injusticia, a la tierra prometida, de libertad y justicia.
  • En esa cena, Jesús realiza un signo de lo que ha sido su vida y de lo que está a punto de acontecer con su muerte: Un pan que se comparte, una existencia entregada y rota por todos. Es, pues, la explicación del misterio de la Encarnación y, en definitiva la historia de la Salvación, historia de donación y comunión.
  • En el pan y en el vino entregado está la presencia de una vida vivida como Don, dada y rota  por todos y que nos obliga a dar una respuesta. El gesto que Jesús hace es simbólico, pero recoge todo lo que El ha hecho: El ha ido rompiendo el pan de su vida hasta la muerte. Ha compartido con la gente su pan, su vida, su fe en el Reinado del Padre. Ahora comparte su cuerpo-pan para la vida, y su sangre será el sello de la alianza que forma el nuevo pueblo de Dios, el nuestro.
  • En el gesto simbólico-profético de Jesús en la última cena, a la que precedieron otras muchas con los pobres, hambrientos, pecadores arrepentidos y los discípulos amigos y las que siguieron después de su Resurrección con los suyos, es hoy la que Celebramos en comunidad de creyentes hasta que El vuelva. Esta es la gran fiesta del CUERPO Y SANGRE DE CRISTO que hoy celebramos y a quien recibimos cuando comulgamos. De vez en cuando, sería bueno cambiar  la expresión comulgar por la de “tragarnos a Jesús” (aunque nos parezca fuerte la expresión) para caer un poco más en la cuenta de que al recibirlo “tragamos” su mentalidad, sus preferencias, sus opciones, su estilo de vida, su entrega su vivir y su actuar. Esto tiene que ser para nosotros sus seguidores. “COMULGAR”. Que siempre seamos fieles, a vivir en Comunidad la gran fiesta de LA EUCARISTÍA. Sobre todo nuestra Misa del domingo día del Señor.

  • ORACIÓN

  • Jesús de Nazaret, Maestro y Amigo, compañero de ruta en el caminar de la vida.

¡Gracias! por “este Sacramento admirable” que nos dejaste la EUCARISTÍA, para seguir presente con nosotros y entre nosotros.

Sacramento, que es encuentro, “fuente y cumbre” de la vida de la  Iglesia.

Que significa la propia entrega.

Memorial de tu Pasión y Muerte, que actualiza la Resurrección y te hace presente.

Compromiso de solidaridad y enseñanza del compartir, para “que todos coman.”

Sacramento de unión contigo y compromiso de amor a los hermanos.

Por eso recordamos en este día a CARITAS, dimensión de caridad para nuestras vidas.

Esta es nuestra misión: ser eucaristía en la vida, como lo fue Jesús.

“Amar y vivir la justicia”.

Además, este es el camino de la verdadera felicidad. AMÉN. ZURIÑE

«EL CORAZÓN DE LA EUCARISTÍA ES LA ENTREGA», Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Mc 14,12-16.22-26

Parece que no es posible desvelar el sentido del lenguaje críptico del comienzo de este texto, que introduce el relato de la cena última de Jesús con sus discípulos. ¿Qué significan el detalle del hombre del cántaro y todo ese modo enigmático de hablar de los preparativos? Se nos escapa. No ha faltado quien ha querido ver en todo ello un modo de hacer «clandestino», propio de quienes son perseguidos. Otros buscan distintos simbolismos. Quizás lo más sensato sea reconocer que carecemos de datos suficientes para hacer una lectura adecuada del texto en cuestión.

Lo que importa al autor del evangelio es mostrar el sentido de la verdadera Pascua –«cuando se sacrificaba el cordero pascual»– que, según él, se va a realizar en Jesús.

En la pascua judía («pésaj«), el «paso» (literalmente, «salto») de la esclavitud de Egipto a la liberación se celebraba en la cena anual, en la que se comía el cordero. En ese mismo día, Marcos presenta a Jesús como aquel en quien sucede la «nueva pascua», el paso de lo viejo a lo nuevo, de la muerte a la vida. Y lo enmarca en el contexto de una comida.

Compartir la comida era un signo poderosamente elocuente de amistad e intimidad, que creaba o fortalecía entre quienes la compartían un sentimiento de solidaridad. El evangelio muestra a Jesús comiendo con distintos grupos de gente, particularmente con personas consideradas «pecadoras». Aunque ello le acarreara el reproche y la condena por parte de la autoridad religiosa y los doctores de la ley, él vivía las comidas como expresión del mismo «Reino de Dios» que anunciaba.

Pero en esta cena hay algo más. En el marco del final inminente, Jesús aparece desvelando el sentido que da a su muerte: la entrega de su vida. Va a ser «entregado» por uno de los suyos, pero realmente es él mismo quien se «entrega», como pacto o alianza de vida.

Con el pan, pronuncia la «bendición» (eulogia), según la costumbre judía, acompañando a las palabras: «Tomad, esto es mi cuerpo», que probablemente, en el arameo original, serían: «Tomad, esto soy yo». Ya que no se refiere a la «materialidad» del cuerpo, como a cierta teología muy posterior le gustaría insistir, sino a toda su persona. Ofrecer su cuerpo equivale a ofrecer su persona. Comer el pan significa, por tanto, comulgar con Jesús –tomarlo a él y a su mensaje como referencia y criterio de vida- y alimentarse/fortalecerse con él.

A continuación, al tomar la copa, pronuncia, no ya la «bendición», sino la «acción de gracias» –fórmula griega para nombrar la eucaristía-, con estas palabras: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos».

La «sangre» significa también la misma persona, en cuanto entregada a la muerte. Y simboliza la «nueva alianza», que viene a sustituir a la del Sinaí. Pero la escena, como señala Mercedes Navarro, «se aleja del significado sacrificial inmediato que ordinariamente se le suele dar, pues la bebida de la copa implica comunión en la bendición, en la acción de gracias en este caso».

Si el término «eucaristía» significa «acción de gracias», el contenido del gesto –a través del cual Jesús expresó el sentido que dio a su vida y que quería dar a su muerte- se condensa en una palabra: entrega…, hasta dar la vida.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

«Kristoren gorputz-odolak – LA CENA DEL SEÑOR», José A. Pagola

JAUNAREN AFARIA

Markos 14,12-16.22-26

Evangelio del 07/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús


Ikerketa soziologikoek ezin ukatuzko datuz nabarmentzen dute: mendebaldeko gure elizetako kristauak alde batera uzten ari dira igandeko meza. Ospakizun hori, mendetan barna moldatuz joan den eran, ez da gai haien fedea elikatzeko, ezta Jesusen elkartearekin lotura egiteko ere.

Hau da, ordea, gauzarik harrigarriena: meza «galtzen» uzten ari garela eta gertaera horrek ez duela sorrarazten gure artean inolako erreakziorik. Halere, ez ote da eukaristia kristau-bizitzaren bihotza? Nolatan geldi gintezke planto eginik, ezeri ekiteko kemenik gabe? Nolatan dago hierarkia hain isil, hain geldi? Nolatan ez dugu fededunok geure kezka agertzen indar eta samin handiagoz?

Mezarekiko berotasun-falta handituz doa, baita hartan erantzukizunez eta duda-mudarik gabe parte hartzen jarraitzen dutenen artean ere. Gutxiengo hauen ereduzko leialtasuna da kristau-elkarteei eusten diena; baina mezak bizirik jarraitu ote lezake, gaur egungo erritua betetzea segurtatzen duten neurri babesle batzuk direla medio?

Saihestu ezinekoak dira galderak: ez ote du behar Elizak bere bihotzean, egungo liturgiak eskaintzen diona baino Jaunaren afariaren esperientzia biziago eta haragituago bat? Hain seguru ote gara ondo egiten ari garela Jesusek bere oroigarri guk egitea nahi zuen hura?

Hainbat mendetarik hona errepikatzen ari garen liturgia hori ote da gaur egungo fededunei hobekien lagundu diezaiekeena afari gogoangarri hartan Jesusek egin zuen hura egiten? Hartan mamitzen, laburbiltzen eta agertzen baita nola eta zertako bizi eta hil zen Jesus. Meza hori ote da gehienik erakar gaitzakeena Jesusen ikasle bezala bizitzera, Aitaren erreinuarekiko Jesusek izan zuen egitasmoaren zerbitzari izatera?

Badirudi, dena dagoela gaur meza eraberritzearen kontra. Halaz guztiz, gero eta premiazkoagoa izango da eraberritze hori, Elizak Jesusekin bizi-harremanak izanez bizi nahi badu. Luzea izango da bidea. Eraldatzea daitekeen gauza izango da, Elizak indar handiagoz sentituko duenean hau: Jesusez oroitu beharra eta haren Espirituaren arabera bizi beharra. Horregatik, gaur ere erantzukizun handiagoz jokatzea izango da: ez, meza alde batera uztea, baizik Jesu Kristogan bihotz-berritzera eraginez bizitzea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Cuerpo y Sangre de Cristo – B (Marcos 14,12-16.22-26)

Evangelio del 07/06/15
Publicado el 01/ jun/ 2015

por Coordinador Grupos de Jesús

LA CENA DEL SEÑOR

Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

José Antonio Pagola

«Hirutasun Guztiz Santua – SANTÍSIMA TRINIDAD» B José A. Pagola

Evangelio del 31/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

KREDOAREN FUNTSA

Mendetan barna, ikerketa sakonak egin dituzte kristau-teologoek Hirutasun Santuaz. Halaz guztiz, gaur egungo hainbat kristauk ezin ikusi du zer duten ikustekorik irakaspen horiek beren bizitzarekin.

Ematen du, gaur egun Jainkoaz hitz egitean, hitz apalez eta xumez behar dugula hitz egin, gure bihotz pobre, nahasi eta erdi-etsipenezko hau ukituko duten hitzez, gure fede koloka hau indartuko dutenez. Agian, geure kredoaren funtsa berreskuratu beharra dugu, hura poz berriaz bizitzen ikasteko.

«Sinesten dut Jainko Aitagan, zeru-lurrak kreatu dituen harengan».
Geure arazo eta gatazka artean ez gara bizi geu bakarrik. Ez gara bizi bertan behera utzirik: gure «Aitta» da Jainkoa. Halaxe dei egiten zion Jesusek, eta halaxe dei egiten diogu geuk ere. Gure biziaren jatorria eta helmuga da Jainkoa. Guztiok kreatu gaitu, maitasun hutsez kreatu ere, eta guztion zain dugu, Aitta baten bihotzez, mundu honetako geure erromesaldiaren bukaeran.
Jende askok du ahantzia eta ukatua haren izena. Gure seme-alabak ere urrunduz doaz harengandik, eta fededunok ez gara gauza geure fedea kutsakor egiteko; halere, Jainkoak guztioi begira jarraitzen du, maitasunez. Duda-muda askok inguraturik bizi gara; halere, ez dezagun gal geure Jainko Kreatzaile eta Aittarekiko fedea; geure azken esperantza galtzea izango genuke hori.

«Sinesten dut Jesu Kristogan, haren Seme bakarra eta gure Jauna den horrengan».
Jainkoak munduari egin dion erregalua da. Aitta hori nolakoa eta zer den adierazi digu Jesu Kristok. Guretzat, Jesus ez da izango sekula beste gizaki bat gehiago. Horri begiratuz, Aitta ikusiko dugu: Jesusen keinuetan Aittaren samurtasunaz eta ulergarritasunaz jabetuko gara. Jesusengan, gizon eginik, hurbileko, adiskide nabari dugu Jainkoa.
Jesus horrek, Jainkoaren Seme kuttun horrek, bizitza haurridetsuago egitera eragin digu, guztientzat zoriontsuago egitera. Horixe da Aittaren nahirik handiena. Gainera, zein bide egin agertu digu: «Izan errukitsu zuen Aitta errukitsu den bezala». Jesusez ahazten bagara, zeinek bete haren hutsunea? Zeinek eskain diezaguke haren argia eta haren esperantza?

«Sinesten dut Espiritu Santuagan, Jauna eta bizi-emailea den horrengan».
Jainkoaren misterio hau ez da urruneko gauza. Gutako bakoitzaren barru-barruan presente da. Suma dezakegu, bai gure bizitza arnasten duen Espiritu bezala, bai sufritzen ari direnengana bultza egiten digun Maitasun bezala. Geure baitan dugun gauzarik hoberena dugu Espiritu hau.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santísima Trinidad – B (Mateo 28,16-20)

Evangelio del 31/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

LO ESENCIAL DEL CREDO

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas.

Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.

«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra».
No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados, Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo.
Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.

«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor».
Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo.
Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?

«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida».
Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

José Antonio Pagola

 

«PENSAR A DIOS NO SIRVE DE NADA; VIVIRLO SÍ», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 28, 16-20

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad, y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios. El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía de la vida, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella y negarnos a buscar otras maneras de hablar de Dios.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio «individua sustantia, racionalis natura», se antoja un poco ridículo. Aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre es ridículo. Dios no es un individuo, ni es una sustancia ni es una naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra­mos en el mismo concepto de persona, que lejos de ser una constante a través de la historia, ha experimentado sucesivos cambios de sentido. Desde el «prosopon» griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que «resonara» la voz; pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, es decir, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si  el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que siempre supone la limitación del propio ser.

Siempre que nos atrevemos a decir «Dios es…,» estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura o una pintura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que aplicamos a dios. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios, que los teólogos que creen haberlo atrapado en sus intrincados conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El «soy el que soy» del AT, tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo. Dios es la realidad que hace posible toda realidad.

Hoy podemos comprender que Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo. No podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado, que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. En los últimos tiempos muchos pensadores llaman a esa conexión inextricable, «no dualidad».Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de  ciencia. Dios es acto puro y lo que hace se identifica con lo que es. Lo está haciendo todo de una vez, por lo tanto no puede empezar a hacer algo o dejar de hacer lo que está haciendo.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: «las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios». El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los «buenos» que ya lo tienen todo. En cambio, llena de esperanza a los «malos» que se sienten perdidos. «No tienen necesidad de médico los sanos si no los enfermos; no he venido a llamar a los justos si no a los pecadores» El mensaje de Jesús escandalizó, porque hablaba de un Dios que se da a todos sin que tengamos que merecerlo.

Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó con todas sus fuerzas, fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor-salvación para los hombres, se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Tomó concien­cia de la fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo. Al llamar a Dios «Abba», Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación, es el camino para llegar a la experiencia de Dios. Él es el único verdadero y sólido fundamento sin el cual, nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su «Alianza», y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un «tú» en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú;es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta (nos quedaríamos sin lenguaje sobre Dios), sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios. Toda nuestra vida religiosa quedará afectada por estas ideas que acabamos de exponer, desde la oración hasta la esperanza en la vida futura.

 

meditación-contemplación

La mejor pista nos la da Jesús: «yo y el Padre somos uno».
Bien entendido que esto lo dijo como ser humano.
Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,
pero toda diferencia ha desaparecido.
…………………..

En su evangelio, Juan pone en boca de Jesús, uno y otra vez: «Yo soy…»
Es la definición que da Dios de sí mismo desde la zarza.
Lo que sustituye a los puntos suspensivos no tiene importancia.
Lo importante es que ha descubierto su ser.
…………….

Este es el único camino para conocer a Dios.
Descubrir que lo que Él es y lo que soy yo se identifica.
Sólo si llego a descubrir lo que soy,
puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.
……………

 

Fray Marcos