«PENSAR A DIOS NO SIRVE DE NADA; VIVIRLO SÍ», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 28, 16-20

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad, y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios. El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía de la vida, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella y negarnos a buscar otras maneras de hablar de Dios.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio «individua sustantia, racionalis natura», se antoja un poco ridículo. Aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre es ridículo. Dios no es un individuo, ni es una sustancia ni es una naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra­mos en el mismo concepto de persona, que lejos de ser una constante a través de la historia, ha experimentado sucesivos cambios de sentido. Desde el «prosopon» griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que «resonara» la voz; pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, es decir, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si  el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que siempre supone la limitación del propio ser.

Siempre que nos atrevemos a decir «Dios es…,» estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura o una pintura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que aplicamos a dios. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios, que los teólogos que creen haberlo atrapado en sus intrincados conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El «soy el que soy» del AT, tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo. Dios es la realidad que hace posible toda realidad.

Hoy podemos comprender que Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo. No podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado, que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. En los últimos tiempos muchos pensadores llaman a esa conexión inextricable, «no dualidad».Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de  ciencia. Dios es acto puro y lo que hace se identifica con lo que es. Lo está haciendo todo de una vez, por lo tanto no puede empezar a hacer algo o dejar de hacer lo que está haciendo.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: «las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios». El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los «buenos» que ya lo tienen todo. En cambio, llena de esperanza a los «malos» que se sienten perdidos. «No tienen necesidad de médico los sanos si no los enfermos; no he venido a llamar a los justos si no a los pecadores» El mensaje de Jesús escandalizó, porque hablaba de un Dios que se da a todos sin que tengamos que merecerlo.

Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó con todas sus fuerzas, fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor-salvación para los hombres, se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Tomó concien­cia de la fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo. Al llamar a Dios «Abba», Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación, es el camino para llegar a la experiencia de Dios. Él es el único verdadero y sólido fundamento sin el cual, nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su «Alianza», y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un «tú» en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú;es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta (nos quedaríamos sin lenguaje sobre Dios), sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios. Toda nuestra vida religiosa quedará afectada por estas ideas que acabamos de exponer, desde la oración hasta la esperanza en la vida futura.

 

meditación-contemplación

La mejor pista nos la da Jesús: «yo y el Padre somos uno».
Bien entendido que esto lo dijo como ser humano.
Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,
pero toda diferencia ha desaparecido.
…………………..

En su evangelio, Juan pone en boca de Jesús, uno y otra vez: «Yo soy…»
Es la definición que da Dios de sí mismo desde la zarza.
Lo que sustituye a los puntos suspensivos no tiene importancia.
Lo importante es que ha descubierto su ser.
…………….

Este es el único camino para conocer a Dios.
Descubrir que lo que Él es y lo que soy yo se identifica.
Sólo si llego a descubrir lo que soy,
puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.
……………

 

Fray Marcos

 

* ORAR CONEL EVANGELIO: (Jn.20.19-23)

  • PENTECOSTÉS. LA FIESTA DEL ESPÍRITU

  • Pentecostés, la fiesta del ESPÍRITU. Difícil en pequeña reflexión, expresar la riqueza y grandiosidad de esta fiesta. Sólo a través de símbolos, podemos acercarnos a ella. Y la gozaremos, cuando de verdad, vivamos la experiencia de esa fuerza del Espíritu en nosotros.
    Por eso, hago, una pequeñísima reflexión, después de un rato de Oración e invocación a este Santo Espíritu.
    El Espíritu Santo es el propio Dios en cuanto a cercanía a las personas y al mundo. Lo simbolizamos:
  • VIENTO. Es la idea de energía, dinamismo. Se contrapone a la tierra, inerte y estéril, por su ligereza y poder de dar vida.
  • EL FUEGO. Figura también del Espíritu por lo que tiene de Luz y Calor, ardor, amor.
  • EL AGUA. aspecto de fecundidad en todos los aspectos: la lluvia, el rocío, el agua “viva” de los manantiales.

En estos tres símbolos vemos claramente dos sentidos: El viento es brisa o tempestad. El fuego, ilumina y calienta, pero también consume; el agua purifica y fecunda pero a veces también devasta…Es lo mismo que lo que puede ocurrir con el Espíritu de Dios en nosotros…
Lo importante en lo que nos tenemos que centrar, es que Jesús se nos presenta como “El Hombre del Espíritu,” (Hechos 10,38), nació del Espíritu (Lc. 1.31-33)… A Jesús, Dios le concedió el Espíritu sin medida (Jn.3,34). El Espíritu de Jesús lo envuelve todo y nos hace caminar en la realidad de cada día.
Con el Espíritu podemos caminar con serenidad e ir a la plenitud interior. El Espíritu de Dios y de Cristo es un Espíritu de Libertad, que impulsa el futuro, que orienta a las personas hacia adelante, a un presente comprometido en el mundo de cada día.

Jesús ha transmitido el Espíritu que Él tuvo a su Iglesia y gracias a Él ésta ha podido llevar adelante y debe llevar adelante al estilo de Jesús, el Reino de Dios en el aquí y ahora. Por eso necesitamos como Iglesia un fuerte “viento” de renovación. El primer pentecostés, comenzó estando en “grupo”  en “comunidad”. “Estando todos reunidos…”

Termino con unas frases que se dijeron en un consejo Ecuménico de la Iglesia:

  • “Sin el Espíritu Santo, Dios está lejano,
  • El evangelio es como letra muerta.
  • La Iglesia una simple organización
  • La misión una propaganda.
  • La autoridad una dominación,
  • El culto una evocación.
  • El actuar cristiano una moral sin libertad.”
  • Que como San Pablo nos dice: No apaguemos el Espíritu… porque en cualquier parte, en un acontecimiento, en cualquier persona, puede hacerse presente el Espíritu de Dios, teniendo unos criterios por lo que podemos discernirlo:
  • El Espíritu de Dios crea comunión. (II Cor. 13,13; Flp.2,1)
  • El Espíritu de Dios está a favor de la vida. (Ez.37.14: salmo 33,6)
  • El Espíritu de Dios crea libertad. (II Cor. 3,17; Lc.14.12-14; Gal.5,13)
  • El Espíritu nos mueve siempre hacia adelante (Gal.5.25; Ef.4.23; IICor.5,17)

Que este nuevo PENTECOSTÉS, nos impulse a vivir hoy:

  • “AL AIRE DE JESÚS”

Recordamos las palabras de Jesús a sus discípulos cuando les promete el envío del Espíritu:

  • “El os enseñará todo y os irá recordando todo lo que os he dicho (Jn.14.26), y además os guiará hasta la verdad plena…, y os anunciará lo que ha de venir” (Jn. 16.13).
  • Y  lo que el Espíritu recuerda no son conocimientos o doctrinas, sino al propio JESÚS, que es nuestro
    CAMINO, VERDAD Y VIDA.

 

  • ORAMOS CON FE, AL ESPÍRITU DE DIOS

La fuerza de tu Espíritu, Señor lo llena todo; pero sobre todo invade a hombres y mujeres que son capaces de hablar y de hacer signos que revelan tu presencia.

  • Gracias por llenar de silencio profundo a quienes han escuchado tu Palabra y la proclaman desde el susurro.
  • Gracias porque tú construyes comunidad y estás en ella.
  • Gracias por llenar de voz clamorosa a quienes han sentido la urgencia de pregonar tu Mensaje por todo lugar.
  • Gracias por llenar de fuerza a quienes han sellado con su compromiso de vida una fidelidad por siempre a las exigencias de tus Palabras.
  • Gracias por llenar de futuro a quienes han entendido que el Reino es una tarea larga y tiene la meta más allá de cada día.
  • Gracias por llenar de ternura a quienes son capaces de verte donde hay sufrimiento de cualquier forma.
  • Gracias por llenar de valentía a quienes saben denunciar lo que es mentira y lo que es injusto.
  • Gracias, Jesús, porque la fuerza de tu Espíritu desciende sobre nosotros y sobre gente sencilla que sabe anunciar tu Mensaje.
  • Gracias, Jesús de Nazaret, por invadir la geografía de nuestra tierra con presencia profética, con palabras de salvación, con gestos de generosidad y ayuda, con creyentes que quieren seguir construyendo tu Reino.
  • Ven, ESPÍRITU DE DIOS SOBRE NOSOTROS Y SOBRE EL MUNDO ENTERO.  AMÉN

    SEGUIMOS ORANDO

  • “MANARÁN TORRENTES DE AGUA VIVA” (Jn. 7,39)
    Espíritu Santo: eres Dios igual al Padre y al Hijo.
  • Eres el “alma de la Iglesia naciente”, y sigues dándonos los “torrentes de agua viva” que necesitamos para saciar nuestra “sed” y “beber” del Amor de
    Jesús de Nazaret.
  • Eres el que “infundes el conocimiento de Dios” y permites “encender en nosotros la llama” para darla a conocer a todos los pueblos.
  • Eres el “soplo” que revitaliza nuestras vidas. Por eso te pedimos:
  • VEN ESPÍRITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN NOSOTROS EL FUEGO DE TU AMOR”.
  • Ayúdanos a trabajar por tu Reino renovando la Iglesia y trabajando por la justicia y la paz. AMÉN. ZURIÑE

 

PENTECOSTES: «DIOS ES ESPÍRITU Y ESTÁ EN CADA A UNO DE NOSOTROS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Religión Digital

Jn 20, 19-23

Para entender hoy lo que celebramos, debemos mirar a la Trinidad. Lo que digamos lo tenemos adelantado para el próximo domingo. Que yo sepa, la teología oficial nunca ha dicho que al Padre, el Hijo o el Espíritu, anduvieran por ahí haciendo de las suyas por separado. La distinción de las personas en la Trinidad, solo se manifiesta en sus relaciones «ad intra», es decir, cuando se relacionan una con otra. En sus relaciones «ad extra», es decir, en sus relaciones con las criaturas, se comportan siempre como uno. El pueblo y algunos manuales piadosos han atribuido a cada persona tareas diferentes, pero esto no es más que una manera inadecuada de hablar. Nuestra relación es siempre con Dios.

La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la Pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos. Todo esto queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular de Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros del Espíritu.

Según lo que acabamos de decir, siempre que hablamos del Espíritu, hablamos de Dios. Y siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu. Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua, pero sabiendo que no tiene que venir de ninguna parte. Queremos significar que el fundamento de la nueva comunidad no es la Ley sino el  Espíritu.

Tanto el «ruah» hebreo como el «pneuma» griego, significan viento. La raíz de esta palabra en las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Sería el ámbito del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración. Su comparación con la vida, sigue siendo el mejor camino para intentar comprender lo que significa «Espíritu».

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término «ruah» (espíritu). Solamente en 20pasajes del las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido. En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu a todo el pueblo.

En el NT, «espíritu» tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto, todavía judío. El mismo término «ruah» se presta a asumir un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. «Os mandaré otro consolador.» El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del E. S. No está claro si el Pneuma es una entidad personal o no. Jesús nace del E. S., baja sobre él en el bautismo, es conducido por él en al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él. Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del E. S. está siempre con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Nada puedo hacer sin él y nunca estaré privado de su presencia. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu, nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término. Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de su presencia y dejarle actuar en nosotros.

Está siempre en nosotros, pero no siempre somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, en realidad es como si no existieras. Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla, hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.

Dios (Espíritu) es el mismo en todos y nos empuja hacia la misma meta. Pero como cada uno está en un «lugar» diferente, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. No son pues, la meta la que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, sino los caminos que llevan a ella. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu. Pero su tarea es completamente diferente. ¿Cuál es la meta a la que empuja el Espíritu? Este es el nudo gordiano de la cuestión. Una mayor humanidad es la manifestación de esa presencia del Espíritu. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él.

Si Dios está en cada uno de nosotros como lo que es, simple y a la vez, absoluto. No hay manera de imaginar que pueda darse más a uno que a otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad, es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo. Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de violencia o imposición, estamos dejándonos llevar, no del Espíritu, sino de nuestro espíritu raquítico.

La presencia de Dios en nosotros, nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una idea de Dios como poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros. El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor y don total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu del que nos habla el evangelio, o seguir lo que nos dicta nuestro propio espíritu en nombre de un falso dios.

Dios llega a nuestra conciencia desde lo hondo del ser, y acomodándose totalmente a la manera de ser de cada uno. Por eso la presencia del Espíritu nunca supone violencia alguna. No lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio claro: Formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente e igualmente útil para el todo. Esa uniformidad pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca sinfonía.

Meditación-contemplación

El Espíritu es la clave de la VIDA.
Mi verdadero ser es lo que hay de Dios en mí.
Dios en mí está como Espíritu que se me da.
Es el único y total Don de Dios a cada criatura.
………….

Desde nuestro ser aparente (lo que creemos ser),
debemos dar el salto a nuestra verdadera realidad.
Desde la parte reflejada del espejo,
tenemos que dar el salto al ser reflejado.
…………….

Mi verdadero ser y el ser de Dios no son dos realidades separadas.
Aunque yo sigo siendo yo y Dios sigue siendo Dios.
Para la razón es algo incomprensible.
Para el místico es la cosa más simple del mundo.
…………….

Fray Marcos

 

 

Mendekoste igandea – Domingo de Pentecostés B (Joan 20,19-23), José A. Pagola

Evangelio del 24/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

ESPIRITUARI DEI EGINEZ- INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Zatoz, Espiritu Santua. Esnatu gure fede ahul, arin eta dardarati hau. Egizu, konfiantza ezar dezagun Jainko gure Aitaren maitasun hondorik gabean, bere seme-alaba guztientzat, Elizaren baitako nahiz kanpoko, duen maitasunean. Izan ere, fede hori itzaliko balitz, laster itoko litzateke gure elkarteetan ere, elizetan ere.

Zatoz, Espiritu Santua. Egizu Jesus izan dadin zeure Elizaren erdigune. Ez dezala ezerk, ez inork, Jesus ordezkatu, ez lausotu. Ez zaitezela bizi gure artean gu haren Ebanjeliora erakarri gabe, guri haren ondoren bihotz-berritzera eragin gabe. Ez dezagula jo haren Hitzari ihes egitera, ez gaitezela desbideratu haren maitasun-agindutik. Ez dadila gal munduan haren oroitzapena.

Zatoz, Espiritu Santua. Ireki gure belarriak zure deia entzuteko, gaur egun gizon-emakumeen galderetatik, sufrimenduetatik, gatazketatik eta kontraesanetatik iristen zaigun deia entzuteko. Egizu, bizi gaitezela zure ahalari irekirik, gizarte berri honek behar duen fede berria sorrarazteko. Zure Elizan, bizi gaitezela jaiotzen ari denari adiago, hiltzen ari denari baino; izan dezagula esperantza bihotzaren sostengu, eta ez haren hondatzaile den nostalgia.

Zatoz, Espiritu Santua. Garbi egizu zeure Elizaren bihotza. Ezarri egia gure artean. Erakutsi guztioi geure bekatuak eta mugak aitortzen. Gogorarazi guri beste guztiak bezalako garela: hauskor, erdipurdiko, bekatari. Libra gaitzazu geure harrokeriatik eta sasi-segurtasunetik. Egizu, ibil gaitezela gizartean egia eta apaltasun handiagoz.

Zatoz, Espiritu Santua. Erakutsi guri beste modu batean ikusten bizitza, mundua eta, nagusiki, jendea. Ikas dezagula begiratzen, Jesusek egiten zuen moduan, sufritzen ari direnei, negar dagitenei, erortzen direnei, bakarrik eta bazter utzirik bizi direnei. Gure begiratua kanbiatuko balitz, kanbiatuko lirateke zure Elizaren bihotza eta begitartea ere. Jesusen ikasleok bizikiago distiraraziko genuke haren hurbiltasuna, hark zuen ulertzeko era eta solidaritatea, premiarik handienekoen aurrean. Geure Maisu eta Jaunaren antzekoago izango ginateke.

Zatoz, Espiritu Santua. Egin gaitzazu ateak irekirik dituen Eliza, bihotz errukitsua eta esperantza kutsakorra dituen Eliza. Ez gaitzala ezerk, ez inork oharkabetu edo desbideratu Jesusen egitasmotik: mundua zuzenago eta duinago, maitagarriago eta zoriontsuago egiten saiatzetik, Jainkoaren Erreinurako bidea urratuz.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pentecostés – B (Juan 20,19-23)
por Coordinador Grupos de Jesús

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.

Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

José Antonio Pagola

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (mC. 16.15-20)

  • DOMINGO VII DE PASCUA – B –  Mayo 17
  • LA ASCENSIÓN  DEL  SEÑOR.

*          La fiesta de hoy, la Ascensión del Señor, es fundamentalmente, la culminación de la Resurrección de Jesús. Su vuelta al Padre. Pero hay también algo que se refiere a nosotros. Jesús, acabada la tarea que el Padre le encomendó, nos mira y nos dice:
¡Ahora os toca a vosotros! “ID por todo el mundo”
ID”, es decir: ¡Poneos en marcha!  No nos impone, nos impulsa. Se acabó el tiempo de apoyarse en la persona visible de Jesús, de su sonora palabra, gestos, hechos…
ID” “Yo estoy con vosotros”, pero de otra manera. A veces, muchas veces quizá, no le sentiremos y nos puede venir la tentación de que nos hemos quedado solos, dejados de la mano de Dios.

“ID”, es como decir: ¡No os detengáis! Mirad Más hacia delante que hacia atrás.

Jesús de Nazaret, sin duda, con este “ID” nos quiere impulsar a ser una Iglesia caminante, desinstalada, misionera. Quiere que demos a la Evangelización nuestras mejores energías, nuestros mejores recursos. Nos va a seguir hablando desde los que todavía no le conocen, desde el sufrimiento de los olvidados, desde los  gozos y alegrías de la gente.

“ID”, Es como decir ¡El mundo os necesita! En este “ID”, nos hace descubrir que la Buena Noticia no es sólo para nosotros. El nos dice:

“Yo os he elegido para que vayáis y llevéis la buena Noticia por el mundo”

Es decir por todas las culturas, edades y preferentemente a los más sencillos y necesitados.

Es mucho lo que nos pide para nuestras fuerzas, pero así quedará más claro que la fuerza  nos viene como le vino a El (a veces difícil de entender) del Padre.

Y Jesús nos sigue diciendo: “No temáis, yo seré vuestra fortaleza”.

“ID”, Nos quedamos hoy con este sencillo imperativo “ID” Y con la ilusión de ponernos en marcha. El mundo nos necesita… Y mucha fuerza nos la da por medio del grupo de la comunidad. El, no fue en solitario.

“No temáis”. Alentadoras palabras de despedida, las de Jesús de Nazaret, para nosotros, para su Iglesia. Ha llegado la hora de que no se nos quede en palabras. Ha llegado la hora de ¡Ponernos en marcha!

ORACIÓN

Jesús de Nazaret, compañero de nuestro camino. La semana pasada nos decías que eras nuestro Amigo. Te pedimos hoy  que descubramos de verdad, que hemos sido Bautizados

Con la fuerza de Tu Espíritu para ser tus testigos por toda la tierra y en el día a día de la vida; no permitas que nos quedemos “MIRANDO AL CIELO” sino que sigamos construyendo tu Reino con la Luz de tu Evangelio.

Que tu gracia nos ayude a vivir, sin dejarnos llevar por lo negativo de la sociedad que a veces nos atrae.

Que seamos capaces de estar al lado de los que de una manera o de otra sufren.

Que vivamos de tal modo que el mundo al vernos entienda que la Salvación consiste en vivir según tu Evangelio  que es el verdadero mandamiento del Amor. AMÉN. ZURIÑE

 

SEGUIMOS ORANDO. HACIENDO DEL CANTO ORACIÓN A MARÍA.

¡AVE MARÍA!. ¡AVE!. ¡AVE MARÍA!. ¡AVE!.

Madre de la espera y mujer de la esperanza. ¡Ora pronobis!

Madre de sonrisa y mujer de los silencios. ¡Ora pronobis!

Madre de frontera y mujer apasionada. ¡Ora pronobis!.

Madre del descanso y mujer de los caminos. ¡Ora pronobis!.

¡AVE MARÍA!. ¡AVE!. ¡AVE MARÍA!. ¡AVE!.

Madre del respiro y mujer de los desiertos. ¡Ora pronobis!

Madre del ocaso y mujer de los recuerdos. ¡Ora pronobis!

Madre del presente y mujer de los retornos. ¡Ora pronobis!.
Madre del Amor y mujer de la ternura. ¡Ora pronobis!.

¡AVE MARÍA! ¡AVE!. ¡AVE MARÍA!. ¡AVE!

«AL CIELO SE LLEGA CAMINANDO HACIA LO HONDO DE NUESTRO SER», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Mc 16, 15-20

¿Qué estamos celebrando? Es la pregunta que debemos hacernos hoy. Nos va a costar Dios y ayuda superar la visión física, corpórea y chata de la Ascensión, que venimos aceptando durante demasiados siglos. Nos encontramos con el problema de siempre: Mezclar la realidad con el relato mítico. La Ascensión no es más que un aspecto de la cristología pascual. Resurrección, Ascensión, glorifica­ción, Pentecostés, constituyen una sola realidad, que está fuera del alcance de los sentidos. Esa realidad no temporal, no localizable, es la más importante para la primera comunidad y es la que hay que tratar de descubrir.

Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar una interpretación más acorde con lo que los textos nos quieren trasmitir. No podemos seguir pensando en un Jesús subiendo físicamente más allá de las nubes. Para poder entender la fiesta de la Ascensión, debemos volver al tema central de Pascua. Estamos celebrando la Vida, pero no la biológica sino la divina. Esa Vida no está sujeta al tiempo, por lo tanto no hay en ella acontecimientos, es eterna e inmutable. Sólo teniendo en cuenta estas sencillas verdades, podremos comprender adecuadamente lo que estamos celebrando este domingo.

Mt no sabe nada de una ascensión. Jn no habla de ascensión, pero en la última aparición, Jesús le dice a Pedro: «si quiero que éste permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?» Está claro que para volver, primero tiene que irse. El final canónico de Mc, que fue añadido a mediados del s. II, nos dice que Jesús sentó a la derecha de Dios (menos mal, porque esperar de pie hasta que vuelva al final de los tiempos hubiera sido un poco cansado). Solo Lc nos habla de ascensión: «se separó de ellos y fue elevado al cielo». También en Hechos nos cuenta, incluso con más detalles, la subida de Jesús al cielo.

Relatos de raptos eran frecuentes en la literatura clásica. Tito Livio, en su obra histórica sobre Rómulo dice: «Cierto día Rómulo organizó una asamblea popular junto a los muros de la ciudad para arengar al ejército. De repente irrumpe una fuerte tempestad. El rey se ve envuelto en una densa nube. Cuando la nube se disipa, Rómulo ya no se encontraba sobre la tierra; había sido arrebatado al cielo». Tenemos otros ejemplos: Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Todos siguen el mismo esquema.

El AT cuenta el rapto de Elías. También se habla de la asunción de Henoc en (Gen 5, 24). El libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe el rapto de Henoc: «Después de haber hablado Henoc al pueblo, envió Dios una fuerte oscuridad sobre la tierra que envolvió a todos los hombres que estaban con Henoc. Y vinieron los ángeles y cogieron a Henoc y lo llevaron hasta lo más alto de los cielos. Dios lo recibió y lo colocó ante su rostro para siempre».

La palabra «cielo» es una de las más utilizadas en religión. Todavía hoy, la repetimos dos veces en el Padrenuestro, dos en el Gloria y tres en el credo. Su amplia gama de significados se arrastra desde la cultura griega y de todo el Oriente Medio. La complejidad de las concepciones del mundo físico en aquella época, está a la altura de los innumerables matices que podemos encontrar en el «cielo» teológico. No siempre es fácil dilucidar qué sentido se quiere dar a la palabra en cada caso. En el bautismo de Jesús, el cielo se rasgó y lo divino bajó hasta él. Cuando termina su ciclo humano, el cielo vuelve a romperse, ahora para que Jesús vuelva a traspasar el límite de lo terreno, para entrar en el cielo.

Un dato muy interesante que nos proporciona la exégesis, es que las más antiguas expresiones de la experiencia pascual que han llegado hasta nosotros, sobre todo en escritos de Pablo, están formuladas en términos de exaltación y glorifica­ción, no con la idea de resurrección y menos aún de ascensión. En el AT encontramos abundantes textos que hablan del siervo doliente, machacado por los hombres, pero reivindicado por Dios. Esta fue la base de la idea de glorificación con la que se quiso expresar la experiencia pascual.

Lo que celebramos, por no ser una realidad sujeta al tiempo, pertenecen al hoy como al ayer, es tan nuestras como de Pedro o Juan. No hacen referencia a un pasado. Son realidades que están afectando hoy a nuestra propia vida. Puedo vivirlas como las vivieron los primeros cristianos. El hombre Jesús se transforma definitivamen­te, alcanzando la meta suprema. Se hace una sola realidad con Dios. Nosotros necesitamos desglosar esa realidad para intentar penetrar en su misterio, analizando los distintos aspectos que la integran. La Ascensión quiere manifestar que llegó a lo más alto, pero no en sentido físico.

La verdadera ascensión de Jesús empezó en el pesebre y terminó en la cruz cuando exclamó: «consumatum est». Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer. Después de ese paso, todo es como un chispazo que dura toda la eternidad. Pero había llegado a la plenitud total en Dios, precisamen­te por haberse despegado (muerto) de todo lo que en él era caduco, transitorio, terreno. Solo permaneció de él lo que había de  Dios y por tanto se identificó con Dios totalmente, divinamente. Esa es también nuestra meta. El camino también es el mismo que recorrió Jesús: despegarnos de nuestro ego.

La experiencia pascual, consistió en ver a Jesús de una manera nueva. El haber vivido con él, el haber escuchado lo que decía y visto lo que hacía, no les llevó a la comprensión de su verdadero ser. Estaban demasiado pegados a lo externo, y lo que hay de divino en Jesús no puede entrar por los sentidos, ni ser fruto de la razón. Su desaparición física les obligó a mirar dentro de sí, y descubrir allí lo mismo que había vivido Jesús. Entonces ven al verdadero Jesús, el que vive y les sigue dando Vida. Nosotros hoy estamos apegados a una imagen terrena de Jesús que también nos impide descubrir su verdadero ser.

Esa vivencia no puede venir de fuera, sino de lo más íntimo de nosotros mismos. Por eso decía Pablo en la segunda lectura: «Que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerle; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cual es la riqueza…» No se pide ciencia, sino Sabiduría. No pide que nos ilumine los ojos del cuerpo ni de la mente, sino los del corazón… Todo lo que podamos aprender sobre Dios y Jesús, nunca podrá suplir la experiencia interior.

Debemos tener en cuenta que todos estos relatos teológicos tienen una finalidad catequética. Están elaborados para que nosotros entremos en la dinámica de Cristo. No se nos proponen para que admiremos la figura de Jesús ni para que nos sintamos atraídos por ella, sino para que repitamos su misma vivencia. «El padre que vive…» En él debemos descubrir las posibilidades que todo ser humano tiene de llegar a lo más alto del «cielo». La verdadera salvación del hombre no está en que los libren del pecado, sino en alcanzar la plenitud a la que estamos llamados todos. Esta verdad, es la base de toda salvación.

El fin del periplo humano de Jesús da paso al comienzo de la nueva comunidad. Podemos considerar la Ascensión como el final de una etapa en la que los discípulos tuvieron una experiencia singular y única de la resurrección. Sería el momento en que los primeros cristianos dejan de estar pasmados y empiezan la tarea de llevar esa experiencia a todos los hombres. Dejan de mirar hacia el cielo y comienzan a mirar a la tierra. Recordemos que los cuarenta días, no es una medida cronológica. Se trata de un tiempo simbólico (kairos) que da paso al desarrollo de la nueva comunidad.

 

Meditación-contemplación

Jesús nos ha marcado el camino de la plenitud humana.
Durante el año litúrgico vamos examinando los pasos que dio.
Hoy nos fijamos en la meta a la que llegó,
que es, al mismo tiempo, el punto del que partió.
…………..

Si creemos que nuestro objetivo es alcanzar la misma meta,
está claro que tenemos que caminar en la misma dirección.
Todos hemos salido del Padre y hemos llegado al mundo.
Todos tenemos que dejar el mundo y volver al Padre.
…………….

Ese Padre sigue en lo más hondo de nuestro ser
y allí tenemos que penetrar para encontrarlo.
Si me empeño en buscarlo en otra parte,
me encontraré con un dios a mi medida, pero falso.
………….

 

Fray Marcos

Jaunaren Igokundea – La Ascensión del Señor B (Markos 16,15-20), José A. Pagola

Jaunaren Igokundea – Ascensión del Señor – B (Marcos 16,15-20)

Evangelio del 17/05/15

por Coordinador Grupos de Jesús

KONFIANTZA ETA ERANTZUKIZUNA – CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD

Markosen jatorrizko ebanjelioari halako batean eranskin bat gehitu zioten, Jesusen azken agindu hau jasotzen duena:«Zoazte mundu osora eta hots egin ebanjelioa kreazio guztiari». Ebanjelioa ezin gelditu da ikasleen talde koxkorrera mugaturik. Irten beharra du eta lekualdatu beharra, «mundu osora» iritsi eta Berri Ona jende guztiari aldarrikatzeko, «kreazio guztiari».

Inondik ere, hitz hauek gogotsu entzun zituzten orduan, lehen kristauak bete-betean zabaltzen eta haien elkarteak Inperio osoan biderkatzen ari ziren hartan. Baina nola entzuten ditugu guk gaur egun hitz horiek, geure eliztarrei, gure erlijioaren beharrik sentitzen ez dutelarik, eutsi ezinik gabiltzan honetan?

Lehenengo gauza, Jainkoaren jardueran konfiantza osoa izatea da. Jesusek berak esana dugu hori. Jainkoa maitasun muga gabeaz ari da bere seme-alaba guztien bihotzean, guk halakoak «galdutako arditzat» emanak ditugun arren. Jainkoa ezin zurrundu edo blokeatu du inongo krisialdik.

Ez dago gure zain; ez dago guk Elizan berregiteko geure egitasmoak edo berrikuntza-asmoak noiz abian jarriko zain. Etenik gabe dihardu hark Elizan eta Elizaz kanpo. Jainkoak ez du inor bazter utzi nahi, ezta Jesusen ebanjelioaz hitz egiten entzun ez duenik ere.

Halere, horrek guztiak ez digu kentzen geure erantzukizuna. Geure galderak egiten hasi beharra dugu. Zein bidetan dabil Jainkoa kultura modernoko gizon-emakumeen bila? Nola nahi die begi aurrean jarri Jesusen Berri Ona gure egun hauetako gizon-emakumeei?

Are galdera gehiago egin beharra dugu: Zer dei ari zaigu egiten Jainkoa kristau-fedea pentsatzeko, adierazteko, ospatzeko eta haragitzeko dugun molde tradizionala eraldatzeari dagokionez, kultura modernoaren baitan Jainkoaren jarduerari lur ona prestatu ahal izateko? Ez ote dugu arrisku hau bizi: geure zurruntasunaz eta mugigaiztasunaz, galga eta oztopo gertatzekoa Ebanjelioa gaur egungo gizartean haragitu dadin?

Inork ez daki nolakoa izango den kristau-fedea, harrotzen ari den mundu berrian; edonola ere, nekez izango da iraganekoaren «klonazio» bat. Ebanjelioak badu barne-izerdi indar-emaile bat, kristautasun berri bat abian jartzeko.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ascensión del Señor – B (Marcos 16,15-20)

Evangelio del 17/05/15

por Coordinador Grupos de Jesús

CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD

Al evangelio original de Marcos se le añadió en algún momento un apéndice donde se recoge este mandato final de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». El Evangelio no ha de quedar en el interior del pequeño grupo de sus discípulos. Han de salir y desplazarse para alcanzar al «mundo entero» y llevar la Buena Noticia a todas las gentes, a «toda la creación».

Sin duda, estas palabras eran escuchadas con entusiasmo cuando los cristianos estaban en plena expansión y sus comunidades se multiplicaban por todo el Imperio, pero ¿cómo escucharlas hoy cuando nos vemos impotentes para retener a quienes abandonan nuestras iglesias porque no sienten ya necesidad de nuestra religión?

Lo primero es vivir desde la confianza absoluta en la acción de Dios. Nos lo ha enseñado Jesús. Dios sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas, aunque nosotros los consideremos «ovejas perdidas». Dios no está bloqueado por ninguna crisis.

No está esperando a que desde la Iglesia pongamos en marcha nuestros planes de restauración o nuestros proyectos de innovación. Él sigue actuando en la Iglesia y fuera de la Iglesia. Nadie vive abandonado por Dios, aunque no haya oído nunca hablar del Evangelio de Jesús.

Pero todo esto no nos dispensa de nuestra responsabilidad. Hemos de empezar a hacernos nuevas preguntas: ¿Por qué caminos anda buscando Dios a los hombres y mujeres de la cultura moderna? ¿Cómo quiere hacer presente al hombre y a la mujer de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?

Hemos de preguntarnos todavía algo más: ¿Qué llamadas nos está haciendo Dios para transformar nuestra forma tradicional de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe cristiana de manera que propiciemos la acción de Dios en el interior de la cultura moderna? ¿No corremos el riesgo de convertirnos, con nuestra inercia e inmovilismo, en freno y obstáculo cultural para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?

Nadie sabe cómo será la fe cristiana en el mundo nuevo que está emergiendo, pero, difícilmente será «clonación» del pasado. El Evangelio tiene fuerza para inaugurar un cristianismo nuevo.

José Antonio Pagola

 

6º Domingo de Pascua: «LA QUINTAESENCIA DE LO HUMANO ES EL AMOR», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 15, 9-17

El evangelio de hoy es continuación del que leímos el domingo pasado. Sigue explicando, en qué consiste esa pertenencia del cristiano a la vid. Poniendo como modelo su unión con el Padre, va a concretar Jesús lo que constituye la esencia de su mensaje. Ya sin metáforas ni comparaciones, nos coloca ante la realidad más profunda del mensaje evangelio: El AMOR, que es a la vez la realidad que nos hace humamos

Juan pone en boca de Jesús la seña de identidad que tienen que distinguir a los cristianos. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos alianzas. Jesús no manda amar a Dios ni amarle a él, sino amar como él ama. En realidad no se trata de una ley, sino de una consecuencia de la Vida de Dios y que en Jesús se ha manifestado contundentemente. Nuestro amor será «un amor que responde a su amor» (Jn 1,16). El amor, que pide Jesús tiene que surgir de dentro, no imponerse desde fuera.

Juan emplea la palabra «agape». Los primeros cristianos emplearon ocho palabras, para designar el amor: agape, caritas, philia, dilectio, eros, libido, stergo, nomos. Ninguna de ellas excluye a las otras, pero solo el «agape» expresa el amor sin mezcla alguna de interés personal. Sería el puro don de sí mismo, solo posible en Dios. Al emplear agapate (amaos), está haciendo referencia a Dios, es decir, al grado más elevado de don de sí mismo. No está hablando de amistad o de una «caridad». Se trata de desplegar una cualidad exclusiva de Dios. Se nos está pidiendo que amemos con el mismo amor de Dios.

Dios demostró su amor a Jesús con el don de sí mismo. Jesús está en la misma dinámica con los suyos, es decir, les manifiesta su amor hasta el extremo. El amor de Dios es la realidad primera y fundante. Juan lo ha dejado bien claro en la segunda lectura: «En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó». Descubrir esa realidad y vivirla, es la principal tarea del que sigue a Jesús. Es ridículo seguir enseñando que Dios nos ama si somos buenos y nos rechaza si somos malos.

Hay una diferencia que tenemos que aclarar. Dios no es un ser que ama. Es el amor. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros. Yo puedo amar o dejar de amar. Si Dios dejara de amar un solo instante, dejaría de existir. Dios manifiesta su amor a Jesús, como me lo manifiesta a mí. Pero no lo hace como nosotros. No podemos esperar de Dios «muestras puntuales de amor», porque no puede dejar de demostrarlo un instante. Jesús, que es hombre, sí puede manifestar el amor de Dios, amando como Él amaría y obrando como Él obraría si fuera un ser humano.

Otra consecuencia decisiva de la idea de Dios, que Juan intenta trasmitirnos, es que, hablando con propiedad, Dios no puede ser amado. Él es el amor con el que yo amo, no el objeto de mi amor. Aquí está la razón por la que Jesús se olvida del primer mandamiento de la Ley: «amar a Dios sobre todas las cosas». Juan comprendió perfectamente el problema, y deja muy claro que solo hay un mandamiento: amar a los demás, no de cualquier manera, sino como Jesús nos ha amado. Es decir, manifestar plenamente ese amor que es Dios, en nuestras relaciones con los demás.

No se puede imponer el amor por decreto. Todos los esfuerzos que hagamos por cumplir un «mandamiento» de amor, está abocado al fracaso. El esfuerzo tiene que estar encaminado a descubrir a Dios que es amor dentro de nosotros. Todas las energías que empleamos en ajustarnos a una programación, tienen que estar dirigidas a tomar conciencia de nuestro verdadero ser. En el fondo, se nos está diciendo que lo primero para un cristiano es la experiencia de Dios. Solo después de un conocimiento intuitivo de lo que Dios es en mí, podré descubrir los motivos del verdadero amor.

El amor del que nos habla el evangelio es mucho más que instinto o sentimiento. A veces tiene que superar sentimientos e ir más allá del instinto. Esto nos despista y nos lleva a sentirnos incapaces de amar. Los sentimientos de rechazo a un terrorista o a un violador, pueden hacernos creer que nunca llegaré a amarle. El sentimiento es instintivo y anterior a la intervención de nuestra voluntad. El amor va más allá del sentimiento. La verdadera prueba de fuego del amor es el amor al enemigo. Si no llego hasta ese nivel, todos los demás amores que pueda desplegar, son engañosos.

El amor no es sacrificio ni renuncia, sino elección gozosa. Esto que acaba de decirnos el evangelio, no es fácil de comprender. Tampoco esa alegría de la que nos habla Jesús es un simple sentimiento pasajero; se trata de un estado permanente de plenitud y bienestar, por haber encontrado tu verdadero ser y descubrir que ese ser es inmutable. Una vez que has descubierto tu ser luminoso e indestructible, desaparece todo miedo, incluido el miedo a la muerte. Sin miedo no hay sufrimiento. Surgirá espontáneamente la alegría, que es nuestro estado natural.

Solo cuando has descubierto que lo que realmente eres, no puedes perderlo, estás en condiciones de vivir para los demás sin límites. El verdadero amor es don total. Si hay un límite en mi entrega, aún no he alcanzado el amor evangélico. Dar la vida, por los amigos y por los enemigos, es la consecuencia lógica del verdadero amor. No se trata de dar la vida biológica muriendo, sino de poner todo lo que somos al servicio de los demás.

Ya no os llamo siervos. No tiene ningún sentido hablar de siervo y de señor. Más que amigos, más que hermanos, identificados en el mismo ser de Dios, ya no hay lugar ni para el «yo» ni para lo «mío». Comunicación total en el orden de ser, en el orden del obrar y en el orden del conocer. Jesús se lo acaba de demostrar poniéndose un delantal (vestido de siervo) y lavándoles los pies. La eucaristía nos dice exactamente lo mismo: Yo soy pan que me parto y me reparto para que todos me coman. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos para comunicarles esa misma Vida. Jesús lo compartió todo.

Os he hablado de esto para que vuestra alegría llegue a plenitud. Es una idea que no siempre hemos tenido clara en nuestro cristianismo. Dios quiere que seamos felices con una felicidad plena y definitiva, no con la felicidad que puede dar la satisfacción de nuestros sentidos. La causa de esa alegría es saber que Dios comparte su mismo ser con nosotros. Nos decía un maestro de novicios: «Un santo triste es un triste santo».

No me elegisteis vosotros a mí, os elegí yo a vosotros. Debemos recuperar esta vivencia. El amor de Dios es lo primero. Dios no nos ama como respuesta a lo que somos o hacemos, sino por lo que es Él. Dios ama a todos de la misma manera, porque no puede amar más a uno que a otro. De ahí el sentimiento de acción de gracias en las primeras comunidades cristianas. De ahí el nombre que dieron los primeros cristianos al sacramento del amor. «Eucaristía» significa acción de gracias.

Cualquier relación con Dios sin un amor manifestado en obras, será pura idolatría. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ni ritos, ni normas morales. El único distintivo debe ser el amor manifestado. Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos si no una comunidad que experimenta a Dios como amor y cada miembro lo imita, amando como Él. Esta oferta no la pueden hacer la institución, por eso se muestra Jesús tan distante e independiente de todas ellas. Ninguna otra realidad puede sustituir lo esencial. Si esto falta no puede haber comunidad cristiana.

Meditación-contemplación

Sin la experiencia de unidad con Dios
No podemos desplegar el verdadero amor (agape).
Sin la savia divina que nos atraviesa,
Nunca podremos dar el verdadero fruto.
…………………

El verdadero amor nos lleva al límite de lo humano.
No somos nosotros los que tenemos que amar.
Es el mismo Dios el que se da a través nuestro.
Desde nuestra verdadera humanidad podemos manifestar lo divino.
………………….

El verdadero amor no es fruto del voluntarismo.
Tampoco surge del deseo de alcanzar una plenitud.
Amar es deshacerme de todo lo que creo ser,
Para que solo quede en mí lo que es Dios.
…………..

Fray Marcos

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (15.9-17)

  • DOMINGO 6º DE PASCUA –B- Mayo 10 de 2015
  • “PERMANECED EN MI AMOR”
  • El domingo pasado, se nos hablaba de “permanecer” unidos a la CEPA para dar frutos: “permaneced en mí,” Hoy se da un paso más y nos dice “Permaneced en mi Amor”.

Las lecturas de este Domingo se centran directamente en el núcleo del cristianismo.
EL AMOR.

Hasta nueve veces se repite en el evangelio de hoy “amar”, “amor.” La vivencia del amor según Jesús acaba en alegría. La experiencia de Jesús, es clara: si no hay amor no hay vida, no hay comunicación, no hay experiencia del Padre. La alegría de Jesús es la de quien vive en confianza con el Padre, la de quien sabe acoger la vida con agradecimiento, es la alegría de quien se esfuerza por dar vida, ayuda a crecer, crea condiciones para que la vida sea más humana.
Durante tres domingos Jesús nos ha ido mostrando el programa de vida:

El buen Pastor. Estar unidos a la cepa para llevar savia y dar frutos.
Entregarse totalmente a los amigos por Amor.

Jesús, en su largo discurso en la Última Cena que tiene con sus discípulos, les da las últimas recomendaciones y enseñanzas.

El mensaje es especialmente hermoso, porque todo él se centra en EL AMOR. Jesús nos dice que nos ama como el Padre lo amó a El. Y nos pide permanecer en el amor. Nos llama amigos.

Nos dice que el que vive en el amor debe dar vida y entregarse a los demás. Y añade que nos ha elegido para amarnos y para que amemos. Vivir sin egoísmo hasta  dar a cada uno de los que me rodean un poco de mi vida.

Esa es la forma en que Jesús quiere que entendamos nuestra propia existencia, la existencia cristiana.

Estamos rodeados de símbolos que nos llevan a conocer esta realidad del Amor, aunque no vemos palpablemente a Jesús, pero toda experiencia nos habla de El y siempre tenemos la Luz de la Fe. “Dios es amor» “Quien ama ya ha cumplido los mandamientos” Pero no nos olvidemos que LA TAREA DEL AMOR ES SER DON para los demás.

  • ORACIÓN
  • “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”
  • Con estas palabras, Jesús de Nazaret, recogió Juan en su evangelio el deseo más profundo de tu corazón, Tú nos amas como el Padre nos amó, Tú nos brindas tu amistad y nos dices: “vosotros sois mis amigos”.

¿Qué Más podemos esperar? ¿Estamos convencidos de que así es? Si es que sí,

¿Qué respuesta te debemos dar?

Que la fuerza de tu Amor, Jesús de Nazaret, nos ayude a amarnos verdaderamente entre nosotros.

Ayúdanos a dar cada día un paso, por menor que sea, en el camino de ser tus seguidores y por eso llamarnos cristianos.

Que la corriente de tu savia corra por los sarmientos de nuestras vidas para que en nuestras relaciones nos comprendamos y perdonemos, nos  ayudemos, especialmente a los más necesitados así lograremos que crezca el
AMOR VERDADERO. AMÉN.

ORAMOS A MARÍA EN ESTE PRECIOSO MES DEDICADO A ELLA

María de Nazaret, mujer del “SÏ” al plan de Dios, ayúdanos a ser fieles en el seguimiento de tu Hijo Cristo, Jesús.

María, mujer en camino, en marcha, riesgo y refugio. Con Cristo queremos ser, silencio y voz, contemplación y acción. El es el guía en nuestro camino.
María de Caná, mujer de fe y de armonía. Con Cristo queremos ser enviados a lo esencial:
“Haced lo que el os diga”

Él es la solidaridad, la delicada amistad en nuestro camino.
María de la Resurrección, mujer del gozo y la esperanza. Con Cristo queremos ser: liberación, fraternidad, anuncio y fiesta. Él es el Perdón, el Tabor, la Llamada, el envío…, en nuestro camino.

María del Espíritu Santo, mujer de un mundo nuevo:

Con Cristo queremos ser paz con justicia, reconciliación, verdad.

María de nuestro mundo, renueva nuestros sentimientos, transforma nuestras vidas.

Reina en nuestras vidas. Mujer de la entrega en el Amor. Quédate con nosotros. AMÉN .  ZURIÑE

Pazkoaldiko 6. Igandea – 6º Domingo de Pascua – José A. Pagola

Evangelio del 10/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

MAITASUNETIK DESBIDERATU GABE – NO DESVIARNOS DEL AMOR

Joan ebanjelariak agur-hitzaldi luzea jarri du Jesusen ahoan, eta bizitasun bereziz jaso ditu horretan funtsezko ezaugarri batzuk, mendetan barna ikasleek gogoan hartu beharrekoak, Jesusi eta haren egitasmoari leialak izan nahi badute. Jakina, gaur egun ere bai.

«Iraun nire maitasunean». Horra lehenengo gauza. Kontua ez da erlijio batean bizitzea, baizik eta Jesusek digun maitasunean bizitzea, Aitagandik hartu duen maitasunean. Kristau izatea ez da lehenik eta behin doktrina-arazoa, baizik maitasun-arazoa da. Mendetan barna, ikasleek mila eratako dudak, gatazkak eta zailtasunak izan dituzte. Garrantzizkoa beti maitasunetik ez desbideratzea izanen da.

Jesusen maitasunean irautea ez da gauza teorikoa, ezta mamirik gabea ere. «Aginduak gordetzean» datza, eta haurrideekiko maitasunean laburbildu du Jesusek berak agindu hori: «Hau da ni agindua: maita dezazuela elkar, nik maite zaituztedan bezala». Agindu askorekin egingo du topo kristauak bere erlijioan. Askotarikoak eta desberdinak dituzte, ordea, agindu horiek beren jatorria, beren izaera, beren garrantzia. Egunak joan egunak etorri, arauak ugaldu egiten dira. Maitasunaren aginduaz bakarrik dio Jesusek hau: «Hau da nire agindua». Noiznahi eta nonahi, funtsezko gauza kristauarentzat haurrideekiko maitasunetik ez irtetea da.

Jesusek ez du aurkeztu maitasunaren agindu hau gure bizitza latzagoa eta astunagoa egingo duen lege bezala, baizik poz-iturri bezala: «Honetaz mintzo natzaizue, nire poza zuengan izan dadin eta zuen poza bere betera irits dadin». Gure artean zinezko maitasunik ez denean, hutsunea eratzen da, ez ezerk ez inork pozez bete ezin duen hutsunea.

Maitasunik gabe ezin da pausorik eman kristautasun irekiago, bihozkoiago, alaiago, xumeago eta maitagarriago baterantz, Jesusekin «adiskide» bezala ?ebanjelioaren esapidea erabiliz? bizitzeko modua eskainiko lukeen baterantz. Ezin jakingo dugu poza eragiten. Nahi izan gabe ere, kristautasun triste bat, kexuz, erresuminez, lantuz eta etsipenez betea lantzen jarraituko dugu.

Gure kristautasunari, sarritan, poza falta zaio, egiten eta bizi ohi denak eman dezakeen poza. Sarritan, Jesu Kristorekiko gure jarraipenak berrikuntzaren sua falta izaten du, eta tristura izaten du sobera, Jesusek gugandik espero duena egiteko konbentzimendurik gabe, gauzak errepikatzen aritzeak dakarren tristura.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Pascua – B (Juan 15,9-17)
Evangelio del 10/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

NO DESVIARNOS DEL AMOR

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen, con una intensidad especial, algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.

«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata solo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.

Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Solo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.

Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.

A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

José Antonio Pagola