«DESDE LA INTEMPERIE», Magdalena Bennásar

MAGDALENA BENNÁSAR OLIVER,

ECLESALIA,  Me siento llamada por dentro a reflexionar sobre esa realidad: la intemperie. Me resisto, pienso que total la gente lee tantas cosas, escribes y nadie te dice ni que lo ha recibido apenas… como veis me resisto a “mi intemperie”. Intento disuadir la invitación, la voz interior que me vuelve a sugerir que comparta lo que de intemperie he vivido, vivo, resisto…y al fin, sucumbo. Casi pidiendo perdón porque estos días la gente va cargada, pero ya sabéis que el tiempo de Dios funciona con otros registros. Desearía estar en ellos para compartir lo que me regala.

Muchas de nosotras y nosotros tenemos intemperies pegadas a la piel y tal vez no las vemos o no sabemos cómo gestionarlas. Una de ellas, que comparto, es el duelo. El duelo te hace entrar dentro, y buscar entre los millones de recuerdos y experiencias vividos los compartidos con la persona que se ha ido. A veces consuela, otras duele tanto que cambio de canal. Leer más

«MARÍA DESCUBRE Y MANIFIESTA LA PRESENCIA DIVINA», Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 1, 39-45

Durante el Tiempo de Navidad, vamos a leer una y otra vez lo que se llama “el evangelio de la infancia”. Esos textos no podemos tomarlos como si fueran crónicas de sucesos. Son teología narrativa. Que el texto se ajuste más o menos a los hechos, que sea totalmente inventado o que tenga como fundamento mitos ancestrales,no tiene importancia ninguna. Lo importante es descubrir el mensaje que el autor ha querido transmitir. Si fueran noticias de un suceso, nos daríamos por enterados y punto. Si son teología, nos obliga a desentrañar la verdad que sigue siendo válida. Es uno de los textos más densos y más profundos de Lc.

Leemos los textos desde una perspectiva equivocada. Ni María sabía que había engendrado al “Hijo de Dios” ni Isabel llevaba en su seno al “Precursor”. Si salimos de es falsa ilusión, no tiene mucho sentido que noventa años después alguien se acuerde de una visita a una prima, mucho menos que recuerde las palabras que se dijeron. No digamos nada si imaginamos a María, arrancándose con el magníficat, recitado palabra por palabra. No, el relato nos está trasmitiendo lo que pensaban los cristianos de finales del siglo primero.

En el texto de Lc todo son símbolos. La primera palabra en griego es ‘anastasa’, que significa levantarse, surgir, y que se ha pasado por alto en la traducción oficial. Es el verbo que emplea el mismo Lc para indicar la resurrección. Significa que María resucita a una nueva vida, y sube a la “montaña”, el ámbito de lo divino. Una madre da la vida al hijo. En este caso es el Hijo el que da vida a la madre. Inmediatamente, la madre lleva al que le ha dado esa vida, a los demás, es decir da a luz al Hijo. Eckhart decía con gran atrevimiento: todos estamos preñados de Dios y la principal tarea de todo cristiano es darle a luz.

La visita de María a su prima simboliza la visita de Dios a Israel. La subida de Galilea a Judá nos está adelantando la trayectoria de la vida pública de Jesús. También el Arca de la alianza recorrió el mismo camino por orden de David. Por otra parte, María y Jesús (lo más grande) se digna visitar a lo pequeño, Isabel. El Emmanuel se manifiesta en el signo más sencillo, una visita. Todo acontece fuera del marco de la religiosidad oficial. Desde ahora, a Dios lo debemos encontrar en lo cotidiano, donde se desarrolla la vida. Jesús, ya desde el vientre de su madre, empieza su misión, llevar a otros la salvación y la alegría.

La escena nos está diciendo que la verdadera salvación siempre repercutirá en beneficio de los demás; si alguien la descubre, inmediatamente la comunicará.La salvación no puede quedar encerrada en uno mismo; si es verdadera, la llevaremos a donde quiera que vayamos, aun sin proponérnos­lo. La visita comunica alegría (el Espíritu), también a la criatura que Isabel llevaba en su vientre. Una vez más descubrimos el empeño por dejar a Juan por debajo de Jesús. Por dos veces se nos dice que saltó la criatura en su vientre.

Si leemos con atención, descubriremos que todo el relato se convierte en un gran elogio a María. Y es el mismo Espíritu el que provoca esa alabanza: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” ¿Cuántas veces hemos repetido esta alabanza? “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” “Dichosa tú que has creído”. Creer no significa la aceptación de verdades, sino confianza en un Dios, que siempre quiere lo mejor para el ser humano. A continuación, María pasa al elogio a Dios con el canto del magníficat.

Lo que intentan estos relatos de la infancia de Jesús, es presentarlo como una persona de carne y hueso, aunque extraordinaria, ya desde antes de nacer. Cuando afirmamos que esos relatos no son históricos no queremos decir que Jesús no fue una figura histórica. El NT hace siempre referencia a una historia humana concreta, a una experiencia humana única. Sin esa referencia al hombre Jesús, el evangelio carecería de todo fundamento. Ahora bien, el lenguajeque emplea cada uno de los evangelistas es muy distinto. Basta comparar los relatos de Mt y Lc con el prólogo de Juan, para darnos cuenta de la abismal diferencia.

La novedad que se manifiesta en María, no elimina ni desprecia la tradición, sino que la integra y transforma. El relato está haciendo constantes referencias al AT. En ningún orden de la vida, debemos vivir volcados hacia el pasado porque impediríamos el progreso. Pero nunca podremos construir el futuro destruyendo nuestro pasado. El árbol no crece si se cortan las raíces. Lo nuevo, si no integra y perfecciona lo antiguo nunca será auténtico.

A la vivencia de Jesús, hace referencia la carta de Pablo. Jesús no es un extraterrestre, sino un ser humano como nosotros, que supo responder a las exigencias más profundas de su ser. La clave está en esa frase: «Aquí estoy para hacer tu voluntad.» No se trata de ofrecer a Dios “dones” o “sacrificios”. Se trata de darnos a nosotros mismos. Esa actitud es propia de una persona volcada sobre lo divino que hay en ella. Pablo contrapone la encarnación al culto. Dios no acepta holocaustos ni víctimas expiatorias. Solo haciendo su voluntad, damos culto a Dios. En Jn, dice Jesús: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”.

Los primeros cristianos no llegaron a la conclusión de que Jesús era Hijo de Dios porque descubrieron la “naturaleza” de Dios y la de Cristo y vieron que coincidían, sino porque descubrieron que Jesús cumplió, en todo, la voluntad de Dios. Hacía presente a Dios en lo que era y lo que hacía. Para el pensamiento semítico, ser hijo no era principalmente haber sido engendrado si no el reflejar lo que era el padre, cumplir su voluntad, ser imagen del padre. Esa fidelidad al ser del padre era lo que convertía a alguien en verdadero hijo. Descubrir esto en Jesús, les llevó a considerarlo, sin ninguna genero de duda, Hijo de Dios.

Esa voluntad no la descubrió Jesús porque tuviera hilo directo con Dios. Como cualquier mortal, tuvo que ir descubriendo lo que Dios esperaba de él. Siempre atento, no solo a las intuiciones internas, sino también a los acontecimien­tos y situaciones de la vida, fue adquiriendo ese conocimiento de lo que Dios era para él, y de lo que él era para Dios. ‘La voluntad de Dios’ no es algo venido de fuera. Es nuestro ser en cuanto proyecto y posibilidad de alcanzar su plenitud. De ahí que, ser fiel a Dios, es ser fiel a sí mismo.

En todas las épocas, y todos los seres humanos han intentado hacer la voluntad de Dios, pero era siempre con la intención de que el “Poderoso” hiciera después la voluntad del ser humano. Era la actitud del esclavo que hace lo que su dueño le manda, porque es la única manera de sobrevivir. Es una pena que después del ejemplo que nos dio Jesús, los cristianos sigamos haciendo lo mismo de siempre, intentar comprar la voluntad de Dios a cambio de nuestro servilismo. En esa dirección van casi todas las oraciones, los sacrifi­cios, las promesas, votos, etc. que las personas “religiosas” hacemos a Dios.

Salvación y voluntad de Dios son la misma realidad. Jesús, como ser humano, tuvo que salvarse. Para nuestra manera de entender la encarnación, esta idea resulta desconcertante. Creemos que salvarse consiste en librarse de algo negativo. La salvación de Dios no consiste en quitar sino en poner plenitud. Todo ser humano comienza su andadura como un proyecto que tiene que ir desarrollándose. Jesús llevó ese proyecto al límite. Por eso es el Hijo de Hombre, hombre acabado, hombre perfecto. Por eso hace presente a Dios, por eso es Hijo.

Jesús, descubriendo las exigencias de su ser y llevándolas al desarrollo pleno, desplegó todas las posibili­dades del ser humano y nos ha marcado el camino que nosotros debemos seguir para alcanzar también la misma plenitud. Pero cada uno debe recorrer su propia senda. Nadie puede tomar el camino de otro. La meta sí es la misma, pero el punto de salida es siempre distinto para cada uno. Los demás pueden ayudarme a descubrir mi camino, pero nunca podrán recorrerlo por mí; nunca podrán hacer lo que tengo que hacer yo.

 

Meditación-contemplación

“¡¡¡Dichosa tú que has creído!!!” dice Isabel a María.
¡Dichoso tú si, de verdad, confías! Digo yo.
María lleva a Jesús a su prima Isabel.
Antes de darle a luz, ya lo manifiesta a los demás.
……………………..

Con gran atrevimiento dice el Maestro Eckhart:
“La tarea más importantedel alma, es dar a luz a Dios”.
Claro que una vez engendrado, no tiene más remedio que ver la luz.
También dice Eckart: Dios me necesita para existir.
…………………….

La semilla divina ya está dentro de ti;
Solo tienes que dejar que se desarrolle. Así de sencillo.
Si la dejas crecer en ti,
enseguida se manifestará en la superficie de tu ser.
…………………………

Fray Marcos

 

ADVIENTO: caminando y acogiendo con esperanza

UIS SANDALIO, luisandalio@yahoo.es
CANTABRIA.

ECLESALIA, Las imágenes y noticias de miles y miles de solicitantes de asilo teniendo que huir de un mundo suyo (su tierra, su casa, sus cosas…) donde no se les deja vivir en paz puede que sean capaces de confundirnos y hacernos olvidar que nosotros también tenemos que estar siempre en camino.

Que no podemos conformarnos con decir: ellos son los que andan buscando, nosotros los que desde nuestro sitio y posibilidades les que tenemos que “acoger”. No basta. Tenemos que acoger no desde nuestra “comodidad” y nuestra “seguridad” (si no tenemos “estabilidad”… ¿cómo vamos a plantearnos “acoger” y “arropar”? podríamos erróneamente pensar). Tenemos que acoger desde nuestro caminar a posibilidades nuevas que aún desconocemos, desde nuestra respuesta a esa invitación de Dios (vocación) que por ser siempre nueva nos “descoloca” y nos enfrenta a lo que no podemos sospechar.

Vale la pena recordar el relato del Nacimiento de Jesús y el tremendo simbolismo de que “no había sitio para ellos” en el mundo de los que estaban establecidos en su sitio.

Pero también es importante que no nos confundamos: “su sitio” no es entre nosotros; aunque durante un tiempo y mientras “fermenta” y se transforma la situación esto sea necesario.

Tenemos que denunciar a los que les están expulsando de “su sitio” y no me refiero a los “terroristas-yihadistas” ¡por supuesto! Estos son empresas bien organizadas y asesoradas, encargadas, habilitadas y financiadas. Me estoy refiriendo a los imperialistas que quieren hacer de la tierra entera su feudo particular (EE.UU.) y a los que con ellos aliados están (siento tener que decir “estamos”; pues España lamentablemente todavía sigue dentro de la OTAN y al servicio de la política canalla norteamericana).

Desde nuestra pequeña experiencia comunitaria de más de tres décadas acogiendo personas de todo el mundo queremos compartir este adviento de camino y esperanza. Y nos unimos a todos los que participan en esta caravana de la esperanza de la que hablaba Rumí:

“Ven, ven, quienquiera que seas ven!
Infiel, religioso o pagano, poco importa.
¡Nuestra caravana no es la de la desilusión!
¡Nuestra caravana es la de la esperanza!”

Y si de algo puede servir, os invitamos a profundizar en este adviento con un cuento que nos habla del valor de ser humanos y del valor del ser humano: El valor del anillo (un viejo y regañón derviche acoge en su incesante caminar a un joven con parálisis cerebral y enamorado. Islam/vocación/acogida/comunidad desde una espiritualidad universal).  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Abendualdiko 4. igandea – 4º Domingo de Adviento C, José A. Pagola

Abendualdiko 4. igandea – 4º Domingo de Adviento C, José A. Pagola (Lukas 1,39-45)

Evangelio del 20/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

MARIAREN EZAUGARRIAK – RASGOS DE MARIA

Mariak Elisabeti egin dion bisita dela medio, Bataiatzailea eta Jesus, jaio aurretik beretik, harremanetan ageri dira Lukasen ebanjelioan. Pasadizoa giro oso berezian dator bildua. Biak, Maria eta Elisabet, ama izango dira. Biek jaso dute deia Jainkoaren egitasmoan lankide izateko. Tartean ez da gizonezkorik. Zakarias mutu gelditu da. Jose modu harrigarrian absente da. Andre biek bete dute eszena guztia.

Maria Nazaretetik etorri da, eta hura da pertsonaia nagusia. Haren eta haren semearen jirabiran ageri da dena. Mariaren irudiari ezaugarri berezi-bereziak nabari zaizkio: ebanjelioen girotik urrun erantsi izan zaizkion geroagoko mila izenak eta tituluak baino jatorragoak.

  • Maria, «ene Jaunaren ama». Horrela aldarrikatu du Elisabetek, ozenki eta Espiritu Santuaz beterik. Hala da: Jesusen jarraitzaileentzat, Maria, beste ezer baino lehen, gure Jaunaren Ama da. Hori da haren handitasunaren abiapuntua. Lehen kristauek ez dute apartatu sekula Maria Jesusengandik. Bereizezinak dira. «Jainkoak bedeinkatua andre guztien artean»; Jesus eskaini digu Mariak, «bere sabeleko fruitu bedeinkatua».
  • Maria, fededuna. Elisabetek zorioneko deklaratu du «sinetsi duelako». Handia da Maria, ez soilki amatasun biologikoagatik, baizik, eta batez ere, Salbatzailearen Ama izateko deia fedez onartu duelako. Jainkoari entzuteko gai izan da: haren Hitza bihotzean gorde du; hausnartu du; gauzatu egin du, egin zaion deia leial betez. Ama fededuna da Maria.
  • Maria, ebanjelizatzailea. Bere Semeagan onartu duen Jainkoagandiko salbazioa gizon-emakume guztiei eskaini die Mariak. Hori du bere zeregin handia, bere zerbitzua. Kontakizunaren arabera, Maria ebanjelizatzailea da, ez soilik keinuez eta hitzez, baizik bera nora joan hara daramatzalako berekin Jesus bera eta honen Espiritua. Hau da egintza ebanjelizatzaileak duen gauzarik funtsezkoena.
  • Maria, pozaren eroalea. Mariaren agurrak bere Seme Jesusi darion poza kutsatzen du. Mariak du entzun lehenengo Jainkoaren gonbit hau: «Poztu zaitez… zeurekin duzu Jauna». Orain, premian direnentzat duen zerbitzu- eta laguntza-jarreraz, Jesusen, Kristoren, etengabe berekin duen haren Berri Ona irradatzen du. Maria da, Elizarentzat, ebanjelizazio pozgarri baten eredurik hoberena.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

4 Adviento – C (Lucas 1,39-45)

Evangelio del 20/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

RASGOS DE MARÍA

La visita de María a Isabel le permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.

  • María, «la madre de mi Señor». Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Este es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».
  • María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.
  • María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no solo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.
  • María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate… el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

José Antonio Pagola

 

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc.3,10-18)

DOMINGO III de ADVIENTO- C – Diciembre 13 de 2015

  • En este tercer Domingo de Adviento, nos viene muy bien comenzar reflexionando con la  1ª lectura de (Sofonías: 3, 14-18.). Nos invita al júbilo desbordante, nos asegura el perdón, nos promete la defensa y la fuerza de Dios y, sobre todo, nos ofrece una declaración de Amor  de parte de Dios: “Te ama, se goza y se complace en ti”, le dan ganas de bailar contigo.

*    Y san Pablo en (filipenses 4, 4-7) Hoy es domingo de gozo. Pablo nos invita a dejar preocupaciones estresantes, a vivir en alegría permanente, a llenarnos de una paz indecible. Es “la alegría en el Señor, que está cerca”. Es la confianza que nos viene de la seguridad de ser escuchados y atendidos por Dios. Es la Paz que nos regala Dios.

*    Y en el Evangelio Lc. 3, 10-18. Tres veces nos repite Lucas la misma pregunta:
¿Qué tenemos que hacer?

Que le hace la gente. No le preguntan lo que hay que pensar, ni siquiera lo que hay que creer. Es ejemplar para nosotros esa pregunta que se la hacen las personas que están dispuestas a transformar sus vidas.

Hoy se escuchan llamadas al cambio  y a la conversión, a la responsabilidad y a la solidaridad, pero… ¿Nos damos por aludidos?…

¿Qué podemos hacer? Juan Bautista nos ofrece, con claridad y sencillez una respuesta que nos pone a cada uno frente a nuestra propia verdad. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos penetrar por ellas.

En estos tiempos tan duros para los pobres y marginados la llamada de Juan Bautista cobra nueva fuerza.  Es el momento del compartir,  esta es la manera de esperar al Mesías. Acoger la buena nueva de la venida del Señor requiere esa conversión y la verdadera conversión se manifiesta sobre todo en los frutos que da.

La Palabra de Dios dice que “El Señor está cerca”, tan cerca que está en medio de nosotros y nos renueva cada día con su Amor. Por eso, si sabemos agradecer todo lo que recibimos de su Amor hacia nosotros, siempre tendremos motivos para vivir en la alegría y en la Paz.

ORAMOS.  ENCENDIENDO LA 3ª VELA

Como Juan Bautista, Señor, queremos ser testigos de la luz. No permitas que apaguemos en nuestro interior el fuego del Espíritu.

Que estas tres velas encendidas sea el signo de la constancia de nuestra oración.

También nosotros como san Pablo queremos que nuestra vida sea Cristo y que sepamos extenderlo allí donde estemos. AMÉN

* * * * * *

Al Dios de la alegría, de la paz y del Amor acudimos con fe:

*Concédenos, Padre, el don de la alegría, especialmente a los que más sufren o viven en soledad y depresión.

* concédenos, Padre, el don de la paz, especialmente a los que sufren las consecuencias de la violencia o el odio o las separaciones familiares.

* concédenos, Padre, el espíritu del arrepentimiento y la conversión, especialmente a los que se creen muy instalados y seguros.

* Concédenos, Padre, la virtud de la esperanza, especialmente a los que están decaídos y desencantados.

* Concédenos, Padre, a todos la gracia de tu amor y cercanía, que en esta oración y siempre nos sintamos siempre llenos de Jesucristo y así ser testigos de tu Amor y tu alegría. AMÉN

SEGUUIMOS ORANDO

Jesús de Nazaret. Haznos una comunidad abierta, confiada y pacífica, invadida por el gozo del Espíritu Santo.

Una comunidad entusiasta, que sepa cantar a la vida, vibrar ante la belleza, estremecerse ante el misterio.

Haznos expertos en deshacer nudos y en abrir surcos y en arrojar semillas y así mantener viva la esperanza de tu Reino. AMÉN. ZURIÑE

 

«UNA BUENA NOTICIA BASTANTE CURIOSA», José Luis Sicre

Fe Adulta

Los textos del domingo pasado dejaban claro el tono alegre del Adviento. Y los de este domingo lo acentúan todavía más. “Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate de todo corazón, Jerusalén”, comienza la 1ª lectura. Su eco lo recoge el Salmo: “Gritad jubilosos, habitantes de Sión: Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”. La carta a los Filipenses mantiene la misma tónica: “Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os repito, estad siempre alegres.” Y el evangelio termina hablando de la Buena Noticia; y las buenas noticias siempre producen alegría. Pero, ¿anuncia Juan realmente una Buena Noticia?

La Lotería de Navidad, las elecciones y Juan Bautista

Quedan pocos días para la Lotería de Navidad. La buena noticia es que toque, terminar teniendo más de lo que tenemos. En cambio, Juan anima a compartir lo que tenemos, a terminar teniendo menos. «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Estamos en vísperas de elecciones. El candidato “bueno” es el que anuncia mejoras salariales, reducción de impuestos, estado de bienestar. ¿Qué candidato se atreve a exigir a los distintos colectivos más honradez y responsabilidad en el cumplimiento de sus obligaciones y a no pedir mejoras salariales? En cambio, Juan Bautista exige a los recaudadores de impuestos no exigir más de lo establecido y a los militares no extorsionar a nadie y contentarse con su paga.

Quien imagine que Juan va a perder las elecciones con ese programa, se equivoca. Al contrario, la gente se pregunta si no será el candidato ideal, el Mesías. Pero él lo niega. En esta campaña electoral, él se limita a pegar carteles, a bautizar con agua. El verdadero candidato, el Mesías, vendrá después y pondrá en práctica esa profunda reforma que anhela el pueblo: desaparición de los romanos y de los judíos perversos que los apoyan, libertad y bienestar para el pueblo oprimido. En el lenguaje duramente poético de Juan, Judá es una era, y el Mesías vendrá a separar la paja del grano, a guardar el grano y quemar la paja.

¿Es esto una buena noticia? Indudablemente. Así lo interpreta el pueblo. No importa si le exigen renuncias y compromisos, porque también le ofrecen un futuro esperanzador.

Nuestra respuesta a la Buena Noticia

Mateo y Marcos, cuando presentan a Juan Bautista exhortando a convertirse no concretan qué implica eso en la práctica. Lucas aterriza en cosas muy concretas: compartir el vestido y la comida (hoy añadiríamos, el dinero), honradez y responsabilidad en nuestras tareas como ciudadanos. Es la mejor forma de vivir el Adviento. Pero las otras lecturas nos imponen otros tres compromisos: alegría mesura y oración.

Alegría. Sofonías la justifica por el cambio de fortuna de Jerusalén: de ciudad conquistada y en manos de los enemigos, a ciudad libre, con Dios como rey. Ya que esta promesa dista mucho de la realidad actual de Israel, más vale no insistir en esta lectura. Más instructivo el punto de vista de Pablo. Escribe a una comunidad muy pobre, que va creciendo en ambiente hostil. Pero debe estar siempre alegre, confiando en la pronta vuelta del Señor.

Mesura. “Que vuestra mesura la conozca todo el mundo”, pide Pablo a los Filipenses. En el contexto navideño, cabe la tentación de interpretar la mesura como una advertencia contra el consumismo. Sin embargo, el adjetivo que usa Pablo (evpieike.j) tiene un sentido distinto. Se refiere a la bondad, amabilidad, mansedumbre en el trato humano, que debe ser semejante a la forma amable y bondadosa en que Dios nos trata.

Oración. “En toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.” En pocas palabras, Pablo traza un gran programa a los Filipenses. Una oración continua, “en toda ocasión”; una oración que es súplica pero también acción de gracias; una oración que no se avergüenza de pedir al Señor a propósito de todo lo que nos agobia o interesa.

José Luis Sicre

 

 

Abendualdiko 3. igandea – 3º Domingo de Adviento C, José A. Pagola

José A. Pagola
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ DUENAREKIN PARTEKATU – REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

Joan Bataiatzaileak basamortutik oihu egindako hitzak bihotza ukitu zion jendeari. Bihotz-berritzeko eta Jainkoari leialago izateko haren deiak askori eginarazi zion galdera: Zer egin behar dugu? Gizakiaren baitan beti harrotzen den galdera da hori, errotiko dei bat entzun eta geure erantzuna nola zehaztu ez dakigunean.

Bataiatzaileak ez die proposatu erritu erlijiosorik, ezta araurik eta manamendurik ere. Kontua ez da, berez, gauzak egitea, ezta eginbeharrak baitaratzea ere, baizik beste era batekoa izatea, beste era gizatarrago batean bizitzea, dagoeneko geure bihotzean dugun hau garatzea: bizitza zuzenagoa, duinagoa, haurride-izaerakoagoa.

Gauzarik erabakitzaileena eta zinezkoena geure bihotza Jainkoari irekitzea da, sufritzen ari direnen premiei adi-adi begiratuz. Bataiatzaileak xumetasunez eta egiaz aparta den  formula honetan bildu du erantzuna: «Soingaineko bi dituenak partekatu ditzala ezer ez duenarekin, eta jatekoa duenak gauza bera». Ezin esan era sinpleagoan eta argiagoan.

Zer esan genezake hitz hauetaz, munduan gizadiaren hirutik bat baino gehiago miserian eta biziari nola eutsiko egonik, geure armairuak mota guztietako arropaz eta geure hozkailuak janariz beteak ditugunok?

Eta zer esan genezake kristauek hain laua eta gizatarra diren hitz horien aurrean? Ez ote dugu geure bihotzeko begiak irekitzen hasi beharra; hain zuzen ere, gizatarrago izatea eragozten digun ongizateak mendean gauzkanongan sentiberatasun-falta horren eta esklabotza horren kontzientzia biziagoa eragiteko?

Kezkaturik bizi gara, eta arrazoi osoz, kristautasunaren momentu honetako puntu askotaz; aldi berean, ordea, ez gara jabetzen «erlijio burges batek atxiloturik» gauzkala. Ez du ematen kristautasunak, bizi dugun eran, indarrik duenik ongizatearen gizartea eraldatzeko. Aitzitik, azken hau da Jesusen erlijioak duen alderik onena desitxuratzen ari dena: Kristorekiko gure jarraipena kimatzen ari da hura jatorrenak eta finenak diren balio hauek erauziz: solidaritatea, pobreen defentsa, errukia, zuzentasuna.

Horregatik, askoz gehiago baloratu beharko genuke «gatibutasun» honen aurka matxinatzen den hainbat eta hainbat jenderen ahalegina; solidaritate-keinu zehatzez eta biziera lauagoa, soilagoa eta gizatarragoa landuz konprometitzen den jendearena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Adviento – C (Lucas 3,10-18)
Evangelio del 13/dic/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

La palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos «cautivos de una religión burguesa». El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es esta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este «cautiverio», comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano.

José Antonio Pagola

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc.3.1-6)

  • DOMINGO 2º DE ADVIENTO. DICIEMBRE 6 DE 2015
  • TODOS VERÁN LA SALVACIÓN DE DIOS.

El Evangelio de Lucas nos centra en Juan Bautista profeta que hace eco de Isaías,  que apareció poco antes que Jesús.

Parece ser que el joven Jesús de Nazaret, inquieto por el Reino de Dios, se fue al Jordán, donde estaba Juan, por la zona de Judea,  se bautizó y se volvió a Galilea. Sintió sin duda la fuerza divina, y empezó su anuncio del Reino de Dios.

Juan tuvo gran éxito y atrajo multitud de personas. Algunos de sus discípulos se fueron después con Jesús, pero otros continuaron con Juan. Fue el último profeta del A.T. Los nuevos tiempos del Reino de Dios empiezan con Jesús, no con él.

Características de Juan: Era muy austero. Mientras que a Jesús nos lo presentan como amigo de fiestas. (Lc.7.33-34). Su mensaje es de penitencia y conversión y anuncia “el castigo de Dios”, mientras que Jesús habla de BUENA NOTICIA, del AMOR DE DIOS el PERDÓN, “EL AÑO DE GRACIA” Y LA LIBERACIÓN, LA MISERICORDIA.

Lucas sitúa a Juan en un mundo pagano y bajo la fuerza del poder  político y religioso como cúspide. Y el que anuncia  la venida del Mesías.

Lucas que tiene en sus escritos gran sentido de la historia, descubre en todos los acontecimientos humanos la mano de Dios, que teje calladamente los hilos de nuestra liberación… Por eso a Juan y a Jesús los sitúa en la historia de entonces. Es tiempo de opresión y cautividad para el pueblo, pero también signo de universalidad y liberación para el mundo entero.

Pero brota: UN NUEVO GRITO EN EL DESIERTO. PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR.

Un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía y que no posee poder ni dinero ni autoridad ninguna, es el único que es capaz de escuchar la PALABRA DE DIOS. Cuando una persona sincera es capaz de aprender a mirar la vida desde el pobre y del indefenso, se siente llamado a renovar su vida.

Escuchar a la persona que nos grita desde el desierto de su pobreza  (sea la que sea) es siempre escuchar una llamada a la CONVERSIÓN. Esa voz nos habla de ALLANAR, ENDEREZAR, IGUALAR. Sólo así podremos ver todos LA SALVACIÓN DE DIOS.

Hemos olvidado quizá que la vida se nos presenta a todos como un proyecto-tarea que hay que ir resolviendo día a día. Hay muchas personas que no tienen bien planeada la vida y les falta horizonte, coherencia, alegría… Lo que caracteriza o debe caracterizar al cristiano es que al dar un sentido a su vida y vivirla, tiene como punto de referencia a JESUCRISTO. De ahí la importancia de escuchar con atención la voz del profeta: “Preparad el camino al Señor”.

No basta el cambio interior; el camino y los senderos hacen referencia a algo que tiene relación con todos, a un mundo nuevo, a una nueva sociedad, al Reino de Dios. Es fácil sentir la impotencia ante la sociedad actual, pero la voz del profeta es un reto a todos. No se puede ver la SALVACIÓN DE DIOS si no hay CONVERSIÓN, sino hay CAMBIO, si no hay práctica del compartir y la solidaridad.

El profeta cristiano, no es un adivino, es el que no habla en nombre propio sino de Dios defendiendo con la fuerza de su Espíritu  a toda persona amenazada por la necesidad. Su deseo profético es profundo y universal, (escucha a Dios de quien es vocero).

Por eso la misión de la Iglesia nunca es cómoda ni fácil. Como Juan Bautista, tenemos que proclamar que se preparen los caminos del Señor. No para que cada uno ande a su antojo y en la dirección que más le plazca, sino para que la humanidad entera  pueda caminar hacia el encuentro de Dios y el encuentro de sí mismo por todos los caminos que Dios ha proporcionado.

La luz decimos, indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es símbolo del gran Profeta JESUCRISTO, LUZ DEL MUNDO.

Por eso nosotros en esta 2ª semana encendemos la segunda luz.

ORANDO

Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel nosotros como un símbolo,
encendemos dos velas.
El viejo tronco está brotando, florece el desierto…

La humanidad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra tierra. Que cada uno de nosotros, le abramos nuestra vida para que brote, para que florezca, para que nazca, y mantenga en nuestros corazones, encendida la ESPERANZA.

¡VEN PRONTO, SEÑOR! ¡VEN, SALVADOR!

SEGUIMOS  ORANDO, LO NECESITAMOS.

“PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR, ALLANAD SUS SENDAS”. (Lc.3,6.)

Jesús de Nazaret: De nuevo escuchamos la Palabra a través de Juan bautista, que nos dice:

“Preparad el camino al Señor”, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.

Y todos verán:

“LA SALVACION DE DIOS”

Que no dejemos caer estas palabras en el “desierto” porque las hemos oído mucho y nuestras vidas no son camino recto por el que facilitemos Tu llegada.

Ayúdanos a no ser montes de egoísmo.

Que seamos “VALLES”  para CONVERTIRNOS cada día y recibir el “PERDÓN” y así cargarnos de frutos de justicia.

Somos responsables de que todos vean la SALVACIÓN, pero para ello tenemos necesidad cada uno de “enderezar lo torcido e igualar lo escabroso”, para crecer en ESPERANZA juntos, unidos a tu Fuerza. Y así poder decir con el salmista:

“EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS Y ESTAMOS ALEGRES”

Ayúdanos, Jesús de Nazaret en este  Adviento, a “PONERNOS EN PIE”.

Ayúdanos para que nuestras comunidades, familias, grupos, Iglesia sigamos creciendo a pesar de nuestros fallos, pecados y omisiones y así imitando a Juan Bautista, seamos tus “precursores” en nuestro mundo. AMÉN. ZURIÑE

 

 

 

 

«JESÚS APRENDIÓ DE JUAN PERO FUE MÁS ALLÁ», Fray Marcos

Lc 3, 1-6
FE ADULTA

Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. El evangelio de hoy nos habla del primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía, por lo menos, trescientos años que no aparecía un profeta en Israel. Al narrar Lc, la concepción y el nacimiento de Juan antes de decir casi lo mismo de Jesús, está manifestando lo que este personaje significaba para los cristianos de la época. Para Lc la idea de precursores la clave de todo lo que nos dice de él.

Los evangelistas se empeñan en resaltar la superioridad de Jesús sobre Juan. Se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no fue fácil aceptar la influencia del Bautista en la trayectoria de Jesús. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. En el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús no le conocía nadie.

Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Estamos en el c. 3, y curiosamente, Lc se olvida de todo lo anterior. Como si dijera: ahora comienza, de verdad, el evangelio, lo anterior era un cuento. Intenta situar en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar los acontecimientos para dejar claro que no se saca de la manga los relatos. Hay que notar que el “lugar” no es Roma ni Jerusalén sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica no solo al pueblo judío sino a todo el orbe conocido: “todos verá la salvación de Dios”.

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud por parte de Dios pero que dependería de un cambio de actitud en el pueblo.

Los evangelios presentan el mensaje de Jesús como muy apartado del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio – buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar. No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de «el que ha de venir» pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una “buena noticia”. Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él. Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

La verdad es que la predicación de Jesús coincide en gran medida con el mensaje de Juan. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comporta­miento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y a la observancia puramente externa de la Ley.

Al ser humano se le ofrecen hoy infinidad de caminos por los que puede desarrollar su existencia. ¿Cuál será el que le lleve a la verdadera salvación? Como decía Pablo: Más que nunca necesitamos hoy crecer en sensibili­dad para apreciar los auténticos valores humanos. Precisamente porque las ofertas engañosas son más variadas y mucho más atrayentes que nunca, es más difícil acertar con el camino adecuado.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede “prometer” nada. Dios es salvación, que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa según la espiritualidad de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros, si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Solo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación. Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato, es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente la escala de Jesús y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Hace ya tiempo, un ministro del gobierno, hablando de los problemas del norte de África, decía muy serio: Es que para los musulmanes, la religión es una forma de vida. Se supone que para los cristianos, no.

Al celebrar una nueva Navidad, podemos experimentar cierta esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es una salvación que apunta a la superación del hedonismo. Lo que vamos a hacer en realidad es intentar que en nuestra casa no falte de nada. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta. Sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo. Si podemos satisfacer nuestras necesidades en el mercado, no necesitamos otra salvación.

En las lecturas bíblicas debemos descubrir una experiencia de salvación. No quiere decir que tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experien­cia es siempre intransferible. Si ellos esperaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está viniendo.

El ser humano no puede planificar su salvación trazando un camino que le lleve a su plenitud. Solo tanteando puede conocer lo que es bueno para él. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No solo porque lo exige su progreso personal sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como salvación. Ninguna salvación puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc y también Pablo, como camino hacia la paz. El concepto que nosotros tenemos de justicia, es el romano, que era la restitución según la ley, de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor. Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable.

 

Meditación-contemplación

El profeta es una persona que descubre algo importante dentro de él.
Se lo comunica a los demás para que también lo vivan.
No se trata de un conocimiento intelectual, sería un maestro.
Se trata de un descubrimiento de su Ser, por eso es profeta
…………………

Descubre los “profetas” que te han ayudado en ese camino hacia tu ser.
Piensa no sólo en los “grandes” sino en los pequeños, pero cercanos.
Siente agradecimiento hacia todos ellos.
Piensa ahora si has descubierto en ti mismo algo interesante.
…………………

Lo que vivió-experimentó Jesús,
Ha hecho libres a muchísimas personas.
¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad?
Ese es el primer objetivo de tu existencia.
…………………

 

Fray Marcos

 

 

Abendualdiko 2. igandea – 2º de Adviento, José A. Pagola

Abendualdiko 2. igandea – 2º de Adviento, José A. Pagola

C (Lukas 3,1-6)
Evangelio del 06/12/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

BASAMORTUA INGURUMEN- EN EL MARCO DEL DESIERTO

Lukasek ardura berezia agertu du une hartan botere politikoa eta erlijiosoa kontrolatzen duten pertsonen izenak zehatz emateko. Bere esku dute haiek guztia planifikatzea eta gidatzea. Alabaina, Jesu Kristoren gertaera erabakitzailea haien eraginaren eta boterearen eremuz kanpo prestatu eta gauzatu da, haiek ezer jakin eta erabaki gabe.

Horrela agertu ohi da beti munduan eta gure bizitzan gauzarik funtsezkoena. Horrela sartu ohi da giza historian Jainkoaren grazia eta salbazioa. Funtsezkoena ez da egoten boteretsuen esku. Guztiz labur dio Lukasek:«Jainkoaren hitza basamortuan etorri zitzaion Joani», ez inperioko Erroma hiriburuan, ezta Jerusalemgo Tenpluaren barne sakratuan.

Ezin da inon entzun basamortuan baino hobeto mundua aldatzeko Jainkoak dagien deia. Egiaren lurraldea da basamortua. Funtsezkoa bizitzeko tokia da. Han ez da lekurik alferrik den ezertarako. Han ezin bizi da inor premiazko ez diren gauzak pilatuz. Ezinezkoa da han luxua eta arrandia. Bizitza norabidetzeko bide egokiaren bila ibiltzea da gauza nagusia.

Horregatik, profeta askok basamortua amestu ohi zuen, bizitzan gauzarik xumeena eta funtsezkoena denaren sinboloa delako; Jainkoaren aurkako hainbat desleialtasunek eta herriaren aurkako hainbat zuzengabekeriak kutsatu gabeko biziaren sinbolo delako. Basamortuaren ingurumen horretan, «Bataioaren» egundoko sinboloa hots egiteari ekin dio Joan Bataiatzaileak; bihotz-berritzearen, garbi bihurtzearen, barkazioaren eta biziera berri baten hasieraren sinboloa izango da bataio hori.

Eta, gaur, nola erantzun dei horri? Isaias profetagandik hartutako irudi batean laburbildu du Bataiatzaileak: «Prestatu bidea Jaunari». Geure bizitzan oztopo eta kontrakotasun askorekin topo egin ohi dugu, Jainkoa gure bihotzera eta elkarteetara, gure Elizara eta mundu honetara iristea eragozten edo zailtzen duten askorekin. Jainkoa beti hurbil izango da. Guri dagokigu bidea urratzea, Jainkoa Jesusengan gizon eginik onartu ahal izateko.

Isaiasen irudiak oso oinarrizko konpromisora eragiten digu: funtsezkoaz gehiago arduratzera, bigarren mailakoetan galdu gabe; zuzentzera, guztien artean desitxuratu izan duguna; bide okerra zuzentzera; geure bizitzako benetako egia aintzat hartzera, bihotz-berritzearen jarrera berreskuratzeko. Arduraz jokatu beharra dugu geure haurren bataioaren inguruan; baina «bihotz-berritzearen bataioa» da guztiek guztien gain behar duguna.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2º Domingo Adviento – C (Lucas 3,1-6)
Evangelio del 06/dic/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

EN EL MARCO DEL DESIERTO

Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.

Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto», no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.

Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: «Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión».

José Antonio Pagola