ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc. 21.25-228.34-36)

  • PRIMER DOMINGO DE  ADVIENTO. (Ciclo-C-) 29 Noviembre 2015

COMIENZO DEL AÑO LITURGICO. ACOMPAÑAR A CRISTO EN SUS MISTERIOS.

  • El año Litúrgico es un tiempo sumamente fecundo para la vida de las comunidades cristianas y para el creyente.

Sintoniza bien con los ritmos del ser humano y de la naturaleza, desde el nacimiento hasta la muerte y el nacer de nuevo. Con el nacimiento de la vida y la esperanza que le precede; con el crecimiento y  la adultez; con los proyectos de vida y su realización; con la enfermedad, la vejez y la muerte; con la espera de una resurrección dichosa. Sintoniza el Año Litúrgico con la primavera y sus ilusiones, con el otoño de una vida serena y cumplida, con el invierno oscuro y frío, que desde la raíz espera un brote nuevo y una savia nueva.

Sobre todo, el año Litúrgico nos permite vivir cada año el seguimiento de Cristo y renovarlo y hacerlo crecer todos los años. Cada Adviento, cada Pascua son diferentes, abiertos a nuevas esperanzas y a una vida siempre nueva. Nos ayuda a dar pasos siempre nuevos en el camino que asciende hacia Cristo, gloria definitiva de la humanidad. Cristo es el centro y el fin del año Litúrgico.

Por ser Jesucristo el centro de todo, nos anima a ir profundizando, de nuevo, los rasgos de su persona, los pasajes de su vida, el detalle de sus palabras. Y así, dejarnos penetrar por Él en nuestro vivir y  casi sin notarlo esto nos irá transformando y Él irá formando y empapando nuestra vida.

La Iglesia en este ciclo C. nos propone seguir una lectura continuada del tercer evangelista, San Lucas. Este nos organiza su evangelio con la idea de fondo de un viaje: “Decide ir a Jerusalén” Lc. 9,51.

Instruye a sus discípulos hasta las puertas de la ciudad: (Lc. 19,28).

De los muchos rasgos propios de Lucas destacamos tres: el 1º, que Lucas es el evangelista de la Misericordia. El 2º que es el evangelista, del Espíritu Santo. El 3º Lucas es el evangelista de María.

Por eso ADVIENTO para nosotros es volverse hacia Cristo en lo que llamamos “CONVERSIÓN”;

De ver lo que tenemos que cambiar en nuestro caminar.

Con la Esperanza del Adviento, unidos, nos ponemos a recorrer este camino. La meta: CRISTO.

*PREGÓN DE ADVIENTO

Os anuncio que comienza el tiempo de Adviento. Daos cuenta del momento.

Y una vez más renace la ESPERANZA. En el horizonte: NAVIDAD.

Una navidad sosegada, íntima, pacífica…, también superficial… pero siempre llena de ESPERANZA.

Con esta Esperanza grita el profeta Isaías: Caminarán todos los pueblos hacia el monte del Señor.

Con esta esperanza pregona Juan bautista: CONVERTÍOS porque está cerca el reino de Dios.

Con la esperanza de todos los pobres del mundo, susurra MARÍA una palabra de acogida:

“Hágase en mí según tu Palabra”

Y así empieza el ADVIENTO. Empieza a preparar la NAVIDAD.

¡VIENE DIOS!

Así se aviva la esperanza la alegría y la paz en el corazón de la humanidad.

Con esa misma ESPERANZA pregonamos, comunicamos, oramos con el deseo más profundo.

¡VIENE DIOS! Y está ya a la puerta. Y llama.

Abramos la puerta de nuestro corazón  de par en par al

“DIOS CON NOSOTROS”

Que vino, viene y vendrá. AMÉN.

* * * * * * *

  • ORACION –  ENCENDIENDO LA PRIMERA LUZ.

* Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara, para salir, en la noche, al encuentro del amigo que viene.

En esta primera semana de ADVIENTO  queremos levantarnos para esperarte preparados para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Mucho consumo nos adormece. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque Tú nos traes la LUZ más clara, la PAZ más profunda, y la ALEGRÍA más

Verdadera. ¡VEN, SEÑOR JESÚS! ¡VEN, SEÑOR JESÚS! AMÉN.

*SEGUIMOS ORANDO

Le pedimos especialmente a María, Madre de Jesús y nuestra, que durante este ADVIENTO que empezamos, vivamos las actitudes que nos ayudan a construir el Reino que Jesús nos viene a traer. Que la oración y la luz de su Palabra nos mantengan siempre atentos al bien que cada día podemos y debemos hacer. Que sigamos el camino que el Evangelio nos indica en este tiempo. Camino de: CONVERSIÓN, entrega, servicio, paz, amor, solidaridad con los más necesitados.  AMÉN. ZURIÑE

Abendualdiko 1. igandea – C (Lukas 21,25-28.34-36)

Evangelio del 29/nov/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

EGON BETI ERNE-EGON BETI ERNE

Ebanjelioetan datozen hitzaldi apokaliptikoek lehen kristau-elkarte haien beldurra eta ziurtasunik eza islatzen dituzte; Erromatar Inperio handi haren barruan, gatazka eta pertsekuzio artean, etorkizuna dilindan zutela, beren Jaun maitea, Jesus, noiz iritsiko zen ez zekitela ahul eta zaurigarri bizi ziren.

Hitzaldi horietako erreguak ere kristau haiek elkarri egin ohi zizkieten erreguen oihartzun dira, batak besteari Jesusen mezua gogoraraziz bizi baitziren. Erne bizitzeko dei hori ere, otoitza eta konfiantza zainduz, Jesusen Ebanjelioaren eta haren otoitzaren jatorrizko ezaugarri berezia da.

Horregatik, gaur egun entzungo ditugun hitz hauek, mende askoren ondoren, ez doaz gu beste hartzaile batzuengana. Jesusen Elizan bizi garenoi doazkigu, gaur egungo zailtasunen eta ziurtasun-ezaren baitan bizi garenoi.

Mendeen zamagatik, iraganeko borroken eta lanaren eraginez makur-makur doan adin handiko emakumearen antzera dabil egungo Eliza, tarteka. «Buru makur», bere erroreak eta bekatuak gogoan, beste alde batzuetako aintza eta ahala harrokeriaz erakutsi ezinik.

Horiek horrela, Jesusek guztioi dagigun deia entzuteko garaia da.

«Jaiki zaitezte», bihotz eman elkarri. «Goratu burua» konfiantzaz. Ez jarri geroari begira zeuen kalkuluen eta aurreikuspenen prismatikoz bakarrik. «Hurbil da zuen askatasuna». Egun batean ez zarete biziko makur-makur eginik, zapaldurik, etsipenak tentaturik. Jesu Kristo da zuen askatzailea.

Baina badira bizimoduak, burua zut ibiltzea galarazten dutenak, behin betiko askapen horretan konfiantza bizi ezinik. Horregatik, «izan ardura burua sorgortu ez dakizuen». Ez zaitezte ohitu bizitzera burua sentiberatasunik gabe eta gogor duzuela, ez ibili zeuen bizitza ongizateaz eta plazerez nola beteko bila, zeruko Aitari eta lurrean sufritzen ari diren haren seme-alabei gibela emanez. Bizimolde horrek gero eta kaxkarrago egingo zaituzte gizatasunean.

«Egon beti erne». Esnarazi fedea zeuen elkarteetan. Izan adiago Ebanjelioari. Zaindu hobeto Jesusen presentzia zeuen artean. Ez izan loak hartuak dituen elkarte. Bizi zaitezte «indarra eskatuz». Izan ere, nolatan izan Jesusen jarraitzaile baldin Aitak eusten ez badigu? Nolatan «bizi zutik Gizonaren Semearen aurrean»?

 

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

1 Adviento – C (Lucas 21,25-28.34-36)

Evangelio del 29/nov/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

ESTAD SIEMPRE DESPIERTOS

Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano, entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor.

También las exhortaciones de esos discursos representan, en buena parte, las exhortaciones que se hacían unos a otros, aquellos cristianos, recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico de su Evangelio y de su oración.

Por eso, las palabras que escuchamos hoy, después de muchos siglos, no están dirigidas a otros destinatarios. Son llamadas que hemos de escuchar los que vivimos ahora en la Iglesia de Jesús, en medio de las dificultades e incertidumbres de estos tiempos.

La Iglesia actual marcha a veces como una anciana «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos.

Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos.

«Levantaos», animaos unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador.

Pero hay maneras de vivir que impiden a muchos caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso, «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar vuestra vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del Cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos.

«Estad siempre despiertos». Despertad la fe en vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». ¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? ¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre»?

José Antonio Pagola

 

ADVIENTO: TODO ES AHORA, por Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Lc 21, 25-28 y 34-36

En la iglesia católica, el año litúrgico empieza con el tiempo de Adviento, unas cuatro semanas antes de la celebración de la Navidad.

Literalmente, “adviento” (adventus) significa “venida”. Y aunque hace alusión directa al nacimiento de Jesús en Belén –él fue quien “vino” de los cielos-, siempre se ha solido presentar como una invitación a fortalecer la esperanza en aquel que “va a venir” en gloria al final de los tiempos.

El lenguaje de la mente oscila siempre entre el pasado y el futuro. Y eso hace que vivamos permanentemente vueltos hacia atrás, para apoyarnos en lo que fue, o proyectados hacia adelante, para consolarnos con la expectativa de algo mejor de lo que ahora tenemos.

La mente religiosa no escapa a esa dinámica: fácilmente se queda celebrando el pasado o esperando el futuro.

Es necesario acallar la mente para poder ver con claridad. Y ahí es donde percibimos que el único lugar de la vida es el presente. Y que el presente, en el plano profundo, es pleno. Por eso, lo que llamamos “venida” es ya “llegada”: todo es Ahora.

Ese “Ahora” no es un lapso de tiempo, efímero, entre el que se fue y el que está llegando. Es, más bien, el no-tiempo, la atemporalidad. Porque el Presente no es algo cronológico, sino aquello que contiene al tiempo.

Ahora bien, la Realidad es multidimensional: se nos hace presente, como aprecia incluso la misma física moderna, en diferentes niveles o dimensiones. Eso explica que afirmaciones aparentemente contradictorias puedan ser todas verdaderas…, cada una en su propio nivel.

En lo que se refiere al tema que nos ocupa, para la mente –en el nivel mental, aparente, del mundo de las formas- todo es lineal y secuencial: pasado, presente y futuro constituyen momentos diferentes que se suceden sin cesar.

En ese mismo nivel, todo se percibe como separado: la mente es dual porque es separadora por su propia naturaleza. Se comprende que, desde ella, el “Adviento” se viva en clave de pasado y de futuro: Jesús vino y otra vez vendrá…

Para quien se halla identificado con lo que ocurre, puede sonar ridículo, sarcástico o incluso injuriante afirmar que “todo es ahora”. Porque, en el nivel mental –de las apariencias- todo es secuencial: la mente lee todo como una sucesión de eventos, a la vez que espera que el próximo sea más agradable que el actual. En ese nivel no es posible otro modo de ver.

Sin embargo, la trampa reside precisamente en la identificación con lo que ocurre. Porque, en realidad, no somos nada de lo que ocurre, sino la Consciencia en la que todo ocurre. Quien se identifica con las nubes sentirá que se mueve con ellas; quien se reconoce como “cielo” verá que lo que se mueve es solo aparente.

Las nubes pasan secuencialmente; el cielo permanece siempre en un ahora atemporal. Ciertamente, para quien vive, no identificado con lo que sucede, sino en la consciencia de lo que sucede, todo es Ahora.

La imagen de la nube queda magníficamente expresada en estas palabras sabias de Nisargadatta: “Compare usted la conciencia y su contenido con una nube. Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro. Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos, mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas. La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar”.

En ese nivel profundo en el que vive el sabio, más allá de la mente, se percibe que todo lo que nos llega por los sentidos es solo una “representación” –el “sueño” o el “teatro del mundo”, de que hablaba Calderón de la Barca-, un despliegue admirable y complejo de formas que están brotando de la Consciencia una.

En el nivel profundo, Todo es Ahora. Lo que somos, no es la “forma” (yo, ego, personalidad, personaje) que nuestra mente piensa, sino aquella Consciencia, que es la identidad última de todo lo que es. No somos un “objeto” de la consciencia (yo), sino la Consciencia que contiene y abraza –y de la que están surgiendo- todos los objetos.

Desde esta perspectiva, cambia el modo de comprender el “Adviento”, porque “venida” y “llegada” son lo mismo –solo eran distintas para la mente-. Y por más que el pensamiento siga haciendo una lectura secuencial –pasado, presente, futuro-, sabemos que basta silenciar la mente para que emerja la Presencia –otro nombre de la Consciencia- en la que reconocemos nuestra verdadera identidad.

¿Y Jesús? Para los cristianos, es el “centro de la historia”. Eso significa, más allá de una lectura literalista que sería fuente de fanatismo, que en él reconocemos lo que somos todos –cristianos o no, creyentes o ateos-, porque lo percibimos como la plenitud del Ser (“Hijo de Dios”).

“Adviento”, por tanto, es una invitación a “volver a casa”, es decir, a salir de cavilaciones mentales y movimientos egoicos, para reconocernos en la Consciencia o Presencia que tiene sabor a Comunión y Plenitud.

Y esto no obedece solo a un recuerdo –el nacimiento de Jesús-, ni es una nueva creencia a la que aferrarnos. Se trata de algo que toda persona puede experimentar como certeza o evidencia en cuanto, acallando la mente, en este mismo momento, conecta con Aquello que no tiene nombre, que no puede ser pensado, pero que, sin embargo, es lo único que permanece, el Fondo que abraza todo lo demás, el “Padre” (Abba) del que hablaba Jesús. Esa es nuestra casa. La sabiduría consiste en experimentarla y vivir en y desde ella.

En el caso cristiano, Jesús es la referencia íntima de aquella misma y única identidad. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Dicho desde el nivel profundo: dejad de identificaros con la mente, aquietad el pensamiento egocentrado, venid a la Presencia –a “casa”- y experimentaréis la Plenitud.

Poned presencia en todo lo que hacéis, vivid en conexión con Aquello que es estable y se halla siempre a salvo. Y, en cualquier caso, no olvides que, como dice Pema Chödrön, “tú eres el cielo; todo lo demás es el clima”. De ahí la sabiduría que encierra esta clave pedagógica: “Deja de buscar y déjate encontrar”.

¡Feliz tiempo de “Adviento”, es decir, de Presencia, que es Paz y Gozo!

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

 

* ORAR CON ELEVANGELIO: (Jn.18.33b-37)

* DOMINGO XXXIV. T.O.-B– Noviembre 22 de 2015

*JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO.

*    La celebración de Cristo Rey, al final del año litúrgico, nos mueve a fijar la mirada en Jesucristo como cabeza o líder de una comunidad con un proyecto de vida muy claro: Ser semilla o fermento de un mundo donde reinen LA VERDAD Y LA VIDA, LA JUSTICIA, EL AMOR Y LA PAZ.

*    Esta gran fiesta además de cerrar el ciclo del año litúrgico apunta al horizonte escatológico del Reinado de Jesús como Señor de la historia. Acostumbrados a vivir la monotonía de los días, nos parece increíble  que todo lo que llevamos en nuestra cabeza y en las manos tenga un final definitivo. Que al final de la historia encontrarán

Es curioso que sean los más pobres los que “sueñan” que al final encontrarán  “ese trabajo, ese pan de cada día, la sanidad, la vivienda… su dignidad humana.

  • ¿DE QUE REY HABLAMOS EN ESTA FIESTA?

*    Sencillamente  dentro de la historia de Jesucristo, glorificado, muerto y resucitado, vuelto al Padre como Dios. Es el mismo Jesús de Nazaret que curó a los enfermos, limpió a los leprosos, acogió a los pobres, dio de comer a los hambrientos, perdonó a los pecadores… a lo largo de su misión entre nosotros. Es el crucificado y expulsado por los poderes interesados de nuestro mundo, sean religiosos, políticos o económicos. Y así lo proclama ante Pilato: “YO PARA ESTO HE NACIDO Y PARA ESTO HE VENIDO AL MUNDO; PARA SER TESTIGO  DE LA VERDAD”. Pilato le pregunta ¿Qué es eso de la verdad?… su “ceguera” (a veces puede ser la nuestra) no le dejó descubrir que tenía delante a la VERDAD, JESUCRISTO. Qué difícil entenderlo en este mundo, en esta sociedad en la que vivimos…

*    Pues sí, el reinado del amor, de la justicia y de la paz…es EL REINADO DE DIOS y el compromiso de la propia misión de todo cristiano que se confiese seguidor de Cristo y sigue su proyecto  de humanidad y humanización. Esa es nuestra responsabilidad como cristianos. Así, otra sociedad, otro mundo, ciertamente es posible.

Si nos planteamos cómo queremos vivir y qué mundo queremos construir lo tenemos ya en la respuesta de Jesús cuando nos proclama  las BIENAVENTURANZAS. Él nos ofrece un modelo muy claro sobre qué es ser persona humana, sobre el modo de relacionarnos con los demás, con el mundo y con Dios.

*    La fiesta de hoy nos invita a ver a Cristo como el centro de la vida cristiana y como Señor del mundo. Pero su señorío no es como el de la tierra. Es SERVIDOR, SALVADOR Y REY. A Él, la gloria y el poder por los siglos.

ORACIÓN

En este día grande, y en todo  momento, es bueno darte gracias Dios nuestro y reconocerte como el origen de todo lo bueno y noble que hay en la vida de las personas… en este día, al final del ciclo litúrgico, muestras tu Realeza en denunciar la injusticia, en consolar a los más tristes.

    Este es el Reino que quieres que hagamos presente cada día: el Reino de la VERDAD, de la PAZ, de la ENTREGA, el Reino cuya semilla tú Jesús de Nazaret dejaste plantada entre nosotros y que nosotros hemos de hacer crecer en nuestra vida y en la historia, el Reino que un día Tú harás realidad en toda su plenitud, al final de los tiempos.

      La realeza de Jesús consiste en darnos a conocer al Padre y su Amor a todos nosotros, un conocimiento que nos lleva a la ENTREGA PERSONAL A LOS DEMÁS.

      Que cada vez que le pedimos al Padre en la oración “Venga a nosotros tu Reino” nos convirtamos también en sus testigos. AMÉN. ZURIÑE

      «YO SOY» Y «SOY REY» QUIEREN DECIR LO MISMO, Fray Marcos

      Fray Marcos
      FE ADULTA

      Jn 18, 33-37

      Es muy importante que tengamos una pequeña idea del momento y el por qué motivo se instituyó esta fiesta. Fue Pío XI en 1925, cuando la Iglesia estaba perdiendo su poder y su prestigio acosada por la modernidad. Con esta fiesta se intentó recuperar el terreno perdido ante un mundo secular, laicista y descreído. En la encíclica se dan las razones para instituir la fiesta: “recuperar el reinado de Cristo y de su Iglesia”. Para un Papa de aquella época, era inaceptable que las naciones hicieran sus leyes al margen de la Iglesia y sin tener en cuenta su poder y sus directrices.

      Ha sido para mí una gran alegría y esperanza el descubrir en una homilía sobre esta fiesta del papa Francisco, una visión mucho más de acuerdo con el evangelio. Pio XI habla de recuperar el poder de Cristo y de su Iglesia. El papa Francisco habla, una y otra vez, de Jesús poniéndose al servicio de los más desfavorecidos. No se trata sólo de un cambio de lenguaje. Se trata de una superación de la idea de poder en el que la Iglesia ha vivido durante demasiados siglos. El cambio es radical y debía ser aceptado y promovido por todos los cristianos, desde los monaguillos a los cardenales.

      El contexto del evangelio que hemos leído, es el proceso ante Pilato, a continuación de las negaciones de Pedro, donde queda claro, que Pedro ni fue rey de sí mismo ni fue sincero. Es muy poco probable que el diálogo  sea histórico, pero nos está transmitiendo lo que una comunidad muy avanzada de finales del s. I pensaba sobre Jesús. Dos breves frases puestas en boca de Jesús nos pueden dar la pauta de reflexión: “mi Reino no es de este mundo” y “yo para eso he venido, para ser testigo de la verdad.

      ¿Qué significa un Reino, que no es de este mundo? Se trata de una expresión que no podemos “comprender” porque todos los conceptos que podemos utilizar son de este mundo. ¿En qué estamos pensando los cristianos cuando, después de estas palabras, nombramos a Cristo rey, no solo del mundo sino del universo? Con el evangelio en la mano no es fácil justificar el poder absoluto que la Iglesia ha ejercido durante siglos.

      Tal vez encontremos una pista en la otra frase: “he venido para ser testigo de la verdad”. Pero sólo si no entendemos la verdad como verdad lógica (adecuación de una formulación racional a la realidad) sino entendiéndola como verdad ontológica, es decir, como la adecuación de un ser a lo que debe ser según su naturaleza. Jesús siendo auténtico, siendo verdad, es verdadero Rey. Pero lo que le pide su verdadero ser (Dios) es ponerse al servicio de todo aquel que le necesite, no imponer nada a los demás.

      No se trata de morir por defender una doctrina teórica. Se trata de morir por el hombre. Se trata de dar testimonio de lo que es el hombre en su verdadera realidad. El “Hijo de hombre” (único título que Jesús se aplica a sí mismo), nos da la clave para entender lo que pensaba de sí mismo. Se considera el hombre auténtico, el modelo de hombre, el hombre acabado, el hombre verdad. Su intención es que todos lleguen a identificarse con él. Jesús es la última referencia para todo el que quiera llegar a manifestar en su vida la verdadera calidad humana.

      Poco después del párrafo que hemos leído, Pilato saca afuera a Jesús, después de ser azotado, y dice a la multitud: “Este es el hombre”. Jesús no sólo es el modelo de hombre, sino que exige a sus seguidores que demuestren con su vida, que responden al modelo que ven en él. Jesús dice: “soy rey”, no: soy el rey. Indicando así que todo el que se identifique con él, será también rey. Esa es la meta que Dios quiere para todos los seres humanos. Rey de poder solo puede haber uno. Reyes servidores debemos ser todos. No se trata de que un hombre reine sobre otro, sino de un Reino donde todos se sientan reyes porque todos están al servicio de todos.

      Cuando los hebreos (nómadas) entran en contacto con la gente que vivía en ciudades, descubren las ventajas de aquella estructura social y piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas como una traición (el único rey de Israel es Dios); pero al final tienen que ceder. El rey era el que cuidaba de una ciudad o un pequeño grupo de pueblos. Tenía la responsabilidad de que hubiera orden en las relaciones sociales. Les defendía de los enemigos, se preocupaba de los alimentos, impartía justicia, etc. A lo largo del AT, se va espiritualizando esa idea del rey, llegándose a identificar con la del Mesías.

      Sólo en este contexto podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo el contenido que él  le da, es más profundo. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios muy distinto; un Reino del que nadie va a quedar excluido, y del que forman parte las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. También los gentiles están llamados, pero muchos judíos se quedarán fuera. El Reino que Jesús anuncia no tiene nada que ver con las expectativas de los judíos de la época. Por desgracia tampoco tiene nada que ver con las expectativas de los cristianos.

      Hay otros datos que pueden darnos luz. Jesús, en el desierto, percibió el poder como una tentación: “Te daré todo el poder de estos reinos y su gloria”. En Jn, después de la multiplicación de los panes, la multitud quiere proclamarle rey, pero él se escapa a la montaña, él solo. Toda la predicación de Jesús gira entorno al “Reino”; pero no se trata de un reino suyo, sino de “el Reino de Dios”. Jesús nunca se propuso él mismo como objeto de su predicación. Es un error confundir el “reino de Dios” con el reino de Jesús. La encíclica dice: “a Cristo le compete en sentido propio y estricto, como hombre, el título de Rey”.

      La característica fundamental del Reino predicado por Jesús es que ya está aquí, aunque no se identifica con las realidades mundanas. No hay que esperar a un tiempo escatológico, sino que ha comenzado ya. «No se dirá, está aquí o está allá, porque mirad: el reino de Dios está dentro de vosotros”. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un reino que es Dios. Cuando decimos “reina la paz”, no estamos diciendo que la paz tenga un reino. Se trata de hacer presente a Dios entre nosotros, siendo lo que tenemos que ser. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita y le ayudo a superar su situación de angustia, hago presente a Dios y su Reino.

      ¿Es éste el sentido que le damos a la fiesta? Cualquier connotación que el título tenga con el poder, tergiversa el mensaje de Jesús. Una corona de oro en la cabeza y un cetro de brillantes en las manos de Jesús, son mucho más denigrantes que la corona de espinas y la caña que le pusieron los soldados. Si no nos damos cuenta de esto, es que estamos proyectando sobre Dios y sobre Jesús nuestros propios anhelos de poder. Ni el “Dios todopoderoso” ni el “Cristo del Gran Poder” tienen absolutamente nada que ver con el evangelio. El Dios de Jesús es el “Abba”, padre y madre que cuida de nosotros entregándonos todo lo que  Él es en cada instante. Ni se impone ni nos gobierna ni nos domina. Es esta realidad la que tenemos que descubrir y hacer presente en nuestra vida.

      Hace unos domingos nos decía Jesús que el que quiera ser primero, sea el último y el que quiera ser grande, sea el servidor. Ese afán de identificar a Jesús con el poder y la gloria, ¿no será una manera de justificar nuestro afán de poder y de estar por encima de los demás? Como no nos gusta lo que dice Jesús, tratamos por todos los medios de hacerle decir lo que a nosotros nos interesa y nos quedamos tan anchos.

      Meditación-contemplación

      Dijo Jesús: yo he venido para ser testigo de la verdad.
      Está hablando de la verdad ontológica.
      No se refiere a verdades doctrinales o científicas.
      Está hablando de la autenticidad de su ser,
      …………

      Ser verdadero es lo contrario de ser falso.
      Falso es todo aquello que aparenta ser una cosa
      y en realidad es lo opuesto.
      Ser Verdad es ser lo que somos sin falsearlo.
      ……………

      Lo que los demás ven en mí,
      ¿es lo que soy en lo hondo del mi ser?
      El objetivo de tu vida, es descubrir tu verdadero ser
      y manifestarlo en todo momento.
      ……………

       

      Fray Marcos

       

       

       

      Kristo Erregearen Festaburua – Solemnidad de Cristo Rey, José A. Pagola

      Evangelio del 22/nov/2015
      por Coordinador Grupos de Jesús

      AZTERKETA EGIAREN TESTIGUAREN AURREAN – EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD

      Jesus erailtzea erabakiko den prozesuan, Joanen ebanjelioak bakarreko solasaldi harrigarria dakar Pilatoren eta Jesusen artean; bata lurreko inperio boteretsuenaren ordezkaria eta bestea egiaren testigu bezala agertu den auzipetu atxilotua.

      Hain segur, Pilatok bere tronu aurrean duen pertsonaia bitxiak bere baitan duen egia jakin nahi du, itxuraz: «Zu al zara juduen erregea?». Joan ebanjelariak oso gustuko dituen oinarrizko bi baieztapenez erantzun dio Jesusek.

      «Nire erregetza ez da mundu honetakoa». Jesus ez da errege Pilatok uste duen harikoa. Ez du Israelgo tronua hartzeko asmorik, ezta Tiberiori bere inperio-boterea airean jartzeko ere. Jesus ez da Erromako prefektu hori, Pilato, mugitzen den sistema horretako gizona, sostengutzat injustizia eta gezurra dituen horretakoa. Ez da oinarritzen armen indarrean. Guztiz bestelakoa den zimentarria du Jesusenak. Jainkoak munduari dion maitasunetik dator Jesusen erregetza.

      Segidan, ordea, gauza bat inportantea gehitu du: «Errege naiz… eta egiaren testigu izateko etorri naiz mundura».Mundu honetan nahi du gauzatu bere erregetza, baina era txundigarri batean. Ez da etorri Tiberio bezalako errege izatera, baizik «egiaren testigu izatera», gizadiaren historian Jainkoaren maitasuna eta zuzentasuna txertatuz.

      Jesusek berekin dakarren egia hau ez da irakaspen teorikoa. Dei bat da, pertsonaren bizitza eralda dezakeen deia. Esana du Jesusek: «Nire Hitzari leial eusten badiozue… ezagutu duzue egia eta egiak pertsona aske eginen zaituzte». Jesusen Ebanjelioari leial izatea esperientzia berezia da, esperientzia bakarra, zeren egia askatzailea ezagutzera baitzaramatza, zeure bizia gizatarrago egiteko gai egingo zaituen egia askatzailea ezagutzera.

      Jesu Kristo da egia bakarra, kristauok geure bizitzan zilegi dugun bakarra

      • Ez ote gara Jesusen Elizan kontzientziako talde-azterketa egin beharrean «Egiaren Testiguaren» aurrean?
      • Ez ote gara apal-apal bereizi beharrean zer den egia eta zer den gezurra Jesusekiko geure jarraipenean?
      • Zertan dugu aske egiten gaituen egiarik eta zertan esklabo egiten gaituen gezurrik?
      • Ez ote gara urrats batzuk egin beharrean geure bizitzan, geure elkarteetan, geure erakundeetan egia gizatarraren eta ebanjeliozkoaren maila goragokoetara jotzeko?

      José Antonio Pagola

      Itzultzailea: Dionisio Amundarain

      Solemnidad de Cristo Rey – B (Juan 18,33-37)

      Evangelio del 22/nov/2015
      por Coordinador Grupos de Jesús

      EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD

      Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

      Precisamente Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.

      «Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.

      Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey… y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

      Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra… conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.

      Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos.

      • ¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el «Testigo de la Verdad»?
      • ¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús?
      • ¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza?
      • ¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

       

      José Antonio Pagola

       

      *ORAR CON EL EVANGELIO. (MC. 13.24-32)

      • DOMINGO XXXIII. T.O. –B– NOVIEMBRE 15 DE 2015

      *    Cuando va terminando el año Litúrgico, las lecturas nos hablan de destrucciones. Pero Jesús no viene a meter miedo. Por el contrario, su pedagogía nos lleva a una valoración real de las cosas y los sucesos, no sea que, “construyamos graneros, amontonemos tesoros…” y dejemos de construir la “ciudad de Dios”. El Evangelio quiere que nos encarnemos en esta tierra y trabajemos en ella, pero “mirando al cielo”. “La tierra y el mundo pasarán”, pero Él volverá…
      *    ¿Qué dice el evangelio de hoy sobre todo esto?

      Que Dios es “siempre” Señor de la Historia. Cuando las cosas van bien, Dios está en nuestro interior invitándonos al gozo y alabanza dándonos una mayor capacidad de amor y servicio a los demás.

      Cuando van mal, Dios está también – no como quien las causa o permite- sino como quien las sufre con nosotros y nos da energía para superarlas. Cuando llega la prueba, Jesús nos anima a confiar en Él. Y nos pone como ejemplo:”aprended de la higuera: una parábola sobre la vigilancia”

      Árbol de hoja caduca; cuando brotan las yemas es que se acerca la primavera. Jesús vino de Dios, “viene” en todo aquello que nos hace sufrir. El futuro no está en los que hacen sufrir. El destino de Jesús y su Palabra están siempre (no pasan) como invitación a la fidelidad y confianza en sus promesas: Él salva.

      *    Las palabras del Evangelio de hoy quieren darnos ánimos. A la vista de las amenazas de la situación mundial y del miedo al futuro que lleva consigo, no vamos a resignarnos con apatía. Ni a correr tras los falsos profetas del fin del mundo, sino que en medio de dificultades e incluso angustias vamos a dar un paso en la fe con toda confianza.

      *    El Evangelio, nos ofrece una posibilidad. Cuando todo parece que se derrumba en la vida, entonces no perder el ánimo. Confiar en que precisamente en esas experiencias Dios mantiene su mano protectora sobre nosotros.

      *    Más importante que el miedo ante el futuro es el ánimo para el presente. Jesús es un ejemplo viviente de este valor para vivir. El interviene salvíficamente  donde las personas lo necesitan.

      *    El Evangelio quiere que nos encarnemos en esta tierra y trabajemos en ella, pero “mirando al cielo”. “La tierra y el mundo pasarán”, Nos dice Jesús. Pero Él volverá.

       

      • ORACIÓN

      Jesús de Nazaret: “Mis palabras no pasarán”. Nos dices. Y las hemos ido escuchando a lo largo de todo el año Litúrgico que toca a su fin, para comenzar con mucho ánimo de nuevo.

      Tus palabras escuchadas y vividas, nos hacen crecer en sabiduría, comprensión  y bondad para el crecimiento común; así lo demostró San Alberto Magno -cuya fiesta hoy celebramos – que lleno de Sabiduría y ciencia, fue sal y luz para el mundo.. Y quien ha encontrado la luz de la sabiduría, la luz de Dios por la fe, el sentido de la vida en el presente y en el más allá, debe ser testigo de esa luz para difundirla sin descanso, construyendo así el Reino.

      Y siempre aprendiendo de la parábola de la higuera que nos recuerda la necesidad de la “vigilancia”.

      Tus Palabras, Jesús de Nazaret, nos invitan a dejarnos guiar por el Espíritu de Dios:

      Espíritu de amor, de alegría, de paz, de tolerancia, de generosidad, de sencillez, de entrega y ayuda al que más lo necesita.

      Así a su tiempo, daremos frutos como la higuera.

      Ayúdanos, Jesús de Nazaret a vivirlo así construyendo el Reino en el día a día con nuestro vivir. AMÉN. ZURIÑE

       

      «LO QUE FUI Y LO QUE SOY, ES LO QUE SIEMPRE SERÉ», Fray Marcos

      Escrito por  Fray Marcos
      Fe Adulta

      Mc 13, 24-32

      Estamos en el c. 13 de Mc, dedicado todo él al discurso escatológico. Este capítulo hace de puente entre la vida de Jesús y la Pasión. Los tres sinópticos relatan un discurso parecido, lo cual hace suponer que algo tiene que ver con el Jesús histórico. Pero las diferencias entre ellos son tan grandes, que presupone también una elaboración de las primeras comunidades. Es imposible saber hasta qué punto Jesús hizo suyas esas ideas. En el evangelio se habla del Reino de Dios como futuro y como presente a la vez…

      Estamos ante una manera de hablar que no nos dice nada hoy. Pero si prescindimos de la apocalíptica, dejamos fuera de nuestra consideración una parte nada despreciable de la Escritura, tanto del AT como del NT. No se trata solo del lenguaje como en otras ocasiones. Aquí son las ideas las que están trasnochadas y no admiten ninguna traducción a un lenguaje actual. Cuantos siglos más tendrán que pasar para darnos cuenta.

      El lenguaje apocalíptico y escatológico corresponde a un modo mítico de ver el mundo, a Dios y al hombre. Tanto en el AT como en el NT, el pueblo de Dios está volcado sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundan­tes cerrados en el continuo devenir de los ciclos naturales. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir. Desde Abrahán, a quien Dios le dice: «sal de tu tierra», pasando por el éxodo hacia la tierra prometida; y terminando por la espera del Mesías, Israel vivió siempre con la esperanza de que Dios le iba a salvar dándole algo mejor que lo que tenía.

      Los profetas fueron los encargados de mantener viva esta expectativa de salvación total. En principio, el día de esa salvación debía ser un día de alegría, de felicidad, de luz; pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de sufrimiento, de tinieblas para la mayoría de los hombres que no hacen caso a Dios. Será el día de Yahvé (intervención de Dios para juzgar) en que castigará a los infieles y salvará al resto. Se trataba de ver el futuro como criterio de valoración juiciosa del presente.

      La apocalíptica es una actitud vital y un género literario. La palabra en griego significa “desvelar”. Escudriña el futuro partiendo de la palabra de Dios. Nace en los ambientes sapienciales y desciende del profetismo. Desarrolla una visión pesimista del mundo, que no tiene arreglo; por eso, tiene que ser destruido y sustituido por otro de nueva creación. Invita, no a cambiar el mundo sino a huir de él.El mundo futuro no tendrá ninguna relación con el presente. El objetivo es alentar a la gente en tiempo de crisis para que aguante el chaparrón. El resto que se conserve fiel, reinará con Él. Todo lo demás será aniquilado.

      Escatología, procede de la palabra griega «esjatón», que significa “lo último”. Su origen es también la palabra de Dios, y su objetivo, descubrir lo que va a suceder al final de los tiempos, pero no por curiosidad, sino por un intento de acrecentar la confianza. El futuro está en manos de Dios, pero ese futuro llegará como progresión del presente, que también está en manos de Dios, y es positivo a pesar de todo. Este mundo no será consumido sino consumado. Dios reserva una plenitud de sentido para la creación. Dios salvará un día definitiva­mente, pero esa salvación ya ha comenzado aquí y ahora

      La referencia a los tiempos finales de los evangelios, no es apocalíptica sino más bien escatológica, aunque nos despiste bastante el hecho de que el NT usa el lenguaje apocalíp­tico, por que es muy sugerente y llama la atención. Uno de los logros de la apocalíptica fue enriquecer el lenguaje religioso con multitud de símbolos e imágenes. Los evangelistas, no pudieron librarse de esta mentalidad apocalíptica, muy desarrollada en aquella época.

      Con demasiada frecuencia se ha hecho un mal uso de este modo de hablar. Parece que es una tentación constante el acudir al juicio final, para urgir a la gente a que se porte como Dios manda. En todas las épocas han proliferado los milenarismos de todo tipo; incluso en nuestro tiempo se predican calamidades como castigo de Dios porque los seres humanos no somos como debiéramos ser. La experiencia de la muerte nos obliga a unir tiempo y eternidad, contingencia y absoluto, lo divino y lo terreno, cielo y tierra.

      Hoy debemos interpretar la realidad, a la luz de los nuevos conocimientos que tenemos de ella. Al final del relato de la creación, Dios “vio todo lo que había hecho, y era muy bueno”. Es ridículo pensar que la creación le salió mal a Dios y que ahora tiene que arreglarla de alguna manera. Mayor ridículo es creer que el hombre puede malograr la creación de Dios. Tal vez lo que tendríamos que hacer, sería dejarnos de especulaciones sobre como será el más allá y tomar la responsabilidad que nos toca en la marcha del más acá.

      Para la escatología, Dios es el dueño absoluto del universo y de la historia. El hombre puede malograr la creación, pero no puede volver a enderezarla. Solo Dios puede salvarla. Al superar la idea del dios intervencionista, se nos plantea un dilema insuperable. Por una parte sabemos que Dios no tiene pasado ni futuro; que no está en el tiempo ni en el espacio sino en la eternidad. Por otro lado, el hombre no puede entender nada que no esté en el tiempo y el espacio. Meter a Dios en el tiempo para poderlo entender es un disparate mayúsculo. Por otra parte, sacar al hombre del tiempo y el espacio, es descoyuntarlo como criatura.

      En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva, iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predica­ción de Juan Bautista y de Jesús. También en la primera comunidad cristiana se vivió esta espera de la llegada inmediata de la parusía. Solamente en los últimos escritos del NT, es ya patente un cambio de actitud. Al no llegar el fin, se empieza a vivir la tensión entre la espera del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Se sigue esperando el fin, pero la comunidad se prepara para la permanencia.

      Creo que ha llegado el momento de abandonar este lenguaje. Hasta hace muy poco tiempo, la historia era exclusivamente cosa del pasado. En nuestros días parece que hemos descubierto la importancia que tiene esa historia no solo para nuestro presente, sino para nuestro futuro. El hombre se considera fruto de un pasado; sigue su curso en el presente y se encamina hacia el futuro. La escatología está implícita en la manera de entender la existencia, pero se trata de “lo último” dentro de la marcha del mundo, no más allá de él.

      Para nosotros hoy, Dios no es un ser que está fuera del mundo dirigiéndolo y manipulándolo desde fuera. No podemos separar a Dios de la realidad que nos envuelve. Es la base y el fundamento de todo lo que existe. Dios ni puede ni tiene que “actuar” porque es acto puro, es decir, lo está haciendo todo en todo momento. Ante Dios todo es justo y bueno en cada momento. No tiene sentido amenazar con la ira de Dios. Esta mejor comprensión de la manera de actuar (no actuar) de Dios en la historia, hace superfluas las imágenes espectacula­res sobre el «exjatón», pero obliga a una reflexión sobre la importancia que el ser humano tiene a la hora de planifi­car su futuro.

      Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son productos mentales, extraídos de la experiencia de un mundo terreno. ¿Qué sentido puede tener el hablar de tiempo y espacio más allá de lo material? Hablar de un “lugar” (cielo o infierno) más allá de este mundo, solo puede tener un sentido simbólico. Hablar de un “día del juicio”, cuando no puedan darse tiempo ni espacio, es un contrasentido. No hay inconveniente en seguir empleando ese lenguaje, pero sin olvidar que se trata de un lenguaje simbólico y no de realidades objetivas.

      Meditación-contemplación

      Jesús nos dice que aprendamos de la higuera.
      En los brotes que empiezan a moverse en la primavera,
      tenemos que adivinar los futuros higos.
      En cualquier fragmento de realidad está ya Dios plenamente
      ……………

      La realidad que todos vemos por igual
      está diciendo cosas distintas a cada uno.
      El ser humano tiene que aprender a ver
      mucho más de lo que le entra por los ojos.
      ………………

      Hace cuatro mil años, los orientales descubrieron
      que la realidad que vemos, no es más que apariencia.
      La verdadera realidad hay que descubrirla
      más allá y a pesar de lo que vemos y oímos.
      ………………

       

      Fray Marcos

       

       

      Urteko 33. Igandea – 33 Tiempo Ordinario, B (Markos 13,24-32), José A. Pagola

      Urteko 33. Igandea – B (Markos 13,24-32)
      Evangelio del 15/nov/2015

      por Coordinador Grupos de Jesús

      KRISTAU KONBENTZIMENDUAK – CONVICCIONES CRISTIANAS

      Banaka banaka hiltzen ari ziren Jesus ezagutu zuten ikasleak. Gelditzen zirenek hura ikusi gabe sinesten zuten haren baitan. Eukaristian ezin ikusizko moduan presente zegoela aitortzen zuten, baina noiz ikusiko zuten haren aurpegi bizi-bizi hura?, noiz beteko zen harekin betiko topo egiteko zuten gogo hura?

      Jesusen hitza maitasunez eta fedez gogoratuz jarraitzen zuten. Horixe zuten beren janaria pertsekuzio-aldi latz haietan. Baina noiz egiaztatu behar zuten hitz haiek egiazkoak zirela? Ez ote ziren joango hitz haiek apurka-apurka ahantziz? Urteak joan urteak etorri, baina sekula ez zen iristen hain hertsiki irrikatzen zuten Azken Eguna; zer pentsatu handia ematen zien horrek.

      Haien esperantza elikatu nahiz, hainbat konbentzimendu eskaini nahi ditu Markosek bere hitzaldi apokaliptikoan. Ez da hartu behar, ordea, hitzaldi hori letraren harira, baizik gaur hain arrotz gertatzen zaizkigun irudi eta sinbolo horietan datorren fedea aurkitzen ahalegindu behar dugu.

      Lehenengo konbentzimendua: Gizadiaren historia zoragarri hau bere betera iritsiko da egun batean
      Urteen segida adierazten duen «eguzkia» itzaliko da. Hilabeteen erritmoa markatzen duen «ilargiak» ez du gehiago distiratuko. Ez da izango gau-egun bikoterik, ez denborarik. Gainera, «zeruko izarrak eroriko dira», zeruaren eta lurraren arteko distantzia desegingo da, ez da orduz gero espaziorik izango. Oraingo bizitza hau ez da betiko. Egun batean behin betiko Bizia iritsiko da, espaziorik eta denborarik gabea. Jainkoaren Misterioan biziko gara.

      Bigarren konbentzimendua: Jesus itzuliko da eta ikasleek ikusi ahal izango dute desiratzen duten haren aurpegia: «Gizonaren Semea etorri datorrela ikusiko dute»
      Eguzkia, ilargia eta astroak amatatuko dira, baina mundua ez da argirik gabe geldituko. Jesus izango du betiko argi, gaur abusuaren, injustiziaren eta gezurraren hain esklabo den giza historian egia, zuzentasuna eta bakea ezartzen dituela.

      Hirugarren konbentzimendua: Berekin ekarriko du Jesusek Jainkoaren salbamendua
      Aitaren ahalmen handia eta salbatzailea berekin duela etorriko da. Ez da etorriko mehatxuzko itxuraz. Ebanjelariak ez du aipatzen hemen auzi- eta gaitzespen-konturik. «Bere hautatuak elkartzera» dator, haren salbazioa fedez espero dutenak biltzera.

      Laugarren konbentzimendua: Jesusen hitzak «ez dira igaroko»
      Ez dute galduko beren indar salbatzailea. Jesusen jarraitzaileen esperantza eta pobreen arnasa elikatzen jarraituko dute. Ez goaz ezerezera eta hutsera. Jainkoa dugu zain gu besarkatzeko.

      José Antonio Pagola
      Itzultzailea: Dionisio Amundarain

      33 Tiempo Ordinario – B (Marcos 13,24-32)
      Evangelio del 15/nov/2015

      por Coordinador Grupos de Jesús

      CONVICCIONES CRISTIANAS

      Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

      Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el «Día Final» tan esperado, ¿qué podían pensar?

      El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

      Primera convicción: La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin
      El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

      Segunda convicción: Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre»
      El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.

      Tercera convicción: Jesús traerá consigo la salvación de Dios
      Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

      Cuarta convicción: Las palabras de Jesús «no pasarán»
      No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.

      José Antonio Pagola

       

       

       

      *ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.12.38-44)

      • DOMINGO XXXII T.O. –B– NOVIEMBRE 8 DE 2015

      *          El Dios de Jesús sabe ver el corazón, leer en lo profundo del ser humano. A Él no se le escapa nada, como no se le escapó a Jesús el “óbolo de la viuda”, muy pequeño, casi insignificante (sobre todo si se le compara con lo que echaban los ricos que “echaban” en cantidad), pero ha echado más que nadie porque era “todo lo que tenía para vivir”. También esta viuda se fió y lo dio todo, se vació a sí misma para llenarse de Dios. Ella no escucha el elogio de Jesús, se va. Los discípulos quedan asustados ante la reflexión de Jesús; por eso lo transmiten en el evangelio, que es Buena Noticia: Dios se hace presente de manera especial en Jesús y el Dios de Jesús está a favor de los pobres, de los últimos, de los pequeños.

      *          Tampoco Jesús se reserva nada para sí; se desvive por los demás, se da todo entero a la causa del Reino, la causa de los pobres, y… eso le lleva a la muerte. Porque confió y se entregó de lleno a vivir con y para los demás, sobre todo para y con los últimos de su tiempo, los pobres, los pecadores, los marginados, los despreciados, los que se creían lejos de Dios, para esos:  RESUCITÓ  JESÚS

      *          La ofrenda de la viuda es el auténtico “sacrificio”. “darse, vaciarse” a favor de los demás y así, “LLENARSE DE DIOS”.

      Los cristianos  hoy, debemos aprender a… prescindir de lo superfluo. En estos tiempos de crisis, saber compartir: tiempo, vida, ingresos. Escucha, compañía…

      *          Quizá tenemos que aprender, que para resucitar para vivir en plenitud,  hemos de darlo todo, por poco que sea, vaciarnos de nosotros mismos como hemos dicho, para dejarle a Dios ser DIOS EN NOSOTROS, y que todos los pobres, los hambrientos, los enfermos, los presos, los parados, los inmigrantes, todos, tengan vida en abundancia (Jn. 10, 10).

       

      *ORACIÓN

      Jesús de Nazaret, Dios nuestro, en cada uno de nosotros has puesto en nuestro interior, un tesoro. Cada uno somos una piedra viva que podemos entregarnos a los demás.

      Ayúdanos a descubrir lo que tenemos que cambiar  y saber actuar.

      Quizás a personas que necesitan ayuda en nuestras comunidades, o grupos.

      Haznos comprender y vivir, que la mayor riqueza de la humanidad son las personas que se dedican generosamente a amar, a hacer el bien, a aliviar el sufrimiento de los demás, a compartir gratuitamente la vida y las cualidades personales.

      Y haznos superar el miedo a ser generosos.

      Jesús, hoy en su Evangelio, nos enseña a ser auténticos, con el ejemplo de una viuda que echa todo lo que tiene, no para quedar bien ante nadie, sino para hacer lo que le pide el corazón.

      Nos podemos preguntar ante esta reflexión

      ¿Qué nos pide hoy Dios a cada uno de nosotros?

      Que sepamos escuchar en nuestro interior, y responder como lo hizo la virgen María:

      “HÁGASE EN MÍ, SEGÚN TU PALABRA”. AMÉN. ZURIÑE