DOMINGO V DE PASCUA –B– MAYO 3 de 2015.
“EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL, ÉSE DA FRUTO ABUNDANTE”
* El evangelio de hoy, gira en torno a tres palabras: Jesús (“YO SOY…”), el Padre (“MÍ PADRE ES…”) y nosotros (“VOSOTROS SOIS…”).
El labrador es el que escoge y planta las vides. Así el Padre ha enviado o “plantado” a Jesús en el mundo como “verdadera vid” o persona verdaderamente humana.
La imagen de la viña y su fruto, por tanto, no es sólo la de un cultivo cualquiera; se trata del origen del vino, símbolo de la alegría y la fiesta en aquella cultura, y también todavía en la nuestra.
Jesús nos dice que Él es la vid verdadera, que nuestra unión con el favorece nuestro fruto. En nuestra vida podemos perdernos buscando otras vides que nos prometen en la sociedad, mil frutos y felicidad, pero que si no prestamos atención, podemos perdernos. Sólo encontrando a Jesús, uniéndonos a Él, la auténtica savia del Amor de Dios correrá dentro de nosotros y se manifestará en frutos de fraternidad y solidaridad.
La misión del Padre es presentada como la del viñador, que corta los sarmientos que han decidido no dar fruto y poda y limpia a los que pueden dar más. A veces, nos queremos conformar con dar los mínimos… Pero Jesús no ha venido a traernos tranquilidad, sino a impulsarnos para que lleguemos a la plenitud de nosotros mismos. Dios nos da los talentos para que los hagamos fructificar, para convertirnos en regalos para los demás. Por eso el Padre nos poda, nos limpia de la comodidad…y nos posibilita una vida profunda y auténtica que, sin Él, no podríamos ni soñar.
Pero la clave del fruto, sin embargo, está en la unión con Jesús, en “estar en Él” Y, ¿Qué quiere decir eso?. En primer lugar tomar conciencia de que somos amados por Él. Todo lo que Jesús al venir, ha dicho y ha hecho ha sido expresión de su Amor total por nosotros. ¿Cuándo nos convenceremos de esto?… Si nos ponemos a trabajar por el Reino sin sabernos queridos por Dios, llegarán pronto las dificultades, cansancios, limitaciones, y no tendremos ningún lugar donde agarrarnos.
Es Jesús la vid y nosotros las ramas. Y nos afirma que las ramas que no están unidas a la vid, se secan y no producen fruto. La oración, personal y comunitaria, debe intensificar esta unión con El. Cuando se rompe una rama de cualquier árbol o arbusto, rápidamente se seca. Lo mismo nos sucede a los cristianos cuando rompemos o nos separamos de Aquél que nos da la vida, la savia verdadera, para dar frutos de fe y abundantes frutos sociales tan necesarios: La vida, la justicia. La paz, la alegría, la solidaridad. Si rompemos la unión, nos secamos… Seguimos escuchando las palabras del evangelio:
“POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS”
* ORACIÓN
Te damos gracias Padre nuestro y de Jesucristo, porque has querido injertarnos en la Vid verdadera que es Jesús de Nazaret; Y te pedimos que nos dejemos trabajar e incluso podar por Ti y por el Espíritu Santo, para que lleguemos a producir el fruto que esperas de cada uno de nosotros tus hijos y de toda la comunidad cristiana…
Ayúdanos para que no nos quedemos en sarmientos secos que dan uvas agrias.
Jesús de Nazaret, Tú mismo nos dices que eres la vid y nosotros, los sarmientos. Tú la cepa, la fuente de la vida plantada en nuestra tierra; el origen de la alegría verdadera; el manantial constante de salvación.
Jesús de la humanidad entera, todo esto nos compromete a vivir muy unidos a Ti y a dar frutos para los demás, de justicia, paz, alegría, escucha, solidaridad.
Que no se nos quede esto sólo en palabras, sino en vida fecunda. Así, nuestro mundo, sociedad, familia, grupos, amistades llegarán a ser campos y viñas fecundas. AMÉN – ZURIÑE
SEGUIMOS ORANDO
Señor Dios nuestro: en los tiempos antiguos, a tu pueblo lo comparaste con una vid o con una viña, pues expresaba la belleza de la planta y los cuidados del agricultor para que diera frutos abundantes.
Jesús de Nazaret, tú, utilizas la misma alegoría para decirnos en qué consiste la vida cristiana: en estar unidos a ti, ya que gracias a tu “savia” somos capaces de seguir tu camino. Con tu ejemplo, los discípulos siguieron usando esta imagen para referirse a la Iglesia como el nuevo pueblo y continuadora de tu presencia en la Historia.
Gracias Jesús de Nazaret, porque tú eres el tronco cuyas raíces están en el corazón del Padre. Ayúdanos a que seamos siempre sarmientos unidos a Ti y así podamos vivir de esa Vida que brota del corazón del Padre. Que no tengas necesidad de cortarnos por ser hojas secas e inútiles, sino que de nuestras vidas, unidas a Ti, broten racimos de uva, como frutos de vida en servicio y entrega a las necesidades urgentes de nuestro mundo. AMÉN . ZURIÑE