*ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.4.36-41)

DOMINGO XII. TIEMPO ORDINARIO. Junio 21.

  • “JESÚS, CALMA LA TEMPESTAD

 

El milagro del que nos habla hoy Marcos. en el Evangelio es seguido de los anteriores que nos narraban las parábolas. (Mc. 4.1-34).

Jesús deja a sus gentes, que le escuchan encantados y admirados por sus enseñanzas llenas de autoridad. Y se dirige por barca con sus discípulos a la otra orilla del lago de Galilea. Y en medio del lago les ocurre algo no  corriente en esa zona: Un fuerte huracán pone en serio peligro las vidas de los ocupantes de la frágil embarcación, mientras Jesús duerme plácidamente en popa, ajeno al peligro.

Este episodio cierto en la historia de Jesús tiene un claro simbolismo intuido por Marcos.

La barca con los discípulos llenos de temor por el peligro mortal que les acecha es una representación clara de la Iglesia. Este es su caminar por la Historia, está expuesta a toda clase de tormentas. Por eso como los primeros seguidores de Jesús, sentimos miedo, mucho temor…

Pero la comunidad de Jesús de cualquier época está llamada a vencer temores, porque Jesús está en medio de ella. Con la presencia de su Palabra y la fuerza de sus hechos, tiene, tenemos que ser capaces de vencer las dificultades por grandes que sean. Jesús, el enviado del Padre, permanece siempre cercano a los suyos. (Mc. 1,911; 9.7) aunque en ocasiones parezca que se encuentra dormido.

Como a los discípulos de entonces nos puede decir:

*“¿Por qué sois tan cobardes?”. ¿Aún no tenéis fe?

Estos miedos, según las circunstancias personales, los tenemos también los cristianos en el momento presente. Pensamos que la iglesia puede acabar entre nosotros. Vemos que cada vez somos menos los que nos reunimos en la Eucaristía de los domingos.  Que los jóvenes parece que se resisten a creer etc. ¡Tenemos tantos temores personales y comunitarios!… Pero tenemos que recordar las palabras de Jesús: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Son como un aire fresco y una llamada a la esperanza.

En realidad lo que despertó la fe de los discípulos no fue el poder de Jesús que calma la tempestad, sino la PRESENCIA DE JESÚS QUE DORMÍA EN LA BARCA.  Una presencia callada, silenciosa, como quien duerme, pero real y actuante.

Por eso este domingo es una llamada a renovar nuestra fe, nuestra confianza, en la presencia de Jesús de Nazaret en nuestra vida cotidiana, en la sociedad de hoy y en la vida de la <Iglesia. No para vivir encerrados en nuestros ambientes, sino para comunicarla. Para testimoniar nuestra fe como comunidades creyentes que son fermento del evangelio de Jesús en el mundo de hoy, como pequeñas semillas que van creciendo, por difícil y duro que nos pueda parecer, sin encerrarnos en nosotros y para perseverar en la misión de Evangelizar, descubriendo y reflejando los signos de la presencia callada y a la vez sonora y eficaz de Cristo Resucitado en medio del mundo de hoy, en medio de nosotros.

 

* ORACIÓN

 

  • Qué resuenen en nuestro interior las palabras de Jesús:

¿Por qué teméis, hombres de poca fe?

Es cierto,  que se nos nubla el cielo con grandes tormentas como estos días.

Es cierto que nos asustan los vientos huracanados que nos surgen en el día a día.

Y ya nos parece que nos hundimos. Dejemos que resuenen dentro de nuevo las palabras de Jesús:

“¿Por qué sois tan cobardes?”. ¿Aún no tenéis fe?…

A veces llueve a cántaros, dudamos de todo y quizá gritamos como aquellos primeros discípulos:

¡SEÑOR, SÁLVANOS!

Ayúdanos a ser valientes y como tú Jesús de Nazaret pasar a la otra orilla, dejar la tierra firme.

Saber poner delante de Ti, todos nuestros miedos.

Recordar aquellas palabras tuyas:

¡Ánimo; no tengáis miedo!

Ayúdanos a no vivir a la deriva dejándonos llevar por el viento que más sopla, sino por el de tu  Espíritu.

En la oración, como en la barca de la vida, a veces Jesús guarda silencio. A veces parece que duerme, pero es que confía en nosotros, en nuestra responsabilidad.

Que nos montemos con confianza en la barca, El, Jesús, va con nosotros si seguimos navegando para llegar a buen término. AMÉN. ZURIÑE