«LA VIDA ES UN ABRIR PUERTAS», de Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mc 7, 31-37

Nuestra curiosidad queda frustrada cuando pretende saber qué fue exactamente lo que ocurrió en cada una de la situaciones en las que el evangelio habla del poder sanador de Jesús.

Sin embargo, tampoco eso tiene mucha importancia. Indudablemente, algo objetivo tuvo que haber para que la gente proclamara que “todo lo ha hecho bien”. Pero, más allá del dato histórico –que, si se absolutiza, se reduce a mera anécdota carente de significado para nosotros-, lo que importa es la lectura simbólica (profunda), que es atemporal y, por eso mismo, capaz de “tocarnos” hoy también el corazón.

El autor del evangelio transmite la palabra clave en el propio idioma de Jesús, el arameo: “Effetá”, ábrete. En la lectura simbólica, a poca atención que pongamos, en cuanto se pronuncia, cuestiona: ¿A qué o en qué necesito abrirme?

El sordomudo necesitaba abrir los oídos y la lengua, pero todos nosotros tenemos necesidad de abrir alguna dimensión de nuestra persona, o tal vez alguna capacidad dormida o bloqueada.

Es probable que, por lo general, la apertura sea progresiva: a medida que accedemos a abrir algo en nosotros, se nos mostrará el paso próximo a dar. Como si se tratara de un juego de puertas que se suceden una tras otra, así parece ser nuestro mundo interior. Cada apertura nos coloca ante otra nueva “puerta” que pide ser abierta.

Y en el camino nos vamos adentrando en espacios cada vez más genuinos e interiores, hasta llegar a reconocernos finalmente en la Espaciosidad sin límites que somos. Pero, habitualmente, el acceso a esta espaciosidad original requerirá todo el camino anterior.

¿Qué puertas hay que abrir? Capacidades dormidas (amor, ternura, alegría, generosidad, solidaridad, libertad…), defensas protectoras que se han convertido en armadura oxidada (miedos, retraimiento, imagen idealizada…), “manías” en las que nos hemos instalado, costumbres y rutinas que nos mantienen encerrados en una jaula de llevadero confort…

Lo que parece cierto es que la apertura a espacios interiores va acompañada de la apertura a los otros seres y a toda la realidad. Ese parece ser el camino que conduce al descubrimiento de que somos uno.

El gran Leonardo da Vinci escribía que «el color del cuerpo iluminado participa del color del cuerpo que ilumina«. Como si de un juego de espejos se tratara, todos nos reflejamos en todo, porque todo es uno y solo hay una única luz, que en todo se espeja.

Esto mismo es lo que han visto los místicos. Ramakrishna (1836-1886) contaba que una muñeca de sal quiso medir la profundidad del mar. Cuando puso sus pies en el agua, se empezó a hacer una con el mar. Cuanto más andaba más le fascinaba el océano; se dejó tomar por el agua y todas sus partículas de sal se disolvieron en el mar. Había venido del océano y retornó a su fuente original. Lo “diferenciado” se había vuelto a unir a lo “indiferenciado”.

Al–Hallaj (857-922) exclamaba: “Entre Tú y yo hay un «soy yo» que me atormenta. ¡Apártese de nosotros mi «soy yo»!”. Y Teresa de Jesús (1515-1582), en la séptima morada de su Castillo interior experimentaba que el alma se unía a Dios “como si un arroyico pequeño entra en la mar, que ya no habrá remedio de apartarse; o como si en una habitación estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz: aunque entra dividida, se hace todo una luz”.

Místicos y sabios, hombres y mujeres que, al abrir puertas sucesivas, desde las más sencillas a las más complejas, llegaron a experimentar aquella Espaciosidad compartida por la que suspira nuestro Anhelo, y a la que conducen todas ellas.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.

 

 

Urteko 23. igandea – 23 Tiempo Ordinario, José A. Pagola

Evangelio del 06/09/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

GURE GORRERIA SENDATU – CURAR NUESTRA SORDERA

Israelgo profetek sarritan erabili ohi zuten «gorreria» hitza metafora probokatzailetzat, herriak Jainkoari bere bihotza itxi eta eragozpenak jarri izana adierazteko. Herriak «baditu belarriak baina ez du entzuten», esaten ari zaio Jainkoagorreria hitz horren bidez. Horregatik, profeta batek bihotz-berritzeko deia egin die guztiei, hitz hauekin: «Jende gorra, entzun eta aditu».

Alde horretatik, ebanjelioetan kontatzen diren gorren sendatzeak «bihotz-berritzearen kontakizun» bezala har daitezke; hain zuzen ere, Jesusi senda gaitzan uztera dei egiten diguten kontakizunak dira; bai gure gorreria, bai Jesusi jarraitzeko ditugun geure eragozpenak senda ditzan uztera. Markosek, bere kontakizunean, ñabardura oso iradokitzaileak dakartza, kristau-elkarteetan bihotz-berritze horretan nola lan egin adierazteko.

  • Pertsona gorra beste guztiengandik urrun bizi ohi da. Gainera, badirudi ez dela jabetzen bere egoeraz. Ez da saiatzen senda dezakeenagana hurbiltzen. Baina, bere zorionerako, adiskide batzuk axolatu dira beraz eta Jesusengana eraman dute. Horrelakoa izan beharko luke kristau-elkarteak: anai-arreben taldea, batak bestea laguntzen dutenek osatua, Jesusen inguruan bizi eta senda ditzan uzten diotelarik.
  • Gorreria sendatzea ez da gauza erraza. Jesusek berekin hartu du gizon gorra, alde batera erretiratu da eta hari begira bildu da bere barnean. Premiazkoak dira barne-biltzea eta harreman pertsonalak. Geure kristau-elkarteetan beharrezkoa dugu ingurugiro hau: fededunei Jesusekin harreman barnekoiagoak eta bizigarriak izateko aukera emango diena. Jesu Kristogan dugun fedea harekiko harreman horietan jaiotzen eta hazten da.
  • Jesusek era bizian landu ditu gaixoaren belarriak eta mihia, baina ez da aski. Beharrezkoa da gorrak ere parte hartzea. Horregatik, Jesusek, begiak zerurantz, Aitari bere sendatze-lanean bat egin dezan eske, gaixoari hots egin dio, Jesusen eta haren Ebanjelioaren aurrean gor den orok entzun beharreko lehen hitza esanez: «Ireki zaitez», ireki zeure bihotz hori.

Premiazkoa da kristauok ere, gaur egun, Jesusen dei hau entzun dezagun. Ez dira gaurkoak une errazak Jesusen Elizarentzat. Azti eta erantzukizunez jokatzea eskatzen digu. Hondamendia izango litzateke gaur haren deiaren aurrean gor izatea, haren bizi-hitzei ez entzunarena egitea, haren Berri Ona ez aditzea, aldien ezaugarriei ez antzematea, gure gorrerian hesiturik bizitzea. Jesusen indar sendatzaileak senda gaitzake.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

23 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,31-37)
Evangelio del 06/09/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

CURAR NUESTRA SORDERA

Los profetas de Israel usaban con frecuencia la «sordera» como una metáfora provocativa para hablar de la cerrazón y la resistencia del pueblo a su Dios. Israel «tiene oídos pero no oye» lo que Dios le está diciendo. Por eso, un profeta llama a todos a la conversión con estas palabras: «Sordos, escuchad y oíd».

En este marco, las curaciones de sordos, narradas por los evangelistas, pueden ser leídas como «relatos de conversión» que nos invitan a dejarnos curar por Jesús de sorderas y resistencias que nos impiden escuchar su llamada al seguimiento. En concreto, Marcos ofrece en su relato matices muy sugerentes para trabajar esta conversión en las comunidades cristianas.

  • El sordo vive ajeno a todos. No parece ser consciente de su estado. No hace nada por acercarse a quien lo puede curar. Por suerte para él, unos amigos se interesan por él y lo llevan hasta Jesús. Así ha de ser la comunidad cristiana: un grupo de hermanos y hermanas que se ayudan mutuamente para vivir en torno a Jesús dejándose curar por él.
  • La curación de la sordera no es fácil. Jesús toma consigo al enfermo, se retira a un lado y se concentra en él. Es necesario el recogimiento y la relación personal. Necesitamos en nuestros grupos cristianos un clima que permita un contacto más íntimo y vital de los creyentes con Jesús. La fe en Jesucristo nace y crece en esa relación con él.
  • Jesús trabaja intensamente los oídos y la lengua del enfermo, pero no basta. Es necesario que el sordo colabore. Por eso, Jesús, después de levantar los ojos al cielo, buscando que el Padre se asocie a su trabajo curador, le grita al enfermo la primera palabra que ha de escuchar quien vive sordo a Jesús y a su Evangelio: «Ábrete».

Es urgente que los cristianos escuchemos también hoy esta llamada de Jesús. No son momentos fáciles para su Iglesia. Se nos pide actuar con lucidez y responsabilidad. Sería funesto vivir hoy sordos a su llamada, desoír sus palabras de vida, no escuchar su Buena Noticia, no captar los signos de los tiempos, vivir encerrados en nuestra sordera. La fuerza sanadora de Jesús nos puede curar.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.7,1-8;14-15;21-22)

    • DOMINGO XXII. T.O-B-. AGOSTO 30 de 2015

    Retomamos de nuevo  El evangelio de Marcos y la reflexión la comienzo con unas palabras de

    Santiago en la 2ª lectura, que siempre me llaman la atención:

    “Aceptad dócilmente la Palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla”…

    Dios ha sembrado en nosotros su Mensaje, su Palabra; lo ha hecho a lo largo de nuestra historia personal a través de diferentes medios: nuestra familia, un amigo, un maestro, un catequista, un sacerdote. A veces esa Palabra hemos podido descubrirla en momentos difíciles, en acontecimientos gozosos, o en momentos de reflexión y profundización. Nuestro bautismo puso en nosotros la semilla de la fe. Es un regalo de Dios que se ha ocupado de plantar su Palabra en nuestras personas en nuestro corazón. La fe es una gracia, no cabe duda, pero a su vez, la encuentra el que la busca.

    En efecto, la fe es una gracia pero que hay que llevarla a la práctica, a la vida. Si sólo la manifestamos en ritos, fórmulas, normas, nos estamos engañando.

    Jesús, en el evangelio de hoy denuncia el no dar la prioridad al mandamiento divino a sus valores. El no practicar lo que sólo queda en palabras…

    A veces hemos podido pensar y de hecho así parece que ser cristiano se manifiesta en unos ritos, en signos externos que se han convertido en acontecimientos sociales. Y nos olvidamos de sus raíces fundamentales, esos valores evangélicos que son los valores humanos, que nacen del interior, son los predicados, enseñados y vividos por Jesús, que luchó contra leyes, normas, imposiciones. La persona es la que da valor al “signo religioso”.

    Jesús, no va por el camino de los fariseos, cumplir la ley al pie de la letra. El va por otro camino, es “bueno”, el que actúa movido por amor y busca el bien de las personas. El camino de honrar a Dios con los labios o con un cumplimiento exterior de normas, Jesús lo tacha como hipocresía  o fingimiento.

    La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre está en los valores que Jesús vivió, como ya hemos dicho: vivir la justicia, el perdón, ayudar al necesitado,  dar alegría, esperanza. Siempre debemos preguntarnos si ponemos en práctica lo que creemos o se queda en palabras y gestos externos.

    Todos podemos caer en esa tentación de la que nos habla el Evangelio y creernos nosotros “los Buenos”, los otros “los malos”… Por eso necesitamos de la oración, reflexión, confrontación para como nos dice Santiago:

    LLEVAD LA PALABRA QUE OS HA SIDO PLANTADA, A LA PRÁCTICA  Y NO OS LIMITÉIS A ESCUCHARLA”…

    ORACIÓN

     

    Jesús de Nazaret, tu Palabra hoy nos invita a la sinceridad más profunda.

    Necesitamos a nivel personal: entrar en nuestro interior y repasar nuestras convicciones profundas y desde dentro preguntarnos ¿qué sentimos ante la vida?, ante las situaciones de las personas. Cómo entendemos de verdad tu evangelio, tu Buena Noticia.

    Necesitamos, pararnos y meditar tu vida, tu comportamiento religioso, tu compromiso social…

    Tú Jesús nuestro animabas a la conversión. Ayúdanos a dar ese paso, no para quedar bien, sino para dejar que florezca en nuestro interior tu Palabra en nosotros “plantada”.

    Que sepamos regarla para entre todos seguir construyendo tu Reino de:
    Verdad, Justicia, bondad, solidaridad, Paz, alegría y esperanza.

    Que no dejemos crecer las malas hierbas de las apariencias, el éxito, el culto por quedar bien.

    Que trabajemos para impulsar que nuestra Iglesia, tu Iglesia, sea de verdad
    de “puertas abiertas a todos”.

    Ayúdanos a tener un corazón capaz de actuar, imitándote a Ti;

    No nos dejes caer en la rutina, ni en el culto de apariencias.

    Si te dejamos actuar a Ti, en nosotros, llegaremos a esto y más. AMÉN. ZURIÑE

    «DE LOS LABIOS AL CORAZÓN, DE LA RELIGIÓN A LA ESPIRITUALIDAD», Enrique Martínez Lozano

    Escrito por  Enrique Martínez Lozano
    RELIGIÓN DIGITAL

    Mc 7, 1-23

    El conflicto de los fariseos con Jesús se centró en cuestiones relativas a la imagen de Dios, al carácter absoluto o no de las normas religiosas y descendió incluso hasta las llamadas normas de pureza.

    De un modo esquemático, podría resumirse en estas contraposiciones: la gratuidad frente al mérito; el valor de la persona por encima de la ley; y el cuidado de la interioridad frente a la absolutización de las tradiciones.

    En el texto que leemos hoy, Jesús trae un texto del profeta Isaías, que desnuda radicalmente cualquier pretensión de absolutismo religioso: “La doctrina que enseña son preceptos humanos”.

    Las religiones han sido (son) muy reacias a reconocer algo que, sin embargo, resulta obvio: todas ellas son construcciones humanas. Nacidas a partir de la enseñanza de algún personaje especialmente carismático, a quien le fue dado “ver” más allá de lo habitual, no son otra cosa que el intento de plasmar aquellas intuiciones místicas.

    Dicho de un modo más amplio: toda religión es una construcción humana, con la que se trata de vehicular el anhelo espiritual que habita al ser humano y que constituye una de sus dimensiones fundamentales y, por tanto, irrenunciable. El humano es un ser habitado por un misterio mayor que él mismo. A la capacidad para reconocer esa dimensión profunda se la empieza a nombrar ahora como “inteligencia espiritual”.

    El problema surge cuando aquella construcción humana –cualquier religión- se absolutiza, hasta el punto de pretender identificarse con la verdad, presentarse como mediadora exclusiva con el Misterio y puerta de entrada obligada para acceder a lo que denomina “salvación”. Cuando ello ocurre, por decirlo en palabras del propio Jesús, los responsables religiosos ni “entran a la vida” ni dejan entrar (Mt 23,13).

    Una religión absolutizada se hace indigesta y provoca automáticamente rechazo en las personas más libres, lúcidas y abiertas, que se rebelan contra la imposición, el autoritarismo y cualquier pretensión exclusivista (y, por tanto, excluyente).

    Y en la medida en que las personas crecen en espíritu crítico, descubren con facilidad que, tras la fachada de solemnidad con la que suelen revestirse, se esconde la misma debilidad humana que con frecuencia ellas mismas condenan.

    Toda doctrina es humana, viene a decir Jesús, citando a Isaías. Y no puede ser de otro modo. Incluso lo que se proclama como “palabra de Dios” –por más que haya un modo “adecuado” de interpretar esa expresión- no son sino conceptos humanos elaborados en un contexto histórico y sociocultural que los condicionaron.

    La prioridad no corresponde, por tanto, a las doctrinas cuanto al corazón. Porque suele ocurrir algo que resulta llamativo: a mayor insistencia en las doctrinas, más frialdad en el corazón. Este parece ser el reproche que Jesús dirigía a los fariseos, es decir, a las personas que tienden a absolutizar la religión: se “honra a Dios con los labios” (los rezos), pero el corazón está apagado.

    La invitación a “tener el corazón cerca de Dios” podría traducirse de este modo: vivir conscientes de nuestra verdadera identidad, en conexión con lo que realmente somos –esa es la dimensión específicamente espiritual-, lo cual nos abrirá a una vivencia abierta e inclusiva, humilde y tolerante, gozosa y compasiva…, a partir de la Unidad radical en la que nos reconocemos.

    Enrique Martínez Lozano

    www.enriquemartinezlozano.com

     

     

    Urteko 22. igandea-22 domingo T.O., José A. Pagola

    B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
    Evangelio del 30/08/2015
    por Coordinador Grupos de Jesús

    EZ LOTU ITXUKI GIZA TRADIZIOEI- NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS

    Ez dakigu ez non ez noiz gertatu zen liskar hau. Soilik, Jesusek bizi duen giroa iradoki nahi du ebanjelariak: lege-maisuek, tradizioen betetzaile estu diren horiek, maitasunaren Profeta den Jesusek beren bizitzan sarrarazi nahi lukeen berritasunari itsuki uko egiten dioten horiek inguraturik bizi duen giroa.

    Fariseuek haserre begi ematen dute nola ari diren jaten Jesusen ikasleak esku lohiekin. Ezin jasan dute: «zergatik ez zaizkie lotzen zure ikasleak arbasoen tradizioei?»Ikasleez mintzo badira ere, Jesusi berari eraso diote. Eta arrazoi dute. Jesus da tradizio horiekiko obedientzia itsua hausten ari dena; izan ere, bere inguruan «askatasun-eremu bat» ari da sortzen, non funtsezkoa maitasuna izango baita.

    Erlijio-maisuen talde horrek ez du ezer ulertu Jesus aldarrikatzen ari zaion Jainkoaren erreinuaz. Horien bihotzean erregea ez da Jainkoa. Legeak, arauek, tradizioek markaturiko ohiturek eta hazkundeek jarraitzen dute errege horien baitan. Horientzat, «arbasoek» ezarritakoa betetzea da funtsezkoa. Ez zaie axola jendearen ona. Ez zaie axola «Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna bilatzea».

    Larria da okerra. Horregatik, gogor erantzun die Jesusek: «Jainkoaren agindua baztertu duzue, giza tradizioari itsuki lotzeko». Lege-maisuak begirunez mintzo dira «arbasoen tradizioaz», eta jainkozko aginpidea aitortzen diote. Jesusek, aldiz, «giza tradiziotzat» hartu du. Ez da nahastu behar sekula Jainkoaren nahia gizakien fruitu den zerbaitekin.

    Gaur ere oker larria izango litzateke Eliza gure aurrekoen giza tradizioen preso gelditzea, gauza guztiak Jesu Kristogana, geure Maisu eta Jaun bakarragana, sakonki itzultzeaz ari zaizkigun bitartean. Ardurazkoa ez dugu izan behar iraganeko gauzak beren hartan gordetzea, baizik honetarako gai izango liratekeen Eliza eta kristau-elkarteak sorrarazteko bideak egiten saiatzea: egungo gizartean Ebanjelioa leial berregiteko eta Jainkoaren erreinuaren egitasmoa eguneratzeko gai izango liratekeenak egiten saiatzea.

    Gure erantzukizun nagusia ez da iraganeko gauzak errepikatzea, baizik gure egunotan posible bihurtzea Jesu Kristo onartze hori, giza tradizioen bidez, beneragarrienak izanik ere, ezkutatu eta ilundu gabe.

    José Antonio Pagola
    Itzultzailea: Dionisio Amundarain

    22 Tiempo Ordinario

    B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
    Evangelio del 30/08/2015
    por Coordinador Grupos de Jesús

    NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS

    No sabemos cuándo ni dónde ocurrió el enfrentamiento. Al evangelista solo le interesa evocar la atmósfera en la que se mueve Jesús, rodeado de maestros de la ley, observantes escrupulosos de las tradiciones, que se resisten ciegamente a la novedad que el Profeta del amor quiere introducir en sus vidas.

    Los fariseos observan indignados que sus discípulos comen con manos impuras. No lo pueden tolerar: «¿Por qué tus discípulos no siguen las tradiciones de los mayores?». Aunque hablan de los discípulos, el ataque va dirigido a Jesús. Tienen razón. Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones al crear en torno suyo un «espacio de libertad» donde lo decisivo es el amor.

    Aquel grupo de maestros religiosos no ha entendido nada del reino de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Sigue reinando la ley, las normas, los usos y las costumbres marcadas por las tradiciones. Para ellos lo importante es observar lo establecido por «los mayores». No piensan en el bien de las personas. No les preocupa «buscar el reino de Dios y su justicia».

    El error es grave. Por eso, Jesús les responde con palabras duras: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

    Los doctores hablan con veneración de «tradición de los mayores» y le atribuyen autoridad divina. Pero Jesús la califica de «tradición humana». No hay que confundir jamás la voluntad de Dios con lo que es fruto de los hombres.

    Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados, cuando todo nos está llamando a una conversión profunda a Jesucristo, nuestro único Maestro y Señor. Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el Evangelio y de actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.

    Nuestra responsabilidad primera no es repetir el pasado, sino hacer posible en nuestros días la acogida de Jesucristo, sin ocultarlo ni oscurecerlo con tradiciones humanas, por muy venerables que nos puedan parecer.

    José Antonio Pagola

     

     

    *ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn.6.60-69)

    • DOMINGO XXI. TO –B AGOSTO 23 de 2015

    ¡VOSOTROS TAMBIÉN QUERÉIS DEJARME?…

    El texto evangélico de este domingo ES El final ES El final Del proceso de fe que fue  que fue dando Jesús sobre el Pan de vida durante cuatro domingos. Pero el asunto es que los discípulos encuentran “duro este lenguaje”. Jesús presenta su mensaje con toda radicalidad. Es fiel al Padre y a su misión sin miedo a quedarse solo. Sus discípulos debemos tener claro que su seguimiento se hace a contracorriente de los valores que mandan en la sociedad: dinero, comodidades, éxito, prestigio…

    Hoy tenemos especial dificultad de seguir a Jesús porque padecemos mucho ruido exterior e interior. Los medios de comunicación Social dan más importancia al futbol, títulos, que a los acontecimientos que marcan el presente y futuro de nuestro mundo.

    Debía estar Jesús  un poco cansado para hacer esta pregunta cargada de reproches. Y no Le falta razón. Después de tanto vivido juntos, hablando y explicando, de tanto andar y compartir, a la hora de la verdad, muchos se le echan  atrás y le abandonan. Por eso a los doce, a los incondicionales, les lanza la pregunta:

    ¿SERÉIS VOSOTROS COBARDES COMO LOS QUE ME HAN DEJADO?

    Lo que sí es claro es que Jesús no se impone nunca. A veces se nos presenta en la vida con una claridad que no nos queda más que seguirle, pero siempre ha de ser nuestra la decisión. Sólo nos pide seriedad y firmeza en nuestra decisión. Y nos ofrece apoyo en las flaquezas.

    Pedro contesta al Señor de corazón: ¿DÓNDE VAMOS A IR? Tus  palabras son las Palabras. La vida que Tú nos das es la VIDA VERDADERA. Nosotros creemos.

    Nuestras palabras, frecuentemente, son vacías, interesadas. La Palabra de Jesús es diferente, era coherente con lo que decía. Brotaban de su Amor apasionado al Padre y a las personas.

    También hoy la gente puede tener la misma experiencia si en nuestra vida y en nuestras palabras escuchan las suyas. Las del Padre que nos Ama y nos lo demuestra por medio de Jesús de Nazaret.

    Jesús, hoy nos hace también a nosotros la misma pregunta que a los doce: ¿También vosotros queréis dejarme? Y… ¿Cuál sería en estos momentos nuestra respuesta?…

    Yo, las comunidades cristianas de todos los tiempos, estamos invitados a dar una respuesta viva y verdadera a las enseñanzas de Jesús y a comunicarla con valentía.

    Que como Pedro, todos seamos capaces de creer. Y de crear, con nuestro testimonio y estilo de vivir al estilo de Jesús, aunque otros, se desapunten… nos abandonen…

     

    ORACIÓN

    ¿TAMBIÉN VOSOTROS QUERÉIS DEJARME?

    (Hacemos silencio, dando nuestra respuesta interior…)

    Ayúdanos, Jesús de Nazaret a dar nuestra respuesta personal y comunitaria, sabiendo que Tú, nunca impones, siempre “PROPONES”.

    Danos valor, mucho valor para afrontar nuestra vida de todos los días, para ser testigos tuyos en este tiempo y llevar el ánimo y la esperanza a quien lo necesite, así, seguir construyendo el Reino paso a paso. – No queremos defraudarte; queremos que cuentes con nosotros. Estamos seguros de tu apoyo.

    Sabemos que CREER ES COMPROMETERSE, pero a veces nos resulta difícil apostar por ti…

    Danos tu Espíritu, para que no nos echemos atrás.

    Te pedimos también, por todas las personas que viven en dificultades de fe.
    ¿DÓNDE VAMOS A IR? TÚ, JESÚS DE NAZARET, TIENES PALABRA DE VIDA ETERNA. AMÉN. ZURIÑE

     

    Urteko 21. igandea-21 Tiempo Ordinario, José A. Pagola

    B (Juan 6,60-69)
    Evangelio del 23/08/2015
    por Coordinador Grupos de Jesús

    ZERGATIK GELDITU ELIZAN?

    Azken urte hauetan analisi eta azterketa asko egin izan da kristau-elizek gizarte modernoan bizi duten krisiaz. Irakurketa hori beharrezkoa da zenbait datu hobeto ulertzeko, baina ez da aski gure erreakzioa zein izan behar duen bereizteko. Joan ebanjelariak dakarren pasadizo honek lagundu diezaguke krisi hori ebanjelio-sakontasun handiagoz interpretatzeko eta bizitzeko.

    Ebanjelariaren arabera, honela laburbildu du Jesusek taldean indartzen ari den krisia: «Esan dizkizuedan hitzak espiritu eta bizi dira. Halere, zuetako batzuek ez dute sinesten». Halaxe da. Jesusek jarraitzaileen baitan espiritu berri bat sartzen du; haren hitzek bizia ematen dute; proposatzen duen egitarauak mugimendu bat eragin dezake, mundua bizi duinago eta beteago baterantz norabidetzeko.

    Halere, fedea ez dago bermaturik haren taldean egote hutsaz. Bada haren espiritua eta bizia onartzeari uko egiten dionik. Bada Jesusen inguruan itxura hutseko bizitza bizi duenik. Harekiko fedea egiazkoa ez duenik. Hau da beti kristautasunaren baitako zinezko krisia: Jesusengan sinetsi ala ez.

    Narratzaileak dio ezen «askok atzera egin zuela eta harekin ibiltzeari utzi egin ziola». Krisialdian agertu ohi da zein diren Jesusen benetako jarraitzaileak. Hau da funtsezko aukera: zein dira atzera egiten dutenak eta zein harekin gelditzen direnak, haren espirituarekin eta biziarekin bat eginik? Zein da haren egitarauaren alde eta zein aurka?

    Txikitzen hasi da taldea. Jesus ez da haserretu, ez du adierazi inoren kontrako iritzirik. Soilik, galdera hau egin die berarekin gelditu direnei: «Zuek ere joan egin nahi al duzue?» Elizan jarraitzen dugunoi gaur egiten digun galdera da: Zer nahi dugu? Zergatik gelditu gara? Jesusi jarraitzeko, haren espiritua geure eginez eta haren erara biziz? Haren egitasmoa aurrera eramateko?

    Ereduzkoa da Pedroren erantzuna: «Jauna, zeinengana joan gintezke? Zuk betiko biziko hitzak dituzu». Gelditzekotan, Jesusengatik gelditu behar da. Jesusengatik soilik. Beste ezergatik ez. Harekin konprometituz. Haren taldean gelditzeko arrazoi bakarra Jesus da. Ez beste inor.

    Mingarriena iruditu arren, gaur egungo krisialdia baikorra izango da, baldin eta Elizan jarraitzen dugunok, gutxi ala asko, Jesusen ikasle bihurtzen bagoaz, hau da, haren bizi-hitzetik biziz doazen gizon-emakume bagara.

    José Antonio Pagola
    Itzultzailea: Dionisio Amundarain

    21 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,60-69)
    Evangelio del 23/08/2015

    por Coordinador Grupos de Jesús

    ¿POR QUÉ NOS QUEDAMOS?

    Durante estos años se han multiplicado los análisis y estudios sobre la crisis de las Iglesias cristianas en la sociedad moderna. Esta lectura es necesaria para conocer mejor algunos datos, pero resulta insuficiente para discernir cuál ha de ser nuestra reacción. El episodio narrado por Juan nos puede ayudar a interpretar y vivir la crisis con hondura más evangélica.

    Según el evangelista, Jesús resume así la crisis que se está creando en su grupo: «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, algunos de vosotros no creen». Es cierto. Jesús introduce en quienes le siguen un espíritu nuevo; sus palabras comunican vida; el programa que propone puede generar un movimiento capaz de orientar el mundo hacia una vida más digna y plena.

    Pero, no por el hecho de estar en su grupo, está garantizada la fe. Hay quienes se resisten a aceptar su espíritu y su vida. Su presencia en el entorno de Jesús es ficticia; su fe en él no es real. La verdadera crisis en el interior del cristianismo siempre es esta: ¿creemos o no creemos en Jesús?

    El narrador dice que «muchos se echaron atrás y no volvieron a ir con él». En la crisis se revela quiénes son los verdaderos seguidores de Jesús. La opción decisiva siempre es esa: ¿Quiénes se echan atrás y quiénes permanecen con él, identificados con su espíritu y su vida? ¿Quién está a favor y quién está en contra de su proyecto?

    El grupo comienza a disminuir. Jesús no se irrita, no pronuncia ningún juicio contra nadie. Solo hace una pregunta a los que se han quedado junto a él: «¿También vosotros queréis marcharos?». Es la pregunta que se nos hace hoy a quienes seguimos en la Iglesia: ¿Qué queremos nosotros? ¿Por qué nos hemos quedado? ¿Es para seguir a Jesús, acogiendo su espíritu y viviendo a su estilo? ¿Es para trabajar en su proyecto?

    La respuesta de Pedro es ejemplar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna». Los que se quedan, lo han de hacer por Jesús. Solo por Jesús. Por nada más. Se comprometen con él. El único motivo para permanecer en su grupo es él. Nadie más.

    Por muy dolorosa que nos parezca, la crisis actual será positiva si los que nos quedamos en la Iglesia, muchos o pocos, nos vamos convirtiendo en discípulos de Jesús, es decir, en hombres y mujeres que vivimos de sus palabras de vida.

    José Antonio Pagola

     

    ORAR CON EL EVANGELIO: «Jn. 6. 51-58»

    • DOMINGO XX. TO –B– Agosto 16
    • Jn. 6. 51-58

    Ante las palabras de Jesús volviéndose a autoproclamar  el Pan vivo bajado del cielo, con el poder de comunicar la vida a quien lo coma, los judíos persisten en su incredulidad.

    Pero Jesús no se deja intimidar; sabe muy bien lo que está ofreciendo como enviado del Padre.

    Además, ahora no habla sólo de comer su carne, también de beber su sangre para poder tener vida.

    En realidad está hablando de su Encarnación y Muerte, los dos momentos cruciales de su historia terrena. Ofrece su carne, es decir: su plena realidad humana, en una entrega personal para la vida del mundo que le lleva hasta la muerte.

    La entrega de Jesús presenta dos momentos que conviene diferenciar y agradecer: La entrega que llega hasta  derramar el último aliento de la vida por las personas. La otra es la entrega en la Eucaristía, permaneciendo con los suyos en ella hasta el final de los tiempos.

    El cristiano sabe muy bien que en la Eucaristía Jesús se da por completo para la vida de las personas.

    La Encarnación, la Muerte y Resurrección constituyen así la realidad central del misterio de la Eucaristía.

    “EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE HABITA EN MÍ Y YO EN EL”

    Sólo con Jesús, unidos estrechamente a Él, en comunión con El podemos desarrollar nuestra misión. No bastan nuestros esfuerzos, nuestras capacidades. Sin Él no tendríamos nada que ofrecer al mundo, porque nada es nuestro, todo es de Dios.

    Cristo y esta unión con Él de todos y cada uno va estrechando también nuestra unión mutua, la unidad del Espíritu, que es la Iglesia, abierta a todos, en solidaridad con toda la humanidad que es la familia de Dios.

    La Eucaristía no es una reunión de élites y cerrada de los buenos, sino una asamblea familiar, de toda la iglesia, pero abierta a toda la familia humana, a la que hay que invitar y animar para que pierdan miedos, coman el Pan de Vida y recuperen la esperanza y la alegría de vivir.
    Nunca seremos más nosotros mismos que cuando hagamos de nuestras vidas “un cuerpo entregado y una sangre derramada” por los demás teniendo como  modelo a Cristo.

    Trabajando por su Reino. Con fe y justicia que van unidos. Y es a seres humanos a quienes se dirige la Misión de Cristo. Los seres humanos necesitan alimento, cobijo, amor, escucha, amistad, esperanza, un futuro.  Todas estas cosas están recogidas en las imágenes con las que Jesús nos habla en el Evangelio.

    La Eucaristía es la mesa del PAN y la PALABRA, sin olvidar que el PAN es Palabra de Dios y su Palabra es pan y alimento de nuestras almas. AMÉN. ZURIÑE

     

    ORACIÓN

    ¿Qué necesito para hacer oración?, preguntó el discípulo.

    El maestro contestó:

    Desear de verdad orar, y, después, dejarte trabajar por el Espíritu.

    Y añadió: La oración es tarea de toda la vida: tiene sus fases: “se orar; no sé orar; oro a Dios; Dios ora en mí. Estas cuatro fases coinciden con las etapas de la vida. ¡Ánimo!

    * * * * * * *

     

    Que los que nos reunimos cada domingo alrededor de la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, vayamos aprendiendo a vivir como hijos/as tuyos/as, sin desentendernos de la vida de los demás sino ayudándonos y comprometidos con este mundo al que Tú tanto amas.

    • Tu nos enseñas con tu ejemplo, Jesús de Nazaret que la comida y los convites, en familia o con amigos y compañeros, no es sólo medio de alimentación, lo sabemos Señor, es para nosotros signo de convivencia. En la comida es tan importante la mesa como la sobremesa, el alimento como la conversación, así lo hacías Tú, con tus discípulos y con tu gente.
      A partir de esa experiencia nos instituiste la Eucaristía Jesús de Nazaret como sacramento de unión con Dios y de los seres humanos entre si… Es tu pedagogía como Buen Maestro que nos ama. Haznos comprender que te haces nuestro alimento, para darnos a comprender la urgencia de la unidad, para convencernos de que un cristiano, siguiéndote a ti, Cristo, Maestro, tiene que vivir todo para todos. AMÉN.
    • ZURIÑE

    * LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

    PROCLAMAMOS, CELEBRAMOS, LA ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS.

    * La Asunción de María es un grito de fe, es una fiesta de alegría y de victoria, es un día para crecer en el optimismo, es una invitación a la estima y valoración de nuestra cuerpo que es algo más que un organismo celular. El cuerpo es mi yo humano, por el que soy capaz de establecer relaciones con los demás, con la naturaleza, con Dios. María, en cuerpo y alma, está en la vida de Dios. María es toda y totalmente dichosa.

    * María, es la Mujer para los demás. Está atenta, presente ante las necesidades de los demás.
    La Asunción no es un privilegio para María, sino un adelanto que confirma nuestra esperanza. Ella anima a la Iglesia en su marcha, en su lucha constante contra el mal, empeñada en la construcción y desarrollo del Reino.

    * Según nos cuenta Lucas en el evangelio de hoy, resulta sorprendente la iniciativa de María por su deseo de visitar a su prima Isabel. Supone un viaje difícil y arriesgado para una mujer joven. Sin embargo el texto de Lucas es claro:
    “MARÍA SE PUSO EN CAMINO Y FUE APRISA A LA MONTAÑA Y SALUDÓ A ISABEL”.
    María sirve, ayuda a su prima Isabel durante tres meses. Su visita no fue de pura cortesía; fue un gesto significativo de servicio y cercanía.

    * “La fe rompe fronteras. María se puso en camino, aprisa.”  El amor no sabe de perezas ni tardanzas. Ponerse en camino es el principio de la recuperación. El hijo pródigo  “se puso en camino” y fue a la casa de su padre. Hay que ponerse en camino, salir del aislamiento. El encuentro con los demás es el único camino que nos facilita el encuentro con Dios. A Dios se llega por mediaciones como los pobres, enfermos, marginados, necesitados…

    * Como María, mujer de fe, nosotros debemos creer en el proyecto de Jesús de hacer un mundo mejor, más justo y más humano, empezando por lo cercano.  Como María, somos invitados a buscar  la concordia y el diálogo entre las personas y los pueblos, a colaborar  y contribuir a poner orden en
    “esta casa” que es nuestro mundo revuelto y deshumanizado.
    * María habla y piensa con la Palabra de Dios, la Palabra de Dios se convierte en palabra suya. Su querer, es el querer de Dios.
    MARÍA ES, EN FIN, UNA MUJER QUE AMA.

     

    ORACIÓN

    “Proclama mi alma la grandeza del Señor”

    Dejamos que cada palabra del Magníficat cale en nuestro interior. El Señor, ha hecho en cada uno de nosotros, maravillas… Damos gracias: Engrandece mi alma al Señor.
    * * * * * *

     

    * Rezamos la Salve… penetrando en su sentido. Quizá, estamos acostumbrados a la rutina de su rezo.
    * * * * *

    *          María Madre de Jesús y nuestra. Tu que enseñaste a Jesús a “ponerse en camino”,

    Enséñanos a nosotros a ponernos en camino y caminar como Tú lo hiciste,  para ser portadores de la Buena Noticia y comprometernos en la transformación del mundo según el proyecto de Dios.

    Por eso te pedimos Dios Padre nuestro, la capacidad de María para escuchar, y poner en práctica todo lo que en Ella descubrimos.

    Y tú, María, Madre nuestra, ayúdanos a seguir y vivir el camino de tu Hijo Jesús. AMÉN. ZURIÑE

    «SIN CARNE NO PUEDE HABER ESPÍRITU», Fray Marcos

    Escrito por  Fray Marcos

    FE ADULTA

    Jn 6, 51-59

    El evangelio del hoy, no solo es continuación del domingo pasado, sino que se repite el último versículo, para que no perdamos el hilo. Ya dijimos que todo el capítulo está concebido como un proceso de iniciación. Partiendo del pan compartido, ha ido progresando hasta la oferta definitiva de hoy. Después de esa oferta, ya no queda más alternativa: o seguir a Jesús o abandonar la empresa y seguir cada uno el camino de su ego.

    ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Para los judíos del tiempo de Jesús, el ser humano era un bloque monolítico, ni siquiera tenían un término para designar lo que nosotros llamamos alma sin el cuerpo y lo que nosotros llamamos cuerpo sin el alma. Hablar de carne, era hablar de la persona entera. Esa carne es su misma realidad humana, no la carne física en su materialidad. Para un judío, la idea de comer (el texto griego dice masticar) la carne de otro, era sencillamente repugnante, porque significaba que se tenía que aniquilar al otro para hacer suya la sustancia vital del otro.

    Os lo aseguro: Si no coméis la carne de este Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Jesús, en vez de intentar suavizar su propuesta, la hace aún más dura; porque si era ya inaceptable el comer la carne, fijaros qué tendría que suponer para un judío la sola idea de beber la sangre, que para ellos era la vida, propiedad exclusiva de Dios, con prohibición absoluta de comerla. Jesús les pone como condición indispensable para seguirle que coman su carne y beban su sangre. Jn insiste en que, eso que les repugna, es lo que deben hacer con Jesús. Apropiarse de su energía, hacer suya su misma vida.

    Debemos tener muy en cuenta que en este capítulo se habla de sarx “carne”, pero en todas las referencias a la eucaristía de los sinópticos y de Pablo se habla de swma “cuerpo”. Para nosotros los dos términos son intercambiables, pero para la antropología judía del tiempo de Jesús, eran aspectos muy diferentes. Carne es el aspecto más bajo del hombre, lo que le pega a la tierra, la causa de todas sus limitaciones. Cuerpo, por el contrario, significa el aspecto humano que le permite establecer relaciones con los demás; sería el sujeto de acción de todos los verbos: yo, tú, él… Es la persona, el yo como posibilidad de enriquecerse o empobrecerse en sus relaciones con los demás seres humanos.

    La cultura griega introdujo un concepto que no existía en la mentalidad judía. Al entender “cuerpo” como la parte física hemos traicionado el sentido y hemos tergiversado la comprensión del sacramento de la eucaristía. Para ser fieles al relato evangélico, tendríamos que traducir: “esto es mi persona, esto soy yo”. Sin olvidar, que lo esencial, no es lo que dijo, sino lo que hizo. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En esto coinciden los tres sinópticos. No se trata de un pan cualquiera, sino de un pan, tomado, eucaristizado, partido y repartido. Después de hacer eso, Jesús queda identificado con ese pan, que se parte y se reparte. Lo que dijo, solo trata de explicar lo que acaba de hacer.

    Al hablar de “carne”, Jn está en otra dinámica. Trata de decirnos que lo que tenemos que hacer nuestro de Jesús es su parte más terrena, la realidad más humilde y baja de su ser. Tenemos que imitar lo que él es en la carne pero gracias al Espíritu. Sin duda está pensando en el significado más profundo de la encarnación, a la que Jn da tanta importancia.

    En la concepción falseada de “cuerpo”, no hay prácticamente ninguna diferencia entre el cuerpo y la sangre, porque la sangre es también cuerpo. Pero si hacemos la distinción adecuada, resulta que son dos signos muy diferentes. El primero hace referencia a la persona en su vida normal de cada día. El segundo, sangre, hace referencia a la vida. En efecto, cuando la sangre se escapa por la herida, la vida también desaparece. Cuando Jesús dice que tenemos que comer su cuerpo y beber su sangre, está diciendo que tenemos que apropiarnos de su persona y de su vida. Toda su vida terrena, la puso al servicio de todos, y su misma muerte la convirtió en símbolo de su don absoluto y total.

    Es muy frecuente que se trate de explicar estas palabras como una referencia directa a la eucaristía. Yo creo que no son estas palabras las que hacer referencia a la eucaristía, sino que estas palabras y la eucaristía, hacen referencia a una realidad superior que es la misma Vida de Dios que se le comunicó a él y se nos comunica a nosotros. La prueba de que está hablando de símbolos y no de palabras que hay que tomar al pie de la letra, está en que, unas líneas más abajo, nos dice: “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

    El comer y el beber son símbolos increíblemente profundos de lo que tenemos que hacer con la persona de Jesús. Tenemos que identificarnos con él, tenemos que hacer nuestra su propia Vida, tenemos que masticarlo, digerirlo, asimilarlo, apropiarnos de su sustancia. Esta es la raíz del mensaje. Su Vida tiene que pasar a ser nuestra propia Vida. Solo de esta forma haremos nuestra la misma Vida de Dios. Fijaros que lo que Jesús pretende decirles, es precisamente lo que hiere la sensibilidad de los oyentes. No se trata de la biología, ni en Jesús ni en nosotros. Se está hablando de la VIDA, la misma Vida de Dios.

    Por activa y por pasiva, insiste Jesús en la necesidad de comer su carne y beber su sangre. El que come mi carne… tiene vida definitiva. Si no coméis la carne… no tendréis vida en vosotros. Si hemos comprendido de qué Vida está hablando, nos daremos cuenta de lo que significa: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Es comida y es bebida porque alimentan la verdadera Vida. La Vida verdadera no es la biológica. Esto fue difícil de aceptar para ellos, y sigue siendo inaceptable para nosotros hoy. A continuación nos lo explica un poco mejor.

    La frase: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él», tiene una importancia decisiva. Cuando nos referimos a la eucaristía, nos fijamos en la segunda parte de la proposición, “yo recibo a Jesús y Jesús está en mí”. Casi siempre olvidamos la primera. Pero resulta que lo primero y más importante es que “yo esté en él”. De nosotros depende hacernos como Jesús, pan partido para dejar que nos coman. Estamos muy acostumbrados a considerar la “gracia” como consecuencia automática de unos ritos, sin darnos cuenta que en la vida espiritua­l no puede haber automatismos. Sin una actitud vital, Dios no puede hacer nada ni en mí ni por mí. No se trata de una imitación externa sino de una identificación.

    Como a mí me envió el Padre que vive y así, yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mí. Una vez más hace referencia absoluta al Padre. El designio de Dios, es comunicar Vida a Jesús y comunicar Vida a todos los hombres. La actitud del que se adhiere a Jesús, debe ser la misma que él tiene hacia su Padre: recibir la Vida y comunicar esa misma Vida a los demás. Jesús nos está pidiendo que hagamos con él, lo que él mismo ha hecho con su Padre. Al hacer nuestra su Vida, hacemos nuestra la misma Vida de Dios. Cuando Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno”, está manifestando cuál es la meta de todo ser humano. Esa identificación total con Dios es el culmen de las posibilidades humanas.

    Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron; quien come pan de este vivirá para siempre. Una y otra vez se repite la misma idea, señal de la importancia que el evangelista quiere darle. Seguramente la polémica seguía con los judíos que no acababan de aceptar el significado de Jesús. Al evangelista lo que le interesa es dejar claro el sentido de la adhesión a Jesús. Existen dos panes bajados del cielo (venidos de Dios), uno espiritual, su persona; otro material, el maná. Éste no consiguió completar el Éxodo, no llevó a los israelitas hasta la tierra prometida. Jesús en cambio puede llevar hasta el fin, a la Vida/amor definitivos.

     

    Meditación-contemplación

    Yo vivo por el Padre y el que me coma vivirá por mí.
    Una misma Vida atraviesa a Dios, a Jesús y a todo ser humano.
    No se trata de la vida biológica, sino de la trascendente.
    No son vidas distintas que se suceden, sino la misma y única VIDA.
    …………………

    La tarea fundamental de todo ser humano
    es nacer a esa Vida que se le ofrece gratuitamente,
    aunque para ello tenga que morir
    a todo lo que signifique egoísmo e individualidad.
    ………………

    Esa Vida no tengo que buscarla en ninguna parte,
    Porque ya está en mí desde el principio.
    Solamente tengo que vaciarme de todo aquello,
    que impide su nacimiento y crecimiento.
    …………………

    Fray Marcos