Javier Elzo
Creo, José Ignacio, que harías un gran servicio a la Iglesia de Gipuzkoa, y a la Iglesia católica en general, si le pidieras al Papa que te relevara de la función episcopal. Leer más
Javier Elzo
Creo, José Ignacio, que harías un gran servicio a la Iglesia de Gipuzkoa, y a la Iglesia católica en general, si le pidieras al Papa que te relevara de la función episcopal. Leer más
José Manuel Vidal
Es el Gran Reformador que quiere que la Iglesia vuelva a sus fuentes evangélicas. La gran asignatura pendiente de Francisco es la revolución femenina. Leer más
Miguel Ángel Mesa Bouzas
Jubilados y feministas, nueva esperanza. Casos de participación popular que nos animan a seguir confiando en que las cosas pueden cambiar… Leer más
(Jr 31,31-34) «Meteré mi ley en su pecho, la escribirá en sus corazones.»
(Hch 5,7-9) «Él, a pesar de ser hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.»
(Jn 12, 20-33) Si el grano no muere, permanece solo, si muere se multiplica.
Despliega la Vida de Dios que ya está en ti. Solo así alcanzarás tu plenitud y darás pleno sentido a tu vida biológica.
Estamos en el capítulo 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Juan pone en boca de Jesús un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felipe y Andrés. Versa como el domingo pasado sobre la Vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte. También hoy Jesús es levantado en alto, pero para atraer a todos hacia él. Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Jn es claro: Los judíos rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.
Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Jn está concentrado en la “hora”. Por tres veces se ha repetido la palabra “hora”; y otras tres, aparece el adverbio “ahora”. Es el momento decisivo de la cruz, en el que se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”. En su entrega total refleja lo que es Dios. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tiene que descubrirla ahora en “el Hombre”.
Si el grano de trigo no muere, permanece él solo. Declaración rotunda y central para Jn. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor. El egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida. Amar es romper la cáscara y darse. La muerte del falso yo es la condición para que la Vida se libere. La incorporación de todos a la Vida es la tarea de Jesús y será posible gracias a su entrega hasta la muerte. El fruto no dependerá de la comunicación de un mensaje sino de la manifestación del amor total. El amor es el verdadero mensaje. El fruto-amor solo puede darse en la nueva comunidad.
Sabemos que el grano de trigo muere solo en apariencia. Desaparece lo accidental (la pulpa) para ser alimento de lo esencial (el embrión). En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado.
Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden éste, es conservarse para una Vida definitiva. La traducción del griego es muy difícil. Primero habla de “psyche” (vida sicológica) y al final de “zoen” (vida), pero al añadir “aionion”, perdurable, eterna (vitam aeternam), está hablando de una vida trascendente. No es un trabalenguas, está hablando de dos realidades distintas. Hoy podemos entenderlo mejor. Se trata de ganar o perder tu “ego”, falso yo, lo que crees ser, o de ganar o perder tu verdadero ser, lo que hay en ti de trascendente.
El amor tiene que superar el apego a la vida biológica y sicológica. En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario; solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados. La muerte al falso yo no es el final de la vida biológica sino su plenitud. Consciente de esto y perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar.
El que quiera colaborar conmigo, que me siga. “Diakonos” significa servir, pero por amor, no servir como esclavo. Traducir por servidor no deja claro el sentido del texto. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte; es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu. El lugar donde habita Jesús es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su “hora”. Allí, entregando su vida, hará presente el Amor total, Dios. No se trata de la muerte física que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.
Ahora me siento fuertemente agitado. ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora” ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Está diciendo que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vivamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.
Ahora el jefe del orden éste va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Jn. Muerte y vida se mezclan y se confunden en el evangelio de Jn. Habla de dos clases de muerte y dos clases de vida. Una es la muerte espiritual y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre. La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí. La Vida de Dios en nosotros es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu.
Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. Debo descubrir que mi verdadero ser consiste en darme a los demás. El dolor que causa el renunciar a la satisfacción del ego lo interpreta el evangelio como muerte, y solo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y sicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.
Meditación
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
tenemos que gastarnos y consumirnos.
La vela solo cobra sentido cuando está encendida.
Pero si está encendida, está consumiéndose.
La vida puedo consumirla en beneficio de los demás,
Y entonces, consumarla dándole plenitud.
-B (Joan 12,20-33)
Evangelio del 18 /mar /2018
por Coordinador – Mario González Jurado
Gure bizitza, eskuarki, aski arin joan ohi da bide egiten. Gutxitan ausartzen gara geure baitan murgil egiten. Zorabio antzeko bat eragiten digu geure barneari begira jartzeak. Zein da neure baitan aurkitzen dudan izaki estrainio hori, beldurrez eta galderez josia, zorion gose eta problemez ase, beti bila eta beti asegabe?
Zer jarrera hartu geure baitan nahastura arraro hori kontenplatzean: jatortasuna eta miseria, handitasuna eta txikitasuna, mugatasuna eta mugagabetasuna? Jabetzen gara San Agustinen nahasmenduaz, bere adiskiderik minenaren heriotzaz kezkaturik, bizitzaz hausnartzen hasi denean: «Neuretzat, enigma handi bihurtu naiz».
Bada lehen jarrera posible bat. Etsi ona deritzo. Eta garenaz konformatzean datza. Eguneroko geure bizitzan kokatu eta geure mugatasuna onartu. Jakina, horretarako isilarazi beharra izango dugu edozein zurrumurru transzendentziaz. Begiak itxi beharra izango dugu mugagabetasunerantz begiratzeko gonbita egiten digun seinale orori. Gor bizi beharra izango dugu Misteriotik datorkigun edozein deiarekiko.
Bada beste jarrera posible bat bizitzaren bidegurutzearen aurrean. Erabateko konfiantza. Onartzea geure bizitzan Misterioaren presentzia salbatzailea. Misterioari geure barnea irekitzea geure izatearen hondoenetik. Jainkoa onartzea geure izatearen sustrai eta zoritzat. Sinestea eskaintzen zaigun salbazioan.
Jainko Salbatzaileaz izan dezakegun konfiantza bete horretatik bakarrik uler daitezke Jesusen hitz nahasgarri hauek: «Bere bizitzaz kezkaturik dabilenak galdu egingo du; aitzitik, bere bizitzari hertsiki lotzen ez zaionak gordeko du betiko biziraino». Gauza erabakitzailea, geure barnea konfiantzaz irekitzea da Maitasun eta Onberatasun ezin atzemana den Jainkoaren misterioari. Aitortzea eta onartzea, «Jainko geure Aitaren inguruan grabitatzen» ari garen izaki garela. Paul Tillichek esaten zuen bezala, «onartzea berak onartzen gaituela».
José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain
-B (Juan 12,20-33)
Evangelio del 18 /mar /2018
Nuestra vida discurre, por lo general, de manera bastante superficial. Pocas veces nos atrevemos a adentrarnos en nosotros mismos. Nos produce una especie de vértigo asomarnos a nuestra interioridad. ¿Quién es ese ser extraño que descubro dentro de mí, lleno de miedos e interrogantes, hambriento de felicidad y harto de problemas, siempre en búsqueda y siempre insatisfecho?
¿Qué postura adoptar al contemplar en nosotros esa mezcla extraña de nobleza y miseria, de grandeza y pequeñez, de finitud e infinitud? Entendemos el desconcierto de san Agustín, que, cuestionado por la muerte de su mejor amigo, se detiene a reflexionar sobre su vida: «Me he convertido en un gran enigma para mí mismo».
Hay una primera postura posible. Se llama resignación, y consiste en contentarnos con lo que somos. Instalarnos en nuestra pequeña vida de cada día y aceptar nuestra finitud. Naturalmente, para ello hemos de acallar cualquier rumor de trascendencia. Cerrar los ojos a toda señal que nos invite a mirar hacia el infinito. Permanecer sordos a toda llamada proveniente del Misterio.
Hay otra actitud posible ante la encrucijada de la vida. La confianza absoluta. Aceptar en nuestra vida la presencia salvadora del Misterio. Abrirnos a ella desde lo más hondo de nuestro ser. Acoger a Dios como raíz y destino de nuestro ser. Creer en la salvación que se nos ofrece.
Solo desde esa confianza plena en Dios Salvador se entienden esas desconcertantes palabras de Jesús:«Quien vive preocupado por su vida la perderá; en cambio, quien no se aferre excesivamente a ella la conservará para la vida eterna». Lo decisivo es abrirnos confiadamente al Misterio de un Dios que es Amor y Bondad insondables. Reconocer y aceptar que somos seres «gravitando en torno a Dios, nuestro Padre. Como decía Paul Tillich, «aceptar ser aceptados por él».
José Antonio Pagola
Jer 31,31-34: Haré una alianza nueva
Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Heb 5,7-9: Se convirtió en autos de salvación eterna
Jn 12,20-33: Si el grano de trigo muere, dará mucho fruto
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.» Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
En medio de la aflicción que se siente al ver Jerusalén destruida y a los judíos divididos entre los que se quedaron y los que fueron deportados, se oyen las palabras del profeta Jeremías como un canto al perdón y la esperanza. Con razón los expertos llaman a estos capítulos de Jeremías el «libro de la consolación». Dios quiere comenzar de nuevo con su pueblo, proponiendo sellar una «nueva alianza», que genere relaciones nuevas entre Dios y su pueblo. ¿Qué tipo de alianza? Una que ya no esté escrita en tablas sino en el corazón mismo del ser humano. Dios deja claro que no es la simple ley, por sí misma, sino su espíritu, lo que nos acerca a Dios. Cuando se tiene a Dios «en el corazón», la ley se humaniza, se des-absolutiza, se acata desde el corazón, sin legalismos, con sinceridad, y el ser humano entra a formar parte del pueblo de Dios. Con ello, el otro regalo que nos hace Dios es acceder gratuitamente a su conocimiento. No hay que pagar ni matrícula ni mensualidades, no hay que ser mayor o menor, ni de una raza u otra: Dios se revela en la historia de cada pueblo, sin discriminaciones, sin olvidar a ninguno.
La carta a los hebreos destaca las actitudes de Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre. El pasaje recuerda la escena del huerto de los Olivos, cuando Jesús ora al Padre ante la posibilidad de ser librado de la muerte. La oración tuvo como efecto el fortalecer a Jesús para llevar a cabo su misión, no ahorrarle la realización de la misión. Los cristianos tenemos mucho que aprender en este sentido, pues, la mayoría de las veces, nuestras palabras más que oraciones o súplicas parecen «órdenes dadas a Dios para que no se haga su voluntad». El texto nos acerca también al sufrimiento que asume Jesús como prueba de su obediencia a los designios del Padre. Oración y sufrimiento de Jesús son signos concretos de esta solidaridad que comparte con toda la Humanidad. Por este acercamiento tan perfecto a la voluntad del Padre es por lo que Jesús se convierte en manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, camino y modelo de salvación abierto a todos los hombres y mujeres del mundo.
En el evangelio de Juan vemos a judíos -o convertidos al judaísmo- que vienen a Jerusalén con motivo de la fiesta pascual. En medio de la caravana aparecen algunos griegos que aprovechan para pedir a Felipe: «quisiéramos ver a Jesús». La pregunta no es «¿dónde está?», a lo que probablemente cualquiera les hubiera respondido con una información adecuada, sino una petición que va unida al deseo de la mediación de los discípulos para conocer personalmente a Jesús. Los discípulos son reconocidos por su cercanía al maestro y se convierten en mediadores, testigos y compañeros de camino para quienes quieren ver a Jesús. El hecho de que sean griegos quienes buscan a Jesús tal vez quiera ser un símbolo de universalidad del evangelio, pues «incluso los paganos buscan a Jesús». La ocasión es aprovechada para anunciar que el tiempo de las palabras y los signos está llegando a su fin, pues se acerca la «hora» del «signo» mayor: su pasión y muerte en la cruz.
Jesús acude a una breve parábola. Sólo el grano de trigo que muere da mucho fruto. Esta brevísima parábola presenta una vez más, de otro modo, la lección fundamental del Evangelio entero, el punto máximo del mensaje de Jesús: el amor oblativo, el amor que se da a sí mismo, y que por ese perderse a sí mismo, por ese morir a sí mismo, genera vida.
Estamos ante una de las típicas «paradojas» del evangelio: «perder» la vida por amor es la forma de «ganarla» para la vida eterna (o sea, de cara a los valores definitivos); morir a sí mismo es la verdadera manera de vivir, entregar la vida es la mejor forma de retenerla, darla es la mejor forma de recibirla… «Paradoja» es una figura literaria que consiste en una «contradicción aparente»: perder-ganar, morir-vivir, entregar-retener, dar-recibir… Parecen dimensiones o realidades contradictorias, pero no lo son en realidad. Llegar a darse cuenta de que no hay tal contradicción, captar la verdad de la paradoja, es descubrir el Evangelio.
Y estamos ante un punto alto de la revelación cristiana. En Jesús, se expresa una vez más el acceso de la Humanidad a la captación esta paradoja. En la «naturaleza», en el mundo animal sobre todo, el principal instinto es el de la auto-conservación. Es cierto que hay mecanismos diríamos «altruistas» controlados hormonalmente para acompañar los momentos de la reproducción y la cría de la descendencia o para la defensa de la colectividad, pero no se trata verdaderamente de «amor», sino de instinto, un instinto puntual excepcional sobre el gran instinto de la auto-conservación, que centra al individuo sobre sí mismo. La naturaleza animal está centrada sobre sí misma. Lo que pueda ser contrario a esta regla no es más que una excepción que la confirma.
El ser humano, por el contrario, se caracteriza por ser capaz de amar, por ser capaz de salir de sí mismo y entregar su vida o entregarse a sí mismo por amor. La humanización u hominización sería ese «descentramiento» de sí mismo, que es centramiento en los demás y en el amor. La parábola que estamos reflexionando expresa un punto alto de esa maduración de la Humanidad; tanto, que puede ser considerada como una expresión sintética de la cima del amor. En el fondo, esta parábola equivale al mandamiento nuevo: «Éste es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros ‘como yo’ les he amado; no hay mayor amor que ‘dar la vida’» (Jn 15,12-13). Las palabras de Jesús tienen ahí también pretensión de síntesis: ahí se encierra todo el mensaje del Evangelio. Y en realidad se encierra ahí todo el mensaje religioso: también las otras religiones han llegado a descubrir el amor, la solidaridad… el «descentramiento» de sí mismo como la esencia de la religión. Jesús es una de esas expresiones máximas de la búsqueda de la Humanidad, y del avance de la presencia de Dios en su seno…
Si las semillas somos nosotros, ¿a qué debemos morir? Esta hora neoliberal que vive el mundo, aunque se haya dado un notable avance en aspectos como la tecnología, la intercomunicación mundial, y hasta un notable desarrollo económico (tremendamente desequilibrado), no podemos dejar de descubrir un cierto «retroceso» en humanización: frente al pensamiento utópico, a las «ideologías» (en el sentido positivo de la palabra) que buscaban la «socialización» humana, la realización máxima posible de la solidaridad entre los humanos y la colectividad, la realización de una sociedad fraterna y reconciliada, tras el fracaso simplemente económico, militar o tecnológico de alguno de los sectores en conflicto, ha acabado por imponerse la vuelta a una economía supuestamente «natural», descontrolada, sin intervención, dejada al azar de los intereses de los grupos, llegándose a proclamar que «la persecución del propio interés sería la mejor manera de contribuir para el bien común» [fisiocracia, Tableau de Quesnay…]. El neoliberalismo, con su programa de «adelgazamiento del Estado», su disminución de los programas sociales y la proclamación de un mercado supuestamente «libre», ha vuelto a hacer de la sociedad humana una «ley de la selva», donde cada uno busca su propio interés, incluso creyendo, paradójicamente, que con ese interés propio es como mejor colabora al bien común…. Es una ideología enteramente contraria al Evangelio, y contraria al mensaje de todas las religiones. Es por eso que podemos considerarla como la proclamación de una nueva religión, la del egoísmo insolidario. Afortunadamente hay cada vez más señales de que este eclipse de la solidaridad y este retroceso de la hominización trasparenta cada vez más su verdadera naturaleza, y la inconformidad surge por doquier. «Otro mundo es posible», a pesar del esfuerzo de la propaganda neoliberal por convencernos de que «no hay alternativa» y de que estamos en el «final (insuperable) de la historia»… Si, con el evangelio, creemos que «no hay mayor amor que dar la vida», que la ley suprema es «morir como el grano de trigo: para dar vida» (evangelio de este domingo), deberíamos comprometernos en hacer que la sociedad se concientice sobre la necesidad de superar políticas económicas tan «naturales» y tan poco «sobrenaturales» como la actual política neoliberal.
Post-data crítica sobre el evangelio de Juan
El evangelio de ese domingo y de estas semanas es el de Juan. Un evangelio bien diferente de los sinópticos. El último que se escribió. Un evangelio que refleja una reflexión y una elaboración teológica muy sofisticada, de difícil comprensión, con frecuencia: el evangelio de la comunidad de Juan.
El Jesús que en este evangelio se refleja, el Jesús que discute con «los judíos», no es en absoluto el Jesús histórico. Todas esas frases lapidarias, solemnes, autoritativas, cuasi-dogmáticas… no son de Jesús. Han sido puestas por el evangelista en boca de Jesús como un procedimiento literario-teológico para expresar la reflexión teológica que la comunidad ha elaborado…
En la predicación, en la catequesis, en el comentario bíblico, es muy fácil «no entrar en profundidades» y comentar sin más las palabras de Jesús «como si» de hecho fueran palabras directas, históricas. Pero hacer esto hoy día, no explicitar claramente al auditorio que se trata de reflexión teológica y que su significado no puede entenderse en directo según lo que la narración misma dice, es un error pastoral. Es el error de mantener al pueblo cristiano en la ignorancia de lo que los exegetas hace muchos años que afirman unánimemente. Es el error de presentar involuntariamente una imagen falsa del Jesús histórico: un Jesús que lo sabe todo, que no tiene psicología ni conciencia humanas, porque una supuesta conciencia divina habría desplazado el núcleo interior de su ser humano… Si se interpretara como histórico el Jesús presentado por el evangelio de Juan caeríamos casi inevitablemente en la herejía monofisista (Jesús como solamente divino, no humano). Leer y proclamar o comentar el evangelio de Juan sin un comentario exegético mínimo, y, por omisión, no evitar una interpretación directa literal del mismo, es un flaco servicio a la fe del pueblo cristiano.
El asunto es largo, pero bien conocido. Necesitamos hacer un esfuerzo de catequesis siempre que se proclame este evangelio, porque sin ella nuestro pueblo mantiene y confirma la visión de Jesús que fue clásica durante siglos en las Iglesias, pero que desde hace tiempo se ha evidenciado como inexacta, no histórica, y peligrosa, si no va acompañada de una aclaración hermenéutica.
Al respecto recomendamos, por ejemplo, el libro de E.P. SANDERS, La figura histórica de Jesús, Verbo Divino, Estella 2001 (accesible en internet).
Jesús Bastante
Millones de mujeres, muchas de ellas católicas, pararon hoy en España. En todo el mundo. En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, todos estamos llamados a una defensa encendida de la igualdad hombre y mujer. El mismo papa Francisco… Leer más
Decía Eleanor Roosevelt que «nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento». No podemos dar tanto poder a los otros, como para que sean capaces de anularnos, hacernos renunciar a nuestros sueños o limitar nuestros derechos, y mucho menos para que nos roben la decisión de ser lo que queremos ser.
Llega el día de la mujer y se multiplican los actos y las reivindicaciones. Una jornada en la que se habla de lo que no tenemos, de lo que no nos dejan, de lo que nos quitan, de lo que… Es bueno reivindicar y gracias a ello hemos avanzado, pero escuchar siempre con la misma música y movernos todos al mismo ritmo de lo que «somos y no podemos», de lo que «queremos y no nos dejan», de lo que «aspiramos y nos limitan» nos hace perdernos la gran riqueza de lo que somos y tenemos, de lo que hacemos y podemos y de lo que hemos conseguido por nuestros méritos, con nuestras particularidades y con nuestro sello.
No tenemos que esperar a que nos den un papel en la sociedad, en la Iglesia o en donde sea. Tenemos que tomarlo, ejercerlo, vivirlo. Y si no nos dejan, no renunciar. Ser capaces de buscar alianzas, celebrar la vida, crear complicidades y generar alternativas. Leer mas…
Sor Lucía Caram en Religión Digital, 3 de marzo de 2018
Son mujeres, creyentes, líderes en sus comunidades. Una, Silvia Martínez Cano, católica, presidenta de la Asociación de Teólogas españolas. Otra,Amparo Sánchez, musulmana, dirige la Plataforma contra la Islamofobia. Las dos harán huelga este jueves, y aportan las razones que, desde la fe, pero también desde su compromiso ciudadano, las llevan a tomar esta decisión.
«Yo apoyo totalmente la huelga. Voy a estar, van a estar mi hija y mi nieta», apunta Amparo Sánchez. Para los que no la conozcan, toda una vida luchando por la igualdad. En todas las concentraciones y manifestaciones. Y, pese a los prejuicios y la falta de información, con el velo puesto. «Como mujer hay que estar, evidentemente. Pero es que el tema de la justicia social es algo fundamental en el Islam», nos cuenta.
«Cualquier injusticia social es contraria a la hermandad y la fraternidad», subraya Amparo, quien sostiene que «el Islam y las demás religiones tienen que ser conscientes de que somos más de la mitad de los seres humanos». «El Corán insiste mucho en que tenemos que ser aliados y compañeros, hombres y mujeres», recalca.
Le preguntamos si esta visión no choca con la realidad que padecen millones de mujeres, en países de mayoría islámica, donde son tratadas como despojos humanos. Amparo pide «apartarse de lecturas y posturas culturales, que están marcadas por pensamientos patriarcales y machistas, que hay que erradicar», pues «cuando buceas en los libros sagrados te das cunta de que eso no tiene fundamento». Leer mas…
Jesús Bastante en Religión Digital, 7 de marzo de 2018
Para el próximo día 8 de marzo están programadas manifestaciones y concentraciones en las que sus protagonistas son las mujeres, reivindicativas de derechos y deberes elementales e inaplazables. En esta ocasión, «la cosa va en serio» y, con unas u otras fórmulas las huelgas alcanzarán insospechados índices de efectividad y extensión.
Y es que las causas por las que las mujeres se echan a la calle, instigadas tanto por sus colectivos como por motivaciones personales,son muchas, incuestionables, consistentes y firmes. Diríase que improrrogables. No es posible esperar ya más. Los plazos «prudenciales» fueron superados con largueza y, mientras que a las buenas promesas no se les descubran proyectos, programas e iniciativas ya «en actitud de sempiterna salida», no hay mujer que se fíe de contribuir a la vergonzante prolongación del estatus en el que se encuentra en relación con el hombre-varón.
En la familia, en la política, en las relaciones laborales, empresariales, y sociales, y más en las «alturas» jerárquicas superiores, así como en las leyes, proyectos y aplicaciones, las diferencias en relación con la mujer, persisten de manera ciertamente humillante, ofensiva, absurda y perjudicial para los mismos hombres, para la sociedad y, por supuesto, para ellas mismas. Leer mas…
Antonio Aradillas en Religión Digital, 7 de marzo de 2018