En agradecido recuerdo a Jaume Botey

El pasado jueves, 15 de febrero, fallecía inesperadamente Jaume Botey, representante en Redes Cristianas de Cristianisme al segle XXI desde que comenzamos, hace ya casi 12 años,  la andadura de este espacio de coordinación de grupos católicos de base del estado español.

Jaume  fue una persona clave en la creación y consolidación de Redes Cristianas, y los miembros de los distintos colectivos que formamos la plataforma queremos recordarle aquí con agradecimiento cuando aún nos cuesta hacernos a la idea de que ya no contaremos con su presencia o con sus mensajes de correo.

Desde la tristeza, pero también desde la certeza de que ahora vive en plenitud, reflejamos aquí algunos sentimientos que hemos compartido en estos dos días:

.- Se va un referente, un grande, alguien con gran lucidez en el análisis de la realidad.

.- Una persona de espiritualidad comprometida, coherente y con una implicación con la realidad que ilumina.

.- Sus luchas, que fueron muchas, son su mejor legado.

En estos  enlaces se pueden leer  reseñas que han aparecido en medios de comunicación; en ellas se pone de manifiesto que, como se dice en una de ellas, fue un activista de todas las causas justas.

http://www.redescristianas.net/en-agradecido-recuerdo-a-jaume-botey/

 

Invisibles, ignoradas y abusadas en la Iglesia y en la sociedad

Se sigue mostrando cada vez más la realidad de la mujer en la Iglesia, es imposible de encubrir, ignorar, negar, esconder, desde la misma Roma se siente la inconformidad, como lo manifiesta Lucetta Scaraffia, editora y jefe de “Donne, Chiesa, Mondo“ (Mujeres, Iglesia, Mundo).

Conozco, admiro y respeto profundamente a las religiosas que han ejercido su ministerio pastoral-docente-enfermería en total desprendimiento, sin interesar si les pagan o no. Porque al servicio a Dios no se le cobra. Pero no hay que dejar que se abuse, como el sistema patriarcal-capitalista lo ha venido haciendo. Claro que algunas cosas han ido cambiando, pero todavía hay mucho por cambiar.

No puedo expresar lo que sentí cuando las religiosas adultas mayores me compartieron lo que vivieron… no contaban con un seguro social, ni una pensión. Les pregunté ¿Por qué? Y me respondió: “Porque la Comunidad hizo los contratos globales en la Educación, como en la Salud”. Todo era un paquete sin tener en cuenta las personas, no se cuenta con un Seguro Social y no se cotiza para la jubilación. La  Comunidad repetía el esquema social-capitalista de explotación al trabajad@r y en este caso a las mujeres de Iglesia, así fue aceptado y bien visto, sin protestar, comentar o sugerir algo diferente, era mal visto y calificado con tendencias contrarias a la tradición cristiana y canónica.   Leer mas…

Olga Lucía Álvarez Benjumea en Evangelizadoras de los Apóstoles, 2 de marzo de 2018

 

 


Domingo 4º de Cuaresma – Fray Marcos

Estoy salvado. Nadie tiene que venir a salvarme desde fuera

(2 Cr 36,14-23) «Quien pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él y suba.»

(Ef 2,4-10) «Por pura gracia estáis salvados».

(Jn 3,14-21) No mandó a su hijo para condenar al mundo sino para que se salve.

 

Estoy salvado. Nadie tiene que venir a salvarme desde fuera. Soy ya plenitud. Solo debo descubrirla dentro de mí y vivirla.

Estamos en el capítulo III. Este evangelio es un esquema teológico. Cada capítulo tiene identidad por sí mismo, aunque éste es el que menos unidad interna muestra. El punto de partida es el diálogo con Nicodemo: “te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo le responde: eso es imposible. Jesús insiste: “El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. ¿Cómo puede ser eso? Comienza el discurso que hemos leído.

El domingo pasado Jesús arremetió contra el culto que se desarrollaba en el templo. Hoy arremete contra la manera de interpretar la Ley que tienen los fariseos. En ambos casos se trata de instituciones antiguas vacías de contenido que hay que sustituir. No se trata de una nueva interpretación (es lo que busca Nicodemo), sino de algo completamente distinto: hay que nacer de nuevo. No debemos pensar en discursos pronunciados por Jesús. Jn pone en boca de Jesús una cristología propia de finales del siglo I.

Lo mismo que Moisés levantó la serpiente. Lo que hizo Moisés es recordar al dios egipcio Ranenutet (representado por una serpiente). Su Dios le manda construir la imagen de otro dios. Es imprescindible saber que el dios egipcio era a la vez veneno y antídoto; muerte y vida; opresión y salvación. Al ser  crucificado, Jesús representa a la vez muerte y vida, humillación y exaltación. Al decir “levantado”, va más allá de una alusión a la serpiente. La cruz es manifestación de la lealtad de Dios. Es la exaltación de Jesús.

Para que todo el que lo haga objeto de su adhesión (crea) tenga Vida definitiva. «Vida definitiva». Denota la calidad de vida propia del estadio definitivo. Traducir por «eterna» empobrece el significado, por insistir solo en la duración y no en la calidad. La consecuencia de “ser levantado en alto” es alcanzar plenitud de Vida. El Espíritu que nos comunicará será la fuente de verdadera Vida para todos los que le acepten.

Demostró Dios su amor al mundo. El amor se hizo visible en un acto. No se dirige solo a los cristianos, sino al mundo. Jesús es el don de Dios a la humanidad. «Dar a su Hijo» no se refiere aquí sólo a la encarnación, sino a la crucifixión. Para Juan, Jesús es enviado al mundo. Para los sinópticos, a Israel. La salvación está destinada a todos. No solo al pueblo elegido, sino a todas las naciones. Se acabaron los privilegios. La Vida del Espíritu se ofrece a todos. Este evangelio se escribió a finales del siglo I.

El que le presta adhesión no tendrá sentencia; el que se la niega, ya tiene la sentencia. No hay lugar para la indiferen­cia. La sentencia negativa o positiva no es consecuencia de un acto de Dios. Es el resultado de una actitud por parte del hombre. Si comprendiéramos bien este versículo, cambiaría todo el modo de entender la moral. Desde la visión farisaica (y la nuestra), Dios juzgaba a los hombres después de ver sus acciones. Si eran conforme a la Ley, los salvaba; si eran contrarias a la Ley, los condenaba. Dios es justicia. Todo está siempre en equilibrio. Cada acto del hombre, le coloca en su sitio.

Los hombres han preferido las tinieblas a la luz. «Su modo de obrar» denota el proceder habitual, no un acto puntual. En el prólogo se nos había dicho: «y la Vida era la luz de los hombres». No es la luz la que da Vida (como maestro), sino al revés, es la Vida la que te iluminará. Sin Vida no se puede aceptar la luz. La falta de Vida lleva consigo el rechazo de la luz. Mantener una relación con Dios desde la Ley, desde lo externo, sin Vida, es mantener la relación de injusticia en que están los dirigentes religiosos. El que oprime al hombre no puede aceptar la luz. La adhesión a Jesús exige salir de la situación de opresión.

El que obra con bajeza…  El que practica la lealtad. «Obrar con bajeza (practicar lo malo), se opone a “practicar la lealtad”. «Hacer la verdad» es un semitismo que utiliza Juan, y lo opuesto es «hacer la falsedad». El que es cómplice de la muerte no aguanta la Vida. La considera como una agresión. No se eligen las tinieblas por el valor que puedan tener en sí, sino por odio a la luz. No son las doctrinas (luz) las que separan de Dios, sino la conduc­ta (Vida). Quien con su modo de obrar daña al hombre, se opone al amor-vida. Rechazando la luz, cree poder continuar haciendo el mal sin ser descubierto.

Practicar la lealtad es lo contrario de obrar con bajeza. Equivale a hacer lo que es bueno para el hombre. Al emplear «lealtad» nos está diciendo que el amor no es algo teórico, sino práctico. La Vida es anterior a la luz. El acercamiento a la luz se hace por amor a la luz, no para que se vean las  obras. «Realizadas en unión con Dios». No obras hechas según Dios, sino algo más. Obras en las que, con la actividad del hombre, se ve la de Dios revelando su gloria-amor. Creer va unido a las obras buenas. La incredulidad acompaña a las malas.

En el trozo del discurso que acabamos de analizar nos encontramos con los aspectos más originales de la salvación ofrecida por Jesús según este evangelio: 1) La salvación es Vida. 2) Viene de Dios que es VIDA. 3) Es don gratuito e incondicional. 4) Es absoluto, no una alternativa a la condenación. 5) Exige la adhesión a Jesús. 6) Se manifiesta en las obras. Cada uno de estos puntos nos tendría que advertir de los errores en que caemos a la hora de hablar de esa salvación. Tendemos a esperar de Dios una salvación raquítica.

Hablar de salvación es plantearse el sentido último de la vida. Sería desplegar las más elevadas posibilidades humanas. El término “salvación” tiene connotación negativa y eso es muy peligroso a la hora de entender el evangelio. El pensar en la salvación en términos negativos ha paralizado nuestro desarrollo.  Hemos creído que, si elimino el pecado, estoy salvado. Salvarse no es evitar la condenación. La salvación es siempre positiva; sería llevarnos a una plenitud de ser, llevando al límite las posibilidades de nuestro verdadero ser.

La salvación no me viene de fuera. La salvación surge de lo hondo de mi ser. Desde ahí, Dios presencia posibilita mi plenitud. Hay que tener muy claro que me salva totalmente Dios y me salvo totalmente yo. La acción de Dios y la del hombre ni se suman ni se restan ni se interfieren, porque son de naturaleza distinta. «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti» (Agustín). Todo lo que depende de Dios ya está hecho. Mi salvación depende solo de mí.

La conciencia que tenemos de que Dios puede no salvarme es prueba de que esperamos una salvación equivocada. Queremos que Dios nos libere del sufrimiento, la enfermedad, la muerte… Todo eso forma parte de nuestra condición de criaturas y es inherente a nuestro ser. Ni Dios puede hacer que sigamos siendo criaturas sin limitacio­nes. Buscar la salvación por ahí, es un error garrafal. La salvación tiene que realizarse a pesar de mis limitaciones.

La salvación no es cambiar lo que soy ni añadir nada a lo que ya soy. Es una toma de conciencia de lo que en realidad soy y vivir en esa conciencia. Es descubrir el tesoro que está escondido dentro de mí y disfrutar de él. “La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo”. Se trata de “conocer”.

Meditación

Hay que nacer de nuevo.

Somos fruto de la evolución de la carne.

Yo no he nacido como ser espiritual.

Tengo la capacidad de llegar a serlo,

pero debo desplegar esa capacidad que se me ha dado.

Si no la despliego, me quedaré en la carne.

 

 

Garizumako 4º igandea / Domingo 4º de Cuaresma – José A. Pagola

-B (Joan 3,14-21)

Evangelio del 11 /mar /2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ARGIRA HURBILDU

Irudi dakizuke, oharpen ezkorregia dela, baina hau da egia: pertsonak urtetan bizi gaitezkeela geugan gertatzen denaz ideiarik izan gabe. Eguna joan eguna etorri bizi gaitezke, ikusi nahi ezta, zerk duen egiaz mugitzen gure bizitza eta, jakin gabe, zeinek dituen egiaz gure barnean erabakiak hartzen.

Ez da trakeskeria edo adimen-eskasia baten kontua. Gertatzen dena da, sumatzen dugula, era gutxi-asko ohartuan, gauzak argiago ikusteak aldatzera eragingo ligukeela. Ematen du, behin eta berriz betetzen direla gugan Jesusen hitz hauek: «Oker jokatzen duenak amorrua dio argiari eta ihes egiten dio, beldur baita beraren jokabidea agerian geldituko den». Izua diogu geure burua garen bezala ikusteari. Gaizki sentitzen gara gure bizitzan argia sartzen denean. Nahiago izaten dugu itsu jarraitu, egunez egun geure engainuak eta ilusioak janarituz.

Larriena, ordea, beste hau da: irits daitekeela une bat, zeinetan, itsu izanik, uste izango baitugu den-dena argi eta den bezala ikusten dugula. Zein gauza erraza izaten den orduan bizitzea nork bere burua ezagutu gabe eta galderarik ere egin gabe sekula: «Nor naiz ni?» Zein gauza erraza izaten den orduan uste izatea xaloki, neure buruaz dudan irudi azaleko hori naizela, oroitzapenez, esperientziez, beldurrez eta desioez moldaturiko hori.

Zein gauza erraza izaten den orobat uste izatea, errealitatea nik ikusten dudan bezalakoa dela juxtu, kontuan izan gabe nik ikusten dudan kanpoko mundu hori, bizi dudan barne munduaren isla dela hein handian eta elikatzen ditudan desioen eta gurariena. Zein gauza erraza izaten den halaber neure harremanak izatea, ez benetako pertsonekin, baizik eta neuk haietaz moldatua dudan irudi eta etiketarekin.

Idazle handia izan zen Hermann Hesse-k, bere Mi credo liburu txikian, jakinduriaz betean, idatzi zuen: «Beldurrez, esperantzaz, irrikaz, asmoez, eskakizunez kontenplatzen dudan gizakia ez da gizaki bat; soil-soilik, nire nahimenaren isla lauso bat da».

Segur aski, geure bizitza eraldatu nahi izaten dugunean, geure urratsak bide jatorragoetara bideratuz, gauzarik funtsezkoena ez da izango aldatzeko ahalegina bera. Lehen gauza begiak irekitzea izango da. Galdetzea, bizitzan zeren bila nabilen. Ohartuago izatea nire bizitza mugitzen duten gurariez. Aurkitzea eguneroko nire bizitzaren azken arrazoia.

Hartzen ahal genuke tartetxo bat galdera honi erantzuteko: zergatik nabil neure buruari eta Jainkoari iheska hain bizi? Zergatik dut nahiago, azken batean, engainaturik bizi, argi bila ibili gabe? Jesusen hitz hau entzun beharko genuke: «Egiaren arabera diharduena argira hurbiltzen da, ikusteko, egiten duen guztia Jainkoak inspiratua dela».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

ACERCARNOS A LA LUZ

-B (Joan 3,14-21)

Evangelio del 11 /mar /2018

Puede parecer una observación excesivamente pesimista, pero lo cierto es que las personas somos capaces de vivir largos años sin tener apenas idea de lo que está sucediendo en nosotros. Podemos seguir viviendo día tras día sin querer ver qué es lo que en verdad mueve nuestra vida y quién es el que dentro de nosotros toma realmente las decisiones.

No es torpeza o falta de inteligencia. Lo que sucede es que, de manera más o menos consciente, intuimos que vernos con más luz nos obligaría a cambiar. Una y otra vez parecen cumplirse en nosotros aquellas palabras de Jesús: «El que obra el mal detesta la luz y la rehúye, porque tiene miedo a que su conducta quede al descubierto». Nos asusta vernos tal como somos. Nos sentimos mal cuando la luz penetra en nuestra vida. Preferimos seguir ciegos, alimentando día a día nuevos engaños e ilusiones.

Lo más grave es que puede llegar un momento en el que, estando ciegos, creamos verlo todo con claridad y realismo. Qué fácil es entonces vivir sin conocerse a sí mismo ni preguntarse nunca: «¿Quién soy yo?». Creer ingenuamente que yo soy esa imagen superficial que tengo de mí mismo, fabricada de recuerdos, experiencias, miedos y deseos.

Qué fácil también creer que la realidad es justamente tal como yo la veo, sin ser consciente de que el mundo exterior que yo veo es, en buena parte, reflejo del mundo interior que vivo y de los deseos e intereses que alimento. Qué fácil también acostumbrarnos a tratar no con personas reales, sino con la imagen o etiqueta que de ellas me he fabricado yo mismo.

Aquel gran escritor que fue Hermann Hesse, en su pequeño libro Mi credo, lleno de sabiduría, escribía: «El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es solo un turbio reflejo de mi voluntad».

Probablemente, a la hora de querer transformar nuestra vida orientando nuestros pasos por caminos más nobles, lo más decisivo no es el esfuerzo por cambiar. Lo primero es abrir los ojos. Preguntarme qué ando buscando en la vida. Ser más consciente de los intereses que mueven mi existencia. Descubrir el motivo último de mi vivir diario.

Podemos tomarnos un tiempo para responder a esta pregunta: ¿por qué huyo tanto de mí mismo y de Dios? ¿Por qué, en definitiva, prefiero vivir engañado sin buscar la luz? Hemos de escuchar las palabras de Jesús: «Aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que hace está inspirado por Dios».

José Antonio Pagola

 

 

 

 

Domingo 4º de Cuaresma 4 de marzo de 2018 – Koinonia

2Cr 36,14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan
Salmo 136: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti
Ef 2,4-10: Nos ha hecho vivir por Cristo
Jn 3,14-21: Para que el mundo se salve por Él

Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Jn 3,14-21 corresponde a la respuesta que Jesús da a Nicodemo cuando pregunta «¿cómo puede ser eso?», refiriéndose al nuevo nacimiento en el Espíritu. Es también la segunda y última parte del diálogo de Jesús con este “jefe” de los fariseos de Jerusalén.

Nicodemo, cuyo nombre significa “el que vence al pueblo”, aparece varias veces en el evangelio de Juan (3,1-21; 7,50-52; 19,39). No es un cualquiera. Por su filiación religiosa es un fariseo, es decir, un rígido observante de la Ley, considerada como la expresión suprema e indiscutible de la voluntad de Dios para el ser humano. Es el primer rasgo que señala Juan antes del nombre mismo. Nicodemo se define como hombre de la Ley antes que por su misma persona. Juan añade otra precisión sobre el personaje: en la sociedad judía es un “jefe” título que se le aplica particularmente a los miembros del Gran Consejo o Sanedrín, órgano de gobierno de la nación (11,47). En éste, el grupo de los letrados fariseos era el más influyente y dominaba por el miedo a los demás miembros del Consejo (12,42).

Nicodemo habla en plural (3,2: sabemos). Es, pues, una figura representativa. La escena va a describir un diálogo de Jesús con representantes del poder y de la Ley. Nicodemo llama a Jesús “Rabbí” (3,2), término usado comúnmente para los letrados o doctores de la Ley que mostraban al pueblo el camino de Dios. Así es como este fariseo adicto ferviente de la Ley, ve a Jesús. Es extraño, porque hasta el momento, Jesús no ha dado pie para semejante interpretación de su persona. En realidad, Nicodemo está proyectando sobre Jesús la idea farisea de Mesías-maestro, avalado por Dios para interpretar la Ley e instaurar el reinado de Dios enseñando al pueblo la perfecta observancia de la Ley de Moisés. Está lejos de comprender el cambio radical que propone Jesús. Para los fariseos, en la Ley está el porvenir de Israel; para Jesús, el nacimiento en el Espíritu abre el reino de Dios al porvenir humano. El ser humano no puede obtener plenitud y vida por la observancia de una Ley, sino por la capacidad de amar que completa su ser. Sólo con personas dispuestas a entregarse hasta el fin puede construirse la sociedad verdaderamente justa, humana y humanizadora. La Ley no elimina las raíces de la injusticia. Por eso, una sociedad basada sobre la Ley, no sobre el amor, nunca deja de ser opresora, codiciosa, injusta.

La segunda parte del diálogo de Jesús con Nicodemo se centra en el que “bajó del cielo”, sin dejar de ser “del cielo”, “para que todo el que crea tenga vida eterna”. La reflexión de Jesús resalta la relación que hay entre creer y vivir en las obras de la vida eterna, es decir, en el Reino de Dios. “Bajar del cielo” y ser “levantado” es un asunto de amor de Dios. Veamos los énfasis teológicos propuestos por el discurso:

Frente a la centralidad farisaica de la Ley, el evangelio de Juan propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús “levantado” (levantado en la cruz, crucificado), como la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios. Es la reciprocidad del amor. Creer no es un concepto, o una doctrina; es un acto de amor, por el que adviene el Reino de Dios. El juicio sobre la humanidad tiene como criterio la fe, como acto de amor recíproco. Nuevamente llegamos a la insistencia de Juan: una humanidad justa y feliz sólo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Ésa es la fe que proclama Juan.

Pablo, después de agradecer el don de la fe (Ef 1,3-14), contrasta y contrapone dos tiempos: el de la muerte y el de la resurrección. El tiempo de la muerte (Ef 2,1-3) corresponde a “delitos y pecados” según el “proceder de este mundo” bajo la dominación de Satanás. Es tiempo de esclavitud e infrahumanidad. De ese tiempo Dios rescata tanto a judíos como a gentiles, por ser “rico en misericordia”, vivificándolos “juntamente con Cristo”, por su resurrección. Sólo la gracia mediante el don de la fe puede “explicar” tal sobreabundancia de amor divino. El tiempo de la resurrección es tiempo de “nueva creación” en Cristo Jesús, lo que se expresa en las “buenas obras” practicadas por quienes han sido vivificadas y vivificados. No es de extrañar que la “medida” de las buenas obras sea como la medida de Dios: el amor. El tiempo de la resurrección es el tiempo de afirmación de la vida en el amor. Para la fe cristiana, la muerte (la esclavitud) no tiene la última palabra. Vivir a plenitud como nuevas criaturas el tiempo de la resurrección es el llamado que Pablo hace a lo largo de esta carta a la Iglesia nacida entre la gentilidad.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 56 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300056 Puede ser escuchado aquí:  http://www.untaljesus.net/audios/cap56b.mp3

 

Cardenal Sarah: «Comulgar en la mano es un ataque diabólico a la Eucaristía»

El polémico purpurado cree que es una falta de respeto al Santísimo. El ataque malvado más insidioso (…) sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo.

Es uno de los líderes de la oposición al Papa Francisco. Seguramente, el que atesora un mayor poder en la Curia, como máximo responsable de Liturgia. Ahora, el cardenal Robert Sarah da un paso más, y arremete contra aquellos católicos que, legítimamente, solicitan recibir la comunión en la mano: «Es un ataque diabólico a la Eucaristía», proclama.

Sarah, quien ya recibió dos amonestaciones públicas por parte de Francisco tras sugerir que los curas volvieran a celebrar la Eucaristía a espaldas del pueblo y por tildar la misa del Vaticano II, al menos en muchas de sus manifestaciones, de «profana y superficial», ha escrito un prefacio al libro de un sacerdote italiano, Federico Bortoli, titulado ‘La distribución de la comunión en la mano. Perfiles históricos, jurídicos y pastorales’, en el que asegura que la forma de dar la Comunión en la mano es una «falta de respeto» al Santísimo.

«El ataque malvado más insidioso consiste en tratar de extinguir la fe en la Eucaristía sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo«, apunta Sarah, quien añade que «la guerra entre el arcángel Miguel y sus ángeles, por un lado, y Lucifer, por el otro, continúa hoy en los corazones de los fieles: el objetivo de Satanás es el sacrificio de la Misa y la presencia real de Jesús en la hostia consagrada».

Para el cardenal, es necesario que los fieles vuelvan a arrodillarse para recibir, en la boca, la Eucaristía. «¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios? Recibirlo de rodillas y en la lengua es mucho más adecuado para el sacramento mismo».

No es única ocasión en que Sarah ha criticado la forma de comulgar. Así, el pasado año, el Prefecto de Culto Divino advirtió contra la «devastación, destrucción y guerras» que ha provocado la misa vernácula en la Iglesia a nivel doctrinal, moral y disciplinario.

El Vaticano II, admitió Sarah, ha sido responsable de algunas «buenas iniciativas» en cuanto a la participación activa de los fieles en la misa y a su progreso en la vida cristiana. Sin embargo, denunció, «no podemos cerrar los ojos al desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viviente causaron al remodelar la liturgia de la Iglesia de acuerdo con sus ideas».

«Muchos creen y declaran alto y fuerte que el Concilio Vaticano II ocasionó una verdadera primavera en la Iglesia», escribía Sarah. «Sin embargo, un número cada vez mayor de líderes eclesiales consideran esta «primavera» como un rechazo, un renuncio a su herencia milenaria, o incluso como un interrogatorio radical de su pasado y tradición». Y todo esto como consecuencia de la «tendencia sacrílega» en la Iglesia posconciliar «de reducir la sagrada misa a una simple comida social».

Jesús Bastante en Religión Digital, 23 de febrero de 2018

 

El C-9 debate sobre si dotar de «autoridad doctrinal» a las conferencias episcopales

Una excesiva centralización complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.

¿Deben ser las conferencias episcopales algo más que un organismo meramente representativo, y sin capacidad efectiva de decisión? ¿Son sólo una suerte de ‘coordinadora’ de obispados o, por el contrario, pueden tener «autoridad doctrinal»? Este ha sido uno de los debates que han centrado la 23 reunión del C-9, el consejo de cardenales que asesora al Papa en su proyecto de reforma de la Curia.

Un estatuto teológico para las conferencias episcopales; los recursos humanos, la contención de los costos de la Santa Sede y la protección de los menores, son algunos de los temas que trató la XXIII reunión del Consejo de Cardenales Consejeros (C9), con el Santo Padre, según informó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke.

Todos los miembros del Consejo estuvieron presentes, indicó Burke, excepto el cardenal George Pell y el cardenal Laurent Monsengwo Pasinya que llegó el lunes por la noche debido a la cancelación de su vuelo a causa del mal tiempo.

Las sesiones de trabajo trataron diversos temas, incluido el estatuto teológico de las conferencias episcopales; los recursos humanos, la contención de los costos de la Santa Sede y la protección de los menores. Además, los cardenales examinaron los dicasterios del Desarrollo Humano Integral, de las Iglesias Orientales y de la Evangelización de los Pueblos.

La reflexión sobre el estatuto teológico de las conferencias episcopales comenzó a partir del n. 32 de Evangelii Gaudium: «todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal. Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera».

Se trata de releer el Motu proprio Apostolos suos, con el espíritu de saludable descentralización del que a menudo habla el Papa, reafirmando que siempre es él quien custodia la unidad en la Iglesia.    Leer mas…

Jesús Bastante en Religión Digital, 28 de febrero de 2018