Pazkoaldiko 3. igandea / 3er Domingo de Pascua – José A. Pagola

-B (Lukas 24,35-48)

Evangelio del 15/abril/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

LEKUKOAK

Jesus berpiztuak eta ikasleek topo egin izana esperientzia fundatzaile bezala deskribatu du Lukasek. Argi dago Jesusen gogoa. Bere egitekoa ez du bukatu gurutzean. Hil ondoren, Jainkoak berpizturik, harremanetan jarri da bereekin, «lekukoen» mugimendua abian jartzeko; herri guztiei Berri Ona kutsatzeko gai izango dira hauek: «Ene lekuko zarete zuek».

Ez da izan gauza erraza gizon haiek, nahasmenduak eta beldurrak joak diren haiek, lekuko bihurtzea. Pasadizo guztian, ikasleak isilik egon dira, guztiz mutu. Narratzaileak haien barneko mundua bakarrik deskribatu du: izuak joak dira; larri eta ustekabeko sentitzen dira; ederregi iruditzen zaie hura guztia egia izateko.

Jesusek berregingo du haien fedea. Gauzarik garrantzizkoena, ez daudela bakarrik senti dezaten da. Bizirik, bete-bete bizirik, sentitu behar dute Jesus beren artean. Hauek dira Berpiztuagandik entzun dituzten lehen hitzak: «Bakea zuekin… Nolatan duda-muda horiek zeuen baitan?».

Geure artean Jesusen presentzia biziaz ahazten garenean, geure protagonismoa dela medio Jesus ikusezineko bihurtzen dugunean, tristurak haren bakea ez beste guztia sentiarazten digunean, batak besteari ezkortasuna eta sinesgabetasuna kutsatzen diogunean… bekatu egiten dugu Berpiztuaren aurka. Horrela, ezinezkoa da lekukoen Eliza.

Beren fedea esnatzeko, Jesusek ez die eskatzen aurpegira begira diezaioten, baizik eskuetara eta oinetara. Ikus ditzatela gurutzeko beraren zauriak. Izan dezatela beti beren begi aurrean heriotzaraino eman duen maitasuna. Ez da mamu bat. «Ni neu naiz, ni neu». Galileako bideetan ikusi eta maite izan duten hura bera.

Berpiztuarekiko geure fedea geure burutazioetan oinarritu nahi izaten dugun guztietan, mamu bihurtzen dugu Jesus. Harekin topo egin ahal izateko, ebanjelioen kontakizunetara jo behar dugu: gaixoak bedeinkatzen eta haurrak ferekatzen zituzten esku haiek aurkitzeko; ahaztuenak direnen bila nekatuak ziren oin haiek aurkitzeko; Jesusen zauriak eta nekaldia aurkitzeko. Jesus huraxe da orain bizi dena, Aitak berpiztua.

Beldurrez eta duda-mudazko ikusi dituen arren, konfiantza izan du Jesusek ikasleengan. Berak bidaliko die sostengu izango duten Espiritua. Horregatik gomendatzen die munduan bere presentzia luza dezaten: «Gauza hauen guztien lekuko zarete zuek». Ez dute zertan irakatsi irakaspen handiosik, baizik, soilik, beren esperientzia kutsatu. Ez dute zertan predikatu teoria handi-mandirik Kristoz, baizik, soilik, haren Espiritua distiratu. Beren bizieraz egin behar dute sinesgarri, eta ez hitzez bakarrik. Hauxe da Elizaren betiko zinezko arazoa: lekukorik eza.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Lukas 24,35-48)

Evangelio del 15/abril/2018

TESTIGOS

Lucas describe el encuentro del Resucitado con sus discípulos como una experiencia fundante. El deseo de Jesús es claro. Su tarea no ha terminado en la cruz. Resucitado por Dios después de su ejecución, toma contacto con los suyos para poner en marcha un movimiento de «testigos» capaces de contagiar a todos los pueblos su Buena Noticia: «Vosotros sois mis testigos».

No es fácil convertir en testigos a aquellos hombres hundidos en el desconcierto y el miedo. A lo largo de toda la escena, los discípulos permanecen callados, en silencio total. El narrador solo describe su mundo interior: están llenos de terror; solo sienten turbación e incredulidad; todo aquello les parece demasiado hermoso para ser verdad.

Es Jesús quien va a regenerar su fe. Lo más importante es que no se sientan solos. Lo han de sentir lleno de vida en medio de ellos. Estas son las primeras palabras que han de escuchar del Resucitado: «La paz esté con vosotros… ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?».

Cuando olvidamos la presencia viva de Jesús en medio de nosotros; cuando lo ocultamos con nuestros protagonismos; cuando la tristeza nos impide sentir todo menos su paz; cuando nos contagiamos unos a otros pesimismo e incredulidad… estamos pecando contra el Resucitado. Así no es posible una Iglesia de testigos.

Para despertar su fe, Jesús no les pide que miren su rostro, sino sus manos y sus pies. Que vean sus heridas de crucificado. Que tengan siempre ante sus ojos su amor entregado hasta la muerte. No es un fantasma: «Soy yo en persona». El mismo al que han conocido y amado por los caminos de Galilea.

Siempre que pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él hemos de recorrer el relato de los evangelios; descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado por el Padre.

A pesar de verlos llenos de miedo y de dudas, Jesús confía en sus discípulos. Él mismo les enviará el Espíritu que los sostendrá. Por eso les encomienda que prolonguen su presencia en el mundo: «Vosotros sois testigos de estas cosas». No han de enseñar doctrinas sublimes, sino contagiar su experiencia. No han de predicar grandes teorías sobre Cristo, sino irradiar su Espíritu. Han de hacerlo creíble con su vida, no solo con palabras. Este es siempre el verdadero problema de la Iglesia: la falta de testigos.

José Antonio Pagola

 

3er Domingo de Pascua 15 de abril de 2018 – Koinonia

Hch 3,13-15.17-19: Mataron al autor de la vida
Salmo 4: Haz brillar en nosotros el resplandor de tu rostro
1Jn 2,1-5a: Él es la víctima de propiciación
Lc 24,35-48: Convenía que Cristo padeciera y resucitara

Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.» Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.» Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

COMENTARIO LITÚRGICO

En la lectura de los Hechos encontramos de nuevo a Pedro, que se dirige a todo Israel y lo sigue siendo invitado a la conversión. Pedro tranquiliza a sus oyentes haciéndoles ver que todo ha sido fruto de la ignorancia, pero al mismo tiempo invita a acoger al Resucitado como al último y definitivo don otorgado por Dios. La muerte de Jesús se convierte para el creyente en sacrificio expiatorio. No hay asomo de resentimiento ni de venganza, sino invitación al arrepentimiento para recibir la plenitud del amor y de la misericordia del Padre, que se concreta en la confianza y en la seguridad de haber recuperado aquella filiación rota por la desobediencia.

El creyente, expuesto a las tentaciones, rupturas y caídas no tiene por qué sentirse condenado eternamente al fracaso o a la separación de Dios. San Juan nos da hoy en su Primera Carta el anuncio gozoso del perdón y de la reconciliación consigo mismo y con Dios. El cristiano está invitado por vocación a vivir la santidad; sin embargo, las infidelidades a esta vocación no son motivo de rechazo definitivo por parte de Dios, más bien son motivo de su amor y su misericordia, al tiempo que son un motivo esperanzador para el cristiano, para mantener una actitud de sincera conversión.

En el evangelio nos encontramos una vez más con una escena pospascual que ya nos es común: los Apóstoles reunidos comentado los sucesos de los últimos días. Recordemos que en esta reunión que nos menciona hoy san Lucas, están también los discípulos de Emaús que habían regresado a Jerusalén luego de haber reconocido a Jesús en el peregrino que los ilustraba y que luego compartió con ellos el pan.

En este ambiente de reunión se presenta Jesús y, a pesar de que estaban hablando de él, se asustan y hasta llegan a sentir miedo. Los eventos de la Pasión no han podido ser asimilados suficientemente por los seguidores de Jesús. Todavía no logran establecer la relación entre el Jesús con quien ellos convivieron y el Jesús glorioso, y no logran tampoco abrir su conciencia a la misión que les espera. Digamos entonces que “hablar de Jesús”, implica algo más que el simple recuerdo del personaje histórico. De muchos personajes ilustres se habla y se seguirá hablando, incluido el mismo Jesús; sin embargo, ya desde estos primeros días pospascuales, va quedando definido que Jesús no es un tema para una tertulia intranscendente.

Me parece que este dato que nos cuenta Lucas sobre la confusión y la turbación de los discípulos no es del todo fortuito. Los discípulos creen que se trata de un fantasma; su reacción externa es tal que el mismo Jesús se asombra y corrige: “¿por qué se turban… por qué suben esos pensamientos a sus corazones?”.

Aclarar la imagen de Jesús es una exigencia para el discípulo de todos los tiempos, para la misma Iglesia y para cada uno de nosotros hoy. Ciertamente en nuestro contexto actual hay tantas y tan diversas imágenes de Jesús, que no deja de estar siempre latente el riesgo de confundirlo con un fantasma. Los discípulos que nos describe hoy Lucas sólo tenían en su mente la imagen del Jesús con quien hasta un poco antes habían compartido, es verdad que tenían diversas expectativas sobre él y por eso él los tiene que seguir instruyendo; pero no tantas ni tan completamente confusas como las que la “sociedad de consumo religioso” de hoy nos está presentando cada vez con mayor intensidad. He ahí el desafío para el evangelizador de hoy: clarificar su propia imagen de Jesús a fuerza de dejarse penetrar cada vez más por su palabra; por otra parte está el compromiso de ayudar a los hermanos a aclarar esas imágenes de Jesús.

Es un hecho, entonces, que aún después de resucitado, Jesús tiene que continuar con sus discípulos su proceso pedagógico y formativo. Ahora el Maestro tiene que instruir a sus discípulos sobre el impacto o el efecto que sobre ellos también ejerce la Resurrección. El evento, pues, de la Resurrección no afecta sólo a Jesús. Poco a poco los discípulos tendrán que asumir que a ellos les toca ser testigos de esta obra del Padre, pero a partir de la transformación de su propia existencia.

Las expectativas mesiánicas de los Apóstoles reducidas sólo al ámbito nacional, militar y político, siempre con característica triunfalistas, tienen que desaparecer de la mentalidad del grupo. No será fácil para estos rudos hombres re-hacer sus esquemas mentales, “sospechar” de la validez aparentemente incuestionable de todo el legado de esperanzas e ilusiones de su pueblo. Con todo, no queda otro camino. El evento de la resurrección es antes que nada el evento de la renovación, comenzando por las convicciones personales. Este pasaje debe ser leído a la luz de la primera parte: la experiencia de los discípulos de Emaús.

Las instrucciones de Jesús basadas en la Escritura infunden confianza en el grupo; no se trata de un invento o de una interpretación caprichosa. Se trata de confirmar el cumplimiento de las promesas de Dios, pero al estilo de Dios, no al estilo de los humanos.

De alguna forma conviene insistir que el evento de la resurrección no afecta sólo al Resucitado, afecta también al discípulo en la medida en que éste se deja transformar para ponerse en el camino de la misión. Nuestras comunidades cristianas están convencidas de la resurrección, sin embargo, nuestras actitudes prácticas todavía no logran ser permeadas por ese acontecimiento. Nuestras mismas celebraciones tienen como eje y centro este misterio, pero tal vez nos falta que en ellas sea renovado y actualizado efectivamente.

Queremos llamar la atención sobre el necesario cuidado al tratar el tema de las apariciones del Resucitado, y su conversar con los discípulos y comer con ellos… No podemos responsablemente tratar ese tema hoy como si estuviéramos en el siglo pasado o antepasado… Hoy sabemos que todos estos detalles no pueden ser tomados a la letra, y no es correcto teológicamente, ni responsable pastoralmente, construir toda una elaboración teológica, espiritual o exhortativa sobre esos datos, como si nada pasara, igual que si pudiéramos dar por descontado que se tratase de datos empíricos rigurosamente históricos, sin aludir siquiera a la interpretación que de ellos hay que hacer… Puede resultar muy cómodo no entrar en ese aspecto, y el hacerlo probablemente no suscitará ninguna inquietud a los oyentes, pero ciertamente no es el mejor servicio que se puede hacer para el pueblo de Dios…

Permítasenos transcribir sólo un párrafo del libro «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003, cuyo resumen puede leerse o recogerse en la Revista Electrónica Latinoamericana de Teología,http://servicioskoinonia.org/relat/321.htm):

«Si antes influía sobre todo la caída del fundamentalismo, ahora es el cambio cultural el que se deja sentir como prioritario. Cambio en la visión del mundo, que, desdivinizado, desmitificado y reconocido en el funcionamiento autónomo de sus leyes, obliga a una re-lectura de los datos. Piénsese de nuevo en el ejemplo de la Ascensión: tomada a la letra, hoy resulta simplemente absurda. En este sentido, resulta hoy de suma importancia tomar en serio el carácter trascendente de la resurrección, que es incompatible, al revés de lo que hasta hace poco se pensaba con toda naturalidad, con datos o escenas sólo propios de una experiencia de tipo empírico: tocar con el dedo al Resucitado, verle venir sobre las nubes del cielo o imaginarle comiendo, son pinturas de innegable corte mitológico, que nos resultan sencillamente impensables».

Invitamos a leer el texto completo (o, mejor aún, el libro entero).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 128 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600128

Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap128.mp3

Si no conoce todavía el sitio, no deje de navegar por él: http://www.untaljesus.net

 

¿Qué es lo que irrita a Benedicto XVI del profesor Hünermann?

Joseph Ratzinger acusa al teólogo de «iniciativas anti papales». La ‘Declaración de Colonia’ y la explicación del profesor alemán marcaron el gobierno de la Iglesia.

¿Por qué se revuelve, aunque sea mediante una carta privada, el papa emérito Benedicto XVI contra Peter Hünermann, un teólogo alemán que, acreditado en su país y en centroeuropa, no es conocido para la gran mayoría de los católicos y de la ciudadanía? ¿No parece excesivo referirse a él con incontenida irritación, y aunque sea al final de dicha carta privada, cuando explica que le faltan las fuerzas requeridas para leer y prologar una colección de once libros dedicados al pontificado de Francisco?

En la misiva que el papa J. Ratzinger dirige el 7 de febrero de 2018 al ya ex – Prefecto de la Secretaría para la Comunicación, Darío Edoardo Viganò, y conocida hace unos días, muestra su sorpresa «por el hecho de que entre los autores» de la colección de libros para los que se le ha pedido un prólogo «figure también el profesor Hünermann», un teólogo que «durante mi pontificado destacó por haber liderado iniciativas anti papales».

Concretamente, «participó de modo relevante al lanzamiento de la «Declaración de Colonia» y que, en relación a la encíclica ‘Veritatis Splendor’, atacó de modo virulento la autoridad magisterial del papa, especialmente sobre cuestiones de teología moral». Incluso, la Asociación Europea de Teólogos Católicos «fue inicialmente pensada por él como una organización en oposición al magisterio papal». Afortunadamente, «el sentir eclesial de muchos» de sus miembros «bloqueó esta inicial orientación, convirtiendo a la organización en un instrumento normal de encuentro entre teólogos».

Es evidente que el Dr. Peter Hünermann, profesor de dogmática en Münster y posteriormente en Tubinga, no ha sido (ni es) un teólogo del agrado del papa emérito.

Más allá de las filias y las fobias que cada una de estas dos personas puedan provocar, creo que es oportuno recordar el contenido de la «Declaración de Colonia» (1989) criticada por Benedicto XVI, así como el papel del teólogo alemán en su redacción y difusión. Y propongo que, una vez conocidas, se evalúen la consistencia teológica tanto de la crítica papal (y de lo que implica) como de los posicionamientos e iniciativas lideradas por el teólogo alemán.

Contamos, para esto último, con una «carta abierta» del mismo P. Hünermann al entonces presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Karl Lehmann, dada a conocer en la revista «Herder Korrespondenz (43, 1989, 130-135). En ella, el profesor alemán informa que ha decidido hacerla pública porque no le parece justa y procedente la valoración del presidente de la Conferencia Episcopal Alemana a dicha «Declaración»: teológicamente inadecuada, tópica y plagada de apreciaciones escasamente fundadas.      Leer más…

Jesús Martínez Gordo en Religión Digital, 26 de marzo de 2018

 

 



 

¿Existe o no existe el Infierno?

Las palabras de Francisco a Scalfari resucitan un debate abordado por los últimos papas. Juan Pablo II dijo que «no es un lugar», mientras que Benedicto XVI aseguró que existe, «y no está vacío».

«No existe un infierno existe la desaparición de las almas pecadoras«.  Estas declaraciones, atribuidas al Papa Francisco por parte de Eugenio Scalfari, han vuelto a desatar la polémica, un tanto absurda, sobre si el Infierno es un lugar físico o un estado del alma.

Más allá de las puntualizaciones del Vaticano (el texto del fundador de ‘Repubblica’ es una «reconstrucción» de la conversación mantenida este martes), lo cierto es que el debate sobre los ‘novísimos’ (cielo, infierno, purgatorio…) han perseguido a los últimos pontífices.

«No son castigadas (las almas malas). Las que se arrepienten obtienen el perdón de Dios y van a las filas de las almas que lo contemplan, pero las que no se arrepienten y por lo tanto no pueden ser perdonadas, desaparecen. No existe un infierno, existe la desaparición de las almas pecadoras».

Esta es la expresión de Scalfari atribuye a Bergoglio, y que ha desatado los ‘demonios’ de los sectores ultraconservadores de la Iglesia católica, que poco menos han interpretado (porque de interpretaciones se trata todo) que el Papa negaba los conceptos de bien y de mal.

Sin embargo, suponiendo que las palabras del Papa fueran ciertas, lo único que puede desprenderse de ellas es una doctrina milenaria, que defiende la libertad del ser humano, incluso para no querer ser salvado.

La condena eterna, que no es otra que no estar junto a Dios, va más allá de un lugar físico: durante siglos se pensó que resucitaríamos con el cuerpo con el que muriéramos, o que lo haríamos a la misma edad de Cristo, los 33 años; también se decía que los niños sin bautizar iban al Limbo, o que los hombres y mujers nacidos antes de Cristo no podrían ir al Cielo, pues no eran cristianos -no podían serlo-. Y eso Francisco lo deja claro afirmando (siempre según Scalfari) que hay almas que no se arrepienten y que, por tanto, no pueden ser perdonadas.

¿Qué dijeron sus antecesores?     Leer más…

Jesús Bastante en Religión Digital, 30 de marzo de 2018

 

La secularización y la indiferencia no pueden con la Semana Santa española

La religión resiste entre cofrades, hermanos y penitentes de toda España. Cofradías y hermandades, último vivero religioso de un país cada vez más indiferente ante la fe.

Mientras los templos españoles se vacían o solo se pueblan de cabezas blancas, unos tres millones de cofrades engrosan las filas de las 10.000 cofradías y hermandades de toda España. La Semana Santa se ha convertido en el último vivero religioso de un país cada vez más secularizado e indiferente a la fe. La religión resiste entre cofrades, hermanos, penitentes y encapuchados. Un universo que atrae incluso a los más jóvenes.

Además, en un país donde la Iglesia jerárquica sigue gozando de escasa credibilidad social y mala imagen pública, las procesiones y demás eventos ‘semanasanteros’ constituyen una plataforma de visibilización religiosa y de acercamiento de la institución al pueblo. La última reserva católica que, en estas fechas, exhibe su fe en público, con el orgullo del creyente y sin avergonzarse de sus creencias.

Cada año cuando llega la Semana Santa aparece el mismo debate: ¿Es España todavía un país católico? Dejando de lado la aconfesionalidad del Estado, los españoles son creyentes. Así lo demuestran los diversos estudios del Instituto Nacional de Estadística, según los cuáles, el 70% de la población se sigue considerando creyente.

El catolicismo es, sin lugar a duda, la religión predominante, pero otra cosa muy diferente es la práctica religiosa. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, los católicos practicantes llevan años descendiendo en nuestro país. En el año 2000, el 63% de la población española aseguraba ser católico no practicante y un 21% practicante. Según su último estudio, que data de 2017, sólo un 12% de los españoles asegura ser practicante, aunque ni siquiera el 10% de ellos va a la iglesia semanalmente, como obliga el precepto de «oír misa entera los domingos y fiestas de guardar».

La edad, el sexo y, sobre todo, el nivel educativo son factores que guardan una relción directa con la religiosidad. Si entre los mayores de 65 años el porcentaje de creyentes es del 52,8%, esta cifra desciende a solo uno de cada cuatro en la franja que va de los 16 a los 25 años, y al 27,6% entre los que tienen 26 y 35 años. Por sexo, la religiosidad también es ocho puntos mayor entre las mujeres que entre los hombres (40,9% frente a 32,9%). Atendiendo al nivel educativo, el porcentaje de creyentes es prácticamente el doble entre las personas sin estudios que entre las que tienen estudios superiores.

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José Manuel Vidal en Religión Digital, 31 de marzo de 2018


Ocaso de la religión en Europa: más de la mitad de los jóvenes no creen en Dios

Dos de cada tres chicos y chicas españoles no rezan nunca, según un estudio. La República Checa, el estado menos religioso; Polonia, el más católico del Viejo Continente.

El 55% de los españoles entre 16 y 29 años no confiesan ninguna religión, el 60% no asisten a oficios religiosos fuera de las ocasiones especiales y el 64% afirman que no rezan nunca. Son las principales conclusiones en lo que a nuestro país se refiere de un estudio de la Universidad de St. Mary de Londres, ‘Jóvenes adultos de Europa y la religión’. Un informe que demuestra, en palabras de su responsable Stephen Bullivant, que «la religión está moribunda» no solo en España sino en todo el viejo continente.

En plena Semana Santa, una festividad que suele estar caracterizada por las imágenes de fervor, el futuro del cristianismo se presenta mucho más sombrío en el continente de acuerdo con los datos de este informe, tomados de la encuesta social europea del periodo 2014-2016. Especialmente en 12 países donde una mayoría de los jóvenes de entre 16 y 29 años admiten que no son creyentes y que nunca o casi nunca acuden a la iglesia o rezan.

En este sentido, la República Checa es el estado menos religioso de Europa, ya que el 91% de sus jóvenes no tienen ninguna afiliación religiosa. Detrás, quedan Estonia, Suecia o los Países Bajos, todos ellos en una horquilla entre del 70% y el 80% de las personas estudiadas clasificándose a sí mismos como no religiosas.

En el extremo contrario se sitúa Polonia, el país que alberga más creyentes jóvenes entre su población, donde solo el 17% de los encuestados dijeron que no profesaban ningún credo. Le sigue Lituania, con el 25%. Curiosamente tanto los dos países más religiosos como los dos que menos fueron estados comunistas.

En los países más potentes de Europa también se observa un rápido declive de la religión, aunque no es tan pronunciado como en los anteriores. Así por ejemplo, en Francia el 64% de las personas entre 16 y 29 años admite no ser creyente, porcentaje que en Alemania baja al 45%. Unos datos que muestran que el catolicismo todavía goza de una salud razonable, pero que las próximas décadas pueden precipitar el declive.     Leer más…

Cameron Doody en Religión Digital, 28 de marzo

 


 

La Iglesia desaparece en Guipúzcoa

El número de ateos y agnósticos casi triplica al de católicos practicantes. Munilla, mientras, carga contra Twitter: “Basta asomarse para ver agresividad y frustración”.

Guipúzcoa pierde fieles y práctica religiosa a manos llenas. ¿Materialismo y hedonismo, como postula el obispo de San Sebastián, o una iglesia oficial anclada en sus estructuras, como postulan los expertos? Sea lo que fuere, los datos no engañan: la práctica religiosa en la diócesis que pastorea José Ignacio Munilla ha descendido a mínimos históricos, mientras la cifra de los ateos o indiferentes casi triplica a la de los católicos practicantes.

Según relata Noticias de Gipúzkoa, citando el estudio ‘Cultura política de la población guipuzcoana 2017’, presentado en diciembre en la Diputación Foral, el 26,9% de los habitante se consideran ateos, por otro 16,6 que se definen como agnósticos o indiferentes. El número de los católicos practicantes apenas llegaba al 17,4%. El 26,6% se declaraban católicos no practicantes.

El futuro se plantea desolador, toda vez que más de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 29 años (52,3%) son ateos. «Es evidente que se ha producido un gigantesco descenso de las prácticas socioreligiosas», afirma el sociólogo Javier Elzo. Una desconexión en toda regla.

Además, según los datos hechos públicos recientemente por la Conferencia Episcopal, Gipuzkoa es el territorio vasco en el que más cae la aportación que se hace a la Iglesia marcando la X en la declaración de la renta. En concreto, la Iglesia católica recibió en 2016 un total de 85.357 asignaciones, frente a las 91.117 que logró en 2015. Esto supone que 5.760 guipuzcoanos menos marcaron esta opción, lo que en cifras significó una caída de 96.546 euros.

Otro dato que atestigua esta pérdida de la fe cristiana es la impresionante caída del número de matrimonios católicos en los últimos diez años. Así, en 2016 se celebraron 2.499 bodas en Gipuzkoa, de las cuales 2.022 fueron civiles y tan solo 474 por la Iglesia, según los datos del Instituto Vasco de Estadística (Eustat).

«En cuatro años en Legazpi, he tenido cuatro bodas, prácticamente una por año. Cuando estuve en Azpeitia teníamos unas 20 bodas al año. Recuerdo en la Basílica de Loiola, si querías un día concreto había que pedir con dos años de antelación», explica el cura de Legazpi Iñigo Mitxelena, que se ordenó sacerdote hace 16 años y ha podido ser testigo de este cambio.

Por su parte, Elzo explica que el primer y «fortísimo» proceso de secularización, es decir, de desaparición de los valores religiosos, ya se produjo en los años 60.     Leer más…

Jesús Bastante en Religión Digital, 2 de abril de 2018

 


 

Las contradicciones de Semana Santa

Juan Cejudo

Debemos mentalizarnos que no se deben utilizar las cosas sagradas con intereses partidistas, para querer sumar votos y que la gente piense que son muy buenas personas. Leer más