¿Existe o no existe el Infierno?

Las palabras de Francisco a Scalfari resucitan un debate abordado por los últimos papas. Juan Pablo II dijo que «no es un lugar», mientras que Benedicto XVI aseguró que existe, «y no está vacío».

«No existe un infierno existe la desaparición de las almas pecadoras«.  Estas declaraciones, atribuidas al Papa Francisco por parte de Eugenio Scalfari, han vuelto a desatar la polémica, un tanto absurda, sobre si el Infierno es un lugar físico o un estado del alma.

Más allá de las puntualizaciones del Vaticano (el texto del fundador de ‘Repubblica’ es una «reconstrucción» de la conversación mantenida este martes), lo cierto es que el debate sobre los ‘novísimos’ (cielo, infierno, purgatorio…) han perseguido a los últimos pontífices.

«No son castigadas (las almas malas). Las que se arrepienten obtienen el perdón de Dios y van a las filas de las almas que lo contemplan, pero las que no se arrepienten y por lo tanto no pueden ser perdonadas, desaparecen. No existe un infierno, existe la desaparición de las almas pecadoras».

Esta es la expresión de Scalfari atribuye a Bergoglio, y que ha desatado los ‘demonios’ de los sectores ultraconservadores de la Iglesia católica, que poco menos han interpretado (porque de interpretaciones se trata todo) que el Papa negaba los conceptos de bien y de mal.

Sin embargo, suponiendo que las palabras del Papa fueran ciertas, lo único que puede desprenderse de ellas es una doctrina milenaria, que defiende la libertad del ser humano, incluso para no querer ser salvado.

La condena eterna, que no es otra que no estar junto a Dios, va más allá de un lugar físico: durante siglos se pensó que resucitaríamos con el cuerpo con el que muriéramos, o que lo haríamos a la misma edad de Cristo, los 33 años; también se decía que los niños sin bautizar iban al Limbo, o que los hombres y mujers nacidos antes de Cristo no podrían ir al Cielo, pues no eran cristianos -no podían serlo-. Y eso Francisco lo deja claro afirmando (siempre según Scalfari) que hay almas que no se arrepienten y que, por tanto, no pueden ser perdonadas.

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Jesús Bastante en Religión Digital, 30 de marzo de 2018