2º Domingo de Pascua – Fray Marcos

(Hch 4,32-35) “Daban testimonio de la resurrección con mucho valor”.

(1 Jn 5,1-6) “El Espíritu es el que da testimonio, el Espíritu es la verdad”.

(Jn 20,19-31)¿Porque me has visto ha creído? Dichosos los que crean sin ver.

 

En la comunidad se encuentra  la Vida. Si no tengo a quién amar, no puedo desplegar el amor; y sin amor, ¿qué Vida puedo tener?

Este relato es la clave para entender la teología de todas las apariciones pascuales. No nos quieren decir qué pasó, sino transmitirnos su vivencia. La experiencia pascual demostró que solo en la comunidad se descubre la presencia de Jesús vivo. La comunidad es la garantía de la fidelidad a Jesús y al Espíritu. Es la comunidad la que recibe el encargo de predicar. La misión de anunciar el evangelio no se la han sacado ellos de la manga, sino que es el principal mandato que reciben de Jesús.

Juan es el único que desdobla el relato de la aparición a los apóstoles. Con ello  personaliza en Tomás el tema de la duda, que es capital en todos los relatos de apariciones. “El primer día de la semana”. Dios hizo la creación en seis días. Jesús da comienzo a la nueva creación. En Jesús, la creación del hombre llega a su plenitud. El local cerrado a cal y canto delimita el espacio de la comunidad, fuera está el mundo hostil. Como el antiguo Israel, están atemorizados ante el poder del enemigo.

Jesús aparece en el centro como factor de unidad. La comunidad está centrada en Jesús. No atraviesa la puerta o la pared, no recorre ningún espacio; se hace presente en medio de la comunidad. El saludo elimina el miedo. Las llagas, signo de su entrega, evidencian que es el mismo que murió en la cruz. La verdadera Vida nadie pudo quitársela a Jesús. La permanencia de las señales de muerte indica la permanencia de su amor. Garantiza, además, la identificación del resucitado con el Jesús crucificado.

El segundo saludo les fuerza para la misión. Les ofrece paz para el presente y para el futuro. En los relatos de apariciones la misión es algo esencial; les había elegido para llevarla a cabo. La misión deben cumplirla, demostrando un amor total. Si toman conciencia de que poseen la verdadera Vida, el miedo a la muerte biológica no les preocupará en absoluto. La Vida que él les comunica es definitiva.

El verbo soplar, usado por Jn, es el mismo que se emplea en Gn 2,7. Con aquel soplo el hombre barro se convirtió en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da Vida. Se trata de una nueva creación del hombre. La condición de hombre-carne se transforma en hombre-espíritu. Esa Vida es la capacidad de amar como ama Jesús. Les saca de la esfera de la opresión y les hace libres (quita el pecado del mundo).

El Espíritu es el criterio para discernir las actitudes que se derivan de esa Vida. Debemos tener cuidado de no hacer decir a los textos lo que no dicen. El Espíritu no es la tercera persona de la Trinidad. Se trata de la Fuerza que les capacita para la misión. Del mismo modo, deducir de aquí la institu­ción de la penitencia es ir mucho más lejos de lo que permite el texto. El concepto de pecado que tenemos hoy no se elaboró hasta el s. VII. Lo que se entendía entonces por pecado era algo muy distinto.

En la comunidad quedará patente el pecado de los que se niegan a dar su adhesión a Jesús. Ni Jesús ni la comunidad condenan a nadie. La sentencia se la da a sí mismo cada uno con su actitud. El Espíritu permite a la comunidad discernir la autenticidad de los que se adhieren a Jesús y salen del ámbito de la injusticia al del amor.

La referencia a «Los doce» designa la comunidad cristiana como heredera de las promesas de Israel. Tomás había seguido a Jesús pero, como los demás, no le había comprendido del todo. No podían concebir una Vida definitiva que permanece después de la muerte. Separado de la comunidad, no tiene la experiencia de Jesús vivo. Una vez más se destaca la importancia de la experiencia compartida en comunidad.

Hemos visto al Señor. No se trata una visión ocular sino de la presencia de Jesús que les ha trasformado porque les comunica Vida. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que brilla en la comunidad. El relato insiste. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. A pesar de todo, los testimonios no pueden suplir la experiencia; sin ella Tomás es incapaz de dar el paso.

A los ocho días… Cuando se escribe este texto la comunidad ya seguía un ritmo semanal de celebraciones. Jesús se hace presente en la celebración comunitaria, cada ocho días. La nueva creación del hombre que Jesús ha realizado durante su vida, culmina en la cruz el día sexto. Estaban reunidos dentro, en comunidad, es decir, en el lugar donde Jesús se manifiesta, en la esfera de la Vida, opuesto a «fuera», el lugar de la muerte. Tomás, reintegrado a la comunidad, puede experimentar lo que no creyó.

La respuesta de Tomás es extrema, igual que su incredulidad. Al llamarle Señor reconoce a Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Al decir “mío” expresa su cercanía. Jesús ha cumplido el proyecto, amando como Dios ama. “Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre”. “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Dándoles su Espíritu, Jesús quiere que ese proyecto lo realicen también todos los suyos.

Tomás tiene ahora la misma experiencia de los demás: Ver a Jesús en persona. El reproche de Jesús se refiere a la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Pero la adhesión no se da al Jesús del pasado, sino al Jesús presente, que es a la vez el mismo y distinto. El marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo.

La experiencia de Tomás no puede ser modelo. El evangelista elabora una perfecta narración de apariciones y a continuación nos dice que no es esa presencia externa la que debe llevarnos a la fe. La demostración de que Jesús está vivo tiene que ser el amor manifestado. La advertencia es para los de entonces y para todos nosotros. El mensaje queda abierto al futuro. Muchos seguirán creyendo aunque no lo vean.

El mensaje para nosotros hoy es claro: Sin una experiencia personal, llevada a cabo en el seno de la comunidad, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora está comunicando. Se trata del paso del Jesús aprendido al Jesús experimentado. Sin ese cambio no hay posibilidad de entrar en la dinámica de la resurrección. Que Jesús siga vivo no significa nada si yo no vivo.

Meditación

Mi principal tarea es descubrir esa Vida que Dios ya me ha dado.

No en confiar en que un día tendré lo que ahora no tengo.

Para confiar en lo que ya tengo,

primero hay que descubrirlo, aceptarlo y vivirlo.

 

 

 

 

 

Pazkoaldiko 2 igandea / 2º Domingo de Pascua – José A. Pagola

-B (Juan 20,19-31)

Evangelio del 8/abril/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

AGNOSTIKOAK?

Inork gutxik lagundu digu Christian Chabanisek adina, gaur egungo gizakiak Jainkoaren aurrean duen jarrera ezagutzen. Beraren elkarrizketak ezinbesteko agiri edo dokumentu dira, gaur egun zientifikoek eta pentsalariek Jainkoaz zer pentsatzen duten jakiteko.

Chabanisek aitortzen du, uste zuela, gaur egungo ateorik ospetsuenei elkarrizketak egiten hasi zenean, ateismo zorrotza eta ongi oinarritua topatuko zuela haiengan. Izatez, ordea, egiaztatu zuen, lanbide argitsu eta zintzotasun handikoen atzean, «egia bilatzearen erabateko absentzia» ezkutatzen zela sarritan.

Ez da harritzekoa frantziar idazle horren egiaztapen hori; izan ere, antzeko zerbait gertatzen da gure artean ere. Jainkoagan sinesteari uko egiten dioten askok, haren bila hasteko inolako ahaleginik egin gabe egiten dute. Gogoan, batez ere, beren burua agnostiko aitortzen dutenak ditut; batzuetan era arranditsuan aitortzen dute, egiaz oso urrun badaude ere benetako jarrera agnostiko batetik.

Agnostikoa, Jainkoaren problema planteatzen duen pertsona da eta, harengan sinesteko arrazoirik aurkitu ezinik, iritzia airean uzten duena. Frustrazioan amaitzen den bilaketa da agnostizismoa. Bila ibili ondoren bakarrik hartzen du agnostikoak bere jarrera: «Ez dakit Jainkoa existitzen den. Ez dut aurkitzen arrazoirik, ez harengan sinesteko, ez harengan ez sinesteko».

Gaur hedatuena den jarrera, beste bat da: Jainkoaren arazoa alde batera uztea. Beren burua agnostiko aitortzen duten asko, bila ibili ez diren pertsona dira egiaz. Xabier Zubirik esango luke, «zinezko egiaren gogorik gabeko» bizitza direla. Bost axola zaie Jainkoa izan ala ez izan. Berdin zaia bizitza hemen bukatu ala ez. Aski dute beren buruari «bizitzen uztea», beren burua «dena delakoaren esku» uztea, munduaren eta biziaren misterioan sakondu gabe.

Alabaina, hori al da jarrerarik gizatarrena errealitatearen aurrean? Aurkeztu al daiteke aurrerakoitzat bizitza bat, zeinetan absente baitago gure bizitzaren azken egia bilatzeko gogoa? Baiezta al daiteke hori dela guztietan jarrera bidezko bakarra? Baiezta al daiteke hori dela adimen-zintzotasunezko jarrera bidezko bakarra? Nolatan jakin dezake batek ezinezkoa dela Jainkoagan sinestea, sekula ibili ez bada haren bila?

«Jarrera neutral» horretan jarraitu nahi izatea, fedearen alde nahiz kontra egin gabe, erabaki bat hartzea da jada. Guztietan okerrena da; izan ere, errealitatearen azken misteriora hurbiltzearen bila ibiltzeari uko egitea da.

Tomasen jarrera ez da agnostiko axolagabe batena, baizik eta bere fedea bere esperientzia propioan baietsi nahi duenarena. Horregatik, Kristorekin topo egin duenean, konfiantzaz ireki zaio: «Ene Jaun eta ene Jainko». Bai egiazkoak direla Karl Rahnerren hitz hauek: «Errazagoa da norberaren hutsunean hondoratzen uztea, Jainkoaren misterio santuaren amildegian baino; baina ez du adierazten horrek, ez adore handiagorik, ez egia handiagorik. Nolanahi den, egia hau distiratsu ageri ohi da maite baduzu, onartzen baduzu eta liberatzen duen egia bezala bizi baduzu».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Juan 20,19-31)

Evangelio del 8/abril/2018

¿AGNÓSTICOS?

Pocos nos han ayudado tanto como Christian Chabanis a conocer la actitud del hombre contemporáneo ante Dios. Sus famosas entrevistas son un documento imprescindible para saber qué piensan hoy los científicos y pensadores más reconocidos acerca de Dios.

Chabanis confiesa que, cuando inició sus entrevistas a los ateos más prestigiosos de nuestros días, pensaba encontrar en ellos un ateísmo riguroso y bien fundamentado. En realidad se encontró con que, detrás de graves profesiones de lucidez y honestidad intelectual, se escondía con frecuencia una «una absoluta ausencia de búsqueda de verdad».

No sorprende la constatación del escritor francés, pues algo semejante sucede entre nosotros. Gran parte de los que renuncian a creer en Dios lo hacen sin haber iniciado ningún esfuerzo para buscarlo. Pienso sobre todo en tantos que se confiesan agnósticos, a veces de manera ostentosa, cuando en realidad están muy lejos de una verdadera postura agnóstica.

El agnóstico es una persona que se plantea el problema de Dios y, al no encontrar razones para creer en él, suspende el juicio. El agnosticismo es una búsqueda que termina en frustración. Solo después de haber buscado adopta el agnóstico su postura: «No sé si existe Dios. Yo no encuentro razones ni para creer en él ni para no creer».

La postura más extendida hoy consiste sencillamente en desentenderse de la cuestión de Dios. Muchos de los que se llaman agnósticos son, en realidad, personas que no buscan. Xavier Zubiri diría que son vidas «sin voluntad de verdad real». Les resulta indiferente que Dios exista o no exista. Les da igual que la vida termine aquí o no. A ellos les basta con «dejarse vivir», abandonarse «a lo que fuere», sin ahondar en el misterio del mundo y de la vida.

Pero ¿es esa la postura más humana ante la realidad? ¿Se puede presentar como progresista una vida en la que está ausente la voluntad de buscar la verdad última de nuestra vida? ¿Se puede afirmar que es esa la única actitud legítima de todo? ¿Se puede afirmar que es esa la única actitud legítima de honestidad intelectual? ¿Cómo puede uno saber que no es posible creer si nunca ha buscado a Dios?

Querer mantenerse en esa «postura neutral» sin decidirse a favor o en contra de la fe es ya tomar una decisión. La peor de todas, pues equivale a renunciar a buscar una aproximación al misterio último de la realidad.

La postura de Tomás no es la de un agnóstico indiferente, sino la de quien busca reafirmar su fe en la propia experiencia. Por eso, cuando se encuentra con Cristo, se abre confiadamente a él: «Señor mío y Dios mío». ¡Cuánta verdad encierran las palabras de Karl Rahner!: «Es más fácil dejarse hundir en el propio vacío que en el abismo del misterio santo de Dios, pero no supone más coraje ni tampoco más verdad. En todo caso, esta verdad resplandece si se la ama, se la acepta y se la vive como verdad que libera».

José Antonio Pagola

 

2º Domingo de Pascua 8 de abril de 2018 – Koinonia

Hch 4,32-35: Todos vivían unidos
Salmo 117:
Den gracias al Señor porque es eterna su misericordia
1Jn 5,1-6:
El que ha nacido de Dios vence al mundo
Jn 20,19-31:
A los ocho días, se apareció Jesús

Porque me has visto, Tomás, has creído, -dice el Señor-. Dichosos los que crean sin haber visto.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

COMENTARIO LITÚRGICO

Tras la muerte de Jesús, la comunidad se siente con miedo, insegura e indefensa ante las represalias que pueda tomar contra ella la institución judía. Se encuentra en una situación de temor paralela a la del antiguo Israel en Egipto cuando los israelitas eran perseguidos por las tropas del faraón (Éx 14,10); y, como lo estuvo aquel pueblo, los discípulos están también en la noche (ya anochecido) en que el Señor va a sacarlos de la opresión (Éx 12,42; Dt 16,1). El mensaje de María Magdalena, sin embargo, no los ha liberado del temor. No basta tener noticia del sepulcro vacío; sólo la presencia de Jesús puede darles seguridad en medio de un mundo hostil.

Pero todo cambia desde el momento en que Jesús –que es el centro de la comunidad- aparece en medio, como punto de referencia, fuente de vida y factor de unidad.

Su saludo les devuelve la paz que habían perdido. Sus manos y su costado, pruebas de su pasión y muerte, son ahora los signos de su amor y de su victoria: el que está vivo delante de ellos es el mismo que murió en la cruz. Si tenían miedo a la muerte que podrían infligirles «los judíos», ahora ven que nadie puede quitarles la vida que él comunica.

El efecto del encuentro con Jesús es la alegría, como él mismo había anunciado (16,20: vuestra tristeza se convertirá en alegría). Ya ha comenzado la fiesta de la Pascua, la nueva creación, el nuevo ser humano capaz de dar la vida para dar vida

Con su presencia Jesús les comunica su Espíritu que les da la fuerza para enfrentarse con el mundo y liberar a hombres y mujeres del pecado, de la injusticia, del desamor y de la muerte. Para esto los envía al mundo, a un mundo que los odia como lo odió a él (15,18). La misión de la comunidad no será otra sino la de perdonar los pecados para dar vida, o lo que es igual, poner fin a todo lo que oprime, reprime o suprime la vida, que es el efecto que produce el pecado en la sociedad.

Pero no todos creen. Hay uno, Tomás, el mismo que se mostró pronto a acompañar a Jesús en la muerte (Jn 11,16), que ahora se resiste a creer el testimonio de los discípulos y no le basta con ver a la comunidad transformada por el Espíritu. No admite que el que ellos han visto sea el mismo que él había conocido; no cree en la permanencia de la vida. Exige una prueba individual y extraordinaria. Las frases redundantes de Tomás, con su repetición de palabras (sus manos, meter mi dedo, meter mi mano), subrayan estilísticamente su testarudez. No busca a Jesús fuente de vida, sino una reliquia del pasado.

Necesitará para creer unas palabras de Jesús: «Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel». Tomás, que no llega a tocar a Jesús, pronuncia la más sublime confesión evangélica de fe llamando a Jesús “Señor mío y Dios mío”. Con esta doble expresión alude al maestro a quien llamaban Señor, siempre dispuesto a lavar los pies a sus discípulos y al proyecto de Dios, realizado ahora en Jesús, de hacer llegar al ser humano a la cumbre de la divinidad realizado ahora en Jesús (Dios mío)..

Pero su actitud incrédula le merece un reproche de parte de Jesús, que pronuncia una última bienaventuranza para todos los que ya no podrán ni verlo ni tocarlo y tendrán, por ello, que descubrirlo en la comunidad y notar en ella su presencia siempre viva. De ahora en adelante la realidad de Jesús vivo no se percibe con elucubraciones ni buscando experiencias individuales y aisladas, sino que se manifiesta en la vida y conducta de una comunidad que es expresión de amor, de vida y de alegría. Una comunidad, cuya utopía de vida refleja el libro de los Hechos (4,32-35): comunidad de pensamientos y sentimientos comunes, de puesta en común de los bienes y de reparto igualitario de los mismos como expresión de su fe en Jesús resucitado, una comunidad de amor como defiende la primera carta de Juan (1 Jn 5,1-5).

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 128, que puede ser escuchado aquí  (http://www.untaljesus.net/audios/cap128b.mp3) y cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600128). Merece la pena dar un vistazo a este punto de la red (http://www.untaljesus.net).

 

 

Los tres madatos de Jesús: ¿somos anti-cristianos?

El “jueves santo” de cada año los cristianos recordamos (o tendríamos que recordar) los tres mandatos que Jesús nos dejó a quienes decimos – o pensamos – que creemos en Cristo y, por tanto, somos cristianos.
Primer mandato es el del lavatorio de los pies. Después de lavar, él mismo, los pies a los discípulos, les dijo: “Si yo…, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13, 14). En la cultura del Imperio, la tarea de lavar los pies era una de las obligaciones a las que estaban sometidos los esclavos.

El Evangelio expresa este deber mediante el verbo griego “opheilo”, que significa “estar obligado”, como bien explican quienes mejor han estudiado este término griego. Ya Jesús había dicho esto mismo, con otras palabras y en otro momento: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo” (Mt 10, 24).

Por tanto, el primer mandato de Jesús a los cristianos consiste en que vayamos por la vida comportándonos como esclavos de lo que necesitan los demás. Aunque se trate de quienes están por debajo de nosotros.

El segundo mandato es el de la eucaristía: “Haced lo mismo en memoria mía”. Palabras que Jesús pronunció dos veces, después de dar a los discípulos el pan, del que Jesús dijo que es su cuerpo; y después de darles el cáliz, “la nueva alianza en su sangre” (1 Cor 11, 24-25). Se explique como se explique este “recuerdo peligroso” (J. B. Metz), lo que podemos decir hoy con seguridad es que, para entender lo que Jesús quiso decir, no podemos depender ni del pensamiento de Platón (que predominó hasta el s. X), ni de lo que decía Aristóteles (a partir del s. XI). Nuestra fe no depende de cómo explicaban la realidad los sabios de la Antigüedad. Lo que sabemos por la fe en la eucaristía es que, al comer el pan consagrado y al beber el cáliz, Jesús se hace presente en nuestra vida. Y, por tanto, nuestra vida tiene que reproducir lo que fue la “peligrosa existencia” de Jesús en este mundo. Tan peligrosa que, como sabemos, acabó como acabó.

Por tanto, el segundo mandato de Jesús, en jueves santo, nos viene a decir que “no nos refugiemos en la práctica sacramental” para quedarnos ahí y sólo en eso, satisfechos y tranquilos en nuestra conciencia, porque somos cristianos “de comunión diaria” (o quizá semanal), que podemos entrar en la iglesia (o ir por la calle) con la cabeza alta. El día que comulgar – o simplemente ir a misa – represente un peligro real, ese día hacemos el “recuerdo” o la “memoria” de Jesús tan auténtica como peligrosa. Porque será una “memoria subversiva”.

El tercer mandato es el más radical y el más complicado.     Leer más…

José María Castillo en Redes Cristianas, 29 de marzo de 2018

 

Semana Santa: Jesús nos lleva sobre sus hombros

No se fuga de la historia, pero va más despacio, recogiendo a los perdedores y sus bultos. La Semana Santa es una ocasión de interrumpir un modo de vivir la temporalidad que traga nuestras acciones y las evacúa como estiércol sin llanto alguno.

«Que llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada», dice más o menos Serrat en una canción.

Tengo un ateo dentro de mí. Es mi mejor amigo. No exagero, es el mejor: nadie me cuida más de la pérdida del sentido de la realidad que nos está devorando. Conversamos. Discutimos.

Anoche en sueños mi amigo ateo me dijo: «Semana Santa». «¿Y qué?», le respondí. Cómo no lo voy a saber. Soy cura. Tengo en la agenda el retiro  que debo dar el viernes y el sábado, el vía crucis, la misa de Pascua, etcétera, lo típico. «Lo típico no debiera ser típico», me rebatió mi amigo. «Este es un grave problema en el clero. El cura tiene que ayudar a redescubrir lo atípico en lo típico». No le entendí bien.

Mi amigo ateo se explayó. «Pon atención a lo que está ocurriendo con los contemporáneos sea cual sea su pelaje. El futuro, el afán porque sus hijos sean más que ellos, que sean universitarios, por ejemplo, ha comenzado a alienarlos a ellos y a sus mismos hijos». La conversación fluyó con facilidad. También yo pude compartir mis ideas.

La humanidad se encuentra en una competencia feroz. No solo hay que hacerlo mejor que los demás. Es imperioso adelantárseles. El secreto de la derrota de los otros está en la velocidad. Este, que es el motor de la actividad empresarial y comercial, ha contamina las otras áreas de la existencia. La vida se acelera. Supuestamente vamos ganando. Van ganando, en verdad, los psiquiatras y los psicólogos. «Las pastillas contra la ansiedad», agrega mi amigo ateo. Los lentos están condenados a hacer las cosas mal. Las especies animales se extinguen, se agotarán las aguas y las personas no pueden perder un minuto.

«La calidad del tiempo se degrada», sentencia mi amigo. No hay posibilidad de parar, detenerse, respirar, mirar hacia arriba, hacia el lado. Mirar para atrás es un riesgo mortal. «Corre, corre, la guaraca, al que mira para atrás se le pega en la pelá», decíamos cuando niños.   Leer más…

Jorge Costadoat en Religión Digital, 27 de marzo de 2018


 

La SALUD de la Semana Santa

La Pasión de Jesucristo supone una excepción cultural al hedonismo dominante. El mayor éxito de la Semana Santa es su incorrección social. Su mayor desafío es contrarrestar la crisis demográfica y de fe que existe en todo occidente.

La Historia de Jesucristo será probablemente la más grande historia jamás contada. Más de veinte siglos nos alejan de unos sucesos originales que siguen transmitiendo una gran fuerza. El dolor y el sufrimiento no son culturalmente populares. La Pasión de Jesucristo supone una excepción cultural al hedonismo dominante, y quizás por eso aglutine tanto seguimiento y respeto como aversión. La Semana Santa además de subrayar el culto al sacrificio divino, subraya el realismo con el que el dolor y el sufrimiento forman parte de la vida.

La figura de Jesucristo suscita tanta adhesión como animadversión. La causa? Posiblemente la figura de Jesucristo -para unos histórica, para otros además religiosa, y para no pocos simplemente literaria- es atrayente porque transmite autenticidad, y con ello descubre nuestras luces y sombras. Todo lo que brilla también ensombrece.

El ser humano confunde a menudo sus deseos íntimos de felicidad con los de permanencia o eternidad, consciente como es de la finitud de la vida. Quizás eso explique su apetencia por las tradiciones, que con carácter cíclico se repiten para satisfacer su demanda de certezas.

El ser humano moderno o más bien posmoderno en occidente no es religioso sino emocional y ello puede explicar en parte, cierto auge de la religiosidad popular, más exo-dérmica que endo-dérmica, o al menos así lo ven muchos clérigos. Y es que la religiosidad popular es rebelde a la ortodoxia. Decía Oscar Wilde que Todo lo popular es incorrecto. Y eso podría decirse de las procesiones de Semana Santa, y la devoción popular, que son incorrectas porque el empeño del clero en canalizarlas hacia un más ortodoxo compromiso seglar dentro de sus comunidades es un rotundo fracaso. Esa pugna perenne entre los cofrades y el clero quizás se haya visto mitigada por la percepción mutua de que la Semana Santa está amenazada por la increencia y la secularización, a mi juicio más aparentes que reales.

Increencia, secularización y rechazo a la Semana Santa procesional son fenómenos cada vez más acusados en la sociedad. Una baja natalidad y la formación de nuevos tipos de familia de sin-credo agnóstico, hace que disminuya la práctica religiosa traducida no sólo en una menor asistencia a los oficios litúrgicos, sino en un decreciente número de penitentes y costaleros. Con la excepción quizás de los núcleos rurales, en las ciudades se perciben las procesiones como un fenómeno que suscita una multitudinaria curiosidad (más que rechazo), y como una atracción turística. La crisis religiosa en la sociedad española quizás por primera vez afecta no sólo a la práctica litúrgica sino también a las cofradías que dependen directamente del número (y no calidad) de los creyentes. Más devastadora es la crisis demográfica que la crisis religiosa.     Leer más…

Ángel Manuel Sánchez en Religión Digital, 28 de marzo de 2018


 

Ocaso de la religión en Europa: más de la mitad de los jóvenes no creen en Dios

Dos de cada tres chicos y chicas españoles no rezan nunca, según un estudio. La República Checa, el estado menos religioso; Polonia, el más católico del Viejo Continente.

El 55% de los españoles entre 16 y 29 años no confiesan ninguna religión, el 60% no asisten a oficios religiosos fuera de las ocasiones especiales y el 64% afirman que no rezan nunca. Son las principales conclusiones en lo que a nuestro país se refiere de un estudio de la Universidad de St. Mary de Londres, ‘Jóvenes adultos de Europa y la religión’. Un informe que demuestra, en palabras de su responsable Stephen Bullivant, que «la religión está moribunda» no solo en España sino en todo el viejo continente.

En plena Semana Santa, una festividad que suele estar caracterizada por las imágenes de fervor, el futuro del cristianismo se presenta mucho más sombrío en el continente de acuerdo con los datos de este informe, tomados de la encuesta social europea del periodo 2014-2016. Especialmente en 12 países donde una mayoría de los jóvenes de entre 16 y 29 años admiten que no son creyentes y que nunca o casi nunca acuden a la iglesia o rezan.

En este sentido, la República Checa es el estado menos religioso de Europa, ya que el 91% de sus jóvenes no tienen ninguna afiliación religiosa. Detrás, quedan Estonia, Suecia o los Países Bajos, todos ellos en una horquilla entre del 70% y el 80% de las personas estudiadas clasificándose a sí mismos como no religiosas.

En el extremo contrario se sitúa Polonia, el país que alberga más creyentes jóvenes entre su población, donde solo el 17% de los encuestados dijeron que no profesaban ningún credo. Le sigue Lituania, con el 25%. Curiosamente tanto los dos países más religiosos como los dos que menos fueron estados comunistas.

En los países más potentes de Europa también se observa un rápido declive de la religión, aunque no es tan pronunciado como en los anteriores. Así por ejemplo, en Francia el 64% de las personas entre 16 y 29 años admite no ser creyente, porcentaje que en Alemania baja al 45%. Unos datos que muestran que el catolicismo todavía goza de una salud razonable, pero que las próximas décadas pueden precipitar el declive.     Leer más…

Cameron Doody en Religión Digital, 28 de marzo de 2018

 

Clérigos y laicos denuncian al obispo de San Sebastián por haber creado un «agujero» de más de un millón de euros

Los firmantes del documento dicen que «se pone en riesgo el futuro de la Iglesia diocesana».

Monseñor Munilla ha perdido 700.000 euros en valores del Banco Popular, ha generado un «agujero» de más de un millón de euros y pretende taparlo con la venta de pisos y una llamada «reestructuración patrimonial» que, de llevarse a cabo, sería «una burla a la Iglesia de Guipúzkoa. Éste es el núcleo de la denuncia que un numeroso grupo de curas, religiosos y laicos lanzan públicamente contra el obispo de la diócesis donostiarra.

Sube de tono y de escala el creciente disenso, al que viene haciendo frente el polémico monseñor Munilla, desde que fue nombrado obispo de San Sebastián. Hasta ahora, los puntos de fricción con el prelado de la diócesis vasca se circunscribían a temas de moral sexual (su denostada homofobia) o a temas pastorales, circunscritos más bien al ‘jardín’ eclesiástico.

Ahora, la denuncia afecta a la supervivencia económica de la diócesis entera y de sus organismos centrales. Por eso, los clérigos y los laicos más comprometidos salen a la palestra, para denunciar la situación, sus causas y sus consecuencias, con un documento que puede ser la «puntilla» eclesiástica del polémico obispo.

El documento de cuatro páginas comienza constatando la bancarrota en la que, según los denunciantes, monseñor Munilla ha sumido a la diócesis desde que, en 2010, tomó posesión de la misma. Cuando Juan María Uriarte es sucedido por José Ignacio Munilla, «nuestra diócesis contaba con fondos más que holgados, con un superávit que permitía afrontar el futuro sin problemas».

Si se generó, pues, un «agujero de más de un millón de euros al año», como reconoció el vicario general en el último consejo presbiteral, se debe a la mala gestión económica del obispo durante estos últimos 8 años.

Los denunciantes concretan las causas de este «agujero». En primer lugar, «parte del déficit del último ejercicio se debe a una pérdida de 700.000 euros en valores del Banco Popular», explican. El resto hay que atribuírselo, según los datos del propio obispado, al mantenimiento del patrimonio: «Cada año estamos destinando más de 500.000 euros al patrimonio», explicaba, en el último consejo presbiteral, el vicario general de la diócesis.

Los firmantes del documento se quejan, asimismo, de que monseñor Munilla está actuando, en este ámbito como en otros muchos, «de espaldas a la diócesis». Y es que, en un tema tan delicado que «pone en riesgo del futuro de nuestra Iglesia diocesana», lo único que conocen los sacerdotes y los fieles es «un texto impreciso e improvisado, que se presentó como propuesta de reestructuración patrimonial» ante el Consejo Presbiteral de la diócesis.    Leer más…

José Manuel Vidal en Religión Digital, 28 de marzo de 2018

 

María Magdalena, de prostituta a apóstol de los apóstoles


Juan G. Bedoya

Entre todos, han forzado al Vaticano a rectificar los infundios sobre la Magdalena, a remolque también de los movimientos feministas. La iglesia rescató desde 2016, por orden del papa Francisco, a la mujer que fue tachada durante siglos de poseída por siete demonios.  Leer más