DOMINGO 1º (B)  BAUTISMO DE JESÚS-Fray Marcos

(Is 42,1-7) Mirad a mi siervo el preferido, sobre él he puesto mi espíritu.

(Hch 10,34-38) Jesús, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu.

(Mc 1,6-11) Vio al Espíritu bajar sobre él como una paloma.

El verdadero Jesús no puede ser concebido sin Espíritu. Eso pasa también con nuestro verdadero ser; será siempre obra del Espíritu.

Estamos en el primer domingo del “tiempo ordinario”. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el evangelio. Para Marcos, es el comienzo. El relato es la clave para comprender todo su evangelio. Hay pocas dudas sobre la historicidad de hecho. Lo narran los tres sinópticos, y Jn más contundente, lo da por supuesto.

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubiera tenido importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí la necesidad de dejar clara, en todos los relatos, la diferencia entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con este relato es muy importante. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una búsqueda de su identidad que manifestó durante toda su vida. Para aceptar este punto de vista tenemos que admitid que fue verdadero hombre. Esto no es fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que hicieron tantas “judiadas” y murió como murió, nos obliga a aceptar que fue un hombre.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a al vez, hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de los que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez, blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris…

A través de la historia, nos hemos visto “obligados” a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) aceptar las formulaciones sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superara la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud humana y la plenitud divina.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como la de cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse para alcanzar plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir al Bautista. Hacia trescientos años que no había profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara, nos lleva más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino cómo nos lo dicen. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, emplea una imagen sensible, como paloma. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él como normalmente se entiende. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel. Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza en picado desde lo alto. La misma Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

El Espíritu transforma a Jesús, y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión.  Están hablando del nuevo nacimiento del agua y del Espíritu. Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo había vivido él. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu. Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que celebramos hoy es más importante que lo que hemos celebrado en Navidad.

No debemos pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. «No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará». (Isaías)

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó todo lo conocido. Se atreve a llamarle “Abba” (papá). Hace su voluntad: Le escucha siempre. El mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios. El único objetivo de su misión fue que nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Toda relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu

 Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado, es la base del verdadero amor. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas, dice: “y mientras oraba…” El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser, es el mismo ser de Dios.

El cielo rasgado, recuerda a Isaías: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”. El cielo se había cerrado. Hacía siglos que Dios no hablaba a través de sus profetas; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio del ser humano que se siente identificado con Dios. Mc está trasmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro dice: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

JAUNAREN BATAIOA – José A. Pagola

B (Marcos 1,7-11)

JESUSEK ESPIRITU SANTUAZ BATAIATZEN DU – BAUTISMO DEL SEÑOR

Bataiatzaileak beste jende gutxik bezala irudikatzen du aldi guztietako gizon-emakumeen ahalegina: garbitzeko, bere bizitza birnorabidetzeko eta bizitza duinago bat hasteko. Hau du bere mezua: «Egigun penitentzia, itzul gaitezen bide onera, ipin dezagun ordenu pixka bat geure bizitzan». Hauxe da entzuten duguna kontzientziaren barnean ere behin baino gehiagotan: «Aldatu beharra dut, pertsona hobea izan beharra, era duinagoan jardun beharra».

Garbitzeko gogo hau jatorra da eta ezinbestekoa, baina ez da aski. Erroreak zuzentzen saiatuko gara, geure eginbeharrak erantzukizun handiagoz betetzen saiatuko, gauzak hobeto egin nahi izango, baina, horrenbestez, ez da ernetzen gugan ezer benetan berririk, ezer liluragarririk. Laster, denboraldi baten ondoren, betiko eskastasunera itzuliko gara, erdipurdiko izatera. Bataiatzaileak berak ere aitortu ditu bere ahaleginaren mugak: «Nik urez bakarrik bataiatzen zaituztet; beste ahaltsuago batek Espirituaz eta suaz bataiatuko zaituzte».

Jesusen bataioak mezu berri bat dakar, Bataiatzailearena errotik gainditzen duena. Ebanjelariek arduraz zaindu dute eszena. Zerua, itxirik eta sartu ezin zegoena, ireki da bere sekretua agirian ipintzeko. Irekitzean, ez du hustu munduan Bataiatzaileak iragarri ohi zuen Jainkoaren sumindurarik, baizik era Jainkoaren maitasuna ekarri du erregalu, Espiritua, Jesusengan baketsu pausatu dena. Zerutiko ahots hau entzun da: «Nire Seme maitea zara zu».

Argia da mezua: Kristorekin, zerua zabalik gelditu da; Jainkoagandik maitasuna bakarrik dario, eta bakea; konfiantzaz bizi ahal gara. Gure erroreak eta guzti, gure eskastasun jasanezina eta guzti, guretzat ere «zabalik gelditu da zerua». Guk ere entzun dezakegu, Jesusekin batera, Jainkoaren ahotsa: «Nire seme maitea, nire alaba maitea, zara zu». Aurrerantzean, bizitzari aurre egin ahal izango diogu, ez eten gabe garbitu beharreko izango genukeen «historia zikin» bezala, baizik eta «Jainkoaren seme-alaben duintasunaren» erregalu bezala, gozoki eta esker onez zaindu beharreko bezala.

Fede hau bizi duenarentzat, grazia-unez beterikoa da bizitza: seme-alaba baten jaiotza, pertsona batekin egindako topaketa, maitasun garbi baten esperientzia… gure bizitzan argi eta berotasun berriak ezartzen dizkigutenak. Bat-batean, iruditzen zaigu «zerua zabalik» dagoela. Zerbait berri hasi da gugan; bizirik sentitzen gara; gure bihotzean den gauzarik hobena iratzarri da. Agian sekretuki amestu genuena, ustekabeko erregalu eginik sumatu dugu: hasiera berri bat, garbitze desberdin bat, «Espirituaren bataio» bat. Esperientzia hauen hondoan, Jainkoa dago, Aita bezala maite gaituela. Beraren Maitasuna eta beraren Espiritua «bizi-emailea» dago.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Bautismo del Señor

El Bautista representa como pocos el esfuerzo de los hombres y mujeres de todos los tiempos por purificarse, reorientar su existencia y comenzar una vida más digna. Este es su mensaje: «Hagamos penitencia, volvamos al buen camino, pongamos orden en nuestra vida». Esto es también lo que escuchamos más de una vez en el fondo de la conciencia: «Tengo que cambiar, debo ser mejor, he de actuar de manera más digna».

Esta voluntad de purificación es noble e indispensable, pero no basta. Nos esforzamos por corregir errores, tratamos de cumplir con nuestro deber con más responsabilidad, intentamos hacer mejor las cosas, pero nada realmente nuevo se despierta en nosotros, nada apasionante. Pronto el paso del tiempo nos devuelve a la mediocridad de siempre. El mismo Bautista reconoce el límite de su esfuerzo: «Yo os bautizo solo con agua; alguien más fuerte os bautizará con Espíritu y fuego».

El bautismo de Jesús encierra un mensaje nuevo que supera radicalmente al Bautista. Los evangelistas han cuidado con esmero la escena. El cielo, que permanecía cerrado e impenetrable, se abre para mostrar su secreto. Al abrirse, no descarga la ira divina que anunciaba el Bautista, sino que regala el amor de Dios, el Espíritu, que se posa pacíficamente sobre Jesús. Del cielo se escucha una voz: «Tú eres mi Hijo amado».

El mensaje es claro: con Cristo, el cielo ha quedado abierto; de Dios solo brota amor y paz; podemos vivir con confianza. A pesar de nuestros errores y nuestra mediocridad insoportable, también para nosotros «el cielo ha quedado abierto». También nosotros podemos escuchar con Jesús la voz de Dios: «Tú eres para mí un hijo amado, una hija amada». En adelante podemos afrontar la vida no como una «historia sucia» que hemos de purificar constantemente, sino como el regalo de la «dignidad de hijos de Dios», que hemos de cuidar con gozo y agradecimiento.

Para quien vive de esta fe, la vida está llena de momentos de gracia: el nacimiento de un hijo, el contacto con una persona buena, la experiencia de un amor limpio… que ponen en nuestra vida una luz y un calor nuevos. De pronto nos parece ver «el cielo abierto». Algo nuevo comienza en nosotros; nos sentimos vivos; se despierta lo mejor que hay en nuestro corazón. Lo que tal vez habíamos soñado secretamente se nos regala ahora de forma inesperada: un inicio nuevo, una purificación diferente, un «bautismo de Espíritu». Detrás de esas experiencias está Dios amándonos como Padre. Está su Amor y su Espíritu «dador de vida».

José Antonio Pagola

Jaunaren Epifania – José A. Pagola

B (Mateo 2,1-12)

GURE EZGAITASUNA ADORATZEKO-NUESTRA INCAPACIDAD PARA ADORAR

Gizaki modernoa atrofiaturik gelditu da Jainkoa aurkitzeko. Arazoa ez da ateo izatea. Gertatzen da «Jainkoa nabaritzeko ezgai» bihurtu dela. Gizon edo emakume bati, maitasuna era beherakorrean bakarrik ikusi edo ezagutu duenean, beraren bizitza irabaziaren eta probetxuaren gogo egoistak bakarrik mugitzen duenean, zerbait zaio bihotzean lehortzen.

Askok bizi dute gaur egun estutzen eta pobretzen dituen biziera bat. Oso garaiz zaharkiturik, barnez gogorturik, beren bizitzako inongo zirrikitutik Jainkoari irekitzeko gaitasunik gabe, ibili dabiltza bidean inongo barne eta bidelagunik gabe.

Delp Alfred teologoak, naziek erail zutenak, «barne gogortasun» honetan ikusten zuen arriskurik handiena gizaki modernoarentzat: «Horrela, gizakiak utzi egin dio bere eskuak izarretara jasotzeari. Gaur egungo gizakiak adoratzeko, maitatzeko eta beneratzeko duen ezgaitasunak beraren bizitzako neurriz gaineko handinahia eta gogortasuna ditu bere sustraiak».

Jainkoa adoratzeko ezgaitasun hau orobat nagusitu da fededun askoz ere, soilik «Jainko baliagarri» bat bilatzen baitute, probetxugarri bat. Beren egitasmo indibidualistarako balio izango dien Jainkoa bakarrik dute amesten. Jainkoa, horrela, «kontsumo-gai» huts bihurtzen da, nork bere komenentziarako eta probetxurako erabil dezakeena. Jainkoa, ordea, beste zerbait da. Jainkoa Maitasun mugagabe da, gure giza bizitzan berean haragitu dena. Eta, Jainko honen aurrean, lehenengo gauza adorazioa da, bozkarioa, esker ona.

Hau guztia ahaztuko denean, kristautasunak mundua gizatiartzeko ahalegin erraldoi huts bat bilakatzeko arriskua izango du, eta Eliza tirandura den erakunde izango da beti, lur jota bizi dena, borroka-gai eta ahalegin-gai duen arrakasta morala ez lortzeko sentsaziopean bizi dena.

Alabaina, kristau-fedea, beste ezer baino lehen, Jainkoaren ontasunaren aurkikuntza da, berak bakarrik salbatzen gaituelako esker oneko esperientzia: Betlehemgo Haurraren aurrean magoek egin duten keinuak, gizon egin den Jainkoaren aurrean fededun orok bizi behar duen jarrera nagusia adierazten du.

Jainkoa bada. Existitzen da. Hor dago, gure bizitzaren hondo-hondoan. Berak onarturik gauzka. Ez gaude unibertsoan galdurik. Konfiantzaz bizi gintezke. Jainkoaren aurrean, zeinaz Maitasun bakarrik dela baitakigu, ez da poza, adorazioa eta esker ona besterik. Horregatik, «kristau batek, uste duenean jadanik ez dela gai otoitz egiteko ere, gutxienik poza bizi beharko luke» (Ladislao Boros).

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

NUESTRA INCAPACIDAD PARA ADORAR

El hombre actual ha quedado en gran medida atrofiado para descubrir a Dios. No es que sea ateo. Es que se ha hecho «incapaz de Dios». Cuando un hombre o una mujer solo busca o conoce el amor bajo formas decadentes, cuando su vida está movida exclusivamente por intereses egoístas de beneficio o ganancia, algo se seca en su corazón.

Muchos viven hoy un estilo de vida que los abruma y empobrece. Envejecidos prematuramente, endurecidos por dentro, sin capacidad de abrirse a Dios por ningún resquicio de su existencia, caminan por la vida sin la compañía interior de nadie.

El teólogo Alfred Delp, ejecutado por los nazis, veía en este «endurecimiento interior» el mayor peligro para el hombre moderno: «Así el hombre deja de alzar hacia las estrellas las manos de su ser. La incapacidad del hombre actual para adorar, amar y venerar tiene su causa en su desmedida ambición y en el endurecimiento de su existencia».

Esta incapacidad para adorar a Dios se ha apoderado también de muchos creyentes, que solo buscan un «Dios útil». Solo les interesa un Dios que sirva para sus proyectos individualistas. Dios queda así convertido en un «artículo de consumo» del que disponer según nuestras conveniencias e intereses. Pero Dios es otra cosa. Dios es Amor infinito, encarnado en nuestra propia existencia. Y, ante ese Dios, lo primero es la adoración, el júbilo, la acción de gracias.

Cuando se olvida esto, el cristianismo corre el peligro de convertirse en un esfuerzo gigantesco de humanización, y la Iglesia en una institución siempre tensa, siempre agobiada, siempre con la sensación de no lograr el éxito moral por el que lucha y se esfuerza.

Sin embargo, la fe cristiana es, antes que nada, descubrimiento de la bondad de Dios, experiencia agradecida de que solo él salva: el gesto de los magos ante el Niño de Belén expresa la actitud primera de todo creyente ante Dios hecho hombre.

Dios existe. Está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por él. No estamos perdidos en medio del universo. Podemos vivir con confianza. Ante un Dios del que solo sabemos que es Amor no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, «cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría» (Ladislao Boros).

José Antonio Pagola

Andre Maria, Jainkoaren Ama – B- Santa María, Madre de Dios. José A. Pagola 

(Lukas 2,16-21)

SALBATZAILEA JAIO ZAIGU – NOS HA NACIDO EL SALVADOR

Pixkana-pixkana lortuz goaz. Lortu dugu jadanik jai bihotz-bihotzeko batzuk ospatzea, beraien izateko arrazoia oraino ezagutu gabe. Batak bestea zoriontzen dugu eta ez dakigu zergatik. Eguberriak iragartzen dizkigute jai horiek, baina ezkutuan gelditzen da arrazoia. Jende askok ez daki jadanik zertan datzan jai hauen bihotza. Zergatik ez entzun Eguberrietako «lehen pregoia»? Lukas ebanjelariak eratu zuen Kristo ondoko 80. urte inguruan.

Kontaeraren arabera, gau iluna da. Bat-batean, «argitasun batek» bere distiraz inguratu ditu artzain batzuk. Ebanjelariak dio «Jaunaren aintza» dela. Handiosa da irudia: gaua argiturik geratu da. Alabaina, artzainak «beldurrak jota» gelditu dira. Ez dira ilunaren beldur, baizik eta argiaren beldur. Horregatik, iragarpena hitz honekin hasi da: «Ez beldur izan».

Ez dugu harritu behar. Nahiago izaten dugu ilunpean bizi. Beldurra ematen digu Jainkoaren argiak. Ez dugu egian bizi nahi. Egun hauetan bere bizitzan argi eta egia gehiago jarriko ez duenak ezin ospatuko ditu Eguberriak.

Mezulariak jarraitu du: «Berri On bat dakarkizuet, poz handia herri guztiarentzat». Eguberrietako poza ez da beste bat gehiago. Ez dugu nahasi behar edozein ongizate, asetasun edota gozamenekin. Poz «handi» bat da, ezin nahasizkoa, Jesusen «Berri Onetik» datorrena. Horregatik «herri guztiarentzat» da, eta, batez ere, sufritzen ari eta triste bizi direnengana iritsi behar du.

Baldin eta Jesus jadanik «berri on» bat ez bada, beraren Ebanjelioak jadanik ezer esaten ez badigu, Jainkoagandik bakarrik iristen ahal zaigun poza ezagutzen ez badugu, baldin eta jai hauek bakoitzak bere ongizatea edota gozamen erlijioso egoista ospatzera mugatzen baditugu, Eguberriak ez beste edozer gauza ospatuko dugu.

Hau da Eguberriak ospatzeko arrazoi bekarra: «Salbatzailea jaio zaizue gaur». Haur hori ez zaie jaio Mariari eta Joseri. Ez dute berena. Guztiena da. Munduaren «Salbatzailea da». Bakarra, zeinengan jartzen ahal baitugu geure azken esperantza. Ezagutzen dugun mundu hau ez da behin betiko egia. Jesu Kristo da esperantza, ezen gaur egun den-dena inguratzen duen zuzengabekeria ez dela nagusi izango betiko.

Esperantza hau gabe ez dago Eguberririk. Iratzarriko ditugu geure sentimendurik hoberenak, gozatuko dugu geure etxeaz eta adiskidetasunaz, erregalu egingo geure buruari zoriontasun-unerik. Ona da hori guztia. Oso ona. Artean ez da, ordea, Eguberri.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

NOS HA NACIDO EL SALVADOR

Poco a poco lo vamos consiguiendo. Ya hemos logrado celebrar unas fiestas entrañables sin conocer exactamente su razón de ser. Nos felicitamos unos a otros y no sabemos por qué. Se anuncia la Navidad y se oculta su motivo. Muchos no recuerdan ya dónde está el corazón de estas fiestas. ¿Por qué no escuchar el «primer pregón» de Navidad? Lo compuso el evangelista Lucas hacia el año 80 después de Cristo.

Según el relato es noche cerrada. De pronto, una «claridad» envuelve con su resplandor a unos pastores. El evangelista dice que es la «gloria del Señor». La imagen es grandiosa: la noche queda iluminada. Sin embargo, los pastores «se llenan de temor». No tienen miedo a las tinieblas, sino a la luz. Por eso el anuncio empieza con estas palabras: «No temáis». No nos hemos de extrañar. Preferimos vivir en tinieblas. Nos da miedo la luz de Dios. No queremos vivir en la verdad. Quien no ponga estos días más luz y verdad en su vida no celebrará la Navidad.

El mensajero continúa: «Os traigo la Buena Noticia, la gran alegría para todo el pueblo». La alegría de Navidad no es una más entre otras. No hay que confundirla con cualquier bienestar, satisfacción o disfrute. Es una alegría «grande», inconfundible, que viene de la «Buena Noticia» de Jesús. Por eso es «para todo el pueblo» y ha de llegar sobre todo a los que sufren y viven tristes.

Si ya Jesús no es una «buena noticia»; si su Evangelio no nos dice nada; si no conocemos la alegría que solo nos puede llegar de Dios; si reducimos estas fiestas a disfrutar cada uno de su bienestar o a alimentar un gozo religioso egoísta, celebraremos cualquier cosa menos la Navidad.

La única razón para celebrarla es esta: «Os ha nacido hoy el Salvador». Ese niño no les ha nacido a María y José. No es suyo. Es de todos. Es «el Salvador» del mundo. El único en el que podemos poner nuestra última esperanza. Este mundo que conocemos no es la verdad definitiva. Jesucristo es la esperanza de que la injusticia que hoy lo envuelve todo no prevalecerá para siempre.

Sin esta esperanza no hay Navidad. Despertaremos nuestros mejores sentimientos, disfrutaremos del hogar y la amistad, nos regalaremos momentos de felicidad. Todo eso es bueno. Muy bueno. Todavía no es Navidad.

José Antonio Pagola

Fiducia supplicans: «No es lo que cambia, sino el pánico a los pasos que puedan seguir»

Religión Digital

Francisco ha mostrado no solo la “misericordia de Dios”, que acepta y acoge a todos, sino la necesidad de que la actual legislación eclesial cambie. Que se den reales y concretos pasos para que esas personas sientan que, verdaderamente, no solo Dios sino la Iglesia en su legislación y su práctica concretas, los reconocen personas normales y con todos sus derechos

Se cuida muy bien de dos cosas: de que nadie pueda decir que se dan pasos hacia la consideración de esas “situaciones irregulares de pareja” como sacramento y de que no haya ningún rito establecido para que las “bendiciones” otorgadas se vean como pasos que puedan equiparar o conducir a pensar en ello, que no confunda o pueda confundir a nadie

Enorme revuelo se ha armado en la iglesia a propósito de la declaración Fiduci supplicans, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y firmada por el papa Francisco. El Dicasterio está presidido por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Víctor Manuel Fernandez, quien fuera contestado severamente por el sector más conservador de la Iglesia desde el momento de su nombramiento como Prefecto de tal Dicasterio (antiguamente llamado “el Santo Oficio”). Sinceramente fue uno de los pasos más audaces del actual Papa en la Reforma de la Curia. Paso que otros muchos agradecemos.

Ahora, al publicarse la Declaración, las reacciones en contra no se han hecho esperar. Veamos algunas cuestiones de fondo:

  1. El documento explícitamente trata sobre “las bendiciones a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo”, no de otra cosa..Leer más (José Mª Rojo G)

Felicitación incómoda

Diario de Noticias de Navarra

Este año me es muy difícil decir: Feliz Navidad. Lo siento. Ni deslumbrado por las lucecitas parpadeantes de las calles ni sobreestimulado por la propaganda y los medios de comunicación, me sale decir: Feliz Navidad. A través del espumillón multicolor de ventanas y escaparates contemplo con extrañeza cómo la gente camina apresuradamente, estresada para comprar compulsivamente, agobiada por preparar comidas y cenas donde algunos tienen que trabajar mucho (la mayor parte mujeres, es una realidad) para que todos comamos demasiado. Ya no es que hayamos olvidado que recordamos el nacimiento de un judío rebelde que echó un órdago a los poderes religiosos y políticos de su tiempo y lo perdió, es que parece que hemos olvidamos también la celebración del sol invictus, signo que nos recuerda una naturaleza en continua muerte y siempre en resurrección. Nos han convertido en seres unidimensionales con unas orejeras bien puestas: producir y consumir.

Me pregunto qué pensarían los que bracean en un cayuco tras naufragar en el intento de buscar el pan de cada día, una vida con un mínimo de dignidad, si viesen nuestras mesas repletas de manjares y en las que no cabe ni una copa más. Me pregunto qué pensarían todos padres y madres que lloran a sus hijos muertos en guerras en las que no tenían ni arte ni parte y en las que alguien los alistó forzosamente, si viesen nuestras casas decoradas de pino o acebo, de pecas de confeti y con portal de reyes, mula y buey incluidos; y a nosotros con esa sonrisa profidén que no debe faltar porque alguien ha dicho “llegó Navidad” y decretado que tenemos que ser felices, comamos o no perdices…Leer más (Pedro Miguel Ansó)

AÑO NUEVO  (B) – Fray Marcos

(Nm 6,22-27) El Señor te bendiga, te proteja, se fije en ti, te conceda la paz

(Gal 4,4-7) Al cumplirse el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido bajo la Ley

(Lc 2,16-21) A los ocho días tocaba circuncidar al niño, le llamaron Jesús. 

No te conformes con vegetar, vive la plenitud que te invade. El secreto de toda espiritualidad es experimentar lo que ya eres.

El texto de Lucas que acabos de leer, aunque es solo un relato, está en línea con lo que venimos diciendo estos días: total inserción de Jesús en este mundo y en las tradiciones judías. Al decirnos que María rumiaba todo esto, está haciéndonos ver la importancia de lo que estaba pasando dentro de ella y de los demás protagonistas. Importante el nombre: Jesús=Dios salva, lo dice todo. Queda desvelado el misterio.

El tema de María Madre merecería más aclaración de la que permite este pequeño comentario. ¡Claro que la maternidad de María es un dogma! Pero no se discutió en el concilio como un tema mariológico, sino cristológico. Fue definido en Éfeso en el 431. Pronto fue mal entendido (hay que tener en cuenta que, en aquella ciudad, se veneraba a la «Magna Mater», diosa virgen Artemisa o Diana) y tuvo que ser aclarado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) matizando lo formulado en Éfeso, concretando que María era madre de Dios «en cuento a su humanidad».

Debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado este dogma. Se definió como un intento de confirmar, contra la herejía nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús, que el fruto del parto de María fue una única persona. No olvidemos que el concilio de Éfeso lo promovió Nestóreo para condenar a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo; y por lo tanto que María era con pleno sentido, madre de Dios. A Nestóreo le salió el tiro por la culata, pero faltó el canto de un duro para que se condenara como herejía lo que se definió como dogma.

En efecto, en una primera sesión, sin la asistencia de Nestóreo, que no quería que se celebrara antes de que llegara su amigo el patriarca de Antioquia, se definió el dogma condenando a Nestóreo. Cuando a los pocos días llegó su amigo Juan de Antioquia, se celebró una sesión paralela y definieron lo contrario, condenando a Cirilo. Visto lo cual, el Emperador Teodosio depone a los dos y los encarcela. Unos días más tarde, cuando llegan los delegados del Papa, convencen al emperador para que acepte lo definido en la primera sesión y libere a Cirilo. A Nestóreo le obligó a retirarse a un monasterio. Teodosio decidió qué era dogma y qué, herejía.

Este dogma es el mejor ejemplo de cómo conservando las palabras, tergiversamos el sentido. Cuando se definió el dogma, se tenía una idea completamente distinta de la maternidad. Se creía que la madre era el recipiente donde el varón depositaba la semilla del nuevo ser, en el que la madre no tenía mas misión que la de acogerle y alimentarle. De hecho, la traducción correcta del termino griego «theotokos», sería «la que pare a Dios». Solo desde esa concepción de la maternidad, se pudieron desarrollar las mitologías sobre seres humanos que se consideraron hijos de Dios.

Hoy celebramos que María hace presente a Dios alumbrando a Jesús. S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. El evangelio deja claro lo que es importante en María. Cuando le dicen a Jesús, que su Madre y sus hermanos están fuera, contesta: ¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Seguimos tergiversando el evangelio

Año Nuevo Estay en el tiempo para darme cuenta de lo que soy y descubrir que estoy ya en la eternidad. Mi ser no está en el chronos sino en el kairos. Mi ser lo constituye lo que de divino hay en mí. Soy plenitud y eterno. Mi individualidad es apariencia. No debo empeñarme en meter a Dios en el tiempo, sino en salir yo de él. Soy la ola que aún no ha descubierto que es océano. El océano aun no se ha reflejado en mí. Si descubro que soy océano, el océano me dirá que es ola. Cuando Jesús dice: “Yo y el padre somos uno», no lo dice desde el falso yo, sino desde su verdadero ser. Es lo que hay en mí de Dios quien dice: Yo y Dios somos uno.

El tiempo en el que se desarrolla nuestra existencia tiene mucha importancia, pero solo como medio para conseguir esa toma de conciencia que me hará trascender. Nuestra reflexión tiene que estar encaminada a descubrir qué estoy haciendo yo con mi tiempo. Puedo estar malgastando lo que se me ha dado para que lo aproveche. Van pasando mis años y con ellos las oportunidades de dar verdadero sentido a mi vida. Esta tiene que ser mi preocupación cuando estamos pasando de un año a otro.

Día de la paz. Creo que merece la pena hacer una denuncia de las circunstancias en las que nos encontramos y poner un poco de luz en la maraña de informaciones e intereses que nos envuelven. En nombre de la libertad, no se puede defender todo.  En nombre de la libertad religiosa no se puede propugnar ideas que vayan contra los más elementales derechos de las personas ni siquiera de una sola persona. En nombre de la libertad política no se pueden defender ideas que no respeten los derechos fundamentales de los demás. Tengo obligación de defender mis derechos; pero mis derechos terminan donde empiezan los derechos del otro.

Debemos desenmascarar el fariseísmo de nuestro mundo que se atreve a celebrar un día de la paz, mientras está sosteniendo, por acción o por omisión, situaciones de injusticia sangrantes. Nos hemos arrogado el derecho de decidir quién es el bueno y quien es el malo. Nos hemos colocado en estadios éticos anteriores a la ley del talión. En ella se decía que, si te rompen un diente, tienes derecho a romperle un diente al agresor, no toda la dentadura. Hoy estamos oyendo todos los días, que hay que romperle todos los dientes al otro, porque si no, el día de mañana me puede morder.

No es deseable la paz a cualquier precio. A nade le interesa la paz de los cementerios. Tampoco debía interesarnos la paz sobre la que se fundaron todos los imperios, desde el egipcio hasta el que padecemos hoy. La paz que se basa en la fuerza no es verdadera paz. No se trata solo de la fuerza física; también la fuerza de una legalidad que hemos construido los poderosos basados en la ley del embudo. La norma debe ser la verdadera justicia. Hemos pasado milenios predicando la guerra justa. No he encontrado esa idea en ninguna parte del evangelio. Toda violencia es inhumana.

La paz no se puede conseguir directamente. Es un fruto y, como tal, si quiero recogerlo, tengo que plantar primero el árbol y cuidarlo. El mínimo indispensable para que surja la paz es la justicia. La paz para el que tiene el poder, es que nadie se mueva. Para el que está sometido a la injusticia será algo muy distinto. Si nos interesa la paz, debemos luchar cada día por abandonar toda opresión (el pecado del mundo) y entrar en la dinámica del amor. Si de verdad queremos la paz, tendremos que dar voz a los que sufren la violencia y nos indicarían como alcanzar la verdadera justicia.

LA SAGRADA FAMILIA – FRAY MARCOS

(Eclo 3,3-17) El que respeta a sus padres, acumula tesoros.

(Col 3,12-21) Sea vuestro uniforme: misericordia, bondad, humildad, dulzura

(Lc 2,22-40) El niño crecía, se robustecía y se llenaba de sabiduría.

En Navidad lo humana y lo divino se han identificado. El marco familiar nos ayuda a desplegar lo divino en lo humano.

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era inviable, tanto por motivos religiosos o sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido entre los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer no es histórico, pero es rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lucas quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona que es el valor supremo. Las instituciones no son santas, menos aún sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses egoístas a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia, cualquier modelo de familia, puede ser el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, no solo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El hombre solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. Y toda familia es el marco privilegiado.

La familia es el marco más apropiado para las relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo específico de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como único modelo cristiano, sin hacer la más mínima critica.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantean los distintos modelos de familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio es indisoluble. Más del 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy para mantener un matrimonio se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que surjan dificultades insuperables.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el uniforme modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a la institucione, sino a la actitud que debían tener cada ser humano en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita o promueva esta relación puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separe una pareja que no se ama. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es a la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento ciertamente es indestructible. Pero para que haya sacramento es imprescindible el amor auténtico.

31 de diciembre – La Sagrada Familia – Koinonía

Eclesiástico 3,2-6.12.14

El que teme al Señor honra a sus padres

Dios hace al padre más responsable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Salmo responsorial: 127

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor / y sigue sus caminos. / Comerás del fruto de tu trabajo, / serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda, / en medio de tu casa; / tus hijos, como renuevos de olivo, / alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre / que teme al Señor. / Que el Señor te bendiga desde Sión, / que veas la prosperidad de Jerusalén / todos los días de tu vida. R.

Colosenses 3,12-21

La vida de familia vivida en el Señor

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Lucas 2,22-40

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

DESARROLLO DE LOS TEXTOS:

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen

referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico,

escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de

Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa

agradable a los ojos de Dios, y que no quedará sin recompensa. Los hijos que veneren a

sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún

conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una

mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos

en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino

de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente

notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de

pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función

insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a

los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último

lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres

y mentalidad de su época y de la cultura greco-romana, la exhortación a virtudes como la

mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es siempre bienvenida

El evangelio de Lucas que hoy meditamos nos cuenta, dentro del género de los

«relatos de la infancia», el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también

por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy

importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en

el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente», la que fue la cristología

clásica, se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente,

Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», porque ya era perfecto

desde siempre… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en

estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que

Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría», ¡e incluso «en

gracia»!

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a

desvincularnos de los planteamientos griegos estáticos, metafísicos. La «encarnación» no

se habría dado en un momento, como un chispazo de conexión instantánea entre dos

«naturalezas», la divina y la humana, sino que, en todo caso, habría que pensarla como

un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con los demás. Se requiere

humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdón. Así procede Dios con

nosotros, dice Pablo. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v. 12-13). Pero, “por

encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una

metáfora frecuente en sus cartas (v. 14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en

nuestros corazones (v. 15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un

proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las

relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos

lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-

42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de

Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo

encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche:

“¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48).

La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón

parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar

en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato,

estaban aprendiendo (v. 50), como nosotros.

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José

maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán

paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en

su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la

misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil,

que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la

primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres

exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María

“se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la

Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 138 de la serie «Un tal Jesús», de

los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un viejo con esperanza». El audio, el guión y un

comentario bíblico-teológico ad hoc pueden ser tomados de aquí:

https://radialistas.net/article/138-un-viejo-con-esperanza/

NAVIDAD 2023  (B) Fray Marcos

(Eclo 24,1-16) «Eché raíces en un pueblo glorioso, en la porción del Señor.»

(Ef 1,3-18) «El Padre de la gloria os dé espíritu de revelación para conocerlo

(Jn 1,1-18) «Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.»

Solo la experiencia de Dios puede llevarnos a la comprensión del Prólogo. Vive esa realidad aquí y ahora y todo se iluminará.

Retomamos la idea central de la Navidad: La palabra se hizo carne, se hizo vida, se hizo luz. La encarnación es verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura. Se trata de himno cristológico anterior a la redacción del evangelio, fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo el evangelio. Es prólogo, pero con la misma rotundidad podía ser epílogo.

Es una osadía atreverme a comentar este texto. Ni tengo la preparación filosófica y teológica suficiente ni la experiencia mística para hincarle el diente. El único consuelo es saber que lo que digo no es palabra de Dios, sino solamente un apunte que pueda ayudar a alguno a encontrar la dirección de su propia búsqueda. Querer expresar una experiencia mística con palabras es sencillamente descabellado, por eso se recurre a un lenguaje simbólico, poético que violenta el sentido normal de las palabras.

El primer versículo nos dice ya tres cosas: Que el Logos está en el origen (En el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro. (La Palabra estaba vuelto hacia Dios). Que, aunque distintos uno y otro eran lo mismo (La Palabra era Dios, Dios era la Palabra). Al comenzar con la misma palabra que el Génesis, nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo.  Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre. Arch no significa principio de tiempo sino origen, fundamento, anterior al tiempo.

La traducción de Logos por Palabra, no es la más adecuada, porque se pierde la originalidad del concepto. La palabra Logos ya existía, pero el concepto al que quiere aludir, es nuevo. Esta palabra se encuentra por primera vez en Heráclito. s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde parece que se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material (panta rei). La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces en sus escritos. En NT tiene un amplísimo y a veces contradictorio significado; desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico único del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones literarios anteriores. Ese concepto no se vuelve a repetir ni siquiera en Juan. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que en un momento dado se ejecuta. Dios crea por medio de su Palabra. También nos puede ayudar a comprender lo que quiere decir, la idea de Sabiduría preexistente de los libros sapienciales.

Es muy interesante la expresión: «junto a Dios» (pros ton qeon)= vuelto hacia, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación pero no se confunda con Dios. En griego (Kai qeos en o Logos) y en latín (et Deus erat Verbum), se dice que la Palabra era Dios, pero también que Dios era la palabra. qeos está sin artículo. Podíamos traducir: lo que era Dios, lo era la Palabra. Para los judíos, Dios era el totalmente trascendente; no podía haber otro. Para los helenistas, el peligro era lo contrario, el politeísmo. Por eso dice que ni es una “mónada” ni son dos.

Por medio de la Palabra se hizo todo”. En el AT Dios crea por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del sentido primero. Quiere decir que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata sólo de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto.

En la Palabra había Vida, y la Vida era la luz de los hombres”. Ojo al dato: No llegamos a la Vida a través de la luz, sino al revés. Jesús no es un Maestro que nos trae salvación con su enseñanza (como se da a entender en otras cristologías) sino Vida que nos lleva a la comprensión total viviéndola. Para la espiritual, el concepto es clave. Vivir es anterior a comprender. Sin vivencia no podremos comprender nada.

       Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Juan se percibe esa lucha entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente. En un escrito de Qunrám se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley.

Pero a cuantos la recibieron… Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron, pero otros sí la recibieron. Se habla de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de aceptar su persona. Sería: Los que confían en el espíritu de Jesús. Les da poder para ser hijos de Dios. Aquí está la buna noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Juan, se ve una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Para designar a Jesús dice uios y tekna para designar a otros, se emplea aquí y en Jn 11,52.

Es muy importante aclarar este concepto. En AT se usa la expresión “hijo de Dios” para referirse a los ángeles, al rey y al pueblo. Estos conceptos no sirven ni para aplicarlos a Jesús ni a los demás hombres. Nos dan una pista para poder comprender lo que quiere decir Juan. En el AT, el término hijo, se empleaba con sentido mesiánico. Se decía del enviado a cumplir una tarea de salvación en nombre de Dios. Esta idea unida a la de la Sabiduría pudo dar origen al concepto de “Hijo”, ser preexistente vuelto al Padre.

       Y la Palabra si hizo carne. Meta de toda lo anterior. Se trata de la nueva presencia. Dios no está ya en el templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja una margen para el misterio. Para la antropología semita hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu, son aspectos de una solo realidad, el hombre. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne, sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios.

Y habitó entre nosotros». “eskenosen» significa plantar una tienda para vivir. Hace referencia a la presencia de Dios entre pueblo (tienda del encuen­tro). También de la Sabiduría se dice: “Habita en Jacob, pon tu tienda en Israel”. Siendo uno de nosotros, levantando su tienda en nuestro propio campamento, hizo presente y visible a Dios.