Urteko 3. igandea – Domingo 3º T.O. – José A. Pagola

B (Marcos 1,14-20)

 JESUSEK ARNASTU ZUEN IRRIKA – LA PASIÓN QUE ANIMÓ A JESÚS

Zehazki esateko, Jesusek ez zuen irakatsi «doktrina erlijiosorik» beraren jarraitzaileek ikasi eta zuzen heda zezaten. Jesusek, hobeto esateko, «gertaera» bat iragarri du, onartu beharrekoa, den-dena alda baitezake. Bera esperimentatzen da jadanik: «Jainkoa murgiltzen ari da gizakiaren bizitzan bere indar salbatzaileaz. Lekua prestatu behar zaio».

Ebanjelio zaharrenaren arabera, Jainkoaren Berri On hau hots egiten zuen Jesusek: «Bete da epea. Hurbil da Jainkoaren erreinua. Bihotz-berri zaitezte eta sinetsi Berri Ona». Jesusen mezuaren laburpen ona da: «Gainean da aldi berri bat. Jainkoak ez gaitu bakarrik utzi nahi geure problemen eta erronken aurrean. Gurekin batean eraiki nahi du bizitza gizatiarrago bat. Aldatu pentsaeraz eta jardueraz. Bizi zaitezte Berri On hau sinetsiz».

Adituek uste dute ezen Jesusek «Jainkoaren erreinu» deitzen duen hau dela beraren mezuaren bihotza eta beraren bizitza arnasten duen irrika guztia. Harrigarria da, ordea, Jesusek ez duela azaldu inoiz ere zuzenean zertan datzan «Jainkoaren erreinua». Egin duena, iradokitzea da parabola ahantzezinetan nola diharduen Jainkoak eta nolakoa izango litzatekeen bizitza berak bezala jokatuko lukeen jenderik balego.

Jesusentzat, «Jainkoaren erreinua» bizitza da, Jainkoak eraiki nahi duena bezalakoa. Horixe zen barnean zeraman sua: nolakoa izango zen bizitza Inperioan, Erroman, Jainkoa izan balitz errege eta ez Tiberio? Nola aldatuko liratekeen gauzak, imitatu balitz, ez Tiberio, soilik boterea, aberastasunak eta ohorea baititu gogoko, baizik Jainkoa, zuzentasuna eta azkenak direnentzat errukia eskatzen baititu.

Nolakoa izango ote zen bizitza Galileako herrixketan baldin eta Tiberiadesen Jainkoa izan balitz errege eta ez Antipas?, nola aldatuko ote zen gauza oro baldin eta jendea izan balitz, ez lurjabe handien antzeko, soilik boterea, aberastasunak eta ohorea bilatzen baitzuten, baizik eta Jainkoaren antzeko, jaten ikusi nahi baitzituen eta ez goseak akabatzen.

Jesusentzat, Jainkoaren erreinua ez da amets bat. Jainkoak munduan aurrera eraman nahi duen egitasmoa da. Beraren jarraitzaileek ukan behar duten helburu bakarra. Nolakoa izango ote litzateke Eliza, baldin eta bizitza eraikitzera emanik biziko balitz, Jainkoak nahi duen bezalako, eta ez munduko handiek nahi dute bezalako?, nolakoak izango ote ginateke kristauok Jainkoaren erreinura bihurtuz biziko bagina?, nolako borroka egingo ote genuke gizaki guztientzat «egunean eguneko ogi» bila biziko bagina?, nola hots egingo ote genuke: «Etor bedi zure erreinua»?

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

LA PASIÓN QUE ANIMÓ A JESÚS

Propiamente, Jesús no enseñó una «doctrina religiosa» para que sus discípulos la aprendieran y difundieran correctamente. Jesús anuncia más bien un «acontecimiento» que pide ser acogido, pues lo puede cambiar todo. Él lo está ya experimentando: «Dios se está introduciendo en la vida con su fuerza salvadora. Hay que hacerle sitio».

Según el evangelio más antiguo, Jesús proclamaba esta Buena Noticia de Dios: «Se ha cumplido el plazo. Está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia». Es un buen resumen del mensaje de Jesús: «Se avecina un tiempo nuevo. Dios no quiere dejarnos solos frente a nuestros problemas y desafíos. Quiere construir junto a nosotros una vida más humana. Cambiad de manera de pensar y de actuar. Vivid creyendo esta Buena Noticia».

Los expertos piensan que esto que Jesús llama «reino de Dios» es el corazón de su mensaje y la pasión que alienta toda su vida. Lo sorprendente es que Jesús nunca explica directamente en qué consiste el «reino de Dios». Lo que hace es sugerir en parábolas inolvidables cómo actúa Dios y cómo sería la vida si hubiera gente que actuara como él.

Para Jesús, el «reino de Dios» es la vida tal como la quiere construir Dios. Ese era el fuego que llevaba dentro: ¿cómo sería la vida en el Imperio si en Roma reinara Dios y no Tiberio?, ¿cómo cambiarían las cosas si se imitara no a Tiberio, que solo busca poder, riqueza y honor, sino a Dios, que pide justicia y compasión para los últimos?

¿Cómo sería la vida en las aldeas de Galilea si en Tiberíades reinara Dios y no Antipas?, ¿cómo cambiaría todo si la gente se pareciera no a los grandes terratenientes, que explotan a los campesinos, sino a Dios, que los quiere ver comiendo y no muertos de hambre?

Para Jesús, el reino de Dios no es un sueño. Es el proyecto que Dios quiere llevar adelante en el mundo. El único objetivo que han de tener sus seguidores. ¿Cómo sería la Iglesia si se dedicara solo a construir la vida tal como la quiere Dios, no como la quieren los amos del mundo?, ¿cómo seríamos los cristianos si viviéramos convirtiéndonos al reino de Dios?, ¿cómo lucharíamos por el «pan de cada día» para todo ser humano?, ¿cómo gritaríamos: «Venga tu reino»?

José Antonio Pagola

3º domingo de tiempo ordinario – Koinonía

Jonás 3,1-5.10

Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Salmo responsorial: 24

Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.

1Corintios 7,29-31

La representación de este mundo se termina

Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Marcos 1,14-20

Convertíos y creced en el Evangelio

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció, y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»… es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana, sin duda. Es, claramente, un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí «arriba, ahí afuera», ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir… Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es en realidad un misterio que no puede ser reducido a una imagen o una imaginación antropomórfica semejante.

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras–, y hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de veinticinco siglos, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar –en esta u otra ocasión– el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico (o ancestral) sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a ser críticos y a utilizar otro.

Éste podría ser, sin más, el buen tema de reflexión central para la homilía de hoy. Es más que suficientemente importante. Recomendamos el libro del obispo anglicano John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial», Abya Yala, Quito 2011, http://tiempoaxial.org).

La lectura dela 1ª carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso Pablo puede afirmar que «la presentación de este mundo se termina», es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal–afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado –es que se ha cumplido el plazo de su espera– y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 14 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/14-los-cinco-primeros/

Una Iglesia irrelevante en una España polarizada y atomizada

Religión Digital

El término “polarizado” está lamentablemente de moda para describir la realidad política española. Y, ciertamente así es, pero también al interior de los dos bloques y en sus márgenes se percibe una “atomización”, gropúsculos que pugnan por tener un protagonismo en la vida pública al precio que sea. Y todo esto desde una agresividad social y pública vergonzante.

La Iglesia española ante esta realidad tan solo destila palabras de buena voluntad por parte de algunos, muy loables pero ineficaces, o agresivas por parte de otros, soñadores de tiempos pasados. El hecho es que la Iglesia española se ha vuelto insignificante e irrelevantes para nuestra sociedad.

De la Iglesia cabría esperar que fuera una de las Instituciones capaz de acercar posiciones, restañar heridas, crear espacios de diálogo…, pero lamentablemente está en otras cosas. Ensimismada en los informes de la pederastia, que por cierto no se saca de las manos, en cuitas de bendiciones, y en conjuras palaciegas de cara a los idus de marzo, las elecciones en la Conferencia Episcopal.

El término “polarizado” está lamentablemente de moda para describir la realidad política española. Y, ciertamente así es, pero también al interior de los dos bloques y en sus márgenes se percibe una “atomización”, gropúsculos que pugnan por tener un protagonismo en la vida pública al precio que sea. Y todo esto desde una agresividad social y pública vergonzante. Los choques son constantes, ya aburren, pero responden al cortoplacismo electoral. Antes estas realidades, los ciudadanos de a pie se sienten cada vez más alejados de la clase política y de las Instituciones…Leer más (José Luis Ferrando Lada)

‘Fiducia suplicans’: el matrimonio ¿sacramento o ideología?

Atrio

El final de 2023 ha sido bastante convulso por la publicación del documento vaticano Fiducia supplicans sobre las bendiciones litúrgicas a diferentes parejas, lesbianas, homosexuales…, no vinculadas por el sacramento del matrimonio. Las reacciones eclesiásticas han sido variadas, desde el obispo de Almería que todos los días bendice a alguna pareja que se encuentra en la calle (esto me recuerda cuando un amigo cura me decía que él suele ponerse la tirilla del alzacuello por si alguien en el autobús o en el metro quiere confesarse), o los que abiertamente están en contra de tales bendiciones, puesto que los sujetos a bendecir están en pecado, como el grupo de clérigos de la diócesis de Toledo. Vistas así las cosas esto de las bendiciones litúrgicas apenas tiene consistencia teológica, pues los clérigos bendicen hasta los animales, los restaurantes, las cárceles (como aquel primer acto pastoral del hoy jubilado cardenal en la diócesis de Granada).

        En el fondo Fiducia supplicans no se mueve ni un ápice de la doctrina tradicional, ya que “se trata de evitar que «se reconoce como matrimonio algo que no lo es».[5] Por lo tanto son inadmisibles ritos y oraciones que puedan crear confusión entre lo que es constitutivo del matrimonio, como «unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer, naturalmente abierta a engendrar hijos»,[6] y lo que lo contradice. Esta convicción está fundada sobre la perenne doctrina católica del matrimonio. Solo en este contexto las relaciones sexuales encuentran su sentido natural, adecuado y plenamente humano. La doctrina de la Iglesia sobre este punto se mantiene firme”. Si el matrimonio es «unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer, naturalmente abierta a engendrar hijos”, no deja de ser una concepción miope en estos tiempos.

        Primero, el matrimonio es algo exclusivo de un varón y una mujer. ¡Qué se hace con ese 10% de población mundial que se estima que son homosexuales, lesbianas…; es decir, unos 800 millones de seres humanos que no tienen derecho al amor matrimonial ni a su felicidad…Leer más (Antonio Gil de Zúñiga)

DOMINGO  2 º T.O  (B) Fray Marcos

(1 Sam 3,10-19) Habla Señor que tu siervo escucha.

(1 Cor 6,13-20) Por tanto, ¡glorificad a Dios (también) con vuestro cuerpo!

(Jn 1,35-42) Fueron, vieron y, aquel mismo día, se quedaron a vivir como él.

Ser cristiano es vivir lo que vivió Jesús. Para vivir como él será necesario descubrir como vivió él.

Este 2º domingo del tiempo ordinario sigue hablando del comienzo. Juan acaba de presentar a Jesús como el ‘Cordero de Dios’ que quita el pecado del mundo e ‘Hijo de Dios’. Lo que hemos leído, sigue refiriendo otros títulos: ‘Rabí’, ‘Mesías’. En los que siguen se refiriere a aquel de quien han hablado la Ley y los Profetas, para terminar, diciendo Natanael: Tú eres el ‘Hijo de Dios’, tú eres el ‘Rey de Israel’. Juan hace un despliegue de títulos cristológicos al principio de su evangelio, para dejar clara la idea que tiene de Jesús. Naturalmente es una reflexión de la comunidad de finales del s. I.

No tiene sentido que nos preguntemos si los primeros discípulos fueron Andrés y otro que siguieron a Jesús en Judea o si Pedro y su hermano fueron llamados por él junto al lago de Galilea. No me cansaré de repetir que los evangelios no se proponen decirnos lo que pasó sino comunicarnos verdades teológicas con ‘historias’ que pueden hacer referencia a hechos reales o pueden ser inventadas. En este caso lo importante es que desde el principio un pequeño grupo siguió a Jesús de cerca.

Este es el cordero de Dios. El cordero pascual no tenía valor sacrificial ni expiatorio. Era símbolo de la liberación de la esclavitud, al recordar la liberación de Egipto. El que quita el pecado del mundo no es el que carga con nuestros crímenes, sino el que vine a eliminar la injusticia. En el evangelio de Juan, el único pecado es la opresión. No solo condena al que oprime, sino que denuncia también la postura del que se deja oprimir. Esto no lo hemos tenido claro los cristianos, que incluso hemos predicado el conformismo y la sumisión. Nadie te puede oprimir si no te dejas.

La frase del Bautista, no es suficiente para justifica la decisión de los dos discípulos. Para entenderlo tenemos que presuponer un conocimiento más profundo de lo que Jesús es. Si Juan lo conocía es probable que sus discípulos también hubieran tenido una estrecha relación con él. Antes había dicho que Jesús venía hacia Juan. Ahora nos dice que Jesús pasaba, lo adelanta, pasa delante de él. “El que viene detrás de mí…”

Siguieron a Jesús, indica mucho más que ir detrás de él, como hace un perro. “Seguirle” es un término técnico en el evangelio de Juan. Significa el seguimiento de un discípulo, que va tras las huellas de su maestro, es decir, que quiere vivir como él vive. “Quiero que también ellos estén conmigo donde estoy yo” (17,24). Es la manera de vivir de Jesús lo que les interesa. Es eso lo que él les invita a descubrir.

¿Qué buscáis? Una relación profunda solo puede comenzar cuando Jesús se vuelve y les interpela. La pregunta tiene mucha miga. Juan deja claro que hay maneras de seguir a Jesús que no son adecuadas. La pregunta: ¿Dónde vives?, aclara la situación; porque no significa el lugar o la casa donde habita Jesús, sino la actitud vital de éste. La pregunta podría ser: ¿En qué marco vital te desenvuelves? Nosotros queremos entrar en ese ámbito. Jesús está en la zona de la Vida, en la esfera de lo divino.

No preguntan por su doctrina sino por su vida. No responde con un discurso, sino con una invitación a vivir. A esa pregunta no se puede responder con una dirección de correos. Hay que experimentar lo que Jesús es. ¿Donde moras? Es la pregunta fundamental. ¿Qué puede significar Jesús para mí? Nunca será suficiente la respuesta que otro haya dado. Jesús es algo único e irrepetible para mí, porque le tengo que ver desde una nueva perspectiva. La respuesta dependerá de lo que yo busque.

Venid y lo veréis. Así podemos entender la frase siguiente: “Vieron como vivía y aquel mismo día se quedaron a vivir como él. No tiene mucho sentido la traducción oficial, (y se quedaron con él aquel día), porque el día estaba terminando, (cuatro de la tarde). Los dos primeros discípulos todavía no tienen nombre; representan a todos los que intentan pasar al ámbito de lo divino, a la esfera donde está Jesús.

Serían las cuatro de la tarde, no es una referencia cronológica, no tendría la menor importancia. Se trata de la hora en que terminaba un día y comenzaba otro. Es la hora en que se mataba el cordero pascual y la hora de la muerte de Jesús. Nos está diciendo que algo está a punto de terminar y algo muy importante está a punto de comenzar. Se pone en marcha la nueva comunidad, el pueblo de Dios que permite la realización cabal de hombre. Es el modelo del itinerario que debe seguir todo discípulo

Lo que vieron es tan importante que les obliga a comunicarlo a los demás. Andrés llama a su hermano Simón para que descubra lo mismo, hablándole del Mesías hace referencia a la bajada de Espíritu sobre Jesús. Unos versículos después, Felipe encuentra a Natanael y le dice: hemos encontrado a Jesús. Estas anotaciones tan simples nos están diciendo como se fue formando la nueva comunidad de seguidores.

Fijando la vista en él. Lo mismo que Juan había fijado la vista en Jesús. Indica una visión penetrante de la persona, mucho más que una simple visión. Se trata de un conocimiento profundo e interior. Pedro no dice nada. No ve clara esa opción que han tomado los otros dos, pero muy pronto va hacer honor al apodo que le pone Jesús: Cefas, piedra, testarudo; que se convertirá en fortaleza, una vez que se convenza.

En la Biblia se describen distintas vocaciones de personajes famosos. Eso nos puede llevar a pensar que, si Dios no actúa de esa manera, no hay vocación. En los relatos bíblicos se nos intenta enseñar, no como actúa Dios sino como respondieron ellos a la llamada de Dios. El joven Samuel no tiene idea de como se manifiesta Dios, ni siquiera sabe que es Él quien le llama, pero cuando lo descubre se abre totalmente a su discurso. Los dos discípulos, Buscan en Jesús la manifestación de Dios.

Dios no llama desde fuera. La vocación de Dios no es nada distinto de mi propio ser; desde el instante mismo en que empiezo a existir, soy llamado por Dios para ser lo que soy. En lo hondo de mi ser, tengo que buscar los planos para la construcción de mi vida. Dios no nos llama en primer lugar a desempeñar una tarea determinada, sino a plenitud de ser. No somos más por hacer esto o aquello sino por cómo lo hacemos.

El haber restringido la “vocación” a la vida religiosa es inaceptable. Cuando definimos ese camino como “camino de perfección” estamos distorsionando el evangelio. La perfección es un mito que ha engañado a muchos y desilusionado a todos. Esa perfección, gracias a Dios, no ha existido nunca. Mientras seamos humanos, seremos imperfectos, a Dios gracias. Los “consagrados” constituyen un % mínimo de la Iglesia, pero son el noventa y nueve por ciento de los declarados “santos”. Algo no funciona.

Urteko 2. igandea –B José A. Pagola

(Joan 1,35-42)

JESUSI JARRAITZEA – SEGUIR A JESÚS

Bi ikaslek, Bataiatzaileak bideraturik, Jesusi jarraitzeari eman diote. Alditxo batez beronen ondoren, isilik, bide egin dute. Ez dute artean egiazko harremanik izan. Bat-batean, Jesusek itzuli eta galdera erabakitzaile bat egin die: «Zeren bila zabiltzate?», zer espero duzue nigandik?

Beste galdera batekin erantzun diote biek: Rabi, «non bizi zara?», zein da zure bizitzaren sekretua?, nondik bizi zara zu?, zer da zuretzat bizitzea? Jesusek erantzun die: «Zatozte eta ikusiko duzue». Egin esperientzia zeuek. Ez ibili beste norbaiten informazio bila. Zatozte nirekin bizikide. Ikusiko duzue zein eta nor naizen, eta nola eralda dezakedan zuen bizitza.

Solasaldi labur honek hitz korapilatsu askok baino argi gehiago egin dezake kristau-fedearen muinaz. Azken batean, zer da erabakitzailea kristau izateko?

Lehenik eta behin, bila ibiltzea. Bere bizitzan ezer bilatzen ez duenak eta «arrastaka bizi» edota «bizi-gura huts» denak ez du posible Jesusekin topo egitea. Kristau-fedeaz ezer ez ulertzeko erarik hobena ardurarik ez izatea da era egokian bizitzako.

Inporta duena ez da zerbaiten bizi ibiltzea, baizik eta norbaiten bila ibiltzea. Ez dezagun zapuztu ezer ere. Egunen batean senti bageneza Jesusek «ukitzen gaituela», hark atzeman gaitzan uzteko unea izango da, aurkakorik eta erresalburik gabe. Alde batera utzi behar dira konbentzimendu eta duda-mudak, irakaspen eta eskemak. Ez digu eskatuko erlijiosoago eta otoizlariago izatea. Soilik, berari jarraitzeko eskatuko digu.

Kontua ez da Jesusez gauza asko jakitea, baizik eta berarekin sintonizatzea, beraren oinarrizko jarrera baitaratzea eta berak, pertsona bezala, on egiten digula esperimentatzea, geure espiritua biziberritu egiten duela eta indarra eta esperantza isurtzen dizkigula bizitzeko. Hau gertatuko denean, konturatuko zara zein gutxi sinesten zenuen Jesusengan, zein oker hartua zenuen kasik dena.

Baina funtsezko gauza kristau izateko, bera bizi zen bezala bizitzen saiatzea da, era pobre samarrean eta xume bada ere. Berak sinesten zuena sinestea, garrantzia berak ematen zionari ematea, berak ardurazko zuenaz arduratzea. Bizitza berak hartzen zuen bezala hartzea, jendea berak hartzen zuen bezala hartzea: aditu, harrera eta lagun egitea berak egiten zuen bezala. Jainkoagan konfiantza izatea berak izan ohi zuen bezala, otoitz egitea berak egin ohi zuen bezala, esperantza kutsatzea berak kutsatu ohi zuen bezala. Zer sentitzen duzu horrela bizitzen saiatzen zarenean? Ez al da hau guztia bizitzen ikastea?

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

SEGUIR A JESÚS

Dos discípulos, orientados por el Bautista, se ponen a seguir a Jesús. Durante un cierto tiempo caminan tras él en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto. De pronto, Jesús se vuelve y les hace una pregunta decisiva: «¿Qué buscáis?», ¿qué esperáis de mí?

Ellos le responden con otra pregunta: Rabí, «¿dónde vives?», ¿cuál es el secreto de tu vida?, ¿desde dónde vives tú?, ¿qué es para ti vivir? Jesús les contesta: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis otra información. Venid a convivir conmigo. Descubriréis quién soy y cómo puedo transformar vuestra vida.

Este pequeño diálogo puede arrojar más luz sobre lo esencial de la fe cristiana que muchas palabras complicadas. En definitiva, ¿qué es lo decisivo para ser cristiano?

En primer lugar, buscar. Cuando uno no busca nada en la vida y se conforma con «ir tirando» o ser «un vividor», no es posible encontrarse con Jesús. La mejor manera de no entender nada sobre la fe cristiana es no tener interés por vivir de manera acertada.

Lo importante no es buscar algo, sino buscar a alguien. No descartemos nada. Si un día sentimos que la persona de Jesús nos «toca», es el momento de dejarnos alcanzar por él, sin resistencias ni reservas. Hay que olvidar convicciones y dudas, doctrinas y esquemas. No se nos pide que seamos más religiosos ni más piadosos. Solo que le sigamos.

No se trata de conocer cosas sobre Jesús, sino de sintonizar con él, interiorizar sus actitudes fundamentales y experimentar que su persona nos hace bien, reaviva nuestro espíritu y nos infunde fuerza y esperanza para vivir. Cuando esto se produce, uno se empieza a dar cuenta de lo poco que creía en él, lo mal que había entendido casi todo.

Pero lo decisivo para ser cristiano es tratar de vivir como vivía él, aunque sea de manera pobre y sencilla. Creer en lo que él creyó, dar importancia a lo que se la daba él, interesarse por lo que él se interesó. Mirar la vida como la miraba él, tratar a las personas como él las trataba: escuchar, acoger y acompañar como lo hacía él. Confiar en Dios como él confiaba, orar como oraba él, contagiar esperanza como la contagiaba él. ¿Qué se siente cuando uno trata de vivir así? ¿No es esto aprender a vivir?

José Antonio Pagola

2º domingo de tiempo ordinario-Koinonía

1Samuel 3,3b-10.19

Habla Señor, que tu siervo escucha

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

Salmo responsorial: 39

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor; / él se inclinó y escuchó mi grito; / me puso en la boca un cántico nuevo, / un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído; / no pides sacrificio expiatorio. R.

Entonces yo digo: «Aquí estoy como está escrito en mi libro- / para hacer tu voluntad.» / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios; / Señor, tú lo sabes. R.

1Corintios 6,13c-15a.17-20

Vuestros cuerpos son miembros de Cristo

Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Dios con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Juan 1,35-42

Vieron dónde vivía y se quedaron con él

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, y vivieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

COMENTARIO A LOS TEXTOS:

La primera y la tercera lecturas se complementan presentándonos el tema de «la vocación»: la vocación del pequeño Samuel en la primera, y la vocación o el llamado de Jesús a sus primeros discípulos.

El libro de Samuel nos presenta la infancia del joven Samuel en el templo al cual fue consagrado por su madre en virtud de una promesa. El niño duerme, pero una voz lo llama. Creyendo que es la voz de su maestro Elí, con ingenua obediencia se levanta el niño tres veces en la noche acudiendo a su llamado. Samuel no conoce aún a Yahvé, pero sabe de la constancia en la obediencia, y sabe acudir al llamado, una vez más, aun cuando en las primeras ocasiones le parecía haberse despertado en vano. Elí comprendió que era Yahvé quien llamaba al niño y le enseñó entonces a crear la actitud de escucha: “Habla señor, que tu siervo escucha”.

La vida actual está llena de ruido, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y con frecuencia los seres humanos perdemos la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestra interioridad la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos, creer pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón, para escuchar contemplativamente.

Este texto sobre Samuel niño se ha aplicado muchas veces al tema de la “vocación”, palabra que, obviamente, significa “llamado”. Toda persona, en el proceso de su maduración, llega un día –una noche- a percibir la seducción de unos valores que le llaman, que con una voz imprecisa al principio, le invitan a salir de sí y a consagrar su vida a una gran Causa. Esas voces vagas en la noche, difícilmente reconocibles, provienen con frecuencia de la fuente honda que será capaz más tarde de absorber y centrar toda nuestra vida. No hay mayor don en la vida que haber encontrado la vocación, que es tanto como haberse encontrado a sí mismo, haber encontrado la razón de la propia vida, el amor de la vida. No hay mayor infortunio que no encontrar la razón de la vida, no encontrar la Causa con la que uno vibra, la Causa por la que vivir (que siempre es, a la vez, una causa por la que incluso merece la pena morir).

Pablo, en su carta a los corintios, nos recuerda que el cuerpo es templo, y que toda nuestra vida está llamada a unirse a Cristo, por lo que es necesario discernir en todo momento, qué nos aleja y qué nos acerca al plan de Dios. Por que la relación con Dios, no hace referencia solamente a nuestra experiencia espiritual sino a toda la vida: el trabajo, las relaciones humanas, la política, el cuidado del cuerpo, la sexualidad… En todo momento en cualquier situación debemos preguntarnos si estamos actuando en unidad con Dios y en fidelidad a su plan de amor para con todo el mundo.

En el evangelio de hoy, Juan nos relata en encuentro de Jesús con los primeros discípulos que elige. Es un texto del evangelio, obviamente simbólico, no un relato periodístico o una “crónica” de aquellos encuentros. Todavía, algunos de los símbolos que contiene no sabemos interpretarlos: ¿qué quiso Juan aludir, al especificarnos que… “serían las cuatro de la tarde”? Hemos perdido el rastro de lo que pudo tener de especial aquella hora concreta como para que Juan la detalle.

Dos discípulos de Juan escuchan a su maestro expresarse sobre Jesús como el “cordero de Dios”, y sin preguntas ni vacilaciones, con la misma ingenuidad que el joven Samuel que hemos contemplado en la primera lectura, «siguen» a Jesús, es decir, se disponen a ser sus discípulos, lo que conllevará un cambio importante para sus vidas. El diálogo que se entabla entre ellos y Jesús es corto pero lleno de significado: “¿Qué buscan?”, “¿Maestro donde vives?”, ”Vengan y lo verán”. Estos buscadores desean entrar en la vida del Maestro, estar con él, formar parte de su grupo de vida. Y Jesús no se protege guardando las distancias, sino que los acoge sin trabas y los invita nada menos que a venir a su morada y quedarse con él.

Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización: no basta dar palabras, son precisos también los hechos; no sólo teorías, sino también vivencias; no «hablar de» la buena noticia, sino mostrar cómo la vive uno mismo, en su propia carne estremecida de gozo. O sea: una evangelización completa debe incluir una visión teórica, pero sobre todo tiene que ser un testimonio. El evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal. El impacto del testimonio de vida del maestro, conmueve, transforma, convence a los discípulos, que se convierten en testigos mensajeros.

Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Las teorías habladas –incluidas las teologías–, por sí solas, no sirven. Nuestro corazón –y el de los demás– sólo se conmueve ante las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal.

En la vida real el tema de la vocación no es tan fácil ni tan claro como lo solemos plantear. La mayor parte de las personas no pueden plantearse la pregunta por su vocación, no pueden «elegir su vida», sino que han de aceptar lo que la vida les presenta, y no pocas tienen que esforzarse mucho para sobrevivir apenas. El llamado de Dios es, ahí, el llamado de la vida, el misterio de la lucha por la sobrevivencia y por conseguirla del modo más humano posible. Este llamado, la «vocación» vivida en estas difíciles circunstancias de la vida, son también un verdadero llamado de Dios, que debemos valorar en toda su dignidad.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 5 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/5-las-canas-rotas/

2024: el año del cambio (o no) en la Conferencia Episcopal

Religión Digital

Más allá de los nombres, que son importantes y definen actitudes (no es lo mismo Cobo que Argüello, o que una tercera vía que bien podría estar capitaneada por Saiz Meneses o Gil Tamayo), lo realmente relevante será comprobar si, para variar, el episcopado de nuestro país decide ponerse a trabajar con Pedro o, por contra, continúa erigiéndose como una de las iglesias (jerárquicas) menos permeables al cambio

Afortunadamente, son muchos más los que defienden una Iglesia samaritana y abierta al mundo, mal que le pese a los violentos defensores de la mal llamada Tradición y que, hasta hace poco, consideraban que disentir de cualquier cosa del Papa reinante (no digo ya insultar, desear su muerte o, incluso, dudar de su condición de pontífice) era motivo de anatema, excomunión y expulsión definitiva de cualquier ámbito eclesial

El ninguneo de los supervivientes de la pederastia clerical, apoyando más o menos crípticamente las tesis de las ‘denuncias falsas’ y ocultando los datos a conveniencia, no son buena tarjeta de presentación para el futuro. Un futuro que necesita como el comer un nuevo responsable de comunicación en la Casa de la Iglesia

En Religión Digital nos encargaremos de contarlo. Con la libertad que nos caracteriza, y sin miedo a meternos en todos los charcos posibles, sabedores de que, en mitad del fango, siempre están los que más sufren. Los preferidos de Jesús. Con una mirada puesta en los que se nos fueron en 2023 (Aradillas, Castillo…) y con la intención, insobornable, de seguir mirando hacia el horizonte. Mal que les pese a unos cuantos…Leer más (Jesús Bastante)

Nuevo año, nueva oportunidad para seguir creciendo en la fe

Atrio

Cada vez que comienza el año da la sensación de que todo puede ser nuevo, con resultados más positivos que los del año anterior. Sin embargo, en la medida que pasan los meses, el ritmo de las cosas va siendo más fuerte que los buenos propósitos, llega el cansancio, los muchos quehaceres y cuesta trabajo recordar los planes que habíamos trazado. Parece que solo se espera concluir con lo que se lleva entre manos y llegar nuevamente a un fin de año que descanse y fortalezca para un nuevo comienzo.

Visto así parece que nuestra vida, año tras año, es un ciclo repetitivo. Esa misma dinámica la podemos vivir en la vida de fe, marcada por el año litúrgico que nos brinda la celebración de los momentos intensos del cristianismo -navidad y pascua- y lo cotidiano, marcado por el tiempo litúrgico denominado -tiempo ordinario-.

Por una parte, esos ciclos de vida caracterizan la vida humana. Por otra, el ser humano tiene tanta capacidad de novedad y creatividad que puede recrear esa continuidad que parece marcar la vida y seguir creciendo más y más con el paso del tiempo. Precisamente es ese “crecer” en todos los sentidos, lo que nos libra de la rutina y la repetición de los ciclos vitales y nos permite adentrarnos a ricas, fecundas y reconfortantes experiencias.

En lo que respecta a la fe: ¿Qué significa crecer en la fe? Para algunos no parece que esta conlleve crecimiento porque están tan seguros de seguir unas normas de moral enseñadas por la iglesia, unos ritos litúrgicos practicados durante años, unas oraciones y tradiciones aprendidas desde infantes que no conciben que algo pueda actualizarse, modificarse o transformarse con el paso del tiempo. Pero para otros, especialmente los que cultivan la vida espiritual,..Leer más (Olga Consuelo Vélez Caro)

Mariano Delgado: «Francisco sabe que las cosas no pueden seguir como están»

Religión Digital

«Ratzinger expresaba así lo que pensaba el movimiento de despertar preconciliar: el cristianismo católico debe dejar de conservar la forma de la Edad Media, apenas modificada por la reforma tridentina y a la sombra del ultramontanismo»

«Un problema importante es que muchos no reconocen la necesidad de la transición y abogan por las soluciones de la época de la Iglesia antigua del segundo milenio para la Iglesia del mundo actual, que ahora vive su canto del cisne»

«Necesitamos el valor de convertirnos en ‘minorías cognitivas’ que permanezcan abiertas al mundo y no se replieguen en el ‘gueto’ de los afines»

«Algo parecido podría decirse de la «reforma estructural» de la Iglesia, en el aire desde el Concilio y particularmente esperada de este Papa, pero que finalmente apenas ha despegado»

«Debemos admitir finalmente ante nosotros mismos que el cristianismo, en la forma en que se ha conservado durante siglos, no se entiende básicamente mejor aquí que en Asia y África. No sólo es extraño allí, sino también aquí, porque se ha perdido un paso: el paso de la Edad Media a la era moderna. El cristianismo no vive aquí en nuestra propia forma, sino en una forma que nos es en gran medida ajena, la forma de la Edad Media».

Esto es lo que dijo el joven teólogo Joseph Ratzinger en 1960, en vísperas del Concilio, en relación con la discusión sobre la acomodación del cristianismo europeo en los «territorios de misión». Y añadía: «Así pues, la tarea primordial que se propone la teología con respecto a la misión no es la ‘acomodación’ a las culturas orientales o africanas, sino la ‘acomodación’ a nuestro propio espíritu actual»…Leer más (Mariano Delgado)