ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn. 6, 51 – 58)

DOMINGO  XX . T.O.  – B (Agosto 16-2009) 

*  Ante las palabras de Jesús volviéndose a autoproclamar
EL PAN BAJADO DEL CIELO,  con el poder de comunicar la vida a quien lo coma,
los judíos persisten en su incredulidad  (Quizá a veces nosotr@s también…)
* Pero Jesús no se deja intimidar; sabe muy bien lo que está ofreciendo como enviado del Padre.
* Nunca seremos más nosotr@s  mism@s que cuando hagamos de nuestra vida  un cuerpo entregado y una sangre derramada por los demás, teniendo como modelo  al Cristo Eucarístico. Que es “CUERPO ENTREGADO  Y SANGRE DERRAMADA.

                             O R A C I Ó N
* Cristo Jesús: Hoy tu palabra me habla claramente de la Eucaristía.
Estamos ante el signo eficaz de tu presencia más frecuente.
Es el sacramento que nos reúne cada domingo..
Es la convocatoria a la mesa de  los herman@s.
Es la entrega que nos une al Padre.

* En este sacramento nos das  “la vida”:
Sin él “no tenemos vida en nosotr@s”.
Con él tenemos “vida eterna y nos resucitarás en el último día”.
Con él Tú, Cristo Jesús, “habitas en nosotr@s y nosotr@s en Ti”.
“El que me come, nos dices, vivirá por mí”.

* ¿Es verdad todo esto, Señor?
¿Cómo es posible que tant@s herman@s “pasen” de este sacramento?.
¿Qué ocurre con nosotr@s, los  que participamos con frecuencia?.
¿Por qué todavía hay algun@s que vienen de espectadores?.
* Si Tú, Cristo nuestro, nos alimentas con tu vida,
¿Por qué no vivimos como Tú?.
¿Por qué no somos acogedores como Tú?.
¿Por qué al salir de la Iglesia se nos olvida que somos herman@s?.
¿Por qué somos tan cobardes y de poca fe llevando tu mismo Espíritu?.
¿Por qué hemos hecho de tu cena una rutina de vida?.

* Señor, Jesús. Reconocemos que nuestra fe es pobre.
Nuestro egoísmo se opone a tu Espíritu de Amor.
Nuestra inteligencia oscurece la luz que viene de tu Palabra.
Nuestra voluntad se resiste a aceptar el proyecto de la voluntad del Padre.
Y Tú, nos diste ejemplo.

* No nos abandones, Cristo nuestro.
sigue alimentando, encendiendo nuestro corazón con tu Espíritu.
 Danos, Señor, EL PAN DE VIDA, para que vivamos,
solidarias y entregad@s.  AMÉN

                      Z U R I Ñ E

Contraofensiva modernista

10-Agosto-2009    

Atrio
Pensamos en el el Islam y sólo vemos fundamentalismo y legitimación de los estados más autoritarios, si no incluso del terrorismo. Es como si alguien piensa en los católicos y sólo ve Vaticano, Curia, absolutismo y rechazo de la modernidad. ¿Qué no cuentan las nuevas teologías y la vida de comunidades de base comprometidas con el pueblo? Pues a ese rehacer la mirada sobre el Islam nos invita hoy Sami Naïr. 

Contraofensiva modernista
SAMI NAÏR 

 

EL PAÍS – Internacional – 10-08-2009
Aparentemente hay en todo el mundo musulmán un predominio del islam conservador y avances del islam integrista: la victoria de los talibanes en Afganistán, del integrismo en Irán, de la dictadura fundamentalista en Pakistán, la permanencia del wahabismo saudí ultraconservador, la islamización de Sudán, la extensión al Magreb del terrorismo integrista de Al Qaeda. Este panorama demuestra con claridad que las sociedades musulmanas y árabes atraviesan una crisis muy profunda. La imagen del islam que prevalece en Occidente está basada, indudablemente, sobre esta evidencia. El islam se ha convertido en sinónimo de terror o de violencia autoritaria de los poderes fundamentalistas desde principios de los años noventa y, sobre todo, desde el 11 de septiembre. Y esa percepción mediática aumenta gracias a un potente trabajo de adoctrinamiento emprendido por ideólogos (Samuel Huntington, Bernard Lewis) que apoyan a Estados directamente implicados en las relaciones conflictivas con el islam.

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Una encí­clica discutida y discutible

Juan Antonio Estrada , teólogo (Religión digital)

QUE una encíclica centrada en lo social, lo económico y lo político genere opiniones encontradas resulta lógico. Para unos se queda demasiado corta, para otros ha ido demasiado lejos. Una parte de la derecha, la menos evolucionada, se pone a la defensiva, mientras que otra de la izquierda, la menos radical, se apresura a utilizarla como arma ideológica. Si además, la Caridad en la verdad de Benedicto XVI se ubica en el marco de la celebración de la encíclica de Pablo VI sobre "el desarrollo de los pueblos" de 1967, sin duda la más social y comprometida de su pontificado, las comparaciones resultan inevitables. Por mi parte, no escondo que la de 1967 me resulta mucho más comprometida y acertada que la del 2009.


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¿SOBREPASAMIENTO Y COLAPSO DEL SISTEMA MUNDIAL?

Leonardo Boff

Koinonía

 Hoy en día en todos los países y foros se habla de desarrollo y crecimiento como nunca antes. Aunque es una obsesión que nos acompaña por lo menos desde hace tres siglos.  

Ahora que se ha producido el colapso económico, la idea ha vuelto con renovado vigor, porque la lógica del sistema no permite, sin autonegarse, abandonar esa idea-matriz. ¡Ay de las economías que no consigan rehacer sus niveles de desarrollo-crecimiento! Van a sucumbir junto a una eventual tragedia ecológica y humanitaria.  

Pero tenemos que decirlo con todas las letras: retomar esa idea es una trampa en la que está cayendo la mayoría, inclusive Benedicto XVI en su reciente encíclica Caritas in veritate, dedicada al desarrollo.  .

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La Iglesia española está enroucada

04-Agosto-2009    

Atrio
José Manuel VIDAL hace en Religión Digital una entrevista a Pedro Miguel LAMET a propósito de su reciente libro “El místico Juan de la Cruz“. Lo que hablan los dos periodistas sobre Juan de la Cruz, pero también sobre cristianismo, mística e iglesia española, merece ser destacado y comentado en ATRIO, que se ha atrevido, contando con su humor y beneplácito, a poner el titular que a ellos les hubiera gustado para la entrevista…
«Roma está a la izquierda de Rouco»

Por José Manuel Vidal – RD – Martes, 4 de agosto 2009

Maestro de la información religiosa, de la saga de los Martín Descalzo, Javierre o Unciti, el jesuita Pedro Miguel Lamet, tras su paso por Vida Nueva y Diario 16, tuvo que colgar los trastos periodísticos presionado por Roma en la época del Papa Wojtyla. No se perdió del todo al periodista y se ganó al poeta y al escritor de biografía y de novela histórica. Su última obra, ‘El místico Juan de la Cruz’ (La Esfera) novela la figura del “más sublime poeta español” y, quizás también, nuestro mayor místico. Asegura que a la “cúpula eclesial le falta gracia” y acusa a los obispos de ser “pepitos grillo”, a Rouco de “apostar por el PP” y a Zapatero de caer en un “laicismo militante”.

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Una encí­clica con demasiado lastre

Caritas in Veritate: la cuestión social como cuestión antropológica. 

Por José Antonio Calleja, Sáenz de Navarrete, profesor de Ética en la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz 

                – Creo que hay que comenzar leyendo los números 75 y 78. Son fundamentales para situarse en la interpretación teológico-antropológica. Pues de esto se trata, ante todo, de una presentación de la cuestión social como cuestión antropológica. Una antropología integral, y por ende religioso-cristiana, es el quicio del desarrollo personal y social auténtico. Éste es el motivo central de la encíclica, y el hilo conductor que sostiene todos los argumentos y respuestas. Las respuestas son sociales, morales, culturales y espirituales, pero todas ellas, todas, se articulan alrededor de un concepto de persona referido a Dios. Este conocimiento de quién es el ser humano, en su identidad más radical, a la luz de la razón y de la fe, es el único capaz de salvarlo, como individuo y como humanidad, de un desarrollo falso y plagado de abusos. Sólo en referencia a su origen en Dios, el ser humano se descubre como hijo del don y realizado en la donación; sólo en Dios, la conciencia innata que nos hace reconocer la verdad del ser en cada uno, en los otros y en toda la realidad creada, adquiere raíces que la nutren por siempre. Las culturas, los sistemas sociales, las leyes, las asociaciones y las familias, que no atiendan a esta matriz moral, espiritual y religiosa de la condición humana, no pueden conseguir un desarrollo digno del ser humano. Nuestro tiempo, el de al globalización y crisis general, es un ejemplo meridiano de esto. Ésta es la tesis de la encíclica, y a partir de aquí, o con esto en su seno, se va desarrollando todo, como en un remolino, que lo va atrayendo todo a su alrededor.

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Orar con el Evangelio (Jn 6, 41 – 51)

  • DOMINGO XIX T. O. – B –  (Agosto 9 de 2009)

 

  • En el Evangelio de hoy, continúan los diálogos y discusiones con respecto a Jesús.

 

  • Jesús, aprovecha para hacerles dos catequesis, sobre las ideas centrales de las discusiones:
  •  LA  PALABRA  Y  LA  EUCARISTÍA 

              
                                           O R A C I Ó N

     *     Señor Jesús  que como a ell@s nos invitas a  nosotr@s a leer y escuchar la   
           Palabra 
    de Dios.
           El que “escucha lo que dice el Padre y aprende, 
    viene a mí”  nos dices.
          Sí, sabemos que es escuchar y aprender; es 
    escuchar
          y llevar la Palabra a la vida. 
          La Palabra 
    nos habla de Jesús, nos acerca a Jesús.
          Señor, Jesús, parece que lo sabemos bien, pero
    enseguida nos surgen el: pero… 

    *     La segunda enseñanza, muy unida a la primera:
          El pan que yo os daré es mi carne para la 
    vida del mundo”. 

    • Señor, ayúdanos a comprender y no separar estas dos realidades, la palabra y la eucaristía: sabemos que una nos lleva a la otra. Ambas juntas, -en nosotr@s y con nosotr@s- creemos que son capaces de cambiar la sociedad, el mundo, y cambiarnos a nosotr@s

     

     

    • Señor, que toda esta semana vivamos y sintamos la fortaleza de tu Palabra
      y la de la Eucaristía.
      Que sea  nuestro alimento para el camino  y la
      Brújula  que nos indica el norte de nuestra existencia.  AMÉN              

                                         Z U R I Ñ E 

     

Domingo 16 de agosto – XX del Tiempo Ordinario

Lecturas

Pr 9, 1-6
Sal 33, 2-3. 10-15
Ef 5, 15-20
Jn 6, 51-58

 

 REFLEXIONES PRIMERAS

                Hablemos del vino que aparece hoy en todas las lecturas. Se nos dice desde la 2ª lec que no nos emborrachemos, que eso lleva al libertinaje y que nos dejemos llevar del Espíritu. Se suele hablar de vinos ‘espiritosos’, que exhalan mucho espíritu. El día de Pentecostés, la gente dudaba si era el mucho vino o el Espíritu lo que les hacía hablar así.

                 En la Escritura, el vino, como sería de esperar, encierra cosas buenas y malas. De las dos encontraríamos textos que aducir. En ella, las primeras historias del vino y su elaboración son antiquísimas y muy poco edificantes (Gen 9, 20ss). Y el vino recoge, en su abundancia o su escasez, la presencia o ausencia de la bendición y la benevolencia de Dios. No olvidemos la imagen de Israel como viña del Señor, y su desarrollo en ejemplos y parábolas hasta llegar al Testamento segundo y las afirmaciones de Jesús sobre él mismo como cepa (Jn 15, 1ss). El vino tenía uso profano, pero también religioso. La figura del “nazir” de Dios se había de abstener de toda clase de vinos y bebidas alcohólicas. También los sacerdotes en el desempeño de algunas de sus funciones. En el Cantar de cantares, el vino expresa los gozos del amor (5, 1) y el amor se compara a un vino perfumado (8, 2). Por el contrario, en Jer (25, 15ss) y el Ap expresa la ira de Dios.

                Dos datos fundamentales. El vino, y de calidad, forma parte del banquete escatológico, del del final de los tiempos y de la historia, en el texto de Is 25, 6-9. El vino es objeto de primera atención en el evangelio de Juan. Es el primero de sus signos (7) y adelanta su “hora” en las bodas de Caná. Un vino, según consta, extraordinario y sobreabundante, dado el tamaño de las tinajas de piedra. Así el banquete de bodas del final del Ap (19, 9) será también con vino, como Caná que es su anuncio. Y el vino sirve de cita para el final de los tiempos, pues Jesús, tras la cena, ya no lo beberá más hasta que llegue el Reino (Mc 14, 25). Habrá pues vino en el Reino. Antes, como hoy también escucharemos (1ªlec), un sabio quiere concentrar las habilidades para moverse en la vida y lo hace en la sabiduría hecha persona y ésta las vuelve a resumir en un banquete, gratuito y abundante, abierto a todos, y con vino preparado a la mesa.

                 Pocas cosas hay que arrastren como el vino una historia inmemorial de cultura (cultivo). Tanta selección, elaboración, experimentación, mimo constante, para llegar a los excelentes caldos actuales. El vino encierra él mismo la historia de nuestra cultura y sus avatares. El vino, muy atentamente escogido, acompaña todas las comidas -más si son solemnes-, las fiestas y las alegrías. Entre nosotros sería imposible encontrar alguna fiesta sin vino. En otros momentos, acompaña también la soledad y las dificultades de esta vida. Bendito seas (…) Señor (…) por este vino fruto de la tierra y de la cultura de los hombres…

                En la celebración de la Eucaristía hay vino. Parece una redundancia, pero quiere ser queja de la muy escasa importancia que se le da como signo. La queja la he repetido aquí más de una vez: ni el pan es percibido por cualquiera como pan, ni el vino como vino. En los dos casos, está ausente el signo escatológico de la abundancia. O más grave, los dos han desaparecido como signos para pasar a ser cosas sagradas. En la Eucaristía y los sacramentos, todo son “poquitos”: de pan, de vino, de agua, de aceite. Nunca queda anunciado un Dios supergeneroso, casi diríamos “manirroto” (¿crucificado?). ¿Carece de importancia que no presentemos ni el más leve signo de la abundancia sin medida? Si el pan, en cuanto pan, queda insignificante, mucho más el vino. Nadie lo ve o lo huele. Casi nadie lo bebe. En el mejor de los casos (y ojalá fueran muchísimos más), algunos lo untan. A nadie he oído valorar la calidad de ese vino (¿plantearlo será otro detalle de secularización?). Si la copa fuera de cristal -las habría hermosísimas-, no dirían los presidentes con la misma tranquilidad las palabras de varias plegarias eucarísticas (IV, V –a, b, c, d-, Reconciliación I, Niños -I, II, III-) “lleno del fruto de la vid”, con una cantidad a penas visible, en el fondo de una copa metálica. Ya, y me parece mucho más lamentable, ni en las concelebraciones se bebe de la copa. Deseo una presencia más clara, más directa a los sentidos, del vino, de la bebida de salvación, aun sabiendo y reconociendo que las dificultades prácticas en lo del vino son aún mayores, son casi insalvables. Siempre liturgia y sentido práctico estarán reñidos. Los signos, su valor, su fuerza, su misterio necesitan más interés por ellos, más cuidado porque mejoren siempre en lo que son, más temor de irlos despojando de lo más imprescindible hasta reducirlos a cosas. (No entiendo concelebraciones sin beber de la copa, por ejemplo. Otro día, de las concelebraciones y su estética.)

                 1ª lec: del libro de los Proverbios. Libro que reúne textos, provenientes de autores y tiempos diversos. El texto breve de hoy pertenece al final de los 9 primeros capítulos del libro. Son los más recientes (S. IV a C), y forman una especie de prólogo de la obra. Todos habremos leído alguna vez la belleza poética del cap 8, sobre la Sabiduría, convertida en persona y mediadora de toda la creación. En el texto de hoy, la Sabiduría en persona prepara e invita a un banquete, el de la vida, y llama a todos, sobre todo a “los inexpertos”, a los que no han acertado en el abrirse camino por la vida. Recordemos, como siempre, que esta 1ª lec ha de servir de fondo y de interpretación al Evangelio del día.

                2ª lec, de la carta a los efesios, como todos estos domingos. Continuamos con consejos prácticos para la vida nueva. Hoy coincide que habla del vino. Los últimos versículos, de salmos y cánticos y de “dar gracias” pueden referirse muy bien a las celebraciones eucarísticas.

                3ª lec, final del discurso del “pan de la vida”, capítulo 6 de este evangelio. Hasta ahora ha hablado Jesús, de él mismo, entero, como “pan de vida”. Ahora aparece por primera vez en el discurso la sangre. Es ya un texto directamente eucarístico, recreado contando con la cena de despedida de Jesús y con las primeras comidas en honor y recuerdo del muerto resucitado en las comunidades de Juan. Probablemente ha sido agregado a lo escrito hasta aquí en el cap 6 por una segunda mano. Carne y sangre separadas, en alusión sacrificial. Permanecer, tener vida eterna y vivir para siempre son expresiones equivalentes para expresar qué encuentra quien come del que viene de Dios. La extrañeza de los judíos en la sinagoga sobre comer la carne de Jesús da pie a éste para proponer una aclaración expresa sobre la  eucaristía. 

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

                Una vez más nos vemos como comunidad, pueblo, reunido para “recitar salmos alternando (ejemplo, entre las lecturas), cantar himnos y cánticos inspirados (más o menos), y tocar para el Señor”. Que siempre cuidemos y perfeccionemos todo lo anterior no es accesorio. Es la forma más cabal de dar su verdadera importancia a la Eucaristía. Eucaristía es esto que estamos haciendo juntos. Eucaristía viene de dar gracias, término antiquísmo (de la tradición de Antioquia), para designar la cena del Señor, despedida de los discípulos y profecía de su propia muerte.

                Dar siempre gracias a Dios Padre por todo (dice por todo) en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Esto es eucaristía, dar gracias a Dios. Por todo. Lo primero que viene a la mente del cristiano es Jesús de Nazaret. Por él, por lo que él supone para nosotros, le damos gracias a Dios. Por medio de él, que es la única mediación posible ante Dios y la única puerta abierta de par en par a él. Con él, porque descubrimos lo que da de verdad categoría a la vida humana, si la descubrimos viviéndola con él y en él. El que come de este pan y bebe de esta copa descubre la vida más auténtica. Descubre también para la vida una especie de tendencia a la desequilibrio, al aceptar por separado la carne y la sangre, que de por sí están unidos para la vida. Da gracias a Dios por empezar a familiarizarse en un misterio que se sospecha presente en todo y se descubre evidente en las grietas de muerte y vida, de carne y sangre, en uno mismo y en todo humano.  Descubre en el pan y el vino, llenos de Espíritu, que con ellos se vincula a la vida de aquí, de tierra y estrellas, y se siente viviendo de la única vida quemante, insoportable de intensidad, que es vida permanente de Dios. Da gracias a Dios, en el que vive, y que sabe única posibilidad del vivir. La lluvia baja del cielo y el pan baja del cielo y la uva baja del cielo y de arriba viene todo lo que vive. Creer que la lluvia y el pan y el vino no son más que eso que parece no da ni gracia ni continuidad a la vida, que desgajada de su origen se agota. Aceptar que viene de arriba nos abre a la vida eterna o vida para siempre o vida excelente e inimaginable.

                También nosotros nos extrañamos con aquellos judíos en la sinagoga: ¿Cómo puede este Jesús darnos a comer su carne, a beber su sangre, regalarnos una vida imperecedera, una unión con Dios y una permanencia en él para siempre? La respuesta la recibimos de Jesús. Puede hacerlo Jesús, porque ya notamos que lo está haciendo ahora mismo en nosotros. Es así, la encontramos real, hecha carne propia, intimidad propia, en nuestra pobre concreta vida. No es respuesta recibida, es respuesta descubierta en nuestro interior, tan nuestra como el color de los ojos.

                 Que no tenemos vida en nosotros, que la enfermedad, la soledad, la decadencia, el fracaso, nos la hacen descubrir como muy precaria, nos empuja a echar en falta y necesitar otra energía e intensidad de vida más sólida, menos enclenque. Comemos a Jesús de Nazaret, sus benditas palabras, sus gestos de continua bendición y benevolencia desde Dios. Bebemos de las aguas de su Espíritu y de su costado. Y nos encontramos, admirados, en plena fiesta de bodas, de unión para siempre, bebiendo a placer el exquisito vino que la sella. Sabemos y afirmamos que la vida es de Dios, y de nosotros desposados con él. Sería blasfemia, si no fuera firme promesa. Y esa vida, ya ahora, nos llega humilde en el cuerpo y la sangre de Jesús de Nazaret, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, y prolongados en el pan y el vino de su entrega para que tengamos vida y vida abundante de vino y plenitud y locura.

                Esto es dar gracias a Dios Padre por todo, en nombre (y recuerdo y añoranza) de nuestro Señor Jesucristo.

                 J. Javier Lizaur

Domingo 9 de agosto – XIX del Tiempo Ordinario


Lecturas
1Re 19, 4-8
Sal 33, 2-9
Ef 4, 30- 5, 2
Jn 6, 41-51
 

 REFLEXIONES PRIMERAS

En un pasaje muy bello del ciclo de Elías, escuchamos hoy que comió un pan cocido, que le era imprescindible para llegar a la meta del camino, Dios. El profeta huye de Jezabel que le busca para matarlo. Está cansado de huir en un intento que ahora le parece inútil o excesivo. Descubre algo bien sencillo y que descubrimos todos con la madurez: yo, el profeta de vida y hechos tan extraordinarios, no soy mejor que nadie. No merecen la pena estos esfuerzos, soy como todos y no me voy a singularizar. Cansancio, renuncia al protagonismo, humillación de quien sólo puede huir, sensación de la muerte próxima. Elías duerme y espera la muerte. Por medio de un ángel, se siente llamado a proseguir hasta la meta, el monte de Dios. Le ofrece pan cocido y agua. Come y bebe y, sin ánimo suficiente, vuelve a dormir. De nuevo el ángel, y una afirmación: el camino es superior a tus fuerzas. También han de confluir experiencias y tiempo para la constatación de que el camino, cualquier camino, es superior a nuestras fuerzas. De nuevo una llamada superior y un alimento extraordinario y, al fin, ya tiene fuerzas el profeta para avanzar hasta el Dios insondable de final del camino. Ese camino dura lo que ha de durar, los célebres 40 años. No perderse el final de este texto precioso: 19, 9-14.

Alimento para el camino, eucaristía, viático. Viático, de ‘via’, camino. La Eucaristía, en el cansancio final, en el barrunto de la muerte cercana, en el temor de pasar una puerta que se abre hacia delante y nunca hacia atrás. ¿Qué querría Vd. para esos días u horas últimas? Ternura, paz, no mucho dolor, gente que me quiera bien…y un trozo de pan y un poco de vino que me presten las fuerzas últimas necesarias. Se ha llamado siempre “viático”. El “ritual de la sagrada comunión (…) fuera de la Misa” nos recuerda que el fin primero y primordial de la reserva eucarística es la administración del viático. (No el culto estático de la misma, añadiría yo.) El viático, eucaristía final, implica que el creyente asume sin mentiras su precaria situación, acepta la proximidad y compañía de la muerte, es consciente de que este trozo final del camino suele ser especialmente costoso, y echa en falta un signo de la bendición y las fuerzas que llegan del Señor. El signo del pan y el vino de la Eucaristía. Ya ha dicho Juan que la multiplicación de panes fue en la proximidad de la Pascua (Jn 6, 4) y añade luego que “llegada la hora de pasar de este mundo al Padre” (Jn 13, 1) Ahí mismo, en ese momento, se encuentra el creyente cristiano. Es crucial para él, sabe que le dará fuerzas, que no es mejor que los demás humanos, y pide con humildad un alimento sobresustancial. Un regalo final inmerecido, la bendición y el sí absoluto de Dios a él y su vida y su muerte, que es para todos Cristo Jesús. La Eucaristía, en ese momento, es viático para el último tramo del camino. Es también “puerta sagrada” para el paso-pascua definitivo. “Yo soy la puerta de las ovejas”, dice el Señor (Jn 10, 7). Por esa puerta entramos en la Pascua definitiva. Por ese alimento nos unimos e incorporamos a Cristo Jesús y con él y como él afrontamos los últimos momentos.

La 1ª lec., del primer libro de los Reyes, narra las aventuras finales del tiempo de profecía de Elías en el reino del Norte. Va a tomar el relevo (y el manto) Eliseo, antes de que Elías sea arrebatado al cielo. Encuadramos el texto en el reino del Norte y su prosperidad del momento, en el enfrentamiento y la muerte de los falsos profetas por parte de Elías, en su persecución y en su experiencia de Dios en el monte Horeb (Sinaí?). Figura como 1ª lectura, en razón de ser un signo, explicación y anuncio de la Eucaristía como pan de camino por la vida. Sucede lo mismo con todas las 1ªs lecturas de estos domingos, cuyo evangelio es el capítulo 6 de Juan.

La 2ª lec continúa con el texto de la carta a los Efesios en su última parte. Sigue con las consecuencias concretas del vivir la vida nueva en Cristo. Aparece el término “imitar” a Jesús, como equiparable a “seguir” o a “vivir con” o “ser en”, de más antigua raigambre. La complicación mayor del texto estaría en los términos que hacen referencia al sacrificio y al propiciatorio, “oblación y víctima de suave olor” (resonancias de Rom 3, 25). Habría que descubrir palabras y expresiones nuevas, sin perder la unión entre la muerte de Jesús y el perdón total de los pecados. No se trata sólo de las palabras, sino de las realidades y experiencias de las que parten esas palabras.

El Ev pertenece al capítulo 6 de Jn. Recoge algo de la controversia en la sinagoga entre Jesús y sus oyentes sobre origen y autoridad de Jesús. (Otros evangelios también la recuerdan y en parecidos términos. Tampoco podrá separarse con facilidad de la controversia primera entre cristianos y sinagoga.) ¿Cómo puede Jesús presentarse como “pan bajado del cielo”, si conocemos a sus parientes, y de dónde viene? Es el único texto del evangelio en que aparece expresamente Jesús como hijo de José. Recordar hoy también que los discursos colocados en el cuarto evangelio no son de desarrollo lineal, sino circulares, envueltos sobre sí mismos, con una idea fundamental a la que se vuelve de continuo, y pequeños desarrollos, también repetidos, que centran  armónicamente esa idea principal. Son ideas que acompañan en este texto a la propuesta principal del “pan de la vida”, la iniciativa del Padre -no de humanos-, la excepcional relación del Padre con el Hijo, y la equivalencia del creer y el comer: los dos reportan vida eterna y los dos se implican en un comer-tragar como venido del cielo, Dios, a una carne y sangre histórica, fruto de una familia y unos padres.

 

PROPUESTAS DE HOMILÍA

La pretensión de Jesús es muy alta. Él es el pan bajado del cielo. Él viene de Dios mismo. La realidad que conocen y pueden demostrar sus contemporáneos es más pedestre: es el hijo de José y conocen al resto de su familia. Es algo diferente en su hablar y en su obrar, pues cura y sana y multiplica el pan en la necesidad, como sucedió al pueblo en el desierto. Pero de ahí a que sea “pan bajado del cielo” hay demasiada distancia, una distancia astronómica, y una radical diferencia, la de Dios a hombre. Veamos nosotros y nuestras experiencias: ¿hemos comprobado que es un pan divino, imprescindible para mantenernos vivos? Es pan todo él, su estilo, sus palabras, sus costumbres, sus acciones y omisiones, su vida y su valoración de ella, su muerte y su entrega. Todo en él es pan de la vida y sólo puede provenir del cielo. ¿Lo hemos comprobado?

Sus contemporáneos, que le conocen tan bien, han de aceptar que acercarse al misterio de Dios es la mejor y la única manera de entenderle. Se lo dice Jesús con palabras que parecen estropear las iniciativas humanas, pero que vienen a decir lo mismo: es el Padre Dios quien se encarga de atraer, acercar, a Jesús a quienes le van a descubrir cercano a Dios y no meramente hijo de José y su familia. Es que de Dios nadie puede atreverse a hacer afirmaciones, salvo Jesús, el hijo, que lo conoce íntimamente y de siempre. Del misterio de Dios sólo Jesús sabe bien. Escuchando al Padre, se entiende a Jesús, el pan para la vida.

Los humanos nos vamos quedando sin vida. Va a menos con el tiempo. Tememos la muerte y siempre, siempre, buscamos más vida para mantenerla, mejorarla, disfrutarla. ¿Quién puede hablar sin miedo de esa vida que es esta vida nuestra? Jesús, que afirma que él nos la garantiza. El que cree en Jesús tiene vida para siempre. Un poquito más adelante, Jesús lo cambia: quien come a Jesús tiene esa vida eterna. Comer a Jesús lo hemos reducido demasiado al pan de la Eucaristía. Por su origen, en la inminencia de su muerte; por decisión de Jesús, “repetidlo en mi recuerdo”; por acuerdo de la comunidad, “cada vez que comemos este pan (…) anunciamos la muerte del Señor”; por todo esto, no comemos a un Jesús sin historia. Comemos una carne concreta, nacida de mujer, nacida bajo la ley, y una sangre derramada y entregada en alianza nueva. Una manera de entender la vida que llevó a Jesús a una muerte inexorable. Comulgamos con todo eso a la vez, sin dejar aparte o desperdiciar nada. “¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber?” Comulgar con Jesús en su cena de despedida era comulgar con su mismo destino, con una realidad muerta por la muerte y llena de la esperanza de la vida de Dios. No cosificar la Eucaristía es imprescindible para entender estos discursos del evangelio de Juan. Es Jesús entero y verdadero el que es pan de la vida. A él hay que aceptarlo como es y experimentar que así cobra fuerza y dicha nuestra vida. El pan que da Jesús, que solemos llamar eucaristía, es su carne, su vida limitada y carnal, el escándalo de tener que aceptar que esa carne, como la nuestra, encierra y vive del misterio de Dios. Comulgar con el Jesús de Nazaret concreto y real, el que viene de Dios, es comulgar con Dios, aliarse con él en su misteriosa dinámica de salvación universal que brota en Jesús.

Pan rico y tierno para todos, la entrañable manera de vivir de Jesús. Asimilando esa vida, como el más nutritivo de los alimentos, nos vamos haciendo hijos de Dios en el Hijo único, el Cristo de Dios, bendito siempre y por siempre.

               

 J. Javier Lizaur

Orar con el Evangelio (Lc 1, 39-56)

  • LA  ASUNCIÓN  DE  LA  VIRGEN  MARÍA

 

Señor, En el Evangelio de hoy, aparece MARÍA, como la primera evangelizadora, la que hace de su vida un servicio a los demás.

 

 

  • Ella  se pone en camino”, aprisa, con prontitud.
    Sabe que Isabel, su parienta, la necesita.
    Se dirige hacia Jerusalén, un camino de varios Kms.  
    Para ponerse a su “servicio”

 

  • María eres la mujer creyente por excelencia,
    pero nos enseñas con tu vida que la fe implica una respuesta generosa,
    una demostración de amor  de entrega.
    Y, por eso, eres “bienaventurada”.

 

  • Señor, danos la seguridad y la fe de MARÍA,
    para poder estar en tu presencia en cada momento de la vida.
  • Que sepamos dar respuesta a quienes nos necesitan.

 

  • Señor, que toda nuestra vida, como MARÍA, sea un canto de alabanza por el amor que nos tienes.  Por todo lo que has hecho con cada un@ de nosotr@s.

 

  • Señor, que al igual que MARÍA, nos sintamos comprometid@s  con l@s necesitados, en especial con l@s que tenemos ,más cerca.

 

  • Muchos pueblos y ciudades celebran hoy  sus fiesta  patronal. Te pedimos por medio de María, que todo se celebra. Con ALEGRÍA Y PAZ. AMÉN

 

  •                               Z U R I Ñ  E