4º DOMINGO DE CUARESMA, «LO HUMANO Y LO DIVINO QUEDAN IDENTIFICADOS» de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
Fe Adulta

Jn 9, 1-41

Otro texto de Jn que nos pone en contacto con Jesús que trae luz-vida. Como en el caso de la samaritana, la iniciativa la toma Jesús, pero el interesado debe responder personalmente. Se trata de indicar a los catecúmenos el camino que tienen que recorrer antes del bautismo. Todos somos ciegos hasta que hemos aceptado la luz. Si después del recorrido, confiesas a Jesús como el Señor, están en condiciones de ser bautizados.

Todo el relato es simbólico. Con él se está proponiendo un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre. Jesús acaba de decir: «Yo soy la luz del mundo». Lo repite y lo va a demostrar con hechos, dando la vista al ciego. Jesús no le consulta antes, pero no suprime su libertad, le ofrece la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse a la piscina, para llegar a ser él mismo. Los demás personajes siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres.

Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos. Jn usa dos verbos para indicar la aplicación del barro en los ojos: aquí untar-ungir, en relación con el apelativo de Jesús «Mesías». Más adelante dirá sencillamente aplicar.

Aquí está la clave de todo el relato. El ciego es ahora un «ungido», como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu. La duda de la gente sobre la identidad del ciego, refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro. Hay gran diferencia entre el hombre sin iniciativa ni libertad y el hombre libre. De ahí que el ciego utilice las mismas palabras que tantas veces, en Jn, utiliza Jesús para identificarse: «Soy yo». Esta fórmula refleja la identidad del hombre transformado por el Espíritu. Descubre la transformación que se ha operado en su persona y quiere que los demás la vean.

El ciego, que era solo carne, se dejó transformar por el Espíritu. Jn no da ninguna importancia al hecho de la curación física. Lo despacha con media línea. Lo que de verdad importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. Su vida, anodina y dependiente, está ahora llena de sentido. Pierde el miedo y comienza a ser él mismo, no solo en su interior sino ante los demás.

La piscina de Siloé estaba fuera de los muros de la ciudad. Recogía el agua de la fuente de Guijón que llegaba a ella conducida por un canal-túnel (de ahí el nombre arameo de «siloah»=emisión-envío, agua emitida- enviada). Jn aplica el nombre a Jesús, el enviado. La doble mención de untar-ungir y la de la piscina, término que era utilizado para designar la fuente bautismal, nos muestra que se está construyendo este relato a partir de los ritos de iniciación (bautismo) de la primera comunidad.

No se había mencionado que el ciego era mendigo. Estaba inmóvil, impotente, dependiendo de los demás. Este punto de partida es clave para resaltar el punto de llegada. Jesús le va a dar la movilidad y la independencia. Le hace hombre cabal. Tampoco se menciona que era sábado hasta mediada la narración. Jesús no tiene en cuente esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre. Amasar barro estaba explícitamente prohibido por la interpretación farisaica de la Ley. El amasar el barro el día séptimo, prolonga el día sexto de la creación. Jesús termina la creación del hombre.

Para los fariseos no tiene importancia que un hombre haya sido curado. No se alegran del bien del hombre. Solo les interesa la Ley y creen que a Dios tampoco le importa el hombre. Acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres son gente sometida, en tinieblas. La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista? Los padres responden a las dos primeras preguntas, pero a la tercera, la más importante, no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar cualquier complicidad con el hecho. Tiene miedo de ser expulsados de la institución.

Al fallarles la argucia empleada con los padres, intentan confundir al ciego. Quieren, por todos los medios, conseguir la lealtad del ciego aún en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene también el que ha sido curado. Ellos lo tienen claro, Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en benefició del hombre. Quieren hacerle ver que la vista de que ahora goza es contraria a la voluntad de Dios.

Al contrario que los padres, el ciego no tiene miedo. Expresa lo que piensa ante los jefes. A las teorías teológicas, opone los hechos. Puede que se haya quebrantado la Ley, pero lo que ha sucedido es tan positivo para él, que se tiene que hacer la pregunta: ¿No estará Jesús por encima del Sábado? Ha experimentado el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre y, gracias a eso, sabe también lo que es Dios. Él ahora ve, los maestros están ciegos. Descubre que en Jesús, está presente Dios. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no puede estar de parte de un pecador.

Los fariseos están tan seguros de su Ley, que no dudan en negar la misma realidad. Pero al ciego le es imposible negar lo que personalmente ha vivido. Por no negar su propia experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan. Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla que es la sinagoga. Lo mismo que Jesús tuvo que salir del templo, el ciego que ha recibido la luz, tiene que salir de la institución judía.

«Fue a buscarlo». El (euron) griego no significa un encuentro fortuito, sino el fruto de una actividad con la intención de encontrar algo o a alguien. El contraste salta a la vista. Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca. No le dice, como al inválido de la piscina, que no vuelva a dejarse someter, porque ya había superado la prueba manteniéndose firme ante los fariseos. Con su pregunta va a acabar la obra de iluminación que había comenzado. La acción de Jesús había hecho descubrir al ciego una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo era Jesús, «el Hombre». Jesús quiere que tome conciencia de esta realidad.

El relato termina con la plena aceptación de Jesús. «Se postró» prosekinesen) es el mismo verbo con que se designa la adoración debida a Dios en 4,20-24. El gesto de postrarse para adorar a Jesús no es infrecuente en los sinópticos, sobre todo en Mt, pero éste es el único pasaje de Jn en que aparece. Jesús, el Hombre, es el nuevo santuario donde se verifica la presencia de Dios. El ciego, expulsado, encuentra el verdadero santuario, Jesús, donde se rinde el culto en espíritu y verdad, anunciado a la Samaritana. Este culto no se puede dar a Dios más que en el hombre, porque consiste en la práctica del amor.

Termina el relato con una proclamación solemne de Jesús: «para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean y los que creen ver se queden ciegos». Estas no son palabras de Jesús sino de los cristianos de finales del s. I. clara alusión a los fariseos que se revuelven contra Jesús: ¿También nosotros estamos ciegos? Para ellos, los conocedores y cumplidores de la Ley, que tenían por ciegos a los demás, era inconcebible que alguien pudiera tenerles por ciegos. Pero la respuesta de Jesús deja muy clara la realidad sangrante: Los que más cerca se creen de Dios, son los que menos le conocen.

Meditación-contemplación

¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

Creer en Jesús es creer en el Hombre.

Él es el modelo de hombre, el hombre acabado según el designio de Dios

Alcanzó esa plenitud dejando que el Espíritu lo invadiera.

…………………

Jesús es, a la vez, la manifestación de Dios y el modelo de hombre.

En su humanidad, se ha hecho presente lo divino.

La «carne» ha llegado a su grado máximo de transformación.

El Espíritu asumió y elevó la materia hasta transformarla en Espíritu.

……………………

Mi meta es también dejarme transformar en Espíritu.

Para ello hay que nacer de nuevo.

Tengo que morir a todo lo que en mí hay de terreno.

Y dejar que se despliegue en mí lo que hay de divino.

……………….

Fray Marcos

 

GARIZUMAKO 4. IGANDEA, “BAZTERTUENTZAT-PARA EXCLUÍDOS”, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Joan 9, 1- 41

ECLESALIA, 26/03/14. Jaiotzez da itsua. Ez berak, ez gurasoek dute inolako errurik, baina bere zoria markatua du betiko. Jainkoak zigortu duen bekataritzat hartu du jendeak. Ikasleek galdetu diote Jesusi ea zeinena den bekatua: itsuarena berarena ala haren gurasoena.

Beste era batean begiratu dio Jesusek. Ikusi duen momentutik, hura bere zoritxarreko eskale-bizitzatik ateratzea erabaki du, jende guztiak gutxiesten badu ere, bekataritzat hartuz. Jainkoaren deia sentitzen du Jesusek: hain juxtu ere, baztertua eta umiliatua den jendea defenditzeko, onartzeko eta sendatzeko deia.

Itsuak, berak ere Jesusekin lan egin eta sendatze neketsu baten ondoren, lehen aldiz ikusi du argia. Jesusekin topo egin egin izanak kanbiatu egin du haren bizitza. Noizbait ere, gozatu ahal izango du bizitza duin batez, inoren aurrean lotsatu gabe.

Oker pentsatu du, ordea. Gidari erlijiosoek beharturik sentitu dira erlijioaren garbitasuna kontrolatzera. Haiek, berek dakite zein den bekatari eta zein bekaturik gabe. Haiek, berek erabakiko dute itsu izana elkarte erlijiosoan onartzekoa den ala ez.

Alabaina, sendatua izan den eskaleak argiro aitortzen du Jesus izan dela hurbildu zaiona eta sendatu duena; baina fariseuek uko egiten diote haserre bizian: «Guk badakigu gizon hori bekataria dela». Eskaleak Jesus defenditzeari eutsi nahi dio: profeta bat da, Jainkoagandik dator. Fariseuek ezin jasan dute: «Bekatupean jaio zinen burutik oinetara, eta gure irakasle izan nahi al duzu?»

Ebanjelariak dio: «kanpora bota zutela entzun zuenean, haren bila joan zen Jesus». Labur mintzatu dira biak. Jesusek galdetu dionean ea Mesiasengan sinesten duen, kanpora bota dutenak diotso: «Eta, nor da, Jauna, harengan sinets dezadan?» Hunkiturik erantzun dio Jesusek: Ez da zugandik urrun. «Bera ikusten ari zara; mintzo zaizuna, horixe da». Eta eskaleak: «Sinesten dut, Jauna».

Horrelakoa da Jesus. Beti bidera irteten zaie erlijioak ofizialki onartzen ez dituenei. Jesusek ez ditu zapuzten bere bila dabiltzanak eta maite dutenak, elkarte eta erakunde erlijiosoek zokoratzen badituzte ere. Gure elizetan lekurik ez dutenek leku berezi-berezia dute Jesusen bihotzean.

Zeinek eramango die, gaur egun, Jesusen mezu hori talde horiei, edozein momentutan gidari erlijioso itsuengandik kondena publiko zuzengabeak entzuten dituzten horiei?, gure eukaristietan bakean ezin jaunartu duten horiei?, Jesusekiko beren fedea beren bihotzeko isiltasunean, kasik era ezkutu eta klandestinoan, bizi beharrean gertatzen diren horiei? Adiskide ezezagunok, ez ahaztu: kristauok uko egiten dizuegunean, bere harrera eskaintzen ari zaizue Jesus.

4 Cuaresma (A) Juan 9,1- 41

PARA EXCLUÍDOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 26/03/14.-  Es ciego de nacimiento. Ni él ni sus padres tienen culpa alguna, pero su destino quedará marcado para siempre. La gente lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.

Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto, solo piensa en rescatarlo de aquella vida desgraciada de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.

Después de una curación trabajosa en la que también él ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.

Se equivoca. Los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa.

El mendigo curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y lo ha curado, pero los fariseos lo rechazan irritados: “Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos no lo pueden aguantar: “Empecatado naciste de pies a cabeza y, ¿tú nos vas a dar lecciones a nosotros?”.

El evangelista dice que, “cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a encontrarse con él”. El diálogo es breve. Cuando Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: “Y, ¿quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le responde conmovido: No esta lejos de ti. “Lo estás viendo; el que te está hablando, ese es”. El mendigo le dice: “Creo, Señor”.

Así es Jesús. Él viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.

¿Quien llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos ciegos; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina? Amigos y amigas desconocidos, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn.4,5-42)

  • DOMINGO 3º CUARESMA –A23 Marzo-2014

* Después de la 2ª estancia en Judea, Jesús se pone en camino. (Ya los fariseos sospechaban de él y lo rechazaban), Tenía que pasar por Samaria. Llegó a Sicar, ciudad de Samaria. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era el mediodía. Llevaba bastantes horas caminando. Sin embargo, el cansancio de Jesús contrasta con la animación con que le encuentran sus discípulos a la vuelta de ir a por comida. Tan animado estaba que no quiso ni comer.
* Antes de la vuelta de los discípulos fue cuando llegó la mujer samaritana a buscar agua, y se encuentra en el pozo con Jesús. No sabemos si hay algún saludo pero sí que Jesús comenzó la conversación de una manera muy normal. “Dame de beber

* La samaritana al mirar a Jesús se dio cuenta de que era judío y le respondió de manera antipática y discutidora”¿Cómo tú siendo judío, (se llevaban mal judíos y samaritanos) me pides a mí, que soy samaritana?”. Jesús no le discute ni responde en el mismo tono. Le habló con mansedumbre, ese hablar era connatural en El, manso y humilde y eso desarma a la samaritana. Y una vez superada esta dificultad, Jesús le responde “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva”
Quizá la Samaritana no hizo demasiado caso pero si sabía que tenía que ir muchas veces a buscar aquella agua que se acababa siempre… El agua viva que le ofrecía dice quitaría la sed para siempre… Es entonces cuando la samaritana se da cuenta de que está ante alguien importante. Y en vez de darle agua a Jesús es ella la que pide le calme su sed diciendo: “Señor, dame de beber”. Hubiera sido hermoso que aquí terminase el asunto, pues hubiese indicado que entendía lo que Jesús estaba diciendo, pero no fue así, y añade para que no tenga sed ni tenga que venir aquí a sacarla… Piensa tanto en el agua material, que no entiende el símbolo del agua que salta hasta la vida eterna.
Ante esta falta de comprensión espiritual, jesús da un giro y le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve aquí” Ella sorprendida ante esto le contesta cortante “No tengo marido”, que es como decir déjame en paz, dame agua si quieres, pero no te metas en mis cosas. Y jesús le contesta de nuevo con mansedumbre, pero con una mirada que indicaba conocía su vida: “Bien has dicho, pues 5 has tenido y el que ahora tienes no es tu marido”…

* A partir de esto ya comienza la CONVERSIÓN. La puerta de esta mujer está abierta, Jesús puede entrar…puede limpiar y, sobre todo, puede iluminar. (El evangelio nos da más datos).
¿Eres tú el Mesías? Jesús le responde: “Yo soy, el que contigo habla”


*ORACION
(Coloco, cántaros de barro de distinto tamaño simbolizando la posible apertura de mi pozo, recibiré según ellos, más o menos cantidad del AGUA VIVA DE JESÚS)

JESÚS DE NAZARET, vivimos una sed que nunca se sacia… el agua de los pozos a los que vamos, incluso nos producen más sed. ¿Dónde encontrar el Agua viva?
Tú, Jesús de Nazaret, como siempre te adelantas al ENCUENTRO conmigo, con nosotros, eres manantial que te pones a nuestro alcance. Roca que se convierte en fuente. El pozo de AGUA VIVA que ofreces a la samaritana, que nos ofreces a nosotros…
Podré recibir tanta agua, cual sea la capacidad de mi cántaro., según mi fe en ti.

Dame de esa agua que aumente mi deseo de Dios

Dame de esa agua que convierta mi pequeño cántaro en un manantial para los demás.

Como aquella mujer, necesito otra agua; Tú Jesús de Nazaret, conoces mi historia…

Dame el agua del coraje para luchar contra las injusticias.

Dame el agua de la alegría para contagiarla al que sufre.

Dame el agua de ternura, comprensión, compañía para los solos y enfermos.

Dame el agua de la amistad y cercanía con los jóvenes y niños.

Dame el agua de ilusión y fortaleza para ser apóstol y Evangelizar.

Acércate, Señor a la historia de mi vida con tu paciencia y misericordia y: PÍDEME DE BEBER
Dame del agua que tu me das y que sepa beber y responder: Dame de tu agua.
“El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn. 4,5-42) AMÉN

ZURIÑE

III DOMINGO DE CUARESMA: «EL AGUA VIVA ESTÁ EN LO HONDO DE TI», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 4, 5-42

Hoy y los dos próximos domingos vamos a leer evangelios de Juan: La Samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro. El «yo soy» característico de Juan, se repite en los tres: yo soy agua, yo soy luz, yo soy vida. En Juan todo son símbolos que quieren trasmitirnos la teología más avanzada de todo el NT. Esto no quiere decir que el hecho no haya sucedido. Seguramente sucedieron cosas parecidas más de una vez.

El de hoy es una catequesis en toda regla, que invita a un seguimiento de Jesús como dador de verdadera Vida. Los cambios que propone en la manera de relacionarse el hombre con Dios, nos deberían hacer pensar un poco. Ni en este templo, ni en Jerusalén, ni en ningún otro templo se puede dar el verdadero culto a Dios. Lo que entendemos por culto, en la mayoría de los casos no es más que idolatría, un intento de domesticar a Dios.

Jesús se encuentra de paso por Samaría. Samaría y Galilea eran una misma nación, antes de la división entre Judea y Palestina. Aunque tenía los mismos antecedentes religiosos, su trayectoria había sido muy distinta. Por eso, los samaritanos eran despreciados por los judíos como herejes. El peor insulto para un judío era llamarle samaritano.

El manantial de Jacob era un pozo muy famoso por ser el único en toda la región. Estuvo en uso desde el año 1000 a. C. hasta el 500 de C. No hace falta destacar la importancia del agua para la vida de una comunidad. Sin agua la vida es imposible, por eso se convirtió, con el de la luz, en el símbolo de la Vida en el espíritu.

Jesús va a ocupar el lugar del pozo. Él es el agua viva, que va a sustituir la ley el templo. La sustitución de templo y Ley por Jesús, es la clave de todo el relato. La mujer no tiene nombre, representa la región de Samaría que va a apagar su sed en la tradición (el pozo). Jesús está solo. Se trata del encuentro del Mesías con Samaría, la prostituta, la infiel. El profeta Oseas de Samaría había denunciado la prostitución de esta tierra.

Jesús toma la iniciativa y pide de beber a la Samaritana. Se acerca a la mujer implorando ayuda. Ella tiene lo que a él le falta y necesita, el agua. Es lógica la extrañeza de la mujer. Jesús acaba de derribar una doble barrera: la que separaba a judíos y samaritanos y la que separaba a hombres de mujeres. Se presenta como un ser humano sin pretensiones por el hecho de ser judío. Y reconoce que una mujer puede aportarle algo valioso.

Jesús le ha pedido un favor, pero está dispuesto a corresponder con otro mucho mayor. Jesús se muestra por encima de las circunstancias que separan a judíos y samaritanos; se niega a reconocer la división, causada por las ideologías religiosas. La mujer no conoce más agua que la del pozo, figura de la ley, que solo se puede conseguir con el esfuerzo humano. No ha descubierto que existe un don de Dios gratuito.

El agua-Espíritu que da Jesús, se convierte en manantial que continuamente da Vida. Así desarrolla a cada humano desde su dimensión personal. No se trata de añadidos externos (Ley). El Hombre recibe Vida en su raíz, en lo profundo de su ser. Como el agua hay que extraerla del pozo, el agua del Espíritu hay que sacarla de lo hondo de uno mismo.

La dificultad de comprender el mensaje está muy bien expresada con el equívoco que se mantiene durante la conversación. Jesús habla del Vida y la Samaritana habla del agua para beber. La mejor demostración de que mantenemos la ambivalencia es que nos han puesto como primera lectura el pasaje de Éxodo (Ex 17,3-7) donde la prueba de que Dios está o no está con el pueblo es que les dé o no el agua para beber.

El sentido de los versículos, que se refieren a los maridos, hay que buscarlo en el trasfondo profético, que nos lleva a la infiel relación de Samaría con Dios. En Os 1,2 la prostituta y en Os 3,1 la adúltera, son la imagen del reino de Israel que tenía a Samaría como capital. Su prostitución consistía en haber abandonado al verdadero Dios.

Los samaritanos eran descendientes de dos grupos:

a) resto de los israelitas que no fueron deportados cuando cayó el reino del norte en el 722 a, C.:

b) Colonos extranjeros traídos de Babilonia y Media por los conquistadores. Estos trajeron también sus dioses que con el tiempo, fueron aceptados por el resto de los habitantes. Entre los samaritanos y los judíos había una verdadera confronta¬ción, sobre todo por razones teológicas.

El número cinco es simbólico: Los samaritanos admitían solo los 5 libros del Pentateuco. Los colonos traídos por los asirios eran de 5 ciudades y de cada una habían traído su propio dios. En 2 Re 17,24 se mencionan 5 ermitas en el territorio de Samaría.

En hebreo se usaba el termino «Ba´al» (dueño, señor) para designar al esposo, pero era también el nombre de una divinidad.

El simbolismo es claro. La mujer que representa a Samaría ha tenido cinco dioses, y el que tiene ahora (Yahvé) al compartirlo, tampoco es su (Ba´al).

Samaría se ha entregado a otros maridos-señores-dioses (ba´alim). Está pues alejada de Yahvé. La única solución es recuperar su verdadero esposo (Dios). Os 2,18: «Aquel día… me llamarás esposo mío, ya no me llamarás baal mío. Le apartaré de la boca los nombres de los baales».

Jesús dice a la mujer que su culto está prostituido, eso explica que ella pase más tarde al tema del templo.

La mujer reconoce su situación. Pretendían dar culto al Dios de los judíos, pero al admitir otros dioses, en realidad habían roto con él.

En Jesús se personifica la actitud de Dios que no ha roto con ella, sino que la busca. El agua tradicional (Ley) no había apagado la sed. La búsqueda les había llevado a la multiplicidad de maridos-señores-dioses. El agua que da Jesús es el encuentro definitivo con el Dios verdadero.

La Samaritana descubre que Jesús es un profeta por la profundidad del planteamiento religioso. La imagen de profeta que tiene la mujer es la de Dt 18,15, profeta semejante a Moisés (Taheb) que restauraría el verdadero culto.

La mujer sigue aferrada a la tradición «nuestros padres». Piensa que hay que encontrar la solución sin salir de lo antiguo, que es la única realidad que conoce. No ha descubierto aún la novedad de la oferta de Jesús.

Jesús no parte de la perspectiva de la mujer, sino de otra muy distinta. También el templo de Jerusalén está prostituido. Las dos alternativas son equivocadas. Su oferta es algo nuevo. Se trata de un cambio radical. Jesús mismo será el lugar de encuentro con Dios. Dios adquiere un nombre nuevo «Padre». Esta paternidad excluye privilegios y exclusiones. Esta relación con Dios directa, sin intermediarios, hará posible la unidad.

«Dios es Espíritu». Espíritu, desde la mentalidad griega, significa un ser no material. Desde la mentalidad judía, significa que Dios es fuerza, dinamismo de amor, vida para los hombres. El agua viva es la experiencia constante de la presencia y el amor del Padre. Padre, porque comunica su propia Vida y trasforma al hombre en espíritu.

El culto antiguo exigía del hombre una renuncia de sí, era una humillación ante un Dios soberano. El nuevo culto no humilla, sino que eleva al hombre, haciéndole cada vez más semejante al Padre. El culto antiguo subrayaba la distancia; el nuevo la suprime. Dios no necesita ni espera dones.

Los samaritanos aceptan a Jesús y le piden que se quede un tiempo con ellos. Los herejes están más cerca de Dios que los ortodoxos judíos.

Meditación-contemplación

Dios es espíritu.

Recuperar esta idea de Dios cambiaría toda nuestra religiosidad.

Dios no es un ser objetivable, como el hombre pero superior.

Tampoco es un ser espiritual al lado o por encima

de otros seres espirituales.

………………

A Dios no podemos compararlo con nada, ni real ni imaginado.

Lo que podemos experimentar, es su «ruah»

= fuerza energía que nos pone en marcha.

Esa energía no actúa desde fuera,

Sino desde el centro de nuestro ser,

porque es lo más íntimo que somos.

………………..

Adorarle en espíritu y en verdad,

es tomar conciencia de lo que es en nosotros.

Es experimentarlo como el motor de todo nuestro ser.

Como verdadero centro del ser, irradia el resto de nuestro ser.

Como Absoluto, nos empuja a identificarnos con él.

…………………

Fray Marcos

 

GARIZUMAKO III. Igandea, “JAINKOAREKIN GUSTURA-A GUSTO CON DIOS”, José A. Pagola

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 19/03/13.- Hunkigarria da pasadizoa. Bideaz nekaturik, Jakoben putzuaren ondoan eseri da Jesus. Handik laster, emakume bat iritsi da ur bila. Herri erdi paganokoa da, juduek mespretxatzen duten herrikoa. Guztiz espontaneoki, hizketan hasi zaio Jesus. Ez du hartzen inor ere mespretxuz, baizik maitasun handiz. «Emakumea, emadazu edaten».

Harritu egin da emakumea. Nolatan ausartu da samariar batekin hizketan hastera? Nolatan beheratu da emakume ezezagun batekin harremanetan hasiz? Are gehiago harrituko da Jesusen hitz hauekin: «Jainkoak ematen duena ezagutuko eta edatekoa nork eskatzen dizun jakingo bazenu, zeuk eskatuko zenioke berari, eta hark ur bizia emango lizuke».

Jende asko urrundu da, azken urte hauetan, Jainkoagandik, beraren barruan gertatzen ari denaz egiaz ohartu gabe. Gaur, «izaki arrotz» gertatzen zaio Jainkoa. Harekin erlazioa duen guztia, gauza huts iruditzen zaio, eta zentzurik gabeko: haurren mundu, gero eta urrunagoko.

Ulertzen diet. Badakit zer senti dezaketen. Ni neu ere urrunduz joan naiz pixkanaka «neure haurtzaroko Jainko harengandik», neure baitan halako beldurra eta atsekabea sortzen zidan harengandik. Segur aski, Jesus gabe inoiz ez nuen topo egingo niretzat ontasun Misterio den Jainko batekin: presentzia adiskidetsu eta abegikorra den harekin, zeinengan uste osoa izan baitezaket beti.

Inoiz ez dut gustuko izan, neure fedea froga zientifikoekin egiaztatzen ibiltzea: uste dut, errore bat dela Jainkoaren misterioa tratatzea, laborategiko gauza bat izan balitz bezala. Dogma erlijiosoek ere ez didate lagundu Jainkoarekin topo egiten. Soil-soilik, Jesusengan dudan uste onari utzi diot eraman nazan, urteekin haziz joan den uste onari.

Ez nuke asmatuko zehatz adierazten, nola eusten diodan gaur egun neure fedeari, gainerako jendea bezala ni neu ere nahasten nauen krisi erlijioso honetan. Soil-soilik esango nuke, Jesusek eragin didala Jainkoaz dudan neure fedea bizitzera, era xumean, barru-barrutik. Entzuteko prest banago, Jainkoa ez da isiltzen. Bihotza irekin badiot, Jainkoa ez da ezkutatzen. Uste ona agertzen badiot, onartzen nau. Neure burua eskaintzen badiot, sostengatzen nau. Lur jotzen badut, altxatzen nau.

Uste dut, lehen esperientzia eta garrantzizkoena, Jainkoarekin gustura bizitzea dela, «presentzia salbatzaile» bezala sumatzen dudala-eta. Pertsona bat jabetzen denean zer den Jainkoarekin gustura bizitzea, jakinik, gure eskastasun, errore, egoismoak eta guzti, garen bezalako onartzen gaituela, eta bizitzari aurre egitera eragiten digula, nekez utziko du fedea. Jende askok uzten du gaur egun Jainkoa alde batera, Hura ezagutu aurretik. Jesusek kutsatzen duen Jainkoaren esperientzia ezagutuko balute, haren bila ibiliko lirateke.

 

 

3 Cuaresma (A) Juan 4, 5-42

A GUSTO CON DIOS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 19/03/13.- La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. “Mujer, dame de beber”.

La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida?. Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría del agua de la vida”.

Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un “ser extraño”. Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.

Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel “Dios de mi infancia” que despertaba dentro de mí tantos miedos desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.

Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.

No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.

Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una “presencia salvadora”. Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt.17, 1-9)

· DOMINGO 2º DE CUARESMA. 16 de MARZO

· LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS.

* Es difícil sintetizar estos grandes acontecimientos del evangelio. Por eso primero orarlos y luego querer comunicar algo de la experiencia vivida en oración.
El relato, es una “teofanía”, es decir, de un relato cuyo centro es la manifestación de Dios.
Sin duda, la Transfiguración debemos entenderla como una escena clave para comprender el misterio de un Mesías Muerto y Resucitado. Y al mismo tiempo como un mensaje de Luz y Esperanza para los que caminamos tras el Crucificado.
La “montaña” es lugar de revelación, según toda la tradición bíblica.
La revelación va dirigida a una pequeña comunidad de discípulos, reunida alrededor de Jesús y en la que Pedro actúa con una petición especial…
La experiencia de los discípulos se realiza en unas condiciones determinadas.
* Un cierto distanciamiento del mundo diario de ocupaciones y preocupaciones (“Aparte, en una montaña alta”).
* Es necesario escuchar las Escrituras (La Ley y los Profetas: Moisés y Elías) hasta llegar a Jesús
* Es necesario permanecer “bajo la nube luminosa”.
*
Hay que escuchar la Palabra de Dios: “ES MI HIJO AMADO”.
* HAY QUE ESCUCHAR A JESÚS.
Los discípulos, entienden el mesianismo de Jesús de una manera temporal., equivocada.
Pedro pretende “permanecer en la montaña” y “plantar allí tiendas”. Esto es huir de la vida real de lucha, trabajo y sufrimientos diarios e instalarse cómodamente en su experiencia religiosa. Jesús los bajará de la montaña…
El misterio de Jesús se les revela entre luces y sombras. “Una nube luminosa los cubrió con su
sombra” No les es fácil acoger el misterio de Jesús como Hijo amado del Padre. Y, experimentan temor, miedo, adoración, silencio… y ¿Nosotros?…

Es la “ESCUCHA” la que ayuda a los discípulos a entrar en el misterio de Jesús: 1º escuchan a Moisés, luego la voz del Padre. Finalmente, escuchan a Jesús que les quita el miedo, los levanta y los hace caminar. ¿Nos animamos a escuchar de verdad a Jesús? Hemos entrado en Cuaresma, tiempo propicio para ello.

Y nos dice el evangelio que no termina la experiencia en la montaña, los discípulos con Jesús, vuelven a la vida diaria. “Bajan de la montaña” Salen de la experiencia contemplativa a la vida ordinaria de cada día. Caminan tras el Maestro que alimenta su esperanza con la promesa del la Resurrección.

* Sin duda, este Evangelio, nos puede llevar a la necesidad de la ORACIÓN y el COMPROMISO cristiano. La oración no es “plantar tiendas en la montaña”. No es oración cristiana, la que nos aleja del compromiso diario. Sino la que nos fortalece, nos reanima y nos impulsa a asumir nuestras responsabilidades: individual, familiar, de grupo, comunitaria, social, política… y cerca del que más lo necesita. Hay que bajar del monte, llegar donde está la gente y luchar contra las fuerzas que oprimen a las personas.
* Hoy, igual que entonces, como cristianos tenemos que afrontar la realidad. No vale refugiarse en la montaña. Hay que bajar, no nos faltarán las “teofanías”, manifestaciones de Dios, para afrontar la historia en toda su profundidad, para ayudarnos a seguir a Jesús y proseguir su causa, seguir construyendo su Reino. Dios no nos deja en la penumbra y en la oscuridad si buscamos con sincero corazón.
* Estamos en Cuaresma, tiempo de gracia, de salvación. Que no nos paremos en el camino.
* En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre Este es mi Hijo, el amado: ESCUCHADLO”.

* ORACIÓN. (Algunas sugerencias)
(Subimos con Jesús al monte, al silencio, a la interiorización, A LA ESCUCHA.
Revivimos las manifestaciones de Dios en mi vida: mis experiencias profundas de El.
Pienso en las veces que he querido construir tiendas para estar tranquilo.
El mensaje de Jesús nos dice que “hay que cargar con su Cruz”.
Escuchamos a Jesús que nos dice: “Levantaos, no tengáis miedo”… Y bajamos con El del monte.)

* * * * * * *

* Jesús de Nazaret: El “esplendor de tu gloria”, que hoy nos muestra tu Evangelio, nos llena de esperanza y de gozo, pero, aunque sea “hermoso estar aquí, en el monte del silencio” y contemplarte “transfigurado”, debemos bajar a nuestras vidas cotidianas, con sus dificultades, problemas, con sus alegrías y luces y dar testimonio de Ti.
Que no temamos caminar siempre a tu lado, Jesús de Nazaret que subes a Jerusalén como servidor y portador de vida y esperanza para cuantos se cruzan en tu camino.
En camino de encuentro fraterno con todos los que te buscan, y tratar de acercar a los que no te buscan, para ayudarnos mutuamente a encontrar tu Luz y tu Verdad.
En camino solidario cercano a los más olvidados de la sociedad, para decirles que Tú, Jesús de Nazaret no olvidas ni marginas a nadie. Y que nos dices a todos, como a los discípulos en el monte:

LEVANTAOS, NO TEMÁIS”. AMÉN.
ZURIÑE

 

GARIZUMAKO 2. IGANDEA: “JESUSI ENTZUN-ESCUCHAR A JESÚS”

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA.- Eskuarki «Jesusen antzaldaketa» deitu ohi dugun kontakizun korapilatsu honen erdigunea Ahots batek hartzen du; «hodei distiratsu» berezi batetik datorren Ahotsa da. Biblian sinbolotzat hartzen da hodeia, agertzen eta, aldi berean, ezkutatzen zaigun Jainkoaren misteriozko presentziaz hitz egiteko.

Ahotsak hitz hauek jaulki ditu: «Nire Semea da hau, nire maitea, nire kuttuna. Entzun berari». Ikasleek ez dute nahastu behar Jesus beste inorekin, ez Moisesekin eta Eliasekin ere, Itun Zaharraren ordezkari eta lekuko diren horiekin, alegia. Jesus bakarrik da Jainkoaren Seme maitea, bere aurpegia «eguzkia bezala distiratsu» duena.

Alabaina, Ahots horrek badio beste zerbait ere: «Entzun berari». Antzina, Jainkoak bere borondatea Legeko «hamar aginduen» bidez agertu zuen. Orain, Jainkoaren borondatea agindu bakar honek laburtzen eta zehazten du: Jesusi entzun. Entzuteak eratzen du jarraitzaileen eta Jesusen arteko egiazko harremana.

Hau entzutean, ikasleak lurrera erori dira «izuturik». Txunditurik daude Jainkoarekin izan duten hurbil-hurbileko esperientzia hartaz; aldi berean, ordea, izuturik daude entzun dutenaz: bizi ahalko ote dira Jesusi bakarrik entzunez, Jainkoaren misteriozko presentzia harengan bakarrik aitortuz?

Orduan, Jesusek «hurbildu eta, ukituz, esaten die: Jaiki zaitezte. Ez beldur izan». Badaki Jesusek beraren giza hurbiltasuna sentitu beharra dutela ikasleek: beharrezkoa dutela beraren eskua ukitzea, eta ez bakarrik beraren aurpegiaren jainkozko distira ikustea. Geure barnearen hondoko isiltasunean Jesusi entzuten diogun bakoitzean, hau digute esaten haren lehen hitzek: Jaiki zaitez, ez beldur izan.

Jende askok entzutez bakarrik ezagutzen du Jesus. Haren izena ezagun-ezaguna dute agian; baina hartaz dakitena, haurtzaroko oroitzapen eta irudipen batzuetara mugatzen da. Are gehiago, kristau direla esan arren, beren bihotzean Jesusi entzun gabe bizi dira. Eta, esperientzia hori gabe, ezin ezagutu ahal da Jesusen besterik ez bezalako bakea, ezta gure bizitza arnasteko eta sostengatzeko duen indarra ere.

Fededun batek, Jesusi entzutera ematen dionean, bere bihotzaren barnean honelako zerbait entzuten du beti: «Ez beldur izan. Utzi zeure burua, xume-xume, Jainkoaren misterioan. Aski duzu zeure fede arin hori. Ez kezkatu. Entzuten badidazu, konturatuko zara Jainkoaren maitasuna beti zuri barkatzen bizitzea dela. Eta, hau sinesten baduzu, aldatuko da zure bizitza. Nabarituko duzu bakea zeure bihotzean».

Apokalipsi liburuan hauxe irakur daiteke: «Hara, atean nauzu, deika; norbaitek nire ahotsa entzun eta irekitzen badit, sartuko naiz haren etxera». Kristauen eta ez-kristauen atean jotzen du Jesusek. Ireki diezaiokegu atea edota uko egin diezaiokegu. Alabaina, ez da gauza bera Jesusekin ala hura gabe bizitzea.

2. Cuaresma (A) Mateo 17, 1-9

ESCUCHAR A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 12/03/14.- El centro de ese relato complejo, llamado tradicionalmente “La transfiguración de Jesús”, lo ocupa una Voz que viene de una extraña “nube luminosa”, símbolo que se emplea en la Biblia para hablar de la presencia siempre misteriosa de Dios que se nos manifiesta y, al mismo tiempo, se nos oculta.

La Voz dice estas palabras: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Los discípulos no han de confundir a Jesús con nadie, ni siquiera con Moisés y Elías, representantes y testigos del Antiguo Testamento. Solo Jesús es el Hijo querido de Dios, el que tiene su rostro “resplandeciente como el sol”.

Pero la Voz añade algo más: “Escuchadlo”. En otros tiempos, Dios había revelado su voluntad por medio de los “diez mandatos” de la Ley. Ahora la voluntad de Dios se resume y concreta en un solo mandato: escuchad a Jesús. La escucha establece la verdadera relación entre los seguidores y Jesús.

Al oír esto, los discípulos caen por los suelos “llenos de espanto”. Están sobrecogidos por aquella experiencia tan cercana de Dios, pero también asustados por lo que han oído: ¿podrán vivir escuchando solo a Jesús, reconociendo solo en él la presencia misteriosa de Dios?

Entonces, Jesús “se acerca y, tocándolos, les dice: Levantaos. No tengáis miedo”. Sabe que necesitan experimentar su cercanía humana: el contacto de su mano, no solo el resplandor divino de su rostro. Siempre que escuchamos a Jesús en el silencio de nuestro ser, sus primeras palabras nos dicen: Levántate, no tengas miedo.

Muchas personas solo conocen a Jesús de oídas. Su nombre les resulta, tal vez, familiar, pero lo que saben de él no va más allá de algunos recuerdos e impresiones de la infancia. Incluso, aunque se llamen cristianos, viven sin escuchar en su interior a Jesús. Y, sin esa experiencia, no es posible conocer su paz inconfundible ni su fuerza para alentar y sostener nuestra vida.

Cuando un creyente se detiene a escuchar en silencio a Jesús, en el interior de su conciencia, escucha siempre algo como esto: “No tengas miedo. Abandónate con toda sencillez en el misterio de Dios. Tu poca fe basta. No te inquietes. Si me escuchas, descubrirás que el amor de Dios consiste en estar siempre perdonándote. Y, si crees esto, tu vida cambiará. Conocerás la paz del corazón”.

En el libro del Apocalipsis se puede leer así: “Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa”. Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Le podemos abrir la puerta o lo podemos rechazar. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

2º DOMINGO DE CUARESMA, «LUMINOSIDAD Y TRANSPARENCIA», Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Mt 17, 1-9

Pudiera ser que este llamado relato de la «transfiguración» fuera, en su origen, un relato de aparición del Resucitado. Posteriormente, se habría reelaborado para transformarse en una declaración mesiánica: Jesús, avalado por las Escrituras judías, representadas en las figuras de Moisés («la Ley») y Elías («los Profetas»), es presentado como «Hijo amado» de Dios. Todo él es transparencia y luminosidad.

Nos viene bien que alguien nos recuerde que, aun en medio de sombras de todo tipo, somos luminosidad. Que, detrás de unos comportamientos con frecuencia obtusos, seguimos siendo transparencia.

Eso es lo que los cristianos –y quizás también quienes no lo son- reconocemos en Jesús: él es el «espejo» nítido en el que vemos nuestra identidad profunda. Y esa identidad es luz y transparencia.

No es casual que los humanos, aun perdidos a veces en las tinieblas de nuestra inconsciencia, añoremos la luz. Tampoco lo es que, incluso en las acciones más complicadas y cuestionadas, tratemos de justificar nuestra transparencia.

Una y otra responden a lo que somos; por eso mismo, nos resultan irrenunciables. ¿Qué impide que podamos percibirlas en nosotros y en los demás?

La oscuridad y la opacidad son el resultado de nuestra identificación con la mente y, en consecuencia, con el ego. La mente, por su propia constitución, no puede ver más allá de los objetos; el ego, por su misma estructura, no puede funcionar sino por la apropiación.

Ambos mecanismos –objetivación y apropiación- reducen, oscurecen y velan lo real. Lo único que ofrecen es una caricatura en cierto modo onírica, haciéndonos creer que la realidad es tal como ahí se nos muestra. Mientras dura nuestra identificación con ellos, permanecemos dormidos, asumiendo como real lo que únicamente es un sueño.

De un modo similar a como, al salir del sueño nocturno, advertimos la luz que disipa las pesadillas que habíamos tomado como absolutamente reales, al despertar de la identificación con la mente, percibimos la Luz de lo que es.

Lo que es, es luminoso, transparente, sencillo, dulce, verdadero… Pero, para percibirlo, necesitamos despertar. Y eso implica y significa, a la vez, vivir anclados en nuestra verdadera identidad.

Más allá del yo –esa pequeña creencia ilusoria a la que habíamos tomado como nuestra identidad, y que nos hacía vivir a merced de sus vaivenes, ilusiones y desengaños-, accedemos a un «lugar» siempre estable, sólido y permanente, donde nos reconocemos como Presencia inefable.

Nuestra mente queda desconcertada porque no puede pensarlo. Nuestra sensibilidad puede incluso alterarse porque, de entrada, se nos muestra como «vacío» que asusta y que nos quita anteriores supuestas «certezas». Pero el «lugar» sigue ahí, siempre disponible. Y descubrimos que ese Vacío solo asusta cuando no se ha experimentado; al saborearlo, se muestra como lo que es: Plenitud y descanso.

Ese lugar es luminosidad y transparencia. Y desde él todo queda transfigurado. En realidad, no es que las cosas se transfiguren, sino que, más exactamente, vemos en todo la Verdad, la Bondad y la Belleza de lo que es.

Si todo se ventila, pues, en la experiencia de esa identidad profunda, que se halla siempre a salvo de cualquier circunstancia, la pregunta brota por sí sola: ¿cómo podemos acceder a ella?

Y, de entrada, nos topamos con la paradoja: no hay nada a lo que acceder porque ya lo somos. Cualquier camino de búsqueda no haría sino alejarnos de ella.

Por eso, no hay nada que lograr, nada que alcanzar, sino… todo que soltar. Dejamos caer todo aquello que podamos pensar o delimitar, ya que todo ello no serían sino objetos mentales. Vamos cambiando el pensamiento por la atención desnuda. Notaremos que solo queda una única cosa: la consciencia de ser, como un estado de presencia permanente que, si nos damos cuenta, veremos que nos ha acompañado desde siempre.

Por eso, como sugería Nisargadatta, «simplemente abandona lo que no es tuyo, y encuentra lo que nunca perdiste: tu propio ser». O en palabras de Eckhart Tolle: «Di «soy» y no añadas nada. Sé consciente de la quietud que sigue al «soy». Siente tu presencia, el Ser desnudo, sin velos, sin vestiduras».

Eso único permanente es lo que somos. Y eso es luminosidad y transparencia. Eso está siempre a salvo. Como se halla a salvo el oro cuando se funde la forma de pulsera que le habían dado; como se halla a salvo el agua, cuando la ola se deshace por completo. No somos la forma; no somos nada cambiante, sino la realidad permanente que constituye todo lo que es.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 4.1-11)

  • DOMINGO 1º DE CUARESMA –A- 2014-MARZO- 9

*    Después del Bautismo de Jesús,  lleno del Espíritu Santo,  el evangelio de Mt. Nos sitúa a Jesús camino del desierto.
Lleno del Espíritu, llegó para Jesús la hora de la Misión, la hora de anunciar y hacer presente el Reino de Dios. A él dedicó toda su persona y todas sus capacidades. La novedad de su Mensaje, de su estilo de sus gestos no sólo suscitan expectación  sino también rechazo.

Jesús, necesita como toda persona, discernir, para saber cómo hacer y busca el Espíritu de Dios, en el silencio del “desierto”.  Y allí, Jesús fue tentado como nosotros; el diablo quiso apartarlo de su Misión. Pero Jesús supo mantenerse firme en su condición de Hijo, Siervo y cumplir con plena fidelidad su vocación y Misión en este mundo,  la salvación de la humanidad caída. Pero el mal no pudo con Jesús; por eso es el hombre perfecto, el Maestro a quien se puede seguir  como modelo.

Jesús tuvo que ir al desierto, (Mc.1,12) lugar de prueba y encuentro con Dios.
* El desierto es  lugar de “PASO”. Nadie construye una casa en la arena. Es lugar de paso.
Los hebreos anduvieron 40 años por el desierto. Elías también.
Para nosotros, no es imprescindible desplazarse a un lugar geográfico, desde nuestra propia casa,
trabajo de cada día podemos captar la provisionalidad. Somos “peregrinos”, hacia la Patria.

* El desierto es lugar de “DIFICULTADES”. Vivimos  en una sociedad secularizada, donde hasta la palabra “Dios” anda ausente. Como si no se le necesitara. Así brotan las injusticias.

* El desierto es lugar privilegiado para un “ENCUENTRO CON DIOS”. Jesús, se retiraba a lugares solitarios, (Lc. 5,15) al silencio y nosotros aprendemos de El y necesitamos buscar silencio para ESCUCHARLE A EL  que nos impulsa a vencer la tentación y a seguir con El, el camino de conversión.

* CUARESMA, es un buen tiempo para reflexionar, con paz, sobre  el rumbo de nuestra vida y para prepararnos para acoger y entender la mayor prueba de amor de Jesús de Nazaret: su PASION Y RESURRECCIÓN. La que puede cambiar y convertir una vida de forma radical.
* Son muchas las ocasiones en que vemos que Jesús se retira solo para orar. De día, de noche… Un silencio lleno por una búsqueda: descubrir la voluntad del Padre.
* Que esta Cuaresma sepamos buscar ese silencio para el encuentro con Dios, para entender y conocer mejor el Evangelio, para descubrir las llamadas que surgen en mi vida, en nuestra vida. Y todo ello para, como Jesús, volver a los caminos a la vida del día a día a anunciar con palabras, con hechos, con la vida la BUENA NOTICIA, a todos y siempre más cerca de los pobres. Siempre a la Luz de ese Jesús de Nazaret que nos dice:
“VOSOTROS SOIS MIS AMIGOS SI HACÉIS LO QUE YO OS DIGO”… “A VOSOTROS OS HE LLAMADO AMIGOS PORQUE OS COMUNIQUÉ CUANTO ESCUCHÉ A MI PADRE.” (Jn. 15,9-15).

* Iniciamos este camino hacia la PASCUA. Camino En que se nos invita a renovarnos en el Espíritu de Jesús. Porque la meta de nuestro camino es Jesús de Nazaret. Celebrar la PASCUA es transformarse asumiendo algo de Jesús en nuestra vida: Una palabra, sentimiento, estilo, actitud, entrega. Es una peregrinación en la que El mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia LA  ALEGRÍA DE LA PASCUA.

  • PREGÓN DE CUARESMA

Los que hemos escuchado la voz del Espíritu, en este tiempo. Los que hemos descubierto que  somos hijos de Dios. ¡Adentrémonos en el desierto al estilo de Jesús de Nazaret,! sin miedo
CUARESMA,
es un tiempo para vivirlo en CAMINO, con la esperanza siempre abierta, y la mirada siempre fija, en LA PASCUA, que es definitiva.

  • En esta cuaresma, tenemos que dejarnos llenar de La brisa del Espíritu, poniendo nuestro corazón en sintonía con los latidos de Dios y el grito de los afligidos.
  • Vivamos la Cuaresma, bien despiertos, caminando en comunidad, con fe, esperanza y amor. Fijos los ojos en Jesús. Tenemos una nueva oportunidad de CONVERSIÓN.
    Una nueva oportunidad, para vivir la PASCUA en plenitud. Dando gracias con gozo porque somos salvados.
  • Vivamos la cuaresma, así, en CAMINO que nos lleva a la plenitud de
    CRISTO, MUERTO Y RESUCITADO. Que es CAMINO, VERDAD, VIDA Y PAZ.
    TODO ESTO QUE PARA EL MUNDO DESEAMOS.

    ORACIÓN
    (Hacemos silencio… elijo un lugar, puede ser el aire libre… me pongo en contacto con Aquel que es el creador de todo y le doy gracias por  cuanto me ha dado… Intento escuchar la VIDA que late dentro de mí… Y luego digo lentamente la siguiente oración.)

    Vengo a ti, Jesús de Nazaret, para que me des la mano antes de comenzar el camino en este tiempo.
    Que tus ojos se posen un momento sobre los míos.

Que me encuentre a mí mismo con la certeza de que Tú me acompañas, Amigo mío.
Mete dentro de mí tu Palabra. ¡Mientras atravieso el desierto del ruido!
Que la fuerza de tu Palabra entre en mis pensamientos, en mis miedos, en mis debilidades, y que se detenga allí donde se necesite renovar la vida.
Habla, Señor, y yo te escucharé. AMÉN

ZURIÑE

 

 

1º DOMINGO DE CUARESMA: ¿ACUMULAR O SER? Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Mt 4, 1-11

En el relato de las tentaciones, quedan sabiamente reflejadas las apetencias más fuertes del ego. Es comprensible: nuestra primera y permanente tentación (engaño) no es otra que la de identificarnos con el ego y vivir para él.

Es un engaño, que conduce a la confusión y al sufrimiento, porque implica nada menos que olvidarnos de nuestra verdadera identidad y reducirnos a «algo» que nos esclaviza: el ego, en cuanto manojo de necesidades y de miedos, nubla nuestra visión y nos hace ver la realidad desde la reducida ranura de una mente absolutizada.

El ego se define a sí mismo por lo que acumula: posesiones, imagen, fama, títulos, poder, afectos, creencias… Y, preso de una insatisfacción constante, se dedica toda su vida a acumular: es su único modo de sentirse vivo.

Esa será, por tanto, nuestra tentación constante. Pero es importante advertir que no saldremos de ella a través de la lucha, sino gracias a la comprensión.

Esto parece recordarnos también el relato, al poner en boca de Jesús palabras de sabiduría, que le permiten sortear el engaño: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».

El «Señor Dios» indica aquí justo lo opuesto al ego. Si este es únicamente un engaño, que nos encierra en su ficción, «Dios» es el fondo, la fuente y el núcleo de todo lo real, la Mismidad de todo lo que es. Eso lo único que merece adoración: porque esa es la verdad.

Ahora bien, la Mismidad de lo que es, constituye nuestra identidad más profunda: es la Presencia, que percibimos como pura consciencia de ser. Se trata de la identidad que se encuentra siempre a salvo, que trasciende el tiempo y el espacio, que reconocemos «compartida» con todo lo que es, y que es nuestro verdadero «hogar», donde nos descubrimos no-separados de nadie ni de nada.

Si la pulsión del ego es acumular –por ahí van las «tentaciones»-, la Presencia no busca otra cosa que ser. «Solo ser. Nada más. Y basta. Es la absoluta dicha», decía sabiamente Jorge Guillén.

Cuando la comprensión nos permite vivir en conexión con la Presencia que somos, nuestra vida es transformada. Eso es lo que apreciamos en Jesús: en él percibimos a un hombre libre, confiado, compasivo, ecuánime…

Quien se halla identificado con el ego (o yo mental), inevitablemente vivirá insatisfacción, soledad, miedo y ansiedad. Porque al ser una ficción, su percepción es de absoluta carencia y alteración: por más que lo intente negar, disimular o compensar, se sabe absolutamente vulnerable y, por tanto, amenazado.

Por el contrario, en quien se vive anclado en su verdadera identidad brotan la confianza, la serenidad, la paz, la confianza, el amor… De hecho, todas estas dimensiones no son sino otros nombres de aquella misma única realidad.

Con motivo de los funerales de Nelson Mandela, releí el testimonio que, años atrás, el cardenal Martini había dado sobre él. En una ocasión en que se le preguntó acerca de la persona más especial que había conocido en su vida, Martini respondió con rapidez: «Mandela; un hombre completamente en paz».

Por otro lado, solo la comprensión de nuestra verdadera identidad nos permite salir de la trampa del acumular incesante y ansioso en que se mueve el ego.

Y venimos a descubrir –Jesús también será un signo de ello- que no se trata de acumular, sino de participar en el movimiento de la Vida: dejar que la vida sea, porque nos vivimos alineados con ella, reconociéndola como nuestra identidad última, siempre a salvo: la única que merece toda adoración.

Enrique Martínez Lozano

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