Urteko 14. igandea – 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6), José A. Pagola

Urteko 14. igandea – B (Markos 6,1-6)
Evangelio del 05/07/15
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ GUTXIETSI PROFETA – NO DESPRECIAL AL PROFETA

Kontakizun honek ez du harritzeko indar-faltarik. Jesus preseski bere herrian gutxietsi zuten, beste inork ez bezala ezagutzen zutela uste zutenen artean. Nazaretera iritsi da Jesus, ikasleak lagun dituela, eta inor ez zaio bidera atera; beste toki batzuetan gertatzen den ez bezala da han. Herriko gaixorik ere ez diote aurkeztu senda dezan.

Hara joan denean, harridura baizik ez du sortu. Ez dakite norengandik duen hain jakintsuki agertzen ari den mezu hura. Ez diote antzeman nondik duen haren eskuak duen sendatzeko indar hura ere. Dakiten gauza bakarra, Jesus herriko familia batean jaioa den langile bat dela. Gainerako guztia «eskandalagarri gertatu zaie».

«Gutxietsia» ikusi du Jesusek bere burua: bereek ez dute aitortu Jainkoaren mezuaren eta salbazioaren emailetzat. Beren ideia egina dute beren auzoko Jesusez eta gogor egin diote Jesusek bere baitan duen misterioari irekitzeari. Hargatik, segur aski guztiek ezagutzen duten esaera hau gogorarazi die Jesusek: «Profeta bat ez dute gutxiesten bere herrian baizik, bere ahaideen eta bere etxean baizik».

Aldi berean, Jesus «harritu egin da haien fede-faltaz». Lehenengo aldiz bizi izan du talde oso baten ukoa, ez buruzagi erlijiosoena, baizik bere jaioterri osoarena. Ez zuen espero horrelakorik bereengandik. Gainera, haien sinesgabetasunak blokeatu egin du Jesusek duen sendatzeko ahalbidea bera ere: «ezin izan zuen han miraririk egin; bakar-bakarrik, eskuak gainean ezarri eta gaixo gutxi batzuk sendatu zituen».

Markosek ez dakar pasadizo hau bere irakurleen jakin-mina asetzeko. Aitzitik, honetaz jarri nahi izan ditu kristau-elkarteak jakinaren gainean: Jesusi uko egin, hobekien ezagutzen dutela uste dutenek egin diezaioketela uko: aldez aurretiko beren ideietan hesitzen direnek, Jesusen mezuaren berritasunari eta Jesusen beraren misterioari irekitzeko gai ez direlarik.

  • Nolako harrera ari gara egiten Jesusi «harenak» garela uste dugunok?
  • Adindun egina den mundu honetan, ez ote da gure fedea haur-mailan gelditu, ez ote da axalekoa?
  • Ez ote gara bizi axolagabeegi Jesusen mezuaren berritasun iraultzailearen aurrean?
  • Ez ote da arraroa haren indar eraldatzaileaz dugun fede-falta?
  • Ez ote gara bizi haren Espiritua itzaltzeko eta haren Profezia gutxiesteko arriskuan?
  • Horixe da Tartsoko Pauloren kezka: «Ez ezazue itzali Espiritua, ez gutxietsi Profezi dohaina. Aztertu guztia eta gorde on dena bakarrik» (1 Tes 5,19-21). Ez ote dugu horrelako zerbaiten beharra geure egunotako kristauok?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)
Evangelio del 05/07/15
por Coordinador Grupos de Jesús

NO DESPRECIAR AL PROFETA

El relato no deja de ser sorprendente. Jesús fue rechazado precisamente en su propio pueblo, entre aquellos que creían conocerlo mejor que nadie. Llega a Nazaret, acompañado de sus discípulos, y nadie sale a su encuentro, como sucede a veces en otros lugares. Tampoco lo presentan a los enfermos de la aldea para que los cure.

Su presencia solo despierta en ellos asombro. No saben quién le ha podido enseñar un mensaje tan lleno de sabiduría. Tampoco se explican de dónde proviene la fuerza curadora de sus manos. Lo único que saben es que Jesús es un trabajador nacido en una familia de su aldea. Todo lo demás «les resulta escandaloso».

Jesús se siente «despreciado»: los suyos no le aceptan como portador del mensaje y de la salvación de Dios. Se han hecho una idea de su vecino Jesús y se resisten a abrirse al misterio que se encierra en su persona. Jesús les recuerda un refrán que, probablemente, conocen todos: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

Al mismo tiempo, Jesús «se extraña de su falta de fe». Es la primera vez que experimenta un rechazo colectivo, no de los dirigentes religiosos, sino de todo su pueblo. No se esperaba esto de los suyos. Su incredulidad llega incluso a bloquear su capacidad de curar: «no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a algunos enfermos».

Marcos no narra este episodio para satisfacer la curiosidad de sus lectores, sino para advertir a las comunidades cristianas que Jesús puede ser rechazado precisamente por quienes creen conocerlo mejor: los que se encierran en sus ideas preconcebidas sin abrirse ni a la novedad de su mensaje ni al misterio de su persona.

  • ¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos»?
  • En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y superficial?
  • ¿No vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje?
  • ¿No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora?
  • ¿No tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía?
  • Esta era la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos solo con lo bueno» (1 Tes 5,19-21). ¿No necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?

José Antonio Pagola

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Mc.5.21-43)

  • DOMINGO XIII. T.O. –B- JUNIO 28 de 2015

  • “TU FE, TE HA SALVADO”. “FE Y CONFIANZA”

El evangelio de hoy nos muestra la humanidad, la ternura de Dios que se acerca a las
personas para darles la salud. El camino de unas personas que encontraron en Jesús la salud y la vida o la posibilidad de vivir en plenitud porque confiaron en El.
El mensaje de la Palabra de Dios de este Domingo es un mensaje de vida. Jesús, da la salud y la vida a dos mujeres cuyo corazón está lleno de fe. Confiarse a El en la fe, es elegir la vida.

Y la fe de Jairo, hace devolver la vida a una niña de 12 años a quien Jesús habla con ternura y dice que no está muerta sino dormida. Unas personas que creyeron ciegamente y confiaron en alguien.
Creer es confiar siempre en alguien.

La palabra creer, cuando expresa una relación interpersonal, significa tener confianza en alguien, fiarse de el, de su palabra dada, de su compromiso.

Creer en Dios compromete totalmente la vida de las personas. En los Evangelios, la única condición previa que Jesús plantea a los que le escuchan  la confianza en su persona. Ella es la puerta de la fe.

“TU FE TE HA SALVADO”, dice. Sí, a partir del día en que me atrevo a confiar en Jesús, a partir del momento en que comienzo a creer de verdad que soy amado por Cristo, nos liberamos de una vida centrada en sólo en nosotros que nos trae tristeza o preocupación. Dios nos libera amándonos. Un acto de confianza, puede desbloquear una situación que nos parece sin salida y nos pone de nuevo en el camino de la vida. La fe es una fuerza capaz de reanimar nuestro vivir diario. Una fuerza capaz de valorar la confianza y la amistad.

Jesús de Nazaret sabe de nuestras enfermedades y miedos. El se hace presente en nuestras vidas con la misericordia que nos llena de esperanza y paz.

Por eso llenos de confianza, le decimos. “Jesús de Nazaret, auméntanos la Fe”.

 

ORACIÓN
Jesús de Nazaret: Te contemplamos hoy “apretujado por mucha gente”.
Invitando a los necesitados a confiar siempre en el Amor de Dios.

Contigo, Jesús de la Fe, queremos confiar en el Amor del Padre Dios., Él quiere dar vida a todos, sin excepción; Él nos amó primero. Su Amor nos impulsa a la fraternidad universal, sin violencia.

Que nos dejemos tocar el corazón y transformar por tu Amor y tu Misericordia para que, desde nuestra pobreza y limitaciones, también nosotros sepamos ser hoy portadores de vida y de esperanza.

Ayúdanos, Padre de Misericordia, a no dar por perdida, ninguna situación negativa que vemos en nuestro mundo, en la Iglesia, en nuestras familias, grupos y comunidades o en nosotros mismos.

De todo corazón te damos gracias, Dios y Padre nuestro, porque tu deseo es que vivamos en plenitud. AMÉN.


SEGUIMOS ORANDO

Jesús DE Nazaret, tú dijiste a tus discípulos

“venid conmigo a un lugar apartado y descansad un poco”.

Te pedimos por nuestras vacaciones.

El afán de cada día multiplica nuestra vida de quehaceres, urgencias, agobios, prisas.

Necesitamos el reposo y sosiego. Necesitamos la paz y el diálogo.

Necesitamos el encuentro y la amistad.  Necesitamos oxigenar el cuerpo y el alma.

Necesitamos descansar. Necesitamos las vacaciones.

Bendice, Jesús de Nazaret, nuestras vacaciones.

Haz que sean tiempo fecundo para la vida de familia, para el encuentro con nosotros mismos. Y con los demás. Para la brisa suave de la amistad y del diálogo.

Para el ejercicio físico que  siempre rejuvenece. La lectura que siempre enriquece.
La fiesta auténtica que llena el corazón de las personas.

Haz que nuestras vacaciones sean un tiempo santo para descubrir tu presencia en nuestras vidas, para compartir la fe y el testimonio, para la escucha de tu Palabra, para participar en la Eucaristía.

Tú vienes siempre a nosotros. Tú siempre te haces el encontradizo.

Tus caminos buscan siempre los nuestros.

Haz que en las vacaciones, sepamos encontrarte a ti, y a los hermanos.

Ayuda también para que encuentren sosiego los que no pueden gozar de ellas.

Ayúdanos, Jesús de Nazaret. Te necesitamos, también en vacaciones. AMÉN. ZURIÑE

¿PERDER LA VIDA?, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mc 5, 21-43

Marcos construye un relato doble –conocido como la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo-, tan peculiar como cargado de simbolismo. Para empezar, es interesante destacar los elementos que ambos episodios tienen en común: se trata de dos mujeres, enfermas de gravedad –una terminará en la muerte-, que se curan al contacto con Jesús. Pero quizás lo más significativo es que, en ambos casos, se repite una cifra: doce. Un dato innecesario que invita al lector a leer el relato en clave simbólica.

En efecto, el número doce es símbolo del pueblo judío. Ambas mujeres representan a Israel, que no encuentra solución en sus instituciones ni en su religión –la sinagoga-, sino que se va extinguiendo, después de haber hecho lo indecible –«se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor»-, hasta morir.

Más allá de la narración, el lector puede reconocerse a sí mismo como la mujer que siente estar perdiendo su vida, o como la niña que escucha la palabra que le dice: «levántate«. Y, a esa luz, es invitado a preguntarse: ¿por dónde se me escapa la vida?, ¿qué es lo que me tiene postrado?, ¿estoy decidido a levantarme, a vivir y favorecer la vida? Y es muy probable que, creyente o no, en la respuesta a esos interrogantes, se reconozca a sí mismo en la persona, la vida y el mensaje del Maestro de Nazaret.

En los relatos recogidos en este capítulo, tal como ha llegado hasta nosotros, aparece Jesús como liberador de aquello que más nos asusta y esclaviza: la opresión –interna y externa-, la enfermedad, la marginación y la muerte. Realidades todas ellas que quedan iluminadas desde la Vida que se manifiesta en Jesús.

La identificación con el yo nos obliga a mirar toda la realidad desde una perspectiva radicalmente limitada y, por ello, equivocada. Desde ella, será bueno lo que agrade al yo, y malo lo que lo frustre. De hecho, el primer movimiento del yo ante cualquier acontecimiento o situación es el de catalogarlo como «agradable» o «desagradable», «positivo» o «negativo». A partir de esas etiquetas, actuará aferrándose a aquello que le reporta bienestar y, en último término, pervivencia.

Ocurre, sin embargo, que todo aquello a lo que el yo puede aferrarse es impermanente, como él mismo. Todo pasa; y mal se puede poner la seguridad y estabilidad en lo que es pasajero. Aunque siempre le queda un último asidero: la creencia de que, después de la muerte, será un yo perdurable.

La verdad, sin embargo, parece que va en otra dirección. El problema básico que nos lleva a la confusión y al sufrimiento, y que nos hace debatirnos entre lo que llamamos «bueno» o «malo», es la ignorancia: no sabemos quiénes somos realmente, desconocemos nuestra verdadera identidad.

A causa de ella, estamos habitualmente como hipnotizados, dando por ciertas y definitivas las conclusiones a las que cree llegar nuestra mente. La sabiduría espiritual –también la del evangelio- viene a decirnos que, a nivel profundo, no somos ese «yo» con el que hemos estado identificados, sino el «Yo Soy» universal que se expresa en tantas formas. Eso que realmente somos no muere jamás; lo único que acaba es la forma histórica que lo expresaba. Tiene razón el texto evangélico cuando dice: «La niña no ha muerto; está dormida».

Por eso, la pregunta crucial no es: ¿qué ocurre después de la muerte?, sino: ¿quiénes somos? Hasta que no lo respondamos adecuadamente, no saldremos del dilema que plantea Fidel Delgado: «Tenemos una buena noticia: nadie muere; y una mala: nadie se lo cree«.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

Urteko 13. igandea – DOMINGO 13º Tiempo Ordinario- José A. Pagola

B (Markos 5,21-43

Evangelio del 28/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

EZKUTUKO ZAURIAK – HERIDAS SECRETAS

Ez dakigu haren izena. Emakume ezdeus bat da, Jesusen ondoren doan jendetza artean galdua. Ez da ausartu Jesusi hitz egitera; Jairok, sinagoga-buruak, bestela egin du, eta Jesus bere etxera joatea lortu du. Emakumeak ez du izango sekula zori hori.

Inork ez daki zer den emakume bat, ezkutuko gaixotasunak joa. Lege-maisuek irakatsi diote ezen har dezala bere burua emakume«kutsatutzat», odol-jarioa duen bitartean. Urte asko egin du sendagile baten bila, baina ezin sendatu izan du inork. Non aurki lezake duintasunez bizi ahal izateko beharrezkoa duen osasuna?

Jende askok bizi du gure artean antzeko esperientziarik. Inork ezagutzen ez duen ezkutuko zaurik apaldurik, bere «gaixotasuna»agertzeko kemenik gabe, laguntza, bake eta kontsolamendu bila dabil, non aurkitu ez dakiela. Errudun sentitzen du bere burua, askotan biktima huts delarik.

Jende ona: aldarean Kristo hartzera hurbiltzeko ezgai sentitzen dena; kristau jainkozaleak: modu gaixotian sufrituz bizi izan direnak, sexuari dagokion guztia lohia, umiliagarria, bekatuzkoa dela irakatsi izan zaielako; fededunak: bizitzaren azkenean, ustez sakrilego izan diren aitortzen eta jaunartzeen kate luzea nola hautsi ezin asmatu dutenak… Ez ote dute iritsiko inoiz bake hori?

Kontakizunaren arabera, gaixo den emakumeak «Jesusez hitz egiten entzun dio» jendeari, eta uste du ezen bere gorputzetik eta bizitza osotik «kutsadura» atera dezakeen norbaiten aurrean dela. Jesus ez da mintzo ez duintasunaz, ez duintasun-ezaz. Maitasunaz mintzo da haren mezua. Indar sendatzailea dario hari.

Bere bidea bilatu du emakumeak Jesusekin topo egiteko. Ez du kemenik Jesusi begietara begira jartzeko: atzetik hurbildu zaio. Lotsa da bere gaixotasunaz hari hitz egiteko; ezkutuka joan da harengana. Ezin ukitu du fisikoki: gainjantzia ukituko dio soilik. Ez du axola. Ez du batere axola. Bere burua garbi sentitzeko, aski du Jesusekiko konfiantza handi hori.

Jesusek berak esan dio hori. Emakume honek ez du zertan lotsatu inoren aurrean. Egin duena ez da gauza txarra. Fede-ekintza da. Bere bideak ditu Jesusek ezkutuko zauriak sendatzeko, eta bere bila dabiltzanei hau esateko:

«Alaba, zeure fedeak sendatu zaitu. Zoaz bakean eta osasunez».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

13 Tiempo Ordinario – B (Marcos 5,21-43)

Evangelio del 28/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

HERIDAS SECRETAS

No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.

Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Ley le han enseñado a mirarse como una mujer«impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se ha pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?

Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.

Personas buenas que se sienten indignas de acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas… ¿No podrán conocer nunca la paz?

Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la«impureza» de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.

La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.

Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan:

«Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

José Antonio Pagola

*ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.4.36-41)

DOMINGO XII. TIEMPO ORDINARIO. Junio 21.

  • “JESÚS, CALMA LA TEMPESTAD

 

El milagro del que nos habla hoy Marcos. en el Evangelio es seguido de los anteriores que nos narraban las parábolas. (Mc. 4.1-34).

Jesús deja a sus gentes, que le escuchan encantados y admirados por sus enseñanzas llenas de autoridad. Y se dirige por barca con sus discípulos a la otra orilla del lago de Galilea. Y en medio del lago les ocurre algo no  corriente en esa zona: Un fuerte huracán pone en serio peligro las vidas de los ocupantes de la frágil embarcación, mientras Jesús duerme plácidamente en popa, ajeno al peligro.

Este episodio cierto en la historia de Jesús tiene un claro simbolismo intuido por Marcos.

La barca con los discípulos llenos de temor por el peligro mortal que les acecha es una representación clara de la Iglesia. Este es su caminar por la Historia, está expuesta a toda clase de tormentas. Por eso como los primeros seguidores de Jesús, sentimos miedo, mucho temor…

Pero la comunidad de Jesús de cualquier época está llamada a vencer temores, porque Jesús está en medio de ella. Con la presencia de su Palabra y la fuerza de sus hechos, tiene, tenemos que ser capaces de vencer las dificultades por grandes que sean. Jesús, el enviado del Padre, permanece siempre cercano a los suyos. (Mc. 1,911; 9.7) aunque en ocasiones parezca que se encuentra dormido.

Como a los discípulos de entonces nos puede decir:

*“¿Por qué sois tan cobardes?”. ¿Aún no tenéis fe?

Estos miedos, según las circunstancias personales, los tenemos también los cristianos en el momento presente. Pensamos que la iglesia puede acabar entre nosotros. Vemos que cada vez somos menos los que nos reunimos en la Eucaristía de los domingos.  Que los jóvenes parece que se resisten a creer etc. ¡Tenemos tantos temores personales y comunitarios!… Pero tenemos que recordar las palabras de Jesús: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Son como un aire fresco y una llamada a la esperanza.

En realidad lo que despertó la fe de los discípulos no fue el poder de Jesús que calma la tempestad, sino la PRESENCIA DE JESÚS QUE DORMÍA EN LA BARCA.  Una presencia callada, silenciosa, como quien duerme, pero real y actuante.

Por eso este domingo es una llamada a renovar nuestra fe, nuestra confianza, en la presencia de Jesús de Nazaret en nuestra vida cotidiana, en la sociedad de hoy y en la vida de la <Iglesia. No para vivir encerrados en nuestros ambientes, sino para comunicarla. Para testimoniar nuestra fe como comunidades creyentes que son fermento del evangelio de Jesús en el mundo de hoy, como pequeñas semillas que van creciendo, por difícil y duro que nos pueda parecer, sin encerrarnos en nosotros y para perseverar en la misión de Evangelizar, descubriendo y reflejando los signos de la presencia callada y a la vez sonora y eficaz de Cristo Resucitado en medio del mundo de hoy, en medio de nosotros.

 

* ORACIÓN

 

  • Qué resuenen en nuestro interior las palabras de Jesús:

¿Por qué teméis, hombres de poca fe?

Es cierto,  que se nos nubla el cielo con grandes tormentas como estos días.

Es cierto que nos asustan los vientos huracanados que nos surgen en el día a día.

Y ya nos parece que nos hundimos. Dejemos que resuenen dentro de nuevo las palabras de Jesús:

“¿Por qué sois tan cobardes?”. ¿Aún no tenéis fe?…

A veces llueve a cántaros, dudamos de todo y quizá gritamos como aquellos primeros discípulos:

¡SEÑOR, SÁLVANOS!

Ayúdanos a ser valientes y como tú Jesús de Nazaret pasar a la otra orilla, dejar la tierra firme.

Saber poner delante de Ti, todos nuestros miedos.

Recordar aquellas palabras tuyas:

¡Ánimo; no tengáis miedo!

Ayúdanos a no vivir a la deriva dejándonos llevar por el viento que más sopla, sino por el de tu  Espíritu.

En la oración, como en la barca de la vida, a veces Jesús guarda silencio. A veces parece que duerme, pero es que confía en nosotros, en nuestra responsabilidad.

Que nos montemos con confianza en la barca, El, Jesús, va con nosotros si seguimos navegando para llegar a buen término. AMÉN. ZURIÑE

¿QUIÉN ES ÉSTE? Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mc 4, 35-40

Leemos hoy el final del c. 4. Si no explicamos un poco de que va, da la sensación de tomar un tren en marcha sin saber de donde viene ni a donde va.  Después de enseñar en Cafarnaum y sus alrededores, dejando bien clara la reacción de los jefes religiosos, de los que le siguen e incluso de sus familiares, narra Mc en el C. 4 varias parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada, que acabamos de leer. Se trata de un milagro muy complicado. Los milagros, llamados de naturaleza, son los que menos visos tienen de responder a hechos reales. Están tan cargados de simbolismos que no es preciso que partan de un suceso concreto para justificar la narración.

La Biblia utiliza varias palabras griegas para expresar lo que nosotros denominamos milagro: «thauma» = maravilla, «dynameis» = portento, «teras» = prodigio, «semeion» = signo. El concepto de milagro que manejamos hoy, es relativamente reciente. No tiene ningún sentido preguntarnos hoy si los evangelios nos hablan de milagros (tal como los entendemos hoy), Pero tampoco tiene sentido poner en duda que Jesús hizo milagros, (tal como lo entendían entonces). Lo que nos importa hoy, es descubrir el verdadero sentido de esa manera de hablar. El milagro era un modo de expresarse, comprensible para todos los que vivían en tiempos de Jesús. Decía Evely: «Nuestros mayores creyeron a causa de los milagros, nosotros creemos a pesar de ellos».

El significado general del relato está en la apertura del mensaje de Jesús a todas las gentes. Jesús pide a los discípulos que vayan a la otra orilla. Ya tenemos el primer simbolismo. Está haciendo referencia al paso del mar Rojo y la travesía del desierto. Aquellos pasos, a pesar de los peligros que supusieron, les llevaron a la tierra prometida. Están en el mar de Galilea y la otra orilla era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad del mensaje, más allá del ámbito Judío, que se opone a la apertura. La primera «tormenta» que se desató en el seno de la primera comunidad cristiana, que nos narra el NT, fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

Al hablar de la tempestad, está haciendo referencia a Jonás. (También Jonás se echó a dormir cuando empezó la tormenta, y también fue increpado por el capitán por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo). El mar es en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. Con estos elementos, podemos sacar la enseñanza simbólica. El mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido; y a través de constantes luchas con las fuerzas del mal.

El mensaje del relato es la tranquilidad de Jesús en medio de la tormenta. Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía tranquilamente… Hay que tener en cuenta que se llamaba también «cabezal» a la especie de almohada, donde se colocaba la cabeza de un muerto. «Dormir» y «cabezal» están haciendo clara referencia a una situación pos pascual. La primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos pero de una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean, tienen que seguir confiando en él.

¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le dirigen nos indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda salvarlos, dudan de que esté interesado en hacerlo, lo cual es el colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Esta actitud es la que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la acción externa para encontrar la seguridad.

Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos cuando los expulsa. Además en singular, como queriendo personalizar al viento. Recordad que la palabra «ruah» (viento) es la misma que significa espíritu. Viento que perjudica, equivale a mal espíritu. El «poder» de Jesús se dirige contra la fuerza del mal, no contra los elementos, que aunque sean hostiles, nunca son malos.

¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas, sino constataciones de una evidencia palpable. Ni confiaban en sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la reflexión. Confiar en un Dios que está fuera y actuará desde allí, nos ha llevado siempre al callejón sin salida del infantilismo religioso. Una vez más queda manifiesto que, en la Biblia, la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas, sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no confiar, ni en Dios ni en él.

¿Quién es este? El miedo y la pregunta final, deja bien a las claras que no habían entendido quién era Jesús. El relato no tiene en cuenta, que Mc ya había adelantado varios títulos divinos aplicados a Jesús desde la primera línea de su evangelio: «Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios«. Queda demostrado que no vale una respuesta intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni demostrarlo. El descubri­miento tiene que ser experiencia personal de la cercanía de Jesús.

A todos nosotros nos invita hoy el evangelio a cruzar a la otra orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las comodidades y las seguridades que ambicionamos. Sin embargo, nuestra meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el paso. No terminamos de creer que Él va en nuestra propia barca.

El verdadero mensaje de Jesús es que debemos confiar siempre, aunque nos parezca que Dios se ha ausentado y no se preocupa de nosotros. Para Jesús, el enemigo del ser humano no es la naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza y todas sus leyes son siempre buenas. No tiene sentido que Dios tenga que rectificar su propia obra para hacer que los hombres confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus discípulos si accediera a entrar en la dinámica del Dios, que pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un Dios que se identifica con ellos en todas las circunstancias.

El libro de Job plantea una cuestión muy seria, pero la solución que le da, está muy lejas de ser la adecuada. Dios tiene que devolver a Job todo lo que le había quitado para que su fidelidad sea creíble. Ese Dios materialmente útil, sigue siendo el poderoso que tratamos de poner a nuestro servicio. El Dios en quien Jesús confió, no fue el que se manifiesta en acciones espectaculares a favor de los buenos, sino el Dios escondido, en quien hay que confiar aunque no lo veamos. Dios está siempre dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni tiene instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado por nosotros.

No son las acciones espectaculares de Dios, las que nos tienen que llevar a confiar en Él. Cuando una persona dice: Yo amo mucho en Dios porque me ha concedido todo lo que le he pedido, estamos ante un autoengaño nefasto para la vida espiritual. El maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que podemos sacar leche y queso. Pero también decía: utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando lo encontramos, la tiramos. La idea de un Dios que pone su poder a mi servicio, es nefasta para la vida espiritual. No se trata de confiar en otro, si no de confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Solo si siento a Dios en mí, me  sentiré seguro.

 

Meditación-contemplación

¿Quién es éste? Nunca podrás saberlo
Si en tu vida no reflejas la suya
Lo importante no es encontrar respuestas
Sino vivir la Vida verdadera.
……………

Lo que es Jesús, es lo que tú también eres.
Jesús ha desplegados todas sus posibilidades.
Tú tienes esa tarea aún por hacer.
Sin ningún miedo tienes que remar en esa dirección.
……………

Desde la orilla de tu falso yo, debes atravesar el mar.
Sin apegarte a la comodidad de lo ya adquirido.
Debes lanzarte al despliegue total de lo que eres,
Integrando lo humano en lo divino que hay en ti.
……………………

Fray Marcos

 

Urteko 12. Igandea- ZERGATIK GARA HAIN KOLDAR?-¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES? José A. Pagola

B (Markos 4,35-40)

Evangelio del 21/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

ZERGATIK GARA HAIN KOLDAR? – ¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

 

«Zergatik zarete hain beldurti? Oraino federik ez»? Jesusek ikasleei egin dizkien bi galdera hauek ez dira, Markos ebanjelariarentzat, aspaldiko pasadizo. Jesusen jarraitzaileek beren krisialdian entzun behar izan dituzten galdera dira. Bestalde, gaur egun geure buruari egin beharreko galdera: Zein da, ordea, gure koldarkeriaren sustraia. Zergatik gara beldur etorkizunaz? Ez ote da Jesu Kristogan konfiantzarik ez dugulako?

Laburra da kontakizuna. Jesusen agindu hau du abiapuntu: «Goazen beste ertzera». Ikasleek badakite Tiberiades aintziraren beste ertzean Dekapolis dagoela, lurralde paganoa. Lurralde desberdina eta arrotza. Beren erlijioaren eta sineskizunen aurrean kontrako kultura duena.

Bat-batean ekaitz latza harrotu du, ikasleen taldean gertatu ohi denaren metafora grafikoa. Ontziari latz eraso dioten urakan-haizeak, olatuak, dena hartzen hasi den ura: argi adierazten du egoera horrek guztiak zer egin ahal izango duten Jesusen jarraitzaileek mundu paganoaren etsaigoaren aurrean. Beren egitekoa ez ezik, taldeak bizirik jarraitu ahal izatea ere arriskuan ikusi dute.

Ikasleek esnarazi dutelarik, Jesusek esku hartu du, haizea gelditu da eta bare-bare da aintzira. Harritzeko gauza, ordea, ikasleak «izuturik gelditu izana» da.

Lehen, ekaitzaren beldur. Orain, dirudienez, Jesusen beldur. Halaz guztiz, funtsezko zerbait gertatu da haien baitan: Jesusengana jo dute; ezagutzen ez duten indar salbatzailea nabari diote orain; hura nor eta zein ote den galdezka hasi dira. Sumatzen hasi dira harekin dena dela posible.

Kristautasuna gaur egun «ekaitz gogor» baten erdian da, eta beldurra gutaz nagusitzen hasia da. Ez gara ausartzen«beste ertzera» igarotzen.

Kultura modernoa lurralde arrotz eta etsai dela iruditzen zaigu. Geroak beldurra ematen digu. Sormenak gauza debekatua dela ematen du. Batzuek uste dute ezen hobe dela atzera begira jartzea aurrera hobeto egin ahal izateko.

Denok harriaraz gaitzake Jesusek. Berpiztuak badu indarra kristautasunaren historian aro berri bat estreinatzeko. Fedea zaigu eskatzen soilik. Halako beldurretik eta koldarkeriatik libra gaitzakeen fedea, eta Jesusen urratsei jarraiki bide egitera eragin diezagukeen fedea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

12 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,35-40)

Evangelio del 21/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No solo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados». Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a la «otra orilla». La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.

José Antonio Pagola

*ORAR CON EL EVANGELIO: Mc.4.26-34)

DOMINGO XI. TIEMPO ORDINARIO –B-

JUNIO 14 DE 2015

  • El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra”.
  • ¡Qué bien dicen estas parábolas lo que es la Oración!: “Semilla y tierra.” Dios y yo…

El Reino de Dios, presente ya en este mundo aunque a veces no lo parezca. Aunque el mal mete

mucho ruido, la tierra está sembrada de semillas de Evangelio. Jesús las ha sembrado. Está el Espíritu. No perdamos la esperanza. Podemos sembrar con la humildad del sembrador, porque nada se pierde.

Con la humildad de saber que no son nuestras fuerzas, sino la fuerza de Jesús de Nazaret la que va

haciéndonos crecer por dentro. La tierra reseca se va llenando de flores, la esperanza se levanta y camina… Todo puede llevar el sello de Dios, desde la Oración. Y la Oración es abrirse a Dios, dejar que Él sea y haga su obra en nosotros, sabiendo que brotará vida, si le dejamos hacer.

El Reino, rompe nuestros esquemas, es Don y no depende sólo de nuestro trabajo y esfuerzo, aunque Él pide y espera, con mucha paciencia, nuestra colaboración.

¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?

Con un grano de mostaza. Dios, hecho a nuestra medida. El Reino de Dios hablando nuestro lenguaje, encarnado, Jesús de Nazaret. La oración es abrirse a Dios, dejar que Él haga su obra en nosotros, sabiendo que brotará vida, si le dejamos hacer.

La vida no se reduce a actividad y trabajo. Es un misterio más profundo. Nuestra vida es regalo y don; por eso debe brotar también de nosotros, gozo agradecido.

Entonces, ¿qué hacer ante la avalancha de malas noticias?.  ¿Ante tanto sufrimiento? ¿qué podemos hacer para que crezca el Reino de Dios?. Quizá pensamos, que nada o muy poco. Y no es así.

La parábola de la mostaza es una llamada a todos, una invitación a sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no nos habla de grandes cosas, el Reino de Dios es algo muy humilde y modesto desde sus orígenes. Pero está llamado a crecer y dar fruto. Quizás necesitamos todos aprender a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos del día a día.

Seguramente, no estamos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero, sí  a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de felicidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo diario.

  • ORACIÓN
  • Tú eres, Jesús de Nazaret, la primera semilla del Reino de Dios.

Tú eres el primer árbol. El Reino de Dios, viene contigo.

Si te sabemos seguir, también nosotros seremos reino de Dios.

Y crecerá en la oscuridad tu semilla, dentro de nosotros.

Y crecerá en mi familia, Comunidad, grupo

Y juntos contigo sembraremos una semilla con tu nombre, en todo el mundo.

Y entre todos haremos una tierra, un mundo, un poco mejor.

Así, será,  REINO DE DIOS.

 

SEGUIMOS ORANDO

En silencio, contemplo tu vida Jesús de Nazaret.
Vida, alegre, libre: Vas a la oración, cuando otros duermen;

Andas entre la gente más perdida.

Te desvives por los que malviven marginados.

Siempre ofreces una semilla de fraternidad y esperanza…

Te pedimos tu sencillez. Tú tenías en tu oración una pequeña palabra. “ABBA” PADRE.

La oposición que sufres es grande y los conflictos aumentan día a día. A Ti, se te ocurren caminos, formas de actuar… pero, Tú sigues los caminos que te indica el Padre:

Trabajo oscuro, paciente, generoso, todo con la fuerza de Dios.

¿Sabremos  seguirte, imitarte?..

Jesús de Nazaret. Ilumínanos, que sepamos sembrar pequeñas semillas y cuidarlas y esperar…

Eso te pedimos, paciencia, confianza, fortaleza y sensibilidad para entender la vida y sembrar. Pequeñas semillas.

Los frutos con tu ayuda, florecerán.

Gracias por tu don el don de nuestra vida. AMÉN. ZURIÑE

¡DEJA CRECER LA SEMILLA QUE HAY EN TI! Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mc 4, 26-34

Todos los exegetas están de acuerdo en que el «Reino de Dios» es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en que consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas, que nos van indicando distintas perspectivas para que podamos ir intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión aparentemente simple.

Podíamos decir que es un ámbito que abarca a la vez lo humano y lo divino. Todo el follón, que se armó el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir que significa ser cristiano. El Reino es a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad humana, terrena que se tiene que manifestar en nuestra existencia de cada día. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

No debemos caer en la simplicidad ingenua de identificarlo con la Iglesia. Como dice el evangelio: «no está aquí ni está allí». Tampoco puede estar solamente dentro de cada uno de nosotros, porque si está dentro, se manifestará fuera. Esa ambivalencia de dentro y fuera, de divino y humano es lo que nos impide poder encerrarlo en conceptos que no pueden expresar realidades aparentemente contradictorias. Para nuestra tranquilidad debemos recordar que no se trata de comprender sino de vivir y ese es otro cantar.

Ya sabéis que las parábolas no se pueden expli­car. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada una. Como nuestra actitud espiritual va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que avanzo en mi camino. Tampoco las dos parábolas de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y como se desarrolla. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino.

El crecimiento de la planta, no es consecuencia de una acción externa sino que es consecuencia de una evolución de los elementos que ya estaban ahí. Este aspecto es muy importante, por dos razones: 1ª porque nos advierte de que lo importante no viene de fuera; 2ª porque nos obliga a pensar, no en algo estático sino en un proceso que no puede tener fin, porque su meta es el mismo Dios. El Reino que es Dios está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez, pero su manifestación tiene que ir produciéndose paulatinamente a través del tiempo y del espacio. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Las dos parábolas tienen doble lectura. Se pueden aplicar a cada persona, en cuanto está en este mundo para evolucionar hasta la plenitud que debe alcanzar a través de su vida. Y también se puede aplicar a las comunidades y a la humanidad en su conjunto. Hoy estamos muy familiarizados con el concepto de evolución y podemos entender que los seres humanos no hemos dejado de avanzar en nuestro caminar hacia una vida cada vez más humana.

Otra reflexión interesante es que no podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a donde le llevará la experiencia de vivir. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas a las que tienes que llegar. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque toda vida es, ante todo, respuesta a los condicionamientos del entorno. No pretendas ninguna meta, simplemente camina hacia delante.

En cada una de las dos parábolas que hemos leído, se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de la semilla. En la primera, su vitalidad, es decir, la potencia que tiene para desarrollarse por sí misma. En la segunda quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella surge. Parece imposible que de una semilla a penas perceptible, surja en muy poco tiempo, una planta de gran poete. En ambos casos, lo único que necesita la semilla es un ambiente adecuado para desplegar su vitalidad.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si le hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia energía. Si aún no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra, por impedírselo de alguna manera. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita humedad, luz, temperatura y nutrientes para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno. Solo espera una oportunidad.

Con demasiada frecuencia olvidamos que no somos nosotros los que desarrollamos el Reino, sino que él se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el Reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer, lo que hacemos es desarraigarla, o damos por perdida la semilla antes de que haya tenido tiempo de germinar. El tiempo no es el mismo para todos.

Puede frustrarnos el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. También la vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos los frutos de nuestro esfuerzo. Debemos tener paciencia. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos apreciar el fruto, aunque nos parezca que no llega nunca.

El Reino no es ninguna realidad distinta de Dios mismo. Es la semilla divina la que está sembrada en cada uno de nosotros. Ella es la que tiene que desarrollarse y hacerse visible externamente. El Reino de Dios no es nada que podamos ver ni tocar. Es una realidad espiri­tual. Ahora bien, si está o no está en nosotros lo descubriremos, mirando las obras. Si mi relación con los demás es adecuada a mi verdadero ser, demostrará que el Reino está en mí. Si es inadecuada, demostrará que el Reino aún no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida diaria. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros pero puede que no lo hayamos descubierto. Jesús hace referencia a esa realidad constantemente. Creo que aún hoy, nos empeñamos en identifi­car el Reino de Dios con situaciones externa. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismo. Solo cuando lo hayamos dejado crecer dentro, se manifestará al exterior a través nuestro.

Los relatos no ponen ningún énfasis en el hacer y dejar de hacer. Creo que nadie tiene derecho a decir a otro lo que tiene que hacer o dejar de hacer. Lo importante está en descubrir lo que somos y actuar o dejar de actuar según las exigencias de nuestro verdadero ser. Decía los escolásticos que el obrar sigue al ser. Debemos olvidarnos de muchas normas que hemos cumplido mecánicamente y tratar de que lo que nos hace más humano surja de lo hondo de nuestro ser y no de programaciones que vengan de fuera.

Una pista para superar la interpretación materialista de «Reino de Dios». Cuando decimos que reina la paz, no estamos pensando en una señora que impone su voluntad. Cuando decimos reina el amor, tampoco pensamos en un dominio de alguien sobre los demás. Pensamos más bien, en un ambiente que entre todos creamos y que hace posible unas relaciones más humanas, que permiten a todos desplegar su propia humanidad.

 

Meditación- contemplación

El Reino de los cielos no se parece a nada.
Solo tú puedes crearlo y mantenerlo.
Dios en ti será siempre único e irrepetible.
La manera de manifestarlo será siempre origina.
……………………..

El Reino nunca será el fruto de una programación.
No surgirá por muchas doctrinas que atesores.
No lo encontrarás en los ritos litúrgicos.
Tampoco será producto del cumplimiento de unas normas.
……………………

Surgirá de una intuición de lo que en realidad eres,
manifestada en tus relaciones con los demás;
cuando dejes de considerarte como un yo aislado
y descubras que eres uno con toda la Realidad.
………………………….

 

Fray Marcos

 

Urteko 11. Igandea, “HAZI TXIKIAK- PEQUEÑAS SEMILLAS”, José A. Pagola

B (Markos 4,26-34)

Evangelio del 14/06/15
por Coordinador Grupos de Jesús

HAZI TXIKIAK

Albiste txarrek itorik bizi gara. Irratiak eta telebistak, albiste-emaileek eta erreportariek albiste-piloa botatzen digute gainera: gorrotoa dela, gerla, gosea eta indarkeria dela, eskandalu handiak eta txikiak direla. «Sentsazionalismoaren saltzaileek» ez dute aurkitzen nonbait gauza jatorragorik gure planeta honetan.

Albisteek, zabaltzeko, duten egundoko abiadurak zur eta lur uzten gaitu eta nahasturik. Zer egin dezake batek honelako sufrimendu honen aurrean? Gero eta informatuago gaude gizadi osoa jotzen duen gaitzaz, eta gero eta ahalmen gutxiago sentitzen dugu hari aurre egiteko.

Zientziak konbentziarazi nahi izan gaitu, esanez, problemak aska daitezkeela botere teknologiko handiagoaz, eta guztioi eragin digu bizitza modu erraldoian erakundetzera eta arrazionalizatzera. Baina botere erakundetu hau ez dago jada pertsonen esku, baizik egituren baitan. «Botere ikusezin» bihurtu da, pertsona bakoitzaren eskumenetik urrun kokatua.

Hartara, handia da paso emateko tentazioa. Zer egin dezaket nik gizarte hau hobetze aldera!? Ez ote dagokie buruzagi politiko eta erlijiosoei behar diren aldaketak egitea, bizikidetasuna duinago, gizatarrago eta zoriontsuago egiteko beharrezko direnak?

Ez, ez da egia. Bada ebanjelioan guztiei egindako deia; gizadi berri bat sortzeko hazi txikiak ereitean datza. Jesus ez da mintzo gauza handi-mandiez. Jainkoaren Erreinua gauza xumea eta moduzkoa da bere jatorrian. Hazirik txikiena bezala, oharkabeko gerta daiteke, baina ustekabeko moduan hazi eta fruitu ematera deitua da.

Beharbada, berriro behar dugu ikasi gauza txikiak eta keinu koxkorrak aintzat hartzen. Ez dugu sentitzen egunero heroi edo martiri izatera deituak garenik; baina guztiak gara gonbidatuak geure mundu txiki honetako txoko bakoitzean duintasun-apur bat sortzera. Ustea galdurik den lagunari adiskidetasunezko keinu bat, bakarrik bizi denari irribarre gozo bat, etsipenak jotzen hasia denari hurbiltasun-keinu bat, bihotza estu duen bati poz txiki baten printza bat… ez dira gauza handiak. Jainkoaren Erreinuko hazi txikiak dira; guztiok gara gai horrelakorik ereiteko gizarte korapilatsu eta triste honetan, gauza xumeen eta onen xarma ahaztua duen gizarte honetan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

11 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,26-34)

Evangelio del 14/06/15

por Coordinador Grupos de Jesús

PEQUEÑAS SEMILLAS

Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisión, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escándalos grandes y pequeños. Los «vendedores de sensacionalismo» no parecen encontrar otra cosa más notable en nuestro planeta.

La increíble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. ¿Qué puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos más impotentes para afrontarlo.

La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con más poder tecnológico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organización y racionalización de la vida. Pero este poder organizado no está ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en «un poder invisible» que se sitúa más allá del alcance de cada individuo.

Entonces, la tentación de inhibirnos es grande. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? ¿No son los dirigentes políticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia más digna, más humana y dichosa?

No es así. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeñas semillas de una nueva humanidad. Jesús no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orígenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla más pequeña, pero que está llamado a crecer y fructificar de manera insospechada.

Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien está solo, una señal de cercanía a quien comienza a desesperar, un rayo de pequeña alegría en un corazón agobiado… no son cosas grandes. Son pequeñas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.

José Antonio Pagola