ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.9,30-37)

• DOMINGO XXV T.O –B- ( SEPT. 23)

* Muchas veces escuchamos en nuestros días: “creo en Jesús” pero no creo en la Iglesia. Esto puede ser una interpelación para nosotr@s los cristian@s que nos lleve a la revisión y conversión de nuestro vivir a la luz del evangelio, ya que cada domingo afirmamos en el credo: “creemos en la Iglesia, santa, católica y apostólica”. ¿Creemos lo que decimos?
Tenemos que recordar que Jesús no escogió como colaboradores para anunciar y hacer visible el Reino a personajes selectos, que destacaran por su preparación; fue eligiendo a discípulos muy “humanos”, incapaces de leer los acontecimientos y comprender las explicaciones, a pesar de que Jesús se vuelca hacia ellos. Por 2ª vez se dice “no entendían sus palabras”
* La llamada de la fe, la llamada a la construcción del Reino y a formar Iglesia, supone aceptar las mediaciones; la fe nos llega a través de mediaciones. De ahí la gran responsabilidad que tenemos cada un@ como cristian@s. Jesús es el gran mediador entre Dios y las personas, nos comunica cómo es Dios, y cada un@ de nosotr@s tenemos que ser un mediad@r que lleva (o impide) acercarse a Jesús. Por eso tenemos que preguntarnos ¿Somos puente que facilita el acercamiento a Jesús o muro que impide el paso?…
* “El que quiera venirse conmigo… que cargue con su cruz y me siga”…
* “Por el camino discutían quién iba a ser el más importante”…
* Cristo no fundó una religión sino “una comunidad de creyentes.”
Por eso a la luz del anuncio de la muerte que Jesús les hace, no es extraño que ante su discusión de quién es el más importante, callen avergonzad@s… Jesús va poniendo los cimientos de una comunidad: “El más importante es el que sirve”. En el servicio a l@s más débiles, a pesar de las dificultades, podremos imitar la forma de actuar del Maestro. El Jesús “pedagogo” nos pone como símbolo precioso a un niño.
* Jesús les anuncia que, en Jerusalén, “sería perseguido y ejecutado”. Pero ellos no entendían lo que les decía…
* El Jesús Resucitado será nuestra fuerza para ser transmisores de salvación para l@s demás.

• O R A C I Ó N

• Hoy te pedimos, a ti Jesús de Nazaret que nos des a tod@s tu sabiduría, tu pedagogía. La sabiduría del amor hasta la cruz, la sabiduría que da vida siempre: “amar y servir a l@s demás”.
Que nos des fuerza para vivir nuestra fragilidad con optimismo, viviendo abiert@s al diálogo, a la búsqueda, siendo portador@s de la Buena Noticia, con alegría y esperanza.
Los discípul@s igual que nosotr@s, no entendían la sabiduría de la cruz, por eso necesitamos que nos repitas que los primer@s en la Iglesia son los que saben amar y servir, los que saben sacrificarse para que haya más amor, para que nadie pase hambre, para que haya sana libertad para tod@s, más unidad, más paz.
* Tú Jesús de Nazaret nos enseñaste el Amor del Padre: acoger a l@s pecadores, a l@s enferm@s, a los marginad@s. Te sentabas con ell@s a la mesa. Y les decías y nos dices que esta es la religión que Dios quería que Dios quiere.
• Jesús de Nazaret, danos tu sabiduría, la sabiduría que da vida siempre. AMÉN
• Z U R I Ñ E

24 DOMINGO T.O., 16 de septiembre de 2012, Mc. 8, 27-35

J.E. GALARRETA

FE ADULTA

Mc 8, 27-35

En los capítulos 7 al 11 del evangelio de Marcos podemos reconstruir (siempre con reservas) un itinerario de Jesús con profundo significado. Según Marcos, Jesús predica en Galilea (capítulos 2-7), hace un recorrido por Fenicia (7,24 -8), regresa a Galilea, a los alrededores del lago (8 y 9), y va recorriendo los lugares de Galilea, alternando la predicación con las curaciones, pero «no quería que nadie lo supiese» (9,30). Desde allí, comienza una «subida a Jerusalén», pasando por Jericó (10,46), por Betfagé y Betania, hasta llegar a la ciudad (11 y ss.) donde terminará su vida mortal.

Este itinerario exterior es reflejo de un «itinerario interno», motivado por la reacción de la gente de Galilea y por la propia conciencia mesiánica de Jesús. Se ha producido la crisis galilea, el apartamiento de la gente y algunos de sus discípulos, reflejada en Marcos y expresada más crudamente en Juan 6.

Este apartamiento se produce porque Jesús defrauda intencionadamente la esperanza mesiánica tal como se daba en la gente, alentada por la interpretación oficial de los líderes religiosos. Jesús deja de mostrarse tan generosamente como antes, esquiva la popularidad, se dedica al adoctrinamiento intenso de sus discípulos y va asumiendo la convicción profunda de su destino: subir a Jerusalén para ser allí llevado a la muerte por la radical oposición de los jefes del pueblo.

Éste es el contexto del pasaje que hoy leemos. En él aparece la pregunta clave: «Quién es este hombre». La respuesta muestra las opiniones, tan poco aceptables, de la gente, y la opinión de los discípulos, expresada por Pedro: Jesús es el Mesías. Pero su noción de Mesías no es compatible con el rechazo y mucho menos con la muerte en cruz. Pedro expresa su total oposición a esa noción de Mesías y Jesús reacciona violentamente ante las palabras de Pedro, le llama Satanás y le acusa de tener una idea del Mesías que no proviene de Dios sino de conveniencias humanas.

El evangelio de Marcos aprovecha la situación para poner aquí en labios de Jesús unas máximas morales sobre la cruz y la negación de sí mismo.

REFLEXIÓN

Jesús es el Mesías que no esperaban, el siervo sufriente que carga con los pecados del pueblo, con los pecados del mundo. Difícil de aceptar para todos, incluso para Pedro, al que Jesús llama «Satanás», porque «piensa como los hombres y no como Dios».

Es sorprendente la violencia con que Jesús reacciona ante las palabras de Pedro. Conocemos mejor esas palabras por la redacción de Mateo (16,22): «¡Dios te libre, Señor! No te sucederá tal cosa». Y Jesús le rechaza cono tentador: «Quieres hacerme caer».

Se pueden interpretar esas palabras como reflejo de una verdadera tentación de Jesús, la presencia durante su vida de las tentaciones simbolizadas en la cuarentena del desierto («te daré todos los reinos del mundo…», tentación de poder, de mesianismo davídico exterior). En la misma línea podría interpretarse la reacción de Jesús en Juan 6,15, la sensación de apresuramiento en apartarse de la gente que le quiere hacer rey y su refugio en la oración, en el monte, él solo, como en las grandes ocasiones y dificultades de su vida.

Sea de esta interpretación lo que se quiera, es innegable que esta fisonomía religiosa ha sido y es una profunda tentación para las personas y para la Iglesia. Pero es una tentación completa, no una simple oferta de idolatría en la que se trate descaradamente de «servir a otro dios», sino el mal ofrecido «bajo capa de bien» que diría Ignacio de Loyola, y por eso es más temible.

La tentación consiste en múltiples aspectos, pero todos ellos derivados de lo que Jesús detecta en Pedro: «Tú piensas como los hombres, no como Dios». Hay una manera humana de concebir la vida y la religión, y hay una Palabra que introduce nuevos criterios, no pocas veces incompatibles con los meramente humanos.

Así que, como tantas veces en el evangelio, aquella situación histórica representa una confrontación religiosa permanente en la humanidad (instituciones y personas).

• El reino del mesías como reino exterior, que incluye política, prosperidad y esplendores de culto; el reino de los cielos como conversión manifestada en obras.
• Salvar la vida; perder la vida.
• El Mesías triunfante; Jesús crucificado.
• La iglesia que triunfa como única mediadora entre Dios y los hombres; la iglesia que sirve sufriendo en silencio…

Dos mundos, dos mesianismos, dos mentalidades, dos religiones. Una es la de Jesús, la otra es la que mató a Jesús.

Esa misma mentalidad que mató a Jesús es la que puede matar a la iglesia, y la que puede hacer que nuestra vida se eche a perder. El último párrafo del evangelio de hoy lo expresa con radical claridad:

– El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio la salvará.

Este último párrafo no es un añadido postizo; es una aplicación inteligente y precisa. Para nosotros, hoy, significa el dilema entre salvar nuestro modo de vivir, nuestra manera occidental de entender a Jesús, nuestro concepto de culto, de templo, de jerarquía, de iglesia… salvar todo eso o perder todo eso por el Evangelio, por la Palabra. Y la radicalidad, un tanto estremecedora, acompaña su fundamento, tomando las violentas palabras de Jesús a Pedro:

– ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

¡Pensar como Dios! ¿Qué puede ser más acertado que pensar como Dios? Pensar como Dios para salvar la vida, para hacerla más útil y sobre todo más feliz. Y, por el contrario, no pensar como Dios, buscar otro guía, fiarse de otros criterios. Terrible peligro, echar a perder la vida, equivocar el camino.

La violencia de la respuesta de Jesús a Pedro nos hace pensar que también Jesús tenía que esforzarse en «pensar como Dios», que incluso él estaba continuamente tentado de pensar con otros criterios y valores… y que esa es la asignatura pendiente más importante de toda vida humana. Pero ¿cómo piensa Dios? Para eso, precisamente para eso es Jesús, para que podamos ver con nuestros ojos, casi diríamos tocar con nuestras manos, cómo es un hombre que piensa como Dios.

El problema está en que en nuestro cristianismo-católico-occidental-consumista-cultual, hay evangelio, hay presencia de Jesús, pero hay también mucho mesianismo davídico, mucho «Dios para nosotros», mucho «pueblo privilegiado», mucho encerrar a Dios en nuestros incuestionados conceptos.

Y, a nivel personal, hay mucho deseo de que la Palabra no cambie demasiado lo que nosotros consideramos vida religiosa, que en resumen es mantener lo más posible de los ideales del mundo (que tienen poco que ver con «pensar como Dios») sin perjudicar definitivamente la vida eterna.

Aun a riesgo de entrar en interpretaciones demasiado concretas y opinables, podríamos señalar aspectos actuales que nos parecen derivados de esa tentación. Pienso que la iglesia y los cristianos de hoy padecen las mismas tentaciones que la Biblia refleja como tentaciones (y pecados) de Israel… y del mismo Jesús.

A nivel institucional la Biblia presenta a Israel como víctima y culpable de un pecado de APROPIACIÓN DE DIOS. «El Dios de Israel». Y todas las naciones deberán aceptar al Dios de Israel y, consecuentemente, a Israel como Pueblo Preferido, embudo por el que hay que pasar para llegar a Dios. Hay que aceptar a Dios como Israel lo ofrece. Israel es el único que conoce a Dios, porque es el único a quien Dios se ha revelado: los demás pueblos deberán conocer a Dios a través de lo que Israel les diga de Él. En consecuencia, Israel es el gran intermediario cultual: todos los pueblos deberán adorar a Dios en Jerusalén y en su templo, según los ritos y a través de los sacerdotes de Israel. Y todo ello fundamentado en la infalibilidad de la palabra de Dios. Todo lo que está en La Ley y Los Profetas es palabra infalible de Dios, y por tanto da seguridad absoluta a Israel y lo convierte en privilegiado entre todas las naciones. La aplicación a nosotros la Iglesia es evidente.

A nivel personal, la religión oficial de Israel se muestra en la Biblia, y muy especialmente en la espiritualidad de los fariseos y letrados que se enfrentan a Jesús, como una espiritualidad de estricto cumplimiento de preceptos en busca de una «justicia ante Dios». Los preceptos incluyen la limosna, pero con la intención de que el limosnero sea más perfecto, como cumplimiento de un deber ordenado a la propia justicia.

Nada de esto tiene que ver con las columnas básicas de «El Reino». El nuevo Israel será levadura en la masa del mundo, haciéndolo fermentar desde dentro, no por sumisión. Dios mismo y su Palabra son levadura y sal; el Dios eterno todopoderoso y juez se presenta como alimento para la vida del mundo. El samaritano que ayuda a su prójimo y el centurión romano que suplica con fe son puestos como ejemplo a los hijos de Abraham observadores de preceptos. «Somos hijos de Abraham – Éste es el Templo del Señor» son expresiones de orgullo expresamente rechazadas por Jesús.

Creo que tenemos – en el momento actual más que nunca – motivos para una larga meditación sobre nuestros parecidos con los pecados de Israel, que mataron a Jesús.

Pero no basta saber, no basta pensar. Es inútil conocer el camino si se va por otra parte. Aquí encaja como anillo al dedo la carta de Santiago. Fe sin obras es saber cómo piensa Dios y no hacerle caso. ¿Es ésta nuestra situación?

Una vez más, se nos invita a ir a Jesús para conocerle y seguirle, tal como Él es, abandonando todo lo demás. Seguimiento de Cristo pobre y crucificado, desde la conversión personal, desde el servicio a todo el mundo, sin poder, sin búsqueda de la justicia ante Dios, sin creerse más que nadie, sin pretender que nuestra metafísica es capaz de definir a Dios, reconociendo la palabra de Dios allí donde resuene, dentro o fuera de la iglesia, reconociéndola en los que sirven a sus hermanos con corazón compasivo…

La iglesia (las personas y la institución) debe salvarse, salvar su vida, no buscando su vida sino entregándola para la vida del mundo. Lo que hay que entregar, lo que no hay que buscar, es el propio prestigio, el éxito exterior, la propia justicia ante Dios, el monopolio de la Palabra, la función de intermediario sagrado, el sentimiento de privilegiados, la preferencia del dogma sobre el servicio, la tranquilidad de estar salvados y ser mejores que otros por pertenecer a la iglesia, el sometimiento de La Palabra a nuestros modos culturales y a nuestro status de vida occidental….

Ni la iglesia como institución ni cada cristiano como persona está salvado por ser iglesia o por ser cristiano: está más invitado que nadie a seguir a Jesús pobre y crucificado, a negarse a sí mismo y no buscar su vida, su éxito, su justicia. Sólo así podrá ser sal, levadura, alimento para la vida del mundo, de todo el mundo, que es el destinatario de la salvación.

S A L M O 4 0

Elevamos a Dios esta oración en nombre de la iglesia entera, presentándole nuestros temores y pidiéndole que nos libre, a nosotros la iglesia, de nuestras oscuridades.

En Dios pongo toda mi esperanza.

Inclina tu oído hacia mí y escucha mi oración.

Salva mi vida de la oscuridad,

afirma mis pies sobre roca

y asegura mis pasos.

Mi boca entona un cántico nuevo

de alabanza al Señor.

Dichoso el que pone en Dios su confianza.

No quieres sacrificios ni oblaciones

pero me has abierto los ojos,

no exiges cultos ni holocaustos,

y yo te digo : aquí me tienes,

para hacer, Señor, tu voluntad.

Tú, Señor, hazme sentir tu cariño,

que tu amor y tu verdad me guarden siempre.

Porque mi errores recaen sobre mí

y no me dejan ver.

¡Socórreme, Señor, ven en mi ayuda!

Que sientan tu alegría los que te buscan.

Tú, mi Dios, mi Salvador, no tardes

José Enrique Galarreta

 

XXIV. IGANDEA URTEAN ZEHAR, JESUS AINTZAKOTZAT HARTU-TOMAR EN SERIO A JESUS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA

Mc. 7, 27-35

JESUS AINTZAKOTZAT HARTU

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Filiporen Zesareako pasadizoak erdigunea hartzen dut Markosen ebanjelioan. Alditxo bat elkarrekin bizi ondoren, galdera erabakitzailea egin die Jesusek ikasleei: «Zein naizela uste duzue?» Guztien izenean, Pedrok erantzun dio inolako dudarik gabe: «Mesias zara zu». Noizbait ere, badirudi dena argi dagoela. Jainkoak bidali duen Mesias da Jesus eta ikasleak jarraitzaile ditu harekin lan egiteko.

Baina Jesusek badaki gauza ez dela horrela. Garrantzizko zerbait ikastea falta zaie oraino. Aise egiten dute Jesus hitzez aitortzea, baina oraino ez dakite zer den hari hurbiletik jarraitzea, haren egitasmoan eta zorian parte hartuz. Hona zen dioen Markosek: «haiei irakasten hasi zen» Jesus. Ez da ohiko irakaspen bat; zerbait funtsezkoa da, ikasleek pixkana beretu beharko dutena.

Hasieratik «argi eta garbi» mintzo zaie. Ez die ezer ezkutatu nahi. Jakin behar dute ezen sufrimendua bidelagun izango duela beti Jainkoaren erreinuaren bidea urratzeko bere eginkizunean. Azkenean, buruzagi erlijiosoek kondenatu egin dute eta indarrez hilko. Berpiztuko denean bakarrik ikusiko da Jainkoa berekin duela.

Pedrok aurka egin du entzuten duenaren aurrean. Sinetsezina da haren erreakzioa. Jesus berekin hartu eta aparte eraman du «errieta egiteko». Lehenengoa izan zen Jesus Mesiastzat aitortzeko. Orain, lehenengoa da hari uko egiteko. Jesusi ulertarazi nahi dio ezen esaten ari dena zorakeria dela. Ez dago prest bide horri jarraitzeko. Jesusek aldatu beharra du pentsaera hori.

Inork uste ez bezain zakar erreakzionatu du Jesusek. Bat-batean, Satanasen zantzuak ikusi ditu Pedrogan, jendea Jainkoaren borondatetik apartarazi nahi lukeen basamortuko tentatzailearen zantzuak. Ikasleei begira jarri eta hitz hauekin egin dio Pedrori agirika: «Jar zaitez nire atzealdean, Satanas»; har ezazu zeure lekua ikasle bezala. Utziozu ni tentatzeari. «Gizakiek bezala duzu pentsatzen, eta ez Jainkoak bezala».

Ondoren, jendeari eta ikasleei dei egin die, bere hitzak ondo entzun ditzaten. Okasio askotan errepikatuko ditu. Ez dituzte ahaztu behar sekula. «Nirekin etorri nahi duenak, uko egin diezaiola bere buruari, har dezala bere gurutzea eta jarrai diezadala».

Ez da derrigorrezkoa Jesusi jarraitzea. Norberaren esku dago erabakia. Baina Jesus aintzakotzat hartzekoa da. Ez dira aski aitorpen erraz batzuk. Mundua gizatasun handiagoko, duinago eta zoriontsuago egiteko bere zeregin zoragarrian jarraitu nahi badiogu, prest egon behar dugu bi gauza hauetarako. Lehenik, prest egon Jainkoaren erreinuaren kontrako diren egitasmo edo planei uko egiteko. Bigarren, Jesusi jarraitzeagatik eta haren asmoarekin bat egiteagatik etor dakizkigukeen sufrimenduak onartu.

TOMAR EN SERIO A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 12/09/12.- El episodio de Cesarea de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos. Después de un tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: «¿Quién decís que soy yo?». En nombre de todos, Pedro le contesta sin dudar: «Tú eres el Mesías». Por fin parece que todo está claro. Jesús es el Mesías enviado por Dios y los discípulos lo siguen para colaborar con él.

Jesús sabe que no es así. Todavía les falta aprender algo muy importante. Es fácil confesar a Jesús con palabras, pero todavía no saben lo que significa seguirlo de cerca compartiendo su proyecto y su destino. Marcos dice que Jesús «empezó a instruirlos». No es una enseñanza más, sino algo fundamental que los discípulos tendrán que ir asimilando poco a poco

Desde el principio les habla «con toda claridad». No les quiere ocultar nada. Tienen que saber que el sufrimiento lo acompañará siempre en su tarea de abrir caminos al reino de Dios. Al final, será condenado por los dirigentes religiosos y morirá ejecutado violentamente. Sólo al resucitar se verá que Dios está con él.

Pedro se rebela ante lo que está oyendo. Su reacción es increíble. Toma a Jesús consigo y se lo lleva aparte para «increparlo». Había sido el primero en confesarlo como Mesías. Ahora es el primero en rechazarlo. Quiere hacer comprender a Jesús que lo que está diciendo es absurdo. No está dispuesto a que siga ese camino. Jesús ha de cambiar esa manera de pensar.

Jesús reacciona con una dureza desconocida. De pronto ve en Pedro los rasgos de Satanás, el tentador del desierto que busca apartar a las personas de la voluntad de Dios. Se vuelve de cara a los discípulos e increpa literalmente a Pedro con estas palabras:«Ponte detrás de mí, Satanás»: vuelve a ocupar tu puesto de discípulo. Deja de tentarme. «Tú piensas como los hombres, no como Dios».

Luego llama a la gente y a sus discípulos para que escuchen bien sus palabras. Las repetirá en diversas ocasiones. No las han de olvidar jamás. «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga».

Seguir a Jesús no es obligatorio. Es una decisión libre de cada uno. Pero hemos de tomar en serio a Jesús. No bastan confesiones fáciles. Si queremos seguirlo en su tarea apasionante de hacer un mundo más humano, digno y dichoso, hemos de estar dispuestos a dos cosas. Primero, renunciar a proyectos o planes que se oponen al reino de Dios. Segundo, aceptar los sufrimientos que nos pueden llegar por seguir a Jesús e identificarnos con su causa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

*ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.8,7-35)

* DOMINGO XXIV. T.O. –B- sept. 16.

* Han terminado para casi todos/as las vacaciones de verano y necesariamente es momento de pararse a programar, de nuevo nuestra vida y tener medido nuestro tiempo para todo. Es el momento de mirar hacia el horizonte… ¿Hasta dónde quiero llegar? ¿Cuáles van a ser mis metas? Y es en estos momentos que Jesús de Nazaret nos sale al paso, se pone ante nosotros/as a los/as que nos llamamos cristianos/as y nos dice: “¿Quién dices que soy Yo? No nos vale recurrir a opiniones oídas por ahí, (Como suelen hacer en catequesis) tenemos que dar respuestas que hablen desde el testimonio de la propia experiencia e influyan en la forma de vivir y de relacionarnos con El. Nos exige una respuesta vital, ya que lo que respondamos con sinceridad nos comprometerá a ser coherentes. Que nuestro vivir sea, más que cualquier otra cosa, seguirle. Y hacerlo cargando con alegría la cruz de cada día. Aliviando el sufrimiento de los/as demás. Buscando como El, el consumir la propia vida saliendo al encuentro del otro/a.
Quizá como Pedro en un momento de sinceridad le digamos “Tú eres el esperado, el Mesías, el Hijo de Dios; eres nuestro Maestro, nuestro horizonte, nuestro guía… Pero Pedro deja ver también, quizá como nosotros/as, sus miserias; no admite ningún tipo de fracaso en Jesús., en el Mensaje del Reino.
* Por eso la pregunta de Jesús “¿Quién decís que soy yo? ¿Renuncio a proyectos personales, (de intereses, tranquilidad…) para ser fiel en el seguimiento de Jesús? ¿Sé mirar al mundo, como Jesús, y situarme entre los/as que pierden, los/as olvidados/as, los crucificados/as en la crisis y fuera de ella?”¿Quién dice la gente que soy yo?”. “La gente” comenta, compara, lanza rumores, para todos los gustos.; los discípulos dan opiniones sin implicarse. ”Y vosotros/as” que me conocéis de cerca, “¿Quién decís que soy Yo?”…

• O R A C I Ó N

* Jesús De Nazaret, Maestro de vida verdadera: queremos hacernos presentes entre los discípulos y la multitud; queremos escucharte y reconocerte, queremos sincerarnos ante ti como Pedro, aunque tengas que regañarnos. Tampoco nosotros/as tenemos claro tu identidad y tu camino; nos vamos aclarando lentamente.
* El evangelio de hoy nos muestra algunos rasgos de tu identidad para que los sigamos y podamos dar respuesta a tu pregunta. “vosotros ¿Quién decís que soy yo?”
* Enséñanos a meternos entre la gente, a ser universales, a no dejarnos atrapar por grupos de poder.
Enséñanos a estar junto a los/as que sufren; a descubrir el valor de la Cruz como fuente de Resurrección.
Enséñanos a descubrir el Amor de Dios Padre con todas sus criaturas y que nos capacite para la entrega desinteresada y el testimonio.
* Que descubramos que la felicidad de la vida está en amar a Dios y a los/as hermanos/as
Hasta el final.
* Que descubramos que en ese camino andado por Ti, no nos faltará la fortaleza, el consuelo y ánimo de tu Espíritu.
Por eso te pedimos hoy, Jesús de Nazaret, fuerzas para seguir tus huellas: que no nos echemos atrás pase lo que pase; que la fuerza del amor siga moviendo nuestras vidas y las conduzca hasta el final de la Resurrección donde seguiremos gozando contigo.
Gracias, por habernos invitado a tu Reino.
* Que con nuestra vida respondamos a tu pregunta:
* “¿Quién dices que soy Yo?”. AMÉN

Z U R I Ñ E

ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.7,31-37)

* DOMINGO XXIII, T.O.–B-(Septiembre 9)

* “HACE OÍR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUDOS”.
Sucede en tierra de paganos: Tiro, Sidón. Hay un comportamiento extraño de la forma que actuaba Jesús: se retira buscando el contacto personal con el enfermo; rompe su costumbre de curar con la palabra, y emplea el contacto físico, la saliva y la oración.
La oración se expresa así: mirando al cielo, suspiró. Y le dijo: “EFFETÁ”, esto es, ÁBRETE. Es sinónimo de «CÚRATE”. La Palabra de Jesús, como la de Dios en el Antiguo Testamento, tiene eficacia creadora, y provoca estupor en los/as presentes. “TODO LO HA HECHO BIEN”. Recuerda lo de (Gn. 1,31) “Y ERA TODO MUY BUENO”. En Jesús vemos a nuestro Dios que viene en “persona”. El episodio es una muestra del proyecto de Dios que quiere que la gente sea liberada de todo mal. Ante una persona bloqueada en su comunicación, Jesús se acerca, contacta personalmente y le abre a la comunidad.
* Éste es el Jesús de Nazaret que necesitamos descubrir que se muestra entrañablemente cercano a los/as necesitados y les ayuda a asumir una vida nueva, proyectada hacia un presente y futuro mejores.

* O R A C I Ó N

* Jesús de Nazaret, así necesitamos descubrirte hoy los/as creyentes, tan desvalidos/as como estamos. Cura nuestras debilidades, concede vida abundante a nuestro decaimiento y ábrenos perspectivas nuevas.
* Confiamos en Ti, Jesús de Nazaret como mediador entre Dios y nosotros/as. Perdona nuestras sorderas que a veces tenemos ante lo que Dios nos dice en el quehacer cotidiano.
Necesitamos de ti, Jesús de Nazaret para que se abran nuestros oídos a la escucha de tu Palabra y para que se suelte nuestra lengua a la alabanza agradecida y comunicando a los/as demás LA BUENA NOTICIA.
* El sentirse liberado/a, nos capacita para trabajar por la liberación de los/as demás, en colaboración con otros/as buscadores/as de humanización, evangelización.
* El “EFFETÁ” de Jesús, nos dará fuerza y energía. Ayúdanos a despertar los recursos personales que tenemos a veces dormidos, llénanos Jesús de Nazaret de ánimo y espíritu de alegría, de calma y confianza.
Te contemplamos hoy, Jesús de la Escucha y la Palabra, perdiéndote como uno de tantos, conectando con la gente, abriendo tu corazón.
* Jesús de la escucha y del habla sincera: Que tu Espíritu nos inspire las palabras y los gestos adecuados, en esta nueva etapa de curso que comenzamos:
Para escuchar y hablar contigo y con el Padre.
Para acercarnos sobre todo a los que están más solos/as y necesitados/as.
Para aclararnos y animarnos a nosotros/as mismos/as en tu seguimiento.
* Pronuncia sobre nosotros/as: “EFFETÁ”, “ÁBRETE”. AMÉN.

* Z U R I Ñ E

DOMINGO XXIII T.O., 9 de Septiembre de 2012, Mc. 7, 31-37

Evangelio de Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, no podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:

¾ Effetá (esto es, «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

¾ Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mundos.

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APERTURA SIN LÍMITES

ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO

Effetá: ábrete. El ser humano, aun siendo pura apertura y amplitud sin límites, tiende a encerrarse. Probablemente, porque eso le aporta una sensación de seguridad, al creer que mantiene el control sobre el pequeño espacio al que se ha reducido.

Para empezar, nos encerramos en nuestro propio cuerpo, como si las fronteras físicas del mismo delimitaran también nuestra identidad. Poco a poco, a medida que crecemos, descubrimos nuestra mente y, con ella, nuestro yo psicológico. Y ahí nos quedamos, reconociéndonos como “animales racionales” (es decir, cuerpos/mentes) que, según algunas lecturas religiosas, son portadores de un “alma inmortal”.

Sin embargo, en la práctica, la creencia en el alma no modifica sustancialmente la percepción de aquella identidad “reducida” o “cerrada”. Porque, también al alma, se le atribuye la misma limitación, como entidad separada. Es decir, se la piensa según los parámetros separadores y dualistas de la mente.

En ese contexto, la palabra de Jesús aparece como una invitación firme a salir de cualquier identificación reductora: “ábrete”; no te mantengas encerrado en la creencia de una identidad aislada, que no puede oír ni contar la Belleza que realmente somos.

 

“Ábrete”…, ¿a qué? A tu verdadera identidad. En tanto en cuanto permanecemos encerrados, reducidos a falsas identidades, generamos confusión y sufrimiento. Nos tomamos por lo que no somos y olvidamos lo que realmente somos. Tal encierro evoca la imagen de una jaula, hecha a la medida de los límites que nuestra propia mente establece.

Si creo que soy mi cuerpo, creeré que mi suerte está vinculada a lo que a él le ocurra. Si pienso que soy mi yo psicológico, estaré a merced de los vaivenes de las circunstancias. En cualquier caso, me condenaré a un sufrimiento estéril e irresoluble, por un único motivo: me confundo con algo que no soy. ¿Cómo podría reconocerme?

No soy nada que sea “objeto”: cuerpo, mente, pensamientos, sentimientos, afectos, reacciones, circunstancias… No soy nada de lo que ocurre, sino el Espacio consciente en el que todo aparece; no soy algo delimitado (encerrado), sino la Apertura sin límites que todo lo contiene; no soy nada de aquello que puedo pensar o sentir, sino la Consciencia que se da cuenta, y en la que aparecen pensamientos y sentimientos.

Dado que no soy objeto, sufriré en el mismo momento en que me reduzca a él. El propio “encierro” me constriñe y me ahoga. Por el contrario, en el preciso instante en el que puedo observar mis pensamientos y sentimientos, se abre un espacio en mi interior y en torno a mí, emerge mi verdadera identidad.

Tal identidad no la puedo pensar. De hecho, si lo hago, me veré de nuevo reducido a un objeto. Únicamente puedo experimentarla y vivirla. Al mantener la atención (sin pensamientos), la percibo como Espaciosidad, Presencia, Consciencia… Mientras mantenga la atención, permaneceré conectado a ella; como la quiera pensar, desaparecerá. Porque lo pensado nunca será ella, sino un objeto más que mi mente trataría de aprisionar.

 

“Ábrete”…, ¿cómo? Gracias a la observación atenta de todo lo que pueda moverse en el campo de consciencia que eres. Soltando todos los pensamientos, sentimientos y preocupaciones, nota lo que permanece. Eso es tu identidad. No trates de pensarlo; sencillamente, percíbelo, saboréalo, date tiempo para familiarizarte con ello.

Tu mente no podrá entenderlo. Pero tampoco lo necesitas. La mente es solo un objeto dentro de quien eres. Acepta que tu mente quede frustrada y ábrete a la sabiduría mayor de la Presencia, que se te regala sencillamente como “estar” sin forma. A partir de ahí, mantén sencillamente la conexión con ella: estás en quien eres, te encuentras en Casa, saboreas la Plenitud.

Podemos recurrir a la metáfora del océano y las olas. Debido al momento evolutivo en el que nos encontramos, así como a nuestro propio proceso de socialización y al hábito mental profundamente arraigado, nos consideramos como una “ola” aislada e incluso independiente del resto. Mientras estemos en la mente, no podremos salir de esa identificación. Sin embargo, basta tomar un poco de distancia de la mente y poner atención a nuestra experiencia más profunda, para reconocernos como el “agua”, que se está expresando ahora en esta “forma” concreta de ola.

“Ábrete”…: no te encierres en nada, no te reduzcas a ningún objeto, no te dejes aprisionar en ninguna jaula, reconoce la apertura sin límites del “océano” que constituye tu verdadera naturaleza.

 

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XXIII. IGANDEA URTEAN ZEHAR, GORRERIA SENDATU-CURAR LA SORDERA

GORRERIA SENDATU – CURAR LA SORDERA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

GORRERIA SENDATU

Mc. 7, 31-37

ECLESALIA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Sidon lurralde paganoan gormutu bat sendatu izana dakar Markosek, argi eta garbi asmo pedagogikoaz. Gaixo berezia da oso. Ez entzuten du, ez hitz egiten. Bere baitan hesiturik bizi da, inorekin komunikatu gabe. Ez daki Jesus bere inguruan dabilela ere. Beste batzuek eraman dute Profetagana.

Orobat da berezia Jesusen jokabidea. Ez dizkio eskuak ezarri eskatu dioten bezala, baizik eta berekin aparte hartu eta jenderik ez den leku batera eraman du. Hain biziki lan egin du: lehenik haren entzumenaren gainean, ondoren haren mihiaren gainean. Gaixoak bere ukitu sendatzailea senti dezan nahi du. Jesusekin topo egite sakon batek bakarrik sendatu ahal izango du hartarainoko gorreria gogorretik.

Itxuraz, ez da aski izan ahalegin hura guztia. Gorreriak bereari eutsi dio. Orduan, Aitagana jo du Jesusek, salbazio ororen iturrira: zerura begira jarri, hasperen bat egin eta hitz bakar bat esan dio gaixoari: «Effeta», hau da, «Ireki hadi». Hitz hau bakarrik jaulki du Jesusek kontakizun osoan. Ez da gorraren entzumenari esana, baizik haren bihotzari.

Dudarik gabe, Jesusen hitz honek, entzungo duten kristau-elkarteetan, indartsu jo dezan nahi du Markosek. Jainkoaren Hitzaren aurrean gorreriak jotako bat baino gehiago ezagutzen du. Jesusen Berri Onari irekitzen ez zaizkion kristauak; beren fedeaz ere inori hitz egiten ez diotenak. Elkarte gormutuak dira, Ebanjelioa gutxi entzuten eta oker komunikatzen dutenak.

Gorreria dateke kristauen bekatu larrienetako bat. Ez diogu ematen Jesusen Ebanjelioa entzuteari. Ez diogu bihotza irekitzen haren hitzak onartzeari. Horrenbestez, ez gara gai pazientziaz eta errukiaz entzuteko sufritzen ari den hainbat eta hainbat jenderi, inoren laztanik eta arretarik jaso gabe.

Batzuetan ematen du, Eliza, Jesusen Berri Ona hots egiteko Jesusengandik beragandik jaioa den hori, bere bide propioa ari dela egiten, jendearen kezka, beldur, lan eta esperantzaren bizitza zehatzetik urrun. Alabaina, Jesusen deiak entzuten ez baditugu, ezin ezarriko dugu esperantza-hitzik sufritzen ari direnen bizitzan.

Bada zerbait paradoxazkorik Elizaren zenbait diskurtsotan. Egia handiak esan, bai; mezu oso baikorrak hots egin, bai; baina jendearen bihotza ukitzen ez dutenak. Horrelako zerbait ari da gertatzen krisialdi honetan. Gizartea ez dago espezialisten «doktrina sozialaren» zain; baina arretaz entzuten du hitz argi bat, Ebanjelioan inspiratua eta biktimen sufrimenduaz sentibera den Elizak esana, senez halakoen defentsan atera eta, duintasunez bizi ahal izateko, laguntzarik handiena behar dutenen alde jotzera gizon-emakume guztiak gonbidatuz.

 

CURAR LA SORDERA

José Antonio Pagola

Mc. 7, 31.37

La curación de un sordomudo en la región pagana de Sidón está narrada por Marcos con una intención claramente pedagógica. Es un enfermo muy especial. Ni oye ni habla. Vive encerrado en sí mismo, sin comunicarse con nadie. No se entera de que Jesús está pasando cerca de él. Son otros los que lo llevan hasta el Profeta.

También la actuación de Jesús es especial. No impone sus manos sobre él como le han pedido, sino que lo toma aparte y lo lleva a un lugar retirado de la gente. Allí trabaja intensamente, primero sus oídos y luego su lengua. Quiere que el enfermo sienta su contacto curador. Solo un encuentro profundo con Jesús podrá curarlo de una sordera tan tenaz.

Al parecer, no es suficiente todo aquel esfuerzo. La sordera se resiste. Entonces Jesús acude al Padre, fuente de toda salvación: mirando al cielo, suspira y grita al enfermo una sola palabra: «Effetá», es decir, «Abrete». Esta es la única palabra que pronuncia Jesús en todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo sino a su corazón.

Sin duda, Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato. Conoce a más de uno que vive sordo a la Palabra de Dios. Cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a nadie de su fe. Comunidades sordomudas que escuchan poco el Evangelio y lo comunican mal.

Tal vez uno de los pecados más graves de los cristianos es esta sordera. No nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús. No vivimos con el corazón abierto para acoger sus palabras. Por eso, no sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño ni la atención de nadie.

A veces se diría que la Iglesia, nacida de Jesús para anunciar la Buena Noticia de Jesús, va haciendo su propio camino, lejos de la vida concreta de preocupaciones, miedos, trabajos y esperanzas de la gente. Si no escuchamos bien las llamadas de Jesús, no pondremos palabras de esperanza en la vida de los que sufren.

Hay algo paradójico en algunos discursos de la Iglesia. Se dicen grandes verdades y se proclaman mensajes muy positivos, pero no tocan el corazón de las personas. Algo de esto está sucediendo en estos tiempos de crisis. La sociedad no está esperando «doctrina social» de los especialistas, pero escucha con atención una palabra clarividente, inspirada en el Evangelio y pronunciada por una Iglesia sensible al sufrimiento de las víctimas, que sale instintivamente en su defensa invitando a todos a estar cerca de quienes más ayuda necesitan para vivir con dignidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.7,1-8.14-15.21-3)

*DOMINGO XXII T.O. –B- SEPTIEMBRE 2.

* Haciendo oración para luego escribir esta sencilla reflexión sobre el Evangelio Del domingo, me vienen a la mente unos interrogantes de Juan F. Herrero que nos decían: Cuidamos lo externo. ¿Cuidamos de la misma manera la vida interior, la limpieza del corazón?
“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos/as verán a Dios”.
¿Valoramos a las personas por lo que son o por la apariencia externa que ofrecen?
* Las gentes del tiempo de Jesús tenían gran preocupación por el problema de la pureza, con sus leyes y sus normas… Atacan a Jesús porque los discípulos comen sin lavarse las manos… También comieron multitud sin lavarse cuando la multiplicación de panes y peces…
* Pero Jesús aclara, lo que vuelve impuro es lo que sale desde el corazón para envenenar las relaciones humanas: Robos, homicidios, envidias, soberbia, avaricias, libertinaje, fraudes, injusticias. Etc. Y Jesús por medio del gesto o de la convivencia ayuda a las personas a ser “puras”, purifica a leprosos, (Mc. 1, 40-44). Arroja a los espíritus inmundos (Mc. 1,26-29). Por medio de la convivencia con Jesús los discípulos se ven animados/as a imitar a Jesús que, sin miedo de contaminarse come con las personas consideradas impuras. (Mc. 2,15-17).
La gente vivía bajo el miedo, temeroso de todo y de todos.
* Con la venida de Jesús, todo cambia. No era necesario guardar tantas leyes para sentirse cómodo delante de Dios. ¡Fue una verdadera liberación!. ¡Ah!, pero esto a Jesús le estaba costando la muerte…
La Buena Noticia anunciada por Jesús, restituye las ganas de vivir, la alegría de ser hijos/as de Dios, sin miedo a ser felices.
* O R A C I Ó N

• Jesús De Nazaret, te damos gracias por tu Palabra que nos hace ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros/as como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra.
• Ayúdanos a no poner excusas por elegir una vida cristiana y evangélica.
Que no pongamos dificultades para vivir haciendo el bien, sin dejar de pensar que lo que santifica no es tanto lo que hacemos, sino con el espíritu con que lo hacemos, con la buena intención y el amor que ponemos en hacer las cosas, sin preocuparnos si son sencillas y humildes, porque justamente las cosas simples tienen un valor admirable si se hacen con amor.
• Jesús de Nazaret, ayúdanos a que como cristianos/as no temamos las responsabilidades que nos pida la sociedad. Que actuemos de acuerdo con la ley del amor y trabajemos por hacer más humana esta sociedad en la que vivimos y hagamos más llevaderos estos tiempos de crisis en que vivimos.
• Que nuestra vida sea oración. Que trabajemos y actuemos de manera que nuestra vida sea una liturgia de amor a Ti Jesús de Nazaret y a las personas. AMÉN
• Z U R I Ñ E

DOMINGO XXII T.O, 2 de septiembre de 2012,

ATADURAS

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mc 07, 01-23

Había una vez un monasterio en el que se respetaba el silencio escrupulosamente. Pero cada día, justo a las seis de la tarde, cuando los monjes iniciaban el rezo de Vísperas, aparecía un gato por la puerta de la iglesia, maullando fuertemente.

Ante la insistencia e intensidad de los maullidos, el abad tomó una decisión: pidió a un hermano que, de seis a siete de la tarde, atara al gato en un pilar que había a la entrada del monasterio, lejos de la capilla donde ellos rezaban. Y así lo hacía el hermano cada tarde.

Pero pasó el tiempo. El abad falleció y vino a sustituirle un monje de otro convento lejano, que pronto advirtió lo que cada tarde se hacía con el gato.

Meses después falleció el gato. Inmediatamente, el nuevo abad llamó al hermano y le dijo: «Compre cuanto antes otro gato para atarlo cada tarde de seis a siete en la columna de la entrada».

Este antiguo cuento muestra una tendencia bastante habitual en el comportamiento humano. Empezamos haciendo algo porque resulta útil, pero pronto absolutizamos esa acción, convirtiéndola en un rito al que atribuimos valor por sí mismo, al margen de su utilidad.

Cuando eso se produce, pareciera como si el único motivo para mantener una acción o un comportamiento fuera que «siempre se ha hecho así».

Si, además, a ese comportamiento se le ha otorgado un carácter «religioso», se añade otra razón poderosa para perpetuarlo. Y si, finalmente, la autoridad se arroga el poder de controlarlo y de vigilar su cumplimiento, tenemos todos los ingredientes, tanto para el inmovilismo como para situar la acción prescrita por encima incluso del valor o del bien de la persona.

Todo esto queda de manifiesto en el relato evangélico que leemos hoy. Los fariseos y doctores de la ley vigilaban rigurosamente el cumplimiento de las normas rituales; entre ellas, la de lavarse las manos antes de comer.

Probablemente, tal norma hubiera nacido como una medida de prevención higiénica. El error se produce cuando se absolutiza y se termina declarando «impuras» (religiosamente) a las personas que la incumplen.

De ese modo, lo que podía ser una prescripción saludable –también hoy los padres recuerdan a sus hijos la necesidad de lavarse las manos antes de comer- se terminó convirtiendo en un arma de poder y en un pretexto gravemente discriminatorio.

Pretextos de ese tipo se han utilizado (se utilizan) con frecuencia en la sociedad para estigmatizar a determinadas personas y colectivos. Y la autoridad, religiosa o civil, se ha convertido en «policía de las conciencias», acusando, condenando o incluso eliminando a quienes se salían de la norma prescrita.

Cuando todo eso se producía en el ámbito de la religión, la autoridad apelaba rápidamente al mandamiento divino, para otorgar mayor fuerza a sus pretensiones. En este caso, debía actuarse de una determinada manera, no solo porque «siempre se ha hecho así», sino porque «Dios lo ordena».

De este modo, la autoridad religiosa hacía a Dios cómplice de su propia actitud, con dos graves consecuencias. Por un lado, se estimulaba una actitud típicamente farisea, inflando el orgullo de los observantes de la norma. Por otro, generaba ateísmo en aquellas mentes lúcidas que se negaban a tomar como absoluta una norma que en ningún caso lo era.

De hecho, cada vez que la autoridad invoca el nombre de Dios para justificar sus decisiones, propias o recibidas, no hace sino «tomar el nombre de Dios en vano», reduciendo el Misterio a un ídolo, superpolicía moral del universo, que no puede sino provocar rechazo. No es extraño que el recurso fácil a la «voluntad de Dios» haya sido visto como «el asilo de la ignorancia» (B. Spinoza, Ética I, Apéndice, Alianza editorial, Madrid 2011, p.114) y «del antropomorfismo» (A. Comte-Sponville, El alma del ateísmo, Paidós, Barcelona 2006, p.115).

Una vez más, frente a las trampas de la religión, la actitud de Jesús es inequívoca. Hasta el punto que cuesta entender cómo hay personas que profesan ser seguidores suyos y siguen absolutizando normas, ritos, creencias…, por encima del bien de las personas, a las que no dudan en anatematizar y descalificar del modo más furibundo.

Las palabras de Jesús –que toma de Isaías, otro gran profeta de su pueblo- apuntan directamente hacia el corazón: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos».

Tales palabras parece que tendrían que convertirse, para la persona religiosa, en un interrogante siempre actual: ¿Dónde creo encontrar a Dios? ¿En las normas, en los ritos, en las creencias… o en el corazón? Es indudable que el comportamiento personal será radicalmente distinto, si hemos identificado a Dios con nuestras creencias o si lo experimentamos en lo profundo de nuestro ser. En el primer caso, habrá fanatismo; en el segundo, respeto y amor.

La tendencia humana a absolutizar las palabras que empleamos suele jugarnos muy malas pasadas. Así, suele darse el caso de que basta que una persona nombre a «Dios», para creer que ya actúa desde Él. Se ha sustituido la experiencia personal –siempre transformante- por un sonido verbal que, en no pocos casos, no es sino un «flatus vocis», pura palabra vacía.

«Nadie se emborracha con la palabra vino», nos han repetido los místicos sufíes. Y nadie se transforma por el hecho de repetir constantemente la palabra «dios».

Lo decisivo, como recordaba Jesús, es el «lugar» donde vivimos a Dios; es decir, la experiencia inmediata y directa de percibirnos en conexión con el Misterio que habita todos los seres y que, por eso mismo, se es capaz de reconocerlo en cada uno de ellos, tal como se reconoce en uno mismo.

Enrique Martínez Lozano

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XXII. IGANDEA URTEAN ZEHAR, 2012ko irailaren 2a: Jainkoaren arrangura/ La queja de Dios

Jainkoaren arrangura/ La queja de Dios

José Antonio Pagola

Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

Galileako fariseu-taldetxo bat Jesusi hurbildu zaio jarrera kritikoan. Ez datoz bakarrik. Lagun dituzte lege-maisu batzuk, Jerusalemetik etorriak, herrixketako landa-jende xumearen ortodoxia defenditzeko kezkaz, inondik ere. Arriskutsua da Jesusen jarduera. Zuzendu beharra dago.

Ohartu dira ezen, kasu batzuetan, Jesusen ikasleek ez dutela errespetatzen arbasoen tradizioa. Ikasleen portaeraz mintzo badira ere, Jesusentzat da galdera; badakite, izan ere, hark irakatsi diela askatasun harrigarri hartaz bizitzen. Zer dela eta?

Isaias profetaren hitz batzuekin erantzun die Jesusek, bere mezua eta jarduera oso ondo argitzen duten hitzekin. Jesusek bere-bere egiten dituen hitz horiek arretaz entzun beharrekoak ditugu; hain zuzen, gure erlijioaren funtsa den zerbaiti dagozkio. Profetaren arabera, hauxe da Jainkoaren arrangura edo kexua.

«Herri honek ezpainez ohoratzen nau, baina bihotza nigandik urrun du». Hauxe da, beti, erlijio guztien arriskua: Jainkoari ezpain-puntaz kultu ematea, formulak errepikatuz, salmoak esanez, hitz ederrak ahoskatuz; bitartean gure bihotza «urrun da harengandik». Alabaina, Jainkoari atsegin zaion kultua bihotzari dariona da, barne-atxikimenduari, gure erabakien eta egitasmoen jaiotze-puntu den pertsonaren barne-barneko erdiguneari dariona.

«Ematen didaten kultua hutsala da». Gure bihotza Jainkoagandik urrun dagoenean, gure kultua mamirik gabeko gertatzen da. Bizia falta ohi zaio, Jainkoaren Hitza egiaz entzutea, anai-arrebekiko maitasuna. Erlijioa azaleko zerbait bihurtzen da, ohikeriaz betea, Jainkoari leial zaion bizitzaren fruituak falta dituena.

«Irakasten duten doktrina giza agindu da». Erlijio guztietan izan ohi dira «gizatar» diren tradizioak. Arauak, ohiturak, debozioak: kultura jakin batean erlijiotasuna bizitzeko sortuak. On handia egin lezakete. Baina kalte handia egiten dute Jainkoaren Hitza entzutetik arreta gabetzen edo urruntzen gaituztenean. Ez zaie eman behar sekula lehentasuna.

Isaias profetaren aipamena bukatzean, oso larriak diren hitz hauekin laburbildu du Jesusek bere pentsamendua: «Alde batera uzten duzue Jainkoaren agindua, gizon-emakumeen tradizioari lotzeko». Giza tradizioei itsu-itsu lotzen gatzaizkienean, arrisku hau izan ohi dugu: maitasunaz ahaztu eta Jesusi, Jainkoaren Hitz haragitu horri, jarraitzetik apartatzekoa. Kristau-erlijioan lehenengo gauza Jesus da beti eta maitasunerako haren deia. Soilik, ondoren datoz giza tradizioak, inportanteenak iruditu arren. Ezin ahaztu genezake sekula zein den funtsa.

La queja de Dios

Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

José Antonio Pagola

Un grupo de fariseos de Galilea se acerca a Jesús en actitud crítica. No vienen solos. Los acompañan algunos escribas, venidos de Jerusalén, preocupados sin duda por defender la ortodoxia de los sencillos campesinos de las aldeas. La actuación de Jesús es peligrosa. Conviene corregirla.
Han observado que, en algunos aspectos, sus discípulos no siguen la tradición de los mayores. Aunque hablan del comportamiento de los discípulos, su pregunta se dirige a Jesús, pues saben que es él quien les ha enseñado a vivir con aquella libertad sorprendente. ¿Por qué?

Jesús les responde con unas palabras del profeta Isaías que iluminan muy bien su mensaje y su actuación. Estas palabras con las que Jesús se identifica totalmente hemos de escucharlas con atención, pues tocan algo muy fundamental de nuestra religión. Según el profeta, esta es la queja Dios.

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. Este es siempre el riesgo de toda religión: dar culto a Dios con los labios, repitiendo fórmulas, recitando salmos, pronunciando palabras hermosas, mientras nuestro corazón “está lejos de él”. Sin embargo, el culto que agrada a Dios nace del corazón, de la adhesión interior, de ese centro íntimo de la persona de donde nacen nuestras decisiones y proyectos.

“El culto que me dan está vacío”. Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido. Le falta la vida, la escucha sincera de la Palabra de Dios, el amor al hermano. La religión se convierte en algo exterior que se practica por costumbre, pero donde faltan los frutos de una vida fiel a Dios.

“La doctrina que enseñan son preceptos humanos”. En toda religión hay tradiciones que son “humanas”. Normas, costumbres, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura. Pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de la Palabra de Dios. Nunca han de tener la primacía.

Al terminar la cita del profeta Isaías, Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy graves: “Dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. En la religión cristiana lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial.