XXVIII. IGANDEA URTEAN ZEHAR, JESUSEKIN KRISIALDIAN-CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS

2012ko urriaren 14a

JESUSEKIN KRISIALDIAN
Mc. 10, 17-30

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA.- Bideari ekin aurretik, ezezagun bat hurbildu zaio Jesusi, korrika. Itxuraz, presa du bere arazoa konpontzeko: «Zer behar dut egin betiko bizia heredatzeko?» Ez zaizkio axola bizitza honetako kontuak. Dena erabakia du.

Moisesen Legea proposatu dio Jesusek. Gauza bitxia bada ere, ez dizkio oroitarazi hamar aginduak, baizik lagun hurkoaren kontra aritzea eragozten dutenak. Gazte hori gizon ona da, judu-erlijioaren betetzaile fina: «Hori guztia txikitandik bete dut».

Jesus begira-begira gelditu zaio, maitasunez. Miresgarria da inori kalterik egin ez dion pertsona baten bizitza. Jesusek orain beregana erakarri nahi du gazte hori, gizatasun handiagoko mundu bat egiteko bere egitasmoan parte har dezan, eta proposamen harrigarri hau egin dio: «Gauza bat duzu falta: zoaz, saldu duzun guztia, eman dirua pobreei…eta, segidan, jarraitu niri».

Gauza askoren jabe da aberatsa, baina gauza bakarra falta zaio: Jesusi benetan jarraitu ahal izatea. Ona da gazte hori, baina diruari lotua. Bere aberastasunei uko egiteko eskatu dio Jesusek, eta pobreen zerbitzura jartzeko. Berea pobreekin partekatuz bakarrik jarraitu ahal izango dio Jesusi, honen egitasmoan parte hartuz.

Gaztea, ordea, ez da sentitu horretarako gai. Ongizatea du amesten. Ez du kemenik bere aberastasunik gabe bizitzeko. Ororen gain du jarria bere dirua. Eta uko egin dio Jesusi jarraitzeari. Korrika etorria zen Jesusez gogoberoturik. Triste urrundu da orain. Ez du sentituko sekula Jesusen lankide izatearen poza.

Gaur egungo ekonomi krisialdi hau gonbita da Jesusen jarraitzaileontzak, bizitza neurritsuagoa egitera, eskura dugun eta duintasunez bizi ahal izateko beharrezkoa ez dugun hura premian direnekin partekatzera. Galdera zehatzak egin beharrean gara, une hauetan Jesusi jarraitu nahi badiogu.

Lehenengo gauza, diruarekin ditugun harremanak berrikustea da: zer egin geure diruarekin?, zertarako aurreztu?, zertan inbertitu?, zeinekin partekatu premiazkoa ez duguna? Ondoren, geure kontsumoa berrikustea da: erantzukizun handiagoz jokatzeko, eta bihozkadaka eta alferrik xahutzen ibili gabe: zer dut erosten?, non dut erosten?, zertako dut erosten?, zeini laguntzen ahal diogu behar duena erosten?

Geure bihotzondoan egin beharreko galderak ditugu; baita geure familietan, geure kristau-elkarteetan eta eliz erakundeetan ere. Ez dugu zertan egin keinu heroikorik, baina, ildo horretan pauso txiki batzuk ematen baditugu, ezagutuko dugu Jesusi jarraitzearen poza, pertsona batzuen krisia gizatarrago eta jasangarriago eginez. Horrela ez bada, kristau ontzat izango dugu geure burua, baina gure erlijioari poza faltako zaio.

28 Tiempo ordinario (B) Marcos 10, 17-30

14 de octubre de 2012
CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA,- Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer, tiene prisa para resolver su problema: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto.

Jesús lo pone ante la Ley de Moisés. Curiosamente, no le recuerda los diez mandamientos, sino solo los que prohíben actuar contra el prójimo. El joven es un hombre bueno, observante fiel de la religión judía: “Todo eso lo he cumplido desde pequeño”.

Jesús se le queda mirando con cariño. Es admirable la vida de una persona que no ha hecho daño a nadie. Jesús lo quiere atraer ahora para que colabore con él en su proyecto de hacer un mundo más humano, y le hace una propuesta sorprendente: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres… y luego sígueme”. El rico posee muchas cosas, pero le falta lo único que permite seguir a Jesús de verdad. Es bueno, pero vive apegado a su dinero. Jesús le pide que renuncie a su riqueza y la ponga al servicio de los pobres. Solo compartiendo lo suyo con los necesitados, podrá seguir a Jesús colaborando en su proyecto.

El joven se siente incapaz. Necesita bienestar. No tiene fuerzas para vivir sin su riqueza. Su dinero está por encima de todo. Renuncia a seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él. Ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.

La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más sobria, para compartir con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos.

Lo primero es revisar nuestra relación con el dinero: ¿Qué hacer con nuestro dinero? ¿Para qué ahorrar? ¿En qué invertir? ¿Con quiénes compartir lo que no necesitamos? Luego revisar nuestro consumo para hacerlo más responsable y menos compulsivo y superfluo: ¿Qué compramos? ¿Dónde compramos? ¿Para qué compramos?

¿A quiénes podemos ayudar a comprar lo que necesitan?

Son preguntas que nos hemos de hacer en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas e instituciones de Iglesia. No haremos gestos heroicos, pero si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.10,17-30)

DOMINGO XXVIII. T.O. –B- OCTUBRE 14

* “ALGO NOS FALTA”.
“LA LÓGICA DEL REINO”
* La riqueza es un obstáculo muchas veces para seguir a Jesús y entrar en el Reino de Dios, no porque sea mala, o porque Dios no la quiera, o porque la pobreza es lo evangélico, sino, porque muchas veces impide nuestro vivir; tener mucho puede ser un problema, pues fácilmente cierra el paso a una vida más humana y evangélica. Como le pasa al joven que narra el Evangelio.
* Aunque nos cueste entenderlo, la lógica del Reino no es la de acaparar y poseer, sino la del compartir. (Es fácil reflexionarlo y escribirlo, pero difícil vivirlo). El Reino, la Vida, no es conquista humana sino don gratuito de Dios. Mientras no sepamos cambiar la lógica del mérito por la de la gratuidad, nuestro deseo de poseer por el compartir, nuestros miedos por la confianza en Dios, será difícil que comprendamos este Evangelio.
* El joven “corre” nos dice el Evangelio. En la vida, a veces, descubrimos proyectos, llamadas, realidades que nos ilusionan y desinstalan, que nos impulsan a salir de los caminos rutinarios, que infunden aires nuevos a nuestras vidas. Esto le ocurrió a esta persona del relato.Por eso se acercó “corriendo”. Pero… “frunció el ceño”, y se marchó….
* Yo creo que Jesús miró al rico con simpatía simplemente, porque tuvo la ingenuidad de preguntarle “¿Qué me falta”? Y Jesús le ofreció asomarse al mundo de la libertad y de la com-pasión. Un mundo en el que se aprende a disfrutar con muy poco y en el que, sobre todo se disfruta verdaderamente consiguiendo que otros sufran menos y puedan disfrutar al menos, un poco.
* Jesús invita a renunciar a un programa de vida basado en “el tener y en el cumplir” y nos invita a la aceptación de su persona basada en el “ser y el seguir”.
* Jesús es el modelo, fuerza y perfección suma para quien desea seguir sus huellas.

* O R A C I Ó N
* Jesús de Nazaret, ayúdanos a descubrir lo que nos falta, que no nos demos La media vuelta ante tus llamadas. Que nos dejemos llenar por Ti. Que en la oración, sepamos descubrir lo que somos fijándonos en Ti
Sabemos que nuestra vida está siempre en tus manos.
Sabemos que nuestra vida no depende de los bienes.
Pero… también tú sabes, Señor, que nuestra historia está sembrada de mucha miseria y hambre; la solidaridad a veces es muy escasa.
Por eso, jesús de Nazaret, tenemos miedo… nos cuesta confiar en tu Palabra.
Ayúdanos, Jesús, a confiar en Ti. A que nuestra vida sea austera y sencilla, que trabajemos por suprimir la miseria, que seamos capaces de compartir.
Haznos comprender, Jesús del Reino:
Que la confianza debe estar en tu Espíritu que está con nosotr@s.
Con él podemos trabajar y vivir el Reino de la fraternidad, la igualdad, la justicia, el amor, la paz, la libertad. AMÉN
Z U R I Ñ E

27 DOMINGO T.O., 7 de Octubre de 2012, Mc. 10, 2-16

LA MUJER, LOS NIÑOS Y LOS ÚLTIMOS

Escrito por Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mc 10, 2-16

Parece que el «tema» de este texto no es el que salta a primera vista. A partir de la pregunta que le hacen, Jesús no se centra tanto en la cuestión del divorcio (o repudio), cuanto en el lugar de la mujer.

En realidad, la misma pregunta suena extraña, si tenemos en cuenta que nadie, en Israel, negaba la licitud del «repudio», en virtud del cual el marido podía despedir a la mujer. Lo que se discutía, según las diferentes escuelas, más o menos rigoristas, eran los motivos que lo justificaban.

Sea el que fuere el motivo de aquella pregunta, la respuesta de Jesús se va a centrar en dos puntos: la «intuición primera» (y, por tanto, también el «horizonte») hacia el que tiende la relación amorosa y la posición de la mujer.

En la tradición judeocristiana, la relación de la pareja se expresa con las palabras: «serán los dos una sola carne». Se trata de una expresión vigorosa y de una imagen espléndida, que subraya la unidad-en-la-diferencia.

En ese sentido, puede incluso verse como el paradigma de lo que es todo lo real: unidad sin costuras, en la que no se niega la diferencia, pero esta queda integrada o abrazada en la Unidad mayor que nada deja fuera.

En los comentarios posteriores, así como en la casuística moral, el problema surgió cuando estas palabras se leyeron de un modo literalista. Pero el evangelio no es un conjunto de anécdotas ni una suma de principios morales, sino palabra de sabiduría. Cuando esto se olvida, el literalismo desemboca en el fundamentalismo.

Una cosa es el «principio de sabiduría», tal como lo formula el maestro de Nazaret, a partir del texto del Génesis, y otra bien diferente es pretender aplicarlo de un modo voluntarista a lo que puede ocurrir en cada pareja concreta.

A nadie habría de resultarle difícil de comprender la infinidad de factores y de condicionamientos, que explican funcionamientos tan dispares de una pareja a otra. Debido a ello, se producirán inevitablemente aciertos y errores, así como decisiones que no puedan llevar a otra cosa que a un «mal menor».

El propio Jesús, que condena el adulterio, se erige como defensor de una mujer sorprendida en adulterio, a quienes los observantes religiosos querían apedrear (Juan 8,1-11).

Pero, como decía, la respuesta de Jesús va a centrarse en otra cuestión, por la que no le habían preguntado. Más aún, se trataba de algo tan lejano a lo que era el pensamiento oficial y el imaginario colectivo, que la toma de postura de Jesús debió resultarles escandalosa. Hasta el punto de que, una vez en casa, los propios discípulos le vuelven a insistir «sobre el mismo tema».

La «novedad» de Jesús radica en plantear la posibilidad de algo que la sociedad judía no contemplaba: que fuera la mujer la que pidiera el divorcio.

Lo que eso significaba era bien simple: situar a varón y mujer en pie de igualdad. O, dicho de otro modo, desactivar el machismo que, como ocurre todavía hoy en no pocos ámbitos geográficos y culturales, lleva a considerar a la mujer como «propiedad» del varón o, al menos, a su servicio.

Es claro que tales actitudes machistas, por más que se hubieran mantenido durante siglos, contradecían flagrantemente aquel primer principio bíblico que hablaba de «ser los dos una sola carne».

En realidad, la actitud de Jesús es coherente con toda su trayectoria. Si algo queda claro en el relato evangélico es su posicionamiento decidido a favor de «los últimos», «los pequeños», «los niños»…

El maestro de Nazaret, rompiendo tabúes intocables como el del parentesco y el del estatus social, se coloca voluntariamente en la escala más baja de la pirámide, en el lugar de los últimos y, tanto con sus palabras como con su comportamiento él mismo se autoestigmatiza, situándose en los márgenes de la sociedad y de la religión.

Este hombre, voluntariamente «desclasado», elige la pobreza (Marcos 10,21) y aparece como el hombre fraternal, que sabe ver, en cada persona que se le acerca, a un hermano, a una hermana. Se muestra profundamente acogedor, particularmente con quienes se sentían más discriminados por cuestiones sociales o religiosas (enfermos, pecadores, mujeres, niños; Zaqueo, María Magdalena, la mujer adúltera…). No hay duda: los «últimos» son sus preferidos: no porque sean «mejores», sino porque son «últimos».

Por todo ello, no parece casual que, tras el relato en el que se defiende la igualdad de la mujer con respecto al varón, aparezca la escena de los niños.

En el evangelio –como en la Palestina del siglo I-, la figura del niño no evoca algo positivo, sino todo lo contrario. Por eso, cuando sobre esa figura se han proyectado estereotipos posteriores, no solo se ha caído en un anacronismo histórico, sino que hasta parecía que se elogiaban actitudes infantiles.

En el evangelio, el «niño» es imagen de quien «no cuenta», «el último de todos». Por eso, la expresión «dejad que los niños se acerquen a mí», habría que traducirla más adecuadamente por «dejad que los últimos se acerquen a mí». Y así es como comprendemos el enfado de los discípulos que, por querer impedirlo, son objeto de la ira de Jesús.

El maestro de Nazaret se identifica con los «niños» o «los últimos» (abrazar significa identificarse) y deja claro que solo puede comprender y vivir su proyecto –que él llamaba «reino de Dios»- quien está dispuesto a «ser niño», es decir, a colocarse voluntariamente en el último lugar, como él mismo había hecho: «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir» (Marcos 10,45); «yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lucas 22,27).

Enrique Martínez Lozano

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27. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «GIZONEZKOAREN BOTEREAREN AURKA-CONTRA EL PODER DEL VARÓN»

Mc. 10, 1-12

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Fariseuek galdera bat egin diote Jesusi, probatzeko. Oraingo honetan ez da garrantzirik gabea. Galileako emakumeei asko sufriarazten dien gertaera da, eta lege-maisuen eskola desberdinen jarraitzaileen artean eztabaida biziak eragiten dituena: «Zilegi al du senarrak andreari dibortzioa ematea?»

Kontua ez da gaur egun ezagutzen dugun dibortzioa, baizik gizonezkoak kontrolatu ohi zuen ezkontza barruko emakume juduak bizi ohi zuen egoera. Moisesen legearen arabera, senarrak hautsi zezakeen ezkontza-hitzarmena, andrea etxetik ateraraziz. Andreak, aldiz, orotan senarraren mendeko, ezin egin zuen halakorik.

Guztiak harritu dira Jesusen erantzunaz. Jesus ez da sartu lege-maisuen eztabaiden munduan. Jainkoaren hasierako egitasmoa bilatzera gonbidatu ditu, lege eta arau guztien gainetik dagoen hura bilatzera. Lege «matxista» hau, zehazki, gizonezkoen «bihotz-gogorkeriagatik» sartu da judu-herrian, haiek kontrolatzen baitituzte emakumeak eta mendean hartzen.

Gizakiaren jatorrizko misterioan sakondu nahi du Jesusek. «Gizon eta emakume» kreatu ditu Jainkoak. Elkarren pareko kreatu ditu biak. Ez du kreatu gizonezkoa andrearen gain boterea emanez. Ez du kreatu emakumea gizonezkoaren mendeko. Gizon-emakumeen artean ez da eman behar bietako inoren mendetasunik.

Gizakiaren jatorrizko egitura honetan oinarrituz, gizonezkoen «bihotz-gogorkeriak» ezarria duen oro baino harago doan ikusmoldea agertu du Jesusek ezkontzaz. Emakumea eta gizonezkoa «haragi bakarra izateko» elkartuko dira, bizitza partekatu bat hasteko bataren eta bestearen buru-eskaintzaz, ezarpenik eta mendetasunik gabe.

Giza maitasunaren goreneko adierazpena da Jesusentzat ezkontza-egitasmo hau. Gizonezkoak ez du inolako eskubiderik emaztea kontrolatzeko, haren jabe izango balitz bezala. Emakumeak ezin onartu du bere burua senarraren mendeko. Jainkoak berak erakartzen ditu elkarrekin bizitzera maitasun aske eta doakoaz. Biribilki konkluditu du Jesusek: «Jainkoa batu duena, ez dezala bereizi gizonezkoak».

Jarrera honekin, errotik suntsitu du Jesusek patriarkatuaren oinarria, molde guztietakoa: gizonezkoak emakumearen gain kontrola, mendetasuna eta ezarpena izatearena. Ez ezkontzan soilik, baita beste edozein erakunde herritar edo erlijiosotan.

Jesusen mezua entzun beharra dugu. Ezin irekitzen ahal diegu biderik Jainkoaren erreinuari eta hartako zuzentasunari, patriarkatuaren aurka aktiboki borroka egin gabe. Noiz erreakzionatu behar dugu Elizan, indar ebanjelikoaz, gizonezkoak emakumearen kontra ari duen horrenbesteko abusu, indarkeria eta oldarraren kontra? Noiz ekin behar diogu emakumea defendatzeari gizonezkoaren «bihotz-gogorkeriaren» kontra?

27 Tiempo ordinario (B) Marcos 10,1-12
CONTRA EL PODER DEL VARÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 03/10/12.- Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba. Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas: «¿Le es lícito al varón divorciarse de su mujer?».

No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado por el varón. Según la ley de Moisés, el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.

La respuesta de Jesús sorprende a todos. No entra en las discusiones de los rabinos. Invita a descubrir el proyecto original de Dios, que está por encima de leyes y normas. Esta ley «machista», en concreto, se ha impuesto en el pueblo judío por la «dureza de corazón» de los varones que controlan a las mujeres y las someten a su voluntad.

Jesús ahonda en el misterio original del ser humano. Dios «los ha creado varón y mujer». Los dos han sido creados en igualdad. Dios no ha creado al varón con poder sobre la mujer. No ha creado a la mujer sometida al varón. Entre varones y mujeres no ha de haber dominación por parte de nadie.

Desde esta estructura original del ser humano, Jesús ofrece una visión del matrimonio que va más allá de todo lo establecido por la «dureza de corazón» de los varones. Mujeres y varones se unirán para «ser una sola carne» e iniciar una vida compartida en la mutua entrega sin imposición ni sumisión.

Este proyecto matrimonial es para Jesús la suprema expresión del amor humano. El varón no tiene derecho alguno a controlar a la mujer como si fuera su dueño. La mujer no ha de aceptar vivir sometida al varón. Es Dios mismo quien los atrae a vivir unidos por un amor libre y gratuito. Jesús concluye de manera rotunda: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el varón».

Con esta posición, Jesús esta destruyendo de raíz el fundamento del patriarcado bajo todas sus formas de control, sometimiento e imposición del varón sobre la mujer. No solo en el matrimonio sino en cualquier institución civil o religiosa.

Hemos de escuchar el mensaje de Jesús. No es posible abrir caminos al reino de Dios y su justicia sin luchar activamente contra el patriarcado. ¿Cuándo reaccionaremos en la Iglesia con energía evangélica contra tanto abuso, violencia y agresión del varón sobre la mujer? ¿Cuándo defenderemos a la mujer de la «dureza de corazón» de los varones? (Eclesalia)

 

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.10,2-16)

• ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc. 10,2-16)
• DOMINGO XXVII. T.O-B- (OCTUBRE 7)

• “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotr@s,
y su Amor ha llegado en nosotr@s a su plenitud.

* Jesús continua su camino hacia Jerusalén y, a la vez, continúa su instrucción a los discípulos. Enseñándoles los valores nuevos del Reino.
Jesús desautoriza y declara inválida la ley de Moisés porque no responde al proyecto original de Dios. Los criterios de Dios se oponen a las tradiciones judías. Sólo sobre la igualdad y el amor incondicional tiene sentido el matrimonio y la comunidad cristiana.
En el plan de Dios para la Humanidad no encontramos discriminaciones por ser mujer. Ella es una igual, con la misma dignidad que el hombre. Eso es lo que reclama Jesús.
* Otra dimensión que Jesús señala, es la arrogancia, el orgullo, y la apertura a la gratuidad. El relato de los niñ@s es bastante claro. Los discípulos regañan a l@s que llevan los niñ@s no porque estos puedan molestar al Maestro, sino porque los niños no representan nada. Jesús piensa de forma opuesta. El Reino , es una iniciativa divina y gratuita. Siendo un Don, el Reino está reservado para aquell@s que, como los niñ@s, confían, se abren y se abandonan por completo a la benevolencia de Dios.
El gesto de abrazar a l@s niñ@s va más allá; con ello muestra la preferencia de Dios por .
los que nada pueden ni valen humanamente. El amplio mundo de los pobres. Tantas personas que no son productivas, que no interesan ni para la política, ni para la economía y a veces ni para la iglesia ni para la marcha de la comunidad.
* Jesús, reunido en casa con l@s suyos, es decir, en el centro de la comunidad eclesial, explica a sus discipul@s el gran misterio de la IGUALDAD. Del verdadero Amor.

• O R A C I Ó N
¡Gracias, Jesús de Nazaret, por este invento de la familia, partiendo del matrimonio en el amor.
¡Gracias por haberlo probado y santificado, tu Jesús en Nazaret, en esa feliz y admirable pareja que tanto amó!.María y José.
¡Gracias porque aunque este amoroso invento del matrimonio, de la familia es frágil y a menudo estalla y se rompe, o chirría, con todas sus limitaciones, es y ha sido fuente de vida, lugar de crecimiento en el amor, crecimiento personal, entrega desinteresada..
¡Gracias, Padre, porque, aunque los “altavoces sociales” pregonan el desastre de fracasos matrimoniales, existen millones de familias, equilibradas, en las que se ama, se ora, se trabaja, se educa en el amor, se vive en la paz y el equilibrio que nacen del sacrificio y de la lucha diaria por amor.
A tod@s, especialmente a l@s que nos llamamos cristian@s, ayúdanos, a pesar de lo destemplado del ambiente, a formarnos cada vez mejor, a crecer cada día en la esperanza, a comunicar el optimismo del Evangelio, a tod@s a ser luz y sal los unos para l@s otr@s, sin distinción de hombre o mujer..
Así unid@s en el verdadero amor, conseguiremos hacer un mundo que se parezca cada día más a tu Reino. AMÉN.
Z U R I Ñ E

26 DOMINGO T.O., 30 de septiembre de 2012

LA TRAMPA DEL FANATISMO

Mc 9, 38-48

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Quiero empezar este comentario con una cita, un tanto extensa, del escritor israelí Amos Oz que, en un librito titulado Contra el fanatismo (Debolsillo, Barcelona 2005), escribe:

«La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo» (p.22).

«La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto» (p.28-29).

Daba en el clavo también el físico Andréi Sajarov cuando decía que «la intolerancia es la angustia de no tener razón».

Tanto la intolerancia como el fanatismo ponen de relieve la propia inseguridad. Un yo psicológico no suficientemente integrado –debido, probablemente, a la falta de «apego seguro» en un adecuado contacto materno- se verá necesitado de «seguridades absolutas», que sostengan su precaria e inestable sensación de identidad. Por ello mismo, se verá incapaz de tolerar la discrepancia, por lo que tenderá a descalificar, juzgar, condenar (o empeñarse en «convertir») a quien no piense como él. Porque percibe toda diferencia como amenaza.

Esta amenaza es la que se esconde detrás de las palabras de Juan: «No es de los nuestros». Efectivamente, son «los otros» los percibidos como amenaza: porque al pensar diferente o adoptar un comportamiento distinto al propio, nos hacen ver que el nuestro no es el valor «absoluto», sino otro más al lado de tantos. Y esto es lo que una personalidad insegura se ve incapaz de tolerar, por la angustia que le genera la falta de seguridades «absolutas».

En esa necesidad de «seguridades absolutas», podemos detectar dos factores: uno sociocultural (evolutivo) y otro psicológico.

Por lo que se refiere al primero, parece claro que, en el estadio mítico de consciencia, el etnocentrismo es un valor incuestionable: el propio grupo es visto como poseedor de la verdad y del bien, y no hay nada que justifique la crítica al grupo ni la toma de distancia con respecto a él. En ese nivel de consciencia, lo que prima es la «cohesión», derivada del asentimiento ciego a las normas grupales, que da como resultado la concepción del propio grupo como un «rebaño». ¡Y ya sabemos de los riesgos que corría quien se atrevía a salirse del rebaño…!

En este estadio de consciencia, la seguridad del individuo corría pareja a la pertenencia al grupo. De un modo inconsciente, en aras de aquella seguridad, se sacrificaba cualquier discrepancia, porque se había renunciado al derecho a pensar por uno mismo: ¡todo fuera por la sensación de seguridad que aportaba la «homogeneidad»!

Conclusión: a una persona que está instalada en el nivel mítico de consciencia no se le puede pedir tolerancia para quien discrepa; su «nivel de consciencia» no se lo permite, ya que en ese nivel la discrepancia (como la libertad o la autonomía) no es reconocida como valor; ni siquiera puede verse como tal.

Desde el punto de vista psicológico, la cuestión de la intolerancia y el fanatismo se halla también vinculada con la seguridad. La seguridad –y, asociado a ella, el control- constituye una necesidad básica del ser humano. Mientras la persona no ha hecho experiencia de una seguridad firme que le sostiene, la buscará fuera de sí –proyectándola en un líder, un grupo o una institución-, o la situará en sus ideas, creencias o convicciones.

Cuando eso se produce, el sujeto inseguro no podrá tolerar que tal líder, grupo o institución sean puestos en cuestión; así como tampoco podrá permitir que sus ideas, creencias o convicciones sean criticadas. Le va en ello su propia estabilidad.

Por eso, a una persona con un yo psicológico tan frágil tampoco se le puede pedir tolerancia. Su pánico a la inseguridad se lo hace imposible. Con una ironía añadida: la persona que padece eso tipo de inseguridad que le hace ser fanática presume de seguridad e incluso de «verdad». Hasta el punto de que, para ella, quienes plantean una postura diferente son personas «a convertir», en la línea de lo expresado por Amos Oz.

La «salida» del fanatismo parece requerir, por tanto, una doble condición: por un lado, el paso del nivel de consciencia mítico a otro racional; y, por otro, experimentar una fuente de seguridad que se encuentra más allá de la mente (de sus ideas o creencias).

Es probable que, para que esto último pueda darse, sea necesario un trabajo psicológico, que otorgue a la persona una sensación interna de consistencia y de autonomía. Quien es capaz de «hacer pie» en sí mismo, relativiza también el carácter absoluto que había atribuido a las ideas y, a la vez, permite a los otros ser diferentes, sin que la diferencia sea vista como amenaza.

En la medida en que la persona pueda ir creciendo en esa sensación de confianza interna, que le hace ser autónoma, podrá abrirse a otra experiencia más honda: ya no buscará la seguridad en «objetos» (ideas, creencias…), sino en el Fondo mismo de lo Real, experimentado de un modo directo.

Quiero decir que, cuando somos capaces de acallar la mente, no evitar nada y permanecer en silencio, se nos regalará la experiencia de una seguridad de fondo, que se percibe de un modo directo, inmediato y autoevidente. Una seguridad de fondo que no es otra cosa que la misma y única Realidad, que nos sostiene y nos constituye en todo momento. Cuando eso se experimenta, se obtiene el regalo de la Libertad sin límites y de la Plenitud.

Y por retomar la queja de Juan con la que iniciaba este comentario: ¿quiénes son «los nuestros»?

Etnias, tribus, nacionalismos, religiones e ideologías de todo tipo han tendido a definir con claridad los límites que marcaban el propio «territorio», impidiendo que «los otros» se adentraran en él.

En el caso de las religiones, se ha ido incluso más lejos, al atribuir a Dios la demarcación de aquellas presuntas fronteras. Así se ha hablado de «pueblo elegido», «única religión verdadera», «única salvación»…

Frente a tal arrogancia (inconsciente e ignorante), quizás venga bien terminar con el chiste que el propio Amos Oz recoge en su libro.

«Alguien se sienta en la terraza de un café junto a un anciano, que resultó ser el mismísimo Dios. Al enterarse, se dirige a él con una pregunta que le había acompañado siempre: «Querido Dios, por favor, dime de una vez por todas: ¿qué fe es la correcta? ¿La católica romana, la protestante, tal vez la judía o acaso la musulmana? ¿Qué fe es la correcta?». Y Dios dice en esta historia: «Si te digo la verdad, hijo, no soy religioso, nunca lo he sido, ni siquiera estoy interesado en la religión»» (p.89).

Enrique Martínez Lozano

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*ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.9,38-43.45.47-48)

* DOMINGO XXVI. T.O. –B- Setiembre 30

* En el Evangelio de este Domingo aparece el tema, de quienes son “de los nuestros” y quienes no. Sigue siendo muy actual. El mensaje de Jesús, “El que no está contra nosotr@s está a favor nuestro”, lo hemos leído y aplicado, con mucha frecuencia, al revés: “el que no está con nosotr@s está contra nosotr@s”. Pero Jesús pide a sus discípulos y a sus seguidores, los de antes y los de ahora, una visión mucho más abierta, más conciliadora, “buscando más lo que nos une que lo que nos separa.”
* Nos pide, tener un corazón grande para con tod@s, sabiendo que Dios tiene muchos caminos, valorando cualquier granito de buena voluntad y más, cuando de la vida se trata.
Tenemos que ser capaces de percibir el Reino fuera de la Iglesia, Somos muy propens@s a crear partido aún dentro de ella.
De eso nos habla la Palabra de Dios hoy. Incluso muchas veces la Palabra de Dios la hemos utilizado para ponernos por encima de l@s demás, siendo así un antitestimonio de la Verdad..
Nuestra oración, después de esta pequeña reflexión, es ya conocida, pero nos puede ayudar a no dejar de lado a l@s otr@s por no ser de los nuestros, por tenerlos por “troncos secos” incapaces de brotar.

* O R A C I Ó N

* EL LEÑADOR Y EL SEMBRADOR
• De un leño seco hizo leña, como siempre un leñador, sólo era un tronco inservible, perdido en aquel rincón.
No importaba si fue el viento el que un día lo arrancó; si se desgajó de un árbol, si el torrente lo arrastró.
Era un tronco seco que el fuego terminó.
Junto al camino otro leño se tropezó un sembrador. Parece que está seco, pero el buen hombre pensó. “Quizá la savia escondida corra aún por su corazón, tal vez haya una semilla germinando en su interior”.
Y empezó a regar la tierra, y en lo imposible esperó, hasta que un día una planta del tronco seco brotó.
Cuando pases por las calles no vayas de leñador.
Ten la mirada profunda y el paso del sembrador, que toma el pulso a la vida y la alienta con tesón.
Que en las noches de invierno no duda que saldrá el sol, que cree que algo renace, si algo muere por amor, que siempre espera en lo bueno que hay en cada corazón. “aunque no sea de los nuestros” como Jesús de Nazaret nos enseñó.
No es fácil ir por el mundo haciendo de sembrador. Está la tierra en sequía y es muy dura la labor. Pero Dios sigue apostando por la vida que creó, y el hará que brote un día del tronco seco una flor.
Jesús de Nazaret, haz de nosotr@S en este curso que comenzamos a renovar nuestros grupos, comunidades y otras actividades, buen@s sembradores, sin rechazar al otro, como “leño seco”, porque quizá con nuestro humilde aliento, un día de su flor. AMÉN
Z U R I Ñ E

26 DOMINGO T.O, NORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK-NADIE TIENE LA EXCLUSIVA DE JESÚS

Marcos 9, 38-43.45.47-48

NORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK

José Antonio Pagola. vgentza@euskalnet.net
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da pasadizoa. Problema batekin hurbildu zaizkio ikasleak Jesusi. Oraingoan, ez da Pedro taldearen bozemailea, baizik Joan, lehen postuen bila dabiltzan bi anaietarik bat. Oraingo honetan, Jesusen esklusiba eta haren egintza askatzailearen monopolioa ikasleen taldeak izan ditzan nahi du.

Kezka hau dute. Exorzista bat, taldekoa ez dena, deabruak botatzen ari da Jesusen izenean. Ikasleak ez dira pozten jendea sendaturik ikusteaz eta gizatasun handiagoko bizitza egin ahal izateaz. Soilik, beren taldearen izen handia dute gogoan. Horregatik, errotik moztu nahi izan dute exorzista haren jarduera. Hau dute arrazoi bakarra: «ez da gutakoa».

Ikasleak jakindakotzat eman dute hau: Jesusen izenean eta haren indar sendatzaileaz jardun ahal izateko, beren taldekoa izan behar du. Ezin aipa dezake inork ere Jesusen izena, ezta mundua gizatasun handiagokoa egiteko lan egin ere, Elizako kide izan gabe. Horrela ote egiaz? Zer dio Jesusek?

Biribilki erantzun die Jesusek: «Ez iezaiozue eragotzi». Jesusen Izena eta indar gizatargarria garrantzizkoagoak dira ikasleen talde koxkorra baino. On da Jesusek dakarren salbazioa zabaltzea eraikitako Eliza baino harago, eta jendeari gizatasun handiagoz bizitzen laguntzea. Jokabide hori ez litzateke hartu behar sekula konpetentzia desleialtzat.

Bere jarraitzaileen artean hautsi egin nahi luke Jesusek tentazio sektario oro. Ez du eratu bere taldea mesiastar salbazio kontrolatzeko. Jesus ez da eskola itxi bateko lege-maisu, baizik guztiei eskainia den salbazioaren Profeta. On egiteko hots egina den toki guztietan sostengatu behar du Elizak haren Izena.

Jesusek ez du nahi bere jarraitzaileek hitz egin dezaten gureez eta gure ez direnez, barnekoez eta kanpokoez, bere izenean jardun dezaketenez eta ez dezaketenez. Beste bat du bere ikusmoldea: «Gure kontra ez dagoena, gure alde dago».

Gizarte modernoan gizon-emakume asko ari da mundua zuzenago eta gizatarrago egin nahiz, Elizako kide izan gabe. Batzuk ez dira fededun ere, baina Jainkoaren erreinuari eta haren zuzenbideari bideak irekin ari zaizkie. Gutakoak dira. Maitasuna behar diegu agertu, errezeloz begiratu ordez. Sostengua behar diegu eskaini, deskalifikatu ordez.

Oker handia da Elizan bizitzea, alde guztietan etsaigoa eta gaiztakeria ikusiz; pentsatuz, gizagaixo baten moduan, gu geu bakarrik garela Jesusen Espirituaren eramaile. Jesusek ez liguke horrelakorik onetsiko. Aitzitik, ebanjelioaren arabera bizi eta pobreenez eta premia handiagoa dutenez kezkatzen direnekin lankide izatera gonbidatuko gintuzke.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 26/09/12.- La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora.

Vienen preocupados. Un exorcista, no integrado en el grupo, está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: «no es de los nuestros».

Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano, sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús?

Sus primeras palabras son rotundas: «No se lo impidáis». El Nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.

Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.

No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Los hemos de apoyar en vez de descalificar.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. El no nos aprobaría. Nos invitaría a colaborar con alegría con todos los que viven de manera evangélica y se preocupan de los más pobres y necesitados.

 

25 DOMINGO T.O.,23 de septiembre, Mc 9, 30-37

PRIMEROS Y ÚLTIMOS

Mc 9, 30-37

Por tres veces, Marcos pone en boca de Jesús el anuncio de su muerte-resurrección. Y por tres veces queda patente el contraste radical entre el camino tomado por Jesús y el que quieren tomar los discípulos.

Jesús habla de «entrega»; los discípulos de «ser el más importante». No es extraño que, a lo largo de su escrito, Marcos se refiera a estos como «ciegos» y «sordos», porque no ven ni entienden.

La clave radica en las palabras del maestro de Nazaret, que aparecerán en el capítulo siguiente: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos» (Marcos 10,42-45).

Parece claro que actitudes tan diametralmente divergentes solo se explican desde la diferente percepción que uno y otros tienen de su propia identidad.

Los discípulos representan la postura del «yo» (o ego). Al identificarse con el yo, como si constituyera su identidad, no pueden hacer otra cosa que vivir para él: para alimentarlo, sostenerlo y auparlo por encima de cualquier otra cosa.

La identificación con el yo no puede conducir sino a una vida egocentrada, en la que todo gira en torno a los intereses del propio yo. Desde esos intereses es desde donde se mira y se juzga todo; desde ellos también, se actúa y se organiza la propia existencia.

Ahora bien, dado que el yo es inconsistente y vacío –es solo una «ficción óptica de la conciencia», como dijera Einstein-, la persona que se identifica con él se ve embarcada en un camino interminable de voracidad, insaciabilidad e insatisfacción. Y ello por la dinámica propia de esa falsa identificación con esa cosa llamada «yo», que nunca tiene bastante, por la sencilla razón de que es un vacío sin fondo.

La consecuencia no puede ser otra que la frustración y el sufrimiento inútil, dando lugar a lo que algún psicólogo ha llamado la «noria hedonista»: porque la búsqueda del placer a toda costa no hace sino incrementar el sufrimiento.

La causa, sin embargo, es la inconsciencia o ignorancia de quienes somos. El desconocimiento de nuestra verdadera identidad hace que nos tomemos por lo que no somos, y vivamos equivocadamente, generando sufrimiento. Se trata de la ignorancia básica, que nos hace tomar como «real» lo que solo es un «sueño», y nos lleva a creer que es una «ilusión» lo auténticamente Real.

Cada vez con mayor precisión, los neurocientíficos empiezan a explicarnos el origen neurobiológico de aquella identificación: las intenciones físicas y mentales de evitar el dolor y acercarse a lo placentero toman la forma de secuencias de acción hacia estados mentales que van generando de modo implícito la experiencia de «agencia», es decir, de un «yo» que es el autor de sus acciones y, asociada a ella, la experiencia de ser una entidad física y mental separada y diferente del entorno. Es lo que afirma el reconocido neurólogo norteamericano, de origen portugués, Antonio Damasio, cuando escribe que, como resultado del proceso evolutivo, el ser humano llega a generar automáticamente el sentido de que es el propietario de la «película del cerebro».

Como consecuencia del propio funcionamiento cerebral, terminamos confundiéndonos con lo que la mente nos dice que somos. Lo que ocurre, sin embargo, es que –como ha titulado uno de sus libros el doctor Francisco Rubia- «el cerebro nos engaña».

La mente no puede saber quiénes somos, por la sencilla razón de que ella es únicamente una parte, un «objeto» dentro de lo que somos. Si nos ceñimos a ella, lo que sucede es que nuestra capacidad de ver se ve constreñida a sus estrechos límites.

Para «ver» (despertar), es necesario justamente acallar la mente. Deja caer todo lo que son objetos mentales y emocionales –pensamientos, sentimientos, emociones, reacciones, afectos…-, y pregúntate qué queda. Mientras puedas nombrarlo, sigue siendo un objeto más. Aquello que permanece siempre, que puede ser vivido, pero no nombrado ni pensado, Eso es tu verdadera identidad: la pura Consciencia de ser, que se expresa como «Yo Soy».

Así es como se percibe Jesús, un hombre desidentificado de su ego, que se reconoce como Consciencia transpersonal, una identidad atemporal e ilimitada, que le lleva a decir, por ejemplo: «Antes de que Abraham naciese, Yo Soy» (Juan 8,58).

Desde esa percepción, cae cualquier idea o creencia de ser un «yo separado». La egocentración se transforma en sentimiento y experiencia de Unidad. Del «yo apropiador» se pasa a reconocerse como «cauce» o «canal» a través del cual fluye lo que somos en profundidad… Se abre camino la Sabiduría y la Compasión.

Si lo característico del yo es la apropiación –»ser el más importante»-, lo distintivo de Yo Soy es el servicio. Y así podemos entender adecuadamente por qué Jesús presenta a Dios como «Gracia». En la «parábola en acción» que constituye el relato del lavatorio de los pies (Juan 13,1-15), Jesús se sitúa como «esclavo», al servicio de todos. Y, en ese mismo gesto, muestra a Dios como Servicio y Cuidado.

Tal imagen rompe los esquemas que las personas religiosas han podido hacerse sobre Dios, en el sentido de que, según Jesús, Dios no crea para que le sirvamos, sino para servirnos. Dios, según Jesús, es Servidor. Podemos comprender que él mismo se identifique de ese modo.

A partir de ahí, la discusión sobre «el más importante» aparece fuera de lugar. Para quien ha visto, como Jesús, el «primero» es «el último y el servidor de todos».

Y eso es lo que quiere expresar la imagen del niño, puesto «en medio», en el centro. En la Palestina del siglo I, el niño simbolizaba a quien no contaba en absoluto –menos aún si era niña-, al último de todos. Pues bien, en la inversión radical que se produce en cuanto reconocemos el engaño de identificarnos con el yo, los primeros son los últimos… Y esos últimos son figura de Jesús… y de «quien me ha enviado».

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

25. IGANDEA URTEAN ZEHAR. ZERGATIK GARA AHAZTEN?- ¿POR QUÉ LO OLVIDAMOS?

ZERGATIK GARA AHAZTEN
Mc. 9, 30-37
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain
Jerusalemerako bidean, ikasleei irakaspena ematen jarraitu du Jesusek, espero dion zoriaz. Behin eta berriz errepikatu du gizonen esku utziko dutela eta hauek hilko, baina Jainkoak piztuko. Markosek dio «ez ziotela ulertu eta beldurra ematen ziela galdetzeak». Garai guztietako kristauen pobretasuna nabari da hitz hauetan. Ezin ulertu dugu Jesus eta beldurra ematen digu haren mezuan sakontzeak.
Kafarnaumera iristean, Jesusek galdetu die: «Zein hika-mika zenuten bidean?» Eta ikasleak isilik. Lotsaturik dira. Markosek esaten digu, handiena zein ote zen zutela eztabaida, bidean. Benetan, lotsatzekoa da Gurutziltzatuko dutena halako ikasleez inguratua ikustea: halako handinahi zoroa bizi dutenez. Eta zein dugu gaur egun eztabaidagai Elizan, Jesusi jarraiki gabiltzala?
Etxera iristean, irakaspen bat eman nahi die Jesusek. Premiazkoa dute. Hona Jesusen lehen hitzak: «Lehena izan nahi duena, izan bedi guztien artean azkena eta guztien zerbitzaria». Jesusi jarraiki doan taldean, gailendu eta besteak baino handiago izan nahi duenak, azkena behar du izan, guztien ondorengoa; horrela ikusi ahal izango du zein premia duten, horrela izan ahalko da guztien zerbitzari.
Egiazko handitasuna zerbitzari izatean datza. Jesusentzat, lehena ez da garrantzizko kargua duen bat, baizik gainerakoen zerbitzari eta laguntzaile bizi dena. Lehenak, Elizan, ez dira hierarkak, baizik jende xume hori, bidean aurkitzen duenari lagunduz bizi den hori. Ez ginateke horretaz ahaztu behar.
Jesusen ustez, guztiak besteengan pentsatuz bizi diren pertsonen gune izan beharko luke Elizak. Gure beharra lukeen jendeari adi bizi garen elkarte. Ez da Jesusen ameskeria. Harentzat hain garrantzizkoa da hori, non etsenplu bizi bat emango baitigu.
Beste ezer baino lehen, haur bat hartu eta guztien artean ezarri du, arreta harengan ipin dezaten. Apostolutar Elizaren erdian beti egon beharko luke haur horrek, jende ahul eta ezinduaren, laguntza-, babes- eta arreta premia dutenen sinbolo bezala. Ez luke egon behar kanpoan, atarian. Gure arretaren xede izan behar luke.
Ondoren, haurra besarkatu du. Ikasleek hori beti gogoan izan dezaten nahi du. Eta esan die: «Haur hau bezalako bat nire izenean onartzen duenak, ni neu onartzen nau, eta ni neu onartzen nauenak, ni neu bidali nauena onartzen du».
Begi-bistakoa da Jesusen irakaspena: Jainkoa onartzeko bidea, haren Seme Jesus onartzea da: jende xume, babesgabe, behartsu eta ezinduagan presente dagoen Jesus onartzea. Zergatik gara ahazten horretaz horrenbeste?
25 Tiempo ordinario (B) Marcos 9, 30-37

¿POR QUÉ LO OLVIDAMOS?

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

Camino de Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos sobre el final que le espera. Insiste una vez más en que será entregado a los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que «no le entendieron y les daba miedo preguntarle». En estas palabras se adivina la pobreza de los cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les pregunta: «¿De qué discutíais por el camino?». Los discípulos se callan. Están avergonzados. Marcos nos dice que, por el camino, habían discutido quién era el más importante. Ciertamente, es vergonzoso ver al Crucificado acompañado de cerca por un grupo de discípulos llenos de estúpidas ambiciones. ¿De qué discutimos hoy en la Iglesia mientras decimos seguir a Jesús?

Una vez en casa, Jesús se dispone a darles una enseñanza. La necesitan. Estas son sus primeras palabras: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». En el grupo que sigue a Jesús, el que quiera sobresalir y ser más que los demás, se ha de poner el último, detrás de todos; así podrá ver qué es lo que necesitan y podrá ser servidor de todos.

La verdadera grandeza consiste en servir. Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás. Los primeros en la Iglesia no son los jerarcas sino esas personas sencillas que viven ayudando a quienes encuentran en su camino. No lo hemos de olvidar.

Para Jesús, su Iglesia debería ser un espacio donde todos piensan en los demás. Una comunidad donde estamos atentos a quien nos puede necesitar. No es sueño de Jesús. Para él es tan importante que les va a poner un ejemplo gráfico.

Antes que nada, acerca un niño y lo pone en medio de todos para que fijen su atención en él. En el centro de la Iglesia apostólica ha de estar siempre ese niño, símbolo de las personas débiles y desvalidas, los necesitados de apoyo, defensa y acogida. No han de estar fuera, junto a la puerta. Han de ocupar el centro de nuestra atención.

Luego, Jesús abraza al niño. Quiere que los discípulos lo recuerden siempre así. Identificado con los débiles. Mientras tanto les dice: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí…acoge al que me ha enviado».

La enseñanza de Jesús es clara: el camino para acoger a Dios es acoger a su Hijo Jesús presente en los pequeños, los indefensos, los pobres y desvalidos. ¿Por qué lo olvidamos tanto? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).